No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa SM y la historia es de Angela Castle. Yo solo me divierto con los personajes y la historia.
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No importaba cómo Isabella Swan lo viera, no era un escenario de ganar-ganar. De hecho, parecía ser todo perder-perder.
No sabía qué era peor: que las habían secuestrado extraterrestres, junto con un grupo de otras mujeres, o que las dos mujeres que quedaban en las jaulas a cada lado de ella eran total y completamente tontas. Claro, ella sentía simpatía por ellas. ¿Quién en su sano juicio disfrutaba siendo secuestrada por extraterrestres, o puestas a la venta en el espacio, a millones de años luz de su hogar? En este momento, todo lo que podían esperar era ser compradas por alguien lo suficientemente amable como para no lastimarlas.
¿La posibilidad de ser rescatadas alguna vez? De cero a ninguna.
― Todavía no entiendo. ― dijo Irina, la rubia de piernas largas con pechos turgentes. De hecho, Bella dudaba de que hubiera mucho en el cuerpo de la mujer que no fuera artificial. La mujer gimoteó en su oreja derecha, sonando como uñas raspando una pizarra. Sin duda, en la Tierra lo único que tenía que hacer era batir sus párpados, fruncir sus labios realzados con colágeno, y los hombres caían a sus pies. ― Está claro que soy hermosa. No soy baja ni gorda, como algunas personas. ― Su mirada se deslizó hacia Bella quien puso los ojos en blanco, ignorando el insulto directo. ― Las personas perfectas son siempre objetivos más altos para el secuestro. Entonces, ¿por qué la tomaron a ella?
La morena a la izquierda de Bella, Zafrina, tenía un culo con el que se podía botar una moneda, su piel tenía un precioso tono de ébano. Sus dientes eran ejemplares relucientes, como los que se ven en anuncios de atención dental. Isabella les dio otra mirada a sus perfectas tetas y lanzó un profundo suspiro.
Hablando de margaritas entre las rosas espinosas
― Irina, hablamos de esto antes. Son nuestros colores. Tiene que ser la razón por la que nos eligen, no solo porque somos más atractivas que otras, o nos hubieran secuestrado. ― dijo Zafrina, haciéndole señas a Bella. ― No todas podemos ser perfectas. Tienes un precioso cabello dorado. Tengo un rico color chocolate. Las otras tenían cabello negro y rojo. Pero no tengo idea de cómo llamar a su color.
― ¿Castaña? ― añadió Bella a la conversación, más para su propio beneficio.
Bella se encogió de hombros. Era cierto: su largo cabello chocolate no tenía nada de extraordinario, sin embargo, contrastaba notoriamente con su piel casi traslúcida. Intentar broncearse, además de con una botella de spray, siempre la dejaba manchada y roja. Simplemente tenía que aceptar el hecho de que su piel era incolora, lisa y tenía sobrepeso.
Irina resopló de una manera no propia de una dama.
― Aun así, las personas gordas no deberían tener ninguna oportunidad siendo...―
― ¿Secuestrada? Oh, créeme, rubita. Amaría que tuvieras toda la razón. Regresar a la Tierra, levantar los pies y tomar una taza y una dona caliente―. El estómago vacío de Bella eligió al mismo tiempo protestar al no tener nada, con un fuerte gruñido.
Irina arrugó la cara hacia Bella.
― Eres asquerosa.
― Mejor que tratar de encontrar una sola célula cerebral en tu cabeza―, murmuró Bella entre dientes, frotándose el estómago.
― Escuché eso. Cerda, gorda y fea ―. Irina estaba en su totalidad, modo SPM perra de nuevo. Eso sí, había estado quejándose intermitentemente por lo que parecía una eternidad desde que habían sido secuestradas.
Bella había conectado con una de las mujeres, Angela. Era más o menos del mismo tamaño, sin mencionar a una de las mujeres más sensatas entre ellas. La amistad reciente las ayudó a ambas a través del trauma de su situación.
Tristemente, Angela había sido vendida a alguna espeluznante criatura parecida a un pez. En lugar de ceder y discutir verbalmente con un imbécil sin cerebro, Bella solo suspiró de nuevo, descansando su cabeza contra las barras traseras de la jaula y tratando de imaginarse en casa, con los pies metidos en sus zapatillas de Garfield, bebiendo chocolate caliente.
Isabella era dueña de una panadería en una pequeña ciudad rural en el sur de Seattle. Ella estaba de camino al trabajo, a unos siete minutos andando de su casa a la tienda, a las dos de la madrugada cuando de repente había quedado paralizada por una extraña y deslumbrante luz blanca.
