Disclaimer: Frozen y The rise of the Guardians no me pertenecen, crédito a sus respectivos autores.


12. Años de distancia

Por consejo de North, se decidió que Elsa estaría bajo el cuidado de los Yetis en lo que el resto entraba a una junta de emergencia. Le explicó a la joven que sería algo breve y, dando una indicación, le pidió a sus Yetis que le dieran una especie de tour improvisado en el taller como su invitada especial. Al principio se quejaron, pero viendo la seriedad en el rostro de North, accedieron sin decir más, llevándose a la chica con ellos, quien, al dar un último vistazo hacia atrás, se percató de que Jack aún le miraba con cierto desánimo.

Ya en la sala de juntas, todos se encontraban sentados, a la espera de North para dar inicio a la reunión. Se sentía la incertidumbre en el aire.

—Bien Tooth, ¿puedes contarnos más detalles sobre lo que pasó?

Tooth se encontraba sentada, ensimismada y manteniendo un silencio tenso; repasando una y otra vez lo que había visto dentro del subconsciente de Elsa. Seguía sin poder creerlo.

—¿Tooth?

La guardiana se sobresaltó al escuchar su nombre. Alzó la mirada y se encontró con la mirada de angustia e inquietud de sus compañeros. Cerró los ojos un instante y tomó una bocanada de aire para agarrar el valor necesario e iniciar su relato.

—Sí, perdón... yo... —carrasqueó tratando de aclarar su garganta, aunque en realidad lo hizo para aparentar que se había distraído por una nimiedad—. Al principio todo iba normal, como se supone que debería ser. Era un lugar enorme, como el interior de un castillo —haciendo un gesto con las manos, expresaba lo enorme que era el lugar en el que había estado—, pero no tardé en encontrar sus recuerdos más recientes. Al acceder a ellos, me di cuenta de que algo no andaba bien —hizo una ligera pausa mientras cerraba los ojos nuevamente, recordando lo acontecido—. Vi... una especie de glitch —sus compañeros le miraron confundidos, ¿a qué se refería con eso? Al ver la incertidumbre en sus rostros, la pequeña hada continuó—. Verán, yo... creí que estaba viendo mal. Me distraje un momento y la perdí de vista... —apartó la mirada, le apenaba el confesar el pequeño despiste que había tenido—. No —se mantuvo en silencio y, recapacitando, se dio cuenta de que en realidad no había sido así—, más bien desapareció —aclaró—. Era como si él recuerdo por sí solo hubiera sido alterado. Miré hacia el suelo y me di cuenta de que había una mancha... —hizo un gesto de terror involuntario, el cual debió ser perceptible para los demás ya que le miraban con genuina preocupación—, chicos —se vio obligada a hacer una ligera pausa de nuevo. Sintió un escalofrío recorrer su espalda. De solo pensar en esa posibilidad se le helaba la sangre. Se aferró a sí misma, tratando de minimizar la creciente angustia que yacía en su interior—, creo que podría tratarse de... Pitch.

Al pronunciar ese nombre, la habitación se tornó sombría. Cada uno de los guardianes hizo una expresión distinta: North entrecerró los ojos, parecía como si estuviera confirmando algo; Bunnymund frunció el ceño, analizando lo que acababa de escuchar y por su parte, Sandy y Jack pusieron una cara de disgusto, sobre todo el último.

—No, no —negaba el más joven de los guardianes. Su molestia era palpable al grado de levantarse de su asiento con brusquedad—. No puede ser ese maldi—

—Concuerdo con Jack —interrumpió Bunnymund, quien también se había levantado de su asiento—, es imposible que sea ese sujeto.

North observaba la escena impasible, tratando de analizar cada una de las reacciones de sus compañeros y, lo cierto es que la que más le intrigaba era la de Jack. Parecía molesto, solo que a un nivel más personal que el resto.

—No creo que se trate de él —al fin, North decidió intervenir, tratando de dar una opinión que sonara lo más sincera posible—. De ser así, Manny ya nos habría advertido al respecto.

Todos voltearon a verlo. En efecto, habían olvidado el detalle del Hombre en la Luna, quien en caso de que dichas suposiciones fueran ciertas, sin duda habría sido el primero en alertarlos sobre tal amenaza.

—Además —prosiguió North—, hasta donde sabemos, Pitch sigue encerrado. Dudo mucho que haya salido de ese encarcelamiento tan fácilmente.

North no dijo más, pues a la mente se le vinieron una serie de pensamientos para nada alentadores. Analizó si debía compartirlas con sus compañeros o no, pero al ver la reacción de Jack, decidió reservárselas. No era adecuado, al menos no en ese momento.

Su silencio generó miradas de duda entre sus compañeros, era claro que North estaba reteniendo información pero, ¿por qué?

Después de una tensa pausa que pareció eterna, North decidió proseguir, en un intento por apartar los aterradores pensamientos que habían cruzado por su mente.

—¿Eso es todo lo que viste, Tooth? —preguntó dirigiéndose a su amiga, quien negó con un movimiento sutil de cabeza.

—Me temo que no —contestó—. Vi algo..., más —cerró los ojos, el solo recordar lo que había visto le generaba escalofríos—. Vi a Elsa, pero no parecía ella misma —volteó a ver a Jack, esperando una reacción por su parte y efecto, lucía consternado—. Parecía ser... alguien más. Su mirada... de sólo recordarlo yo...

Por alguna razón que no comprendió del todo, comenzó a temblar. Acaso sería... ¿miedo?

Ella era una Guardiana, había enfrentado terribles amenazas con un valor inmensurable y, sin embargo, ahora temblaba por culpa de... ¿un simple... mortal? Pero, ¿cómo era eso posible? Trató de recuperar la compostura, pero los temblores no cesaban. De repente, sintió una suave caricia en el hombro y al voltear, se percató de que era Jack, tratando de calmarla.

—Está bien, Tooth. Tranquila —la joven hada lo vio directo a los ojos, su mirada apacible le transmitía un sosiego indescriptible.

—Gracias..., Jack —la chica le brindó una sonrisa a medias.

Él le miraba con atención, estaba preocupado por su reacción ante lo ocurrido, pero decidió responder el gesto de su amiga de igual forma, brindándole una sonrisa apaciguadora.

