Disclaimer: Soul Eater no me pertenece. Es de Atsushi Okubo (¡ Héroe!) ¿Claro como el mismo lodo?
¡Hola~! ¿Me extrañaron?...no, ¿no?...bueno.
Me he tardado un poco (mucho) en subir la continuación de este fic. Bueno, los trabajos, las pruebas, el aniversario, la inspiración. No importa, lo que importa es que tengo el capitulo dos listo para ustedes (estuve cabeceando anoche para traérselos), si pronto igual debería ir a dormir.
¡Agradecimientos a quienes han comentado! - Furanshisuka-san - iizzy (perdón no pude poner tu nombre completo) -Bell Star - Guest - Joshevisia-Chan - aiiduno - niixuiix -Arlenes - Hoshi Miyuki - NeePulgaah-Chan y Miyoko Nott. ¡Gracias! y también agradezco a quienes entran a leer pero prefieren mantener su identidad secreta (Superman mode on) ¡Chocolates con forma de manzana para ustedes!
¡Disfruten el capitulo y esop~! Como digo: Leed, cuanto queráis.
"Condenados"
Capitulo dos.
"Vampiros y caza vampiros."
"María tenía un corderito, Que vellón blanco de nieve tenía, Y por todas partes donde María iba, El corderito le seguía."
Mary had a little lamb.
El sonido de la lluvia golpeando la calle era todo lo que alcanzaba a escuchar. No tenía ganas de levantarme de mi cómoda posición (tirada en mi cama, observando el techo abrazando la almohada). Pero, tenía que hacer mis deberes (en especial los de matemática).
Me senté y observé por la ventana las densas nubes grises en el cielo, y como la lluvia mojaba las calles, formando charcos en ella. Hacía frío, mi simple sudadera no ayudaba demasiado como para mantenerme aislada del frío pero, no tenía ganas de ponerme algo más encima.
Observé la hora en el reloj que tenía sobre la mesilla aún lado de mi cama. Las seis de la tarde. El día seguía viéndose nublado y no aparentaba la hora que era pero, pronto comenzaría a oscurecerse (de nuevo).
Mi osito Teddy, -el que tenía desde niña- ya gastado por el tiempo me miraba con sus oscuros ojos de botón.
Lo dejé apoyado en la cabecera de mi cama, dando una sonrisa infantil.
Siempre que le veía no podía evitar dejarlo en mi cama, si no, me daba tristeza. Me recordaba a la vaquerita de Toy Story. Se me encogía el corazón pensando que sufría como ella.
Me levanté casi de un salto y al sentir el frío del suelo con mis delgados calcetines de gatitos maldije del hecho de habérmelos puesto. Antes de seguir con mis deberes, caminé a mi cajón y busque unos calcetines mas abrigados: unos de lana gruesa que yo encontraba prácticamente ridículos para usar en la calle, -parecían de payaso con todos sus colores y cosas- pero cuando estaba en casa me salvaban la existencia.
Al ponérmelos me sentí un poco mejor para andar con ellos de un lado para otro sin tener que maldecir por el frío.
Seguramente, también podría usar mis zapatos pero me era incomodo, al menos para ir por la casa.
Busque mi mochila y cogí mi libro junto con mi cuaderno de matemática. Los tiré en mi escritorio y me senté a resolver todos los ejercicios de las dos páginas que nos habían dado como tarea. Eran bastante simples, los resolví sin mayor problema, pero me mantuvieron ocupada una hora completa.
Prefería tener la cabeza en otro lado (en ejercicios de matemática), que pensar en el amor no correspondido que tenía.
Apreté con fuerza el lápiz en mi mano derecha y solté un suspiro, agotado.
Podía sentir como mi corazón latía en mi pecho relajado por el silencio que había en mi habitación. La lluvia seguía cayendo y al parecer ahora más fuerte que antes, mañana de seguro seguiría lloviendo. Algo tendría que hacer a primera hora para mojarme por completo.
Me preguntaba a esta hora qué estaría haciendo Soul. Seguramente, no lo mismo que yo porque estaba segura que no debía estar en su casa como yo. Otra cosa en que nos diferenciábamos mucho los humanos de los vampiros: en la noche nosotros nos encerrábamos, escondiéndonos de cualquier peligro mientras que para ellos la noche era su día.
¿Por qué pensabais que los vampiros podían llegar a ser grandes cazadores?, sin su rapidez, sentidos, seguramente ellos no serían nada o nada de lo que se pudiera temer tanto como ahora. Por alguna razón pusieron el tratado pero ya habían suficientes rumores por la ciudad que decían que se estaba pensando en una ley que quitara todas las anteriores y volver a los tiempos antiguos: en que ambos se cazaban hasta que simplemente uno de los dos caía.
Y, nunca uno de los bandos caía por completo. Siempre había ese algo que era la viva excepción.
Desvié mi mirada de los libros y observé hacía el rincón izquierdo de mi habitación. Vació. Lo único que había allí era una alfombra blanca, -que alguna vez fue blanca, ahora era un sucio color beich-, estaba ensuciada por todos los años de uso que tenía. No recordaba haberla movido de ahí algún año.
Negué con la cabeza, quitándome la idea de lo que podía encontrar allí. Por alguna razón lo tenía allí.
Esa razón era: Spirit.
Me levanté, y despacio caminé hacia la puerta. Abrí sin hacer si quiera un mínimo ruido, -si quiera un chillido por la madera- y salí de mi habitación, cerrando la puerta al momento. Podía escuchar la televisión desde allí. Nunca entendía por qué siempre le ponían el volumen tan alto. Como si no pudieran escucharla estando a menos de tres metros de distancia del aparato.
Crucé el pasillo. Al llegar al living encontré a Kami en la misma posición como cuando había llegado, solo que ahora Marie le acompañaba a un lado.
