N/A: Hello como han estado? Espero que bien ;) les traje el siguiente capitulo y todo gracias a la gente que me comentó jiji en verdad muchas gracias, mas abajo les responderé :D

Quiero avisarles que me voy de viaje a Argentina por lo que me tardaré en poner el siguiente capitulo u.u espero lo comprendan

A leer!

Capitulo 12: "Rechazo y un gato blanco"

Ambos disfrutaban de la cercanía del otro.

Sakuno pensaba en lo bien que se sentía tener la mano de Ryoma alrededor de su cintura y no se le escapaba por la mente el hecho de estar rozando su fuerte torso. Ryoma también disfrutaba aquel momento y no quería llegar a Enfermería, deseaba quedarse así, cerca de Sakuno, para siempre. Ambos se encontraban perfectamente.

—Hola, Ryoma —hasta que Eirin se interpuso, obligando a la pareja a detenerse— ¿Podemos hablar? −habló con tono provocativo.

Ryoma le frunció el ceño de inmediato.

—Ahora no —pronunció cortante.

Agarró a Sakuno con fuerza y retomaron el paso, pasando por el lado de la de cabellos negros.

—¡Hey! —se quejó esta un tanto ofendida y sujetó la mano del tenista—. Es muy importante y tú eres el único que me entiende —volviendo a usar ese tono que molestaba tanto a Ryoma.

Era tan coqueta con él y la forma en cómo lo miraba hacia que los celos despertaran en Sakuno, el tenista no movió ni un músculo.

—Por favor —volvió a insistir la chica.

—Estoy ocupado —apartando su mano de la de Eirin, estaba perdiendo la poca paciencia que tenía.

—No importa —le dijo la castaña—, yo puedo seguir sola.

Ryoma de verdad no quería dejarle sola, pero no iba a mostrarse preocupado. Aunque en cierto modo ya lo había hecho al ayudarla, no quería seguir mostrándose tan amable. No estaba acostumbrado, y ya había sido demasiada amabilidad por un día. Se encogió de hombros, mostrando de pronto indiferencia. Soltó a Sakuno sin aviso, por lo que la chica casi se cae de rodillas, pero ejerciendo una fuerza considerable para mantenerlas derechas consiguió quedarse de pie. Sin mirar atrás, el ambarino se fue junto con la de ojos azules.

La castaña, sabiendo que no soportaría mucho tiempo, rápidamente acudió a la pared más cercana. Tan pronto como pudo apoyarse bien en la muralla de concreto, contempló con tristeza como Ryoma se alejaba con Eirin. No entendía a esa chica. Viéndola, cualquiera podría pensar fácilmente que se interesaba por Ryoma. Pero entonces, ¿por qué también coqueteaba con Hiro? ¿Y por qué se habían besado?

Suspiró agotada, había estado demasiado tiempo de pie. Aunque todo el tiempo Ryoma había cargado con la mitad de su peso, tenía que sentarse… ¡ya! Vio las escaleras a lo lejos, caminó un poco más por el pasillo y se sentó en los escalones ya totalmente adolorida.

—¿Y ahora que quieres? —alegó casi histérico.

—¿Es que no te das cuenta, es en serio?

Ryoma fulminó a Eirin con la mirada en señal de que no tenía paciencia para esto. ¿Por qué diablos había dejado a Sakuno? Siempre era tan impulsivo con sus actos, y la mayoría de las veces se arrepentía después. Este era uno de esos casos.

—Debiste haber visto su cara —dijo de pronto la chica—, se moría de los celos —sonriendo victoriosa.

—¿De qué hablas? —preguntó Ryoma sin entender, aún molesto y con el ceño fruncido.

—Eso era lo que querías, ¿no? Que Sakuno sintiera celos por ti, no por Hiro, ¿recuerdas?

Oh, ya se le había olvidado esa conversación, pero esa vez él estaba enojado y casi enloquecido por saber si Sakuno se interesaba en él y más aún ahora que él se estaba dando cuenta de sus propios sentimientos. Esa conversación era otro ejemplo de lo impulsivo que podía llegar a ser.

Mientras tanto, sentada en los escalones, Sakuno seguía preparándose para seguir su camino a la Enfermería.

—¿Saku? —Hiro apareció, y se veía muy sorprendido de verla allí sola, ¿dónde estaba Ryoma? ¿Y por qué no le estaba ayudando?

