CAPITULO 13

#9 Baila en la lluvia

#13 Vive el momento

#17 Se tú mismo

SASUKE

Lo admito. Tenía toda la cosa planeada y terminó yendo a donde esperaba que fuera. Incluso desde que le dije a Sakura sobre mi padre, nos hemos acercado como amigos. Lo que estaba bien, excepto que estoy maldita y extremadamente atraído por ella, una revelación que vino a mi durante un intenso momento en la biblioteca.

Ha estado ayudándome a estudiar para un examen de inglés y cuando apareció, traía una chaqueta. Mientras me leía algunas de sus notas, se quitó la chaqueta. Debajo, llevaba una camiseta blanca y podía ver el contorno de su sujetador, además de que los pezones sobresalían a través de la tela. Probablemente no se dio cuenta porque no era el tipo de chica que haría eso a propósito. De hecho, si se lo señalara, sus mejillas se tornarían rojas y huiría.

—¿Sasuke? —pregunta, mirándome perpleja—. ¿Me estás escuchando? Pareces distraído.

Estaba recostado en la silla con mi brazo sobre la mesa y una pluma en mi boca mientras mordía un extremo. —Lo estaba.

Dejó escapar un suspiro agotado. —¿Quieres que lo lea de nuevo?

Asentí, apenas prestando atención. —Claro

Empezó a leer del libro y mi mente regresó a los sucios pensamientos de cómo sería tocarla por todas partes y hacerla gemir debajo de mi mientras me mecía en su interior. Me pregunté si me lo permitiría. La cosa de amigos parecía estar funcionando para nosotros. Me hacía reír, sonreír y me estaba divirtiendo. Mis pensamientos y oscuros problemas habían sido contenidos por mi auto control.

Parecía como si debiera dejar que las cosas pasaran, pero cuanto más miraba sus labios leyendo las palabras del libro, más quería morderlos.

Levantó la mirada del libro mientras trataba de parecer enojada. — No me estás escuchando, ¿verdad?

Sacudí la cabeza, incapaz de detenerme a mí mismo de sonreírle. — No realmente. Lo siento, estoy un poco distraído.

—¿Con qué? —pregunta con inseguridad—. ¿Quieres hablar sobre eso?

Tomó mucho no sonreír y susurrarle en su oído todos y cada uno de los detalles sobre las vívidas imágenes pasando por mi mente. —No, está bien. Confía en mí. Probablemente no quieras escucharlo.

Su frente se arrugó mientras trataba de averiguar por qué estaba tan feliz. —¿Necesitas un descanso?

—Nop, puedes seguir leyendo. Estoy disfrutando el sonido de tu voz.

Mordió su labio inferior para reprimir una sonrisa y eso casi me arrojó al borde. Decidí que necesitaba estar con ella sólo un poco más, sí conjuraría mi encantador plan de fútbol.

Después de que las luces se apagaran en el campo, terminamos volviendo a mi habitación. Estaba sorprendido de la buena gana con la que fue conmigo. Casi retrocedí un par de veces de nuestro camino hacia allí, cuando mis emociones se volvieron un poco demasiado intensas.

Camina alrededor del pequeño espacio entre las camas, mirando hacia mis cosas y tomando una caja de DVD, leyendo el reverso.

—¿Grabaste todos tus juegos?

Pongo cara de molestia mientras me quito la gorra y la tiro sobre la cama. —No, mi papá lo hizo. Le gustaba hacerme verlo más tarde, así puede señalar todo lo que hice mal.

Pone en el suelo la caja y se gira hacia mí. —Lo siento.

—No, yo lo siento —digo, pasando mis dedos entre mi cabello—, por hablar sobre esto contigo.

Sus ojos se fijan en mí mientras se me acerca un poco. —Quiero que me hables sobre eso. Nunca te habría hecho preguntas si no quisiera escuchar las respuestas... No puedo sólo olvidar lo que vi esa noche. No creo que algún día lo haga.

Recuerdo la noche en la que ella estaba borracha y como susurró acerca de un chico haciéndole algo. —Tú también puedes decirme cosas, si quieres. Soy bueno escuchando.

Voltea su rostro hacia la ventana, su pecho subiendo y bajando. — Ya lo sabes, estoy sorprendida de lo mucho más cálido que es aquí que en casa.

Está escondiendo algo. Acorto la distancia entre nosotros y sus hombros se tensan. Comienzo a abrir mi boca para presionarle, pero ladea su cabeza hacia mí con una extraña mirada en su rostro, como si tuviera miedo de su mente. Antes de que pueda siquiera registrar lo que está haciendo, se inclina y sella sus labios a los míos. Su cuerpo se estremece mientras se aferra a la base de mi camiseta, esperando que la bese de regreso.

