Mi mejor amiga
Akari estaba en medio de un espacio que parecía ser infinito. Mirase a donde mirase solo veía una luz blanca. La chica, que recordaba lo que había pasado, tenía una mirada triste.
–Ya veo… Así que he muerto…
–Aún no.
Akari, que reconoció inmediatamente esa voz, rápidamente se giró, encontrándose a unos metros de ella a Kyouko, con una sonrisa. Akari, impactada y sorprendida, intentó decir algo, pero las palabras no le salían.
–¿Qué pasa? – Preguntó sonriendo la rubia. – Parece que hayas visto un fantasma.
Akari no pudo aguantarlo más y se lanzó llorando hacia Kyouko.
–¡KYOUKO-CHAAAAAAAAAAN! – Akari abrazó fuertemente a Kyouko mientras lloraba desconsolada. – ¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! ¡Lo siento! ¡Perdóname, por favor! ¡Lo sientooooo!
Kyouko cerró los ojos y abrazó también a Akari, y le acarició suavemente el pelo.
–Esta bien, está bien. Ya pasó todo, Akari. Te perdono.
Akari, que aún seguía llorando, levantó su cabeza para mirar a Kyouko a los ojos.
–¿No estás… Enfadada conmigo?
Kyouko negó con la cabeza.
–Para nada. Más bien estoy enfadada conmigo misma.
–¿Contigo misma?
Kyouko asintió.
–Fue por mi culpa que pasó eso. Si no te hubiera tratado de esa forma no te hubieras alejado de nosotras, yo no te habría intentado pedir perdón, y tú no me hubieras empujado. Fue únicamente mi culpa.
–¡N-No es cierto! Aunque es cierto que me dijiste todo eso, yo no debería haberte empujado. ¡T-También es mi culpa!
–Bueno, tal vez un poco sí.
Esa respuesta descolocó a Akari.
–¿Eh?
Kyouko solo sonrió. Tras unos segundos, Akari pudo esbozar también una pequeña sonrisa. Tras unos segundos, su rostro cambió a extrañada.
–Por cierto, hace un momento has dicho que no estoy muerta… ¿Pero entonces qué es este lugar?
–Podría decirse que es algo así como el limbo. No estás muerta, pero tu vida ahora mismo pende de un hilo.
Kyouko levantó un poco la mirada, haciendo que Akari hiciera lo mismo. Al hacerlo, pudo escuchar unas voces muy suaves, como si estuvieran muy lejanas.
–¡La estamos perdiendo! ¡Rápido, traed el desfibrilador!
Después se escuchó, también lejos, el típico sonido de desfibrilador que se ve en las series y películas.
–¡Sigue inestable! ¡Haced otra descarga!
De nuevo, el sonido del desfibrilador.
–¡No está respondiendo! ¡Aumentad la potencia!
Otra vez se escuchó el sonido del desfibrilador. Akari bajó la cabeza.
–Ya veo, así de grave estoy…
–Sí… – Dijo Kyouko con cierta tristeza. – Si los médicos no te recuperan pronto, morirás…
–Tal vez sea lo mejor…
Eso sorprendió a Kyouko.
–¿Qué dices?
–Aunque no fuera a propósito, moriste por mi culpa, Kyouko-chan. Debo pagar por lo que hice…
–¿Pero qué estupidez dices, Akari? Yo te perdono, con ello es suficiente. Además, ¿no sufriste ya suficiente durante esos casi tres días que te encerraste en tu habitación? – Akari se sorprendió de que Kyouko supiera aquello. – Te encerraste y estuviste llorando durante casi tres días culpándote de mi muerte. ¿No te parece eso suficiente castigo?
–Bu-Bueno… ¿Pero cómo puedes saber lo que pasó, Kyouko-chan? Cuando eso pasó tú ya estabas… Muerta…
–Aunque esté muerta, aún no he podido ir al más allá. Mi alma ha seguido anclada a este mundo, ya que aún hay algo que debo hacer antes de poder irme, y he podido observarte desde aquí.
Akari, extrañada, preguntó.
–Y… ¿Qué es lo que tienes que hacer, Kyouko-chan?
Esta le dedicó una tierna sonrisa a Akari.
–Disculparme contigo. – Akari abrió los ojos ante aquello. – Estuve intentando hacerlo durante varios días, pero no me dejaste, Akari. Morí antes de poder hacerlo.
Akari volvió a llorar y a abrazar a Kyouko.
–¡Lo siento!
–Vamos, vamos, no llores más. – Dijo Kyouko acariciándole el pelo. – Soy yo la que debe disculparse contigo por todo lo que te dije. Pero… Voy a esperarme un rato.
–¿Eh?
–Cuando lo haga, ya no tendré nada que hacer, por lo que voy a desaparecer y ya no podremos hablar más, así que voy a esperar un rato más para hacerlo. – Dijo con una sonrisa.
Akari, aún llorando, habló.
–Kyouko-chan… ¡Por favor, cámbiate conmigo!
–¿Eh?
–¡Quiero que vivas, Kyouko-chan! ¡Y si por ello tengo que dar mi vida, estoy dispuesta a ello! ¡Se necesita un alma, ¿verdad?! ¡Pues estoy dispuesta a dar la mía por la tuya!
Kyouko esbozó una triste sonrisa.
