Capítulo 2: Celos.

Una joven de largo cabello pelirrojo observaba a Serenity y Endymion, al verlos besarse su corazón se llenó de odio, tristeza y celos. Todo lo que deseaba era salir de allí, se echo a correr en dirección contraria, atravesó todo el palacio, pero no podía detenerse no podía dejar de crecer su odio.

Otra joven de cabello castaño ondulado al verla pasar noto que algo andaba mal.

– Beryl… ¿Estás b..- le preguntó la joven princesa Gaia a Beryl, pero ella ya estaba muy lejos.

Kunzite se acerco a Gaia quien aún miraba la puerta por la que había desaparecido Beryl.

– Princesa Gaia. ¿Ha visto usted a un libro de tapas verdes con piedras doradas?, el Príncipe Endymion…

Sin siquiera terminar de escucharlo Gaia pensó "No puedo creerlo".

– Ya está oscureciendo, será mejor que me vaya. – dijo Serenity a Endymion mientras el naranja del atardecer los cubría.

Gaia apareció en el jardín haciendo que la pareja que sólo tenía ojos para ellos se sobresaltara.

– Endymion onii-chan, no está bien hacerle perder el tiempo a la gente enviándolos a buscar cosas inexistentes. – dijo la recién llegada

Serenity y Endymion la miran sorprendidos.

– Gaia…- dijo Endymion.

Sailor Earth… - dijo Serenity.

No se preocupen, - los tranquilizo Gaia con una sonrisa- hay muchas leyes que no tienen sentido y no creo que se pueda atar al amor a ninguna de ellas. No diré nada.

Gracias, Sailor Earth. Hasta luego Endymion.- se despidió Serenity y desapareció por la enorme puerta del jardín.

Endymion dejando de mirar la puerta y pasando a mirar a su hermana le gritó – ¡Se puede saber en qué estás pensando apareciendo y asustándonos así!

– Onii-chan no me grites… - respondió su hermana con expresión de asustada, su cara cambio a reproche y agregó - ¡Después de todo es tu culpa por estar en un lugar tan a la vista! Y además…*

Mientras tanto a un lugar olvidado por la humanidad, donde una malvada fuerza se encontraba dormida, llega Beryl. En su corazón ya no había tristeza porque había sido consumido completamente por el odio nacido de los celos.

– Fuerza de la oscuridad, Reina Metalia, ¿se encuentra aquí? – invocó Beryl.

– ¿Quién eres tú que osa molestarme? – respondió la Reina Metalia, su voz resonaba por todo el lugar, a pesar de que ésta no era visible.

– He escuchado que usted es capaz de conceder una gran fuerza, y yo quiero esa fuerza, la necesito para matarla, para matar a la Princesa de la Luna.

– Veo que tu corazón está lleno de odio, eso me gusta, pero ¿estás dispuesta a entregarme tu alma, a convertirte en una servidora del mal, en una youma?

– Haré lo que sea con tal de separarlos.

Cuando termino de hablar una daga negra apareció enfrente de ella.

– Entonces debes clavarte esa daga en el corazón, tranquila, sólo tu parte humana morirá y te convertirás en youma para siempre.

Sin siquiera dudarlo, Beryl atravesó su corazón con la daga.