And high up above, or down below
When you're too in love to let it go
But if you never try, you'll never know
Just what you're worth

Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you

Fix You (Coldplay)


Una cena tranquila con una agradable charla, eso era lo que John tenía en mente para esa noche. Nada que celebrar, solo ellos disfrutando de la compañía del otro. Le había costado dos años llegar hasta ahí y comprender que seguir con su vida no significaba dejar de amar a Sherlock, ese amor siempre estaría guardado en su corazón como el más hermoso de sus recuerdos, así que esa noche era como dar el primer paso que le haría pasar página definitivamente.

Además, aquel Sherlock de su mente no se había presentado ante él en todo el día, de eso pudo darse cuenta cuando se vestía frente al espejo mientras se preparaba para la cena. Era una buena señal, ¿verdad? Por fin estaba dando los pasos decisivos para controlar su mente y superar su pérdida.

La reserva que pudo obtener era para las diez de la noche y su reloj marcaba las diez menos cinco, así que él ya se encontraba ahí, parado desde hace un par de minutos en la entrada, esperando a ser llamado para ingresar. James seguramente no tardaría, este le había asegurado que podría salir a tiempo para llegar a la hora.

Al cabo de unos minutos, el mismo hombre que lo recibió al llegar al restaurante se acercó a él para finalmente llevarlo a su mesa. Agua y unas copas de vino blanco estaban servidas como cortesía de la casa.

—En un momento lo atenderán, señor. —dijo el hombre.

—Gracias. —respondió John con una sonrisa.

Bueno, para ser una simple cena, debía admitir que se sentía ligeramente ansioso. Su día había salido relativamente bien y así esperaba que terminara. Quién sabe, quizás no duerma solo esa noche.

Miró su reloj, diez con seis minutos.

—Bien. —susurró más para sí mismo. —Será una buena noche.

En esos momentos, Sherlock ingresaba al restaurante a paso lento, no diría que estaba nervioso, pero sí emocionado. Había pasado tanto tiempo desde que había tocado el cuerpo de John, que sentía que la idea de recibir un largo y reconfortante abrazo del rubio le provocaba una cálida sensación en el pecho.

Antes de ingresar a la zona del restaurante le pidieron su saco, él lo entregó de inmediato, luego le abrieron las puertas e inmediatamente un hombre se acercó.

—¿En qué lo puedo ayudar, señor? —preguntó amablemente el sujeto.

Ahí tuvo su primer problema, no tenía reservación y sin ella, simplemente no ingresaría. De nada valía preguntar por una mesa libre, ya que el restaurant era conocido por ser lo suficientemente concurrido como para obligarte a hacer reservaciones con horas de anticipación.

Su cerebro trabajó rápido, debía deshacerse de él de alguna manera. Lo observó rápido sin necesidad de mirarlo directamente a los ojos y dedujo con facilidad que el hombre tenía una pareja, posiblemente su esposa, esperando un hijo, el primogénito de ambos.

—Su esposa acaba de enviar un mensaje. —dijo al mismo tiempo que su mente lo deducía. Finalmente lo miró. —Posiblemente sus contracciones ya empezaron.

Eso había sido bastante sencillo, el hombre sacó su teléfono y, con clara preocupación, se alejó a paso rápido. Luego, tan solo un par de segundos después, cuando llevó sus ojos al frente, lo vio.

Ahí estaba John a lo lejos, sentado solo, bebiendo un sorbo de su copa.

Su corazón se aceleró de inmediato y una sonrisa se dibujó en sus labios. Ese era John Watson, su John, el hombre que tanto amaba y por quien fue capaz de sacrificarse durante dos años solo para mantenerlo a salvo.

Se acercaría, se pararía frente a él y que suceda lo que tenga que suceder. Eso fue lo que pensó, pero cuando dio el tercer paso, las dudas y los miedos lo invadieron. ¿Eso no sería demasiado sorpresivo? ¿Y si de la impresión, John sufre una descompensación? ¿Y si mejor esperaba a que termine de cenar?

Felizmente, antes de que se hunda en más preguntas temerosas, una joven camarera se le cruza delante de él provocándole inmediatamente una idea. ¿Y si lo sorprendía sutilmente atendiéndolo como un camarero? Tal vez no lo note al principio, pero cuando lo haga…

Sí, eso lo convencía.

Primero que todo, debía encontrar la manera de improvisar un disfraz. Observó atentamente su alrededor, las opciones llenaron su mente en menos de dos segundos y entonces ya sabía qué hacer.

Sonrió de lado y avanzó, solo necesitaba unas distracciones para lograr su plan. Vio que a John le ofrecieron la carta del menú, así que debía ser rápido.

Tomó la copa de agua de una mesa donde se encontraba un hombre mayor y una mujer joven. Derramó "accidentalmente" el líquido en el señor y, pidiendo disculpas, tomó la servilleta de tela del hombre y empezó a secar la ropa del mismo.

—Oh, lo siento mucho, señor. —lo rodeó rápidamente hasta quedarse detrás del desconocido. —Por favor, permítame ir a la cocina y secarle esto por usted.

Acto seguido, Sherlock caminaba con la corbata de moño de aquel hombre en su mano, la cual se lo colocó rápidamente. Unos pasos más y divisó a un hombre más joven colocando sus gafas encima de la carta.

—¿Terminó con esto, señor? Permítame tomarlo por usted.

Dicho eso, el rizado ahora caminaba con una carta y unas gafas en sus manos. Se las colocó y siguió caminando, casi rodeando la mesa en donde se encontraba John.

—Señorita, ¿puedo sugerirle esta carta? —Sherlock se acercó a una joven. —Es, uh, completamente idéntico.

Cambió las cartas de las mismas manos de la mujer y rápidamente tomó el delineador de la pequeña cartera que reposaba al lado de ella encima de la mesa. Sin perder tiempo, caminó disimuladamente mientras se dibujaba a mano alzada dos pequeños bigotes.