–Esto no funciona así, Akari. Estoy muerta. No hay nada que se pueda hacer para que vuelva.
–¡¿Pero por qué?! ¡Es muy injusto! – Gritó la chica mientras seguía llorando. – ¡Quiero que vuelvas, Kyouko-chan! ¡Tiene que haber algún modo!
Kyouko negó con la cabeza.
–No lo hay, Akari.
–¡Entonces prefiero morir para poder volver a estar contigo!
–¿Eh?
–Si muero… Podremos volver a estar juntas…
–Eso no lo digas ni en broma, Akari. – Dijo Kyouko, extrañando a Akari. – Ahí fuera tienes mucha gente que te quiere. Tus padres, tu hermana, tus amigas… En especial Shinobu. ¿Piensas abandonarlas a todas ellas? ¿Piensas hacer que se pongan tristes y lloren por tu muerte? ¿Piensas dejarles ese vacío en el corazón el resto de su vida?
Akari no sabía qué decir.
–Pero… Tú también le importabas a mucha gente…
–Lo sé, pero ya no se puede hacer nada. En cambio, tú sí que puedes hacerlo, Akari. Además, – Kyouko sonrió. – tarde o temprano algún día vas a morir. Nos volveremos a ver cuando llegue ese día. – Akari solo sollozaba sin decir nada. – Mientras tanto, haz todo lo feliz que puedas a la gente que te quiere. En especial a Shinobu. Esa chica lo merece. Realmente me equivoqué con ella.
Eso extrañó a Akari.
–¿Qué quieres decir?
–Akari, ¿sabes por qué te traté tan mal y te dije todas esas cosas tan feas?
Esta negó con la cabeza.
–Fue porque estaba celosa de Shinobu.
Akari se sorprendió.
–¿Celosa de Shinobu-chan?
Kyouko asintió.
–Cada vez pasabas más tiempo con ella y menos con nosotras, así que pensé que ella quería alejarte de nosotras, por lo que intenté hacer de todo para que pasaras más tiempo con nosotras. Pero daba igual, tú seguías pensando solo en Shinobu. Al final me harté y decidí hacer todo lo contrario. Tratarte tan mal que tú misma decidieras abandonarnos e irte con Shinobu. Pensaba que si pensabas tanto en ella que ni siquiera estado con nosotras podías olvidarte de ella, era como si nos menospreciaras, y decidí que no quería tener una amiga así. Así que te traté tan mal y te dije todo ello para que nos abandonaras. Ahora veo que fue una estupidez. Y además, yo solo quería enfadarte, Akari, no romperte el corazón. Cuando vi tu mirada después de decirte aquello, me quedé igual de destrozada que tú.
Akari volvió a abrazarla con fuerza.
–¡Kyouko-chan, baka! ¡¿Cómo se te ocurrió pensar algo así?!
–Tú misma lo has dicho, soy una estúpida.
–¡¿Por qué no me lo dijiste?! ¡Si sentías celos de Shinobu-chan y pensabas así de ella, ¿por qué no me lo dijiste directamente?! Os habría presentado para hacerte ver que te equivocabas, y seguro que os habríais hecho amigas…
–Lo sé. Estaba equivocada sobre Shinobu. El día en que nos encontramos ya pude ver que era una buena chica. Y desde aquí he podido confirmarlo. Además, tú la ayudaste a superar su timidez y a hacer amigas. Te necesita, Akari, no puedes abandonarla. Por eso tienes que vivir.
Kyouko puso su mano en la mejilla de Akari y con su dedo pulgar secó algunas lágrimas que había en esta, aunque no sirvió de mucho porque pocos después volvieron a caer más lágrimas.
–¿Por qué…? ¿Por qué tenías que morir? Aún tenías tantas cosas por hacer… Tantos sitios a los que ir, tanta gente por conocer… Es tan injusto…
–Lo sé, dímelo a mí. El mismo día en que morí, Ayano se me declaró. – Eso sorprendió mucho a Akari. – Nos hicimos novias ese mismo día. Es una pena que nunca pudiéramos llegar a salir…
Akari volvió a llorar abrazándose fuertemente a Kyouko.
–¡Lo sientooooo! ¡Te arrebaté tu vida con Sugiura-senpai, y a ella le arrebaté su vida contigo!
–Vamos, vamos, no llores más. Te vas a quedar seca. – Dijo Kyouko haciendo broma para intentar animar a Akari, aunque sin mucho éxito. – Es cierto que me hacía ilusión que Ayano y yo fuéramos novias, y me hubiera gustado poder salir con ella, hacer cosas con ella, formar una familia… Me frustra no poder hacerlo, pero lamentarse no sirve de nada. No podemos hacer nada para remediarlo, así que debemos aceptarlo y pasar página.
–Sugiura-senpai… No creo que lo acepte tan fácilmente.
–Lo sé, por eso… Quiero que le des un mensaje.
–¿Eh?
–Dile que no debe negarse a conocer a alguien más que la haga feliz. Sé que será duro, pero yo ya no voy a volver. Tiene que aceptarlo y pasar página. No quiero que se niegue a conocer a alguien más por su amor a mí, pensando que si se enamora de alguien más me estará olvidando o siendo infiel. Sé que ella me seguirá queriendo, y yo la seguiré queriendo aunque conozca a alguien más. Obviamente me hubiera gustado ser yo quien compartiera mi vida con ella, pero eso ya no puede ser, así que Ayano no debe negarse a conocer a alguien más. Debe encontrar a alguien que la ame y la haga feliz. Verla a ella feliz, aunque sea con otra persona, me hará feliz a mí también.
