Disclaimer: Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto y la historia pertenece a Jessica Sorensen.

Advertencia: Contenido fuerte, recomendado para mayores de 17 años debido a las situaciones sexuales y el lenguaje.

Prólogo

SAKURA

La vida está llena de suerte, como obtener una buena mano en las cartas, o simplemente estar en el lugar correcto en el momento adecuado. A algunas personas la suerte les entrega

una segunda oportunidad. Puede suceder heroicamente, o sólo por una coincidencia, pero hay quienes no obtienen la suerte en un plato brillante, quienes terminan en el lugar equivocado en el momento equivocado, quienes no son salvados.

—Sakura, ¿estás escuchando? —pregunta mamá mientras aparca el coche en el camino de entrada.

No contesto, veo las hojas revolotear en el viento a través del jardín y hacia el capó del coche, donde la brisa las obliga a ir. No tienen control sobre su camino en la vida. Tengo ganas de saltar, agarrarlas todas y apretarlas en mi mano, pero eso significaría salir del auto.

—¿Qué te pasa esta noche? —continúa, revisando sus mensajes telefónicos—. Sólo ve adentro y trae a tu hermano.

Alejo mi mirada de las hojas y la centro en ella. —Por favor, no me hagas hacer esto, mamá. —Mi mano sudada aprieta la manilla de la puerta de metal y hay nudos masivos en mi garganta—. ¿No puedes ir a buscarlo tú?

—No tengo ningún deseo de ir a una fiesta con un grupo de chicos de escuela secundaria, y no estoy realmente de humor para charlar con Mikoto justo ahora, para que pueda presumir sobre Sasuke obteniendo una beca —responde mi madre, señalándome con su cuidada mano—. Ahora ve a buscar a tu hermano y dile que tiene que volver a casa.

Mis hombros se encorvan cuando empujo la puerta abierta y camino por el sendero de grava hacia la mansión de dos pisos con persianas verdes y un techo empinado — Dos días más, dos días más — canto en voz baja con las manos apretadas en puños mientras me abro paso entre los vehículos—. Sólo dos días más y estaré en la universidad, y nada de esto importará.

Las luces iluminan a través de las ventanas contra el cielo gris y una bandera de felicitación cuelga sobre la entrada del pórtico, decorado con globos. A los Uchihas siempre les gusta montar un espectáculo, por cualquier motivo que se les ocurra, cumpleaños, fiestas, graduaciones. Parecen como la familia perfecta, pero yo no creo en la perfección.

Esta fiesta es para celebrar la graduación de su hijo más joven, Sasuke y su beca de fútbol americano de la Universidad de Wyoming. No tengo nada en contra de los Uchihas. Mi familia ha cenado en su casa de vez en cuando, y ellos han asistido a las barbacoas en nuestro hogar. Simplemente no me gustan las fiestas, ni he sido acogida en una, por lo menos desde el sexto grado.

Cuando me acerco rodeando el pórtico, Ino Yamanaka se balancea con un vaso en la mano. Su pelo rubio rizado brilla en la luz del pórtico mientras sus ojos apuntan a mí y una sonrisa maliciosa se curva en sus labios.

Evado el camino directo a las escaleras y me desvío casa antes de que pueda insultarme. El sol está bajando por debajo de la línea de las montañas que encierran la ciudad y las estrellas brillan en el cielo como libélulas. Es difícil ver una vez que las luces del pórtico se desvanecen y mi zapato se encuentra con algo afilado. Me caigo y mis palmas se abren contra la grava. Las lesiones en el exterior son fáciles de soportar, y me levanto sin dudarlo.

Me quito las piedras de las manos, haciendo una mueca ante la quemadura de los arañazos mientras doy la vuelta a la esquina del patio trasero.

—No me importa lo que tratabas de hacer —dice una voz masculina a través de la oscuridad—. Eres un desastre. Una maldita decepción.

Me detengo en el borde de la hierba. Cerca de la valla trasera hay una casilla de ladrillo junto a la piscina, donde dos figuras se destacan en la luz tenue. Uno es más alto, con la cabeza gacha y los hombros anchos inclinados. El más bajo tiene una panza de cerveza, calvo, y está de pie frente al otro con los puños por delante. Escudriñando a través de la oscuridad, me doy cuenta de que el más bajo es el señor Uchiha y el más alto es Sasuke Uchiha. La situación es sorprendente, ya que Sasuke tiene mucha confianza y nunca ha sido objetivo de los brabucones.

—Lo siento —murmura Sasuke con un temblor en su voz mientras abraza su mano contra su pecho—. Fue un accidente, señor. No voy a hacerlo de nuevo.