Finalmente, unos pasos más y al darse la vuelta, estaba detrás de John.

Se podría decir que un impulso de abrazarlo lo asaltó apenas lo vio tan cerca suyo, pero si Sherlock hubiera estado interesado en las artes escénicas desde pequeño, de seguro hubiera sido uno de los mejores actores de su generación. Actuar como un camarero no era tan difícil después de todo, solo tenía que decir las palabras correctas y ese abrazo vendría a él enseguida.

—¿Puedo ayudarlo con algo, señor? —preguntó fingiendo una voz más aguda.

John estaba concentrado en la carta, por más que leyera una y otra vez, él no tenía idea de qué botella pedir. Todo sonaba muy bien, pero de verdad deseaba que las cosas salieran perfectas, así que quería estar seguro de su decisión.

—Oh, hola. —bendita suerte, un camarero para ayudarlo. —Sí. Estoy buscando una botella de champagne. —enseñó la carta, pero no llegó a ver el rostro del camarero a pesar de tenerlo cerca, ni siquiera pensó en eso. —Una buena. —reafirmó.

Sherlock sentía la emoción crecer dentro suyo, ese momento parecía particularmente divertido y emocionante.

—Umm, bueno, todos estos añejos son excelentes, señor.

Los ojos de Sherlock miraron por unos segundos el rostro de John, Dios, ¿acaso era su mente o lucía más guapo que hace dos años?

—Oh, no es realmente lo mío, ¿qué sugiere? —preguntó John.

—Bueno, es imposible que se equivoque, pero, uh, tal vez si usted gusta de mi recomendación personal…

Joder, soy un puto amo en esto. Pensó Sherlock.

El rizado llevó el delineador que todavía tenía en su mano hacia la carta de John y señaló cualquiera de las opciones. La última fue la elegida por simple capricho, no buscaría información sobre ello en su palacio mental, no sería necesario.

—Este último de la lista es uno de mis favoritos. —vio a John asentir, lo tenía concentrado en ello, así que sintió que ese era el momento de presentarse. —De hecho, se puede decir que es como un rostro del pasado.

Se quitó las gafas con la expectativa de ser inmediatamente reconocido. Parpadeó un par de veces, la medida de las lunas era jodidamente incómoda para sus ojos.

—Genial. —contestó convencido John. —Pediré esa, por favor.

Pero el rubio ni siquiera levantó la mirada para verlo.

Eso se sintió algo incómodo, John simplemente tomó la copa de vino de cortesía y bebió el contenido de un solo trago. Pero no se rindió, solo debía conseguir que lo mirara.

—Es familiar, pero con la cualidad de una sorpresa.

Insistió Sherlock, esta vez abriendo los brazos y sonriendo, así llamaría su atención, ¿verdad?

—Bueno, sorpréndame.

Pero no, John le entregó la carta apenas volteándose a ver su cuerpo y no su rostro. Maldita sea.

—Ciertamente me estoy esforzando por hacerlo, señor. —contestó con sarcasmo el rizado.

Tomó la carta de mala gana y se marchó, ahora tendría que ir a la cocina e ingeniárselas para traer cualquier maldito champagne que encuentre porque, en realidad, ni siquiera había leído lo que había recomendado de la carta.

¿Y si simplemente se presentaba ante él?

No, no. Todo debía salir perfecto. Tenía que ser una sorpresa que John no olvidara nunca.

El rubio se quedó satisfecho, aquella cena no sería ningún tipo de celebración, por lo que con solo asegurarse un champagne mínimamente bueno sería suficiente. Respiró hondo y sonrió para sí mismo y se contemplaba pasando página, superando el pasado y, como James le dijo una vez, también reconciliándose con él mismo.

Pero, entonces, John se dio cuenta de un detalle, James se estaba tardando. Miró su reloj, las diez con quince minutos marcaba.

—Rayos, lo lamento.

De pronto, como si lo hubiera llamado con la mente, James apareció. Caminó a su lado rápidamente tomándole el hombro como disculpándose y se sentó frente a él. James lucía avergonzado.

—No me dejaron salir a tiempo y el tráfico de Londres, Dios, el tráfico.

John rio divertido.

—Tranquilo, solo han pasado quince minutos.

James sonrió, estuvo a punto de decir algo, pero guardó silencio y simplemente observó el rostro de su novio.

—¿Qué? —preguntó John.

—Estás muy apuesto.

John levantó una ceja y sonrió.

—Puedo decir lo mismo de ti.

James bajó la mirada y sonrió tímidamente ante ese cumplido.

—Bueno, ni en el ejército me enseñaron a ser tan rápido con mi cambio de ropa, te lo juro.

Ambos rieron cómodos el uno con el otro. Todo se sentía agradable, definitivamente esa noche sería especial.

—¿Por qué elegiste este restaurante? —preguntó el más alto mientras tomaba su copa de vino.

—Por nada en particular, solo quería que esta noche sea… especial. —sonrió mirando con ternura a su pareja.

—Ah, dime, ¿cómo te fue con la Sra. Hudson?

De acuerdo, John había intentado ser romántico con ese comentario y esperaba lo mismo de regreso.

—Uh, bien, muy bien. —pero prefirió dejarlo pasar. —Aunque no estuvo muy contenta de verme al principio.

—¿Te reclamó? —James tomó la mano de John como muestra de su apoyo.

—Sí, lo hizo. —se encogió en hombros. —Era de esperarse, tú me lo dijiste. Pero luego fue… —sonrió de lado. —Fue inesperadamente agradable volver.

—¿Te sentiste cómodo con todo?

John asintió con entusiasmo, contento de su control y su buen estado de ánimo.

—Antes de salir subimos al segundo piso, ahí vivía con… —se detuvo por un segundo. Un paso a la vez, todavía dolía. —Bueno, mi antiguo departamento. —sintió el suave y dulce apretón de la mano de James. —Fue una muy agradable visita. —sonrió.