Akari tardó unos segundos en contestar.
–Kyouko-chan… Eso es muy bonito, pero… Si no lo oye de tu boca, si se lo digo yo, parecerá como si quisiera restar importancia a tu muerte. Como si no fuera tan grave que murieras, como si dijera: "En fin, ¿qué le vamos a hacer?" Sería muy egoísta por mi parte, Kyouko-chan.
–Mmm… Ahora que lo dices, es verdad… – Kyouko se puso a pensar. Tras unos segundos, la chica sonrió. – Entonces, para que se crea que ese mensaje se lo mando yo, debo decirte algo que solo sepamos nosotras dos.
–¿Algo que solo sepáis vosotras dos?
Kyouko amplió su sonrisa.
–Dile… Que aunque fue muy repentino y me sorprendió tanto que no pude reaccionar… Nunca olvidaré el beso que nos dimos en la azotea de la escuela.
Akari se sorprendió.
–¡¿O-Os besasteis?!
Kyouko sonrió.
–Solo esa vez. Aunque me hubiera gustado hacerlo más veces. Dile eso, ¿de acuerdo? – Akari, superada la sorpresa inicial, asintió. – Dile también a Shinobu que siento haberla acusado de intentar alejarte de nosotras. Me equivoqué con ella, es una muy buena chica. Me hubiera gustado conocerla y ser amigas.
Akari asintió.
–Se lo diré.
De nuevo se escuchó a lo lejos el sonido del desfibrilador, y después los pitidos de la máquina que mostraba su ritmo cardíaco ralentizándose, volviendo a un ritmo normal.
–¡Se está estabilizando! – Se oyó que decía un médico.
–Parece que te estás recuperando – Dijo Kyouko. – Me alegro. Pero eso significa… Que debes abandonar este lugar.
Akari asintió.
–Espero volver a verte pronto, Kyouko-chan.
–¡No! ¡Espero no verte en mucho tiempo! – Exclamó Kyouko seria, dejando a Akari desconcertada. Después volvió a sonreír. – Si nos volvemos a ver significa que habrás muerto, Akari.
–Ah, cierto… – Dijo Akari también sonriendo.
–Espero tardar lo máximo posible en volver a verte, ya que ello significará que has tenido una larga vida.
Akari asintió.
–Entonces, yo también espero tardar lo máximo posible en volver a verte.
Las dos chicas sonrieron.
–Entonces… Solo me queda una cosa por hacer.
Akari, que sabía a qué se refería Kyouko, aunque seguía sonriendo, se le humedecieron los ojos al saber que había llegado el momento de despedirse.
–Te echaré de menos, Kyouko-chan.
–Yo también… Entonces… Lo siento, Akari.
Nada más decir esto, Kyouko empezó a desvanecerse, empezando por los pies, apareciendo pequeños destellos de luz a medida que desaparecía. Akari, con lágrimas en los ojos pero con una sonrisa, contestó.
–Te perdono.
–Qué bien. – Pudo decir Kyouko con una sonrisa antes de desaparecer del todo.
Después de eso, el sonido de la máquina del hospital y las voces de los médicos se fueron haciendo cada vez más fuertes, sintiéndose cada vez más cerca, hasta que Akari empezó a abrir los ojos lentamente, viendo que llevaba una mascarilla conectada a un respirador artificial y algunos tubos y cables conectados a diferentes partes de su cuerpo. Una doctora se dio cuenta de que Akari había abierto los ojos.
–¡Señor, ha despertado! – Dijo, sorprendiendo a los demás.
–¿Qué? ¿Cómo puede estar consciente en este estado?
Akari intentó decir algo, pero no pudo, debido al dolor que sentía en todo su cuerpo, y solo pudo soltar algunos gemidos.
–Administradle más sedante. – Dijo el jefe de operaciones. – Es mejor que estés dormida unas horas más, hasta que te tu estado mejore. – Dijo, mirando a la chica.
Akari casi no tuvo tiempo ni de intentar decir nada, pues en pocos segundos notó que sus ojos se cerraban hasta quedarse dormida.
Tras un rato, un médico salió del quirófano dirigiéndose a los familiares y amigas de Akari, que estaban desesperados, sobre todo Akane y sus padres.
–¿C-Cómo está? – Preguntó su madre con miedo.
–Está viva. – Dijo el médico, causando un alivio general. – No solo eso, sino que ya no se encuentra en estado crítico.
Los padres de la chica se abrazaron, Tomoko abrazó a Akane, y Azusa y Jun también se abrazaron. Akane y sus padres no podían evitar llorar de alegría, y a Tomoko, Azusa y Jun también se les escaparon algunas lágrimas.
–Ahora mismo se encuentra en estado grave, por lo aún existe algún riesgo de que no sobreviva. – Siguió el médico. – Sin embargo, las posibilidades de que se recupere son mayores. Las próximas horas serán cruciales para ver cómo evoluciona.
Las amigas y los padres de Akari no podían estar más felices. Aún existían posibilidades de que Akari no sobreviviera, pero nadie quería pensar en esas posibilidades. Todas celebraban que la vida de Akari ya no pendía de un hilo.
