Disclaimer: Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto y la historia pertenece a Jessica Sorensen.
Advertencia: Contenido fuerte, recomendado para mayores de 17 años debido a las situaciones sexuales y el lenguaje.
CAPITULO 11
#3 Haz por una vez lo que te dé la gana hacer en vez de pensar lo que debes hacer
SAKURA
Estoy evitándole. Me dije mil veces que él no había hecho nada malo, pero soy "inestable", como tan gratamente me dijo Sai durante la clase de historia. También me dijo que corté los lazos con Sasuke porque cuando se fue, se llevó un poco de mi "confianza" con él.
—¿Por qué sigues haciendo comillas en el aire? —pregunto, cogiendo mi bolso del suelo.
El Profesor Sarutobi nos echa un vistazo desde el frente de la clase y luego continúa con su discurso, paseando por la clase con las manos detrás de su espalda.
Sai se inclina sobre la mesa y susurra:
—Porque estoy citando lo que dice en mí libro de psicología.
—¿Tu libro de psicología habla de mi problema? —Pongo mi mochila en el escritorio y abro la cremallera.
—No específicamente, pero anda cerca. —Se mete la punta de su pluma en la boca mientras vuelve a enderezar en su silla.
Dejo caer mis libros en mi bolso y para el momento en que termino de guardarlos, la clase está saliendo. Esperamos hasta que el aula casi se ha desocupado antes de bajar las escaleras.
El profesor Sarutobi, un hombre alto con pelo canoso y gafas de gruesa montura, nos espera en la puerta.
—Mi clase no es para charlar —dice—. Si quieren hablar, les sugiero entonces que permanezcan fuera de mi clase.
—Lo sentimos —dice Sai y pone los ojos en blanco—. No volverá a suceder.
Caminamos por el pasillo lleno. Afuera de las ventanas, el estadio de fútbol se extiende en la distancia y los destellos metálicos en la luz del sol.
—¿Estás pensando en él? —pregunta Sai.
Aparto la mirada de la ventana y la dirijo hacia un grupo de chicos que ocupan la mitad del pasillo.
—¿Pensar en quién?
Ladea la cabeza a un lado con una arruga en la frente.
—Sakura, necesitas u olvidarte de él o hablar con él. No puedes seguir evitándolo y al mismo tiempo deseándolo.
—Yo no lo deseo. —Miento y cuando frunce el ceño, suspiro—. Está bien, está bien. Sí, pienso en él. Mucho. Pero lo superaré. Dios sabe que apenas lo conozco.
—Aunque han compartido mucho —dice, y presiona su mano sobre la puerta para empujarla—. Lo salvaste. Fue el primer tipo en el que confiaste. Te dio tu primer beso de verdad.
—Confié en ti primero. —Hurgo en el bolso por mi chicle mientras la brisa se mete con mi pelo.
—No es lo mismo. —Suelta la puerta y se cierra con un clic—. Yo soy un amigo. Sasuke es algo más que eso.
—No sé si eso es cierto. —Saco el paquete de chicles y me meto uno en la boca—. No sé qué siento por él ni si es bueno o malo. De hecho, a veces me siento como una niña asustada que no sabe qué hacer con nada.
Me mira con compasión a medida que deambulamos por debajo de un dosel de ramas desnudas con la luz del sol brillando a través de ellas.
—Bueno, tal vez deberías hacer lo que te dé la gana, en lugar de lo pensar lo que debes hacer.
Le clavo el dedo con acusación en los ojos.
—Acabas de citar eso de la lista.
Se ríe malvadamente, echando la cabeza hacia atrás y su cabello oscuro cayendo en sus ojos. —Eso es porque es la cita del día. ¿No recibiste el mensaje?
Sacudo la cabeza, riéndome de él.
—Demonios. Hoy me olvidé de revisar los mensajes. Debo de haberlo pasado por alto.
Él mueve su brazo alrededor de mi hombro.
—La pregunta es: ¿qué quieres hacer? ¿Y me refiero a qué quieres, en serio?
Me detengo delante del banco, considerando lo que me pregunta, y la mirada fija en el gran estadio a la distancia.
—Quiero divertirme.
SASUKE
—No estoy muy de humor para fiestas. —Rocío un poco de perfume en mi camisa y hago clic en el tapón—. Prefiero quedarme aquí y recuperar el sueño. Me siento como una mierda.
