N/A: Hooooooooooola lamento mucho la demora pero estoy justo en las semanas de certamenes, de hecho aun me faltan dos y ahora deberia estar estudiando jeje

Este capitulo me costó mucho escribirlo, se me hizo muy dificil pasar mis ideas al papel (primero escribo en un cuaderno y luego lo paso al computador jjej) quisas no haya sabido explicarme muy bien en algunas partes asi que si algo no les quedo claro no duden en preguntarme ;) muchas gracias por sus comentarios, se aprecian muchooo :D

Bueno a leer espero les gustee!

Capitulo 15: Volver al pasado

Quería llorar, tenia tanta pena en su corazón que sentía que cedería a las lágrimas en cualquier momento. Corría lo más rápido que sus piernas le permitían, necesitaba alejarse de allí, no podía soportar esa imagen repitiéndose en su cabeza.

¿Por qué había tenido que presenciar ese beso? Ella siempre había soñado con besar a ese chico que le alteraba el mundo, pero esa maldita de Eirin se le había adelantado.

Una sensación de rabia y furia comenzó a llenar su corazón, las lágrimas que comenzaron a brotar de sus ojos color carmín ya no eran de tristeza, sino que estaban llenas de resentimiento y furor. Maldito Ryoma Echizen que había estado jugando con sus sentimientos, ¡todo este tiempo se había estado burlando de ella! Acompañándola a la enfermería, fingiendo estar preocupado y falsamente siendo amable. ¡Bah! Todo mientras fraternizaba con esa malcriada a costa suya. ¡Que estúpida había sido!

Sus piernas ya no daban más, había corrido demasiado rápido y se le agotaban las energías, por lo que disminuyó el paso.

−¡Saku!

Hiro había salido tras ella y había tratado de alcanzarla, pero diablos que corría rápido esta niña.

−Saku, espera −dijo acercándose.

Pero la castaña no se detenía, caminaba a paso firme y sin mirar a su amigo que se encontraba detrás de ella. Él se impacientó.

−¡Saku! −la llamó por última vez, colocándose en frente de ella, obstruyéndole el paso.

−Hiro −susurró agachando la cabeza−… lo siento, ya no puedo seguir con esto −levantó la mirada y él pudo ver el sufrimiento en sus ojos−. En verdad lo siento, pero no podrás terminar tu misión.

Se limpió las lágrimas y retomó el paso, pasando por el lado del ángel.

−Saku, no lo entiendes −ella se detuvo otra vez−, ese beso no significó nada, ¡fue Eirin quien se lanzó sorpresivamente sobre él! −la castaña le daba la espalda− ¿Que no te das cuenta? Él no hizo nada, fue ella quien lo besó.

−¡Pero él le correspondió! −gritó, encarándolo.

−¡Mentira!

−Olvídalo, ya no quiero nada que tenga que ver con él, que se quede con Eirin si quiere, ¡ya no me importa! −se dio medio vuelta con intensiones de seguir su camino−. Se acabó.

Comenzó a caminar pero Hiro le tomó la mano, deteniéndola.

−No puedes hacerme esto −masculló−, no se supone que termine así, si decides alejarte cambiarás todo…

Sakuno lo miró y vio el pánico recorrer el rostro de su amigo.

−No me importa lo que diga el destino, no pienso prestarme para sus juegos. Lamento que no pudieras cumplir tu misión, en serio…

El de cabellos blancos apretó con fuerza la mano que aún sostenía de Sakuno, se quedaron en silencio por unos minutos interminables, Hiro tenía la cabeza gacha, escondiendo su rostro entre sus flequillos. Aún sujetaba la mano de Sakuno y ella comenzaba a preguntarse cuanto tiempo se quedarían así.

−Ven conmigo −dijo él finalmente.

Se dio media vuelta y comenzó a caminar, llevando a la castaña de la mano. Ella no sabía que sucedía ni a donde iban, pero no dijo nada, solo dejó que él la guiara en silencio.

¿Cuánto tiempo llevaban allí de pie, sin decir una palabra, observando aquella lápida deteriorada? Hiro seguía sosteniendo su mano, pero parecía no estar allí con ella.