Cuando Azusa y Jun se lo contaron a Shinobu, a esta se le escaparon algunas lágrimas de alegría. Dos días después, por la mañana, permitieron a Shinobu salir de su habitación, aunque debería seguir en el hospital unos días más para hacerle revisiones y seguimiento para comprobar que se recuperaba correctamente, y debería llevar muletas para caminar durante unos días.
Poco después, a primera hora de la tarde, Akari pasó a estado menos grave, permitiendo visitarla. Los primeros que la visitaron fueron sus padres y Akane, que entraron juntos. Shinobu, al enterarse que podían ver a Akari, llamó a Azusa para contárselo a ella y a Jun. (Como casi siempre estaban juntas, solo llamando a una de ellas era suficiente para que se enteraran las dos. De hecho, Jun estaba al lado de Azusa cuando Shinobu la llamó, por lo que se enteraron al mismo tiempo.)
Las dos chicas fueron al hospital, a la habitación de Shinobu, y de esta a la de Akari, después de que salieran sus padres y su hermana. Aunque Azusa y Jun querían ir allí rápidamente, adaptaron su ritmo para que Shinobu pudiera seguirles el paso, debido a las muletas.
Cuando entraron, vieron que Akari tenía bastantes magulladuras, golpes y heridas, sobre todo en su cara, y seguía con algunos cables conectados a uno de sus brazos. Akari, aún con todas esas heridas, se las arregló para sonreír un poco.
–Chicas… Me alegro de veros.
Shinobu no pudo aguantarlo más, soltó sus muletas y corrió hacia Akari, a la que le agarró fuertemente las mejillas y la besó en los labios, sorprendiendo a todas, también a Akari. Cuando terminó el beso, de los ojos de Shinobu no dejaban de caer lágrimas.
–Akari-chan… Me alegro tanto que estés viva… Cuando me dijeron que estabas en estado crítico me puse a llorar… Pensar que te podría haber perdido… No sabría qué hacer sin ti…
Azusa, aún sorprendida, miró a Jun con una sonrisa forzada.
–Esto… Jun… Mejor las dejamos solas, ¿no?
–Ah, sí… Mejor… – Respondió Jun.
–No os preocupéis por nosotras, tomaos vuestro tiempo.
Dicho esto, Azusa y Jun salieron de la habitación, dejando a Shinobu roja como un tomate y sin saber qué decir. Akari soltó unas risitas.
–Me alegro de ver que estás bien, Shinobu-chan. Bueno, al menos mejor que yo.
Shinobu mostró una sonrisa triste.
–Yo sí que me alegro de que estés viva, Akari-chan. Tú eres la que me hizo superar mi timidez y abrirme a las demás. Si no fuera por ti no me habría hecho amiga de Azusa-chan y Jun-chan, y seguiría siendo la chica retraída y tímida que era antes. Si hubieras muerto… No habría podido soportarlo.
Shinobu volvió a llorar. Akari quería abrazarla, pero le dolían demasiado sus brazos para hacerlo.
–Ya está, Shinobu-chan, ya ha pasado lo peor. No voy a morir tan fácilmente. Oye, Shinobu-chan… ¿Puedes abrazarme? Me gustaría hacerlo yo, pero no puedo moverme.
Shinobu no perdió tiempo y abrazó fuertemente a Akari, haciéndole algo de daño.
–Agh… Shi-Shinobu-chan…
–¡L-Lo siento! – Dijo soltándola. – Es que… No me he podido contener…
Akari esbozó una pequeña sonrisa (no podía sonreír tanto como quería porque le dolía).
–Ne, Shinobu-chan. Tengo que decirte algo. – Dijo, extrañando un poco a la peliazul. – Cuando estaba entre la vida y la muerte… Vi a Kyouko-chan.
–¿Soñaste con ella?
Akari negó con la cabeza.
–No, no soñé con ella. Era ella. Era ella de verdad. Pude disculparme con ella y ella se disculpó conmigo por lo que me dijo. Y también me dijo que te pidiera perdón de su parte por acusarte que querer alejarme de ella. Dijo que se equivocó contigo, que eres muy buena chica, y que le hubiera gustado conocerte y ser amigas.
Shinobu, aunque no creía que hubiera podido hablar con Kyouko, no quería decirle eso. Akari se veía feliz de haber podido disculparse con ella, y decir que en realidad solo se lo imaginó para poder tener la conciencia más tranquila podría herirle. Así que decidió solo asentir.
–No me crees, ¿verdad?
–N-No es que no te crea, Akari-chan, es solo que…
–Tranquila, lo entiendo. No es algo fácil de creer. Por eso, Kyouko-chan me dijo algo que solo podía saber ella. Me dijo… Que el día del accidente se le declaró a Sugiura-senpai… Y que se besaron. – Shinobu no sabía qué decir. – Yo no sabía eso. No puede haber sido un sueño si yo no sabía eso.
Tras unos segundos, Shinobu habló.
–También podría ser… Que eso no fuera verdad.
–Lo es, Shinobu-chan. Era Kyouko-chan de verdad, estoy segura. – Shinobu no las tenía todas. – Supongo que solo habrá una forma de comprobarlo. Decirle a Sugiura-senpai lo que me dijo Kyouko-chan.
