Pues es 7/7 y la tradición continua. Honestamente, no pensé que podría actualizar nada este año, pero lo logree de alguna forma. Como algunos ya saben por mi Instagram, estoy trabajando en publicar novelas de mi autoría, eso consume muchísimo tiempo, sin contar el trabajo que financia todo. Me disculpo por la tardanza, pero no me es posible actualizar como me gustaría, pero con Dios y salud, seguiré actualizando como pueda. Muchas gracias por la comprensión, espero poder seguir cumpliendo más años con ustedes por aquí y que, cuando mis novelas salgan, puedan disfrutarlos tanto como los fics. Un abrazo.


Frozen es de Disney y Rise of the Guardians de Dreamworks. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.


Había sangre, demasiada como para que Elsa pudiese movilizarse muy lejos. Lo curioso era que no había rastro carmesí que les indicase la dirección. Era como si Elsa hubiese desaparecido en el aire, sin ningún tipo de rastro. Estaban preocupados hasta el punto de pensar lo peor. El pánico se extendía ante el desconocimiento, ante la incertidumbre y el miedo de que algo terrible haya pasado con la joven Reina. Todo apuntaba a que, a partir de ese momento, solo tendrían malas noticias.

─Podemos pedirle ayuda a los North….

─ ¿Los que? ─ preguntó Kristoff.

─Los habitantes del bosque. ─ Asdgar observó a su esposa, en espera de su intervención. El tema se volvió personal y no quería ser el que lo develara sin su consentimiento. Idun tardó unos segundos en volver a la realidad de lo que pasaba frente a ella. Vio a su hija ser herida y estaba desaparecida; su mente no podía registrar otra cosa más allá de la devastación que supone la probabilidad de que Elsa estuviese agonizando o muerta. Observó a los presentes, quienes esperaban por su respuesta.

─Yo provengo de esa tribu. Nací en este bosque, pero me quedé afuera luego de que los espíritus sellaran el lugar. Nunca pude volver hasta ahora. ─ era difícil incluso el hablar por los momentos. ─ Ellos pueden ayudarnos a buscarla, ha pasado mucho tiempo y puede que mi orientación no esté de lo mejor…

─Suena como un plan…

─Esa será la prioridad una vez el sol salga.

─ ¡¿Cuando el sol salga?! ─ exclamaron Ana y Jack al unísono. La desesperación presente en la voz de ambos.

─Hemos estado buscándola por horas bajo la luz de la luna y no la hemos encontrado. Es imposible con la poca visibilidad. Los poderes mágicos del lugar están sensibles y debemos adaptarnos antes de cualquier cosa.

─Entonces, ¿la vamos a dejar morir? ─ no levantó la voz, pero la seriedad en el tono del guardián mas inexperto, condenó el ambiente de tensión que de por sí, ya se encontraba insoportable. ─ No voy a hacer eso.

─Jack…

─Sigan con sus estrategias, yo la buscaré.

No existió tiempo suficiente para detenerlo, ni razonar con él. Lo vieron adentrarse al frondoso bosque, sin otra cosa que su bastón y su determinación de encontrar a su amada. No entendía como era tan sencillo para los Guardianes tomar esto a la ligera. Tal vez fuese porque el nivel de compenetración no era el mismo. Él sentía que le desgarraban cada vez que la imagen de Elsa siendo consumida por las arenas de Pitch aparecía en su mente, se sentía el peor ser del universo al recordar el dolor en su mirada cuando se enteró ─ al igual que él─ del pasado que compartían. Sentía que todo en él dejaba de funcionar cada vez que su imagen ensangrentada volvía con fuerza. ¿Cómo le pedían que se sentara a esperar cuando posiblemente la mujer que amaba estaba muerta en algún lugar del bosque? Ella no era inmortal, no podría verla otra vez, por lo que, tendría que vivir por siempre con ese peso. No sabía cuánto tiempo había caminado, pero llegó a un claro donde la Luna se veía resplandeciente. Observó el astro con rencor; una existencia infinita era una broma muy cruel en estos momentos.


Pitch despertó a las afueras del bosque. No recordaba cómo llegó al lugar y francamente, recordaba poco de todo lo acontecido durante el encuentro con los Guardianes. Sí recordaba a la perfección el momento en el que hirió a Elsa. No se arrepentía de lo que le dijo, pues era totalmente cierto. Era una mal agradecida ante todo lo que le entregó y la libertad que le otorgó. Aun así, no estaba orgulloso de haberla herido. Él necesitaba a la joven rubia de su lado. Entre los dos, debían sumergir el mundo en pesadillas. Además de que él necesitaba una compañera y no existía otra candidata mejor para ocupar ese puesto, por lo menos, en el tiempo que le quedase de vida a la rubia. Confiaba en que, en algún punto, podría encontrar como hacerla inmortal. Se colocó de pie, observando las nubes mágicas de la entrada. Por los momentos, esperaba no haberla matado.


