N/A: He traído el siguiente capitulo muy pronto en recompensa a mi larga ausencia y también porque están cortitos :) me disculpo desde ya si me comí algún letra o tilde, siempre leo, reviso y corrijo mis capítulos como cuatro veces, pero siempre se me escapa algo…
A leer!
Capitulo 19: El mejor día de todos.
No importaba cuanto analgésico le hubieran dado, todo el cuerpo le dolía inmensamente. De acuerdo a lo que le habían dicho se había roto una costilla, pero aparte de eso todo lo demás eran lesiones mas leves. Según los doctores se había tratado de casi un milagro.
Nadie lo fue a buscar al hospital, por lo que tuvo que tomar un taxi. Por alguna razón supo exactamente que dirección darle al conductor, la verdad era que ya se había percatado de la situación.
Estaba soñando.
Llegó al lugar que al parecer era su residencia, era una pequeña casa marrón bastante sencilla, era de un solo piso y había una que otra maleza brotando por donde encontraba lugar entre la tierra, pero lo que le daba color era la blanca rejilla que rodeaba todo el terreno, dándole un aire acogedor. Se bajó del taxi y se quedó de pie admirando la pequeña vivienda, entonces la vieja puerta de madera se abrió, dejando ver a una anciana. La mujer al verlo se le descompuso el rostro, caminó a paso apresurado, abrió la reja y se detuvo justo en frente de él.
−Oh hijo −la mayor tomó su rostro entre sus arrugadas manos, se le quedó viendo hasta que la mirada se le humedeció. Entonces lo abrazó con fuerza−… me llamaron del hospital −sollozó−, cuanto lo siento.
Ryoma no sabía que decir ni como reaccionar, solo se quedaba inmóvil y con una expresión inescrutable.
−¿Abuela? −una infantil voz resonó en sus oídos, sintiendo un golpe profundo en el pecho.
Echó un vistazo por encima del hombro de la mujer que lo abrazaba y divisó una pequeña niña apenas asomándose por la puerta. La anciana se despegó de él y lo volvió a contemplar con sus ya gastados ojos, llenos de experiencia y sabiduría.
−Entremos −le dijo, secándose las lagrimas.
Caminaron juntos hasta la entrada, en donde los esperaba la pequeña.
−¿Papi? −le habló con timidez−… ¿dónde está mi hermano?
Pero él no supo que responderle, la mujer se acuclilló hasta llegar a la altura de la infante.
−Mi tesoro, él no vendrá.
−Pero... me prometió que volvería para jugar conmigo −agachó la cabeza y contempló un pequeño reloj que sostenía en su mano−. Él me... lo prometió, ¿dónde esta?
Ryoma miró a la anciana quien también lo había mirado ante esa pregunta. Bueno, al parecer en este sueño era el padre de esa niña, y sabía la respuesta pero no podía pronunciarla, sus labios se atascaban. Encorvó el tronco para acercarse a quien supuestamente era su hija, pero ella reaccionó ante esa cercanía y dio un respingo. Ryoma pudo notar un ápice de temor e inseguridad en su mirada. ¿A qué le tenía miedo?
−Tu hermano −habló respetando el espacio que la niña había dejado entre los dos− se fue al cielo.
No sabía si ella entendería a que se refería con esa expresión, esperaba que sí porque no se le ocurría otra forma de decirlo.
La pequeña abrió sus ojos de la impresión.
−Qué... ¿Que hace allí? −las lágrimas comenzaron a bañar su pequeño e infantil rostro− Él... ¿me dejó? −se restregaba los ojos con torpeza−. Rompió... su promesa.
Y sin aguantarse más las lágrimas rompió en llanto y se lanzó sobre su abuela, quien le recibió inmediatamente el abrazo.
¿Por qué su cerebro le hacía esto? ¿De donde había sacado esta terrible historia y por que le hacía soñarla? Los lamentos de la pequeña se volvían más fuertes, le desesperaba tener que escucharlos. Hubiera sido mucho más fácil si hubiera llorado en silencio.
−No −jadeaba con violencia−... no es justo −aferró una de sus pequeñas manitos en la ropa de la mujer que trataba de consolarla en vano.
El ambarino se comenzó a sentir mareado, quería despertar, por favor solo quería despertar.