Shinobu no sabía qué decir. Tras unos segundos, al intentar moverse, se dio cuenta de que había tirado sus muletas al suelo.
–Ah… – Las dos chicas se miraron y soltaron unas pequeñas risitas. – Esto… ¡¿Azusa-chan?! ¡¿Jun-chan?! – Gritó Shinobu, no demasiado fuerte para no molestar a Akari, sin obtener respuesta. – ¿Te importa que grite un poco más fuerte?
Akari negó con la cabeza. Unos segundos después de volver a gritar, Jun abrió la puerta, acompañada por Azusa.
–Esto… ¿Nos habéis llamado? – Preguntó Jun.
Shinobu asintió.
–Es que… – Dijo mirando al suelo, donde estaban las muletas.
–Ah, cierto. – Dijo Jun, que se agachó y se las dio a Shinobu. – Aquí tienes.
–Gracias. Es que me he alegrado tanto por ver a Akari-chan que me he dejado llevar…
–Sí, ya hemos visto que te has alegrado mucho… – Dijo, haciendo sonrojar a Shinobu.
–A-Ah… E-Esto… Yo…
–Ju ju ju, no te preocupes. No diremos nada hasta que decidáis hacerlo público. – Esto no ayudó en nada a Shinobu, que seguía avergonzada. – En fin, cuando terminéis avisadnos, que hay un montón de gente que quiere hablar contigo, Akari-chan.
Eso extrañó a Akari.
–¿Un montón de gente?
–Ah, sí. Han venido tus amigas de la otra escuela.
–¡¿Han venido?! – Se sorprendió Akari. Jun y Azusa asintieron. – ¡¿E-Está Sugiura-senpai?!
–¿Quién? – Preguntó Jun.
–U-Una chica con el pelo morado.
Jun y Azusa se miraron.
–Yo no he visto a nadie así. – Dijo Azusa.
–¿No ha venido? – Preguntó Akari.
Azusa recordó.
–Ah, ahora que lo recuerdo, dijeron que una de ellas no vino. ¿Qué nombre dijeron? ¿Ayame?
–¿Ayano? – Preguntó Akari.
–Sí, eso.
–Así que no ha venido…
Azusa y Jun se miraron. La primera habló.
–Ella… Está muy afectada.
–No me extraña… – Dijo Akari. – Debe de ser muy duro perder a la chica que amaba…
Azusa y Jun se sorprendieron.
–¿Sabías eso, Akari-chan?
Al oír eso, se sorprendió Shinobu.
–¿Es cierto?
Jun respondió.
–Sí, eso dijo una chica de pelo plateado. ¿Tú lo sabías, Akari-chan?
Esta, con la sonrisa más amplia que le permitían hacer sus heridas, respondió.
–No, pero cuando estaba a punto de morir, vi a Kyouko-chan, y ella me lo dijo. – Akari miró a Shinobu. – No fue un sueño, Shinobu-chan. Fue real.
A Akari se le escaparon algunas lágrimas de alegría, y Shinobu mostró una tierna sonrisa.
–Así que era verdad…
Mientras, Jun y Azusa estaban algo confundidas.
–Esto… ¿Nos hemos perdido algo?
Tras un rato, después de salir Azusa, Jun y Shinobu, entraron a la habitación Yui y Chinatsu (decidieron que Himawari, Sakurako y Chitose entraran más tarde ya que si entraban todas juntas podrían agobiar a Akari) preocupándose al ver a Akari en ese estado.
–¡¿Akari-chan, estás bien?! – Preguntó Chinatsu.
–Chicas… Habéis venido…
–¡Claro que hemos venido! ¡¿Pretendías que nos quedáramos en casa mientras una amiga nuestra estaba al borde de la muerte?!
A Akari le emocionó que Yui y Chinatsu siguieran considerándole su amiga después de lo que les dijo.
–¿Sigo… Siendo vuestra amiga?
–¡Claro que sí!
Akari no pudo evitar llorar.
–Lo siento… Cuando os dije que no éramos amiga… Que no quería volver a veros… Lo siento…
Yui y Chinatsu mostraron una tierna sonrisa, y Chinatsu le acarició suavemente la cabeza.
–No pasa nada, Akari-chan, ya está.
Las dos chicas se quedaron un rato en la habitación para consolar a Akari, que aún se sentía culpable por lo que les dijo. Después entraron Sakurako, Himawari y Chitose. Sakurako era la que estaba más afectada, ya que sentía admiración por Akari. Himawari casi le golpea cuando esta abrazó fuertemente a Akari, de forma similar a Shinobu, haciéndole algo de daño, pero la propia Sakurako se apartó al darse cuenta de que le hacía daño a Akari.
En los días siguientes, tanto Akari como Shinobu se fueron recuperando, y Azusa y Jun las iban a ver prácticamente cada día. Shinobu pudo empezar a hacer rehabilitación pronto, y en un par de semanas ya no necesitaba las muletas para andar, aunque tenía que caminar despacio para no hacerse daño. Poco después, a Azusa le quitaron el yeso del cuello, siendo la primera de las tres que se recuperó del todo. Un par de meses después del accidente, permitieron a Akari abandonar su habitación, aunque tenía que hacerlo en silla de ruedas, ya que aún no tenía las piernas recuperadas. Shinobu, que para entonces ya se había recuperado por completo, se ofreció a llevarla.