Sherlock tuvo que ingeniárselas con varios camareros confundidos de su tranquilidad (como si estar ahí, aunque nunca haya sido visto antes, sea totalmente normal), quienes no dejaban de mirarlo y cuestionarle si realmente trabajaba en el restaurante.

Cuando finalmente logró salir de la cocina con una botella de champagne en mano, sintió que su plan se estaba volviendo innecesariamente tedioso. No podía actuar de camarero toda la noche, quería que todo salga bien, pero tampoco era necesario tantos detalles, así que decidió que le llevaría la botella a John y se mostraría ante él de una vez por todas.

Se detuvo de golpe por un momento, John ya no estaba solo, ahí estaba James Sholto sentado frente a él, mirándolo con una sonrisa y con su mano posado sobre la de su John Watson. Y no solo eso, podía leer en ese idiota que estaba esperando el momento correcto para besarlo.

Gruñó bajo, sabía que no tenía derecho a estar molesto, pero no podía evitar sentirse muy celoso. Aunque podía ver una muy ligera tensión en la espalda de su expareja (lo que le decía que el rubio todavía batallaba con sus sentimientos), John lucía sonriente y abierto al trato amoroso de ese tipo.

Suspiró y se mantuvo en personaje, era ahora o nunca.

—Estoy orgulloso de ti, lo sabes, ¿verdad? —sonrió James.

John rio bajo y un poco avergonzado.

—Deja de poner ojos de cachorrito.

—¿Qué? —preguntó divertido el más alto.

—Tus ojos de cachorrito. Te brillan como en esos filtros para videos.

—¿Será porque te quiero preguntar algo importante?

John lo quedó mirando, ¿qué algo importante? Pedirle matrimonio no era, definitivamente, ese no sería el momento. Pero, joder, ya había vivido eso antes.

—¿Qué cosa? —preguntó un poco asustado.

James acarició cariñosamente con su pulgar la mano que sostenía.

—Mis vacaciones están muy muy cerca.

—Oh sí, lo recuerdo.

Está bien, una propuesta de matrimonio no empezaría con algo así, ¿verdad? Podía respirar tranquilo ahora.

—Bueno, la verdad es que quiero salir de viaje y estaba pensando en un lugar más cálido que Londres.

John no era estúpido, era claro que James le iba a pedir que viaje con él. Algo que, para ser sincero, no sonaba mal. Un cambio total de ambiente tal vez lo ayude, hacerlo en el mismo Londres parecía difícil después de todo.

—¿Quieres ir conmigo al Caribe?

—¿Al Caribe? —preguntó totalmente sorprendido.

—Sí, lo sé, un poco cliché, pero esas playas deben valer la pena.

John sonrió emocionado, ¿por qué no? Él siempre quiso viajar, pero con Sherlock nunca fue sencillo. Quiera o no, siempre le dio prioridad a lo que el detective quería y necesitaba y dejaba sus deseos en segundo plano.

—Wow. —John sonrió aún más. —Entonces creo que esta cena sí será una celebración.

Tras esa respuesta totalmente positiva, James se mostró completamente feliz.

—Dios, John, te amo. —suspiró con una sonrisa. —Y te voy a besar por eso.

El corazón de John no se emocionó del todo, pero acogió ese amor con los brazos abiertos. James soltó su mano y se inclinó, él hizo lo mismo para recibir el beso.

—¡Señor, creo que encontrará este añejo excepcionalmente de su agrado!

Sherlock se acercó sin titubear. Por nada del mundo permitiría un beso entre ellos y mucho menos delante de él. Colocó la botella prácticamente delante del rostro de John para separarlos.

La pareja se miró extrañada por un par de segundos, totalmente sorprendidos por la inoportuna y casi descortés interrupción. Luego James sonrió divertido, especialmente cuando vio la cara de incomodidad en John. Era demasiado tierno para él presenciar algo así.

—Tiene las cualidades del antiguo, —continuó Sherlock. —con algo del color del nuevo.

—No, lo siento. No ahora, por favor. —dijo John.

James empezó a reír bajo, recostó su espalda en la silla dejando que el pobre de John se encargara de la situación. Este lo miró abriendo grandes los ojos en clara señal de ayuda, pero James solo trataba de evitar de que su risa se vuelva en una carcajada, pues tampoco quería hacer pensar a John que se estaba burlando de él.

Lo cual realmente hacía, por cierto.

—Como la mirada de una multitud de extraños, —Sherlock no se detuvo, —de repente uno se da cuenta de que está mirando el rostro de un viejo amor.

John no alzaba su mirada para verle el rostro, pero sabía que, con la situación ya siendo demasiada incómoda para el rubio, este lo miraría para pedirle amablemente (pero molesto por su actitud) que no deseaba ser interrumpido en ese momento.

—No, mire, en serio, ¿podría, por fav-…?

Y lo miró.

Hubo pánico en la mente de John cuando sus ojos reconocieron ese rostro, lo dejó sin palabras, incluso sin pensamientos. Se asustó porque de verdad creyó que había perdido la cabeza, que se había vuelto completamente loco. Su cuerpo intentó moverse, pero sintió que sus extremidades no respondían como debía, estaba en shock.

Sherlock sonrió con timidez, esos ojos azules que tanto había extrañado por fin, luego de tanto tiempo, se posaban en él. El recuerdo de John mirándolo por primera vez esa noche que se conocieron en el bus vino a su mente de inmediato.

—Es algo interesante el esmoking. —comentó Sherlock amablemente, dándole tiempo a John para asimilar su presencia.

James frunció el ceño al ver el silencio de John, su rostro de pronto ya no parecía incómodo o avergonzado, ahora lucía asustado, mirando directamente al camarero. Así que él también subió su mirada, pero el hombre prácticamente le estaba dando la espalda, por lo que realmente no entendía lo que estaba sucediendo.

