Al final no contrataron a nadie en el trabajo, en fin, para eso son los intentos, para probar, veremos si la siguiente es para mí.
En fin, aquí les traigo el epilogo prometido y les traeré el segundo libro de esta saga para el próximo domingo 3 de Julio, espero que les guste, y por favor disfruten, también dejen su lindo review.
Epilogo
Koga
Alguien tenía que detener el maldito martilleo o asesinaría a quien sea que lo estuviera haciendo. Koga abrió un ojo, sorprendido al descubrir que el terrible estruendo venia de su cabeza, pasó su mano por ella, buscando heridas. Después ambos ojos se abrieron cuando no sintió nada excepto la suavidad de su cuero cabelludo debajo de su cabello. Eso no estaba bien. Había sido herido… ¿o no?
- Finalmente despiertas, sarnoso - dijo una voz familiar.
Koga se dio vuelta, viendo a Inuyasha, recostado en una silla no lejos de él. El cabello de Inuyasha era de un tono rubio oscuro espantoso como si hubiera estado nadando en sudor de demonio. Sin embargo, estaba vestido, mientras que Koga estaba tan desnudo como el día que había nacido. Entonces las risitas llamaron la atención hacia el resto de la habitación. Mujeres desnudas, excepto por la pintura corporal leonina que se deslizaban al otro lado de la amplia zona. Hombres usando marcas de gacela pasaban por delante de ellos, evitando los aros de fuego que estaban en su camino, y ¿ese era un auto lleno de payasos?
- ¿Dónde estamos? ¿Y qué estás haciendo aquí? Kagome te matará si te atrapa en un burdel. - exigió Koga.
- No soy el que se da el gusto. Te estoy cuidando después de tu resaca. ¿Te duele la cabeza? - respondió Inuyasha, mirándolo con una intensidad que contradecía su tono lánguido.
- Como el mismo diablo - gimió Koga.
- ¿Los anillos de fuego están ahí por alguna razón, o ninguno de ustedes tiene una ética de trabajo adecuada? - se encontró chasqueando al siguiente grupo de prostitutas pintadas que pasaron delante de ellos.
- Apenas su objetivo de rendimiento, ¿no es así? - Las cejas de Inuyasha se levantaron. No, no lo era. ¿Por qué le importaba si saltaban a través de los anillos de fuego? ¿Y por qué sentía la necesidad de alabar a los payasos por mostrar un entusiasmo mayor por sus papeles?
- No te molestes - dijo Koga cuando las falsas leonas y gacelas empezaron a alinearse delante de los aros de fuego.
- Empiecen sin mí. Vayan, jueguen entre ustedes. - Cuando tomaron eso como una invitación para volver su atención hacia él, Koga quitó sus manos de encima.
- ¿Pasa algo malo? - preguntó Inuyasha, todavía con ese tono suave.
Sí. No solo le dolía la cabeza como si el propio martillo de Lucifer lo estuviera golpeando, tenía el impulso casi incontrolable de revisar la parte de atrás en busca de heridas. ¿Y por qué estaba totalmente desinteresado en el espectáculo erótico que se desarrollaba frente a él? No solo no tenía ningún deseo de unirse, apenas se molestaba en mirar.
- ¿Cómo llegue aquí? - le preguntó a Inuyasha. Arqueo una ceja oscura.
- ¿No te acuerdas? - Recordaba… caramba, no mucho. ¿Había estado molesto y decidió adormecer el dolor con follar? Eso sonaba bien, pero estar aquí de alguna manera se sentía… mal.
- ¿Qué te dije acerca de jugar entre ustedes? - espetó cuando una falsa gacela y un león se arrastraron hacia adelante y empezaron a acariciarles las piernas.
- Vayan, ahí hay una buena chica y un buen muchacho. - Se alejaron, haciendo pucheros. Koga se dio vuelta hacia Inuyasha.
- ¿Estás segurode que quería estar aquí? A decir verdad, no podía estar menos interesado, y míralo. Blando como una serpiente muerta. - Sacudió su pene para darle énfasis.
- No puedo ofrecer mi ayuda con esas cosas. - Inuyasha mantuvo su mirada en el rostro de Koga.
- ¡Eh, nunca me gustaste de esa manera! Buena cosa también, ya que resulta que somos primos. En serio, Bestia, ¿por qué estoy aquí, por qué apestas como demonio, y por qué mi cabeza se siente como si se hubiera abierto recientemente? -
Algo llenó la mirada de Inuyasha. La sensación de malestar de Koga aumentó. Su amigo estaba a punto de mentirle. Incluso aunque no pudiera verlo en la mirada de Inuyasha, lo sentía hasta en los huesos.