—Tal parece que esto —interrumpió North—, es más serio de lo que pensábamos.

—Y que lo digas —acotó Bunnymund—. Dudo que realmente se trate de Pitch —hizo una pausa, lo cierto es que no era algo que podría asegurar con certeza—, pero quién sea el culpable, debe tratarse de alguien poderoso.

—Y peligroso —concluyó North—. Lo que presenció Tooth es alarmante. Me temo que esto cambia las cosas por completo —se puso en pie y se acercó al ventanal para reflexionar sobre lo que deberían hacer a continuación—. Sin duda lo cambia todo —reafirmó, volteando nuevamente hacia los demás—, pero aún tenemos que resolver lo de Nueva York —dio unos cuantos pasos y de nuevo se detuvo—. Aunque, con lo que dijo Tooth no sé si podamos confiar en ella.

—Ella dijo que lo haría, y yo confío en que—

—Jack —interrumpió North—, ¿hace cuánto tiempo que no has hablado con ella? —preguntó con seriedad—. Y no me refiero a la conversación que tuvieron hace poco —el joven se quedó callado, era claro el punto al cual North quería llegar—. Escucha, no creo que tenga malas intenciones, pero debemos ser precavidos. No sabemos a lo que nos estamos enfrentando.

—Además —intervino Bunnymund—, lo que dice North es verdad. No sabes que tanto ha cambiado en todo este tiempo.

Jack regresó a su asiento, dejándose caer y sintiéndose derrotado. Lo que sus amigos decían era cierto y eso le molestaba.

—Entonces, ¿qué sugieres? —cuestionó Tooth, quien ya se encontraba más calmada.

North llevó una mano sobre la sien y trató de analizar en las posibles soluciones para el dilema en cuestión, aunque lo cierto es que, para muy a su pesar, sólo había una salida válida.

—Creo que nos tendremos que arriesgar —soltó—. Llevaremos a Elsa a los lugares que congeló para que los libere de su encantamiento y luego..., tendremos que tenerla en observación por un tiempo.

Al escuchar la decisión de North, todos asintieron, estando de acuerdo con aquella medida tan extrema. Todos menos Jack, quien parecía consternado con la decisión, sin embargo y al ver la reacción de los demás, decidió no objetar nada.

...

Elsa se encontraba admirando los diversos juguetes y artilugios que los Yetis creaban en el taller de North. Le llamaban la atención los duendecillos que iban de aquí para allá por todo el lugar, lo cierto es que aún no salía del asombro al descubrir que ellos no eran los que realizaban los juguetes para navidad.

Estaba distraída, admirando un pequeño tren que volaba sobre el taller cuando de pronto, escuchó una voz detrás de ella que la hizo sobresaltar:

—¡Bien! —exclamó North—. ¿Qué te ha parecido mi taller? —le preguntó de la forma más casual posible.

—¡Oh! Es maravilloso, jamás habría imaginado un lugar así —respondió con un genuino destello de asombro en los ojos.

—Me alegra oír eso —North no sabía cómo tocar la decisión que se había tomado en torno a ella sin que resultará chocante, por lo que se produjo un breve silencio, el cual se estaba tornando incómodo.

—Hay algo muy mal conmigo, ¿verdad? —preguntó Elsa de súbito, sacando a North de sus propias vacilaciones.

North trató de aparentar no estar sorprendido ante la audacia de la joven y se apresuró en contestar:

—No, es solo que aún no sabemos qué es lo que en verdad pasó.

—Entiendo —respondió cabizbaja—. Sé que ustedes no me conocen... Puede que ni siquiera confíen en mí, y lo entiendo. Pero —la joven alzó el rostro, mostrando una firmeza aparentemente inquebrantable— si de verdad hay algo muy malo conmigo, es algo que me gustaría saber.

North se sorprendió al ver la seguridad de la chica, por lo que se acercó a ella y, colocando una mano sobre su hombro, la vio directamente a los ojos.

—Me agrada tu honestidad. Pero realmente no sabemos si pasa algo contigo o no —al escuchar aquello, la seguridad de la joven disminuyó notablemente—. Es más complicado de lo que parece y necesitamos investigar más.

Los demás guardianes no decían nada, cada uno estaba inmerso en sus propias meditaciones. Sobre todo Tooth, quien sentía que le había fallado a todos al no poder concluir su misión con éxito. Estaba decaída, a pesar de los intentos de Jack por subirle el ánimo.

—Pero —prosiguió North—, antes de seguir investigando, lo mejor será resolver lo que pasó en Nueva York —Elsa alzó la mirada, asintiendo con una renovada determinación—. Y una vez terminemos con eso... —hizo una pausa, no sabía cómo reaccionaría ante la noticia que estaba por dar, por lo que decidió soltarlo con cautela—: una vez que terminemos, me temo que tendrás que quedarte aquí por tiempo indefinido.

Elsa abrió los ojos sorprendida. Lo cierto era que no había pensado realmente en lo que le depararía el futuro inmediato a raíz de su encuentro con los Guardianes. No había analizado las consecuencias de sus recientes e involuntarios actos. En otra época, aquella medida habría sonado lógica e incluso aliviadora, pero ahora las cosas habían cambiado. Ahora había establecido lazos de amistad con los Rumsfeld... y Owen. Y eran lazos que no quería perder tan fácilmente. Estaba por replicar sobre aquella decisión, pero lo cierto es que no estaba en posición para hacerlo.

—Entiendo —respondió con desánimo y acto seguido volteó en dirección a Jack, quien desvío la mirada casi al instante, generando en ella una sensación de desasosiego—. Supongo que... es lo mejor para todos.

Nadie dijo más.

Había muchas dudas sin resolver, pero tenían un problema que arreglar antes de pasar al siguiente. El hecho de que Elsa no se alterara ante esa noticia, fue buena señal para North, ya que le mostraba que se encontraba en aparentemente "control".

...