¿Por qué la había traído allí? ¿Qué tenía que ver esto con Ryoma y Eirin? En general no le gustaba los cementerios, le parecían tan… deprimentes. Siempre pensaba que cuando su abuela falleciera no sabría si podría ir a dejarle flores a su tumba, francamente no se imaginaba visitando un lugar tan sombrío.

"Aquí yace Hiro Kinugasa, hemos perdido a un hijo, hermano y amigo, pero el cielo ganó un ángel. 1943-1962"

Era lo que estaba escrito en la gris lápida en frente suyo, Sakuno no sabía que decir ni como reaccionar. ¿Qué se debía decir en un momento así?

−Es la priemera vez que vengo −él rompió el silencio, para ese entonces ya había soltado la mano de su amiga−… a ver mi tumba.

Sakuno sintió un golpe en el estómago.

Mi tumba.

No podía imaginarse lo difícil que debía ser pronunciar esas palabras. ¡No era normal tener que decir eso! Trataba de concebir lo doloroso que debía ser esto para su amigo.

¿Qué se sentirá estar de pie frente a la lápida que fue echa especialmente por tu muerte?

−Eh… tiene flores recientes −en verdad no sabía que podía decir.

Hiro sonrió con desgana.

−Debe ser mi hermana menor, me sorprende que siga viniendo, tenía siete años cuando fallecí.

Sakuno tenía un nudo en la garganta, debió ser muy duro para su familia. Se imaginó a esa pobre niña sufriendo por la pérdida de su hermano, ya habían pasado cincuenta años desde entonces y se notaba que visitaba el cementerio regularmente, puesto que la tumba de Hiro estaba adornada con una hermosas rosas blancas que se apreciaba eran nuevas.

Notó que había algo entre las flores: una caja. Era pequeña y de color azul oscuro, o quizás negro, estaba vieja y la pintura deteriorada por lo que no podía diferenciar bien su color.

−¿Qué es esa caja?

Hiro también la miró.

−No lo sé −encogiéndose de hombros−, jamás la había visto.

−¿Puedo… −estiró su mano, pidiendo permiso para tomarla.

−Claro.

Tomó la caja con cuidado y la abrió con extrema lentitud y delicadeza, tenía miedo de que se rompiera en sus manos debido a su estado de deterioro. Al ver lo que había dentro se extrañó, estaba llena de viejos papeles con escritos.

−Son cartas −dijo con cierto asombro al verlas más detenidamente.

Hiro ocultó su asombro, vio que Sakuno tomaba una de las cartas y le pasaba una leída rápida.

−Esta está firmada por Kasumi Kinugasa −el ángel hizo un gesto de dolor−… y esta es de Yamato Kinugasa, Hiro hay muchas cartas aquí y son para ti, ¿las has leído?

Él suspiró.

−No, te dije que era la primera vez que venía aquí −dijo con la mirada perdida en su lápida.

−¿Y no quieres leerlas?

−No.

¿Por qué esa falta de interés? Estas eran cartas que sus familiares le habían escrito cuando falleció, expresaban todos sus sentimientos y él no tenía las más mínima intención de leerlas. ¿Qué significaba esa reacción?

Siguió escarbando dentro de la caja y vio algo que le llamó la atención, una foto se encontraba al fondo, debajo de todas las cartas. Se notaba que era antigua puesto que estaba en blanco y negro y un tanto arrugada.

En la fotografía había tres personas, una era un hombre con barba y que usaba lentes, el cual posaba cada una de sus manos en los hombros de dos personas más pequeñas: un chico ya adolescente y una niña más pequeña que llevaba un infantil vestido.

Hiro también vio la foto y se le escapó un gemido por la sorpresa.

−¿Él es tu papá?

−Sí −aún desconcertado de ver esa foto tan antigua.

−¿Y ella tu hermana? −él asintió.

−Y él…

−Soy yo.

Se quedó helada. Estaba viendo a Hiro cuando estaba vivo, cunado era un chico más, con aspiraciones y sueños, como ella. Observó la foto con más detenimiento y casi involuntariamente acarició el rostro del chico en la foto con el pulgar. Hubiese querido que la fotografía estuviese en mejor estado o a color para poder apreciarla mejor, aunque era la misma persona el joven de la imagen se veía completamente diferente.

