N/A: Hoooooola mis lectores, les traigo el capitulo n°9 ;) Espero que le guste como me quedó, quiero agradecer a anikasukino 5d, a alice bezarius echizen y koka74 por comentar mi capitulo anterior n.n así que muchas gracias a los que comentan gracias a uds que esta historia continua, agradezco su apoyo :D
Ya, no los aburro más… disfruten leyendo!
Capítulo 9: "Cada uno con su plan, ¿amor o amistad?"
Había estado esperando el momento para poder hablarle a Tomoka, siempre les llamaban la atención porque las pillaban conversando en clases. Ahora estaban en Matemáticas, y la profesora les había dado la espalada a sus alumnos para escribir unos ejercicios en el pizarrón, este era el momento.
—Tomoka —le susurró a su amiga que se sentaba a su lado.
—¿Qué pasa? —también susurró.
—Nosotras somos amigas desde mucho tiempo y nuestro lazo es muy fuerte, ¿verdad?
—Por supuesto que si —le susurró sonriente.
—¿Y tú te pondrías muy triste si yo me fuera para siempre, no?
—¿Pero qué preguntas es esa?, claro que si —comenzaba a asustarla.
—Entonces me entiendes —siguió Sakuno—, lo que pasa es que Hiro se irá… a otro país, y tú sabes que se ha convertido en un gran amigo mío. Y bueno… yo —agachó la mirada, todavía no podía asimilar que su amigo se marcharía cuando terminara su misión.
—Pero, ¿por qué se va? Llegó hace poco.
—Se va por la misma razón por la que vino…
Yo.
—… por el trabajo de su padre.
—¿Y cuándo se va?
Cuando yo y Ryoma nos hagamos novios.
−Cuando su padre termine algunos ajustes de su trabajo aquí en Japón, al parecer… se irá a Inglaterra.
—Ah —Tomoka comenzó a pensar—, pues dile a Hiro que haga que su padre se retrase en lo que le falta por hacer en su trabajo. Ya sabes, para que se quede el máximo de tiempo aquí.
—¿Re… trasar? —parecía un buen plan, pero este se adaptaba a su mentira y no a la realidad. Siguió pensando— Retrasar… ¿Retrasar? ¡Eso es!
—¡Señorita Ryuzaki! —la profesora habló— ¡Salga del salón ahora mismo!
—¿Ah? —no se había dado cuenta del grito que había lanzado, sin contar de que se había levantado bruscamente de su asiento— Perdón.
Avergonzada, se dirigió a la puerta y salió del salón. Una vez afuera, suspiró aliviada de librase de todas la miradas de sus compañeros.
¿Qué podría hacer ahora?
—Iré a ver a Hiro —quería decirle sobre su plan de cómo él podría quedarse más tiempo.
Comenzó a caminar por los pasillos tomando como destino el salón de Ryoma, no creía que la castigaran por no estar en clases. Bueno, en realidad sí, pero dudaba que la descubrieran.
Cuando estuvo frente a la puerta del salón de su querido amor y de su amigo, se asomó por la ventanilla de esta, la cual dejaba ver hacia adentro de la sala. Tuvo que apoyarse sobre la puntita de sus pies puesto que la pequeña ventana sobrepasaba un poco su altura.
Una vez tuvo visibilidad del interior del salón, comenzó a buscar a su ángel con la mirada. Ahora que lo recordaba, él le había dicho que se soltara el cabello porque se sentaría con Ryoma hoy.
Buscó a su príncipe, y allí los encontró. Sentados juntos, sin mirarse ni hablarse, Ryoma con cara de sueño y Hiro escuchando atentamente al profesor.
Se encontraban en la tercera hilera de las mesas si se contaba de adelante hacia atrás. Comenzó a mover los brazos para llamar la atención de Hiro, pero este se estaba muy concentrado en lo que el profesor decía. Empezó a saltar moviendo los brazos de arriba abajo, parecía que estuviera haciendo ejercicios de aeróbica, pero el ángel no desviaba la mirada del pizarrón.
En cambio Ryoma estaba más despistado. Quizás estaba viendo las moscas que volaban por la sala y una de ellas se acercó a la ventanilla de la puerta y fue por esa razón que vio a Ryusaki, nadie lo sabe. Lo importante era que se había percatado de que la chica que había estado rondando en sus pensamientos últimamente, ahora estaba afuera de su salón haciendo movimientos extraños. ¿Lo estaría buscando a él?