Aunque la gran mayoría de heridas de Akari se habían curado, había algunas que hacía semanas que se mantenían igual, lo que preocupó un poco a Shinobu, que les preguntó a los médicos sobre ellas. Cuando le informaron, Shinobu fue a ver a Akari.
–Hola, Akari-chan. – Dijo la peliazul entrando en la habitación de Akari.
–Hola, Shinobu-chan. – Dijo Akari con una gran sonrisa.
Que esta sonrisa no fuera exactamente igual que como la recordaba ponía algo triste a Shinobu.
–Esto… Akari-chan, tengo algo que decirte. – Dijo Shinobu, con una expresión que preocupó un poco a Akari.
–¿Qué ocurre?
–Verás… Debido al accidente… Tu cara no ha quedado exactamente igual que antes. – Akari se asustó un poco ante eso. Al ver la expresión de Akari, Shinobu rápidamente continuó. – N-No es que estés irreconocible ni nada, solo que te han quedado unas cicatrices y te ves algo diferente…
Shinobu sentía que aquello no ayudó mucho a Akari, que seguía algo asustada. La peliazul apartó la mirada, sin saber qué más decir.
–Quiero verlo… – Shinobu miró a Akari, sorprendida. – Quiero ver mi cara. Necesito hacerlo. Cuanto antes lo haga, antes podré aceptarlo… – Dijo Akari con algo de miedo.
Shinobu asintió, y tras ayudar a Akari a sentarse en la silla de ruedas, fueron hasta el baño de esa planta, deteniéndose en la puerta.
–No creas que estás desfigurada ni nada, Akari-chan. – Dijo Shinobu. – Lo digo porque te veo muy asustada, y no es nada para ponerse así. Creo que te he asustado de más con lo que he dicho.
–N-No importa… ¿Podemos… Entrar?
Shinobu asintió. Abrió la puerta y entraron al baño, quedando frente al espejo, viéndose Akari por primera vez después del accidente. Como Shinobu le dijo, no estaba desfigurada ni nada parecido. Sin embargo, sí que tenía algunas marcas en la cara, de cicatrices que no se habían cerrado del todo bien o pequeñas partes algo "hundidas", similares a la marca de la vacuna de la viruela, pero más pequeñas, casi del tamaño de pecas. Ninguna de las marcas era demasiado visible, y dependiendo de cómo diera la luz, casi ni se veían. Lo que sí que se notaba es que su nariz parecía algo diferente. No sabía decir el qué, pero algo no era igual, y parecía que los alrededores de sus ojos estuvieran unos pocos milímetros hinchados. Todo ello, si bien no era mucho ni muy grave, sí que era suficiente como para que Akari pudiera ver que su cara era ligeramente diferente.
–¿Cómo te sientes? – Preguntó Shinobu.
–Un poco aliviada… No era tan grave como me imaginaba. Tenías razón, me lo había imaginado peor. Pero aun así… – Akari dedicó unos segundos más a mirarse. – Voy a tardar un tiempo en acostumbrarme. Shinobu-chan, ¿estarás a mi lado?
Shinobu abrazó a Akari.
–Por supuesto que sí, Akari-chan. Estaré a tu lado todo el tiempo que haga falta. Puedes contar conmigo para lo que sea. Y no me importa cómo sea tu cara, te amo por cómo eres por dentro, no por fuera. Eres una chica amable, alegre, simpática, siempre piensas en ayudar a los demás… Te seguiría queriendo sin importar cómo fuera tu cara.
A Akari se le escaparon algunas lágrimas de felicidad, y cerró sus ojos mientras dejaba que Shinobu la abrazase.
Tras hacer rehabilitación durante casi un mes, finalmente le dieron el alta a Akari. Además de Shinobu, Azusa, Jun, Akane y sus padres también estaban allí.
–Me alegro que por fin estés recuperada del todo, Akari-chan. – Dijo Jun abrazándola.
–Je je… Gracias, Jun-chan. Me alegro mucho de tener amigas como vosotras.
–¿Y ya volverás a la escuela mañana? – Preguntó Azusa. – ¿Seguro que no quieres esperarte un par de días más?
Akari negó con la cabeza.
–Tengo mucho que recuperar después de tanto tiempo. Es mejor empezar lo antes posible. Sin embargo… Hay algo que tengo que hacer antes.
Tras escuchar que llamaron al timbre, Ayano fue a abrir, encontrándose con Akari en la puerta, sorprendiéndose. Tras un par de segundos, cambió su expresión de sorpresa por una seria, casi enfadada.
–¿Qué quieres? – Preguntó seria.
–Sugiura-senpai… Sé que nada de lo que diga podrá cambiar lo que hice. Sé que no puedo hacer volver a Kyouko-chan, pero lo mínimo que puedo hacer es disculparme, así que eso es lo que quiero hacer. Lo siento. – Dijo haciendo una reverencia de 90 grados.
–¿Qué lo sientes? ¿De verdad debo creerme que lo sientes? Ni siquiera fuiste a su entierro.
–Lo sé. Y lo siento por eso. Estaba tan afectada que no pensé en eso.
Ayano se enfureció ante eso.