−¿De qué color tenías el cabello? −preguntó al notar que en la foto se veía oscuro, de ninguna manera lo tenía blanco como ahora.

−Creo que castaño −habló mirando un punto fijo en el horizonte, recordando −como mis ojos… o no, creo que mi ojos eran verdes, ya no me acuerdo.

Sakuno no podía despegar la vista del chico en la foto, él estaba sonriendo pero sus ojos no reflejaban esa sonrisa. Ahora que se daba cuenta, era una foto bastante sombría, la pequeña niña con vestido no sonreía, tenía la mirada perdida en algo al otro lado de la cámara, como si no supiera que le estaban sacando una foto.

Y en cuanto al hombre mayor, el padre de Hiro, tampoco sonreía, su rostro no mostraba ninguna expresión y tenia una mirada tan gélida que llegaba a ser intimidante, posando sus manos, firmes y fuertes, en los hombros de sus dos hijos.

Notó que algo faltaba en la foto, o alguien.

−¿Y tu mamá?

Hiro suspiró y se rascó la cabeza nervioso.

−Nos abandonó cuando yo tenia doce años, justo después del nacimiento de Kasumi −refiriéndose a su hermana.

−Oh −no se esperaba esa respuesta.

Es decir, quizás para una vida tan triste como parecía ser la de Hiro, se imaginaría una noticia así, pero uno esperaría: "Murió dando a luz a mi hermana, cuando yo tenía doce años" ¿Pero que los abandonara? Eso si que era desgarrador.

−Saku −se estremeció al escuchar su nombre−, cuando estaba vivo… no era feliz.

Ella lo miró sin entender, pero Hiro no se atrevía a mirarla, solo observaba la lápida que llevaba su nombre.

−Mi mamá nos abandonó semanas después de que naciera Kasumi, nos dejó una carta y nunca más supimos de ella −empuñó sus manos−, mi papá nos echaba la culpa de que se fuera −lanzó un bufido−… nunca tuvo muy buen carácter, era mejor no molestarlo o…

Hizo una pausa, una muy grande, tanto que Sakuno se comenzó a preocupar.

−Varias veces tuve que proteger a mi hermana de él −habló finalmente−, la verdad es que casi nunca estaba en la casa, pero cuando llegaba era un infierno −parecía que iba y venía entre sus recuerdos y la realidad−. Tuve que dejar los estudios y buscar un trabajo por que lo que ganaba mi papá no era suficiente para mantenernos, lo hice por mi hermana, quería que tuviera un mejor futuro que yo.

Despegó su mirada de su tumba y posó su atención en la gente que pasaba por el lugar, visitando a sus seres queridos.

−Recuerdo muy bien mi último día de vida −a Sakuno se le revolvió el estómago− mi papá iba a ir a buscarme al restaurante en el cual yo trabajaba, pero ese día iba a haber una celebración por lo que estuvo lleno de clientes y tuve mucho trabajo que hacer, por lo que me atrasé y lo hice esperar diez minutos en el auto… bastaba con eso para que se molestara y descargara su rabia y estrés acumulado en el día.

¿Por qué tardaste tanto? −habló con tono serio una vez su hijo entro al auto.

Te dije que hoy iba a estar más ocupado que otras veces.

Y yo te dije que te iba a ir a buscar hoy y que estuvieras listo −le replicó, rascándose la barba con aire impaciente y pisando el acelerador.

Hubo un silencio prolongado, en verdad siempre era así. No había mucho intercambio de palabras entre ellos, y las pocas veces que había siempre terminaba siendo una discusión.

¿Cuánto estás ganando? −preguntó Yamato, con su voz ronca y potente.

El joven de cabellos castaños no respondió y desvió la mirada hacia la ventanilla de su puerta.

¡Por la mierda, Hiro! −golpeó el manubrio con su mano derecha−. ¡Tienes que ayudarme con esto! −lo miró con insistencia, pero el chico no se dignaba a mirarlo−. Vas a tener que buscar un segundo trabajo −Hiro hizo un gesto de desaprobación−, tienes que hacerte responsable de tu actos, es culpa tuya y de tu hermana que su madre se fuera…

El chico frunció el ceño.