No sabía la hora, el único indicativo de luz era la fogata a algunos metros de ellos. Nunca le gustó ver a Anna llorar. Era atípico teniendo en cuenta su efervescente personalidad. Era la que ayudaba a ver claramente las lágrimas en los ojos de la pelirroja. Tenía los ojos cerrados, pero él sabía que no estaba durmiendo, sabía que nadie en el campamento estaba bajo las arenas de Sandy.

─No puedo perderla de nuevo…

─Anna…

─No puedo…

─Elsa no te dejará, sin dar batalla.

─Y si… ¿ya la perdió? ─ abrió los ojos para observar a su novio. Por un momento, no supo qué decir.

─Tengamos fe. Todo fue un caos, tal vez esté confundida y va hacia Arendelle.

─ ¿Crees que sea posible?

─ Es lo mejor que puedo pensar. ─ lo abrazó con más fuerza, refugiándose en la presencia de su novio como único soporte. Ella vio a su hermana herida, vio como los protegió incluso cuando aún era consumida por la oscuridad. No le importaban los desplantes, las miradas de odio y todo lo que le dijo en el último tiempo. Esa no era su hermana, nunca lo sería y el hecho de que tuviese el miedo genuino de haberla perdido cuando había esperanza de recuperarla, le quitaba el aire.

─ ¿Por qué no podemos vivir en paz? ¿Por qué siempre alguien debe estar en peligro?

─Sé que no es mucho en estos momentos, pero yo estaré contigo, sin importar cuál sea el desenlace. ─ levantó la vista hacia el rubio. Por unos segundos, sintió paz al ver el compromiso en sus ojos. Si era sincera, la situación no le había superado del todo porque Kristoff había estado a su lado, como un eje que le impulsaba a seguir. Ella siempre fue fuerte de naturaleza, así la conoció él, pero sabía que cada quien tenía su límite y Anna tenía derecho a vivir su tope. Eso no la hacía menos fuerte, ni menos valiente. Él fue quien se acercó para besarla. No recordaba cuándo fue la última vez que compartieron ese gesto con calma. Desde que los Guardianes entraron en escena, no habían tenido una cita o algo que realmente pudiese considerarse como una actividad de pareja. Así que, incluso dentro de la desesperación que le envolvía, Anna se concentró en el beso y en el milisegundo de paz que le brindaba saber que Kristoff estaba a su lado. ─ Te amo. ─ para ella, era el mejor de los sentimientos escuchar del rudo, imponente, pero tierno recolector de hielos esas palabras.

─Yo también te amo, Kristoff. ─ el rubio besó su frente mientras deseaba que sus brazos la protegieran en dado caso el peor escenario posible se materializase.


Los guardianes querían pensar que el hecho de que la magia de Elsa se hubiera extinguido tenía que ver con el desequilibrio generado por Pitch. Por eso, luego de un día infructuoso día de búsqueda en el Bosque Encantado, el grupo decidió separarse para abarcar más terreno. Los antiguos reyes decidieron continuar en el bosque encantado. Encontraron a uno de los habitantes que los guiaron hasta la tribu. A pesar de los años, muchos reconocieron a Idun. Luego de los saludos emotivos y demás formalidades, los Northuldra se unieron a la búsqueda, guiándolos por los lugares donde podría ir alguien herido de esa magnitud, pero no la encontraron y decidieron seguir intentando.

Kristoff y Anna optaron por aferrarse a la esperanza de que, de alguna forma, Elsa estaba en Arendelle. Después de todo, era su hogar en los viejos tiempos. No era probable que fuese el caso, pero todo en el momento valía, ante el paradero desconocido de la chica. Además, creían que sería lo mejor que alguien de la familia real estuviese presente. Las preguntas sobre su ubicación debían estar siendo lanzadas por todas partes. Anna, incluso con lo destrozada que se sentía con toda la situación, era la que mejor entereza había demostrado durante el día de búsqueda. Ella era la indicada para mantener la calma, por lo menos, en los momentos que acontecían.