El viaje hacia Nueva York fue silencioso. Las estrellas brillaban con intensidad al igual que la luna. North consideró que esa era una señal de apoyo por parte de Manny y la simple idea de que él estuviera viéndolo en ese momento lo reconfortaba de algún modo, al igual que el hecho de que aún no los contactaba directamente alertando sobre una amenaza mayor. Elsa se encontraba a su lado, observando con fascinación el oscuro cielo invernal. Le tranquilizaba estar cerca de North, parecía ser una persona agradable y empática por naturaleza propia. En la parte de atrás estaba Sandy, quien miraba a la joven con cautela. Pensaba en la intriga que le generaba y la preocupación latente de que realmente Pitch estuviera involucrado con el incidente que estaban por resolver. Deseaba poder brindarle palabras de apoyo a la joven, pero no podía, pues chocaba directamente con sus labores como Guardián.

Solo ellos se encontraban en el trineo, el resto había decidido llegar al punto de encuentro por sus propios medios.

En otro punto, Jack se encontraba sobrevolando el cielo nocturno junto a su amiga Tooth. Se mantuvieron en silencio un rato, aunque lo cierto era que, cambiando los papeles de forma drástica, ahora era él quien se encontraba preocupado por ella. Algo había pasado, algo que no quería compartir con él. Era obvio, ya que Tooth actuaba distante con todos, algo inusual en ella.

Por ese motivo, quería ahondar más sobre al respecto, aunque no sabía cómo hacerlo. Al menos, no del todo.

—Las estrellas están muy hermosas está noche —la joven hada volteó en dirección a su amigo, con una seriedad inquebrantable en el rostro. Al ver su reacción ante el comentario, Jack, por un breve instante, se arrepintió de haber iniciado la conversación de esa manera tan absurda.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó sin afán de sonar grosera, era claro a dónde quería llegar.

—Bueno —se encogió de hombros—, supongo que al igual que tú, sólo quería tomar un poco de aire —bromeó, esperando alivianar un poco el ambiente entre ambos.

No lo logró. Ella volvió la mirada hacia el frente, lo cierto es que quería estar sola, aunque en el fondo apreciaba su compañía.

—Lo siento —soltó cabizbaja luego de un rato—. Les fallé a todos.

Jack volteó a verla y paró el vuelo de inmediato, ocasionando que Tooth hiciese lo mismo. "Así que de eso se trata todo", pensó.

—Tu no hiciste nada mal.

—Claro que sí, Jack —dijo volteando para verlo de frente—. Seguimos sin saber a qué... o quién nos enfrentamos.

—Bueno, eso es algo que descubriremos tarde o temprano. No te preocupes, sea lo que sea, seguro es algo que podremos enfrentar juntos.

El rostro de Tooth se sonrojó levemente ante la seguridad que mostraba Jack, por lo que agradeció internamente que a esa distancia no fuera algo notorio. Agachó la mirada y al alzarla de nuevo, sonrió, asintiendo. Fue una charla breve, pero en ella se demostraba la confianza y amistad que había entre ellos.

—Gracias..., Jack.

Él le brindo una sonrisa, y sin decir más, continuaron hacia su destino.

Para cuándo North aterrizó a un lado del congelado lago de Central Park, los demás guardianes se encontraban esperándolo. Por un momento creyó que Aster le reprocharía por la breve demora, pero no fue así. En su rostro solo pudo distinguir un ligero cansancio, lo cual atribuía a las circunstancias climáticas.

—Bien, ¡llegamos!

La voz triunfante de North resonaba por el solitario lugar. Ante el comentario, Aster rodó los ojos, esperando poder terminar pronto con todo eso.

North se dió la vuelta y ayudó a bajar a la chica que iba con él, quien le agradeció el gesto. Elsa se sentía aliviada, ya que por fin veía un lugar conocido. Sin embargo, esa sensación se desvaneció casi de inmediato al ver las condiciones en las que se encontraba el sitio, siendo reemplazada por un sentimiento de culpa.

Suspiró levemente y miró hacia alrededor. Buscaba con la mirada a Jack y, mientras lo hacía, se preguntaba internamente por qué. Las cosas seguían..., raras entre los dos. Esa era una verdad innegable y, a pesar de todo, sentía intriga con respecto a él.

Cuando lo vio, notó que estaba a lado de la chica que llamaban Tooth. Parecían estar platicando sobre algo gracioso, se les veía alegres. Por un momento sintió una pizca de ¿envidia? Elsa pensó sobre el significado de ese molesto sentimiento, se sentía como si alguien se hubiese forzado a ponerlo ahí por algún motivo. Aunque por suerte, fue algo breve, ya que al instante en que sus miradas se cruzaron, esa sensación se desvaneció. Se miraron por un rato y antes de que ella desviará la mirada hacia el lago congelado, alcanzó a ver una sonrisa cálida de su parte, cosa que le hizo sonreír de manera casi imperceptible.

—Bueno Elsa. ¡Muéstranos de que eres capaz! —exclamó North, dándole ánimos. Se sentía extraño, puesto qué se trataba sobre arreglar un desastre que ella misma había ocasionado.

La joven se posicionó a un costado del congelado lago de Central Park y puso su concentración en un recuerdo en específico: su hermana. Era algo que siempre había funcionado, ya que para ella, Anna representaba un confort cálido y fraternal. No era para menos, pues había llegado a la conclusión de que Anna había sido la persona que más había amado en todo el mundo. Sonrió al recordarla a su lado, paseando sonriente por los jardines del castillo.

Y entonces y para sorpresa de todos, la nieve comenzó a dispersarse.

—Bien —Jack se posicionó a un lado de ella—. Que desaparezca la nieve de golpe sería raro, yo crearé un poco, para aparentar.

Ella volteó a verlo sin decir nada, con una sorpresa reflejada en el rostro.

Con su cayado, Jack comenzó a llenar el lugar de una leve escarcha. Elsa le miraba asombrada, era la primera vez que lo veía crear una nevada —aunque, considerando que aún tenía bastantes lagunas en sus recuerdos más recientes, no podía estar segura al cien sobre eso—. Al verlo tan concentrado, no pudo evitar sentir una especie de...admiración hacia él. Después de todo, se trataba del encargado de llevar el invierno alrededor del mundo. Esa seriedad y concentración era una faceta que no recordaba haber visto antes, a pesar de que en el pasado habían convivido por bastante tiempo.