Echo un vistazo a la puerta de atrás abierta donde las luces están encendidas, la música es fuerte, y la gente está bailando, gritando, y riendo. Los vasos tintinean juntos y puedo sentir la tensión sexual embotellada en la sala, todo el camino hasta aquí. Estos son los tipos de lugares que evito a toda costa, porque no puedo respirar muy bien en ellos. Me muevo hasta el Último escalón tentativamente, con la esperanza de desaparecer inadvertida entre la multitud, encontrar a mi hermano, y largarnos de aquí.

—¡No me digas que fue un accidente! —Las voces se alzan, ardiendo de rabia incomprensible. Hay una fuerte explosión y luego un crujido, como cuando dos huesos se rompen en pedazos.

Instintivamente me giro justo a tiempo para ver al señor Uchiha aplastar su puño en la cara de Sasuke. El sonido hace que mi estómago se revuelva. Se oye una y otra vez, sin detenerse, incluso cuando Sasuke cae al suelo. —Los mentirosos son castigados, Sasuke.

Espero a que Sasuke vuelva a levantarse, pero se queda inmóvil sin siquiera molestarse en cubrirse el rostro con los brazos. Su padre le da una patada en el estómago, en la cara, sus movimientos más duros, sin mostrar NINGÚN signo de terminar pronto.

Reacciono sin pensar, el deseo de salvarlo quema con tanta fuerza que desvanece todas las dudas de mi mente. Corro a través de la hierba y entre las hojas agitadas por el aire sin ningún otro plan más que interrumpir. Al llegar a ellos, estoy temblando y al borde del shock mientras me doy cuenta de que la situación es más grande de lo que mi mente originalmente captó.

Los nudillos del señor Uchiha están cortados y goteando sangre sobre el cemento frente a la casilla de la piscina. Sasukw está en el suelo, su pómulo abierto como una grieta en la corteza de un árbol. Su ojo está cerrado por la hinchazón, su labio roto, y hay sangre por toda su cara. Sus ojos se mueven a mí y yo rápidamente apunto por encima del hombro con un dedo muy inestable. —Hay alguien buscándolo en la cocina —le digo al Sr. Uchiha, agradecida de que, por una vez, mí voz es estable—. Necesitan ayuda con algo... No puedo recordar qué.

Su aguda mirada penetra en mi y yo me encojo de nuevo, sintiendo la ira y la impotencia de sus ojos, como si su rabia lo controlara. —¿Quién diablos eres tú?

—Sakura Haruno —digo en voz baja, notando el olor a alcohol en su aliento.

Su mirada se desplaza desde mis zapatos usados a mi chaqueta negra con hebillas, y finalmente aterriza en mi cabello que apenas me llega a la barbilla. Me veo como una persona sin hogar, pero ese es el punto. Quiero pasar desapercibida.

—Oh, sí, eres la hija de entrenador Haruno. No te reconocí en la oscuridad —baja la mirada, a la sangre en sus nudillos y luego hacia mí—. Escucha, Sakura, no quería que esto sucediera. Fue un accidente.

No funciono bien bajo presión, así que me quedo inmóvil, escuchando los latidos de mi corazón dentro de mi pecho. —Está bien.

—Tengo que ir a limpiar —murmura. Su mirada se queda en mí por un breve momento antes de que pise fuerte la hierba hacia la puerta de atrás, manteniendo su mano herida a su lado.

Me concentro de nuevo en Sasuke, soltando un aliento atrapado en mi pecho. —¿Estás bien?

Él pone su mano sobre sus ojos, mirando fijamente a sus zapatos, y manteniendo su otra mano sobre su pecho, pareciendo débil, vulnerable, y perplejo. Por un segundo, me imagino a mi misma en el suelo con contusiones y cortes que sólo pueden ser vistas desde el interior.

—Estoy bien. —Su voz es áspera, así que me dirijo hacia la casa, lista para huir—. ¿Por qué hiciste eso? —dice en voz alta a través de la oscuridad.

Me detengo en la línea de la hierba y vuelvo a mirarlo a los ojos. — Hice lo que cualquiera hubiera hecho.

La ceja por encima de su ojo bueno desciende. —No, no lo hiciste.

Sasuke y yo hemos ido a la escuela juntos desde que estábamos en jardín de infantes. Lamentablemente, esta es la conversación más larga que hemos tenido desde aproximadamente el sexto grado, cuando empecé a ser considerada el bicho raro de clase. A mediados de año, me presenté en la escuela con otro corte de pelo y usando ropas que casi me ensombrecían. Después de eso, perdí a todos mis amigos. Aun cuando nuestras familias solían cenar juntas, Sasuke fingía no conocerme.