Ambas veían un ridículo programa de comedia que las tenía con una sonrisa en el rostro. Esas comedias a mi no me parecían divertidas. Cosa que había heredado de Spirit. Podía ser una persona completamente distinta a ellas en muchos sentidos.
…En otras me parecía más.
—Maka—escuche. Miré a Kami que me observaba con el ceño fruncido. Su mirada bajaba de mí, a mis pies y comprendí de inmediato que me iba a decir:—-Ponte zapatos o algo.
Me encogí de hombros y con una sonrisa caminé hacia el sofá. Me senté entre ambas, sintiéndome abrigada entre ellas, de paso también segura.
—Tengo los calcetines de lana.—respondí, mofándome un poco de ellos. Moví mis pies con insistencia para que se fijaran que si los lleva.
Aunque era imposible que no los notara con esos colores fosforescentes que tenían.
—¡Eh!...yo te los hice, Maka.—Marie dio un puchero molesto. Me acurruqué junto a ella, podía sentir su perfume. Como siempre, dulce, quizás lavanda.
—Por eso mismo los uso.—le aseguré, con una sonrisa divertida.—Podrían estar abandonados cruelmente en mi armario.
—¿Cómo el chaleco de navidad?—pregunto Kami, con una ceja alzada.
Di una mueca, molesta.
—...Me queda pequeño.—intente defenderme, sabiendo que era nulo porque nunca le podía ganar a Kami, desde pequeña había aprendido eso.
—Entonces, regálalo…
—¡No!—me quejé. Kami, dio una pequeña sonrisa ante mi actitud, seguramente infantil.—Tiene un gran valor sentimental.
Cruzo sus brazos sobre su pecho. Debía de estar pensando que siempre venía con esa excusa, y terminaba guardando un montón de cosas inútiles que se polvoreaban en sus lugares.
—¡Aja!...claro—Marie dio una pequeña risa ante nuestra discusión.
En ese momento, volvieron su vista a la comedia y no me quedo más opción que verla un tiempo con ellas. No tenía nada mejor que hacer y mi ordenador iba bastante lento desde hace varios días. Realmente no sabía que le pasaba. Tampoco es como si tuviera más deberes que hacer, los demás ya los había terminado.
Y todos los libros que tenía, ya los había acabado. Casi me los sabía de memoria. Pronto quería ir a comprar otros, quizás...este fin de semana podría hacerlo, si el tiempo me acompañaba podría. Pensaba comprar la trilogía de Los juegos del hambre.
—¡Ay no!— se quejo Kami, con voz angustiada rompiendo el silencio que había, solo acompañado por los malos chistes del comediante.
Marie y yo la miramos, preguntándonos qué había pasado. Ella nos miro con pena y al parecer Marie comprendió esa mirada, no por algo eran hermanas mellizas. Suponía yo.
—La cena…—dijo Marie. Se levantó y yo como estaba apoyada en ella para mi mala gana tuve que sentarme en el sofá.—Supongo, que tendremos que ver que hacer.
—No fui a comprar, Marie—Kami parecía molesta pero más consigo mismo. Esa actitud que tenía cuando ella misma se equivocaba.
Marie rodó los ojos y yo las observe a ambas intentando de alguna manera comprender mejor la situación. Atar cabos sueltos cuando ellas se comprendían con una sola mirada era bastante complicado. Nos ponía en mero aprieto a todos cuando sucedía, peor cuando no nos querían explicar que era lo que ellas "hablaban."
En ese momento comprendí, dando un monosílabo despacio.
—¿No hay nada para la cena?—pregunté, con inocencia.
—No.—gruño Kami. Ignoré esa actitud porque sabía que era porque estaba molesta con ella. Miré a Marie, se mantenía más tranquila que su hermana.—Tendremos que conformarnos con algo simple…
¿Algo simple?, hoy Hero terminaba sus exámenes finales del semestre y habíamos tenido planeado para recompensarlo por haber estado varias noches en vela estudiando, hacerle una de sus comidas favoritas.
—Yo voy a comprar—tiré la idea, aunque sabía de tanto la respuesta. Ya estaba anocheciendo, después de todo. Pero, Hero me había ayudado muchas veces y ahora tenía la oportunidad de hacer algo por él.—…la tienda no esta muy lejos…
—¡No!—sentenció Kami de inmediato. Marie se quedó quieta en su lugar.—Es tarde y esta anocheciendo. Te puede pasar algo.
—No es tan tarde—protesté—Son las seis, siete cuanto máximo. Puedo ir rápido, no me pasara nada.
—Sabes lo que puede pasar de noche—siguió intentando convencerme, pero yo ya estaba completamente decidida.
—Marie…—llamé en ayuda.
Ella solo se mantuvo en silencio un momento mientras nos miraba. Al final, suspiro y dio una sonrisa amable. Si Marie estaba de acuerdo podía convencer a Kami:
—Bueno, si vuelves luego creo que no pasara nada.—me dio una sonrisa de apoyó y miro a Kami.—Déjala que vaya, Kami. Esta lo bastante grande como para protegerse sola.
Miré a Kami, por el rabillo del ojo ansiosa de su respuesta. Pude ver que se mantenía serena pero pensativa. Ahora si se haría más de noche de tanto que se demoraban en darme una respuesta concreta.
—….de acuerdo—suspiro. Di una sonrisa victoriosa y me levanté de un salto del sofá. Tenía que primero ponerme mi cazadora y mis botas, para poder salir sin congelarme.—Pero, no te demores y con cuidado.
—¡Entendido!-—Respondí, al estilo militar.
Con rapidez, corrí hacia mi habitación (con los calcetines me resbalé varias veces en el pasillo y choqué dos veces contra la pared). Al entrar me dirigí a mi armario y saqué de el mis botas. Por ahora me dejaría los calcetines, me mantendría mas abrigada y no se verían con las botas. Saqué mi cazadora oscura y me la puse.