Una vez que el hielo creado por Elsa se dispersó en Nueva York, procedieron a dirigirse hacia el sur, a lugares donde su magia seguía presente.

Tardaron un tiempo en arreglar todo, aunque debían admitir que fue más rápido de lo previsto gracias al trineo de North.

—Bien —dijo Jack, mientras retiraba su cayado del suelo—, creo que eso es todo —volteó a ver a Elsa y le dirigió una sonrisa, misma que ella regresó de igual manera.

Lo habían logrado, las cosas estaban volviendo a la normalidad... aparentemente.

—Bueno, supongo que es hora de volver al Polo Norte.

Elsa volteó a ver a North, quien comenzaba a dirigirse hacia el trineo. No estaba en posición de exigir nada, pero no perdía nada con intentarlo, puesto que seguramente esa sería su única oportunidad.

—Yo... sé que no estoy en posición de pedir nada, pero..., me gustaría... —todos los guardianes voltearon a verla, atentos a sus palabras. Hizo una pausa, estaba resultando más difícil de lo esperado. Tomó una bocanada de aire y agarrando valor, finalizó lo que quería decir—: Me gustaría tener la oportunidad de despedirme de mis amigos.

Sonaba absurdo, lo sabía, y sin embargo desde que North había dejado implícito que no volvería a su casa, un creciente sentimiento de tristeza comenzó a formarse en su interior ante la idea de no volver a ver a los Rumsfeld... ni a Owen.

—Elsa... —North mostraba una voz apacible—. Entiendo que esto debe ser difícil para ti, pero, no podemos tomar ese riesgo.

Ella sabía a lo que se refería. Estaba claro que algo había pasado cuando Tooth intervino en sus recuerdos. Algo que no querían compartirle por algún motivo.

—Ya sé, es solo que... —hizo una pausa, sentía que la voz estaba por quebrársele—, sé lo difícil que es para los demás el irse sin tener la oportunidad de decir adiós.

A Jack le calaron las palabras de Elsa. Sabía perfectamente a lo que se refería y no pudo evitar sentirse culpable.

—Lo siento, Elsa. Pero no podemos correr ningún riesgo —declaró North—. Estamos ante una situación de emergencia.

Elsa bajó la mirada y asintió, sintiéndose derrotada. De pronto, recordó algo importante y pensó en que no perdía nada con decirlo:

—Al menos me gustaría volver a mi apartamento y... recoger un par de cosas. Solo eso.

North le miraba sintiendo pena por ella. No parecía una mala persona. Recordó como siempre aparecía en la lista de niños buenos, al igual que su hermana. Deseaba poder decirle con seguridad que las cosas estarían bien, que no tardarían en resolverse y que si quería, podría volver a su vida normal, pero no podía prometer cosas imposibles.

—Yo no...

—Vamos, North —el recién nombrado volteó sorprendido al escuchar su nombre—. Al menos hay que darle esa oportunidad. Yo la puedo acompañar y llevar al taller después.

Elsa, quien instantes atrás había permanecido cabizbaja y sin esperanza alguna, alzó la vista y se encontró con la sorpresa de Jack abogando por ella.

—Es peligroso, Jack. Y lo sabes. No solo por los demás.

El joven Guardián asintió. Claro que sabía los riesgos, pero estaba dispuesto a arriesgarse de todos modos.

—Lo sé, North —se acercó lo suficiente como para darle unas palmadas en la espalda—. Pero yo estaré a su lado. Solo iremos por unas cosas y volveremos pronto al taller.

North frunció el ceño. Podría replicarle y dar por cerrado el tema con un contundente no de por medio. Pero decidió ceder a esa petición, puesto que eso le abría la oportunidad de hablar personalmente con el resto de los guardianes y de paso, investigar más sobre la inusual condición de la chica por su propia cuenta.

—Está bien —respondió, dejando escapar un resoplido. Jack lo miró sorprendido, no pensó que aquello resultaría tan fácil.

—¿De verdad? Digo, sí. Es... no tardaremos —titubeó—. Sera algo breve, ¿Verdad, Elsa? —dijo volteándola a ver.

La recién nombrada estaba casi tan sorprendida como él y solo alcanzó a asentir y decir:

—¡S-si! Será algo breve.

Aster estaba por reclamar, era claro que no estaba de acuerdo con la decisión que North había tomado, pero tanto Sandy como Tooth lo detuvieron.

—Espera, Aster —susurró Tooth sin apartar la mirada hacia North—. Solo..., espera.

—Entonces..., creo que debemos irnos —Jack se dio la vuelta y caminó nuevamente en dirección a Elsa—. Entre más rápido vayamos por sus cosas... bueno, ya saben —giró la cabeza, atento a la reacción que tenía North. No podía verlo con claridad, pero podría jurar que tenía el ceño fruncido, parecía ligeramente molesto—. Bueno —dijo dándole la espalda por completo a North—, ¿nos vamos? —extendió una mano hacia Elsa, quien, aún sin entender con claridad qué es lo que acababa de pasar, la tomó asintiendo—. Oh, no se preocupen —volteó nuevamente hacia sus compañeros, quienes le miraban sutilmente consternados—. Aprendí un hechizo para que los demás no la puedan ver mientras está conmigo —Bueno, sujétate bien —pidió a su acompañante mientras la miraba, quien por su lado, asintió, aferrándose con fuerza a él.

Y sin mayor dilación, emprendió el vuelo junto a Elsa. North no decía nada, solo los observaba alejarse a través del cielo nocturno.

—Si sabes que no la llevará de regreso a tu taller, ¿verdad? —Bunnymund se encontraba de brazos cruzados, esperando una especie de explicación ante tan irresponsable acto.

North suspiró con pesadez mientras se sobaba la sien, comenzaba a sentir una presión incómoda en la cabeza y espalda.

—A veces las emociones nublan el juicio mucho más de lo que nos gustaría admitir —alzó la mirada, apreciando el brillo lunar de la noche, lo sentía como una señal de apoyo—. Sandy, necesito que los sigas y vigiles a una distancia prudente —el hombrecillo asintió y emprendió el camino.

—North... —Tooth lucía afligida, no entendía por qué había accedido a la petición de Jack.