−Quiero que vuelva −chilló la menor, lloró aun más sonoramente y apretó con fuerza el reloj que aun sostenía en su otra mano− ¡onii-chan!
Gritó aguda y desgarradoramente.
Baño.
Baño, ¡baño ahora!
Saltó de la cama y corrió por el pasillo tapándose la boca con una mano. Baño, baño, baño.
Llegó a su destino casi atropellándose con la puerta, la cerró con un portazo, abrió la tapa del desagüe y vomitó ahogadamente.
−Ryoma, ¿estás bien? −se escuchó una voz del otro lado de la puerta.
Pero él seguía con arcadas, tosió un poco atragantado y tiró un pequeño escupo antes de ponerse pie.
−Agh, que desagradable.
Agarró su cepillo de dientes y se lavó la boca varias veces.
−Ryoma −se abrió la puerta y su prima Nanako entró−, ¿estabas vomitando? −pero él no le respondió−. Deberías quedarte en cama.
Pero que buena idea había tenido Nanako, que mejor que faltar a clases y quedarse todo el día dormitando.
−Sí −fue todo lo que dijo.
Ella lo miró.
−¿No deberías dormir con pijama? estar así... solo con Boxers es un poco...
−Paso mucho calor en las noches −le interrumpió.
−¿Será que tienes fiebre? −preocupada le iba a palpar la frente, pero el menor se resistió.
−Tranquila, me voy a quedar en cama.
Caminó con pereza a su habitación y cerró la puerta, entonces se lanzó sobre su cama escondiendo el rostro en la almohada. Hubiera dormitado un par de horas si no fuera por el miedo de continuar con su sueño. No, prefería hacer cualquier cosa menos soñar. Y así fue, se quedó así boca abajo, inmóvil y aburrido por horas, lo único que movía era su brazo izquierdo que colgaba de su cama. Lo que hacía era girar con sus dedos el juguete favorito de Karupin con desgana, mientras el felino jugaba enérgicamente con él.
Dio un largo suspiro, estaba incluso más aburrido que en las clases de inglés, ya eran más de las cinco de la tarde y no había almorzado nada, tenía hambre pero era tanta la pereza que no existía la voluntad para moverse de allí.
Alguien le abrió la puerta sin tocar, gruñó por lo bajo ante la interrupción de su estado de holgazanería.
−Ryoma, tienes visita −habló Nanjiro.
−Dile que se vaya −le respondió sin dudar dos veces.
El monje se encogió de hombros.
−Que lástima, es la nieta de la vieja.
−¿La vieja?
−Sí, la anciana Ryuzaki −diciendo esto con evidente repulsión.
−Mm...
El ambarino siguió con su juego con Karupin por unos segundos, hasta que las palabras de su padre le hicieron conexión en las neuronas. Se reincorporó de un brinco.
−¡¿Ryuzaki?!
Nanjiro rió entre dientes.
−Le diré que pase −y abandonó la habitación sin darle oportunidad de discusión.
−¡No! −pero el mayor ya se había ido− Maldición.
Saltó fuera de la cama asustando al felino y corrió al armario, no podía verlo así... en bóxers. Agarró el primer pantalón que vio y se lo puso dando brincos por toda la habitación. Luego eligió una camisa cualquiera y se la puso lo más rápido que pudo, corrió hacia la puerta y para su sorpresa casi choca con la castaña.
−Aquí te la traje −Nanjiro se encontraba detrás de ella y la sujetaba por los hombros. Sakuno estaba ruborizada a mas no poder −¡Bueno! Los dejaré solos −bajó al primer piso sin antes soltar una risita traviesa−. Mi hijo ya es todo un hombre −habló para sí.
Arriba los jóvenes aún se miraban sin decir una palabra, hasta que el ambarino carraspeó.
−Pasa −se hizo a un lado invitándola a su habitación.
Sakuno dudó por unos segundos, pero luego recordó por qué estaba allí, no podía ser tímida ahora. A paso lento entró, observando el espacio. Ryoma la siguió con la mirada y luego cerró la puerta, ella se dio vuelta al escucharlo pero no dijo nada cuando se encontró con los penetrantes ojos del tenista. De repente se sintió como si fuera la infortunada presa de un león, tragó saliva.