—Hiciste lo que casi nadie habría hecho— Bajando la mano de su ojo, se tambalea sobre sus pies y se incorpora, estirando las piernas. Él es el tipo de chico con el que las chicas se obsesionan, incluyéndome, cuando yo veía a los chicos como otra cosa que no fuera una amenaza. Su cabello negro azabache se enrula en las orejas y el cuello, su sonrisa perfecta es un caos sangriento, y sólo uno de sus ojos oscuro es visible—. No entiendo por qué lo hiciste.

Me rasco la frente, mi hábito nervioso cuando alguien me está observando. —Bueno, no podía quedarme simplemente allí de pie. Nunca hubiese sido capaz de perdonarme si lo hubiera hecho.

La luz de la casa hace hincapié en la gravedad de sus heridas y hay sangre salpicada por todas partes de su camisa. —No puedes contarle a nadie sobre esto, ¿de acuerdo? Ha estado bebiendo... y pasando por algunas cosas. No es él mismo esta noche.

Me muerdo en el labio, sin saber si creerle o no. —Tal vez deberías decirle a alguien... como a tu madre.

Me mira como si yo fuera una niña pequeña, incompetente. —No hay nada que contar.

Observo su rostro hinchado, sus rasgos normalmente perfectos ahora distorsionados. —Está bien, si eso es lo que quieres.

—Es lo que quiero —dice con desdén y me pongo a caminar—. Oye, Sakura. Es Sakura, ¿verdad? ¿Me haces un favor?

Me asomo por encima de mi hombro. —Seguro. ¿Qué?

—En el baño de abajo hay un botiquín de primeros auxilios, y en el congelador hay una bolsa de hielo. ¿Quieres ir a buscarlos por mí? No quiero entrar hasta que me haya limpiado.

Estoy desesperada por irme, pero la Súplica en su voz me domina. — Sí, puedo hacer eso.

Lo dejo cerca de la casilla de la piscina para entrar en la atmósfera tan concurrida que hace que sea difícil respirar. Metiendo mis codos y esperando que nadie me toque, hago mi camino a través de la gente.

Mikoto Uchiha, la mamá de Sasuke, está conversando con algunas de las otras madres en la mesa y mueve su mano hacia mí, sus pulseras de oro y plata sonando juntas. —Oh, Sakura, ¿tu mamá está aquí, cariño? — Tiene dificultades para hablar y ni siquiera hay una botella vacía de vino frente a ella.

—Está en el coche— digo en voz alta sobre la música mientras alguien choca con mi hombro y endurezco los musculos—. Ella estaba hablando por teléfono con mi padre y me ha enviado para encontrar a mi hermano. ¿Lo has visto?

—Lo siento, cariño, no lo he visto. —Señala con su mano alrededor—.

Hay tanta gente aquí.

Le doy un pequeño movimiento de mano. —De acuerdo, bueno, voy a ir a buscarlo.

Mientras me alejo, me pregunto si ha visto a su marido y si ella va a cuestionar el corte de su mano. En la sala de estar, mi hermano, Gaara, está sentado en el sofá, hablando con su mejor amigo, Orochimaru. Me congelo cerca del umbral, fuera de su vista. Siguen riendo y charlando, bebiendo sus cervezas, como si nada importara. Desprecio a mi hermano por reírse, por estar aquí, por hacer que tenga que ir a decirle que mamá lo está esperando en el coche.

Empiezo a caminar hacia él, pero no puedo poner mis pies en movimiento. Sé que tengo que acabar de una vez, pero hay gente besuqueándose en las esquinas y bailando en medio de la habitación, y

eso me hace sentir incómoda. No puedo respirar. No puedo respirar. Mueve los pies, muévelos.

Alguien corre hacia mí y casi me tira al suelo.

—Lo siento —Se disculpa una voz profunda.

Me apoyo en el marco de la puerta y rompo el trance. Corro por el pasillo sin molestarme en ver quién corre hacia mí. Tengo que salir de este lugar y respirar de nuevo.

Después de recoger el botiquín del armario inferior y la bolsa de hielo en el congelador, tomo el camino largo de la casa, pasando desapercibida por la puerta lateral. Sasuke ya no está fuera, pero la luz interior de la casilla junto a la piscina se filtra desde las ventanas. Vacilante, empujo la puerta y meto la cabeza en la habitación poco iluminada. —Hola.

Sasuke sale de la trastienda sin camisa y una toalla pegada al rostro, que se ve de un color rojo brillante y con bultos.

—Hola, ¿conseguiste las cosas?