—Chicos —volteó a verlos con seriedad—, tengo algo que decirles.

...

El cielo nocturno era bellísimo.

Las estrellas centellaban con un singular brillo, acompañando a la luna como si de un manto estelar se tratara. Pese a que Elsa aún se encontraba confundida respecto a lo que acababa de pasar, apreciaba la belleza del paisaje a su alrededor mientras se aferraba con fuerza a los brazos de Jack. A pesar de que disfrutaba la vista, lo cierto es que aún sentía cierto vértigo, por lo que por ratos, se veía obligada a cerrar los ojos mientras pensaba que en definitiva el trineo era un medio de transporte mucho más cómodo... y seguro.

Tomando una bocanada de aire, juntó el valor necesario para volver a abrir los ojos. Lo hizo con lentitud y lo que vio, la dejó nuevamente maravillada. Se encontraban sobrevolando las inmediaciones de Nueva York y podía apreciar como las luces de los automóviles se dirigían de un lado a otro a través de la carretera. También apreció las luces estáticas de las casas alumbrando todo, era una vista digna para una postal.

Apreciando la belleza del paisaje, un pensamiento cruzó por su mente: "Me pregunto, ¿qué tipo de maravillas ha visto Jack en todo este tiempo?"

Alzó la mirada, algo que había estado evitando hacer desde el comienzo y, al verlo tan cerca, pensó en cómo sus finas facciones le daban un atractivo sin igual. Así fue que comenzó a sumirse en sus propias divagaciones con respecto a él. Recordó que, cuando escuchó a Owen y el señor Rumsfeld hablar sobre Jack Frost, un personaje encargado de llevar el invierno de un lugar a otro, por alguna razón la figura que se le vino en mente era la de un hombre anciano. Lo cierto es que lo último que se le hubiese venido en mente es que se tratara de un chico, y no cualquiera. Ni en sus más locos sueños podría haber imaginado que el espíritu del invierno se trataría del amigo que perdió años atrás. Eso le generaba expectación, ¿cómo podría ser eso posible?

Había varias incógnitas respecto a él que deseaba resolver con prontitud ya que, debido a ellas, aún sentía cierta incomodidad cuando estaba a su lado.

Elsa debió haber estado tan sumida en sus pensamientos por un tiempo considerable que no notó cuando el joven bajó la mirada hacia ella.

—¿Todo bien? —preguntó, haciendo sobresaltar a la chica.

—¡S-Sí! Todo bien —se apresuró en contestar.

Ambos desviaron la mirada de inmediato, aunque por distintas razones. Elsa estaba apenada al ser descubierta de esa manera, mientras que Jack... bueno, tenía muchas cosas en qué pensar, sobre todo con respecto a ella y los sentimientos que despertaba en él. Era como si todos esos recuerdos y sentimientos se hubiesen mantenido en estado de hibernación todo ese tiempo, y ahora, eran difíciles de manejar. Parecía como si el tiempo no hubiese pasado para él.

—Y bien... ¿por dónde está tu... casa? —preguntó Jack mientras sobrevolaban el Empire State.

—Es apartamento, en realidad —corrigió la chica—. Mmmh, está un par de cuadras a la derecha.

Jack, siguiendo las indicaciones, no tardó en llegar a un complejo apartamental. Elsa le dió un par de indicaciones más hasta que dieron con su apartamento, el cual se encontraba tal y como lo había dejado la semana pasada.

―Bien, llegamos ―dijo el joven Guardián mientras Elsa se apresuraba a apartarse de su lado, tomando una distancia discreta.

Se esforzó por brindarle una sonrisa mientras él simplemente le veía sin decir nada.

―Muchas gracias ―se inclinó haciendo una leve reverencia, lo cual ocasionó que Jack riera levemente.

―Para —decía—. El que debería hacer una reverencia soy yo ―la joven alzó la mirada y sonrió genuinamente al ver como él se reverenciaba ante ella.

―¡Oh¡ Pero no veo la necesidad, hace mucho que dejé de ser de la realeza.

—Cierto —respondió, recuperando la compostura y apartando la mirada al instante.

Y ahí estaba de nuevo, el silencio incómodo que se aferraba en erigirse entre los dos.

―Tu habitación es... agradable —¿en serio ese era su mejor intento por mantener la conversación?

―Gracias... ―respondió, sin tener idea de qué más agregar para no tornar la situación más incómoda.

Elsa soltó un suspiro y cerró los ojos un instante, sintiéndose más tranquila al estar en un lugar que conocía a la perfección. Se acercó hacia su cama y tomó asiento. Jack, por su parte, se quedó en la distancia, muy cerca de la ventana por donde habían entrado. Elsa volteó a verlo, tenía la miraba fija en la ventana y parecía absorto en sus pensamientos, situación que le hizo cuestionarse sobre lo que estaría pensando. Fue así que recordó lo que había ocurrido instantes atrás con North y como había intercedido por ella.

—En verdad..., gracias.

Jack volteó y le miró confundido. ¿Qué le estaba agradeciendo en realidad?

—No fue nada ―contestó―, en se—

—No —interrumpió—. Me refiero a que te agradezco que intercedieras por mí hace rato.

—¡Oh! —exclamó entendiendo mejor la situación—. Eso... Bueno, no fue nada. En serio —el joven se encogió de hombros, restándole importancia a lo que había hecho—. Sé que a veces North puede parecer algo... estricto. Pero lo cierto es que es una persona muy amable.

—Lo sé —concordó ella—. Se nota que lo es —la joven recordó lo compasivo que se había portado con ella desde que lo había conocido—. En todo caso —se puso de pie y comenzó a caminar en dirección a su armario—, creo que debería comenzar a arreglar mis cosas para... —hizo una pausa ligera, volteándolo a ver nuevamente—, ya sabes, irnos.

Elsa estaba por abrir su armario y comenzar a empacar unas cosas, cuando de pronto, sintió como era interrumpida mediante un suave agarre en su mano.

—No —le detuvo—, no es necesario —Elsa volteó a verlo realmente confundida—. Yo... —prosiguió—, escuché que tienes amigos aquí —la joven hizo un gesto de asombro al escuchar eso.

