He veltooo! Lamento mucho ausentarme por tanto tiempo cuando había dicho que no lo haria jeje, pero la batería de mi computador murió y estuvo inservible por mucho tiempo. Ahora recién salí de exámenes y estoy de vacaciones wujuu

Ódienme todo lo que quieran en verdad lo siento, puse todo mi esfuerzo en este capitulo. Ojala les guste!

Capitulo 18: Revelación

Dolor, sentía mucho dolor. Quería moverse, pero no podía. Le dolía todo el cuerpo. Un fuerte pitido resonaba en sus oídos.

Que alguien lo calle. Por favor… me duele. Agh… mi cabeza, me duele la cabeza, ¿Qué es ese pitido?... no puedo mover mis piernas. Respirar, me duele respirar. ¿Dónde estoy? Tengo que abrir los ojos… no puedo. Quiero moverme, quiero… ¡agh! callense. Gritan muy fuerte… son demasiados gritos.

Ya no soportaba ese pitido, tenía que abrir los ojos.

Aah… estoy en un auto.

Estaba con la cabeza apoyada sobre el manubrio, con mucho dolor logró incorporarse. Su cabeza lo estaba matando, se llevó la mano para sobarse en el punto de dolor y se extrañó al sentir algo húmedo y tibio. Observó su mano y tenía sangre, se le aceleró el corazón y comenzó a sentir un poco de pánico. No recordaba nada, según él ni siquiera manejaba. ¿Entonces porque estaba en esta situación? Miró a su alrededor y casi se muere del susto al darse cuenta de que no estaba solo allí.

Había un chico en el asiento de al lado, al parecer no estaba despierto. Lentamente se acercó a él y le sacudió el brazo débilmente.

Oye, ¿estás bien?

Le vio mejor el rostro y apartó inmediatamente la mano, la cual le comenzó a temblar. No se había percatado, pero las facciones del chico estaban bañadas en sangre.

Sintió más pánico y nauseas, ¿Qué mierda había pasado? ¿Él había hecho esto? ¿Habían chocado?

¡Hey! −el gritó lo asustó, miró por el cristal de su puerta y vio a alguien golpeando el vidrio −¡Abra la puerta! ¿Se encuentra bien? ¡Abra la puerta!

Él solo lo miró sin reaccionar y volvió su atención al joven inerte a su lado.

Oye −susurró apenas audible−… despierta.

Escuchó un crujido y en menos de un segundo habían tres hombres tratando de sacarlo del auto luego de haber roto la puerta.

Sáquenlo despacio, cuidado con la cabeza.

No… esperen, ayúdenlo a él −apuntándo a su acompañante.

Cálmese por favor, ¿puede caminar?

¡Ayúdenlo a él!

Señor, cálmese.

¿Señor?

Había demasiada gente y pánico para asimilar todo, pero una vez afuera del auto se dio cuenta de toda la situación. El aparato estaba sobre la acera.

¿Pero que…?

Buscó de donde provenía ese fuerte pitido, había demasiada gente corriendo de un lado para otro, y entre la multitud pudo divisar otro automóvil a mitad de la avenida, tenía el parachoques destrozado. Y ese fuerte pitido era la bocina, que no entendía porque no se callaba. El asfalto estaba quemado. Entre cinco personas trataban de sacar al hombre que estaba adentro de ese auto, esperaba que estuviera bien.

¡Imbécil! −una mujer de mediana edad lo empujó por el pechó, provocándole un gran dolor en su costilla −¡¿Cómo se le ocurre cruzar con luz roja?! ¡Casi me mata!

Señora, por favor −un paramédico interrumpió.

¡Que tiene en la cabeza, está loco!

¡Ya cálmese! −lo tomó por el brazo alejándolo de allí y lo ayudó a caminar hasta donde estaba la ambulancia estacionada, abrió las puertas traseras, de donde apareció otro paramédico, y lo ayudaron a sentarse. −Muy bien señor, todo va a estar bien, acaba de tener un accidente automovilístico, le chocaron por un costado y su auto patinó hasta la acera− hablaba lento y pausadamente, como si le estuviera hablando a un retardado mental− ¿puede decirme su nombre?

Él lo miro por unos segundos un tanto confundido.

Ryoma.

Muy bien señor Ryoma, vamos a revisarle la herida y luego lo llevarán al hospital para verificar que no tenga ninguna contusión importante.