No estaba planeando hacer algo más esta noche, pero la sensación de sus labios es abrumadora. Sin pensar, mi boca se abre y mi lengua entra en la de ella, devorándola.

—Oh, Dios mío —gime mientras mis manos se deslizan alrededor de su espalda y la empujo más cerca, moviendo mis labios deliberadamente contra los suyos. Estoy saboreando cada centímetro, cada espacio, memorizándolo.

De pronto, el intenso beso cambia a desesperación. Nos giro y nos encamino hacia la cama, mis pies enredándose con los de ella. Mi mano se ajusta para atraparnos mientras caemos sobre el colchón. Girándola sobre su espalda, sostengo mi peso con los brazos, pero permito suficiente cercanía como para que su calor irradie hacia mí y sus pechos rocen mi torso cada vez que respira.

Me relajo un poco y comienzo a explorar su cuerpo con mis manos, sintiendo la suave piel de su estómago, sus costillas, la base de sus pechos. Antes de saber lo que estoy haciendo, tengo mi mano debajo de su sujetador de nuevo. Paso mis dedos por su pezón y jadea mientras sus piernas se aprietan alrededor de mi cintura. Se siente bien, demasiado bien. Necesito parar, de otra forma voy a perder el control.

Comienzo a girar hacia un lado, pero su cuerpo sigue el mío y sus piernas se enganchan a mi cadera, así que mi muslo está presionando entre sus piernas. Mientras mis dedos indagan en su cadera, su cuerpo se mece hacia adelante y se frota ella misma a lo largo de mi muslo. Su cabeza cae mientras sus ojos vidriosos se abren y empieza a temblar.

Mierda. Nunca he estado tan excitado antes. Comienzo a mover mi pierna contra ella y me inclino para tomar su labio entre mis dientes, mordiéndolo suavemente mientras ahueco su pecho con mi mano. Agarrándose de mis hombros, todo su cuerpo se sacude con nervios.

¿Debería parar? Es bastante claro que nunca antes ha ido tan lejos y no quiero ser el único responsable de presionarla cuando no está lista para llegar a ello.

—Sakura —digo, pero sus dedos se aprietan alrededor de mis hombros, sus uñas perforando mi piel a través de la tela de mi camiseta mientras deja escapar un gemido y sé que está cerca. Pongo mi mano entre sus piernas y la froto el resto del camino, su cuerpo arqueándose contra mi mano.

Momentos después, parpadea mientras su cuerpo se relaja. La observo en completa admiración mientras trabaja en reclamar el control de sus pensamientos. Mientras se sienta, toda su cara se hunde y mi pecho se oprime mientras se queda mirando por encima de mi hombro.

—¿Hola? —Rozo mi dedo al costado de su cara fina —. ¿Estás bien?

Parpadea hacia mí y puedo decir que está tratando de no llorar. — Sí, estoy bien. —Se revuelve fuera de mis brazos y empieza a pasar por encima de mí—. ¿Puedes darme sólo unos momentos?

Estoy preocupado. La tristeza que se había arrastrado lejos de sus ojos momentáneamente ha regresado y está magnificada. —¿A dónde vas?

—Tengo que... —Su voz se desvanece mientras se para y jala el sujetador y la camiseta de vuelta a su lugar.

Me enderezo, alcanzando su brazo. —Sakura, lo siento—. No debí...

Tira para abrir la puerta y corre sin nada más como una explicación.

—Dios, demonios. —Me dejo caer en la cama, pasando mis dedos por mi cara. Por lo general, soy yo el que rescata este tipo de situaciones, lo que me hace preguntarme de qué está huyendo.


SAKURA

No tengo idea de lo que acaba de pasar. Bueno, de hecho lo sé. Tuve mi primer orgasmo, simplemente por frotarme contra la pierna de Sasuke y entonces él lo terminó con su mano. Se sintió tan bien, mi mente apenas pudo comprender nada más, pero cuando se acabó, todo se apiló en mis hombros como ladrillos agrietados. De repente, vi su rostro en lugar del de Sasuke.

Él me observaba con preocupación mientras saltaba fuera de la cama y corría de la habitación. Una vez que estoy en el baño, cierro la puerta con seguro y colapso sobre mis rodillas frente al sanitario. Levanto la tapa, sintiendo el dolor quemando en mi estómago. Lo quiero afuera. Tanto. Dejo caer mi cabeza, hundiendo el dedo en mi garganta y, con un fuerte empujón, obligo todo a salir de mi cuerpo. Mis hombros se sacuden mientras introduzco mi dedo y el vómito se apresura por mi garganta. Mis ojos se humedecen y mis fosas nasales arden mientras me inclino y saco el dedo de mi boca. La punta tiene un poco de sangre en él y la limpio con un pedazo de papel higiénico.

