Disclaimer: Esta historia no me pertenece. La historia, así como Hikari, Ban, y los hermanos de ambos, son de TouchofPixieDust y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.

Torturando a un hanyou

O

La venganza de una madre

—No.

Hikari se cruzó de brazos y puso expresión de amotinamiento.

—Solo es una cita.

Kagome la miró con furia. Respiró varias veces para tranquilizarse, luego se secó las lágrimas que se le estaban acumulando en los ojos.

—Mira, Hikari, no tengo una nariz sensible como la tuya y la de tu padre, e incluso desde aquí su olor es asfixiante.

Hikari se encogió de hombros.

—Hace mucho deporte.

—Echarse colonia no es lo mismo que ducharse.

—Pensaba que no debíamos juzgar a la gente por…

—SIÉNTATE.

Hikari se sentó.

—Vas a disculparte con tu «cita» por cancelarla en el último momento. Luego, te vas a ir a tu habitación y vas a esperarme.

Hikari asintió. Cuando Kagome Higurashi usaba aquel tono, era imprudente hacer nada que no fuera obedecer. Hikari fue sumisamente hasta la puerta e hizo exactamente lo que le habían hecho hacer. Shippo y Yoshio estaban esperándola en el pasillo cuando se dio la vuelta.

—Buena suerte… —susurró Shippo.

A Yoshio le tembló el labio inferior, luego estalló en lágrimas y abrazó a Hikari por la cintura.

—Lo siento —lloriqueó—. Lo siento si he estropeado la aventura.

Hikari le dio un abrazo y luego le acarició la cabeza.

—Lo hiciste bien. No podría haber pedido dos cómplices mejores. Me lo he pasado bien trabajando con vosotros. Sé valiente, pequeño, y recuérdame con cariño.

Yoshio se rio y se secó los ojos. Luego, le hizo un saludo militar. Shippo lo imitó. Hikari se enderezó y caminó por el pasillo hasta la escalera. Se sintió muy sola.

Subió lentamente las escaleras.

Cuando llegó a lo alto, miró a la izquierda, a la habitación de sus padres, la habitación de la infancia de su madre. Su nariz le dijo que su padre estaba allí. Muy lentamente, giró a la derecha y fue a su habitación. Fuera del cuarto, inhaló y exhaló antes de abrir la puerta.

Su madre hizo un silencioso asentimiento en dirección a la silla del escritorio para que se sentase. Hikari cogió la silla obedientemente y la giró hacia la cama, donde estaba sentada su madre.

Esperó.

Y esperó.

Miró a todas partes menos a su madre.

Y esperó.

Hundió las orejas y los hombros al unísono.

—¡No voy a salir con nadie que no sea Ban pero quería mostrarle a papi que hay personas peores ahí fuera que un demonio lobo y ninguno de ellos creyó por un segundo que estuviéramos saliendo así que no engañé a nadie el chico de hoy pensaba que solo íbamos a ir a jugar a la pelota con otras personas más no para de llamarme Hikaru así que ni siquiera se sabe mi nombre de verdad pero no pasa nada porque yo tampoco es que me acuerde de su nombre estoy bastante segura de que en realidad no le he mentido a nadie porque tuve mucho cuidado de no decir ninguna mentira aunque sí admito que puedo haberos hecho pensar que estaba teniendo citas pero esa era un poco la intención porque amo a Ban y no puedo imaginarme mi vida sin él y Shippo y yo pensamos que tal vez la mejor forma de decírselo a papi era MOSTRÁNDOLE que hay hombres que son mucho peores para mí aunque Ban en ningún sentido es peor porque yo creo que es perfecto y él piensa que yo soy perfecta y nos hemos visto en nuestros peores momentos y yo siempre he sabido toda mi vida que él está destinado a estar conmigo y yo estoy destinada a estar con él y es que mmfff!

Kagome mantuvo los dedos sobre la boca de Hikari para detener el flujo de palabras.

—Respira —le dijo su madre.

Hikari respiró hondo. Luego, se sonrojó. ¡HABÍA CAÍDO EN LA TRAMPA! ¡Había caído de principio a fin ante las tácticas de silencio de su madre!

—Entiendo por qué escogiste esta forma tan rara de expresar tus ideas.

—¿Me vas a ayudar? —preguntó Hikari esperanzadamente, irguiendo las orejas.

—Sí.

Hikari se levantó de un salto y chilló.

—Pero no de la forma que crees.

Hikari volvió a sentarse lentamente.

—No voy a ayudarte a engañar a tu padre, el hombre que te ama con cada fibra de su ser y que piensa que eres la criatura más perfecta que existe.