—Si, creo haberlos mencionado —reafirmó sin apartar la mirada de él.

—Dijiste que querías despedirte de ellos —él bajó la mirada, pensando en la manera de cómo proseguir—. Y yo pensé que quizá...

Sin embargo, no pudo terminar la oración. Dejando escapar un suspiro, apartó la mirada hacia otro lado. Por algún motivo desconocido, parecía como si le estuviera costando hablar, por lo cual, Elsa le veía desconcertada. Se produjo un breve silencio entre ellos mientras él seguía sosteniéndole la mano con suavidad, por suerte, no pasó demasiado tiempo para que Elsa atara los cabos sueltos ante tan inusual comportamiento.

—¡Oh! —exclamó sorprendida mientras apartaba sutilmente la mano del joven—. Yo... no lo dije por ti. Yo...

No sabía que decir. Lo cierto es que no consideró que sus palabras podrían haberse interpretado como una especie de reproche sutil hacia él, ya que lo único que en verdad quería era el despedirse de forma adecuada de las personas con las que había comenzado a establecer un lazo afectivo.

—Lo siento —soltó al fin—, solo pensé que es muy probable que no los vuelva a ver y...

No sabía cómo arreglar lo dicho, por lo que volvió a guardar silencio. Suspiró y, tomando distancia de Jack, caminó en dirección a su tocador. Antes que nada, quería corroborar algo, que era la principal razón por la que deseaba volver a su pequeño apartamento.

Fue así que, de un pequeño alhajero, sacó un dije con la forma de una luna creciente. Al verla, Jack se sorprendió de sobremanera, reconociendo el objeto casi al instante.

―¡Woow! ―exclamó emocionado―. No pensé que conservarías ese dije por tanto tiempo ―Elsa volteó a verlo, y le dirigió una mirada confusa, no sabía a lo que se refería hasta que, haciendo memoria, lo recordó.

―¡Oh! ―exclamó―. Bueno, si te soy honesta, no lo conserve por ti.

Al escucharla decir eso, Jack puso una cara que denotaba confusión. ¿A qué se refería con eso? Elsa, al ver esa reacción, se sintió un poco culpable de nuevo, no pretendía sonar tan ruda, por lo que trató de enmendar un poco lo dicho.

―Oh, bueno. Sí es el dije que me diste ―aclaró―, pero, lo cierto es que por cosas del destino, lo perdí por mucho tiempo —dirigió la vista hacia el objeto que tenía entre manos y sonrió—. Lo recuperé gracias a... ―hizo una pausa, recordando con cariño a Bulda, quien se había convertido como una madre para ella―, alguien muy importante para mí.

―Ya veo...

―Lo siento... ―añadió con mirada afligida―. ¿Fui... insensible? ―preguntó, sintiéndose mal al respecto, a lo que Jack negó con la cabeza.

―No ―respondió, aunque en su voz se percibía el desánimo.

Ella lo miraba. Estaba agradecida por haberle apoyado antes y por eso, había llegado a la conclusión de que debía sincerarse con él. Era el momento adecuado, ya que estaba segura de que nadie los interrumpiría.

―Jack ―él volteó a verla, parecía deprimido―, quisiera decirte algo importante ―él no respondió en voz alta, solo se limitó a asentir―. Ha pasado tiempo... ―guardó de nuevo el dije en su alhajero y caminó en dirección a la ventana―, mucho, en realidad.

―Sí...

—No sé por qué tanto has pasado —cerró los ojos, comenzando a recordar algunas vivencias que tuvo en las últimas décadas—, pero para mí no ha sido nada sencillo ―tenía la mirada fija en la ventana, admirando las calles semi vacías de la ciudad debido a la hora―. Es solo que... ―no estaba segura de cómo proseguir, pero, debía sacar lo que llevaba dentro―. ¡Luces tan diferente! ―exclamó de súbito, volteándolo a ver directamente.

Él le miró con sorpresa, lo cierto es que no había considerado qué parte del reciente distanciamiento e incomodidad que tenían se debía a su apariencia, aunque en retrospectiva, tenía algo de sentido.

―¡Es todo tan confuso! —llevándose ambas manos a la cabeza, Elsa se acercó de nuevo a la cama y se sentó en uno de los bordes, se veía frustrada y confundida. Finalmente, comenzó a respirar lento, tratando de controlar sus emociones—. Yo... necesito tiempo para asimilar todo —soltó con determinación, sintiéndose aliviada al ser capaz de al fin decirlo.

Elsa seguía con la mirada baja, sintiendo culpa por sentirse de esa manera. Debería estar feliz por tener la oportunidad única de reencontrase con una persona que tanto había significado para ella y sin embargo, no era así. Por años, sufrió debido a su ausencia. Le había costado superar su pérdida, de hecho, a veces pensaba que no había sido así del todo. Entonces, verlo ahí, parado a escasos metros, con una apariencia totalmente distinta y siendo una especie de espíritu guardián —lo cierto es que aún no encontraba las palabras para definirlo—, había sido demasiado, incluso para ella, que había visto y oído de todo a lo largo de su longeva vida.

Él no dijo nada, solo le miraba con atención y se percató de que tenía una mirada triste. Odiaba ver esa expresión en cualquier persona, pero sobre todo, en ella. Trató de pensar en una manera de alivianar el ambiente hasta que de pronto, se le ocurrió algo. Se acercó a la ventana de la habitación y, con un toque de su cayado, creó un poco de escarcha de la cual emergió un pequeño ser que comenzó a tomar forma y a saltar por toda la habitación.

Elsa, que aún seguía desanimada y sumida en sus pensamientos, alzó levemente la mirada y se topó con un pequeño conejo de nieve saltando encima de sus pies. Al principio se sorprendió de verlo, sin embargo, el pequeño conejo que no parecía inmutarse ante la presencia de la joven, siguió saltando por la habitación como si nada. Fue entonces que se percató de más conejitos que saltaban por todo el lugar. Uno saltó encima de ella y comenzó a acariciar su mano. Estaba por acariciarlo de vuelta, cuando de pronto, el pequeño saltó hacía abajo y se alejó brincando, siguiendo a sus compañeros. Una sonrisa genuina cubrió su rostro y, levantándose de la cama, comenzó a perseguirlo. Se agachó para poder atraparlo y cuando lo logró, lo sostuvo con delicadeza mientras lo acariciaba. Al levantarse, se percató que Jack le veía, sonriendo con calidez.