Se había desmayado, solo para despertarse desnuda, con un montón de mujeres rodeándola, llorando y completamente asustadas. Durante lo que parecieron días, solo les daban agua hasta que, una por una, se les colgaron collares del cuello y fueron arrastradas de sus jaulas, solo para ponerlas a la venta. Los compradores habían ido y venido, y se redujo a Isabella, Irina y Zafrina, a la parte inferior de las jaulas de esclavos
― Lo que no daría por un baño caliente y un masaje ―. Comenzó Irina de nuevo. ― Mis uñas están completamente arruinadas.
Bella no sabía lo que tenía que hacer para ser vendida, pero estaba dispuesta a intentar cualquier cosa si eso la alejaba de Irina, la mimada reina del salón.
¡BOOM!
La cabeza de Bella se sacudió cuando el suelo debajo de ellas tembló violentamente. Sus ojos se agrandaron cuando la puerta, que conducía a la sala de subastas, explotó en una espectacular bola de fuego. Se estremeció cuando restos ardientes se lanzaron hacia afuera y llovieron sobre sus jaulas.
― ¡Despejado! ― Una voz profunda retumbó.
Corrieron una docena de hombres enormes de color rojo con pelo negro, con uniformes negros, sosteniendo una especie de armas azules brillantes, que apuntaron brevemente a las mujeres antes de bajarlas. Isabella hizo una mueca, tapándose las orejas cuando Zafrina e Irina gritaron en un tono que podía romper el cristal y licuar los órganos internos.
Los grandes hombres rojos retrocedieron.
Bella era más curiosa que temerosa, e inclinó la cabeza y parpadeó. ¿Estaba viendo doble, triple incluso? ¿Por qué tantos hombres se parecían? ¿Eran clones o algo así? Uno de los no clones le entregó su arma a uno de los cuatro clones que estaba justo detrás de él, antes de acercarse a las jaulas y arrodillarse.
― Todo irá bien, bonitas mujeres humanas. No estamos aquí para hacerles daño, sino para rescatarles―. Su mirada se movió de Irina, a ella, a Zafrina antes de volver a Bella. Supuso que era porque era la única que no estaba histérica entre las tres.
― ¿Quién diablos eres tú? ― Espetó Bella.
― Soy el comandante Edward Cullen, y nosotros ―, les hizo un gesto a los hombres que estaban detrás de él, ―... somos Fríos, del planeta Denali ―. Ella le dio una mirada de 'eres-estúpido'.
― Como si tuviera la más mínima idea de lo que significa eso―. Su sonrisa se amplió.
― ¡Cállate, Isabella! ― Siseó Irina, ya no estaba histérica.
El comandante, un gran extraterrestre rojo con grandes músculos abultados, era bastante guapo y todos los clones, de una forma u otra, eran bien parecidos.
― Tenemos mujeres humanas viviendo en nuestro planeta, y las mujeres humanas ahora son una especie protegida bajo nuestras leyes. Vamos a sacarlas a todas de esto. ― Edward se puso a trabajar en la cerradura de la jaula de Bella mientras que otros dos, que acompañaban a Edward, trabajaron en las de Irina y Zafrina. Abrieron las puertas y Edward tendió su mano hacia Bella. ― Tienes el color de la luz de las estrellas en la inmensidad del espacio. ¡Tan hermosa!
Menos que impresionada con su adulación, ella resopló, pero estaba feliz de salir de la jaula. No se perdió la forma en que las miradas de los hombres Fríos se deslizaron sobre sus cuerpos antes de que estuvieran cubiertas con mantas, que aparecieron de la nada.
― Llévenlas a la nave y al área médica. Asegúrense de que estén ilesas―. Ordenó Edward. Observó cómo Zafrina e Irina fueron tomadas por los grandes chicos rojos y llevadas a través del agujero aún humeante en la pared.
Podía verlo en sus ojos, iba a tratar de levantarla también. Bella rápidamente se echó hacia atrás, casi tropezando, pero el comandante Edward la atrapó del brazo.
― No te atrevas a intentar levantarme. Puedo caminar sola.
― Todos los soldados Fríos son fuertes. Eres tan pequeña. Me han ordenado mantenerte a salvo, y hay escombros ardiendo en el suelo. No permitiré que lastimes tus pies. ― Como la falta de comida la mareaba y su pequeño discurso tenía sentido, ella aceptó, asintiendo con la cabeza.
El comandante infló su pecho por un momento antes de inclinarse ligeramente, levantándola en sus brazos.