Sakuno estaba a punto de rendirse, no había caso con Hiro. Ahora, este escribía rápidamente en su cuaderno lo que el profesor anotaba en el pizarrón.
—¿Pero que le pasa a este? —se quejó mientras volvía a apoyar su peso en los talones y se cruzaba de brazos—. Solo es una clase de Historia.
Volvió a ponerse de puntitas para echar un último vistazo, pero cuando dirigió su mirada al lugar en donde se sentaban los dos chicos más importantes de su vida, se encontró con unos grandes ojos de color ámbar que la miraban curiosos.
La sangre se le subió a las mejillas y su corazón aumento su ritmo rápidamente. Y como si se tratara de un monstruo del cual hay que esconderse, se apartó inmediatamente de la ventana. Agachándose y quedando en cuclillas. Se quedó así unos minutos, y luego gateó por el suelo hasta que estuvo lejos de la puerta. Entonces, se levantó y apoyó su espalda en la pared.
Con la respiración agitada se llevó sus heladas manos a sus mejillas, tratando de disminuir el calor.
¿Hace cuanto que le había estado mirando? Cuando se percató de que el chico la observaba, sintió como esos ojos penetraban los suyos. Se sintió indefensa y entregada a ellos, es por eso que había entrado en pánico, y se alejó de la ventana inmediatamente, desapareciendo totalmente para la vista del joven. Quien se quedo más extrañado aún.
Trató de tranquilizar un poco su respiración y decidió que era hora de volver a su lugar de castigo, si la profesora descubría que se había ido estaría en problemas.
Las clases habían terminado por ese día y Ryoma, como capitán, se encontraba en las canchas de tenis.
Les había ordenado a todos dar 50 vueltas alrededor de las canchas.
—¡Hey, Ryoma! —Eirin lo llamó desde el otro lado de la cancha.
El nombrado se acercó a la reja que lo separaba de la chica.
—¿Qué quieres? —Eirin se molesto por la actitud del chico.
—No tienes por qué ser tan grosero —Ryoma encarnó una ceja—. Bueno, solo venía a decirte algo que se me había olvidado.
—Habla rápido.
—¡Paciencia! Es que se me olvidó decirte… que ya no debes dejar a Hiro que se siente contigo, tiene que sentarse junto a mí, así se me será más fácil persuadirlo para que salga conmigo —esbozó una sonrisa.
—Eso no me toca a mí. Tú convéncelo de que se siente a tu lado, a mí me interesa Sakuno.
—¡Oye! —su tono se volvió más serio—. Si quieres que Hiro se aleje de ella también debes concentrarte en él, yo también puedo hacer algunas cosas con Sakuno para separarlos. ¡Es trabajo en equipo!
Ryoma frunció el ceño molesto.
—No te metas con Sakuno —esa chica no le daba mucho confianza—. Y… como quieras, impediré que el raro se siente conmigo.
—¿El raro?
—Sí, a mí me parece un chico muy extraño.
—Pues a mí me parece lindo −sonrojándose.
No muy lejos de allí, Sakuno caminaba con Tomoka hablando del momento cuando la echaron de la sala. No estaba con el ángel porque había decidido no decirle de su plan, ya que conociéndolo no estaría de acuerdo. Además, ella era pésima mintiendo, y si veía a su amigo ahora, él se daría cuenta de que tramaba algo. Esperaría hasta que su secreto estuviera bien escondido dentro de su ser para encontrarse con Hiro.
—¡Mira Sakuno, están los nuevos titulares! —gritó Tomoka señalando a las canchas—. ¡Vamos a ver como practican!
—¿Qué? ¡No! —pero fue arrastrada por su amiga al instante.
Apenas habían llegado a las canchas y la de coletas ya comenzaba a babear.
—Son tan lindos, excepto por Horio, ¿que hace allí?
—Es uno de los nuevos titulares, ¿recuerdas? Además, a ti todos los chicos te parecen lindos —comento la castaña, Tomoka no respondió —.Te estoy hablando —pero su amiga no estaba escuchando, miraba un pinto fijo.
—¿Quién es ella? —preguntó—. ¿Y qué hace hablando con mi Príncipe Ryoma?
—¿Eh? —Sakuno vio hacia donde se dirigía la celosa mirada de su amiga y se encontró con Ryoma. Pero no estaba solo, una linda chica de cabellos negros hablaba con él desde el otro lado de aquella reja que rodeaba la canchas.