¡No es cierto! −lo encaró −¡Deja de decir eso!

¡Es la verdad, Hiro! −hizo caso omiso a un semáforo.

Papá, pasaste con luz roja.

¿Crees que esto ha sido fácil para mí? −ignorándolo −¡Me saco la mierda trabajando! Si no vas a ayudarme te irás de mi casa, ¡me escuchaste!

¡Sabes que me iría si no fuera por Kasumi! Jamás la dejaría con alguien como tú.

Yamato apretó el manubrio con fuerza, se acercaba otro semáforo pero él no los tomaba en cuenta.

Suficiente, te irás de mi casa.

¡Bien, pero me llevaré a Kasumi conmigo!

−En ese momento mi papá estaba cruzando con luz roja de nuevo, y bueno −suspiró con desgana−… otro auto venía por la otra calle y chocó con el costado del nuestro, en donde yo estaba sentado.

Sakuno apenas podía respirar, podía verlo todo en su mente.

−En ese entonces los autos eran menos seguros que ahora, el nuestro era un Fiat 1100 y quedó totalmente deformado, no pudo aguantar el golpe.

La castaña cerró los ojos con fuerza, tratando de contener las lágrimas, ¿acaso su amigo había muerto en el instante? Se estremeció, podía imaginarse ese fatídico momento en el que Hiro recibió el impacto.

Se restregó los ojos con fuerza, secándose las lágrimas que caían por sus mejillas casi sin darse cuenta.

−Mi papá sobrevivió de milagro −miró a Sakuno y a ella le sorprendió no verlo en las mismas condiciones suyas: con lágrimas brotando de sus ojos sin cesar−, lo que más me preocupó cuando me di cuenta que había muerto fue mi hermana, tendría que vivir sola con mi papá y eso me aterraba −tomó una de las rosas blancas que yacían a los costados de su lápida−… pero debido a mi muerte mi padre cambió, buscó un segundo trabajo y para el bien de mi hermana dejó de ser esa persona tan violenta, impulsiva y llena de resentimiento que solía ser. Supongo que se sentía arrepentido −miró la caja que Sakuno aun tenia en sus manos−… jamás hubiera pensado que me escribiría una carta.

Ella también miró la pequeña y vieja caja.

−¿No quieres leerla? −le preguntó con timidez.

Hiro torció sus labios en señal de desconfianza.

−No.

Sakuno suspiró resignada, cerró la caja y la colocó de vuelta en su lugar, junto a la tumba.

−Saku, no fui feliz siendo humano, no tenía futuro… no iba a llegar a ninguna parte −él también devolvió la rosa con las demás flores−, y se que si fuera humano de nuevo también sería infeliz.

−Pero eso no lo puedes saber, quizás te espere una vida próspera, con una buena familia y…

−¡No! −la interrumpió− No quiero arriesgarme, ¿y si me espera una vida peor y desdichada? −la miró, horrorizado por esa simple idea−. No quiero ser reencarnado, pero si tu te rindes y te alejas de Ryoma…

Ahora entendía el porque del gran temor de Hiro, él no quería por nada del mundo volver a ser humano, le encantaba ser ángel y si ella renunciaba a todo esto no podría hacerse llamar amiga, por que llevaría a Hiro al destino que este más temía.

−Además, si reencarno significaría que en algún momento volveré a morir, pero esta vez no podría ser ángel, entonces… ¿que sería de mí? −tomó aire y lo botó lentamente, tratando de calmarse−. Y lo pero de todo es que no recordaría nada, sería otra persona, no recordaría mi vida humana, ni como ángel… ni a ti −la miró con tristeza−. Solo mi alma se salvaría, pero yo simplemente dejaría de existir, la reencarnación para mi sería como morir de nuevo.

Sakuno se tensó, el Hiro que conocía desaparecería, tal como él había dicho sería la misma alma pero estaría en otra persona totalmente diferente, quien no recordaría absolutamente nada. Así era como funcionaba esto, hasta era posible que ella misma fuera la reencarnación de alguien que vivió hace muchos años y no lo supiera.