−No estoy en tu misma clase... pero Hiro me mandó esto... para ti −abrió su mochila y sacó unos cuadernos−, tiene la materia de hoy.
Él los recibió sin decir nada.
Con que ese idiota la había mandado a darles sus cuadernos, ¡vaya! Por fin hacía algo bueno, por primera vez desde que lo conoció agradeció que el canoso y Sakuno fueran cercanos.
Dejó los cuadernos sobre su cama y vio un par de calcetines sucios en el suelo, con uno movimiento rápido los arrastró con el pie hasta debajo del catre antes de la chica los viera. ¿Por qué le importaba tanto? Solo era un poco de desorden, pero ella hacía que cambiara en alguien que ni él sabía que podía llegar a ser: alguien ordenado. Y bueno, amable y preocupado también.
Se sentó sobre la cama y Sakuno lo imitó.
−¿Por qué faltaste? −de alguna manera el tartamudeo apenas aparecía en sus palabras.
−No he dormido bien últimamente −no pensaba decirle el incidente de la mañana.
Hubo un silencio prolongado, Sakuno no sabía de que más hablarle, ya le había entregado los cuadernos por los cuales había venido, ¿y ahora que?
Recordó que algo mas traía consigo.
−¿Quieres una Ponta? −buscó en su mochila y sacó el refresco−. Es de uva, tu favo...
Al verlo se le fue el habla, él la miraba con una expresión de algo que no sabía descifrar, era una mirada... ¿Dulce?
−Eh... ¿Ryoma?
−Gracias −aceptó la bebida casi con la misma dulzura.
Alcanzó la lata, siendo ambos consientes del roce de sus manos.
Maldición, estaba nervioso. La vio y ella también lo miraba, como si quisiera decirle algo. Involuntariamente bajaba su vista hasta sus labios, casi como si estos le atrajeran como un imán. Entonces se acerco unos cuantos centímetros a su rostro, su cuerpo sabía firme lo que quería pero su mente se sentía insegura y vacilante. Ella reaccionó ante la evidente cercanía, pero no se dejó llevar por los nervios y también decidió acercarse.
Entonces se escucharon unos pasos subiendo la escalera, ambos se separaron de inmediato y miraron la puerta, donde se habían detenido los pasos.
−Ryoma −Nanako abrió la puerta−, ¿no querrá tu amiga comer algo?
El tenista no podía estar más enfadado, como no entendían que la puerta cerrada decía claramente que no le molestaran.
−Estamos bien −habló con claros indicios de poca paciencia.
−Pero quizás ella tiene hambre −insistió.
−Estoy bien, gracias −le respondió Sakuno.
Su prima se les quedó mirando.
−Nanako −volvió a hablar Ryoma con menos paciencia−... largo.
La mayor captó el tono del ambarino y se retiró cerrando la puerta. Tras su salida el ambiente se tornó un tanto incómodo, Sakuno no hallaba donde esconder la cara.
−Ya me voy −se levantó y recogió sus cosas.
Ryoma la miró sorprendido y hasta un poco decepcionado, se restregó la cara tratando de ordenar sus pensamientos. Se levantó de la cama y la siguió antes de que abriera la puerta para irse.
−Espera −alcanzándola.
Sakuno se volteó y se encontró con el rostro del tenista, se echó para atrás de la impresión y chocó con la puerta, no tenía a donde ir. Ryoma se acercó y pasó una mano por la nuca de ella, provocándole un escalofrío que le recorrió toda la espalda. Entonces el ambarino rozó sus labios con los de ella, quien cerró los ojos con fuerza ante esa deliciosa sensación, para luego presionarlos con ansia.
Sakuno se agarró de la camisa de él, las piernas le temblaban, sentía que perdían fuerza y que en cualquier momento le fallarían.
Ryoma la besaba despacio, disfrutando de su sabor, le lamió el labio haciendo que Sakuno temblara, jamás se había se sentido así, no podía creer que la persona que amaba hace casi dos años la estuviese besando justo ahora y en forma tan incitante.
Luego Ryoma apaciguó el beso tiernamente hasta que se separó, la castaña apenas podía mirarlo por la vergüenza, este era su primer beso y no tenía idea de como encararlo.