Descanso la espalda contra la pared de azulejos fríos y mi cabeza cae hacia atrás. Lágrimas calientes se derraman de mis ojos y rondan por mis mejillas mientras quito el vómito y el sudor de mi cara con la manga de la camiseta, mi pecho se contrae espasmódicamente mientras trabajo en respirar.

—No quiero ser así —susurro mientras mis ojos se llenan de lágrimas—. No quiero ser así. —Tiro de mi cabello y grito a través de mis dientes, odiando jodidamente al tipo que me hizo esto con cada onza de fuerza que tengo—. Te odio. Jodidamente te odio... tanto —Mis gritos me abruman y me rindo, dejando que mis ojos y corazón griten.


No puedo dejar de pensar en Sasuke y la manera en que se sintió cuando me tocó, lo bien que se sentía. Quiero hacerlo de nuevo. Sólo me gustaría dejar de asociarlo con esa jodida vez. Ese maldita experiencia que deseo poder olvidar.

Vuelvo al recuerdo mil veces, deseando ser capaz de ver lo que estaba pasando antes. Realmente pensé que sólo quería darme un regalo de cumpleaños.

Lo seguí por el pasillo con tanta facilidad y hacia mi habitación, mirando alrededor de mi cama y al suelo, buscando el regalo.

—¿Dónde está? —le pregunté, dándome la vuelta.

Él estaba cerrando la puerta. ¿Por qué cerraba la puerta?


Una semana pasa y evito a Sasuke a toda costa. Ignoro sus llamadas, me salto la única clase que tengo con él, y no respondo a mi puerta cuando toca. Me siento mal, pero estoy demasiado avergonzada como para hacerle frente. Asumí que después de lo que pasó, él se iría, pero no es el caso.

Al final de la semana, me escabullo a la biblioteca, cuando sé que está en la clase de Biología, para encontrar algunos libros para un artículo que tengo que escribir sobre la depresión. El campus está bastante tranquilo desde que están tan cercanas las fiestas. Mi mamá y mi papá están volando a Florida para ver a mis abuelos para Acción de Gracias, así que no iré a casa. No puedo permitirme el boleto de avión para volar allí con ellos, de todas formas.

Mientras estoy buscando un estante, el celular vibra en mi bolsillo. — Oye, pensé que tenías clase —respondo.

Sai dice—: ¿No debería estar diciéndote lo mismo?

—Estoy tomando un descanso hoy.

—Sin embargo, ¿un descanso de qué? —pregunta con insinuación.

—De la vida. —Paso rozando mis dedos a lo largo de los títulos, sintiendo los lomos gastados de los libros—. Además, estoy usando mi tiempo para ponerme al día con las tareas.

Por el sonido de esa música sonando de fondo, creo que estás viendo las repeticiones de Pretty Little Liars.

—Oye, no estoy planeando pasar todo el día en mi habitación — argumenta—. De hecho, voy a salir ahora mismo a verte. ¿Dónde estás?

Suspiro, parándome derecha. —Estoy en la biblioteca tratando de encontrar este maldito libro sobre depresión. El catálogo decía que estaba aquí, pero no está en el estante.

—¿En qué sección estás?

—Estoy en la esquina trasera, cerca de la ventana que muestra el estadio. —Trago el nudo en mi garganta que se forma cuando pienso en Sasuke.

—¿Estarás ahí por un rato? —pregunta y la televisión se apaga—.Estoy saliendo ahora mismo.

Parándome sobre las puntas de mis pies, le echo un vistazo a la parte superior del estante. —Probablemente, soy demasiado pequeña para ver la parte de arriba.

—De acuerdo, pequeña Sakura, un caballero en su brillante armadura está en camino. —Cuelga y pongo mi teléfono de vuelta en mi bolsillo.

Busco en los pasillos cercanos por un banquito que he visto por aquí un par de veces. Finalmente, me doy por vencida y regreso al lugar. Apoyando mi pie en el segundo estante, compruebo de derecha a izquierda y subo por el estante.

—Ahí está —digo y tomo el libro de la fila. Salto y siento a alguien moverse a mi lado. Cuando levanto la mirada, de repente el pequeño comentario de Sai sobre el caballero en brillante armadura tiene sentido. Sasuke está frente a mí, usando pantalones vaqueros y una sudadera negra con capucha, su cabello oscuro desordenado.

—Oye. —Sus hombros están rígidos y su voz es firme—. Me has estado evitando.

—Sí —admito, jugueteando con las esquinas de las páginas—. Sobre eso, lo siento. Lamento que eso pasara.

—No necesitas disculparte, Sakura. —Descansa su brazo en uno de los estantes y apoya su peso contra éste—. Sólo me gustaría saber qué está pasando... Acaso yo... ¿Te presioné a hacer cosas que no querías?

Sacudo mi cabeza. —Nada es tu culpa, te lo prometo. Quería... todo lo que pasó, lo quería.