—Le da distinción a los amigos y anonimato a los camareros. —dijo Sherlock.

John miró a James y vio que la mirada de este lucía preocupada.

¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Sherlock estaba ahí frente a él? ¿Su mente le estaba mostrando otra ilusión? Pero este, a diferencia del que lo acompañó por esos dos años, traía unos bigotes mal dibujados, gafas y, sobre todo, hablaba. No tenía pruebas, pero estaba seguro de que su mente no sería capaz de tanto.

Sherlock está frente a él. Sherlock está vivo.

John frunció el ceño y agachó la cabeza por un instante sintiendo marearse. Se levantó torpemente sin pensarlo y finalmente miró a Sherlock.

—¿John? —llamó James totalmente alarmado. ¿Debería pararse y ayudarlo? —John, ¿qué ocurre? ¿Qué pasa?

Lo último que John deseaba era que su propia mente terminara por arruinarle la vida, ya había pasado suficiente tiempo como para que él finalmente pasara de página. Pero aquel hombre frente a él no era un producto de su conciencia, no era una ilusión, era el mismo Sherlock Holmes. El hombre de carne y hueso a quien entregó su vida y lloró su muerte por dos años.

Bajó la mirada y tomó aire tratando de recuperarse del shock inicial. La verdad ahora estaba justo ante él: Sherlock había mentido.

—Bueno, versión corta. —dijo Sherlock.

John volvió a mirarlo, tal vez expectante de lo que escucharía, pero a la vez sin nada en mente, sin esperar nada.

—No estoy muerto.

James no lo entendió al principio, ¿por qué el camarero hablaba con John como si lo conociera? ¿Por qué John lucía tan afectado al verlo? ¿Por qué decirle que no está muerto?

Un momento, ¿muerto?

No podía ser cierto, no podía ser posible. James sintió que el piso se movió bajo sus pies y que todo su mundo de pronto se volvía gris.

La mente de John empezó a funcionar poco a poco, pero no precisamente trayendo consigo sentimientos de felicidad. Tantos días y noches llorando, tanto tiempo sintiéndose como un miserable por lo que había dicho, tanta culpa pesando sobre sus hombros, tanta tortura hacia él mismo hablándole a una ilusión.

Tanto sufrimiento por una cruel mentira.

Sherlock sintió una punzada de culpa al ver la mirada de John. Aunque su intención había sido la mejor, vivir ese momento le demostró que la situación no era tan sencilla como quiso creer que sería. Sin embargo, estando muy entusiasta, se mantenía seguro de que luego del momento difícil de ese encuentro, ellos terminarían riendo recordando lo ocurrido esa noche, echados en la cama luego de hacer el amor.

—Es un poco mezquino aparecer así, lo sé. —dijo el rizado tratando de ser lo más amable posible. —Podría haberte dado un ataque al corazón. Probablemente todavía lo haga. Pero, en mi defensa, fue algo gracioso.

Sherlock sonrió, pero la mirada de John ahora era mucha más dura que casi rozaba la ira.

—De acuerdo, no es una gran defensa.

—Oh Dios, tú… —dijo James, quien, todavía sentado, se inclinó un poco para ver el rostro del camarero.

—Oh, sí. —dijo Sherlock sin mirarlo.

—Pero estás muerto.

—No exactamente.

—Moriste, todos lo dijeron.

—No. —a Sherlock ya le empezaba a joder la intervención del imbécil de James.

—Estás muerto. —insistió.

—No, estoy bastante seguro. Lo comprobé. —Sherlock miró con desdén a James por un segundo y luego tomó una servilleta de tela de la mesa. —Disculpa.

Metió la servilleta en la copa de agua de James (gesto que hizo más que todo porque le molestaba su presencia) y luego empezó a retirar sus bigotes falsos que, estaba seguro, le hacían lucir ridículo.

John permaneció en silencio observando cada movimiento y gesto de Sherlock, algo que le demostró de inmediato la poca empatía que el rizado tenía con sus sentimientos y su sufrimiento.

—Nunca te gustó verme sin afeitar, ¿lo recuerdas? —dijo el rizado.

James sintió que su impresión se volvía en molestia e indignación por la actitud tan relajada que tenía el detective. No podía creer que alguien que decía amar a John sea capaz de mentir con algo tan doloroso y luego regresar como si hubiese sido una simple y tonta broma.

—Por Dios, ¿qué…? Mierda, ¿acaso tienes idea de lo que has hecho? —dijo James.

Sherlock ignoró por completo a Sholto, siguió dándole la espalda y solo se concentró en John. Y, oh Dios, lo conocía demasiado bien como para entender lo que su rostro decía.

—Está bien, John. —frotó por última vez la servilleta sacando todo rastro del falso bigote y la devolvió a la mesa. —De repente me doy cuenta de que probablemente te debo algún tipo de disculpa.

¿"Probablemente"? ¿"Algún tipo de disculpa"? John sintió un subidón de ira en su cuerpo, el cual controló de inmediato haciendo sonar un puño sobre la mesa cuando se inclinó sobre ella.

James sintió que su corazón se rompía al ver a John tan afectado, tratando de controlarse, tal vez para no llorar o simplemente no golpear. John no merecía ese tipo de sufrimiento.

—John, tranquilo. Por favor, solo…

Realmente quería acercarse a su pareja y llevárselo para ayudarlo a calmarse, pero también sabía que ese inesperado encuentro no era exactamente uno que John dejaría ir. Había demasiadas cosas entre ellos y no sentía correcto intervenir en algo que todavía era importante para su pareja.

John respiró hondo.

—Dos años. —dijo, pero su voz sonó demasiado débil.

Su mente acumuló tantas cosas para gritar y reclamar, el coraje y la indignación de haber sido engañado de manera tan cruel le estaban haciendo dificultoso el poder expresarse.