- Huelo así porque luchamos contra el indignado dueño de la fuente de Dragón Rojo que te robaste - dijo Inuyasha.
- Tu reciente embestida por la bebida no fue suficiente, robaste tu propia fuente, la bebiste hasta que decidiste que mentir acerca de estar casado era el colmo de la hilaridad, entonces me llamaste cuando el demonio dueño de la fuente vino tras de ti. Lo matamos, liberaste a la fuente, y decidiste celebrarlo en este burdel. Me quedé solo para asegurarme que no hicieras algo más extremadamente estúpido. - Inuyasha estaba mintiendo. La seguridad creció con cada martillazo despiadado en su cabeza. Entonces, ¿por qué algunas partes de esa historia resultaban familiares?
- Esto no está bien. Estás mintiendo y se supone que no debería estar aquí. Se supone que debería estar… - dijo Koga en voz alta.
- ¿Dónde? ¿Dónde se supone que debes estar? - inmediatamente, esa intensidad regreso a la mirada de Inuyasha.
- Dímelo tú. Y ¿dónde está…? - espetó Koga.
Se detuvo. Esa sensación de incorrecto pasó a primer plano, creciendo hasta que Koga se levantó y comenzó a caminar. Algo más estaba pasando que las mentiras de Inuyasha. Encontró sus manos pasando por la parte de atrás de su cabeza otra vez. Su cabello era blanco por alguna razón, pero eso no le preocupaba tanto como la búsqueda de heridas que no estaban ahí. ¿Por qué estaba tan seguro de que deberían estar? ¿Por qué se sentía tan mal que estuviera aquí con Inuyasha en lugar de… otro lugar? ¿Con alguien más?
- Estaba a punto de decir un nombre, pero ahora no tengo idea de cuál era. ¿Por qué estaba a punto de decir un nombre que de repente no puedo recordar? ¿Qué demonios está pasando? - dijo Koga lentamente. Inuyasha se levantó, con la mirada fija en las prostitutas que Koga ya había olvidado.
- Váyanse. Todos ustedes. - les dijo Inuyasha.
Un deja vu fustigaba a Koga a su alrededor al mirar a las prostitutas saliendo de la habitación. Esto ya había pasado antes pero no con Inuyasha. Alguien más. ¿Quién? ¿Quién? La voz de una mujer susurró en su mente, su tono era más divertido que burlón. ¿Lasestassacandodel caminoporqueintentaspelearconmigo?
- ¿Dónde está ella? - Koga se encontró exigiendo.
No recordaba haberse movido, pero de repente, sus manos estaban en los hombros de Inuyasha y estaba sacudiéndolo como si pudiera sacarle la verdad. Los ojos de Inuyasha se abrieron de par en par mientras miraba atrás donde había estado Koga momentos antes.
- ¡Te teletransportaste! - Le tomó unos segundos que la asombrosa declaración de Inuyasha lo alcanzara.
- ¿Mas mentiras amigo? - Después Koga se burló.
- Eso no es una mentira. Veamos si puedes hacer esto de nuevo. ¿Dónde crees que deberías estar ahora mismo? - Inuyasha empujó a Koga hacia atrás, después le dio una mirada de creciente expectación.
- Ducha - se encontró. Nonecesitodecirteaquéhueles…
Las palabras apenas se habían formado en su mente cuando Koga estaba mirando las viejas baldosas azules y la lechada que habían visto sus mejores días. Salió del cuarto de baño y entró al dormitorio contiguo, gritando:
- ¡Bestia! - Cuando un chillido femenino lo detuvo.
- ¿Quién es usted? ¿Cómo llegó aquí? - exigió la pequeña morena que estaba en la cama. No estaba sola, y su acompañante le dio una mirada muy enojada.
- ¡Fuera! ¡Pagué por una hora! - gritó. Koga los ignoró mientras salía de la habitación.
- ¡Inuyasha! - gritó de nuevo cuando llegó al pasillo.
Un zumbido de poder, entonces Inuyasha voló por las escaleras. Koga había empezado a bajar por el pasillo hacia él cuando de repente se disolvió en el más negro de los ríos. Un estrecho bote navegaba sobre él, su único ocupante apareciendo entre la niebla hecha de oscuridad. El grito de Inuyasha de "Ángel de la Muerte" debería haber preocupado a Inuyasha. Entonces el esqueleto encapuchado debió girar su rostro huesudo hacia él mientras levantaba su guadaña. En cambio, Koga se encontró diciendo.
- No te preocupes. Lo que estás viendo no es como realmente parece. En este lado del velo, ves lo que temes. - ¿Cómo sabía eso? ¿Esas fueran sus palabras? ¿O eran las de alguien más?