Sus hombros se relajan. —Entonces, ¿por qué saliste corriendo?

—Es complicado —digo, mirando al punto en el suelo frente a mis pies.

Mueve su cuerpo hacia adelante y baja su rostro para capturar mi mirada. —Puedes contármelo. Tal vez pueda ayudar. Soy bastante bueno en comprender lo complicado.

—No es algo en que me puedan ayudar —digo—. Sólo es algo en lo que tengo que trabajar.

Deja salir un respiro. —Entiendo completamente eso.

—Lamento haberme puesto como loca. No debí sólo salir corriendo o evitarte por la Última semana. Es sólo que no sabía qué decir y me sentía estúpida. Trataré no hacerlo de nuevo.

—¿Habrá otra vez para que trates de no hacerlo de nuevo?

No me di cuenta de qué estaba diciendo. —No lo sé. ¿Qué quieres?

Se ríe quedamente. —Creo que he sido bastante claro en lo que quiero. Así que está en ti. ¿Qué quieres, Sakura?

Mis ojos viajan por sus largas piernas, su firme pecho, y aterrizan en sus ojos que se preocupan por nada más que oír mi respuesta. Lo quiero a él. Lo quiero a él. Lo he garabateado en mi diario muchas veces porque es la verdad.

—Quiero... —Hago una pausa, tratando de encontrar las mejores palabras—. Quiero pasar más tiempo contigo.

Su sonrisa se ensancha y su postura se relaja mientras estira sus nudillos. —Me pusiste nervioso por un minuto.

No puedo evitarlo, pero le sonrío. —Sólo traté de pensar en las palabras correctas.

Sus ojos se mueven por encima de mi hombro a la ventana en donde el cielo está empezando a enrojecerse mientras el sol desciende por debajo de las colinas. —Tengo que estar en el estadio como en cinco minutos, pero, ¿puedes hacer algo por mí?

Meto el libro debajo de mi brazo. —Claro. ¿Qué cosa?

—¿Puedes venir a verme jugar? —pregunta—. Necesito a alguien para animarme.

—¿No es por eso que están las animadoras? —bromeo.

—Las animadoras están sobrevaloradas. —Se acerca hacia mi rostro, vacila, y luego roza la yema de su pulgar por mi labio inferior—. Además, tengo la sensación de que me traerás mucha suerte.

Tengo que forzar a mis párpados para que se mantengan abiertos ante su toque. —De acuerdo... estaré ahí.


El cielo está gris, las luces son brillantes sobre el campo verde y la banca de metal debajo de mi trasero es más fría que un congelador. Hay grupos de personas a mí alrededor, gritando, riendo y agitando sus manos en el aire. Me pone ansiosa, pero lidio con ello.

—Así que, ¿qué pasa con el futbol que vuelve loca a la gente? — Sai observa el campo con ojos muy abiertos y luego le echa un vistazo al cronómetro digital rojo en el tablero—. En serio, no entiendo cuál es la fascinación. Nunca pude. Incluso he ido a juegos antes, vi a... Braiden jugar. Pero sigo sin entenderlo.

—Quizás lo divertido es ver a chicos correr por allí usando pantalones ajustados —sugiero, encogiéndome.

—¿Sabes, qué? Acabas de hacer un excelente punto. —Sus ojos negros barren el campo en donde los jugadores están alineados mientras él tira la capucha de su chaqueta sobre su cabeza.

Sasuke es fácil de ubicar porque es uno de los más altos. Por supuesto, el "Uchiha" en la espalda de su camiseta café con amarillo es un tipo de delator, también. Creo que me echa un vistazo un par de veces, pero es difícil saberlo a ciencia cierta.

Cinco minutos después, Sai se inquieta, tamborileando los dedos sobre su rodilla rebotando. —Siento que tengo que levantarme y bailar o algo así. Darle vida a este partido.

Muevo mi mano en el aire. —Baila.

Ladea su cabeza hacia un lado, al hombre redondo sentado a su lado, usando una gorra y una sudadera con capucha, y llenándose la cara con cacahuates. —Me pregunto qué haría este hombre si lo hiciera.

Me rio, colocando mis manos entre mis piernas. —Probablemente te tiraría los cacahuates.

Hace una mueca y se frota el estómago exageradamente. —Bueno, espero que lo haga. Me muero de hambre.

Miro hacia el cronómetro. —Sólo quedan dos minutos más.

—¿Y estamos ganando o perdiendo?

—El marcador está veintiocho a tres.

Levanta sus manos a un lado, apuntándome con una mirada de "huh." —¿Y quién está con veintiocho?

Señalo mi pecho. —Nosotros. Estamos ganando por mucho.

Menea su cabeza de lado a lado, observando a la mujer delante de nosotros, aspirando una hamburguesa. —Dios, tengo tanta hambre.