Quizás subestimó al tenista pensando que la ayudaría, si eso era verdad tendría que inventar otro plan. Maldición, justo ahora que andaba sin inspiración.

—¿Dónde está…? —cerró la boca apenas se dio cuenta de lo que estaba a punto de preguntar— ¿Qué haces allí sentada?

—Descanso mis piernas, no puedo caminar por tu culpa, ¿lo olvidaste?

—Ah, eso —comenzó a reír— tú decidiste ese horrible camino —dijo entre risas.

—Lo sé —se quejó, completamente arrepentida de esa decisión. ¿De dónde sacó que Ryoma estaría en aquel pueblo desconocido y totalmente alejado de la civilización? Ni siquiera sabía si ese pueblo aparecía en los mapas.

—En fin —continuó Hiro—, ¿nadie te ha ayudado por lo menos?

—Bueno —comenzó a sentir un calorcillo en las mejillas—… Ryoma me ayudó en un principio…

—¿Pero? —el ángel preguntó extrañado.

¿Por qué Ryoma se había ido? Eso no era parte del plan, estaba completamente seguro de haber planeado cada minuto de este día para que la pareja se uniera. ¿Qué había salido mal?

—Se fue con esa chica, Eirin —dijo finalmente en un suspiro.

—Mmm —Hiro se quedó meditando por unos segundos—… espera aquí —mencionó al fin.

—En donde más.

—Entonces, ¿en realidad no tenias nada que decirme?

—No —Eirin usó un tono que dejaba claro que lo que decía era obvio, cosa que molestó aún más al ambarino—, era por los celos, creí que te darías cuenta.

Ryoma estaba que estallaba de la rabia que sentía y es que simplemente no podía creerlo, había ido con ella a perder el tiempo. Pero en vez de decirle algo frío, indiferente e hiriente, se dio media vuelta y comenzó a caminar.

—¿A dónde vas? —perpleja de que le dejara hablando sola.

—Que te importa —pero Eirin lo detuvo colocándose frente a él.

—No vuelvas con ella. Si vas, el plan no funcionará —le advirtió alzando las cejas.

El ambarino iba a decirle, enfurecido, que ya no había trato y mucho menos un plan. Que olvidara todo lo que le había dicho ese día cuando tuvo un ataque de furia e impotencia, pero una tercera voz habló primero que él.

—Eirin —llamó la voz.

Ambos se dieron vuelta, era el ángel.

—Hiro —pronunció la chica casi en un suspiro.

—¿Puedo hablar contigo?

Aunque lo hacía para que Ryoma fuera libre y volviera a ayudar a Sakuno, sabía perfectamente qué iba a decirle a Eirin, aunque esto no fuera de su agrado. A pesar de ser un ángel que ayuda a las personas con el amor, no le gustaba ser él el participante del drama. Podía ayudar a otras personas y dar consejos como lo hacía con Sakuno, pero cuando era él quien tenía problemas sentimentales no sabía qué hacer.

—¡Claro! —completamente feliz, la chica dejó a Ryoma sin pensarlo dos veces y tomó a Hiro de la mano para arrastrarlo lejos de allí.

El ambarino apenas fue consciente de la situación, todo había sido tan rápido. Bueno, no sabía muy bien cómo, pero ahora se encontraba solo. Se encogió de hombros restándole importancia a lo recién sucedido y siguió con su camino en busca de Sakuno. No fue necesario avanzar mucho para encontrarla. La vio allí, sentada en las escaleras, sola, con las manos cubriendo su rostro, se veía tan vulnerable, tan frágil, que apresuró el paso al sentir una extraña necesidad de protegerla.

—¿Lograste llegar donde a Enfermería? —le preguntó tratando de ser neutro en su tono, cuando en realidad estaba ansioso de curiosidad.

Sakuno alzó la vista sorprendida al escuchar su voz. Él estaba allí de pie, observándola, igual que antes.

—Eh… no, no pude.

—¿Aún quieres ir? —no podía evitarlo, las preguntas salían de su boca casi involuntariamente.

—Supongo —suspiró fingiendo desgana.

—¿Quieres que te ayude? —allí estaba de nuevo, las palabras formulándose en sus labios como si tuviesen vida propia.

La paralizada no pudo evitar sonrojarse y comenzó a ponerse nerviosa.

—Yo… eh… —claro que quería, pero no podía decírselo, era demasiado tímida.

—Solo tienes que pedirlo —se cruzó de brazos, disfrutando del notable nerviosismo de la chica.

