Capítulo 3: Un regalo
Serenity entró a escondidas en el palacio, pero no fue lo suficiente precavida como para que Sailor Venus no la vea.
– Princesa… fue de nuevo a escondidas a la Tierra ¿verdad? No está bien que haga eso porque… – comenzó a reprocharla Venus hasta que Serenity la interrumpió.
– Es que tú no entiendes lo que es estar enamoraaadaaa.
Y tras hacerle burla se retiró.
Unas semanas después, la princesa estaba en su cuarto observando la Tierra muy pensativa.
– Desde ese día no he vuelto a ver a Endymion, me pregunto cómo estará, ¿me extrañará tanto como yo lo extraño? – Mientras meditaba esto repentinamente una gata negra apareció justo frente a sus ojos.
– ¡AHH! – gritó la princesa dando un salto hacia atrás – ¡Luna no te aparezcas tan de repente que asustas!
– Te he estado llamando un largo rato pero no me hiciste caso. La Reina dice que se apresure, hay un banquete esta noche. – contestó Luna con su típica mirada regañona.
– No tengo ganas de ir. – dijo Serenity tumbándose en la cama.
– Princesa, los invitados son la familia real de la tierra,…
– ¡¿Qué? – se levantó de la cama de un salto.
–… si la princesa no se presenta, pensaran que no estamos interesados en llevar una buena relación diplomática entre nuestros dos reinos, por eso es muy… ¿Serenity?
– Ya estoy lista vamos Luna, no está bien hacer esperar a los invitados.
– ¡¿Eh? – Luna parpadeo incrédula.
Después de ser anunciadas debidamente la Reina y la Princesa de la Luna recibieron a sus anfitriones, la familia real de la Tierra, que estaba conformada por el Rey, la Reina, su hijo mayor y heredero del trono el príncipe Endymion y su hija menor, guardiana de la Tierra, Sailor Earth, la princesa Gaia.
La princesa Serenity y el príncipe Endymion se miraron fijamente, intensamente, pero sólo por un instante de manera que sólo ellos dos pudieron percatarse.
El banquete transcurrió sin sobresaltos, tan sólo hablaron de cuestiones triviales, pues era mala educación hablar de los temas importantes del estado durante la cena. La Reina Serenity invitó formalmente a la familia de la Tierra al baile de mascaras que realizaría el Reino de la Luna el mes siguiente. Al escuchar esto la Princesa de la Luna y el Príncipe de la Tierra se alegraron, ya que un baile de máscaras era la ocasión perfecta para estar juntos sin que nadie los juzgase.
Luna y Artemis, los gatos consejeros de la familia real de la Luna, observaban atónitos el comportamiento de la princesa.
– Mira, Luna, parece que la Princesa al fin ha decidido ser consciente de sus deberes de estado. – comentó Artemis, el gato blanco.
– Sí, está cumpliendo con el protocolo como es debido y cuando fui a llamarla esta tarde acudió inmediatamente en lugar de su comportamiento acostumbrado. – respondió Luna observando a la princesa pensativa.
– Será que está madurando.
– Puede ser… aunque yo creo que podría haber otra razón.
– ¿A qué te refieres?
– Aún no estoy segura…
Después de la cena los reyes de la Tierra, la Reina de la Luna y los gatos consejeros se retiraron al salón de conferencias a discutir cuestiones de relaciones internacionales mientras los jóvenes se quedaban platicando en la sala.
– ¿Dónde están las Sailors Senshis? Quería saludarlas. – preguntó Gaia con un tono de voz un tanto sospechoso.
– Deben estar por llegar en cualquier momento. Luna ya les mando a avisar que nuestros padres se han retirado. – respondió Serenity.
– Ah, ya veo… ¿por dónde están? ¿por aquí? Dijo dirigiéndose hacia uno de los pasillos que salía de la sala. Sería divertido ir a buscarlas ¿no creen? – sonrió y luego agregó giñando un ojo- Iré yo, ustedes esperen aquí. – Tras decir esto desapareció por el largo pasillo.
– Gaia… – dijo Endymion moviendo la cabeza mientras miraba hacia el lugar por el que se había ido su hermana. Su expresión cambio totalmente al mirar a Serenity, se acerco despacio a ella – ¿Cuánto tiempo crees que tenemos?
– No lo sé, pero sea el que sea es poco. Ven, vámonos de aquí antes de que lleguen. – Diciendo esto tomo a Endymion de la mano y se fueron por otro pasillo que conducía a los jardines.
Caminaron un largo trecho hasta llegar frente a una gran fuente.
– Toma, tengo algo para ti. – le dijo Serenity a su amado mientras sacaba una cadena dorada con una especie de relicario con forma de estrella que al abrirse producía música y se lo entregaba. – Es para que pienses en mí cuando no podemos estar juntos.
Endymion lo abrió y dejo salir una dulce melodía. Sonrió y abrazó a Serenity.
Mientras tanto en el salón de conferencias del palacio la conversación había tomado un rumbo mucho más serio que anteriormente.
– Ya veo, por esto es que querían que hablemos en privado. – dijo la Reina Serenity.
– Así es, no queremos preocupar a los chicos sin saber exactamente qué sucede. – explicó la Reina de la Tierra.
– Varios guerreros muy fuertes han desaparecido, algunos testigos cuentan que los vieron actuar de manera muy extraña antes de que esto sucediera. Como si estuvieran poseídos. – Informó el Rey de la Tierra
– ¿Cuánto tiempo hace que sucede esto? – preguntó la Reina Serenity.
– No lo sabemos con certeza. Recibimos los primeros reportes hace algunas semanas, pero se han ido incrementando últimamente. – contó con un tono de melancolía en su voz la Reina de la Tierra.
– Incluso han desaparecido personas cercanas a la familia real, dos soldados y una joven de la corte. – agregó el Rey.
En el otro extremo del palacio Gaia distraía a las Sailors Senshi para darles más tiempo a solas a su hermano y a Serenity.
– Hola chicas como están.
– Earth, ¿qué haces aquí? Justo ahora íbamos a ir hacia la sala. – dijo Sailor Mercury mientras depositaba un libro en un estante.
– ¿Dónde están el príncipe Endymion y Serenity? –dijo Sailor Jupiter en tono sospechoso.
– Venus, ¿ya saben qué músico vendrá al baile de mascarás?
– Sí, no te imaginas…– sí no te imaginas contestó ésta emocionada.
Sailor Earth sonrió complacida al ver que su distracción surtía efecto. Mientras Venus explicaba todo lo referido al músico y Jupiter y Mercury intentaban convencer a las demás de ir a la sala para que también participara de la conversación Serenity. Mars reía de las exageraciones de Venus hasta que un escalofrío indicando un mal presentimiento recorrió su cuerpo.
– Mars, ¿ocurre algo? – inquirió Mercury.
– No, no es nada… –dijo con un gesto como restándole importancia, mientras agregó para sí misma – Eso espero.
Pero lamentablemente el presentimiento de Mars estaba en lo cierto, en los confines de la Tierra una fuerza maligna adquiría cada vez más poder.