Suspiro, señalando la escalera. —Entonces, ve a buscar algo de comer. Hay algunos puestos afuera.

Se queda mirando la escalera con escepticismo. —¿Quieres venir conmigo? Los deportistas son intensos.

Riendo, me pongo de pie y lo sigo. Digo "perdón" por lo menos diez veces mientras accidentalmente piso los pies de la gente. Cuando estamos en las escaleras, dejo escapar un suspiro de alivio en el espacio abierto y sigo a Sai mientras él trota hasta el fondo.

—No te estás yendo, ¿verdad? —Escucho a alguien gritar por encima de los susurros de la multitud.

Sasuke está de pie en los banquillos, luciendo extremadamente sexy con su uniforme, sus ojos oscuros fijos en mi.

Niego con la cabeza, envolviendo mis dedos alrededor de la fría barandilla e inclinándome sobre ella. —¡No, Sai se muere por algo de comer!

—¡Bien, porque no quiero que lleves tu suerte contigo! —grita con un guiño y una sonrisa.

Intento que en mi rostro no aparezca una sonrisita tonta. —¡No te preocupes! ¡Regresaré!

Espérame al finalizar, dice con la boca, sus labios se mueven lentamente debajo de su casco. Hipnotizada, asiento y él se gira para regresar trotando hacia su equipo.

Vuelvo mi atención al pasillo y casi choco contra Sai. —Creí que habías seguido caminando. —Me apoyo contra la rejada y doy un paso hacia atrás.

Él me mira sin poder explicárselo. —No puedo creer esto.

Me aparto del camino para que un hombre pase. —¿Creer qué?

Sorprendido, sacude la cabeza. —Estás enamorada de él.

Ruedo los ojos, al borde de la risa. —No lo estoy. Ahora, por favor, ¿podríamos ir a buscar algo para comer antes de que el juego termine y quedemos atrapados en medio de la estampida de gente?

Sacudiendo la cabeza, camina hacia el Último tramo de escaleras, aun pensando en lo mismo, pero está equivocado. No estoy enamorada de Sasuke. Apenas lo conozco, y el amor requiere muchísimo tiempo, muchísima confianza, y muchísimas otras cosas que yo no comprendo.


Sai me deja en el túnel, justo afuera de los vestidores. Esta noche tiene una cita con Greyson, y camina hasta su auto dando saltitos. Luego de que la multitud se despeja, me siento en el concreto y reviso mis mensajes de texto.

Mamá: Hola, cariño. He estado intentando llamarte durante las ÚLTIMAS horas. Quería saber si vendrás a casa para Acción de Gracias. Sé que es algo de última hora, y que ya te había dicho que no íbamos a estar en la ciudad, pero nuestros planes cambiaron y estaremos en casa. Llámame.

Suspiro al pensar en regresar a casa, a todos esos recuerdos y mentiras. Guardo el teléfono en el bolsillo de mi chaqueta cuando la lluvia comienza a caer del suelo, fluyendo por las aceras y las carreteras. Las luces de las calles alumbran entre las gotas, e inhalo la esencia, cerrando los ojos.

—Jodido infierno. —La voz de Sasuke se escucha sobre el sonido de la lluvia.

Abro los ojos. Él se encuentra justo frente a mí, vistiendo una camisa gris Henley, vaqueros oscuros y botas. Su cabello está mojado y su mirada se centra en la lluvia. Me levanto y sacudo la tierra de la parte trasera de mis vaqueros.

—Tenía razón sobre tu suerte —dice—. Pateamos por completo sus traseros.

Sacudo la cabeza. —Eso lo hicieron ustedes. No yo.

Sus piernas se mueven hacia mí al disminuir la distancia entre nosotros. —Ni pensarlo, fue todo gracias a ti. Jugué mucho mejor de lo que alguna vez haya jugado porque sabía que estabas mirando, así que intentaba impresionarte.

—Sabes que te he visto jugar antes, ¿verdad?

Inclina la cabeza hacia un lado. —¿Cuándo?

Me encojo de hombros. —A veces mi papá me obligaba a ir con él a las prácticas porque mis padres pensaban que necesitaba salir de la casa más a menudo. Siempre me quedaba debajo de las gradas a observar. —Me mira con tristeza mientras escondo las manos dentro de mis mangas, y cambio el tema—. ¿Qué haremos con esta lluvia? A Naruto no se le ocurrió conducir hoy, ¿verdad?

Sus ojos se dirigen al chorro de agua cayendo del techo. —No, siempre caminamos. Podría pedirle a alguien que nos llevara. Creo que algunos condujeron hasta aquí.

Veo como la lluvia salpica sobre el concreto, sabiendo que si Sai estuviese aquí me obligaría a arriesgarme. —Hay algo en esa lista que dice que tengo que bailar en la lluvia.

Las cejas de Sasuke se fruncen al volver su atención en mi dirección.