Observó el auto del cual lo habían sacado a rastras, y se percató del algo que no había visto. El otro costado estaba completamente deformado. Le dio un mini infarto cuando divisó a unos hombres sacando al chico de ahí, para luego recostarlo en el suelo.

Él… ¿va a estar bien?

El paramédico lo miró con pena, mientras le revisaba la herida en su cabeza.

Señor, ¿ese es su hijo?

Ryoma frunció el ceño.

¿Qué, cómo va a ser mi hijo? ¡Es de mi edad!

Los dos hombres se miraron en silencio y un tanto sorprendidos.

Debe estar en shock, llévalo al hospital.

Lo tomaron por el brazo con intenciones de subirlo a la camilla. Pero él se resistió.

¡Alto! ¿Qué va a pasar con él? ¿Está bien?

No podía despegar la vista del chico recostado en la acera. Había mucha gente rodeándolo, unos cuantos hombres parecían luchar con el cuerpo, tratando de reanimarlo. Podía ver la urgencia en sus rostros.

Traigan la camilla −los escuchó.

Luchó con los hombres de la ambulancia por zafarse e ir allí, sentía la necesidad de ir a verlo. No era que lo conociera, jamás lo había visto en su vida, pero sentía algo en su interior que le decía que todo era su culpa. Vio como subieron al chico en una camilla, pero algo no estaba bien. Dejó de luchar y se quedó inmóvil al ver que lo tapaban con una manta blanca, llevándolo ya sin prisa dentro de otra ambulancia.

Señor, sé que es difícil pero ahora deben revisarlo en el hospital. Por favor, venga con nosotros.

No… no… no,no,no. ¿En verdad yo… maté a este chico?

−¡Ryoma! No estás escuchando nada de lo que te estoy diciendo. Por lo menos mírame.

Alzó la vista y vio a Eirin de pie frente a su pupitre. Se encontraban en la su sala de clase.

−¿Qué pasa contigo hoy? Te ves realmente agarrotado. ¿Es por que es lunes?

−¿Mm? −se frotó la cara con fuerza, en verdad desde que había tenido aquel sueño la noche del sábado casi no había podido conciliar el sueño otra vez, y menos hablar con alguien porque en lo único que podía pensar en ese terrible sentimiento de culpa.

−¿Cuándo vamos a ir al cine? −lo miró suplicante− O aún sigues con esos dolores de cabeza.

−No, ya se me quitaron. Ahora tengo algo peor −en efecto las jaquecas habían cesado desde que despertó de ese terrible sueño− Escuha Eirin, ya no puedo seguir con esto.

−¿Esto? −sin entender.

−Si, esto… esto, lo nuestro. Ya no, no puedo −dio un gran suspiro.

Hubo un prolongado silencio, como si ella esperase a que él dijera que estaba bromeando.

−¿Estás… terminando conmigo? −sus claros ojos se pusieron vidriosos− ¿Por qué? −habló con la voz temblorosa.

Ryoma la miró y no supo que decirle. La verdad es que no sabía en qué estaba pensando el día que se puso de novio con ella, y para ser sincero no recordaba bien como fue que sucedió, lo único que recordaba de esos pocos días eran sus dolores de cabeza.

−No lo sé, yo−pensó en sus palabras−… no siento nada por ti, lo siento.

Se levantó de su puesto y salió de la sala. Caminó por los pasillos sin rumbo, queriendo ordenar sus pensamientos, se sentía mal, terriblemente mal, como si fuera vomitar en cualquier momento. Se tapó la boca y aguantó la respiración cerrando los ojos, pero apenas hizo eso la imagen ensangrentada volvió.

−¡Agh! −se tapó aún más fuerte la boca y corrió en busca de un baño.

Iba a entrar a uno cuando vio a dos chicas subiendo la escalera, se detuvo y las miró bien. Una le llamó mucho la atención, de repente se sintió mucho mejor, las nauseas desaparecieron y el sueño se esfumó de sus pensamientos, por lo menos por ese momento. Eran Sakuno y Tomoka a quien veía, y por alguna razón quiso seguirlas. No, en realidad quería hablar con la nieta de la entrenadora, al verla con su largo cabello suelto sintió una extraña nostalgia. Entonces cambió su rumbo y se dirigió a donde las chicas habían entrado: la azotea.

−Guau, Taiyo realemte lo arregló. ¿Pero cómo?

−Bueno, no por nada es el ángel de mayor rango −le contestó el de ojos negros−. Además, recuerda que Kenshi ya no es uno de nosotros y ya no está aquí.