Desde el taller de North, intentaron localizarla, enfocándose en sus poderes y ayudantes, pero no había rastro de la rubia. El mensaje era claro, pero ninguno quería aceptarlo. Acudieron al Hombre de la Luna como último recurso, pero no obtuvieron respuesta.

─Está muerta. ─ Bunny fue que se atrevió a decir lo que pasaba por su mente.

─No digas eso, no hemos encontrado un cuerpo como para…

─Por favor, Tooth, no sirve de nada que lo neguemos. ─ Sandy tenía expresión de tristeza en el rostro mientras esperaba, como los demás a la intervención de North.

─Ella no puede estar muerta…─pero es Tooth la que interviene, su voz quebrándose al final.

─ ¿Pueden dejarme solo un momento? ─ no era lo que esperaban escuchar salir de sus labios. ─Por favor.

Los ánimos no estaban para el debate. Cada guardián lidiaba con la culpa y la tristeza de lo que acababa de pasar. Esa joven no merecía morir por su incapacidad de controlar a Pitch. Sin más remedio, Tooth, Sanfy y Bunny dejaron a North en la soledad. Los demás guardianes no entendían lo mucho que le afectaba toda la situación a North. Él no le prestaba atención a mucho de los niños que visitaba, pero Elsa siempre destacó dentro de las listas de niños buenos. Una chica especial que sufría en silencio. Siempre trató de entregar sus regalos a tiempo y en algunas ocasiones, se maravillaba al ver la alegría en su rostro. Solía hacerlo con niños que realmente necesitaban alegría en su vida. Ella era uno de ellos. Al conocerla años después, fue una sorpresa agradable al ver que todo había salido bien y que estaba viviendo la vida, aceptando aquello en su momento la mantenía retenida. El hecho de que haya tenido que pasar por todo el asunto de Pitch y morir por lo que ellos no pudieron controlar era devastador. Murió odiando al amado del que se enamoró dos veces. North levantó la vista hacia el gran globo.

─ ¿Por qué no hiciste algo? ─ preguntó al aire, sabiendo que el Hombre de La Luna no le respondería. ─ ¿Por qué no la salvaste? ¡¿Por qué?! ─ la última pregunta salió como un bramido lleno de impotencia. Y encima, estaba Jack, quien luego de cientos de años sin rumbo, encontró a alguien a quien amar y le fue arrebatado. ─Esto es…cruel. ─ por primera vez en cientos de años, sintió su vista arder, una lagrima rebelde bajó por su mejilla. Por primera vez desde que se convirtió en un guardián, cuestionaba todo lo que había hecho. Cuestionaba todo lo que tenía que ver con el Hombre de la Luna.


Anna y Kristoff no hablaron mucho durante el trayecto hacia Arendelle. No creían que fuese necesario dada la situación, cada intervención traería consigo más desesperación y mala vibra. Hasta que no llegaran al Reino y encontrarán la situación tal cual debía ser. Esperaban que Elsa estuviese allí, cada fibra de su ser tenía la esperanza de entrar y verla gobernando el Reino, aunque fuese con oscuras intenciones, pero allí, viva. Había pasado demasiado tiempo como para pensar que sin atención médica o ayuda de alguna forma, podría sobrevivir a sus heridas. El mejor de los casos era que siguiera siendo malvada, pero que estuviera viva.

Anna era optimista, pero sabía que la posibilidad era escasa. Algo en el ambiente no se sentía bien. Desde que despertó sus propios poderes, la presencia de Elsa era conocida para ella, la sentía, la percibía, su presencia era una especie de vibra en el ambiente de la que era consciente cuando la tenía al frente. Pero desde aquella batalla, no había nada más allá del vacío. La pizca de fe y esperanza eran las únicas que le impulsaba a desafiar lo que su mente y las circunstancias les confirmaban a gritos.

─Parece que nos esperan. ─ la voz de Kristoff la hizo volver. A la distancia podía ver el conglomerado de medios en la entrada.

─Entremos por los establos de atrás. ─ Kristoff le dio las indicaciones a Sven para desviarse del camino. Tomó más tiempo llegar al destino, pero no tenía ganas de enfrascarse con la prensa. Los guardias parecían aliviados de verlo.

─ ¡Princesa Anna! Nos alegra verla. ─ giró hacia su compañero. ─ Infórmenle al señor. Que ha llegado. ─ vieron al guardia en cuestión hablar por la radio.

─ ¿Qué ha pasado?

─Nos pidió que le informáramos a la brevedad posible, ante el retorno de cualquiera de los miembros.

─ ¿Eso significa que Elsa no está aquí? ─ preguntó Kristoff.