La boca de la figura se extendió en una aterradora versión de una sonrisa. Después ese cráneo se disolvió en una piel oscura color bronce, un rostro apuesto, cabello del color de un error del algodón de azúcar, y ojos que destellaban, con brillantes rayos plateados.
- Recuerdas - dijo la cosa.
- Le dije que no lo harías, para aliviar el dolor en caso de que ella no te importara, pero cuando las emociones son profundas, nunca pueden ser borradas completamente. - Ella. ¡Le habían robado a alguien!
- No recuerdo mucho. Pero quiero hacerlo. Dime lo que perdí. - El miedo se apoderó de Koga, pero no el miedo a morir. Temía que la criatura se fuera sin decirle lo que necesitaba saber.
- No puedo restaurar todo lo que fue quitado. Incluso lo poco que puedo restaurar puede romper tu mente - dijo sin rodeos la criatura.
- Koga. No lo hagas. Es demasiado peligroso. - Inuyasha se había recuperado de su asombro lo suficiente como para empezar a acercarse a él.
Su urgencia se disparó. Necesitaba los recuerdos que le habían quitado. Los riesgos no importaban. Las objeciones de Inuyasha no importaban. Golpearía a su compañero contra la pared si intentaba detenerlo otra vez.
- Regrésamelos - le dijo a la criatura.
La cosa puso su mano en la cabeza de Koga. Las imágenes se proyectaban a través de su mente, fragmentadas y sin contexto. Una pequeña rubia Guardiana de la Ley luchaba con él antes de convertirse en una escultural mujer con el mismo cabello platino, dorado y azul que la criatura… destellos de una cascada… después un castillo… ¿por qué estaba luchando para salvar a un perro volador? ¿Y qué era eso?
Pormisangre,túeresmiesposa…
Los sentimientos lo desgarraron en el siguiente conjunto de imágenes. Su cuerpo entrelazado con el de él.
Mia. Su sangre en sus labios. Mia. Tantos demonios. Protégela. Sangre y sal bombardeaban el aire. Debo salvarla. Ojos plateados lo miraban en su suplica. Nopuedodejartemorir.
Entonces dos cuchillos se clavaron en su cráneo, uno que nunca había visto, el otro que se había clavado a sí mismo. ¿El… él había muerto? El rio estigio de repente se levantó y lo tragó. Gritó, pero no salió nada. Después intentó correr, moverse, hacer algo. No podía. No tenía cuerpo. La oscuridad lo había devorado por completo, pero no estaba solo en ella. Algo más estaba aquí. ¿Qué era? Se acercó más…no. No. ¡NO! Regresó a la realidad de rodillas, con sangre saliendo de sus ojos, boca, nariz y oídos. Después de un momento de pánico, se dio cuenta de que el otro mundo se había ido. También la criatura que le había metido esos fragmentos de memoria en su cabeza. Inuyasha estaba a su lado, mientras algunas prostitutas y un cliente descontento se agrupaban al otro lado del pasillo.
- Koga ¡Háblame, amigo! - estaba diciendo Inuyasha.
Koga se limpió la sangre, infinitamente aliviado de que todavía tuviera un cuerpo que podía sangrar. Entonces se detuvo, olfateando su mano. Una rápida lamida reveló lo que había sospechado. Su sangre sabía ahora como una forma más suave de Dragón Rojo. ¿Por qué? Una persona tenía las respuestas. No sabía mucho, pero sabía eso. Si la pequeña arpía creía que podía huir sin decirle lo demás que había perdido, no sabía con quién estaba tratando. Koga se levantó.
- Tus pantalones. Dámelos. - le dijo al cliente enojado, encendiendo su mirada de rojo.
El hombre se quitó los pantalones y se los entregó. Koga se los puso. No le quedaban, pero poco importaba. Bajó las escaleras, ignorando el revoloteo de Inuyasha detrás de él, y tomó un abrigo de uno de los ganchos de la puerta.
- ¿A dónde crees que vas? - Finalmente, Inuyasha lo agarró lo suficientemente fuerte como para darle vuelta.
- ¿A dónde voy? - repitió, después se echó a reír.
Su memoria estaba en pedazos, sus habilidades ahora podrían incluir la teletransportación, su sangre estaba mal, y estaba a punto de entrar de cabeza en una guerra demoniaca, si adivinaba correctamente acerca de las partes que podíarecordar. Pero por alguna razón, se sentía mejor de lo que nunca se había sentido. De hecho, si este sentimiento fuera una droga, nunca iba a estar limpio.
- Sí, ¿a dónde vas? - exigió Inuyasha.
- A encontrar a mi esposa. - Se echó a reír.
Continuara…