−Adiós −fue lo único que le dijo, se dio vuelta y torpemente abrió la puerta. Bajó a paso rápido las escaleras y salió de la casa antes de que se desmayara de la emoción.
Camino, caminó y caminó por las calles sin detenerse y mirando el asfalto en todo momento. Era irreal, aún sentía el corazón en la garganta, se llevó una mano al pecho y sonrió de inmensa felicidad.
En su habitación Ryoma casi no se dio cuenta en que momento exactamente se había quedado solo, se llevó una mano a la boca totalmente impresionado. Sentía el corazón acelerado, tenía que admitirlo, la chica lo volvía loco. El sabor de ella seguía en sus labios, era dulce y le despertaba todos los sentidos, era delicioso y algo le decía que se volvería adicto a el.
En el cielo un ángel saltaba de felicidad, por fin todo su esfuerzo había dado frutos, no podía creer lo cerca que estaba de cumplir esta misión que tantos problemas le había presentado.
−¡Sí! −cerró un puño en señal de victoria.
Era tanta la felicidad que se sentía como un niño pequeño cuando le regalan un juguete nuevo, tenía que decírselo a alguien, no podía contener la alegría y quería compartirla. Corrió entre las nubes dando brincos, con una gran sonrisa en sus labios hasta que vio a Shuto con sus gigantes alas sentado, vigilando seguramente a su pareja en la Tierra.
−¡Shuto! adivina qué −corrió hasta él, lo agarró de los hombros y lo sacudió−… adivina, adivina, adivina −repetía enérgicamente mientras sacudía a su amigo.
−¡Qué, qué, qué!
Hiro lo soltó y se sentó a su lado aún incapaz de tranquilizares, miró a su amigo con la expresión bañada en alegría y emoción y el mayor entendió enseguida.
El de las alas sonrió ampliamente.
−Ya era hora, al parecer si podrás cumplir lo que me prometiste.
−¿Ah? ¿Qué cosa?
−Que tus destinados serían novios antes de que los míos se casaran, era para motivarte −fijó sus ojos negros como la noche en él−, ¿ya lo olvidaste?
Hiro lo miró extrañado.
−Ah... eso −tratando de recordar−… no, claro que no −rascándose la cabeza aun buscando entre sus memorias.
Shuto suspiró resignado ante la mala memoria de su amigo.
−Ayer me diste un gran susto cuando bajaste a la Tierra después de recibir la noticia de tu padre, creí que ibas a golpear a Ryoma o algo peor −habló en tono burlesco.
Hiro rió por lo bajo, aún faltaba enfrentarse realmente al sucesor del alma de Yamato.
−Kenshi quería que te reencarnaran, por eso hizo lo que hizo −volvió a hablar el rubio.
El de cabellos blancos lo miró y luego contempló a la pareja del mayor.
−Sí, y pensar que lo consideraba mi amigo −de repente se sintió deprimido− ¿A que viene ese comentario?
−Solo me alegra que todo haya resultado bien −miró a Hiro de reojo− y que no te hayan reencarnado.
−Mm.
Shuto posó su mirada en la marca situada en el cuello del menor, un espiral. Se deprimió y suspiró en tono de lamento. De todos los ángeles que habitaban el cielo, justo a su mejor amigo tenía que tocarle la espiral. Se rozó con las yemas de los dedos su propia marca, justo debajo de su oreja izquierda, con forma de luna creciente. Hubiera deseado que a Hiro le tocase el creciente o cualquier otra marca, así las cosas terminarían diferente.
Se lamentó, no podía ni siquiera imaginarse que alguna vez aquel día llegaría.
nota aparte: para los que no sepan onii-chan es una expresión japonesa de cariño para referirse a un hermano mayor, aunque no siempre es necesario que sea hermano de sangre. Solo para que no haya dudas :)
N/A: Que les pareció? Al fin se besó nuestra querida pareja, después de 18 capitulo jeje Muchas gracias por leer y por su apoyo, y por supuesto por los que se animan a comentar que sin duda me reaniman, les juro que releo cada comentario mil veces y me hace sentir que tengo lectores que disfrutan de mi historia :') así que muchas graciaaaaas!