Miré por la ventana y me di cuenta que realmente ya se había oscurecido. Caminé a mi mesilla y abrí el primer y único cajón que tenía. De entré todos los papeles y cosas que allí había saqué mi navaja. La observé durante un momento; no era lo suficientemente grande para que no pudiera esconderla como un cuchillo Kukri, así que no había problema en llevarla.
Me la habían regalado prácticamente desde los trece años. A esa edad me habían considerado lo suficientemente madura para tener una, sin cortarme por accidente o hacer algo peligroso, para una niña que entraba recién en la adolescencia, claro...
La colgué en mis vaqueros y la tapé con la cazadora. Así no la verían. Tampoco tenía la brillante idea de ir de aquí para allá modelando mi pequeña navaja como intimidación o hacerme la ruda, solo era en caso de emergencia.
Una vez lista, corrí nuevamente hacía el salón. Marie me tendió el dinero y rápidamente me lo guarde en uno de los bolsillos traseros de mis vaqueros.
—Recuerda, con cuidado—me dijo, con una sonrisa (aunque de todas maneras parecía preocupada).
—Estaré bien—aseguré—¿Qué traigo?
—Tú sabes lo que le gusta a Hero—repuso con dulzura. Asentí.
—Vuelvo pronto—me despide. Caminé a la entrada y salí de mi casa.
Al momento de abrir la puerta sentí la corriente helada, si de hecho adentro encontraba frío afuera era mil veces peor. Me subí más la cremallera de la cazadora intentando taparme un poco más y resignada comencé a correr hacia la tienda mas cercana que tenía.
La lluvia era fuerte pero, por lo menos podía usar el gorro que tenía mi sudadera (que todavía llevaba debajo de la cazadora). Aunque, se mojaría rápidamente y yo no tendría con que más abrigarme. Los charcos de agua que había en la calle tampoco ayudaban, ya que tenía que dar grandes saltos para cruzarlas y en algunos no alcanzaba a saltarlos por completo, -caí a la mitad de uno en un momento-.
Me mojé lo suficiente para tiritar de frio y sentir los pies congelados.
La tienda no se encontraba tan lejos pero, tampoco tan cerca como para ir caminando y no empaparme lo suficiente. Por esa simple razón, prefería correr.
El aire helado hacía que mi garganta ardiera debido a la sensación de sequedad y me dolía la nariz.
Con la manga de mi sudadera, la tape, consiguiendo filtrar un poco el aire congelado.
Los autos pasaban por la calle a grandes velocidad y las pozas de agua que se formaban en la orilla de esas (debido a la lluvia) salpicaban sin piedad. Tenía que dar grandes maniobras evasivas para no ser empapada cruelmente por uno de esos conductores.
…Como si nunca hubieran sido peatones y haber pasado por esto.
Había poca gente en la calle (en las mismas condiciones que yo), porque los demás llevaban paraguas o iban mejor preparados para una lluvia como esta. En mi camino pude distinguir tres vampiros, todos sin preocuparse en absoluto por la lluvia.
"—Claro, ellos no se enferman."—Pensé, con cierta envidia.
Cuando los había visto aceleré más el paso. No tenía ganas de llamar la atención y yo sabía que con el viento en mi contra había más posibilidades de que captaran mi olor. El olor de un humano casi inhume a ellos. Porque, algo sabía de defensa en uno de esos casos.
Resultado de padre y hermano sobreprotector.
Cuando ya me estaba quedando sin aire pude divisar la tienda. Las luces del nombre "Carlie Dan" (nombre de la tienda), se veían a lo lejos y se podía ver que también las luces de adentro. Me sentí mejor cuando estuve cerca de la tienda, porque me sentía menos inmune que afuera.
Cuando crucé la calle y entré, las puertas de la entrada se abrieron solas por el sensor que tenían. Parecía un gato mojado porque casi chorreaba de agua. Había puestos varias alfombras y cartones para que no se mojara tanto la tienda.
Respetuosamente pisé todos los cartones que pude pero, en un momento no me quedo más opción que desviarme. Tomé uno de los canastos que había y comencé a buscar las cosas que necesitaban.
La comida favorita de Hero no era muy difícil de preparar: spaghetti. Necesitaba buscar carne, salsa de tomate, y los fideos para hacerlo. Estaba segura que lo demás estaba en la cocina de la casa.
Busqué todo a tiempo record, no era por si Hero llegaba tarde. Hoy el salía mas tarde o simplemente se quedaría un tiempo más en su universidad, hablando con sus compañeros o algo. Pero, Spirit y Stein me preocupaban. Spirit era el tipo de padre que se preocuparía excesivamente por sus hijos y más por su hija menor. Y Stein, solo se preocupaba a su manera.
Caminé a la caja para poder pagar pero había una fila de unas tres personas más. Resignada, tuve que esperar.
Aburrida, y nerviosa al ver que la fila se demoraba en avanzar comencé a observar todo a mi alrededor. Había una mujer que parecía no poder decidirse entre una marca de shampoo y otra, como si las dos fueran tan diferentes. Y una pareja que parecía estar bastante melosa en un rincón solitario de la tienda.
Me sonroje y avergonzada, desvié la mirada.
Suspiré y cargué el peso de mi cuerpo en la otra pierna. En ese momento observé la puerta, como llovía y pude ver como esta se abría en un desliz rápido. Me quedé estática y mi pulso se acelero notablemente al ver quien entraba por ella: Soul junto con Tsubaki.
Me voltee, pensando en la posibilidad de que no me vieran. Rogaba que la fila avanzara más rápido para poder irme de una buena vez de allí. No era que no quisiera saludarlos pero, estaba demasiada nerviosa como para hacerlo de una manera coherente.