A Hikari se le desplomó todo el cuerpo. Se mordió el labio mientras la culpa empezaba a abrumarla. Jugueteó con el dobladillo de su camiseta, incapaz de mirar a su madre.

—Te ayudaré a hacer lo correcto. Y estaré a tu lado mientras le cuentas a tu padre todo lo que acabas de contarme a mí. —Kagome se quedó pensativa un momento—. Pero con más puntuación. Y respira de vez en cuando.

Con eso, Kagome le dio un beso en la cabeza a su hija y salió de la habitación, dejando la puerta abierta.

Hikari se rodeó el torso con los brazos. Aunque puede que no les hubiera estado MINTIENDO técnicamente a sus padres… SÍ los había engañado intencionalmente. Y sentía como si cada uno de aquellos trucos hubiera sido una mentira. Sus padres la querían de verdad. Su padre de verdad pensaba que ella había colgado la luna en el cielo. ¡Y les había MENTIDO! ¿Cómo había podido hacerlo? Siempre había podido hablar con ellos cuando pensaba que no estaban siendo razonables. ¡Su papi estaría tan dolido! ¡Le había hecho daño! ¿Qué clase de monstruo era?

El suelo crujió y giró la cabeza para ver a su ligeramente confundido padre llenando la entrada.

Hikari estalló en lágrimas y voló a sus brazos.

—¡Lo siento lo siento tanto no pretendía mentir lo siento no pretendía hacerte daño me siento tan mal y lo siento tanto por favor perdóname lo siento!

Inuyasha le acarició la espalda a su hija mientras ella sollozaba contra su pecho, luego se giró hacia su compañera.

—… ¿Qué pasa?

Hikari retrocedió unos pasos sollozando, con hipo y mientras se sorbía la nariz.

—Tenemos… tenemos que hablar…

Inuyasha entrecerró sus ojos dorados y adoptó un brillo rojizo. Su mano fue a su espada mientras inspeccionaba la zona y empezaba a olfatear el aire. La pose de batalla sobresaltó a Hikari y dejó de llorar.

—¡Espera! No. Tengo que disculparme.

Tras un par de minutos inspeccionando la zona, por si acaso, Inuyasha guardó su espada y se giró para mirar a su hija.

—¿Disculparte?

Hikari respiró hondo.

—Recuerda detenerte cuando termines una frase —susurró Kagome alentadoramente.

Hikari soltó el aire. Casi sonrió.

—Os he estado engañando a los dos y lo siento de verdad. —Hikari hizo una reverencia y se quedó en aquella posición mientras continuaba—: No he estado saliendo con ninguno de estos chicos. Estaba intentando haceros pensar que salía con chicos que eran… personas con las que no os gustaría que saliese. Lamento el engaño. —Entonces volvió a incorporarse, su columna recta mientras miraba a su padre a los ojos—. Pero NO lamento la razón por la que lo hice.

Inuyasha se cruzó de brazos y fijó la mirada en Hikari. Kagome asintió para que continuase.

—He amado a Ban desde que tengo memoria. Es mi alma gemela. Él es mío y yo soy suya. Quería mostraros que, aunque podáis oponeros a Ban, hay muchos hombres ahí fuera que serían mucho peores para mí como compañeros. Y él ES, o será, mi compañero.

Hikari esperó la explosión con la barbilla en alto.

Lo que no se esperaba fue una palmadita en la cabeza.

—Cariño, sabía que no estabas interesada en ninguno de esos tipos.

—Qu… ¿qué? —Hikari miró a su muy entretenida madre.

—Incluso yo sabía que no estabas interesada. —Kagome sonrió mientras se daba toquecitos en la nariz—. Y ni siquiera tengo sentidos mejorados.

—Pero… entonces, por qué… pero estabais tan enfadados…

Inuyasha se hundió.

—Esperaba que este día no llegase nunca. —Miró a su compañera con pena. Luego enderezó los hombros y miró a su hija. Su mirada, no obstante, estaba clavada en la pared y no en Hikari—. Cuando un hombre y una mujer se aman y planean convertirse en compañeros de vida, van a querer mostrarse… mostrarse… no puedo hacerlo… Kagomeeeee…

Hikari ladeó la cabeza.

—Me estás… ¿me estás dando la charla?

Kagome tenía las manos sobre la boca y le temblaban los hombros.

—No, no, cariño, sigue. Lo estás haciendo genial —animó a su quejumbroso compañero.

A Hikari se le pusieron los pelos de punta y retrocedió contra la pared. Tenía los ojos abiertos con horror mientras hacía un sonido chirriante.