—Eso es porque estás deprimido. —Naruto abre el cajón de la cómoda y busca a través de sus camisas, seleccionando finalmente una de manga larga—. Por una persona que no puedo mencionar o de lo contrario me mirarás como si quisieras matarme.
Me paso los dedos por el pelo.
—Eso es una puta mentira.
Se abrocha el cinturón en los vaqueros con unos ojos exageradamente grandes.
—Deberíamos ir andando, ¿no? De esa manera, nadie tendrá que ser el responsable que conducir de regreso.
—¿Te das cuenta de qué la fiesta está a tres manzanas del Campus?
Seríamos estúpidos si fuéramos en coche.
—Pensé que estaba en uno de los apartamentos de más abajo.
Reviso mis mensajes y mantengo presionado el botón que apunta hacia abajo, el bloqueo de la pantalla. —No, está a sólo unas pocas calles de aquí.
Él coge su chaqueta del respaldo de la silla de la computadora.
—Eso hace la situación del conductor designado AÚN mejor.
Cerramos y salimos. Es tarde, las estrellas están fuera, y las farolas brillan contra el cemento. Hay un grupo de chicas con vestidos ajustados y tacones altos, viajando en la misma dirección que nosotros.
Terminamos detrás de ellas y las ruedas de Naruto están girando mientras está mirándole el culo a la más alta.
—Creo que un desafío sería encantador ahora mismo.
—O sólo podrías ir a por ella. Eso siempre funciona, también.
—Sólo cuando tú eres mi socio. —Me mira, poniendo a prueba mi reacción—. ¿Qué te parece?
Me encojo de hombros, aunque no quiero hacerlo.
—Puedo ir hasta allí contigo.
Él pone los ojos en blanco.
—Está bien, si así es como quieres.
Alcanzamos a las chicas y Naruto empieza a entablar una conversación con la chica a la que estaba mirando. Una bajita con rizos rubios, que lleva un vestido rojo, empieza a hablarme, pero apenas la escucho. Estoy ocupado pesando en Sakura y lo que estaría haciendo si estuviera realmente con ella.
—Definitivamente no sería ir a una fiesta —murmuro para mis adentros—. Eso es seguro.
La chica que ha estado hablándome parpadea confusamente.
—¿Qué?
—Es una noche muy agradable —le digo, y ella se ríe, pero sus cejas se unen.
Hay un montón de ruido proveniente del jacuzzi que está en un lado de la casa de tres pisos en la que la fiesta se está llevando a cabo. Sostengo la puerta para que todo el mundo camine al interior.
Naruto está haciendo una broma al entrar y las otras dos chicas caminan detrás de él, susurrando y riendo entre sí. Me irrita hasta los extremos y por el momento estoy tocando mi puño contra la puerta, no puedo esperar para entrar y deshacerme de ellos.
Uno de los miembros del equipo de fútbol, Neji, está dando la fiesta. Es un buen tipo, aunque realmente no lo conozco. Cuando balancea la puerta abierta, sin embargo, parece que somos los mejores amigos.
—Sasuke, hombre. —Sostiene su mano para que golpeemos puños. Hago que el mío choque contra el suyo y arqueo las cejas.
—Hey, hombre.
Él mira por encima del hombro a Naruto y a las chicas.
—Trajiste invitados. —Sonriendo, se hace a un lado para que podamos pasar.
El apartamento es mucho más grande que mi dormitorio. La música suena en el equipo y hay una mesa plegable en la esquina, donde una partida de póquer está sucediéndose. Hay botellas de alcohol alineadas en el mostrador de la cocina, junto con vasos, papas fritas y un montón de otros alimentos. Entre los sofás una horda de gente bailando.
Mis ojos se fijan en una chica con el pelo rosa sujetado con una coleta, lleva unos vaqueros negros con un par de botas con lazo y una camiseta sin mangas de color púrpura. Está hablando con un chico, riendo y sacudiendo su culo mientras realmente se mete en la música.
—Sakura. —No importa cuántas veces parpadeo, no parece real.
—¿Quieres algo de beber? —La chica con la que entré enreda su cabello alrededor de su dedo mientras me mira, mordiéndose el labio inferior.
Sacudo la cabeza y mi atención regresa a Sakura.
—Tal vez en un minuto.
Ella está bailando con Sai, quien está dejándose llevar con la música mientras gritan las letras con la multitud y ríen, levantando sus manos al aire.