—Bien, compremos lo que querías—distinguí la fuerte voz de Soul, que resonó entre todas las demás voces. Sabía que se dirigía a Tsubaki, quien seguramente le sonreí como siempre hacia.
No quería escuchar su conversación, pero no podía no hacerlo. El lugar era muy pequeño como para no escuchar.
—De acuerdo. Hagámoslo rápido, quiero volver pronto a casa.—escuché la suave y dulce voz de ella. Podía escucharlos muy cerca y eso me puso más nerviosa.
La fila comenzó a avanzar y solo había una persona que me evitaba el poder pagar para irme.
—¡Eh! Tú querías venir a comprar.—le reclamó Soul.—Yo solo te estoy acompañando...algo así como...cortesía o lo que sea.
Sonaba indiferente, y un tanto molesto. Chasqueó la lengua con disgusto.
—No te enfades—pidió con ternura, Tsubaki.
—…No estoy enfadado, Tsubaki. No podría enfadarme contigo aunque quisiera.—mi corazón dio un vuelco y sentía como a cada palabra que Soul le dedicaba se apretaba más contra mi pecho, como si doliera.—Te ayudaré a buscar.
—De acuerdo…
La señora al frente de mí se fue tras despedirse y yo, aproveché rápidamente para pasar las cosas. Quería pagar para poder irme de allí de una vez.
—Buenas noches—me saludó la cajera, aunque parecía querer ser amable no funciono muy bien. Me compadecí de ella porque se veía cansada. Comenzó a registrar las pocas cosas que había comprado.
—…Buenas noches—salude, en un susurro. No por vergüenza. No. Simplemente porque Soul siendo un vampiro podía escucharme, y si distinguía mi voz, sería un problema para mí.
Seguramente, ahora estaba actuando de manera paranoica.
—Son quince dólares.—saqué el dinero de mi bolsillo y se lo pasé a la cajera. Recogí mis cosas, ya envueltas en una bolsa por un chico unos dos años mayor que yo. Una vez me dio el vuelto me despedí y salí lo más rápido que pude de la tienda.
La lluvia, nuevamente comenzó a empaparme. Pero, me sentía más aliviada, al parecer ninguno de los dos se había dado cuenta de que estaba allí.
Comencé de nuevo la carrera pero esta vez para llegar a casa. Estaba más oscuro de como había salido y eso no me daba una buena sensación, de hecho tenía una mala sensación junto con un amargo sabor en la boca. Llámese intuición o lo que sea. Recuerdo una de las primeras cosas que me había enseñado Spirit era que no debía parecer temerosa en las calles menos al anochecer. Ese consejo me había funcionado varias veces.
Ahora, no lo olvidaría.
Me enderecé, con gran esfuerzo escondí todo el terror y mala espina que tenía, haciéndome ver lo mas confiada que pudiera, como si me diera igual estar a estas horas sola por una solitaria avenida.
Crucé la calle y seguí el camino. La misma gran poza de agua que antes había saltado ahora era mucho más grande y no había forma en que la salta y aun así no me mojara. Tendría que rodearla pero, tampoco podía porque estaba la consecuencia de que me atropellaran.
Solo podía cruzar a la acera de enfrente y volver a cruzar.
Observé el semáforo en rojo que tenía. Mientras esperaba, inspeccione la calle a la que me iba a dirigir (otro consejo que me habían dado. Solo que esa vez fue Hero). Comencé a temblar y no debido al frío, si no porque pude ver como dos sujetos caminaban por esa calle. No tenía que verlos de cerca para saber lo que eran: vampiros.
Solo tenía la posibilidad de cruzar, correr por la calle, volver a cruzar y seguir corriendo sin detenerme hasta llegar a casa. Aunque, en caso de real emergencia tenía mi navaja y además una bolsa de víveres lista que también podía usar como arma improvisada.
"—Claro, Maka. Vas a noquear a dos vampiros con una bolsa de comida...que ademas con suerte de papel. ¡Ja!"
Antes de que analizara todas las posibilidades que tenía, el semáforo dio verde. Mi cuerpo actuó solo por la adrenalina y crucé corriendo la calle, ya no tenía tiempo de pensar las cosas. Seguí corriendo, pensando lo cerca que estaba de pasar cerca de esos sujetos. El viento era muy fuerte y para mi mala suerte soplaba en la dirección en que ellos estaban.
Además, de que estaba siendo demasiado ruidosa.
Levantaron la cabeza y yo rápidamente pasé entré los dos, sintiéndome por completo una suicida o una lunática por tal acto. Seguí corriendo por la oscura calle, haciendo una gran cantidad de ruido con mis pisadas y la bolsa que llevaba en la mano. Me sentí un poco mejor cuando estuve un tanto lejos.
En un momento (justo cuando creí que todo saldría bien) pisé mal y me doblé el pie. Gemí por el dolor y disminuí la velocidad hasta detenerme. Me vi el pie, se veía bien. Intenté pisar y en ese momento me di cuenta que me dolía, me costaría caminar. Como me lo había doblado, no podría correr durante un largo tiempo y eso era un problema…
Tragué saliva, y miré sobre mi hombro. Abrí los ojos, temerosa y la adrenalina comenzó a recorrer mis venas. Los dos vampiros que había visto ya no estaban, ni si quiera por el final de la calle.
"—Los vampiros son cazadores natos, Maka. No lo olvides. Acechan a sus presas y luego las atacan cuando las ven más vulnerables.—Me dijo una vez, Spirit. Cuando tenía diez años."
Yo, había dicho que los vampiros no cazaban humanos porque estaba prohibido. Era ley y la ley no se podía violar. Stein, al escucharme dijo que habían vampiros que seguían la ley y otros que no. Igual que los humanos.
Había humanos buenos, había humanos malos. Vampiros buenos, vampiros malos.