–¡¿Afectada?! ¡¿Afectada, tú?! ¡Yo sí que estaba afectada! ¡Y eso no me impidió ir a su entierro! Que una de tus amigas mate a otra sí que te afecta de verdad, así que no te atrevas a decirme que estabas afectada.
–No la maté, Sugiura-senpai. Fue un accidente.
–Pero tú la empujaste.
–Y precisamente por eso estaba tan afectada. Aunque fuera indirectamente, yo causé su muerte. Estaba destrozada, Sugiura-senpai. Aunque fuera sin querer, causé la muerte de una de mis amigas. ¿Cómo crees que me sentí? La culpa me estaba destruyendo por dentro. Estuve llorando durante casi tres días seguidos, encerrada en mi habitación. Si no fuera por Shinobu-chan no sé qué habría hecho. Que una de tus amigas cause la muerte de otra debe ser muy duro, pero no tiene ni punto de comparación en ser tú la que lo haga.
Ayano, aún enfadada, miraba seriamente a Akari. No quería escuchar a Akari decir que a ella le afectó más la muerte de Kyouko que a Ayano. Aunque después de oír eso le dio que pensar, aunque no cambió nada su expresión. Ayano se fijó entonces en las cicatrices de Akari.
–¿Qué te ha pasado en la cara?
–Tuve un accidente.
–¿A ti también te atropelló un coche pero sobreviviste? – Preguntó Ayano con algo de cinismo.
–No. A dos de mis amigas y a mí nos intentaron secuestrarnos para violarnos. – Eso sí que sorprendió lo suficiente a Ayano como para que cambiara su expresión. – Pero tuvimos un accidente, hiriéndolas de diferente gravedad a ellas dos y dejándome a mí al borde de la muerte. Sin embargo, si no hubiéramos tenido ese accidente, a saber qué sería de nosotras ahora. Paradójicamente, lo que casi me mata es lo que nos salvó la vida.
Ayano estuvo unos segundos sin saber qué decir. Tras un rato intentó retomar su expresión seria, aunque no era tan dura como antes.
–L-Lo siento… ¿Están bien tus amigas?
–Sí, ya se encuentran bien. Y yo también, gracias por preguntar.
Eso molestó algo a Ayano.
–L-Lo siento. No he preguntado por ti porque ya he visto que estabas bien, a parte de las cicatrices. Bueno, si no me tienes que decir nada más…
–En realidad sí. – Eso sorprendió un poco a Ayano.
–Cuando estaba en el hospital, debatiéndome entre la vida y la muerte, vi a Kyouko-chan. – Ayano se mostró algo molesta. Quería dar por zanjado ese asunto, pero parecía que Akari quería seguir hablando de ello. – Me dio un mensaje para ti.
–¿Un mensaje? – Preguntó Ayano algo extrañada.
–Dijo que no debes negarte a conocer a alguien más que te haga feliz.
Ayano, que ya se imaginaba lo que quería decir Akari, se molestó. Esperaba que Akari no siguiera por ese camino y en realidad quisiera decir algo distinto, pero no. Cada palabra que decía Akari no hacía más que reafirmar lo que Ayano sabía que diría, haciéndola enfadar cada vez más.
–Que sabe que será duro, pero que ya no va a volver. Que tienes que aceptarlo y pasar página. – A medida que Akari seguía, Ayano se iba enfadando cada vez más. – Dijo que no quiere que te niegues a conocer a alguien más por su amor a ella, pensando que si te enamoras de alguien más la estarás olvidando o siendo infiel. Sabe que la seguirás queriendo, y ella te seguirá queriendo aunque conozcas a alguien más. Que aunque le hubiera gustado ser ella quien compartiera su vida contigo, eso ya no puede ser, así que no debes negarte a conocer a alguien más. Que debes encontrar a alguien que te ame y te haga feliz. Verte feliz a ti, aunque sea con otra persona, la hará feliz a ella también.
Aquello fue demasiado para Ayano. La chica pensaba exactamente lo que Akari se imaginó que pensaría, que diciendo eso le estaba restando importancia a la muerte de Kyouko, que debía olvidarla y volver a hacer "vida normal", como si aquello no hubiera pasado. Como si Akari se estuviera expulsando responsabilidad por la muerte de Kyouko y debiera dejarla de culpar por ello, en plan "Estas cosas pasan, qué le vamos a hacer". Ayano estaba a punto de perder el control y golpear a Akari, pero esta siguió.
–Y dijo… Que aunque fue muy repentino y le sorprendió tanto que no pudo reaccionar… Nunca olvidará el beso que os disteis en la azotea de la escuela.
Aquello hizo que la expresión de Ayano cambiara por completo a una de sorpresa. Toda la rabia que sentía hacia Akari desapareció de golpe en cuando la pelirrosa dijo eso.
–Y… Que le hubiera gustado besarte más veces. Dijo que con eso me creerías. – Ayano no reaccionó. Solo se quedó mirando a Akari con la misma expresión de sorpresa. – Esto era todo lo que quería decirte. Y ahora, si me disculpas, debo irme. Tengo que pedirle perdón también a sus padres.
Dicho esto, Akari se fue, dejando a Ayano con la misma expresión de sorpresa.
Tras un rato, esta subió a su habitación, dándole vueltas a cómo podía saber Akari que se besaron.