—¿Quieres salir para allá y bailar en la lluvia?

Lo miro, decidiéndome. —No, pero creo que correré hasta la casa. Nos vemos allá.

Antes de poder responder, corro fuera del túnel, colocando mis brazos sobre mi cabeza, y temblando mientras las heladas gotas se absorben en mi chaqueta y gotean por mi rostro. Debajo de mis zapatos salpican los pozos de agua mientras corro por la acera, sintiéndome vigorizada y viva. Rayos retumban en el cielo y la lluvia se hace más fuerte, pero permito que mis manos caigan hasta mis costados, dejándome ir y me siendo yo misma mientras vivo el momento.


SASUKE

Me sentí extasiado durante todo el juego. Algo en el hecho de que Sakura se encontraba allí, sólo estando allí para mí, sin juzgarme, alivió la presión que mi papá siempre pone sobre mí. Trajo de nuevo la diversión y por eso jugué mucho mejor que alguna otra vez.

Luego de cambiarme, salgo de los vestuarios. Ella se encuentra sentada en el piso con su rostro hacia un lado y los ojos cerrados. La miro fijamente durante un momento, admirando sus labios abiertos, sus largas pestañas que revolotean cada vez que un relámpago se escucha, y la manera en que su pecho se mueve al respirar. Finalmente, miro hacia el final del túnel, y demonios, está lloviendo a cántaros.

Mientras intento pensar en la manera de volver a los dormitorios sin empaparnos de pie a cabeza, ella dice algo sobre que bailar en la lluvia es parte de su lista y luego sale corriendo en medio de la tormenta. Me quedo atontado al verla corriendo por la acera, salpicando agua con sus brazos en el aire, como si fuese el mejor momento de su vida.

—A la mierda. —Salgo corriendo detrás de ella. Cuando el agua golpea mi cuerpo, se siento como hielo. Es difícil mantener mi mirada en Sakura, ya que la lluvia es demasiado densa. Protejo mi rostro con mi brazo y mantengo la barbilla hacia abajo.

Cuando llega a la carretera, se detiene para ver si vienen autos, así que la alcanzo, jadeando ruidosamente.

—¿Estás loca? —pregunto mientras gotitas de agua vuelan por todos lados—. Hace un jodido frío.

Ella salta, sorprendida mientras la lluvia corre por su cuerpo y su cabello se pega a sus mejillas y cuello. —No sabía que me estabas siguiendo. No tenías que hacerlo.

Entrelazo mis dedos con los suyos y trotamos al cruzar la calle, con el agua empapando nuestra ropa y goteando de nuestros cabellos. Mantengo mi brazo sostenido sobre ella, protegiéndola de la lluvia tanto como puedo. Los autos van y viene por la calle mientras corremos por la acera hasta el edificio de mi dormitorio. Cuando alcanzamos los árboles enfrente, la guío hacia la entrada lateral, pero ella suelta mi mano y salta justo hacia el medio del chaparrón.

—Sakura, ¿qué demonios estás haciendo? —llamo mientras heladas gotas de lluvia caen de las ramas hacia mi nuca y rostro.

Ella cierra los ojos y extiende sus brazos hacia los lados, inclinando la cabeza hacia atrás al girar en círculos, su ropa se encuentra pegada a su cuerpo. La lluvia cae sobre su rostro y gotea de su cabello, el cual se encuentra suelto, cayendo por su espalda. Su chaqueta cae de sus hombros y el agua cae en cascada por la piel desnuda de sus brazos.

Me acerco, incapaz de despegar mis ojos de ella. La manera en que se mueve, la manera en que la lluvia cubre su cuerpo me encuentro cautivado. Cubriendo mi rostro, salgo de la protección del árbol hacia la lluvia con ella. No lo entiendo, pero necesito estar cerca de ella. Nunca antes me había sentido de esta manera, y es vigorizante, y jodidamente aterrorizante ya que nunca antes había necesitado nada de nadie.

Me detengo frente a ella, en medio del pasto lodoso, y sus párpados se abren, con sus pestañas revoloteando contra las gotas. Comienza a levantar la cara, pero sostengo su rostro en mis manos, manteniéndola en su lugar. Inclino mi cabeza hacia adelante y envuelvo su boca con la mía. La saboreo lentamente, bebiendo el agua de sus labios, sintiendo la calidez de su respiración contra mi boca.

—Sasuke—murmura, cerrando los ojos mientras sus dedos viajan por mi espalda y se enredan en mi cabello.

Abro la boca y deslizo mi lengua profundamente con la de ella mientras mi mano se enreda entre su mojado cabello. Mi otra mano se mueve hasta su cuello, dejando un cálido rastro mientras palpo el camino entre la ropa mojada sobre su cuerpo hasta sus caderas. La levanto y ella jadea cuando sus piernas se envuelven alrededor de mi cintura. Sosteniéndola con fuerza, aseguro mis brazos debajo de su trasero y la beso con fiereza mientras la lluvia casi nos ahoga. Comienzo a caminar por el pasto, y abro los ojos de vez en cuando para cerciorarme de ir por la dirección correcta hacia el edificio de mi dormitorio.