Seguí caminando, sin dejar de mirar hacia todos los lados posibles (incluso sobre mi cabeza). No quería detenerme y si no fuera por mi tobillo, hubiera seguido corriendo. Mi mano, que estaba libre y no llevaba la bolsa se dirigió automáticamente a la navaja que llevaba escondida.
La toqué sobre la cazadora, y desabroche la funda. No hacían un solo ruido pero, estaba segura que me estaban observando. Podía sentir esa presión sobre mí pero no sabía de donde venía. Solo podía escuchar los autos y pensé seriamente en la posibilidad de detener uno, pidiendo ayuda. Aún haciendo eso, existía la posibilidad de que me atropellaran por no verme o saltar de repente.
...Quien sabe, tal vez sería mejor.
En el momento en que pensaba cruzar la calle, una sensación de que algo pasaba detrás de mí se apoderó de mí. Mis sentidos se alertaron y saqué la navaja de su funda a una gran velocidad. Me di vuelta y di un corte a ciega con ella.
Me paré firme, con los pies separados y el brazo con la navaja extendido, apuntando con ella.
El vampiro retrocedió justo a tiempo. No había alcanzado a cortarlo con ella y me sentí estúpida al ver su sonrisa burlona mostrando sus colmillos. Tenía a uno ¿Dónde estaba el otro?
—Buenos reflejos, para ser humana—me felicitó, en faceta de mofarse de mí.
No me detuve en ningún momento. Seguía caminando, pero esta vez de espalda sin quitarle ojo de encima al vampiro pero, completamente alerta si escuchaba algo tras de mí.
Momentos como este en que agradecía tener un oído tan agudo.
—Y tú muy valiente para ser vampiro.—dije. Mi voz se escuchó temblorosa aunque por todos los medios intente que no fuera así.—Si me haces algo, te arrestaran, te mataran.
El vampiro dio una pequeña y burlona risa.
—Qué importa, si puedo conseguir un poco de sangre ¡Lo vale!—se detuvo. Nuevamente esa sensación de alguien tras de mí. Hice lo mismo que antes y justamente me pasó lo mismo. Pero el vampiro con el que estaba hablando antes también me ataco por mi espalda.
Me tiré a un lado esquivándolo y los tuve a los dos al frente. Uno de ellos, me gruño mostrándome los colmillos (tan puntiagudos que temblé). Intenté parecer serena pero mis piernas temblaban y parecía que no soportarían ni mi propio peso.
Sentía que me desmayaría en cualquier segundo.
—Acabemos con ella—se quejó, el que me enseñaba los colmillos.
En ese momento, el corrió hacia mí. Empuñe la navaja y le dirigí un corte a la cara. Le terminé dando en el brazo porque se cubrió con el.
Al ver el largo corte que le había dado, me dio una sonrisa.
—¿Eso es todo?-—preguntó, con una sonrisa.
El segundo (con el que había hablado), se rio. Sonreí de lado, una pequeña y disimulada sonrisa que al parecer ninguno de los dos noto. Ambos dejaron de reírse cuando el que tenía el corte comenzó a quejarse del dolor.
—¡Mierda!—gritó y dio un gemido. Se sujeto el brazo, apretándolo con su mano.—¡Arde!
Comenzó a retorcerse mientras intentaba nulamente apaciguar el dolor que sentía, imponiendo presión en el corte. El segundo me miró de manera asesina, pidiéndome una explicación con la mirada. Se dirigió a su compañero y le vio el brazo, como del corte un extraño vapor salía.
Debía felicitarme a mi misma, había dado un corte limpio.
—¿Qué le hiciste?—exigió, mirándome y mostrándome los colmillos en una mueca de odio hacia mi.
Nuevamente, me sentí aterrada.
—Agua bendita—expliqué, mientras intentaba alejarme y echarme a correr. Ya no me importaba si mi tobillo dolía. Solo quería escapar de una buena vez pero, aunque corriera lo más rápido que pudiera, ellos me atraparían, sin duda. Necesitaba un plan y en ese momento, no lo tenía.—Mi navaja tiene agua bendita en el filo.
—¡Mierda!—volvió a quejarse el vampiro al que había cortado.
Pensé seriamente en el simple plan de salir corriendo. No. Calculando la distancia en que me encontraba de mi casa, no había ninguna forma de poder llegar. ¿Si inmovilizaba al otro podría tener una oportunidad?...seguramente pero, seria la mínima. Una en un millón.
El daño que le había hecho al primero no seguiría haciendo mucho efecto. Tenía que ser rápida. Vi como el compañero del vampiro (prácticamente furioso) me observaba nuevamente para atacarme. Me acechaba, mientras se encorvaba lentamente para en cualquier momento saltar sobre mí.
Parecía un jaguar que se tiraría sobre un inocente animal. Todo un cazador.
Tenía miedo, si, las piernas me temblaban y sentía el corazón golpeando contra mi pecho, junto con la respiración agitada. No podía fallar. Tenía una oportunidad, solo una y era en el momento justo en que el vampiro saltará sobre mí.
Empuñe la navaja, apretándola firmemente del mango intentando evitar de alguna manera que se me resbalara por la lluvia y los nervios que sentía.
Las grandes gotas de lluvia caían por mi rostro, nublándome varias veces la vista y haciendo que tuviera que pestañear más de lo necesario. Un simple momento en que no prestara suficiente atención, y me convertiría en la cena de esos dos.
—Te haré pagar.—gruño, mostrándome los colmillos el vampiro. Retrocedí, todavía con navaja en mano.
Tomé aire, varias veces e intenté mantener la calma. Justo como me habían enseñado que debía de hacer. Estando nerviosa no solucionaría nada.