—¿Qué están haciendo aquí? —pregunta Naruto mientras camina a mi lado—. Este no parece ser su escenario.
Sai nos observa y se inclina hacia adelante para decirle a Sakura algo al oído. Vuelve la cabeza y nos mira. Su cara se ilumina y se mueve alrededor de la gente hacia mí, con Sai en sus talones. Por un segundo, me pregunto si me he quedado dormido y todo esto es un sueño porque parece muy feliz de verme.
Cuando llega a mí, lanza sus brazos alrededor de mi cuello y puedo oler el vodka en su aliento.
—Sasuke está aquí —dice, abrazándome con tanta fuerza que medio duele.
Mi respiración se acelera un poco cuando pongo mi mano en su espalda.
—¿Estás borracha?
Ella se aleja, mirándome a los ojos y asintiendo con la cabeza.
—Un poco.
—No, está borrachísima —explica Sai mientras empuja a través de la Última parte de la multitud y se une a nosotros en la entrada, empujando hacia arriba las mangas de su camisa negra—. Y me refiero a hecha una mierda.
Mantengo mi mano en su espalda y Sakura apoya su cara en mi pecho.
—Pensaba que ella no bebía tanto.
Se distrae con un tipo de la esquina de la habitación, que está tomando una copa y hablando con una chica con el pelo castaño muy corto.
—No, pero esta noche sí. Mira, ¿podrías vigilarla sólo un poco? Hay alguien con quien tengo que hablar.
Asiento con la cabeza, trazando mis dedos por su espalda.
—Por supuesto.
—Asegúrate de mantener las manos para ti mismo—advierte, retrocediendo y señalándome con el dedo—. Ya está lo bastante borracha como para no acordarse de nada, lo que hace erróneo el que la toques.
Niego con la cabeza hacia él.
—¿Qué clase de tío crees que soy?
Se encoge de hombros con el juicio en sus ojos.
—No tengo ni idea.
Sakura parpadea hacia mí, casi sin apenas conciencia en su cara.
—¿Quiénes son las chicas con las que estás?
La rubia está de pie a mi derecha lanzándome una mirada asesina y poniendo sus manos en sus caderas.
Mantengo mis ojos en Sakura.
—Oye, vamos a la cocina a por un poco de agua.
Ella asiente con la cabeza arriba y abajo.—Tengo mucha sed.
La inocencia de sus ojos y la forma en que se aferra a mi camisa mientras la guío hacia la cocina me inquieta. Ella confía en mí en este momento y me preocupa joderlo, como siempre hago.
Neji está en la cocina hablando con una chica de pelo castaño corto y rizado, un par de vaqueros ajustados y un top rojo de corte bajo. Cuando él nos ve, una expresión curiosa cruza su rostro.
—¿Quién es? —me pregunta, señalando con la barbilla a Sakura.
—Es Sakura Haruto. —Muevo mi brazo lejos de ella para tomar un vaso de plástico de la parte superior de la pila en el mostrador—. Va a la escuela de aquí. Su padre era mi entrenador en la secundaria.
Sakura suelta mi cintura. Con las manos a los lados, trata de controlar su equilibrio mientras doy vuelta a la llave del agua para llenar el vaso.
—Entonces, ¿tu padre es entrenador? —Neji se inclina hacia atrás contra el mostrador mientras la chica con la que estaba hablando se dirige a la barra para llenar un vaso.
—Sí, lo ha sido durante unos veinte años o así —dice Sakura un poco mal articulado.
—¿Te enseñó cosas? —pregunta Neji, cruzándose de brazos. No me gusta el tono de burla en su voz—. ¿Cómo son las jugadas o cómo lanzar y atrapar una pelota?
Me doy la vuelta con un vaso de agua en mi mano mientras Sakura le pone los ojos en blanco.
—Obviamente, sé que eres el receptor. —Parpadea los ojos, burlonamente—. Lo que significa que atrapas la pelota.
—Bueno, no eres simplemente adorable. —Neji da un paso hacia ella con una mirada de fascinación en su rostro.
Mi mano se enfrenta a su pecho para empujarlo hacia atrás.
—De ninguna manera. Ella está fuera de tus límites.
Neji me mira como excusándose mientras le paso el vaso de agua a Sakura y ella ladea la cabeza hacia atrás, derribándola.
—Lo siento. No me di cuenta de que estabas saliendo con ella.