Me deslizo en la habitación y cierro la puerta detrás de mí. Le extiendo el botiquín y la bolsa de hielo, con la cabeza vuelta hacia la puerta para evitar mirarlo. Su pecho desnudo, y la forma en que sus pantalones vaqueros cuelgan bajo sus caderas, me sofoca con inquietud.

—No muerdo, Sakura. —Su tono es neutral al tomar el botiquín y la bolsa—. No tienes que mirar a la pared.

Obligo a mis ojos a observarlo y es difícil no notar las cicatrices que cruzan a lo largo de su estómago y pecho. Las líneas verticales que corren por sus antebrazos son las más preocupantes, gruesas e irregulares, como si alguien las hubiera hecho con una navaja de afeitar. Me gustaría poder pasar mis dedos por ellas y eliminar el dolor y los recuerdos que están unidos a ellas.

Rápidamente baja la toalla para cubrirse, y destellos confusión surgen de su ojo bueno mientras nos miramos el uno al otro. Mi corazón vibra dentro de mi pecho. Un momento pasa, como un chasquido de un dedo, sin embargo, parece no terminar nunca.

Él parpadea, presiona el paquete en su ojo inflamado, y equilibra el botiquín sobre el borde de la mesa de billar. Sus dedos se estremecen mientras saca su mano de nuevo y cada nudillo está en carne viva.

—¿Puedes sacar una gasa por mí? Mi mano duele un poco.

Mientras mis dedos levantan el pestillo, mi uña se engancha en la ranura y se rompe hacia atrás. La sangre sale mientras abro la tapa para tomar la gasa. —Es posible que necesites puntos de sutura en ese corte debajo del ojo. Se ve mal.

Se frota el corte con la toalla, haciendo una mueca de dolor. —Va a estar bien. Sólo tengo que limpiarlo y lograr cubrirlo.

«Agua muy caliente corre por mi cuerpo, quemando mi piel con marcas rojas y ampollas. Sólo quiero sentirme limpia de nuevo» Tomo su toalla Húmeda, con cuidado de no tocarlo, y me inclino hacia adelante

para examinar la lesión, que es tan profunda que el músculo y el tejido se están mostrando.

—Realmente necesitas puntos. —Chupo la sangre de mi dedo pulgar—. O vas a tener una cicatriz.

Las comisuras de sus labios se curvan hacia arriba en una sonrisa triste. —Puedo manejar las cicatrices, especialmente las que están en el exterior.

Entiendo lo que quiere decir desde lo más profundo de mi corazón.

—En serio, creo que debes hacer que tu mamá te lleve al médico y entonces puedes decirle lo que pasó.

Comienza a desenrollar una pequeña sección de gasa, pero accidentalmente la deja caer al suelo.

—Eso nunca va a suceder e incluso si lo hiciera, no tendría importancia. Nada de esto la tiene.

Con dedos temblorosos, recojo la gasa y la desenredo alrededor de mi mano. Desgarrando el final, tomo la cinta adhesiva del botiquín. A continuación, exprimiendo cada último pensamiento aterrorizado de mi mente, llego hacia su mejilla. Permanece muy quieto, abrazando su dolorida mano contra su pecho mientras pongo la gasa sobre la herida. Sus ojos se quedan en mí, con el ceño fruncido, y apenas respira cuando dejo la cinta adhesiva en su lugar.

Me retiro y un suspiro sale de mis labios. Él es la primera persona que he tocado intencionalmente, fuera de mi familia, en los últimos seis años. — Todavía considero que es mejor los puntos.

Él cierra el botiquín y seca una gota de sangre de la tapa. —¿Has visto a mi padre adentro?

—No. —Mi teléfono suena desde mi bolsillo y leo mensaje de texto—. Me tengo que ir. Mi mamá está esperando en el coche. ¿Seguro de que vas a estar bien?

—Voy a estar bien. —No levanta la vista hacia mí mientras toma la toalla y se dirige hacia el cuarto de atrás—. De acuerdo, te veré después supongo.

No, no lo harás. Poniendo el teléfono en mi bolsillo, salgo por la puerta. —Sí, supongo que te veré después.

—Gracias —añade instantáneamente.

Hago una pausa con la mano en el picaporte. Me siento muy mal por dejarlo, pero soy demasiado cobarde para quedarme. —¿Por qué?

Delibera durante una eternidad y luego exhala un suspiro. —Por traerme el botiquín y la bolsa de hielo.

—De nada.

Salgo por la puerta con una sensación de pesadez en mi corazón mientras otro secreto cae encima de él. A medida que el camino de grava está a la vista, mi teléfono suena desde el interior de mi bolsillo.

—Estoy como a dos metros de distancia —le respondo.