Ella apenas podía creer la insinuación que le había hecho Ryoma, se armó de valor y decidió pedir su ayuda.

—Po-podrías… ayudarme a… —él sonrió satisfecho y con arrogancia.

No dejó que la castaña terminara su suplica, la tomó por la cintura y la puso de pie. Ambos se miraron por una milésima de segundo y después evitaron hacerlo, caminaron juntos y a paso lento, ella también posó su mano en la cintura de Ryoma, algo que no pasó desapercibido por él.

Totalmente emocionada, Eirin se había llevado a Hiro a un corredor del último piso del edificio. En donde se encontraban los laboratorios y la verdad, es que casi nadie pasaba por allí. Estaban solos.

−¿Qué querías decirme? −preguntó la chica con ansiedad.

−Bueno, primero debo decirte… −se quedó con las palabras en la boca− eh… ¿Recuerdas ese día, en el parque? ¿Cuándo yo…?

−Me besaste −le ayudó Eirin, con una sonrisa en sus labios.

−Si −pero el ángel no estaba nada feliz, y menos hablando de ese tema.

Se veía tenso, y se pasaba la mano derecha por sus blancos cabellos repetidamente, despeinándolos.

Eirin ya no podía más con la ansiedad, quería escuchárselo decir de una vez por todas, todo señalaba a ese final. El que le pidiera hablar a solas, que hablaran de un momento romántico que habían compartido unos días atrás, ¡hasta los nervios estaban! Ya no sería necesario seguir con el plan y ya no tendría que ayudar a Ryoma, que él se las arreglara solo desde ahora, eso ya no le importaba, por que todo resta importancia cuando estas con la personas que tanto quieres.

Hiro separó sus labios para hablar, ella apenas podía contener la emoción.

−No quiero que lo malinterpretes −habló en un suspiro−. Por favor, no te hagas una idea equivocada.

−¿Qué? −atónita, trató de juntar las letras en su boca y con esfuerzo pudo formular la pregunta con un hilo de voz.

−Solo quiero avisarte… que no me gustas. Así que por favor, olvídate de mí o saldrás lastimada.

Pero ella ya se encontraba completamente destrozada. Hiro, quien había estado observando el suelo desde que comenzó a hablar, levantó la mirada y tuvo que darse vuelta e irse al ver el rostro entristecido de Eirin.

Se había dado cuenta que los sentimientos de ella hacia su persona estaban interfiriendo con sus planes. La chica había estado envenenando la cabeza de Ryoma, provocando aún menos paciencia y más mal genio de parte del joven tenista. El hecho de que ella sintiera algo por él estaba cambiado las cosas, y podía traerle serios problemas.

¿Cómo iba a juntar a Ryoma y a Sakuno si las cosas seguían así? No podía permitirlo.

Siguió caminando sin mirar atrás, no le apetecía ver el rostro destrozado de Eirin y menos mal que no lo hizo porque la chica ya no tenía esa expresión, la había cambiado por una de completo odio. Odio puro, pero no hacia el ángel, sino hacia lo que ella consideraba la razón por la que él no sintiera nada por ella: Sakuno Ryusaki.

Pero no sería con ella con quien descargaría su ira, sino a la persona que la castaña amaba con todo su corazón. Habían llegado a la enfermería, en donde Sakuno se tomó un remedio antiinflamatorio, el cual también le calmaría el dolor.

La enfermera insistía en darle otros remedios ya que, según ella, esto se trataba de una grave enfermedad que afectaba a los músculos, puesto que nadie quedaba en tan malas condiciones después de un simple paseo en bicicleta. Pero Sakuno se negó, algo le decía que Hiro había usado sus dones para dejarla en ese estado tan extremo, tanto que necesitaba la ayuda de Ryoma para poder caminar. Ahora se encontraba sentada en la camilla de en la enfermería, esperando a que su madre viniera a buscarla. Ryoma estaba de pie frente a la ventana de la habitación, pensativo.

−No es necesario que me acompañes hasta que llegue mi mamá, estoy bien −le dijo sacándolo de sus pensamientos.

−Quiero quedarme −le contestó él, mirándola a ella ahora−. Además, se supone que debo ser amable contigo, ¿recuerdas? −y le dedicó una media sonrisa.

La castaña agachó la cabeza, tratando de esconder su evidente sonrojo con su flequillo, gracias a Dios tenía el pelo suelto ese día. Recordó esa conversación en donde Ryoma le dijo que trataría de ser más amable, ese día sintió una conexión con el ambarino.