−Por favor, no me hagas esto −susurró él.

−Hiro −se le acercó y lo abrazó con ternura−, de acuerdo, no renunciaré. Si tú dices que solo fue un beso que Eirin le dio, entonces es verdad.

El ángel yacía inmóvil y en ningún momento le correspondió el abrazo, solo se quedó allí, sin moverse, aguantándose las lágrimas que amenazaban con salir desde habían entrado al cementerio.

Golpeteaba impaciente su cuaderno con el lápiz, la hora se le estaba haciendo eterna, ¿cuántos minutos faltaban para que tocara el timbre del receso? Maldición, a esta sala le faltaba un reloj.

Lo del día anterior había sido una experiencia…

No sabría como describirlo.

Pero sin dudas la había dejado pensando toda la noche, apenas había podido conciliar el sueño y no solo por lo de ayer, también estaba sumamente nerviosa por el día de hoy. Hiro le había dicho que tenía hablar con Ryoma respecto a ese beso sin rodeos ni titubeos y dejar todo en claro lo antes posible, evitando así enredos y mal entendidos entre ellos. En cuanto a él, estaría en las nubes observando.

Tocó el timbre y salió a toda velocidad de la sala. Estaba en busca de Ryoma para llevar a cabo lo que el ángel le había dicho, al no encontrarlo por ningún lado recordó donde le había dicho su amigo que estaría. Subió torpemente las escaleras, directo a la azotea y cuando abrió la puerta de esta se encontró precisamente con el rostro del tenista, parecía que ese ya se iba yendo.

−Sa… Ryusaki.

−Ryoma −dijo entre jadeos−… tengo que…

−Oye −la interrumpió−, de casualidad −se rascó la cabeza, nervioso−… ¿tu gato es blanco?

Esos sueños comenzaban a perturbarlo últimamente y no podía dejar de hacerse esa pregunta.

Sakuno pestañó.

−¿Ah?

Él chasqueó la lengua.

−Olvídalo, no importa.

La castaña, confusa, se quedó pensando a que se debía esa pregunta, entrando a una especie de trance. Ryoma la miraba insistente, esperando a que reaccionara, iba a decir algo para atraerla a la tierra de nuevo, pero para su alivio ella reaccionó y habló.

−Eh −agachó la cabeza, no podía sentirse mas incómoda en estos momentos−… ayer te vi con Eirin… y− tomó aire y se armó de coraje− ¿Por qué la besaste?

Lo dijo tan rápido que Ryoma apenas le entendió. Ella miraba el suelo, totalmente avergonzada, no se atrevía a mirar esos penetrantes ojos ambarinos luego de haber hecho esa pregunta. Pero debido a que él no le contestaba se vio obligada a levantar la mirada, cuando se encontró con el rostro de él tan cerca se estremeció.

Él se encogió de hombros.

−Estabamos hablando y ella me besó sorpresivamente.

Sakuno suspiró aliviada, Hiro tenía razón, y pensar que ella planeaba rendirse y no dirigirle la palabra a Ryoma nunca más.

−¿Eso es todo? Tengo prisa, ya me iba yendo así que… −eso tomó por sorpresa a la astaña.

−¿Por qué tanta prisa? Aún no toca el timbre de vuelta a clases.

−Me tengo que juntar con Eirin −habló él con suma tranquilidad.

−¿Qué? −sin entender− ¿Por qué?

Ryoma la miró con interés y sonrió.

−Por que es mi novia.

¿Qué?

¿Había escuchado bien? Tenia que ser una broma, era imposible.

−¿Qué? −habló con un hilo de voz.

−Lo que dije −escondió sus manos en los bolsillos, totalmente relajado−, Eirin es mi novia.

No, no tenia sentido. ¿Por qué lo haría?

−¿D-desde cuándo? −la voz le temblaba.

−Desde hoy −se encogió de hombros otra vez.

A Sakuno se le escapó un gemido, esto tenía que ser un sueño, no… una pesadilla.

−Pero… ¿Por qué? −no estaba segura si era buena idea preguntar eso.

Ryoma la miró a los ojos fijamente y endureció el rostro, Sakuno pudo notar un brillo diferente en su mirada ambarina, había algo que jamás había visto en él.