Volvió a tomar aire lentamente. Levantó su cuerpo para volver a encararlo.

—Dos años…

Pero entonces, no solo la ira lo invadió, sino también la nostalgia, todo acumulándose y a punto de estallar. Se inclinó sobre la mesa otra vez, sentía la necesidad de apoyarse, ya que su cuerpo seguía afectado por el shock inicial.

A Sherlock le dolió ver así a John, escuchar su voz quebrarse de esa manera, la tensión en su cuerpo. Jamás quiso hacerle daño, eso lo podía jurar por su propia vida.

—Pensé, umm…

Otra pausa. Era demasiado, John sentía que no podía con todo lo que estaba viviendo. Se sentía demasiado surreal y doloroso.

James quiso tomarle la mano, pero él enderezó su cuerpo otra vez y miró a Sherlock, decidido a ir en contra de sus emociones y reclamarle por todo el dolor que le había provocado por dos largos y malditos años. Así su voz se vaya perdiendo con cada palabra, lo diría, le reclamaría.

—Creí… —pausa. —Que estabas muerto.

Sherlock desvió su mirada, no contestó.

—¿Umm? —miró al rizado con exigencia. —Me dejaste llorar.

Hijo de puta, permitiste que mi alma se haga pedazos creyendo que te había perdido. Dejaste que muriera en vida como si fuese un problema sencillo de superar. Dejaste que viviera sin ti y me condenaste al sufrimiento de ver a todos siendo felices, menos yo.

—¿Cómo pudiste hacerme esto? ¿Cómo? –quiso gritar la última pregunta, pero apenas pudo levantar la voz.

—Espera. —dijo el detective.

Sherlock sabía que le reclamaría por el engaño y de eso sacaría otros reclamos más que, para su opinión, serían equivocadas porque desconocía su versión de las cosas. Además, estaba seguro de que un puño sería lanzado contra su rostro en cualquier momento, por lo que quería ahorrarle la vergüenza a John, ya que eventualmente se daría cuenta de había actuado de manera exagerada.

—Antes de hacer algo de lo que puedas arrepentirte, solo debes saber algo importante.

Hacerse el gracioso había funcionado varias veces cuando tuvo discusiones con John. Con el tiempo había aprendido que utilizar un poco de comicidad para controlar la tensión, eso casi siempre hacía que John se calmara un poco, ¿por qué no funcionaría en ese momento?

John lo miró a los ojos, cualquier cosa que Sherlock tuviera que decir sobre su ausencia durante dos años no le haría cambiar su estado de ánimo, de eso estaba seguro, pero de todas maneras quería escucharlo, porque, maldita sea, realmente quería saber cuál era el motivo de tal mentira.

Sherlock se tomó unos segundos, esperanzado de que al mostrar una actitud más relajada y alegre, la tensión entre ellos se reduzca al menos un poco.

—Bueno, ¡soy Sherlock Holmes! —sonrió divertido y abriendo los brazos mostrando un gesto de obviedad.

Por unos largos segundos, los ruidos de los comensales alrededor fue lo único que había entre los tres hombres. Segundos que decidirían el resultado final de ese encuentro.

—Por Dios. —susurró James.

Al escucharlo, Sherlock volteó solo para mandarle una mirada de desprecio. James traía una mano en su rostro, apretando leve su frente, claramente desaprobaba lo que acababa de escuchar. Pero no le importó, poco le afectaba lo que ese tipo pensara, así que volvió a mirar a John.

¿Qué pasaría a continuación? ¿John sonreiría y lloraría para luego abrazar a Sherlock? O, en el peor de los casos, ¿lo mandaría a la mierda y se iría sin querer escuchar explicaciones?

La respuesta fue muy clara luego de unos segundos: Sherlock había escogido la peor actitud y las peores palabras para esa situación. John simplemente miró hacia arriba y luego de tomar aire, se abalanzó a Sherlock con el solo objetivo de golpearlo.

El rizado fue sorprendido, cuando sintió las manos de John tomando su ropa de un fuerte agarre, lo único que pudo hacer fue dejarse llevar hacia atrás para evitar que lo derribe. Sin embargo, eventualmente cayó.

—¡John!

James escuchó el sonido propio del alboroto y al alzar la mirada, vio a John haciéndose camino entre las mesas, mientras empujaba a Sherlock teniéndolo fuertemente agarrado del saco. Se levantó rápidamente para detenerlo, pero cuando llegó a ellos, ya estaban en el piso. John intentando ahorcar al detective y Sherlock tratando de alejar las manos del rubio para poder respirar.

—¡John! ¡Suéltalo, John!

Todos en el restaurante vieron la pelea, varios se levantaron para ayudar a James a separar a un furioso John Watson de un casi sin aliento Sherlock Holmes. El comandante necesitó a dos hombres más para lograrlo, agarraron de los brazos a John y no lo soltaron. Otros intentaron auxiliar a Sherlock, pero él, entre tos y tos, insistía encontrarse bien.

—¿Estás bien? —preguntó James a John sintiéndolo un poco más calmado.

El rubio no dejó de mirar a Sherlock en ningún momento, pero respondió a la pregunta con un asentimiento de cabeza, haciendo que los desconocidos entonces lo soltaran.

Sherlock se levantó un poco mareado y miró a John y, al igual que el rubio, permaneció en silencio sin apartar su mirada. No lo atacaría otra vez, estaba seguro, John siempre se sentía incómodo luego de perder el control, por lo que, generalmente, optaba por retirarse.

Y eso ocurrió, John simplemente empezó a caminar rápidamente hacia la salida, James lo siguió de inmediato. Sherlock los observó alejarse y, por un momento, consideró en dejar que John se calmara, quizás al día siguiente esté más dispuesto a escuchar, pero la compañía de James Sholto no le gustaba. Para ser sincero, le hervía la sangre de tan solo pensar que ese imbécil se quede con John consolándolo toda la noche.