Por suerte, alguien está entrando justo cuando llegamos a la puerta. Antes de cerrarse, la atrapo con mi pie, arreglándomelas para mantenerla abierta, y entrando al pasillo sin soltarla. Hay gente dentro, mirándonos con curiosidad, pero no me detengo. Este es uno de esos momentos que pueda que acabe conmigo si me separo.

Puedo sentirlo todo cuando mis manos recorren su cuerpo. La forma en que mi corazón salta dentro de mi pecho, la manera en que sus manos dentro de mi cabello provocan que mi respiración se acelere, la emoción de tenerla en mi habitación, el anhelo de tocar más, de hacerla gemir, la manera en que se aferra a mí, confiando en mí, necesitándome.

Nunca nadie me había necesitado antes, ya que nunca había dejado que nadie llegara tan lejos para mí.


SAKURA

Estoy bailando debajo de la lluvia, justo como se supone que lo haría. Hace frío, pero aún así se siente maravilloso, porque es mi decisión. Cuando estoy girando en círculos, Sasuke se acerca a mí con miedo y deseo en sus ojos. Esa mirada me asusta y al mismo tiempo me emociona. No sé si me encuentro lista para lo que me espera detrás de esa mirada, pero quiero averiguarlo.

Sostiene mis húmedas mejillas y me besa deliberadamente, como si estuviese memorizando cada segundo. Es el beso perfecto, y pretendo que es mí primero, besándolo de la forma en que quiero.

Me levanta, con sus labios pegados a los míos mientras me lleva hasta su habitación. Me sostengo con fuerza, diciéndome que esta vez puedo llegar más lejos, que sólo necesito confiar en él.

De alguna manera, logra abrir la puerta de su cuarto sin soltarme, y se tropieza hacia adentro, cerrando la puerta detrás de sí. Riéndose contra mis labios, patea algo fuera del camino y la cosa golpea la pared con un fuerte sonido. Coloco mis pie sobre el suelo mientras sus manos se introducen dentro de mi camiseta, con sus palmas frías contra mi piel. Trazo sus mechones mojados con mis dedos, bajando por sus anchos hombros hasta el borde de su camisa, sobre sus abdominales.

Hace una mueca ante mi toque, así que retraigo mi mano. —Lo lamento —digo.

Parpadea en mi dirección y luego alza sus manos hasta sus hombros, levanta la camisa sobre su cabeza y la tira al suelo. Lo vi sin ella una vez, en la casa de la piscina. Sin embargo, esto es diferente. La luz enfatiza cada una de sus cicatrices, pequeñas y grandes, sobre su delgado pecho, sus brazos, su estómago firme. Algunas son tan pequeñas como la uña de mi meñique, otras son grandes, y hay una que hace un largo rastro hacia su pecho.

Impulsivamente, me inclino hacia adelante, cierro los ojos, y con mis labios toco su pecho justo por encima de su corazón, con mi respiración acariciando su piel.

—Sakura—dice cuando sus músculos se contraen—. No creo que… — Deja incompleta la frase cuando comienzo a depositar besos por todo su pecho, cerciorándome de alcanzar cada una de las cicatrices, deseando poder alejar los recuerdos, pero sabiendo que recuerdos tan oscuros como esos nunca se van.

Mi cabeza se mueve hacia su clavícula. Su cuello, su barbilla. No sé lo que estoy haciendo, o lo que estoy sintiendo, pero es nuevo e intenso, y envía descargas de adrenalina por todo mi cuerpo. Cuando alcanzo sus labios, coloco un beso en ellos y luego me separo.

Su mirada se encuentra amplificada, su respiración es errática, y su rostro está lleno de agonía. Me congelo, preocupada de haber hecho algo mal, pero luego su expresión se suaviza. Lleva su mano hacia la parte posterior de mi cuello, con sus dedos enterrados en mi piel al inclinarse para besarme con tanta pasión que empuja toda la frialdad dentro de mi cuerpo.

Sasuke nos dirige hacia la cama, deslizando la chaqueta de mis hombros y alcanzado el borde de mi camisa. Me digo a mi misma que puedo soportarlo; que no me lastimará, cuando levanto mis brazos y él desliza la camisa por mi cabeza.

Un paso bastante grande, y me aterroriza, pero él lanza sus labios contra los míos antes de que mis pensamientos puedan aprovecharse. Me sostengo a sus brazos cuando desabrocha el gancho de mi sostén y este se desliza por mis brazos. Apenas respiro al sentir su piel desnuda tocando la mía. Se siente bien. Y mal. Se siente como todo que siempre he querido, pero no creía poder tener.