Oh, chica… ¿está tratando de impresionarme?
Bella se movió torpemente, enganchando sus manos alrededor de su cuello, frunciendo el ceño con perplejidad.
― ¿Por qué tus, ah, soldados tienen el mismo aspecto?
― Estás viendo mi equipo de soldados quads. Mis hermanos todavía están en la nave, ya que tienen deberes diferentes. Comprende, cada Frío masculino nace en conjuntos de cuatro idénticos.
Ahora, eso era algo para hacer explotar su mente.
― ¿Cada hombre Frío?
― Todos y cada uno.
― ¿Qué hay de tus mujeres?
La llevó a través de la puerta, y ella miró a su alrededor para ver a los soldados Fríos en todas las direcciones. Sus miradas se volvieron, cayendo sobre ella cuando el Comandante Edward los pasó.
― Nacen singulares. ― Ella soltó una risita, sintiéndose bastante ridícula. De hecho, todo por lo que había pasado era completamente ridículo.
― ¿Cuatro hermanos y una niña? Eso parece un poco desigual. ¿Cómo eligen sus mujeres a uno de los hermanos?
― No lo hacen. En Denali, es un juego de quads para una mujer. Es la forma en que siempre ha sido.
― ¡Oh, wow! Cuatro a una―. El comandante Edward le dio una sonrisa brillante.
― Entonces, ¿nos estás llevando… eh… a las mujeres humanas a la Tierra?
― Lo siento, mi encantadora dama, hemos podido liberarte, pero te llevaremos de regreso a Denali para vivir en nuestro planeta. Hay una ventaja cariño: nuestro planeta atesora a las mujeres, pronto lo verás por ti misma. Muchos quads Fríos competirán por tu mano, te querrán como su Sheraz, ya que estás más allá de ser hermosa.
De acuerdo, ahora sabía que estaba alucinando. Bella estalló en una risa histérica hecha y derecha, cuando se dio cuenta: una mujer, cuatro hombres.
― Mierda―. La realidad se estableció y su cabeza giró. ― ¡No me puedo casar con cuatro hombres! ―, Chilló, antes de limpiamente desmayarse.
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― ¡Santas llanuras de hielo, las tenemos! ― Emmett irrumpió en la habitación, su mirada recorriendo el interior de la bahía de curación para aterrizar sobre las mujeres que yacían en las camas. Su emoción aumentó. ― ¡Tres! Tenemos que elegir, ¿verdad?
― Emmett. ― Escuchó el gruñido de advertencia de su hermano mayor, Carlisle, pero Emmett simplemente lo ignoró, acercándose para inspeccionar las bellezas presentadas.
La primera tenía cabello dorado claro con piel bronceada. Ladeó la cabeza por la forma en que sus huesos parecían sobresalir a través de su piel. Extraño cuán demacrada parecía, incluso con los montículos de los pechos llenos y maduros. La nariz de Emmett se arrugó y negó con la cabeza. Ella se parecía demasiado a una mujer Frío para su gusto. Otra tenía el cabello oscuro con una piel morena más oscura. Le gustaba el brillo de su largo cabello castaño rizado, pero también era pequeña, de cintura estrecha y montículos de pecho más pequeños. Su mirada se posó en la última, y su ritmo cardíaco se aceleró.
Oh, sí...
Bebió su figura exuberante, plena, piel pálida y pelo caoba, su piel lucía como los casquetes de nieve de las llanuras de hielo: absolutamente hipnotizante. Exuberantes montículos llenos de pechos y caderas igualmente llenas, muslos y piernas bien formadas. Emmett suspiró, bebiéndola. Era perfecta.
Su mirada voló a su rostro, sus labios llenos y rosa pálido, y lamió los suyos en anticipación de lo dulces que sabrían cuando la besara.
― Whoa, tranquilízate, hermanito. ― Carlisle lo agarro por el hombro, empujándolo hacia atrás. Miró airadamente a su tercer hermano mayor, el curandero y, bueno, más o menos el blando de la familia. Los sanadores siempre eran débiles de corazón.
― La quiero a ella. ― Todo el cuerpo de Emmett palpitó al sentirla debajo de él, su miembro se alargó hasta que su dureza era casi abrumadora y dolorosa.
Oh sí, ella es nuestra.
Carlisle miró por encima del hombro a la mujer humana de cabello caoba. Sin duda, su hermano no estaba no afectado por su radiante belleza. Él lanzó un profundo suspiro.
― Nadie tiene a nadie. Todavía se están recuperando de su terrible experiencia. El Jorval no las ha tratado con la debida atención. Están desnutridas, sufren de agotamiento y conmoción.