No me molesto en corregirlo, por muchas razones, algunas de las cuales son realmente jodidas.
Cuando sale de la cocina, Sakura mueve el vaso de su boca y lame el agua fuera de sus labios, haciéndome pensar en cosas sucias que sé que no puedo llevar a cabo.
—Es un poco imbécil —dice, entregándome el vaso de vuelta. La aplasto y lo echo en el cubo de la basura.
—Y tú eres un poco peleonera cuando estás así de borracha.
Cuando la enfrento de nuevo, está mordiéndose el labio inferior con una mirada aburrida hacia mí.
—¿Te gusta que sea peleonera? ¿Hace eso que me desees?
Oh, puta mierda. Está borracha.—¿Qué tal si te llevamos a casa?
Ella niega con la cabeza, retrocediendo hacia el mostrador con las piernas temblorosas. Agarra el borde, y salta sobre él golpeándose la cabeza en el armario.
—Quiero saberlo. —Se frota la cabeza, lanzando una mirada asesina a la despensa como si hubiese hecho algo malo—. Cuando estoy así,¿hace eso que me quieras?
Echo un vistazo por encima de mi hombro, rogándole a Dios por que Sai entre aquí y me salve de esta conversación incómoda.
—No lo sé, Sakura.
Ella pone mala cara con su labio inferior.
—Es porque no me deseas para nada, ¿no?
Suspirando, pongo las manos sobre el mostrador, así ella está entre mis brazos.
—No, no es eso. Confía en mí. Es sólo que no quiero tener esta conversación contigo cuando no la vas a recordar.
Se inclina hacia delante, reduciendo la brecha entre nuestras caras.
—La recordaré. Te lo prometo.
Trato de no reírme de ella, apretando los puños para resistir el impulso de deslizarlos sobre sus caderas.
—Está bien ¿Quieres la verdad? —pregunto y menea la cabeza arriba y abajo—. No, no me gustas más así. Me gusta la Sakura sobria, con la que puedo hablar. La que es tan dulce que es jodidamente adorable. — Llevo mi cara hacia adelante y respiro en su cuello, moviéndome hacia la línea de no tocar, pero sin cruzarla—. La que tiembla sólo por la sensación de mi respiración. La que quiero besar y tocar tan jodidamente urgente que me vuelve loco. La que me hace sentir cosas... —Desciendo y me inclino lejos, feliz de ver que sus párpados están sólo medio abiertos. De esa manera sé que estoy a salvo.
—Estoy cansada —Bosteza, estirando los brazos por encima y alcanzo a tener un vistazo de su vientre desnudo, plano y firmemente pequeño—. ¿Puedes buscar a Sai para que me lleve a casa?
Meto un mechón de pelo detrás de su oreja. —Sí, aunque tú te vienes conmigo. No quiero dejarte aquí sola.
Asiente con la cabeza, saltando del mostrador, cuelgo mi brazo alrededor de su espalda para mantener su equilibrio. Buscamos por la casa, pero Sai no estaba por ningún lado. Veo a naruto en la mesa de póker, jugando una mano, engañando como su padre le enseñó.
—Oye, hombre, voy a llevar a Sakura a casa —le digo mientras levanta la vista hacia mí desde sus cartas—. Si ves a Sai, ¿se lo dices?
Naruto asiente con la cabeza y luego sus ojos se van a las fichas rojas y azules delante de él. —Sí, hombre, lo haré.
Sakura entierra su cara en mi camisa mientras caminamos por la puerta y en el pasillo silencioso. Apoya su peso sobre mí y la guío por las escaleras y las puertas. El aire es frío y se estremece contra mí.
—¿Dónde está tu chaqueta? —pregunto, frotando mi mano arriba y abajo de su brazo.
Se encoge de hombros mientras se tropieza con el bordillo y la sostengo con mi brazo. Apenas tiene los ojos abiertos y sigue suspirando. Al final, me doy por vencido y me detengo en el medio de la acera.
Ella parpadea hacia mí.
—¿Qué pasa?
La suelto y le hablo despacito, porque sé que está tratando de comprender todo lo que está pasando.
—Voy a levantarte y llevarte en brazos. ¿Te parece bien?
Ella me mira las manos y luego vuelve su mirada hacia mí.
—Está bien.
Doy un paso cautelosamente hacia ella.
—Pon tus brazos alrededor de mi cuello.