—¡No! —Movió las manos frenéticamente delante de ella para prevenir cualesquiera palabras que fueran a ir en su dirección—. ¡Por favor, no!

Inuyasha, con las orejas inclinadas, volvió a enderezarse. Esta vez sí miró a Hikari. Su mirada estaba llena de tristeza.

—Feh. No puedo confiar en que te proteja. No puedo confiar en que te mantenga a salvo. No puedo confiar en él para que sea tu compañero.

—Papi… lo amo.

—Lo sé.

—Y él me ama a mí.

—Lo sé.

Hikari vio la lucha que estaba intentando vencer y su corazón desbordó compasión. Fue hasta su padre y le dio un abrazo.

—Siempre seré tu pequeña.

Inuyasha la cogió en brazos y la sostuvo contra él.

—Pero no soy UNA niña pequeña…

Con un pesado suspiro, Inuyasha volvió a dejarla en el suelo.

—Lo sé. Es que… es que todavía no estoy listo.

—No estás perdiendo una hija —dijo Hikari mientras se mecía sobre sus talones. Luego, miró a su madre y se esforzó mucho por no sonreír—… Estás ganando un hijo demonio lobo…

Inuyasha gruñó y maldijo mientras su compañera y su cachorra se reían de él. Se tiró en el suelo gruñendo y se sentó de mal humor. Kagome se sentó a su lado, apoyó la cabeza en su hombro y le dio una palmadita en la rodilla, él no pudo evitar relajarse.

—Él no puede protegerte. Es demasiado… demasiado… gentil.

Hikari se sentó delante de su padre.

—Es más fuerte de lo que crees. Lo necesito. Es la otra mitad de mi alma. —Se echó hacia delante y apoyó la mano en su otra rodilla—. Pero no necesito que él me proteja, papi. Puedo protegerme sola. Me enseñaste a protegerme sola. Me enseñaste a ser fuerte. Me enseñaste a proteger a los demás. Lo que quiero… lo que necesito… es a alguien que me ame. De la forma en que tú amas a mamá.

—¿TENÍA que ser el hijo de Kouga…?


Ban le dio un beso a Hikari en la mejilla.

—Me alegro de que haya terminado. Fue horrible. Siempre olías a otros hombres y me estaba volviendo loco.

—Ah, pero si siempre estuviste loco.

—¡Hikari!

—Un poco —enmendó—. Un poco loco.

—Entonces, tu padre dijo que podemos…

—¡SALIR! —gritó Inuyasha desde la entrada de su cabaña en el pasado—. ¡PUEDES CORTEJARLA! PERO ¡HAY REGLAS, LOBATO! NADA DE TOCARSE.

Hikari repitió:

—Podemos salir. Pero hay reglas.

—Reglas —se quejó Ban.

—Mmmm… —Hikari miró hacia un árbol a su derecha—. Sí… dijo que ambos tendríais una «discusión» antes de que tenga lugar el cortejo.

—¿¡DISCUSIÓN!? —A Ban se le quebró la voz. Luego susurró—: ¿Voy a morir?

Hikari se rio, luego le dio a su Ban un rápido beso en la barbilla.

—Sobrevivirás. Pero… para ti… —Miró hacia la entrada, luego saludó a su padre con su mano derecha mientras le deslizaba a Ban un trozo de papel con la izquierda—. Buenas noches —dijo mientras retrocedía hacia la puerta.

Vio que Ban la miraba con tristeza, luego que bajaba la mirada a la imagen que sostenía. Volvió a mirar, luego hizo un sonido estrangulado y cada pelo, incluidos cada uno de los de su cola, se le puso de punta. Puede que se hubiera quedado un poco confuso un momento.

—¿QUÉ LLEVAS PUESTO?

—O no puesto —bromeó mientras desaparecía dentro de la cabaña—. Etna —le dijo a su padre mientras él la miraba con furia.

—¡Reglas para ti también!

Hikari sonrió.

Puede que no fuera el final perfecto, pero era lo suficientemente perfecto para ella.


Nota de la traductora: ¡Llegamos al final! Quiero dar muchísimo las gracias a quienes habéis dejado comentarios y habéis puesto la historia en favoritos y alertas, es la razón por la que sigo traduciendo.

Nos quedan dos one-shots sobre Hikari y uno de ellos es una historia navideña. El primero espero subirlo la semana que viene, pero el de temática navideña todavía no he podido traducirlo, así que no sé muy bien cuándo saldrá, pero espero que lo disfrutéis mucho cuando lo publique.

¡Hasta pronto!