─La Reina no se encuentra en el lugar. ─ Anna suspiró, ante la confirmación de otro escenario fallido.

─Los esperan en el salón principal. ─ se apresuraron en asegurar a Sven. Básicamente corrieron hasta el punto de encuentro, a pesar de que no era tan lejos de su punto inicial. Era atípico que anunciaran su presencia al llegar. Les estaban esperando y eso no podría ser bueno. Abrieron la puerta, siendo recibidas por las miradas preocupadas de Kai y Gerda.

─ ¡Gracias al cielo que llegaron!

─ ¿Qué ocurre? ─ ante la pregunta, Gerda señala un recipiente en una de las esquinas del lugar. Annay Kristoff se acercaron, que estaba lleno de agua con arenas negras muy conocidas. ─ ¿Qué es esto?

─Es el señor Olaf. ─ Anna sintió el nudo en la garganta de inmediato mientras observaba al hombre, en busca de respuestas. ─ Llegó poco tiempo después de que partieran. No parecía ser el mismo. Su tonalidad era grisácea, su nevada personal parecía una tormenta y sus acciones eran erráticas. Solo hacía ruidos y su expresión era entre perdida y hostil. Lo mantuvimos vigilado, en espera de ustedes, pero hace unos días atrás, Gerda notó que parecía estar derritiéndose, por lo que, como pudimos, lo guiamos hasta el contenedor. Poco después, se derritió de repente. ─ la joven pareja podía ver la preocupación en los ojos de las personas de confianza para ellas. ─ Elsa… ¿La Reina… ─ corrigió de inmediato─ se encuentra bien? ─ Anna sintió el ardor en los ojos. Kristoff se mantuvo cerca, sabiendo el impacto del momento. Si él lo estaba sintiendo, no podría imaginarse lo que experimentaba la pelirroja. Olaf, un ser impregnado de la magia de Elsa, ya no estaba. Y si su magia no estaba, la conclusión era devastadora.


No tenía claro cómo salió del bosque, como siempre, le pidió a su confiable amigo el viento, que supuestamente se llamaba Gael, que le guiará el camino. Su instinto le dijo que fuese al castillo de la joven donde la conoció por primera vez. Estaba desesperado. No podía sentirla, y no quería creer que fuese por lo que pensaba, pero todo apuntaba a aquello. Fueron horas para llegar al lugar, la noche había caído y lo único que lograba registrar eran las lágrimas que descendían por su rostro ante los recuerdos compartidos con ella. Solo la quería de vuelta para poder compartir lo que le quedaba de vida a la rubia con ella. Siempre supo que presenciaría su muerte, pero no de esa manera, sin poder vivir más allá del inicio y mucho menos con ella odiándolo.

Elsa era una persona valiosa más allá de sus títulos reales. Su corazón bondadoso le hacía destacar del resto. Era hermosa en todos los sentidos y él no podía concebir la idea de que no pudo protegerla del peligro. Ella podría estar muerta y no pudo hacer nada al respecto. No pudo hacer nada cuando la vio herida y mucho menos para detener el destino que parecía materializarse cada vez más. Gale lo sacó de sus pensamientos al detenerse. Comenzó a descenderlo a la tierra.

─Espera, no hemos… ─ pero su oración murió a medio camino cuando en efecto, sí reconoció el lugar donde debería estar el imponente castillo de Elsa. Sus piernas lo sostuvieron por segundos antes de caer de risillas. Frete a él, solo había escombros de lo que alguna vez fue una maravilla arquitectónica hecha de hielo. El puente que debería estar detrás de él, no se encontraba, frente a él todo era una pila de hielo deformes. Se arrastró, hasta uno de los pedazos, tocándolo, no sintiendo la magia de Elsa en él. Era simple hielo, sin alma ni poder, reflejando la luna llena en el cielo. Explotó. ─ ¡¿Por qué no me dejaste en ese maldito lago?! ¡¿Por qué?! ─ dolía demasiado. Sentía como algo dentro de él se quebraba, estrujaba y rompía de una manera que nunca experimentó. Todo su cuerpo hormigueó mientras veía el imponente astro en el cielo. ─ ¡¿Por qué te empeñas en hacer esto?! ¡¿Qué fue lo que te hice?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué me… haces esto?! ─ gritó al cielo con cada fibra de su ser.


Pasando como tradición del 7/7. No pude revisarlo más de una vez, por lo que espero que no se me haya escapado algo. Muchas gracias por leer, espero que les guste.

Cuidense,

Bye!