−Me gusta −dijo con completa sinceridad.

Sintió un golpe en el estómago y un nudo en la garganta le comenzó a molestar, no podía creerlo, ¿cómo habían llegado a esto? ¿Ryoma y Eirin novios? De pronto se dio cuenta de la gravedad de la situación, el nudo en su garganta se hizo más grande.

−¿Qué has hecho? −susurró con voz temblorosa.

−¿Ah?

−¡¿Qué es lo que has hecho?! −empujó débilmente al tenista, con lágrimas en los ojos−. Acabas de condenar a un amigo −masculló.

−¿De que hablas? −no podía estar más extrañado por la reacción de la chica.

−¡Acabas de condenar a Hiro! −gritó con todas sus fuerzas y salió corriendo de allí.

−¡Oye! −siguiéndola.

Sakuno bajó las escaleras tan rápido que casi se cae, pero poco le importaba, solo corría con todas sus fuerzas y sin detenerse, con Ryoma pisándole los talones.

−¡Ryusaki! −la agarró de la mano bruscamente, deteniéndola− ¿Qué pasa?

Ella apenas podía mirarlo, sentía rabia y mucha pena. No sabía que era peor: que a Ryoma le gustara otra chica o lo que implicaba eso para Hiro. No, definitivamente no podía mirarlo a la cara en ese momento.

Se zafó del agarre de él y siguió corriendo, dejando a Ryoma completamente confundido y preocupado. Salió apresuradamente a las afueras del edificio, casi atropellándose contra la puerta.

−¡Hiro! −gritó al cielo −¡¿Hiro, dónde estas?! −estaba asustada, no sabía que era lo que iba a pasar. ¿Dónde estaba? ¿Por qué no bajaba a la tierra y se reencontraba con ella?− Vuelve.

Las manos le temblaban, estaba sentado sobre sus rodillas pero aún así sentía que perdería las fuerzas y se caería en cualquier momento. Era imposible, esto no podía estar pasando, no podía terminar así.

Vio la sombra de unas grandes alas, un ángel se le había acercado por detrás.

Hiro −lo llamó, se dio vuelta y se alejó, pero al darse cuenta que el joven no lo seguía volvió a llamarlo− Hiro −dijo elevando el tono de su voz.

El nombrado suspiró y se levantó con pesadez, al darse vuelta pudo ver al ángel de cabellos castaños que lo esperaba unos metros más adelante. Avanzó lentamente hasta él, casi arrastrando los pies y cuando llegó donde el mayor comenzaron a caminar juntos.

Flashbacks

Entonces, ¿cuándo vuelvas jugarás conmigo?

Sí.

¿Me lo prometes? −le pellizcó la mejilla.

Te lo prometo −dijo sonriendo.

La pequeña también sonrió y se abalanzó sobre él, abrazándolo con sus pequeños brazos, Hiro también la abrazó con fuerza.

Te voy a estar esperando −dijo con su infantil voz y con el rostro hundido en el pecho de él −, no rompas tu promesa.

Nunca.

Fin Flashbacks

¿Por qué nunca podía hacer nada bien? Ni siquiera había podido cumplirle una promesa a esa pequeña niña, le había fallado y ahora también lo había hecho con Sakuno, una persona más a la cual defraudaba. Le había dicho que todo estaría bien y que no se preocupara, pero aquí estaban, enfrentando la realidad: Ryoma tenía novia, y no era Sakuno precisamente.

Y todo era su culpa.

N/A: Bueno hasta se las dejo! Insisto si algo no les quedo claro o no entendieron por favor pregunten y con gusto les responderé ;) PERO por esta vez no podre responder sus comentarios del capitulo anteriorrpor que en verdad que tengo que volver a mis libros otra vez mi certamen es el martes y no he estudiado nada o.o

Este capitulo me demore cono dos dias en escribirlo u.u y la verdad es que no se cuando podre poner el prox capitulo jiji asi que les pido que me esperen por que definitivamente volvere jeje

Hasta la proxima! Y muchas gracias a los que comentan que bueno que les haya gustado el capitulo anterior y espero que este igual les haya gustado :)