James y John salieron del restaurante entre miradas extrañadas alrededor. El más alto solo se limitaba a seguir a su pareja, pues realmente no sabía cómo actuar, nunca había visto a John perder el control de esa manera hasta llegar a los golpes y de verdad temía que este terminara deprimido a tal punto de volver a cerrarse como antes o, incluso, enfermarse físicamente por toda la presión psicológica que había sufrido esa noche.

—Te llevaré a tu departamento, ¿de acuerdo? —le dijo.

—No. —contestó John inmediatamente. —Iré en taxi.

James seguía el ritmo de los enojados pasos de John.

—¿Qué? No voy a dejar que te vayas solo en este estado.

—¡John!

John se detuvo de golpe al escuchar la voz de Sherlock y James no pudo evitar sentirse frustrado por eso, ¿por qué mierda el rizado no era capaz de dejarlo en paz?

Sherlock se acercó a ellos con su sobretodo colgando del brazo.

—No te acerques. —dijo James en advertencia. —No te acerques a John o te partiré la cara.

—Esta vez te daría una pelea justa, imbécil. —respondió el detective.

La gente que pasaba al lado de ellos miraban a ambos hombres con el ceño fruncido, ¿de verdad iban a agarrarse a golpes frente a un lujoso hotel?

James no lo pensó dos veces, así que caminó al encuentro de Sherlock para cobrarse todo el sufrimiento que había vivido John en esos dos años. El rizado hizo inmediatamente lo mismo. Pero el comandante no había dado el tercer paso cuando fue rápidamente detenido por su pareja, quien lo tomó del brazo para no dejarlo avanzar.

—Quédate ahí, Sherlock. —la voz de John sonó tan fría como su mirada. —No quiero hablar contigo.

Sherlock sintió celos al ver que John no soltaba el brazo de James.

—Yo solo quier-…

—No me interesa lo que quieras. —interrumpió John.

—Debes saber por qué tuve que ocultarlo. —insistió. —Debes escuchar mi explicación.

James sentía el fuerte impulso de querer abalanzarse a Sherlock para golpearlo, pero sentir la presión de la mano de John en su brazo, atrayéndolo a su cuerpo para que no se alejara, era lo único que lo mantenía al margen.

Para John no había algo más descarado por parte de Sherlock, que la demanda obligatoria de su atención para escuchar su explicación, una que muy probablemente sea una patética excusa.

—¡Una palabra, Sherlock! —gritó enojado. —¡Eso es todo lo que hubiera necesitado!

A Sherlock le dolía recibir los ojos llenos de ira de John, le dolía ver que un sentimiento tan lastimero emergiera en John solo por su culpa.

—¡Una palabra para hacerme saber que estabas vivo! —esta vez John controló el volumen de su voz.

El detective caminó un poco más hasta quedar a un metro de John y James.

—John, estuve a punto de ponerme en contacto contigo tantas veces, pero… —el rizado suspiró arrepentido por todos esos dos años perdidos. —Me preocupaba que dijeras algo indiscreto.

—¿Qué? —preguntó el rubio claramente ofendido.

James suspiró con hartazgo. ¿Cómo Sherlock Holmes podía ser un genio y a la vez el peor de los idiotas del mundo? Viendo entonces que era mejor darle un espacio a John, decidió dejar a un lado sus impulsos y se alejó unos pasos.

John lo soltó sin problemas, por dentro agradeció que su pareja respetara ese momento.

—Tú sabes, —Sherlock intentó razonar con John lo mejor posible, —dejar que se filtre algo.

—¡Oh! ¡Entonces, ¿esto es mi culpa?!

—No, no exactamente…

—¿No te detuviste en algún momento a pensar que esto estaba mal? ¡¿O a pensar, si quiera, cómo un ser humano reaccionaría a algo como esto?!

—Las cosas no sucedieron así, no exageres las razo-…

—¡Exagerar! —interrumpió el más bajo. —¡¿Exagerar?! Así que finges tu propia muerte…

—John, no. ¡Shh!

Mierda, John estaba gritando a los cuatro vientos que estaba vivo y eso no debía saberse hasta que el plan de relaciones públicas de Mycroft comience al día siguiente.

—Luego te apareces aquí, sonriente y de buen humor, completamente vivo, —continuó John, Sherlock luego intentó callarlo otra vez sin éxito, —pero se supone que no deba tener problema con eso, no. ¡Solo porque Sherlock Holmes piensa que es algo completamente normal de hacer!

—¡Cállate, John! —gritó Sherlock perdiendo la paciencia. —¡No quiero que todos sepan que todavía estoy vivo!

—Oh, es todavía un secreto, ¿verdad? —John estaba siendo sarcástico.

James no supo si acercarse a John para calmarlo o simplemente quedarse donde estaba.

—¡Sí, todavía sigue siendo un secreto!

Sherlock desvió la mirada y respiró agitado, John simplemente lo quedó mirando, aguantando otra explosión de ira que saldría en cualquier momento.

—¿Prometes que no se lo dirás a nadie? —preguntó Sherlock.

—¡Jurado por Dios! —gritó enojado el más bajo.

John y Sherlock se quedaron mirando por unos segundos, luego el rubio miró a su alrededor notando, recién, el espectáculo bochornoso que estaban dando en la calle. Algunas personas se habían detenido en la otra acera mirándolos curiosos y otros pasaban a su lado bajando la acera para evitar acercarse demasiado a ellos.

John volteó a mirar a James, este prácticamente traía la cara de: "¿Puedes controlarte un poco, por favor?"

Sherlock suspiró largo y hondo, esa situación no era necesaria, John solo estaba cegado por el enojo que no le permitía ver que, a pesar de haber sido engañado, él estaba de regreso porque lo amaba y todo podía volver a ser como antes.