Sin decir nada, la chica le sonrió de vuelta y atreviéndose a usar un poco de su propia magia, lanzó un pequeño rayo hacia al techo, dónde comenzaron a emerger pequeños copos de nieve. A los conejos parecía gustarles, ya que comenzaron a saltar con más euforia.

Elsa siguió persiguiendo a los conejos, mientras Jack se limitaba a observaba. Le gustaba verla sonreír, y sobre todo, divertirse. De repente, ella se detuvo un momento para juntar un poco de nieve y formar una bola. Sin saber muy bien por qué, se la lanzó a Jack directamente en la cara. Él estaba sorprendido. Se quitó un poco la nieve del rostro y le brindó una sonrisa cómplice en respuesta.

—Con que esas tenemos, ¿eh? —creó una bola de nieve y se la lanzó, aunque ella logró esquivarla con una gran destreza.

—Pensé que el guardián del invierno sería más ágil —dijo con sarcasmo.

—¡Ya verás! —retó él, mientras creaba más bolas de nieve que lanzaba contra ella.

Y fue así que dio inicio una pelea de nieve, en la que por un momento, se olvidaron de todo lo demás.

Pasado un rato, ambos se tiraron sobre la nieve, exhaustos y posicionándose uno al lado del otro, riendo y sonriendo de par en par. Guardaron silencio, mirando hacia el techo, cada uno absorto en sus propios pensamientos.

—Esto es difícil para mí también, Elsa —soltó Jack después de un rato. Ella volteó a verlo, atenta a sus palabras—. Yo... lamento haberme ido sin tener la oportunidad de despedirnos.

—Tú... no... —él volteó a verla directamente a los ojos, parecía realmente serio.

—Lo cierto es que, por mucho tiempo yo... —se detuvo un momento. Desvió la mirada, ya que lo que estaba por confesar le dolía bastante—, me olvidé por completo de ti —soltó al fin. Para Elsa, escuchar eso dolió de una forma inesperada—. No es algo que haya decidido —se apresuró en aclarar—. Es solo que... es complicado.

Elsa se mantuvo en silencio. Veía el pesar en su rostro, cuestionándose a qué se refería realmente con eso mientras se sentaba, recargándose sobre su propio regazo.

—Si te soy honesta —comenzó—, yo...

No fue capaz de terminar la oración. Estaba por decirle que ella también lo había olvidado, quería contarle lo que había vivido en todos esos años pero, aún no se sentía lista para hacerlo.

—Necesitas tiempo, lo sé —concluyó él, mirándole fijamente.

—No es eso —aclaró con rapidez—. Es solo que... me sorprendió volverte a encontrar así. Es todo.

—Bueno —dijo Jack viendo de nuevo hacia el techo—. Yo podría decir lo mismo de ti —ella le miró sorprendida mientras él permanecía sereno—. Aunque si te soy sincero, no cambiaste demasiado.

—Ah, ¿no? —cuestionó ella de forma retadora, a lo que él volteó a verla con una sonrisa pícara en el rostro.

—Bueno, quizá te ves un poco más..., no sé —hizo una pausa a propósito, acariciando su barbilla con la mano, como si estuviera analizando qué decirle—, madura —soltó finalmente, encogiendo los hombros mientras le miraba de reojo a espera de una reacción ante lo dicho.

—¿Me estás diciendo vieja? —Elsa fingió ofenderse, tratando de contener la risa y mostrar seriedad.

—Tú lo has dicho —replicó riendo—, no yo.

Elsa cruzó los brazos, fingiendo una expresión de enfado. Al ver como él no parecía inmutarse ante su gesto de molestia, comenzó a ofenderse de verdad, por lo que creó un poco de nieve para lanzársela directo en la cara.

—¡Hey! —exclamó sorprendido limpiándose la nieve que ahora cubría su rostro—. ¡Yo no lo dije, lo dijiste tú!

—¡Pero lo pensaste!

—¡Claro que no! —se excusó él—. Para mí tú luces igual de hermo- —se vio obligado a callar, pues estaba a punto de decir algo sin pensar, aunque por suerte, reaccionó a tiempo para evitarlo—. Para mí luces igual y punto.

Elsa abrió los ojos sorprendida. ¿Acaso había escuchado bien o él quería decirle...?

—B-bueno —titubeó avergonzada—. Para mí tú si estás distinto. Hasta pareces otra persona.

—Solo en apariencia —se apresuró en aclarar—, creo que puedes ver qué sigo siendo el mismo de siempre —ella rio ante lo dicho.

—Sí —afirmó asintiendo—, el mismo inmaduro de siempre

—¡Oye! —ahora el ofendido era él, ya que recordó todas las veces en las que los demás lo tachaban de irresponsable—. Que aprecie la diversión no significa que sea inmaduro.

—Lo sé —afirmó sonriendo ampliamente—. Eso es lo que tanto me gustaba de ti —al escuchar eso, él se sonrojo levemente, forzándose a apartar la mirada con rapidez.

—Si, bueno... —Jack se levantó y sacudió la nieve que llevaba encima. Dirigió la vista hacia la ventana y observó la oscuridad del exterior—. Es algo tarde... —vio de reojo el reloj que descansaba en la pared del cuarto, confirmando que, en efecto, ya era de madrugada. Aquello le trajo recuerdos del pasado que ambos compartieron, donde los fines de semana se encontraban para pasar un tiempo juntos a pesar de los desvelos—... Tal vez quieres descansar y...

—Jack —él volteo de nuevo hacia ella, quien volvía a tener un rostro serio—. Gracias por interceder por mí pero, creo que North tiene razón —frunció el ceño al ver cómo la aflicción volvía al rostro de Elsa—. Creo que lo mejor será que yo

—Está bien, Elsa —cortó Jack—. Sé que todo esto debe ser difícil para ti. Y lamento no poder hacer más para ayudarte. Desearía hacerlo, pero... —cerró los ojos con fuerza, sentía como la impotencia al no poder hacer más por ella comenzaba a rebasarlo—, en fin... —suspiró pesadamente—. Sólo puedo hacer esto —ella le miró confundida, no entendía a lo que se refería.