Su boca abandona la mía y baja hasta la curvatura de mi cuello, pausándose en la cima de mi pecho. Mis ojos se cierran al sentir por primera vez su boca contra mi pezón. Mis manos se vuelven puños, sin saber dónde canalizar la indefensa energía, al sentirlo deslizar su lengua por toda la curvatura de mi seno. Un quejido suplicante abandona mi boca y mis rodillas comienzan a debilitarse. Él sostiene mi cintura, con sus palmas ardiente, luego sigue un camino de besos por todo mi pecho. Entre mis piernas se desata una sensación de cosquilleo y gimo, tomando puñados de su cabello mientras mi corazón late enloquecido dentro de mi pecho.

—Eres tan hermosa —murmura Sasuke mientras yo intento mantenerme de pie.

—Eres tan hermosa —murmura al sostenerme debajo de su cuerpo. Lucho con fuerza para liberarme, pero sus rodillas se presionan contra mis pantorrillas y sus dedos aprietan con fuerza mis muñecas, atrapando mis brazos por encima de mi cabeza.

Todo cae sobre mí como la lluvia y los relámpagos afuera. Mis ojos se abren de golpe y me separo Súbitamente, envolviendo mis brazos sobre mis senos. —L-lo siento. N-no puedo hacer esto.

El párpadea, sorprendido. —¿Qué sucede?

Me giro, rebuscando por entre el piso. —No es nada. Sólo necesito mi camisa. —Pateo fuera del camino alguna de la ropa en el suelo, con mis pulmones oprimiéndose con fuerza, atascando mi flujo de oxigeno—. Sólo necesito mi camisa.

Sus dedos tocan mi brazo y me encojo, tomando aire, y esforzándome por mantener a raya las lágrimas. —Dime que sucede — suplica.

—No es nada. —Quito su mano y las lágrimas se desbordan—.Simplemente debo irme.

Sus manos alcanzan mis hombros, obligándome a mirarlo. Mantengo mis ojos pegados al piso, rehusándome a verlo. Él coloca un dedo debajo de mi barbilla y levanta mi rostro.

Escanea las lágrimas y sus ojos se abren de par en par. —Oh por Dios, creí que estabas de acuerdo de llegar tan lejos. Lo lamento.

—No eres tú o esto. —Aparto mi rostro lejos de él y me dirijo de nuevo hacia la puerta con mis brazos aún cubriendo mis senos.

—Entonces, ¿qué es? —Avanza hacia mí, buscando desesperadamente la respuesta en mi mirada—. Sakura, me estás asustando en serio. Por favor, dime qué ocurre.

Sacudo la cabeza, apartándome, con mis hombros enroscándose en humillación. —No puedo decírtelo. Sólo necesito irme.

Mientras la sensación de asco en mi estómago comienza a crecer, apoderándose de mí, controlándome, alcanzo la puerta, lista para salir sin camisa. Él corre hasta quedar frente a mí, bloqueando mi salida con su cuerpo.

—No puedes salir así —dice, con sus ojos sobre mi pecho desnudo.

—Necesito salir de aquí —me ahogo, apretando mi estómago.

—Siento como si hubiese hecho algo mal… ¿Te lastimé o algo así?

Mis hombros decaen al sofocarme debido a los sollozos. —No hiciste nada. Él lo hizo.

—¿Quién? —Se acerca a mí y me encuentro a punto de meterme el dedo por la garganta justo aquí frente a él porque ya no puedo soportarlo.

Camino a su lado, intentando esquivarlo al sentir las paredes cerrándose a mí alrededor. Necesito aire. —Tengo que salir de aquí.

Sus dedos toman mi cintura. —No puedo permitir que salgas así. Sólo confía en mí lo suficiente para decirme.

—¡No! No puedes soportarlo.

—Sakura. —Está enloquecido. Yo estoy enloquecida. Toda la situación es un desastre—. Puedo soportar cualquier cosa que me digas.

Sacudo la cabeza cuando mis rodillas se rinden y sus brazos me sostienen. —No, no puedes. —El vómito quema la parte posterior de mi garganta mientras mis oídos pitan y mis ojos se empañan con más lágrimas. Estoy hiperventilando y el mareo fluye por todo mi cuerpo—. Nadie puede soportar escuchar que violaron a una chica de doce años… Debo mantenerlo en secreto. Tengo que… —Dejo de hablar, sabiendo que nunca podré volver a atrás.

Me aparto de sus brazos, sintiéndome avergonzada, pero él toma mi mano y jala mi brazo, apretándome contra su cuerpo. Toma mi rostro, acariciando mi cabello mientras mis hombros tiemblan y mis lágrimas empapan su pecho lleno de cicatrices.

CONTINUARA