En ese momento, el vampiro saltó y mi vista se agudizo o mi cerebro proceso todo a la misma velocidad en que se movió el vampiro (lo cual era muy difícil ya que se movían a una velocidad tan grande que les era difícil ver). De todas formas, no me paré a pensar que fue lo que realmente ocurrió.
El vampiro se tiró sobre mí y con gran fuerza me empujo contra el suelo. Mi cuerpo simplemente tuvo que doblegarse ante la gran fuerza que le impacto. El suelo, lleno de agua tampoco ayudo. Mis pies resbalaron al instante, no pude hacer una mínima resistencia ante el impacto. Mí cabeza se golpeó con el duró pavimento y di un gemido de dolor, un tanto ahogado. Me sentí mareada y se me nublaba la vista.
Hizo presión sobre mí pero, en un momento en que tuve mi brazo libre intenté darle un corte al rostro. Lo evadió inclinando la cabeza hacía atrás. Mientras ya no hacía tanta fuerza sobre mi cuerpo, comencé a patalear y revolverme intentando quitármelo de encima de alguna manera.
Era imposible. Prácticamente, sentía que tenía una roca sobre mí. Estaba a su merced.
—¿A qué juegas, humana?—preguntó, juguetón.
Me sentía humillada pero, no me rendiría tan fácil. Todavía tenía mi navaja, la única arma que llevaba en ese momento y que podía salvarme la vida.
"—No seas ridícula. Estas jugando al gato y el ratón. Y sabes bien quien aquí es el ratón.—pensé, con frustración y los dientes apretados"
Seguí pataleando, molesta. Con toda la fuerza que pude, intenté mover mi brazo derecho (donde tenía la navaja). De alguna forma, tenía que cortarle. Todos mis intentos eran en vano, él si quiera haciendo toda la fuerza que necesitaba me inmovilizaba casi por completo. Si desde un inicio hubiera usado toda su fuerza, yo ya estaría muerta lo cual me dejaba mucho que pensar.
El vampiro olisqueó el aire y yo hice una mueca de disgusto.
—…Hueles bien…—susurro, mientras me observaba con ojos penetrantes. Su mirada había cambiado y ahora, no parecía nada más que un depredador observando a su pobre presa atrapada tras sus garras. Se acercó a mi cuello y seguí removiéndome pero, las energías se me acababan.
Todavía tenía fuertemente apretada la navaja que sentía que dolía. No podía moverme y no sabía que hacer en ese momento.
…Iba a morir. Iba a ser asesinada por un vampiro. O lo peor que me podría pasar, era convertirme en uno de ellos.
Ante eso, pensé en lo último que me quedaba. Gritar por ayuda. Tomé el mayor aire que pude. En ese momento, grité:—¡Ayuda! ¡Por favor, alguien ayúdame! ¡Socorro!
El vampiro, dio una mueca molesta ante el ruido que estaba haciendo. Se alejó de mi cuello y me miró con el ceño fruncido y la nariz arrugada.
—¡Como chilla! ¡Cállala!—se quejo el primer vampiro. Al parecer, su brazo ya no sufría tanto como antes pero la herida se mantenía abierta y parecía que aún le dolía al moverla.
Seguí gritando, ya casi me dolía la garganta, pero no me detendría.
Me tapó la boca con una de sus manos y dio más peso sobre mi cuerpo con el suyo. Ahora, no tenía salida. Sentía que me quedaba sin aire, se me estaba dificultando el respirar, ¡Me estaba ahogando!:
—…Tengo hambre—dijo, más irritado que antes. Dio una pícara sonrisa y distinguí otro brillo en sus ojos, uno que hizo que temblara mas de lo que estaba.
Ahora, podía sentir el miedo.
Cerré los ojos, cuando sentí su congelada respiración en mi cuello y como sus labios rozaban mi piel. Me tensé y comencé a esperar el momento. Esperaba el dolor de la mordida, pensaba en lo horrible que se sentiría como los colmillos de un vampiro perforaban tu piel y luego succionaban tu sangre.
Me removí y tensé mas al sentir como degustaba mi cuello con su lengua. Sentí una especie de ronroneo.
¿Me dejarían tirada a mi suerte media muerta en la calle? ¿Luego escaparían entre risas y siendo yo solo una más de sus victimas? o, ¿Me esconderían entre unos arbustos y esperarían a que falleciera desangrada?...luego podrían esconder mi cuerpo. Sería el crimen perfecto y nadie podría saber con sutileza si realmente fue un vampiro quien acabo con mi vida. Podrían también culpar a un humano.
O, simplemente me dejarían tirada y existía la posibilidad de que la ponzoña del vampiro actuara más rápido que la muerte misma sobre mí. Si fuera así, despertaría convertida en uno de ellos. No. Eso sería una de las peores cosas. No podría ver más a mi familia, ni a mis amigos…tendría que esconderme o irme lejos de allí. También me podían convertir en su compañera, podían hacer que viviera con ellos el resto de lo que serían nuestras inmortales vidas, tal vez solo querían eso.
…Yo no quería ser como ellos. No quería matar a nadie y no quería tener que matar para vivir. Vivir de la vida de otros, bajo el costo de una consciencia eterna que no descansaría, recordando a todos aquellos que mataría.
Lo mejor que me podía pasar ahora, era simplemente morir. Morir para no acabar con la vida de personas inocentes…
—¡Cuidado!—escuché un grito. De un momento a otro, el gran peso sobre mí que ejercía el vampiro desapareció. Me sentí libre cuando pude mover mis extremidades sin tener que forcejear y di una gran bocanada de aire sin importarme lo congelado que estuviera.—¡¿Qué hacen?!
—…Dejadla—dijo alguien, tranquilo pero amenazante. La voz me parecía terriblemente familiar para mi gusto. Podría ser…
Temía abrir los ojos y saber con qué o mas bien quién me encontraría frente a mí.