Hiro tenso la mandíbula.

−Sí, ahora está donde los demonios pertenecen.

Ambos se quedaron en silencio, el de cabellos blancos no podía creer que Taiyo arreglara el problema de Ryoma y Eirin con tanta facilidad, ahora todo podía volver a ser como antes. Sonrío ampliamente, no podía estar más feliz con los resultados, no se lo hubiera perdonado si hubiera terminado de otra forma. Por que en verdad que no podía negarle la existencia a esos tres pequeños, los hijos de su linda pareja.

−Hiro −habló Shuto−, hay algo que tengo que decirte.

−Dime.

Shuto suspiró.

−Es… sobre tu padre.

El menor lo miró sorprendido, para luego tensar las facciones hasta no tener expresión alguna. Un aire tenso se formó entre los dos, Hiro lo miraba de tal forma que Shuto se sintió un poco intimidado, se le notaba nervioso.

−Bueno −contunió al sentir la penetrante e insistente mirada de su amigo −se supone que no deberías saberlo, pero no puedo ocultártelo más −hablaba muy rápido, atropellando las palabras−. Es decir, creo que necesitas saberlo.

Hiro sentía el corazón en la garganta, ni siquiera sabía porque estaba tan nervioso.

−Siempre hemos pensado que te quedaste con un rencor muy fuerte por tu padre, es más, cuando se te dio la oportunidad de despedirte de ellos por última vez luego de tu muerte, tú… bueno tú… solo te despediste de tu hermana −le dio una rápida y nerviosa mirada y luego siguió hablando−. Nosotros hablamos hace tiempo y creíamos que no era bueno tener ese sentimiento guardado, hay que liberarse, ¿sabes? Es por eso que nosotros pensamos… que sería buena idea que te reconciliaras con él.

Hiro abrió los ojos impactado.

−Shuto −le temblaron las manos− no me digas que…

−No, no es lo que piensas. Él está muerto y no es un ángel− el menor dio un suspiro de alivio− pero…

−¿Pero?

El mayor se pasó ambas manos por sus cabellos rubios y no paraba de suspirar.

−Hay una razón por la que se te asignó tu pareja actual −hizo otra prolongada pausa y Hiro comenzaba a impacientarse. −Dios, perdóname por esto −miró a su amigo con determinación −, Hiro…

−Dilo −apenas le salió la voz.

−Ryoma… es la reencarnación de tu padre.

Esperó una reacción, un grito, una exclamación, algo. Pero Hiro no decía nada, decidió mirarlo y lo vio paralizado.

−Es por eso que se llevan tan mal −lanzo una risita nerviosa−. La idea es que lograras llevarte bien con él y que así podrías, del alguna forma, hacer las paces con tu papá −Hiro apretó un puño, sentía demasiadas emociones que invadían su mente y no lo dejaban pensar.

−¿Él… es… mi pa… pá? −le temblaba la voz.

−¡No! Hiro, no te confundas. Él no es Yamato, es Ryoma Echizen, es otra persona completamente diferente. −vio a su amigo pero seguía en el mismo shock−. Por favor, no hagas que me arrepienta de habértelo dicho.

−Voy a bajar.

−¿Qué?

−Quiero hablar con él −levantándose.

−Espera, primero tienes que calmarte.

−Estoy calmado.

−Hiro −suspiró−… ¿sabes que?, has lo que quieras.

−Tomoka, ya te he dicho que no me gusta venir a la azotea a almorzar− se quejó.

−¿Por qué? Si es tan relajante, el aire se siente tan limpio aquí arriba.

−No lo sé, solo no me gusta −esto último lo dijo apenas en un susurro.

Se escuchó el chillido de la puerta abrirse, ambas se dieron vuelta y vieron al tenista entrar.

−¡Ah, Ryoma! −la del lunar corrió hacia él arrastrando a Sakuno de la mano− Lo lamento pero nosotras llegamos primero.

El tenista no le prestaba atención a ella sino a su acompañante, la observó de pies a cabeza, como si hubiera olvidado su figura.

−¿No viniste con tu … novia? −Tomoka pronunció es apalabra con un escalofrío.

Ryoma la miro un poco molesto.

−Ya no es mi novia.

−¿En serio?

Las dos chicas se miraron sorprendidas, Sakuno no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Seria cierto? ¿¡Milagro de Dios!?