El sonrojo aumentó, sentía que el corazón se le escapaba del pecho.

Por otro lado, la mente de Ryoma divagaba en otras cosas. Su mente no lo dejaba en paz, lo único en lo que podía pensar era en ese extraño chico de cabellos blancos y ojos amarillos ¿Por qué lo había visto arriba de ese árbol, en el jardín de Sakuno, ese día de lluvia? ¿Qué hacia allí? Quería saber.

−Ryusaki −dijo con tono neutro−, sé que no tienes gato.

Ella lo miró con cara inocente, tratando de ocultar su desilusión al escuchar su apellido.

−¿De qué hablas? Claro que tengo uno, esos ruidos que escuchaste el otro día…

−No −le interrumpió él−, esos ruidos no eran de un gato.

Sakuno comenzaba a ponerse tensa.

−Te digo que si, se llama Micifuz, es un animal muy travie…

−¡No! −volvió a decir Ryoma, sin dejarla terminar otra vez− Lo vi.

¿Qué? ¿Qué había visto? Se quedó helada, será…

−Lo vi −repitió entre dientes−, Hiro estaba afuera de tu ventana ese día, dime… ¿qué hacía allí? −pronunciaba cada palabra con lentitud y con voz ronca, intimidándola.

Ella no sabia que decir, estaba paralizada y esta vez era todo el cuerpo, miró al suelo y tomó una bocanada de aire.

−No −hizo una pausa−… no puedo decirte.

Ryoma se le quedó observando, esperando a que ella levantara la mirada para encararlo.

−Señorita Ryusaki −los interrumpió la enfermera, quien había estado allí todo el tiempo, pero ambos habían olvidado que se encontraba ahí con ellos−, su madre ya llegó.

Con miedo a levantar la mirada y enfrentar el rostro de Ryoma, la castaña se puso de pie con cuidado y comenzó a caminar a paso lento hacia la puerta. Gracias a los remedios por lo menos era capaz de sostenerse en pie por sus propios méritos. El tenista sintió la necesidad de ayudarla, pero algo en su cabeza le dijo que por ninguna razón se le ocurriera hacer eso ¿Era su orgullo? Se quedó allí inmóvil, viendo como su chica se iba alejando muy lentamente.

−Hey, muchacho −le llamó la enfermera una vez Sakuno se había ido−, solo dile lo que sientes.

−Eh… ¿Qué?

−Por Dios niño, no seas estúpido, olvida el orgullo y dile cuales son tus verdaderos sentimientos.

Frunció el ceño en señal de incomprensión. ¿Acaso estaba la enfermara dándole consejos sobre el amor?

−Vaya −alzó las cejas−, me ha ayudado mucho, ¡en serio! Sin duda es el mejor consejo que me han dado −le sonrió con falsedad−. Le estaré eternamente agradecido.

Dicho esto salió del lugar, dejando a la mujer confundida. Creía haber notado un leve, pero muy leve tono de sarcasmo en la voz del chico.

Unos ojos amarillos observaban desde lo más alto como cada uno se iba por su camino: Sakuno en dirección a su casa y Ryoma volvía a clases.

Suspiró.

−Esto no está funcionando.

El día anterior había sido agotador. Últimamente siempre quedaba agotado al terminar el día, y no era precisamente por el tenis. Hubiera seguido durmiendo, pero una música lo despertó, provenía del primer piso.

Ryoma se incorporó en la cama para escuchar mejor: era un piano.

¿Alguien estaba tocando? ¿O quizás era una grabación?

Con pereza se puso de pie al tiempo que se estiraba, arrastrando los pies se encaminó hacia a las escaleras, siguiendo la música.

La melodía era relajante y melancólica, de seguro era una grabación ya que ellos ni tenían aquel instrumento en su casa y nadie de su familia sabía tocarlo. Al llegar a las escaleras pudo divisar, por medio del barandal, el primer piso y para su sorpresa había alguien tocando un piano. Ryoma no podía verle la cara puesto el pianista le daba la espalda ¿Cómo había llegado ese enorme aparato a su casa?

Bajó las escaleras lentamente, sin despegar sus ojos de la espalda de la persona que tocaba aquella celestial melodía. Al llegar al último escalón se percató de que era una chica, y no cualquier chica, sino una que llevaba un par de trenzas. No, no podía ser. ¿Por qué estaría Sakuno tocando piano en su casa y a esas horas de la mañana?