—Maka—escuche la inconfundible y dulce voz de Tsubaki junto a mí. En ese momento, abrí los ojos y me encontré con su tierno rostro y una mirada preocupada de su parte. Intenté sentarme, pero el dolor se apodero de mí y mi cabeza daba vueltas.
—…Auch—me quejé, en un susurro. Me sentía más mareada, seguramente el golpe que me había dado.
Tsubaki, con una delicadeza inhumana sostuvo mi cabeza con mucho cuidado y me acuno en sus brazos. Sin levantarme del suelo. Se mantenía arrodillada mientras me tenía apretada contra su pecho y abrazada. Protegiéndome.
—Váyanse.—abrí más los ojos e intenté levantar más la cabeza para observar mejor. Mi vista estaba nublada. Pude ver a Soul, frente a ambas pero de espaldas. Mantenía las manos en los bolsillos de sus vaqueros negros. Una actitud relajada lo acompañaba.—No dejaré que le dañen.
Uno de los dos vampiros,-el que al parecer no tenía el corte-. Gruño.
—Tenemos que comer. Deberían de entenderlo, compañeros—dijo, con un fingido tono amistoso. Yo veía como se burlaba de ambos.
Soul, gruño. El cabello se le mojaba por la lluvia, al igual que a Tsubaki que todavía me acunaba y tarareaba una tierna nana que nulamente intentaba tranquilizarme. ¿Cómo podía estar tan tranquila en un momento como ese?:
—…Tsubaki…—susurre, intentando levantarme. Me apretó más contra ella, afirmándome con fuerza pero, no la suficiente para dañarme.
—Déjale, Maka. Él sabe lo que hace—repuso con dulzura y siguió tarareando.
Todo se veía borroso, por esa misma razón no pude captar lo que transcurrió luego con gran detalle. Me era difícil diferenciarlos uno de otros. En un momento se me cansó la vista, justo cuando Soul bloqueaba a uno de los vampiros que se acercaban a nosotras. Tsubaki, simplemente me apretó contra su pecho y siguió tarareando.
De un solo golpe, lo empujó varios metros hacía atrás y corrió hacia el otro. Luego, no supe más. Solo observe el rostro de Tsubaki, que me sonreí con dulzura. Su rostro empapado seguía siendo perfecto: esa tonalidad de muñeca de porcelana, una hermosa sonrisa, y unos ojos azules que hipnotizarían a cualquiera.
Cerré los ojos, intentando desviarme del mundo. Solo escuchaba la nana de Tsubaki, hasta el sonido de la lluvia desapareció para mí. Solo pude apretar, una vez más la navaja. Pero, pensaba que ya no la necesitaría, por lo menos no esa noche.
—…Maka…—escuché que me llamaban. Intenté abrir los ojos, pero estaba exhausta y no podía. Intenté decir algo pero, solo pude balbucear una incoherencia que ni si quiera yo pude comprender.—¿Esta bien?
—Si...—respondió Tsubaki. La voz de Soul se había oído bastante cerca.—Ha de estar exhausta, creo que hasta se golpeo en la cabeza. Es mejor llevarla a casa.
—De acuerdo.—corroboro Soul, aunque sentí un resoplido de su parte. ¿Me llevarían a mi casa? ¿Exactamente cómo?, no podía imaginarme que tuvieran una sola idea de donde vivía.—¿La llevó?
Escuché una leve risita de parte de Tsubaki. En ese momento sentí como me alzaban en vilo. Quería moverme, prefería un millón de veces caminar como borracha a que me cargaran. Aunque si quiera podía hacerlo. Tuve que tirar la idea.
—Puedes llevar la bolsa que tiene.—le pidió, con una voz dulce. Nuevamente esa sensación se apodero de mí cuando me di cuenta que Soul hacía lo que le decía. La bolsa que llevaba ya no estaba en mi mano.—Gracias.
—…No seas tonta,—rio Soul.—no tienes que agradecer.
Estuvieron un minuto en silencio. En ese momento, comencé a abrir mis ojos muy despacio. Ya no llovía tan fuerte, fue lo primero que pude ver. Quien me cargaba era Tsubaki, miraba al frente con aspecto distraído.
Intenté hablar pero, no encontraba mi propia voz. Solo movía vagamente la boca sin dar un solo sonido.
—…Soul—llamó. El mencionado le miró y ella le observó con una tez preocupada.—¿Te dañaron?
Soul, abrió los ojos y dio una gran carcajada. Puso una mano en el cabello de Tsubaki y los revolvió con cariño. Esa acción, hizo nuevamente que me sintiera una idiota por lo que sentía. Yo era humana, no podía competir con alguien tan perfecta como Tsubaki. Era imposible.
Siendo como era yo.
—No, más me preocupabas tú y Maka—dijo, una vez terminó de reírse. Una sensación de bochorno se apodero de mí.—…se veían más vulnerables que yo.
—Que bueno que no te hicieron nada.—le respondió, con una sonrisa.
El resto del camino no dijeron palabra y yo me preguntaba dónde estábamos. Estaríamos cerca de mi casa porque, habían estado caminando por un tiempo eterno para mí. Cuando reconocí que estábamos a una calle de mi casa, con las fuerzas que tenía me removí e intente decir palabra:
—…ba…jadme—susurré, con dificultad. Tsubaki, se detuvo y me observó. Abrí los ojos y vi que me miraba con preocupación.—Puedo caminar.
Tsubaki, miró a Soul. Ambos me miraban como si estuviera loca.
—Sin ofender, Maka. Pero, te ves mal, te ves horrible—me contradijo Soul. Seguí removiéndome, hasta tal punto que a Tsubaki le daba dificultad tenerme en vilo.—No hay problema, podemos llevarte hasta tu casa.
—¡No!—me negué, de una manera un tanto brusca—¡Puedo caminar!