No pudo evitar sentirse inferior, ella era en verdad bella: sus oscuros y lacios cabellos caían hasta un poco más arriba de los hombros, era delgada y esbelta. De tez clara, y aunque no alcanzaba a ver el color de sus ojos, apuesto a que eran irresistiblemente bellos.
Notaba como ella ponía caras de seducción. ¿De qué tanto estarían hablando? Ryoma no acostumbraba a hablar con chicas, no las soportaba. Entonces, ¿por qué? ¿Qué tenía ella de especial?
—¡Ryoma! —Horio llamó la atención del chico—. ¡Deja de coquetear con tus Fan's, que seas el capitán no significa que puedas holgazanear! ―notó un tono celoso en su voz.
Ryoma frunció el ceño.
—No le estoy coqueteando —susurró mientras volvía con los demás a las canchas.
Sakuno había escuchado lo que había dicho Horio.
—Co… ¿Coqueteando?
¿Ryoma coqueteando con una chica? No podía ser, él no era así. Pero, ¿por qué había estado hablaba tanto con ella?
Se notaba que no le decía solo monosílabos como normalmente hacia y tampoco la ignoraba ni nada por el estilo.
—Bueno —suspiró—, esto me ayudará con mi plan… supongo.
Dirigió su mirada a la chica con la que Ryoma había estado conversando, resultaba que ella también le estaba mirando, y no de una buena manera. La miraba molesta y con recelo.
¿Será que a ella también le gusta Ryoma?
Pero se equivocaba, Eirin estaba locamente enamorada de Hiro y estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de alejarlo de la castaña. Si tan solo supiera que sus sentimientos por el ángel le traerían grandes problemas a este.
Era un nuevo día y ya lo había comenzado con el pie izquierdo: Cansancio, estrés, confusión, miedo e inquietud; todos estos sentimientos se acumulaban en su cabeza y su cerebro no estaba capacitado para recibirlos todos al mismo tiempo.
Su gran amigo amenazaba con irse y ni siquiera sabía cuando, por lo que tenía que alejar a Ryoma temporalmente, y sabía perfectamente cómo hacerlo. Pero al parecer el tenista se estaba alejando por cuenta propia, ¿qué rayos hacia hablando tan fluidamente con Eirin?
Además, ¿qué pasaría si sus planes no hicieran efecto, y Hiro partiera antes de todos modos? Y si ella exagerara con su plan de apartar a Ryoma y este en verdad se alejara de ella y no quisiese volver a verla, ¿podría Hiro volver a juntarlos?
En ese caso se quedaría más tiempo, pero ¿y si no lograba cumplir la misión? El ángel tendría que empezar de cero, pero ahora con más obstáculos, sería todo culpa de ella. ¿Podría su príncipe ser capaz de quedarse con Eirin? Esa idea si que le aterraba.
Empuñó sus manos y se las llevó a las sienes, como si esta acción calmara el fuerte palpite que sentía en su cabeza, pareciera que los sesos le fueran a estallar. Pero al parecer nadie en la clase se daba cuenta de su aparente malestar, ni siquiera Tomoka que se sentaba a su lado y menos se iba a percatar el profesor, por lo que preguntó si podía ir a enfermería porque ya no podía más con el dolor.
Caminó lentamente por el pasillo, bajó las escaleras y se encaminó por el corredor donde se encontraba la sala de los dos chicos causantes de sus mayores preocupaciones.
Al pasar por allí se le erizó la piel al ver que Ryoma se encontraba afuera. Yacía sentado en el suelo, con la espalada apoyada en la pared y mostraba una terrible cara de fastidio, seguramente lo habían echado de la clase… otra vez.
Nerviosa, cruzó el pasillo sin dirigirle la mirada. Sentía como las piernas le temblaban, parecía que se le iban a fallar en cualquier momento.
A pesar de que sus ojos no se despegaban del suelo, sentía la penetrante mirada de ambarino sobre ella. Él, rígido en el suelo, vigilaba todos los movimientos y expresiones de la castaña. ¿A dónde pensaba ir? Ya era la segunda vez que la veía fuera del horario de clases, ella no era así.
Pensó en la posibilidad de acompañarla, después de todo no tenía nada mejor que hacer. La vio alejarse y luego de una corta meditación suspiró rendido.
Sakuno iba tan concentrada en colocar un pie delante del otro para poder caminar correctamente, que no se percató como fue que el tenista llegó a caminar a su lado.
—¿A dónde vas? —preguntó cortante.
—Eh… Enfermería.
