Hola a todos, lo prometido es deuda, así que aquí dejo la continuación de éste fic. Antes de continuar, quiero recordar que el capítulo anterior ha sido editado para facilitar su lectura.

Disclaime: Xiaolin Showdown pertenece a Christy Hui.


Estúpidas Hormonas Part. 2

La brillante luz del sol me da de lleno en los ojos, provocando que mi cejas se junten en un claro signo de molestia, aun sin tener algún ápice de querer abrirlos, me pongo de costado y tomo la cómoda almohada que está junto a mi para ponérmela en la cara.

Sin embargo, la rutina me gana, y tirando la almohada al suelo, me siento y me estiro al mismo tiempo que un largo bostezo sale de mi boca. Me giro hacia la derecha, dónde una mesita de noche es acompañada por una pequeña lampara y un reloj despertador.

Al ver que ya es casi la hora en la que nos vamos a entrenar, me paro y me calzo las pequeñas pantuflas que están esperando a mis pies, listos para recibir el calor que proporcionan. Me dirijo hacia la cómoda y saco mis leggins blancos, así como la blusa, más parecida a un vestido que otra cosa, y lo pongo encima de mi cama para tener mi ropa lista. Regreso a la cómoda y abro un cajón diferente para dar paso a la ropa interior, que si bien no es que esté diciendo que yo duermo desnuda, si no que, es una costumbre que se me ha dado el ponerme otra al despertarme.

Me visto rápidamente, y me agacho para buscar debajo de mi cama las zapatillas negras que uso siempre para entrenar, me las pongo y para finalizar me siento en la silla que está enfrente de mi tocador.

Mis ojos se dirigen a mi cabello, muy negro y largo, si no está atado. Me gusta mucho cambiar de estilos, por lo que siempre uso pelucas cuando vamos a alguna misión, pero algo que no cambiaría por alguna otra cosa, es mi cabello negro, así como mis ojos azules. Me miro a mi misma y logro apreciar un poco de nostalgia en mi reflejo, mis ojos salieron cómo los de mi madre. Cierro los ojos y suspiro, es difícil estar lejos de casa, pero no cambiaría ésta oportunidad que se me ha dado, por lo que me hago mis coletas de siempre y me dirijo hacia la puerta lista para entrenar.

Por cierto, mi nombre es Kimiko Tohomiko, y tengo 16 años. Soy originaria de Tokyo, en Japón, pero vivo en un templo en China, concretamente en el templo Xiaolin. Vine aquí desde que mi padre y yo descubrimos que tenía ciertas habilidades que no correspondían a las de una pequeña niña. Afortunadamente el Maestro Fung, contactó con mi padre, y así es como estoy aquí, aunque siempre he pensado que el Maestro Fung ya sabía que yo era diferente, no puedo evitar el agradecerle en silencio, el dejar que mi padre se diese cuenta por sí mismo, es muy inteligente, eso no lo niego, ya que es el jefe y dueño de la empresa tecnológica Tohomiko, sin embargo en algunas cosas es tan despistado como Omi.

Mientras me dirijo hacia el área donde entrenamos, empiezo a recordar el momento en el que llegué aquí, y no puedo evitar darme cuenta en lo mucho que hemos cambiado mis amigos y yo. Al principio no nos llevábamos muy bien, ya que teníamos diferentes puntos de vista además de recalcar que veníamos de diferentes lugares cuyas costumbres eran muy diferentes entre sí. Sin embargo, eso no fue impedimento para que nos volviésemos mejores amigos.

Miro hacia la derecha y ahí están Omi y Clay sentados en unas pequeñas rocas, me miran y me saludan, Clay con un leve movimiento de su mano, y Omi regalándome una de sus enormes sonrisas. No puedo evitar sonreír yo también, muchos creerían que Omi está enamorado de mí si lo viesen, pero el pequeñín es una cosa diferente. Yo sé que el nunca había tenido algún contacto con una mujer antes que yo llegara al templo, y siento que desde que me conoció fui una especie de figura materna para él, y para mí, él es el hermano pequeño que nunca tuve, por lo que siempre trato de enseñarle las cosas con paciencia y lo protejo mucho.

Clay es ese hermano mayor que toda hermana necesita. Es grande, muy grande, tanto que estoy segura que con una mano rodea mi cintura y alcanza a tocar sus dedo índice y su pulgar. Es muy protector con todos, y a pesar de que dice muchas cosas que no entiendo, y que muchas veces me sacan de quicio, es esa persona que sabes no te fallará alguna vez, es una de las personas más leales que he conocido, y eso es algo por lo que él se enorgullece.

Sigo caminando hacia dónde están ellos y a lo lejos puedo ver que están el Maestro Fung y Dojo. El maestro Fung es el que nos convocó y nos reunió, él es para todos un segundo padre, ya que siempre nos aconseja de la mejor forma, sin decirnos directamente lo que piensa, saca uno de sus proverbios y nosotros intentamos buscarle su significado, y ya sea nuestra acción, el nos apoyará incondicionalmente. Dojo es el dragón que nos lleva a la mayoría de las misiones, puede adoptar la forma de un temeroso dragón, o su forma actual, que se asemeja más a la de una pequeña lagartija, es muy divertido y siempre sabe como sacarnos una sonrisa.