–¿Cómo puede saberlo? Dijimos que lo mantendríamos en secreto, que no se lo diríamos a nadie. ¿Es que Kyouko se lo dijo? Pero eso fue el mismo día en que murió… Y Akaza-san quería alejarse de ella. No creo que se lo dijera. Además, no hay motivo. ¿Se lo dijo a alguna de sus amigas y tiempo después esta se lo dijo a Akaza-san? No, esto no tiene sentido. ¿Por qué iba a decírselo a alguien?
Ayano no paraba de dar vueltas sobre eso, pensando en cómo Akari podía saber que se besaron. Descartadas todas las posibilidades, solo quedaba que lo que le dijo Akari fuera cierto, que vio a Kyouko y pudo hablar con ella. Ayano no podía creerse eso, pero no había ninguna otra explicación lógica. La chica abrió la ventana y se apoyó en el marco inferior de esta.
–Kyouko… ¿De verdad… Te apareciste a Akaza-san? Eso significa… ¿Que de alguna forma sigues entre nosotras? ¿Qué no te has ido del todo? Por favor, Kyouko, si puedes oírme, mándame alguna señal. Necesito saber que de alguna forma tu alma sigue existiendo.
De pronto empezó a soplar una suave brisa, que llevó un pétalo de cerezo hasta los labios de Ayano, sorprendiendo un poco a esta, quedándose en sus labios por unos dos segundos, antes de caer.
Tras unos segundos, Ayano esbozó una tierna sonrisa.
–Ya veo… Está bien, te haré caso. No me negaré a conocer a alguien más ni seguiré atada en el pasado. No me encerraré en mí misma para impedir conocer a alguien que me haga feliz. Pero… Aunque conozca a alguien… Aunque me enamore de otra persona… Aunque forme una familia y sea feliz con otra persona… Nunca dejaré de amarte.
Había pasado un año desde la muerte de Kyouko. Akari y Shinobu se dirigían a la tumba de esta. Era la primera vez que Akari visitaba su tumba, y creyó que un año después de su muerte era el mejor momento para hacerlo. Aun así, no se atrevía a ir sola, por lo que le pidió a Shinobu, que ahora era su pareja, que la acompañara.
Aunque Akari había seguido manteniendo contacto con sus amigas de Nanamori, siguió yendo a Sakuragaoka, y quedaba más con sus amigas de esta escuela que con las de Nanamori. Alguna vez habían quedado todas juntas, y habían acordado hacerlo más veces, pero no era algo fácil de hacer. Incluso una vez coincidieron todas juntas con la amiga de primaria de Azusa y sus amigas del Club de Música, en el concierto de estas, ya que Akari les pidió a sus amigas de Nanamori que fueran, aunque no llegaron a conocerse en profundidad.
Akari depositó una ofrenda enfrente la tumba de Kyouko y encendió un incienso.
–Hola, Kyouko-chan. He pensado que hoy era el mejor momento para visitarte. Lamento no haber venido antes, pero es que no me sentía capaz de hacerlo. Si no fuera por Shinobu-chan no habría encontrado las fuerzas para hacerlo. – Dijo, tomándole de la mano. – Espero que allá donde estés seas feliz. Espero poder volver a verte dentro de mucho, mucho tiempo. – Shinobu soltó unas risitas, pues Akari le había explicado todo y sabía a qué se refería. – Miro atrás y aún no me creo que ya haya pasado un año desde que te fuiste. Y pensar que todo empezó porque os olvidasteis de decirme que iríais al nuevo centro comercial de Toyama… Nunca pensé que las cosas irían de esta forma. Pero ya no se puede hacer nada. Tanto lo que pasó contigo como lo que nos pasó a Shinobu-chan, Azusa-chan y a mí, me hizo darme cuenta de cómo puede cambiar la vida en un abrir y cerrar de ojos. Por eso, no voy a seguir lamentándome. No sabemos el tiempo que nos queda, así que voy a aprovechar al máximo mi vida, e intentar ser lo más feliz posible al lado de Shinobu-chan. Ahora es mi pareja.
Shinobu habló.
–Ho-Hola. Solo nos vimos una vez, y la verdad es que no me causaste muy buena impresión… Pero Akari-chan me contó que pudisteis hablar cuando ella estuvo a punto de morir y le pediste que me pidiera perdón de tu parte. Te perdono. – Dijo sonriendo. – A mí también me hubiera gustado conocerte y hacernos amigas. Seguro que nos habríamos llevado bien. Espero que la próxima vez que nos veamos podamos llevarnos bien. Por mi parte, intentaré hacer lo más feliz que pueda a Akari-chan. Si hoy soy quien soy y como soy es gracias a ella. Así que… Me esforzaré todo lo que pueda para hacerla feliz.
Akari miró a Shinobu, feliz, causando que esta se sonrojara y bajara la mirada, pero no dejó de sonreír.
–Kyouko-chan, me encantó ser tu amiga todos estos años. En los buenos y en los malos momentos. Y me hubiera gustado poder seguir siéndolo muchos años más. Nunca te olvidaré.
Akari miró a Shinobu y asintió, señal que ya habían acabado allí. Ambas miraron una última vez la tumba de Kyouko y se fueron de allí, dejando en la tumba de Kyouko, la ofrenda de Akari, con un papel a su lado que ponía:
"Para mi mejor amiga."
FIN