Obedece, deslizando sus manos por mi pecho y enganchándolas alrededor de mi cuello. Apoya su cabeza en mi pecho mientras envuelvo mi brazo alrededor de su espalda. Doblando sus rodillas, pongo mi otro brazo por debajo de sus piernas y la levanto en mis brazos. Acaricio su cara en mi pecho mientras comienzo a caminar por la acera. Me tomo mi tiempo porque me encanta cómo se siente llevarla, la forma en que me necesita, la forma en que tengo que protegerla.
Cuando llego a la residencia , estoy esforzándome para no entrar en pánico al tener que dejarla en el suelo.
—Sakura, ¿dónde está tu tarjeta de identificación? —pregunto—. No traje la mía.
—En mi bolsillo —murmura, tratando de alcanzarla, pero su brazo cae holgado a su lado—. Estoy demasiado cansada para sacarla.
—Inténtalo de nuevo, ¿vale? —Prácticamente se lo ruego, pero no responde.
Vaciando mi mente de cualquier pensamiento sucio posible, la apoyo contra mi pecho y mis dedos se deslizan en su bolsillo, rápidamente tirando de su tarjeta. Deslizándola a través de la cerradura, la puerta se destraba y entramos. Puedo tomar el ascensor hasta el piso superior y encontrar su habitación. Cuando extiendo la mano hacia el pomo de la puerta, se despierta y me sujeta el brazo.
—No, no la abras —dice, señalando con la cabeza al pañuelo rojo atado al pomo de la puerta—. Eso significa que mi compañera de cuarto está... ella está... ocupada.
Trato de no reírme ante el hecho de que, incluso cuando está borracha, pasa un momento difícil para decirlo.
—¿Dónde quieres que te lleve?
Deja caer su cabeza contra mi pecho.
—Puedes seguir simplemente llevándome. Es muy relajante.
—¿Y que hay de la habitación de Sai?
Sus párpados están cerrados y su respiración caliente fluye a través de mi camisa.
—Tendrás que buscarlo...
Mis hombros se hunden mientras muevo su cuerpo hacia mi pecho y comienzo a recorrer el pasillo hacia mi derecha. Cuando salgo, me paseo por el césped del edificio Downy y tomo un ascensor a mi habitación.
—Sakura, tengo que bajarte mientras abro la puerta —le susurro al oído.
Ella asiente con la cabeza y la bajo con cuidado al suelo. Se recuesta contra la pared, con sus parpados cerrándose. Toco los dedos contra la cerradura, empujando el código y luego empujando la puerta abierta. Con un movimiento enciendo las luces, doy un paso atrás y la recojo, llevándola hacia el interior. Me arrodilló en la cama, bajándola sobre el colchón, gentilmente acomodándola abajo. Ella gira hacia un lado mientras doy un paso atrás y pienso en lo que voy a hacer. Podría dormir en la cama de Naruto, pero se cabreara conmigo cuando aparezca.
—¿Dónde vas a dormir? —Me mira mientras me quito las botas en una esquina.
—Eso es lo que estaba tratando de averiguar. —La miro con vacilación—. ¿Está bien si me acuesto contigo?
Sus ojos se agrandan un poco y tímidamente, menea su cuerpo, pasando rápidamente por encima hacia la pared. Me acuesto en mi lado, dejando un espacio entre nosotros mientras sus párpados se cierran.
—Nunca he compartido la cama con alguien, además de con Sai.—murmura—. No puedo dormir cuando estoy acostada con alguien más.
Empiezo a rodar fuera de la cama.
—No hay problema. Buscaré otro lugar para dormir.
Sus dedos se envuelven alrededor de mi brazo.
—No tienes que ir a ninguna parte. Me siento a salvo contigo.
Hago una pausa.—¿Estás segura?
—Sí, haces parecer como si todo lo que él hizo no existiera.
—Sakura, ¿De qué estás hablando?
—No importa. —Bosteza y se mueve un poco más cerca de mí, metiendo sus manos bajo su mejilla y encrespando sus rodillas—. Estoy cansada.
Mi mano tiembla un poco cuando me acerco y le aliso el pelo de la frente.
—Está bien. Puedes dormir.
Ella asiente con la cabeza y segundos después, el sonido de su suave respiración me rodea. Sin siquiera pensarlo, me inclino y beso suavemente su frente, preguntándome qué demonios voy a hacer cuando amanezca.
CONTINUARA