Abro mi boca para preguntarles dónde estaría la persona que faltaba, cuando una roca pasa a un centímetro de mi cara, siento el viento que roza mi nariz por la rapidez con la que fue lanzada, me paro en seco y así como los demás volteo mi cabeza hacia el origen de ese ataque.

Los colores suben a mi rostro más rápido que un volcán haciendo erupción. Ahí está el dragón que faltaba. Raimundo, que me mira con un brazo detrás de su cabeza y una sonrisa de disculpa en el rostro. Sin embargo la disculpa es lo que menos me importa en esos momentos, ya que mis ojos no pueden despegarse de su desnudo torso y su marcado abdomen.

¿Desde cuándo estaba así, y por qué no tenía su bata?

Intento tragar saliva, pero siento mi garganta seca. Él se acerca cada vez más a mí, y no puedo evitar seguir viendo su cuerpo. Es demasiado perfecto como para no darle un vistazo. Mi cabeza da mil vueltas, y casi siento que me mareo. Nunca me había pasado algo así, y mucho menos con Raimundo.

- Kimiko, ¿Estás bien? - me pregunta acercándose a mi.

Al estar más de cerca, me percato de muchas cosas, como lo guapo que se ve con el pelo desordenado de esa manera, lo hermosos que son esos ojos verdes que tiene, su nariz que si bien no es pequeña y respingona como la mía, en su rostro se ve maravillosa. Mis ojos se desvían a sus labios, esos sensuales y carnosos labios que te tientan de la peor manera posible a sentir el calor que emanan.

Paso mi lengua por mi labio superior discretamente, Raimundo en sí, era muy atractivo, su piel es más morena que la mía, tanto por nacimiento cómo por las horas que se ha pasado toda su vida haciendo actividades dónde el sol es el mejor amigo.

Esa ascendencia latina que posee, tiene algo que me provoca muchas cosas, y no puedo evitar sentir que una humedad empieza a hacerse notar entre mis piernas. Mis mejillas se tornan más rojas ¡Me estaba excitando de solo verlo!

Rápidamente me excuso alegando que tenía una pequeña cortada en la nariz, y a pesar de que en otras misiones he tenido heridas peores, ellos asienten aceptándola, por lo que escapo a mi habitación.

Me encierro y me acuesto boca arriba en mi cama ¿Por qué me había puesto así con sólo verlo?

Sin yo notarlo una de mis manos empieza a tener vida propia y se dirige hacia mis piernas acariciándome. Cierro los ojos y empiezo a imaginar que ésa no es mi mano, si no la de otra persona. Y esa persona no quiere tocar solamente mi pierna, quiere tocar más.

La mano sube por el muslo y pasa por debajo de la blusa llegando a mi bajo vientre, mientras la otra mano se dirige hacia la parte superior de mi cuerpo. Un gemido se escapa de mis labios al sentir ese tacto con mi caliente piel. La mano que estaba arriba, empieza a colarse por el pequeño escote que tiene la blusa, y se dirige hacia uno de los montes que han alcanzado toda su madurez con el paso de los años, mientras la otra, decidida, se mete entre los leggins y mi piel haciendo que mi espalda se arquee ante el contacto.

Un pequeño descanso antes de entrenar no me vendría mal...


Me paro y empiezo a acomodarme la ropa que se había movido de su sitio ante mi actividad secreta. Veo mi reflejo en el espejo y me lanzo una sonrisa de complicidad, anotando que debería hacer eso más seguido. Empiezo a silbar y abro la puerta, pero no puedo dar otro paso, ya que un cuerpo cae a mis pies.

- ¿Raimundo?

El aludido abre los ojos y se pone de pie.

- Kimiko, ¿Estás bien?, Me preocupe por ti, en verdad, perdona por haber lanzado esa piedra y haberte lastimado, fue sin malas intenciones.

Mi corazón se para ¿Había estado todo éste tiempo detrás de la puerta? ¿Me habría escuchado?

La humedad regresa al imaginarme la situación, de él escuchándome, mientras imaginaba que sus manos eran las que me tocaban.

- Rai, ¿Estuviste aquí todo el tiempo?

Él se rasca la cabeza y un leve sonrojo aparece en sus mejillas - Pues, algo así, porque no pude evitar quedarme dormido, por eso me caí cuando abriste la puerta.

Evitando que el suspiro de alivio, y sin pensar en esa pequeña decepción que sentí al saber eso, le sonrío.

- Gracias por preocuparte por mi, pero estoy bien, creo que también me dormí - le miento cínicamente

El enarca una de sus cejas y ese movimiento me parece una de las cosas más atractivas que he visto, sé que he sido atrapada en una mentira, pero que más da...

... Sólo soy una chica con estúpidas hormonas.


Hola a todos de nuevo.
He aquí el producto de un delirio XD, intente hacerlo lo más convincente que pude, pero no sé si lo logré XD
Bueno, como dije antes, lo prometido es deuda, así que aquí se termina el fic. Quizás me anime a añadirle un pequeño lime o quizás hasta volverlo lemon (?), pero aun tengo que editar los otros fics y así, por lo que ya veremos.

Espero lo hayan disfrutado y ¡Nos vemos en la próxima historia!

No olviden dejar sus quejas, sugerencias, etc en un review :)