Tsubaki, sin más que hacer me dejo en el suelo. Me tambalee un poco y me afirmó del brazo. Todavía me sentía patética.
—De todas formas te acompañamos a tu casa…—sugirió.
—…Estoy bien. – contradije. Miré a Soul quien todavía llevaba la bolsa que yo tenía. Extendí la mano, intentando que me la diera.—…gracias por todo lo que hicieron, realmente. Pero, puedo irme a casa sola.
Tsubaki, hizo una mueca no muy convencida de lo que decía. Al final suspiro y dio un paso hacia atrás. Soul, se encogió de hombros y me dio la bolsa. Cuando la tome, él todavía no la soltaba. Me dio una sonrisa y dijo:—La próxima vez que estés en peligro, nosotros te salvamos.
Di una exclamación, avergonzada. Soltó la bolsa y la tomé por completo. Sentía que estaba sonrojada así que bajé la cabeza, intentando ocultarlo. Mi corazón latía a mil por hora, no podía seguir allí con él.
—B-bueno gracias. Adiós—me despedí, rápidamente y de la misma forma caminé derecho por la calle. Desde allí podía ver las luces encendidas del salón.
¡Era cierto! Marie y Kami han de estar muy preocupadas. Spirit ya debía de haber llegado junto con Stein y más se iban a preocupar. Si había llegado Hero, estaría perdida porque todo se me iría cuesta abajo.
Aceleré el paso, todavía sintiéndome débil. Con gran esfuerzo llegué a la reja, la abrí y entré, cerrándola tras de mí al instante. Cuando estuve frente a la puerta, me sentía empapada de agua y preferí dejar las botas fuera. Me las quité como una bala y las dejé a un lado de la puerta.
Muerta de frío y tiritando, abrí la puerta. Di un solo paso y Kami, junto con Marie saltaron sobre mí. Ambas con una expresión de preocupación en su rostro.
—¡Maka! – exclamaron al mismo tiempo, horrorizadas al verme. El dolor en mi nuca iba creciendo a cada segundo que pasaba. Mañana tendría problemas con eso, pero lo mantendría en secreto.
—¿Qué te paso?—preguntó, primero Kami preocupada. Marie tomó la bolsa que llevaba en mi mano. Las cosas se habían mojado pero por suerte estaban en sus empaques.
—¿Por qué tardaste tanto?—interrogó Marie, sin darme oportunidad si quiera de responder a la primera pregunta.
—¡Por Dios, niña! ¡Que aspecto tienes!—observó mi madre. Con las manos me empujo hacia el baño.—…parece que hubieras visto a un fantasma.
Oh, mejor dicho…a un vampiro, mas bien tres.
—¡Makita~! ¡Mi Makita ya llegó!—escuché la inconfundible voz melosa de Spirit en el salón. Salió a mi encuentro y casi se va de espaldas al verme.—¡¿Qué te ocurrió?!
—…luego nos cuenta. Tiene que cambiarse.—respondió Kami. Todos se veían muy tensos y nerviosos ya que no dejaban de ir de un lado hacia otro en ese momento. Yo simplemente quería darme una ducha y descansar antes de que llegue Hero.
Entré al baño y me quité toda la ropa mojada. Abrí el agua caliente y mientras esperaba que estuviera lista, me deshice de mis dos coletas. Cuando ya estaba tibia, me metí.
Fue una ducha rápida, era más para relajarme. Toda la tensión de lo vivido me tenía de los nervios. Aproveché de lavarme el cabello, sintiéndome más familiar al sentir mi shampoo de siempre. Pase mi mano por mi cuello, repitas veces intentando quitarme esa desagradable sensación que me daba que un vampiro lo haya lamido. Cuando mis músculos ya no estaban tensos. Salí y me envolví en una toalla.
Cuando salí del baño hacía mi habitación, pude sentir el aroma que venía de la cocina. La cena de Hero ya se estaba preparando y mi estomago rugió al pensar en ello. Ahora, tenía hambre. Dormiría luego, prefería comer antes que nada.
Entré a mi habitación y sin perder un minuto de tiempo, me puse mi pijama. El más infantil que tenía en ese momento (porque era el único que no había perdido), uno rosa y verde claro; manga larga y pantalones largos. Un estampado de Piolín estaba en el centro de la parte de arriba.
De hecho no me molestaba que ese extraño pájaro (que Black consideraba travestí) estuviera en mi pijama. Nadie, fuera de mi casa lo vería.
Unos constantes golpes en la puerta me sacaron de mis pensamientos. Antes de que tocaran de nuevo, dije con voz suave:
—Adelante—la puerta se abrió, rápidamente. La figura de Hero estaba en el umbral de esta. Sonreí, e iba a lanzarme a sus brazos para felicitarlo por acabar sus exámenes. Pero, me detuve al ver la expresión de pocos amigos que traía consigo.
Me observó, de pies a cabeza y pude ver una preocupación grande en él.
—Luego, tú y yo tenemos que hablar—y volvió a cerrar la puerta.
Al parecer, ahora si me había metido en problemas. Y no tenía ninguna conexión con dos vampiros sedientos de sangre para satisfacer su hambre o dos vampiros que fueron mis salvadores. Si no que con mi sobreprotector hermano mayor.
Un caza vampiros que seguramente no estaba para nada contento con lo que había escuchado de parte de todos…
¿Acaso no existía el disimulo o los secretos?
¿Les gusto? ¿Qué opinan? ¿Sigo, abandono, cierro, tiro del cuarto piso?
Ahora me voy a dormir porque estoy que me caigo del sueño. Ojala les haya gustado, y...¡No olvidéis dejar review! con un review se trae a la vida un unicornio fosforescente. Intentaré actualizar antes, intentaré...pero química me tiene con la cabeza a estallar. Cuídense mucho y ¡Gracias por leer!
¡Rawr~!
Nitta se despide.