—Tu hermano está aquí y tiene que llegar a casa. Tiene que estar en el aeropuerto en ocho horas. —El tono de mi madre es ansioso.

Aumento mi ritmo —lo siento, me desvié… pero tú me has enviado para llevarlo.

—Bueno, él respondió por mensaje, ahora vamos —dice frenéticamente—. Tiene que descansar un poco.

—Estaré allí como en treinta segundos, mamá. Cuelgo a tiempo que salgo al patio delantero.

Ino, la novia de Sasuke, está en el pórtico delantero, comiendo una rebanada de pastel mientras charla con Orochimaru. Mis entrañas se anudan al instante, mis hombros se encojen, y me escondo en las sombras de los árboles, esperando que no me vean.

—Oh Dios mío, ¿es esa Sakura Haruno? —dice Ino, protegiéndose los ojos con la mano y entrecerrándolos en mi dirección—. ¿Qué diablos estás haciendo aquí? ¿No deberías estar pasando el rato en el cementerio o algo así?

Meto la barbilla hacia abajo y aumento el ritmo, tropezando con una gran roca. Un pie delante del otro.

—¿O simplemente estás huyendo del pedazo de pastel que tengo?—grita con una risa en su tono—. ¿Cuál es Sakura? Vamos, dime.

—Basta ya —advierte Orochimaru con una sonrisa en su rostro mientras se inclina sobre la barandilla, con los ojos tan negros como la noche—. Estoy seguro de que Sakura tiene sus razones para huir.

La insinuación en su voz manda a mi corazón y a mis piernas a huir. Corro hacia la oscuridad de la calzada con el sonido de sus risas golpeando mi espalda.

—¿Cuál es tu problema? —pregunta mi hermano cuando cierro la puerta del coche y abrocho mi cinturón de seguridad, jadeando y poniendo mis cortos mechones de pelo de nuevo en su lugar—. ¿Por qué corres?

—Mamá me dijo que me diera prisa. —Fijo mis ojos en mi regazo.

—A veces me preocupo por ti, Sakura. —Reorganiza su cabello pelirrojo en su lugar y se desploma de nuevo en el asiento—. Es como si a propósito quieres que la gente crea que eres un bicho raro.

—No soy un tipo de veinticuatro años de edad que pasa el rato en una fiesta de secundaria —le recuerdo.

Mamá entrecierra sus ojos hacia mí. —Sakura, no empieces. Sabes que el señor Uchiha, invitó a tu hermano a la fiesta, al igual que a ti.

Mi madre se desvia de nuevo a Sasuke, con el rostro golpeado y magullado. Me siento muy mal por haberlo dejado y casi le digo a mi mamá lo que pasó, pero luego echo un vistazo a Orochimaru y a Ino en el pórtico, mirándonos retroceder, y recuerdo que a veces los secretos deben ser llevados a la tumba. Además, mi madre nunca ha querido oír hablar de las cosas feas del mundo.

—Tengo sólo veintitrés años. No cumplo veinticuatro hasta el próximo mes. —Mi hermano interrumpe mis pensamientos—. Y ellos ya no están en la escuela secundaria, así que cállate la boca.

—Sé la edad que tienes —digo—. Y no estoy en la escuela secundaria tampoco.

—No tienes que sonar tan feliz por eso. —Mamá hace una mueca mientras gira el volante para salir a la calle. Arrugas llenan la piel alrededor de sus ojos color avellana cuando trata de no llorar—. Vamos a extrañarte y me gustaría que reconsideres esperar hasta el otoño para ir a la universidad. Laramie está a casi seis horas de distancia, cariño. Va a ser muy duro estar tan lejos de ti.

Me quedo mirando el camino que se extiende a través de los árboles y sobre las colinas de poca altura. —Mamá. Lo siento, pero ya estoy inscripta. Además, no tiene sentido quedarme aquí durante el verano, sólo para sentarme en mi habitación.

—Siempre puedes conseguir un trabajo —sugiere—. Al igual que tu hermano lo hace cada verano. De esa manera, puedes pasar algún tiempo con él, y Orochimaru se va a quedar con nosotros.

Cada músculo de mi cuerpo se enrolla como una cuerda de nudos y tengo que forzar el oxígeno en mis pulmones. —Mamá. Lo siento, pero estoy lista para estar sola.

Estoy más que lista. Estoy harta de las tristes miradas que siempre me da porque ella no entiende nada de lo que hago. Estoy cansada de querer contarle lo sucedido, pero sabiendo que no puedo. Estoy dispuesta a vivir por mi cuenta, lejos de las pesadillas que atormentan mi habitación, mi vida, y mi mundo entero.