No podía creer la mala suerte que tenía, lo único que quería era evitar un poco al tenista, pero justo cuando ella lo quería lejos a este se le ocurría apartar un poco su orgullo y comenzar a acercársele. Quizás todas sus teorías de él con Eirin eran erróneas.
Él la miró inspeccionándola.
—No pareces enferma.
—M-me duele la cabeza —le aclaró.
Caminaron en silencio hasta llegar a la enfermería, ni Sakuno ni el mismo Ryoma supo porque entró junto con ella. Al parecer, comenzaba a darse cuenta de que disfrutaba la compañía de la chica.
Esperó impaciente a que se tomara unas pastillas para el dolor y a que se terminara el té que la enfermera le había preparado. Una vez lista, salieron juntos. Pero Sakuno no sabía que hacer, debería volver a la clase, ¿no?
—No pensarás volver a tu sala de clases, ¿o sí? —como si le hubiera leído el pensamiento.
—¿Qué acaso no debería? —lo miró inocente, y él no puedo resistirse a ese bellos ojos carmesí.
—Sígueme.
Caminaron hasta los jardines más lejanos del edificio, en donde los árboles y arbustos se hacían más abundantes. Al encontrar un lugar cómodo, Ryoma se recostó en el pasto.
La pobre Sakuno no sabía que hacer, se había quedado de pie viendo como su príncipe aparentaba dormitar.
—Eh... no deberíamos... estar aquí —nerviosa de lo que él le dijera.
Pero este solo se limitó a abrir uno de sus ojos y la observó con pereza.
—Aprende a relajarte —volvió a cerrar su orbe ámbar y con la palma de su mano golpeteó suavemente el suelo, incitándole a que se recostara a su lado.
Al instante, Sakuno sintió arder sus mejillas al máximo, lentamente se recostó al lado del tenista, quien parecía relajarse con cada respiro. En una de sus inspiraciones logró captar un agradable aroma, era distinto al del ambiente que los rodeaba, pero le parecía familiar. Siguió aquella exquisita fragancia con su nariz, encontrándose con el sedoso cabello de su acompañante. El perfume que despedía esa chica dejaba volar su imaginación.
Desde luego que ella se sintió observada, volteó su rostro y tuvo que contenerse un quejido al encontrarse tan peligrosamente cerca del rostro del ambarino.
Ambos comenzaron a inspeccionarse.
Ryoma se deleitaba con aquellos ojos rojos como la sangre, su piel tersa y pálida, su cabello que caía por su frente y se expandía por el pasto hasta llegar cerca de él; y por último, algo que le encanta, sus labios. Aquellos labios que tanto ansiaba probar. Mientras él se encontraba ocupado en observar a Sakuno, esta estaba embobada con la imagen que tenía enfrente suyo. Sus facciones, sus orbes de un color ámbar que parecía fundirse en ellos, todo. Todo en él era perfecto para ella.
De pronto sintió como si una gran espina le atravesara el estómago. ¿Qué diablos estaba haciendo? Si seguía así, Hiro completaría la misión en un abrir y cerrar de ojos. Y en un instante se vería de novia como Ryoma. Aunque la idea de estar con él le encantaba, tenía que retrasar lo máximo posible ese maravilloso final que le estaba esperando, solo así su amigo se quedaría más tiempo.
Se apoyó en sus codos bruscamente para poder sentarse. Estaba asustada, tenía miedo de alejar demasiado a su enamorado si le decía algo muy duro. Él también se acomodó para sentarse, la miró extrañado ¿Por qué ese repentino cambio? La castaña le miró y Ryoma pudo percibir miedo en sus ojos.
−¿Qué pasa?
Sakuno abrió la boca para hablar, pero ni una palabra salió de sus labios. Estaba aterrada, no sabía que decirle ni que hacer. Le hubiera encantado quedarse así recostada con él para siempre, pero la imagen de Hiro se le venía a la cabeza, perdería a su amigo.
En un abrir y cerrar de ojos se levantó y se fue corriendo, dejando a Ryoma plasmado.
−¿Pero que…?
Extrañado y confundido, la vio alejarse. ¿Qué le sucedía a esta chica? Analizó si sería buena idea seguirla, pero no se movió.
Algo en su interior no lo dejó moverse.
N/A: Hasta aquí ha quedado por hoy, en verdad espero que les haya gustado, dejen sus reviews para saber sus opiniones y si fue de su agrado, no sean modestos y comenten jejej
Hasta la proxima! Gracias por leer! :)