Lo observó con la mirada baja y respirando agitado, John siempre hacía los mismos ejercicios de respiración cuando se enojaba, algo que lo enterneció.

Se acercó dos pasos al rubio.

—Hemos estado alejados por dos años y no ha sido fácil para ninguno de los dos. ¿No podemos simplemente saltarnos esto y regresar al departamento como antes? Sin pelear, sin discutir, solo nosotros dos solos.

John alzó la mirada. Definitivamente había odiado cada maldita palabra.

—¿"Saltarnos esto"? —preguntó John.

Sherlock sonrió sintiendo su corazón derretirse ante la idea de volver a los brazos de John esa noche.

—Me extrañaste, ¿verdad? Yo también te extrañé, así que solo vayamos a nuestro departamento y no hagamos esto más complicado, por favor, John.

La respuesta de John no fue tan civilizada esta vez. Sherlock quedó con la nariz ensangrentada luego de un certero cabezazo en la cara. Terminó en el piso con la mente en blanco y con un intenso dolor que no le dejó reaccionar cuando John se alejó caminando a paso rápido. Un peatón lo auxilió ayudándolo a levantarse del piso y una desconocida le obsequió papel para detener la hemorragia. Cuando finalmente estuvo de pie, todavía se sentía algo mareado por el golpe, pero logró ver a James voltear a mirarlo justo antes de desaparecer con John al doblar la esquina.

Rechazó dos ofrecimientos para llevarlo al hospital y una llamada a la policía, luego levantó su sobretodo del piso y lo sacudió. Era algo vergonzoso, debía admitirlo, pero nada de eso le pesaba más como el hecho de que ahora los sentimientos de John hacia él no era nada más que odio.


John había dejado a James en medio de la calle para subirse a un taxi, necesitaba estar solo y meditar sobre todo lo que había sucedido. James claramente no estaba de acuerdo, pero lo dejó ir al verlo tan exigente al respecto.

—Te llamo para saber cómo llegaste.

—No es necesario, estaré bien. —respondió John justo al cerrar la puerta.

Pudo haberse sentido mal por responder de esa manera, pero en ese momento sus emociones no respondían nada más que a la confusión y la frustración. La verdad era que no sabía cómo sentirse con respecto a Sherlock, había deseado tanto que estuviera vivo, pero ahora que sabía que lo estaba, todo lo que eso realmente implicaba no hacía que se sintiera feliz, sino lastimado.

Estuvo sentado en su sala por un largo rato recordando cada segundo desde que vio el rostro de Sherlock en el restaurante. Todo lo que había escuchado, visto y sentido esa noche ahora lucía tan irreal que a veces le costaba creer que de verdad había ocurrido.

¿Qué se supone que debía pensar ahora? ¿Qué mierda había pensado Sherlock cuando decidió mentirle con algo tan serio como eso? Dios, ¿cómo incluso pudo pensarlo? ¿Mycroft lo sabía?

—Claro que sí. —susurró para sí mismo.

Sí, por supuesto que lo sabía y le había mentido en su maldita cara cuando se lo preguntó esa vez. Dos años, dos malditos años sufriendo, llorando, sintiéndose como un miserable, creyendo incluso que estaba perdiendo el control de su mente, ¿para qué? ¿Para que después Sherlock regrese y le diga "¡Soy Sherlock Holmes!" con una estúpida sonrisa?

¡Es que ni siquiera le pidió perdón! No esperó a que esté en su departamento para tocar su puerta y presentarse ante él, haciendo el encuentro, al menos, más privado y manejable. Porque, sí, si supo dónde encontrarlo esa noche, era obvio que Mycroft también le daría la dirección de su departamento.

No había excusa para lo que Sherlock había hecho, Dios, ni siquiera estaba seguro de que existiera alguna excusa que justifique la crueldad que había cometido con él, ¿o será que simplemente estaba exagerando las cosas por el dolor del momento?

Volteó y, por primera vez, aquella imagen que por dos años lo acompañó, ya no estaba. Miró a su alrededor esperando verlo, como siempre ocurría con solo pensar en él o simplemente desearlo, pero no lo encontró. Realmente no fue un alivio, no se alegró, pero tampoco se preocupó, de hecho, su mente estaba todavía procesando todo lo sucedido, así que simplemente decidió no darle importancia por ahora.

Se levantó abandonando el teléfono en el sofá y se dirigió al baño para prepararse para dormir, mañana tenía trabajo en el hospital y, sí, cumpliría con su rutina de siempre como si Sherlock nunca hubiese regresado, al menos por el momento.


Sherlock caminaba por las calles de Londres con nostalgia y tristeza, la muy mala bienvenida de John no lo había dejado con buenos ánimos. Sin embargo, no volvería con Mycroft como un perrito asustado para pasar la noche, tenía que volver al 221B, así no se sea acompañado de John como hubiera preferido.

Pero su camino se desvió a Scotland Yard, estaba relativamente más cerca y la hora estaría a su favor, ya que la cantidad de gente en el edificio era mucho menor que en el día. Podría escabullirse sin ser visto hasta la oficina de Lestrade.

Así lo hizo, con su ya basta experiencia dentro del edificio, supo cómo evadir al hombre de seguridad para poder ingresar y dirigirse al pasillo. No importaban las cámaras, nadie revisaba las grabaciones mientras no ocurriera nada realmente importante. Entonces, vio a Lestrade, con el cabello más corto y ligeramente más blanco de lo que recordaba. Además, lucía relajado, algo que era inusual en él, especialmente si se quedaba a esas horas en la oficina.

Dudó un poco, ¿solo se acercaría y dejaría que lo viera? ¿Qué más podría hacer? Después de todo, la oficina tenía vidrio transparente, lo vería desde lejos. Pero Sherlock no tuvo tiempo para responder su pregunta, Lestrade se colocaba su abrigo y salía de su oficina con la clara intención de bajar al estacionamiento por su auto para volver a casa.