Pestañó varias veces y dio un paso hacia la chica. Era Sakuno, estaba seguro. Quien lo hubiera dicho, al parecer la castaña sabía tocar ese instrumento, y muy bien debía destacar, sonaba hermoso.

Iba a dar otro paso pero algo llamó su atención, sobre el enorme piano reposaba una figura blanca: un gato.

Un peludo felino blanco yacía echado sobre el instrumento, dormitando placidamente y escuchando con deleite como tocaba Sakuno. ¿Era el gato de ella? Así que en verdad tenia uno después de todo, y uno muy extraño… ¿Qué era esa rara mancha color miel en el pelaje del animal? Parecía un espiral.

Ryoma se fijó en el majestuoso instrumento de madera, estaba lleno de musgo y se le escapaban algunos pastos y una que otra flor de entre las teclas. Esto no podía ser mas extraño.

−Sakuno −la llamó en voz baja.

Al instante en que pronunció su nombre, los dedos de la chica dejaron de tocar y los ojos del felino blanco se abrieron, dejando a la vista unos grandes orbes amarillos que se posaron inmediatamente en él.

Estaba sudado, las sábanas se enredaban en sus piernas. Se encontraba en su habitación, todo había sido un sueño. Sintiéndose completamente aturdido y confundido, trató de asimilar que solo había estado soñando y que ahora se encontraba acostado en su cama. Se revolcó entre las sábanas con pereza, se dio media vuelta y se encontró con algo peludo a centímetros de su rostro. Era Karupin, el cual le maulló con alegría.

−¡Mierda! −se echó para atrás bruscamente, callándose de la cama.

El animal maulló otra vez, con tono de pregunta.

−Maldición −se quejó, adolorido en el suelo.

Que susto se había llevado, por un momento había visto al gato blanco de su sueño, le dio un escalofrió. Se puso de pie y se restregó los ojos ¿Qué hora era? Vio su despertador, genial ya iba atrasado de nuevo.

Se vistió rápidamente y al bajar las escaleras se fijó en el lugar en donde su sueño había ocurrido. No había ningún piano, ninguna chica tocándolo y ningún gato; justo como debía ser.

Tomó camino a la Seigaku, preguntándose si vería a Sakuno ese día. Agh, le cargaba tener esos pensamientos. Llegó justo a tiempo a la clase, solo un rato después Hiro apareció por la puerta, el profesor con un gesto de desaprobación, lo dejó pasar.

El ángel iba a sentarse en su puesto junto a Eirin, quien lo miraba nerviosa, pero se paró en seco al darse cuanta de la situación. Vaciló un poco y optó por sentarse en el puesto junto a Ryoma. El tenista gruñó por lo bajo. ¿Cómo es que ese chico no entendía que a él no le agradaba y que lo quería lejos de su vista? Hiro no despegaba la mirada de su pupitre, dio un pesado y largo suspiro.

−Ryoma, tengo algo que decirte.

El nombrado lo miró fastidiado, pero el ángel seguía contemplando su mesa.

−Pero prométeme… que guardarás el secreto.

N/A: Bueno hasta aquí se los dejo, les recuerdo que me voy de viaje a Argentina por lo que me tardare en poner el sgte capitulo, pero mientras dejen sus comentarios menos me tardaré jeje

Bueno respondo reviews:

.gomez: Muchas gracias por tu review! Que bueno que te guste y sobre todo que me lo hagas saber :D como pasbas por mi historia me decidí pasar por la tuya y déjame decirte que me gusto mucho, me rei bastante :D asi que nos estamos leyendo!

anikasukino 5d: Gracias por tu review! jejeje si en verdad es un milagro, Ryoma siemore es tan orgulloso u.u espero que te haya gustado la conti ^^ gracias por comentar como siempre, cuiadate y nos vemos!

keylove14: Hola, muchas gracias por tu review que bueno que pudiera entar a tu cuenta de nuevo :D gracias por leer mi historia y darte la molestia de comentar :') significa mucho para mi, espero que te haya gustado este capitulo, hasta la proxima!

koka74: Grcias por tu reviwe! jajjaja si Sakuno es una debilcuha, auqnue Hiro tuvo mucho que ver en eso jeje que bueno que te gustara y ojala que te haya gustado este capitulo tambien, bye!

Bueno me despido, ojalá les haya gustado este capi y muchas gracias por leer y comentar! Cuídense, nos estamos leyendo!