—¿A qué te refier -?

—Te conseguiré algo de tiempo —soltó sin tapujos—, ¿ok? Yo... veré la forma de hablar con ellos —hizo una pausa, pensando en lo que haría para lograrlo y una serie de ideas nada alentadoras cruzaron por su mente, por lo que se vio en la necesidad de sacudir la cabeza—. Ya se me ocurrirá algo, no te preocupes.

Ella le miraba, aún un tanto confundida y fue entonces que se percató de algo que no había notado antes: la incomodidad y dudas que sentía con respecto a él comenzaban a disiparse, reemplazando ese molesto sentir con algo más, aunque aún no podía dilucidar exactamente con qué.

—No es necesario... —decía con suavidad mientras le brindaba una mirada dulce.

—Ya sé —concordó—, pero también sé lo difícil que es el irse sin poder decir adiós.

—Jack...

—Además —continuó—, no puedo asegurarte que los volverás a ver. Desearía que las cosas fueran de otro modo pero, no puedo —se sentía frustrado, en su interior, deseaba que las cosas fueran más sencillas para darle a ella una certeza de que todo volvería a la normalidad—. En todo caso, si tuviste el valor de mencionarlos ante los demás —dijo refiriéndose a sus amigos— es porque son muy importantes para ti, ¿no es así?

Ella asintió, recordando a los Rumsfeld con dulzura. Entonces, recordó a Owen, el chico con el que recién estaba entablando una amistad y quizá algo más..., no pudo evitar sonreír de forma ensoñadora. Jack le veía con atención, esa era una mirada que no recordaba haberle visto antes.

—¡Hey! —exclamó—, no me digas que..., se trata de algún..., novio —ella abrió los ojos con asombro y se sonrojó al instante.

—¡N-No! Él es un amigo. Solo eso —desvió la mirada, pues sentía como su rostro se tornaba completamente rojo. Al verla, Jack sintió una leve presión en el pecho, pues con eso confirmaba lo dicho—. Además —continuó la joven, retomando la calma que había perdido durante un breve instante—, no sólo me quiero despedir de él, también quiero despedirme de... otros —su semblante se tornó triste al pensar que quizá esa sería la última vez que vería a esas personas que en tan poco tiempo habían logrado entrar en su corazón.

Jack le miró con cautela y de nuevo, sintió una presión en el pecho al ver como se deprimía de nuevo. Eso era lo último que quería causarle, así que supuso que lo mejor sería dejarla sola, tal y como le había dejado implícito desde un principio.

—Está bien —soltó, dándole la espalda mientras se acercaba a la ventana del apartamento—, lo cierto es que..., no sé qué pasará después... —afirmó cabizbajo, se podía percibir la tristeza en su voz—. Pero, si hay una cosa que te puedo asegurar —se dio la vuelta nuevamente y, dando unos cuantos pasos, se inclinó hacia ella para sostener su mano con firmeza—. Te prometo que no te dejaré sola en esto.

Ella le miró directamente a los ojos, atónita. Su determinación la tomó por sorpresa.

—G-Gracias.

—No es nada —Jack se encogió de hombros mientras volvía a erguirse y a caminar de nuevo hacia la ventana—. Espero darte el tiempo suficiente para que... puedas estar con ellos —hizo una pausa, lo cierto es que sentía intriga con respecto a esas personas que parecían significar tanto para ella—. Pero no te preocupes, estoy seguro de que todo irá bien —su voz sonaba convincente, a pesar de lo complejo de la situación—. Así que... —volteó ligeramente el rostro para poder verla una última vez antes de partir—, te veré luego, ¿de acuerdo?

Y con una ligera sonrisa en el rostro, se lanzó a través de la ventana. Al verlo, Elsa se levantó de prisa para asomarse y alcanzar a verlo flotar a unos cuantos metros de ahí.

—Trata de descansar —dijo a modo de despedida y, haciendo un ademán, fue arrastrado por el viento que había convocado, perdiéndose a través del cielo nocturno.

Elsa lo siguió con la mirada hasta que fue incapaz de hacerlo. Lo cierto es que esa despedida había sido breve y hasta cierto punto, inesperada. Por un momento creyó que se quedaría más tiempo con ella... o bueno, eso es lo que esperaba, pues su compañía comenzaba a ser reconfortante para ella.

Cerró los ojos un instante, sintiendo como el cansancio comenzaba a invadirla, dejando escapar un bostezo en el proceso. Al volverlos a abrir, se percató de lo que parecían ser unos delgados hilos dorados surcando el cielo nocturno, lo cual le maravilló, pues nunca había visto algo parecido.

Estaba distraída, admirando los hilos que iluminaban todo a su alrededor, cuando de pronto, escuchó una voz tras de sí:

—No deberías confiar en ellos.

Volteó con rapidez, sintiendo el corazón latir a mil por hora. Reconocía la voz, pero no recordaba de dónde. Miró de un lado a otro, pero no fue capaz de ver nada. Se llevó una mano a la cabeza, pues sintió una punzada de dolor y, tratando de recuperar la calma, se sentó en el borde de la cama.

—Creo que Jack tiene razón —se decía a sí misma—. Tengo que descansar.

Y, dando por finalizado el día, se acostó sobre la cama, con una creciente inquietud que se rehusaba a abandonarla en su interior y sin estar consciente de que era observada por una misteriosa figura desde lo más recóndito de las sombras.


Nota de la autora: Si les soy honesta, no pensaba actualizar. Este capítulo lo tenía escrito desde hace dos semanas, pero escribo por adelantado para no atrasarme..., al menos así era hasta que entré a trabajar. Termino agotada mentalmente y el fin de semana no me da abasto para escribir. Aunque ya se vienen las vacaciones, por lo que planeo al menos terminar este arco, el cual tiene por delante solo dos capítulos para darlo por concluido. Espero tener listo el próximo en estos días y avanzar con el que sigue para actualizar dentro de máximo dos semanas.