−Me sorprende por que realmente tienes material para novio.

−To-Tomoka −¿su amiga le estaba diciendo eso a Ryoma Echizen?

−¿Qué? Es cierto, yo creo que todas las chicas de aquí se sorprendieron al ver que tú podías hacer algo como eso.

Agh, esta chica hacía que se le fundiera el cerebro. Dejó que hablara sola y centro su atención una vez más en su compañera. Sakuno sintió la mirada del ambarino y se la devolvió. Solo fueron unos segundos, pero parecieron minutos, horas. Y es que simplemente no podía despegar la mirada de esos penetrantes ojos, se fijó bien y vio un brillo familiar. No era el mismo de hace unos días, cuando estaba con Eirin. No, al verlo recordó esa mirada que él le dio todas esas veces que estuvieron juntos.

En la enfermería, en su casa, ahí mismo en la azotea, el día del incendio de Hiro, todo esos recuerdos los vio en esa mirada. De repente sintió sus mejillas realmente acaloradas. Ryoma también se dio cuenta y se sintió hasta un poco nervioso.

−Adiós −dijo rápidamente y se dio vuelta.

−Espera −Sakuno le agarró la manga en un acto involuntario, el tenista se detuvo, miró el agarre con sorpresa y luego la miro a ella−… ¡ah! Lo siento −soltándolo inmediatamente.

Ryoma la vio sonrojada y nerviosa y sin darse cuenta le esbozó una pequeña sonrisa, había olvidado que le gustaba verla así. Dejó la azotea, dejando a las dos chicas paralizadas.

−Oh, Dios mío −exclamó Tomoka sorprendida−, él sonrió.

−Sí −sonriendo también.

No era solo una sonrisa, había sido para ella. Le había sonreído a ella, de repente se sintió muy feliz, como en aquellos días antes de que todo empeorara. ¿Sería que ahora todo volvería a ser como antes?

Bajó las escaleras a paso rápido, hace tiempo que no se sentía así. No podía explicarlo, pero era un sentimiento placentero, de paz y al mismo tiempo emocionante.

−Ryoma −lo llamó alguien.

Vio al pie de las escaleras y todo sentimiento bonito se le esfumó. Una vez más ese fastidioso chico de cabellos blancos, que según él eran canas, lo molestaba con su presencia. Rodó los ojos y bajó los últimos escalones hasta encontrarse cara a cara con él.

−¿Y ahora que quieres?

A Hiro le dolieron esas palabras, pero no entendía por qué. No era su padre, solo su reencarnación. ¡Solo eso!

−Eh −¿le temblaba la voz?, carraspeó−… ¿Por qué nos llevamos tan mal?

El ambarino se encogió de hombros.

−Eres fastidioso.

El ángel miró al suelo afectado.

−¿No crees… que deberíamos… hacer… las paces? −no podía, no podía hacer esto. Sentía que se quebraría en cualquier momento.

A Ryoma le hizo gracia esa declaración de paz. Como si eso fuese pasar, lo odiaba. Empezó a pensar a que se debía ese rencor, y recordó que lo odió desde que el primer día que lo vio, ese día en las canchas junto a Sakuno. Se sorprendió de si mismo, todo ese odio eran celos, ¿cómo había podido olvidarlo?

−Y… ¿Qué piensas? −volvió a hablar Hiro sumamente nervioso y a penas dirigiéndole la mirada− Yo creo que podríamos comenzar de nuevo.

Levantó la mirada y se encontró con la ámbar de él, era odio, solo odio.

−Olvídalo −le respondió y se largó sin decirle ni una palabra más.

Hiro se quedó allí, siguiéndolo con la mirada, hasta que esta se volvía borrosa. Extrañado se llevó un dedo a uno de sus ojos y se sorprendió al sentir una lágrima. Soltó una risita, estaba llorando… jamás había llorado por su padre. ¿Por qué ahora, no lo odiaba acaso? No se entendía a si mismo, tenia una mezcla de sentimientos que lo confundían. Lo odiaba, era cierto, pero aun así siempre quiso decirle unas palabras pero nunca tuvo el coraje de hacerlo.

Desde el momento que fue mí partida…

−Lo hiciste bien, papá.

N/A: UFF me disculpo si tuve alguna falta de ortografía que se me haya escapado y no me enteré, que les pareció, ojala lo hayan disfrutado. Yo debo admitir que me emocione un poco mientras escribía el final, me acordé de mi abuelito u.u