― Pero podemos tenerla, ¿podemos, después de que se haya recuperado? ― Emmett miró a su hermano expectante, dándole su mejor mirada de "soy el más joven, así que soy mimado".
― No, Emmett, no podemos tenerla―. Malditos demonios de fuego. Emmett hizo una mueca ante la orden de su hermano mayor, clara como las ventanas del templo Qui. Se volvió para mirar al comandante Edward, el más viejo y molesto.
Emmett se enderezó, dando a su hermano el debido respeto por su rango.
― Comandante, asumí que porque las rescatamos podíamos…
― Las hembras humanas están bajo nuestra protección y tienen los mismos derechos que las hembras Fríos. Las respetarás de todas las maneras. ¿Ha quedado claro?
― Mucho. Nunca quise faltarte el respeto, hermano. Pero, después… bueno, de Angela… pensé que, tal vez si tuviéramos la oportunidad, podríamos persuadir a una mujer humana de ser nuestra. Y esta es la más hermosa―. Emmett se movió una fracción a su izquierda para permitirle a su hermano mirar hacia abajo a la hembra humana mientras dormía y bloquear a las demás.
Teniendo tres hermanos quad mayores, Emmett había aprendido desde el principio sobre cómo manipular una situación para su mejor ventaja.
― La trajiste aquí, así que, ¿cómo se sintió en tus brazos? Ella se ve tan suave. Su piel es suave, ¿verdad? ― Emmett se movió para pararse junto a Edward. Los tres la miraron fijamente. Edward respiró temblorosamente antes de ponerse rígido y sacudir la cabeza. Emmett sintió que su agarre se resbalaba.
― Estoy bajo órdenes. Vete ahora, Emmett. No aguantaré ninguno de tus juegos. Cuando se recuperen, serán libres de elegir a quién quieran.
― Me importa, hermano, por su salud, su bienestar. Incluso tomaré un turno como guardia con Jasper―. La ceja negra de Edward se curvó, pero Carlisle resopló.
― Lo que él quiere es meterse en sus pantalones.
― No tiene sentido, Carlisle. Ella no tiene pantalones para poder meterme.
Los labios de Edward se arquearon.
― Muy bien, muéstrate como un guardia capaz, incluso si se trata de deberes serviles.
― ¿Qué? ¿No crees que soy capaz de ser un guardia serio? ― Emmett sabía que debería sentirse ofendido, pero se encogió de hombros.
― Creo que es extremadamente capaz de proteger de los demás, cuando él quiere―, intervino Carlisle. volviendo a revisar todos los monitores sobre las hembras dormidas. ― Tienes que admitir que esta será muy deseada. Ella es única.
Edward dejó escapar un suspiro de frustración y Emmett ocultó su sonrisa, sabiendo que su hermano estaba cediendo.
― Muy bien. Resguárdalas, a las tres. Tomarás turnos con Eric y Ben, Tyler y Mike. Estamos limitando su contacto con la tripulación. Ha habido demasiadas quejas en el fallo sobre los soldados que toman a las hembras humanas como su Sheraz incluso antes de que lleguen a Denali. Una vez que hayamos rescatado a las otras hembras humanas, estoy decidido a entregar la mayoría de ellas sin unión a Denali.
En su mente, Emmett se frotó las manos con completo regocijo. 'La mayoría de ellas' no significaba que no pudiera tratar de persuadir, a este pequeño rayo de luna, él y sus hermanos podrían tener su propia Sheraz.
Emmett aplaudió. Edward solo rodó los ojos, giró sobre sus talones y salió por la puerta. Carlisle lo miró por encima del hombro.
― Eres un chivato, Emmett.
Emmett se encogió de hombros, permitiendo que su sonrisa se liberara.
― Sí, pero sabes que valdrá la pena, teniendo en cuenta el premio en juego.
―Sabes, solo por esta vez―, Carlisle levantó su dedo medio, una pequeña sonrisa en sus labios, ― puede que tengas razón.
Emmett miró a la mujer que dormía plácidamente.
― Entonces, ¿sabes su nombre?
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*SPM: Síndrome Premenstrual.
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¡Hola, hola! Bienvenidas a la nueva historia(: Espero que nos la pasemos bonito en esta nueva aventura.
¡Esta historia es dedicada a mi hermosa amiga y beta Nadeshiko! ¡Nade! ¡Espero que la disfrutes tanto como lo hice yo!
¡Las actualizaciones serán los días viernes, espero que estén atentas!
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¡Nos leemos protno!