Entonces, fue ahí donde lo interceptó. Lo siguió de lejos y cuando el inspector se detuvo por un momento para sacar un cigarrillo, Sherlock se acercó a él entre las sombras del pobremente iluminado estacionamiento. Algo en el piso casi lo delata, no pudo ver qué era lo que había pateado por casualidad, pero no importó, Lestrade volteó por el sonido y segundos después simplemente siguió en lo suyo sin darle mayor atención.

—Esas cosas te matarán.

La voz de Sherlock resonó en eco hasta los oídos de Greg Lestrade, dejándolo con la llama del encendedor flameando cerca de la punta del cigarrillo ya entre sus labios. No se movió por largos segundos, tal vez procesando la idea de que fuese su imaginación o que de verdad Sherlock estaba vivo.

Por supuesto, Lestrade sabía que era mucho más probable que el hijo de puta de Sherlock Holmes regresara de la muerte, antes de que su imaginación le obligue a escucharlo.

—¡Oh, bastardo! —se sacó el cigarrillo de la boca.

Sherlock sintió un ligero subidón de ego, llevó sus manos hacia su espalda y, con una ligera sonrisa, salió de entre las sombras hasta mostrarse ante su viejo amigo.

—Es hora de volver. Has dejado pasar las cosas, Graham.

—Greg. —corrigió el inspector.

—Greg. —Sherlock lució avergonzado por eso por un momento.

El inspector lo quedó mirando en silencio, así que Sherlock no estaba seguro de haber dado una buena impresión. Bueno, no lo había hecho, jamás podía recordar bien su nombre. Sin embargo, para su sorpresa, Greg abrió sus brazos y prácticamente se abalanzó para darle un fuerte abrazo. Sherlock sintió los estragos de los golpes en ese apretón, pero estaba socialmente obligado a soportarlo, así que dejó que su amigo siguiera colgado de él por un tiempo considerable.

No hubiera sido tan incómodo si hubiera sido el abrazo de John, eso lo tenía claro.

Una pequeña charla, amigables palmadas en la espalda y una gran sonrisa por parte de Lestrade. Sherlock recibió una cálida bienvenida al menos por parte de él, pero no pasó mucho tiempo ahí, todavía tenía que ir a darle el susto de su vida a la Sra. Hudson. Era tarde, pero sabía que todavía tenía tiempo para llegar. A pesar de su edad, la anciana solía irse a la cama bastante tarde.

Cuando bajó del taxi y se acercó a la puerta, se tomó un momento para observarla. Dejó que los recuerdos invadieran su mente y sus sentimientos resurgieran como hace años, cuando solía entrar por aquella puerta tomado de la mano de John Watson.

Intentó no hacer mucho ruido, pero quitar los seguros no era algo muy silencioso que digamos. Entró y cerró la puerta despacio. Sus agudos oídos escucharon pasos ligeros a lo lejos, era la Sra. Hudson que de seguro se había alarmado por el ruido. Ella salió de su departamento con una sartén en la mano y miró el pasillo, divisando que la puerta interior todavía estaba cerrada.

Sherlock sintió un poco de lástima por ella, sabía que la luz de la calle entrando a través de los vidrios de la parte superior de la puerta, hacía que su sombra sea reflejada en la puerta interior, la cual tenía vidrio opaco.

Definitivamente la aterrorizó, porque cuando abrió dicha puerta y se miraron después de dos años, la anciana gritó muy fuerte mientras agitaba sus manos y dejaba caer la sartén que sostenía.

—No, Sra. Hudson, tranquila.

Él intentó acercarse, pero ella simplemente estaba en pánico, así que entró a su departamento y le cerró la puerta con fuerza.

Sherlock esperaba ese tipo de reacción, pero, demonios, igual le tomó por sorpresa tremendo grito. Se acercó a la puerta lentamente, podía ver la silueta de la anciana detrás de los viejos vidrios.

—Sra. Hudson, sé que es sorpresivo, pero en realidad soy yo. Soy Sherlock, estoy vivo.

La anciana respiraba rápido y sentía que su corazón estaba a su límite, podía ver la imagen de Sherlock deformada por los vidrios al otro lado de la puerta y escuchar su voz como si de verdad estuviese ahí. No era una presencia del más allá o una broma cruel, ¿verdad?

Sherlock Holmes realmente estaba vivo.

Entonces, ella abrió la puerta despacio y se inclinó con timidez para ver a Sherlock sonreírle, mientras recogía la sartén del piso.

—Se le cayó. —dijo amablemente el detective.

La Sra. Hudson no contestó, ni recibió la sartén, simplemente abrazó a Sherlock entre lágrimas de emoción. Para suerte del detective, ella no tenía tanta fuerza como Lestrade, por lo que su cuerpo recibió ese gesto de cariño con mucho gusto, también rodeándola con sus brazos y sintiéndose amado nuevamente.

Sherlock no usó su antigua cama esa noche, sino el sofá de la sala de la Sra. Hudson por insistencia de la misma, ya que el piso de arriba estaba terriblemente sucio y empolvado. Habló con ella por varias horas, se enteró de sus dolencias, de su soledad, algo de los vecinos que realmente no prestó atención y de la visita de John ese día en la tarde, con todos los detalles que este le había contado. El rizado disfrutó de la compañía de su vieja amiga hasta que la vio cansada y él, finalmente, le insistió que se acostara para descansar. Ahora ellos tendrían todo el tiempo del mundo para seguir su conversación.

La Sra. Hudson durmió con una sonrisa el resto de la noche, pero Sherlock ni siquiera pudo cerrar los ojos. Saber que John estaba decidido a rehacer su vida con James Sholto lo hacía sentir inseguro y temeroso. Peor aún al recordar la actitud del rubio esa noche, cuando lo miraba con ojos de odio o no le soltaba el brazo al idiota de James.

Entonces, ¿eso quería decir que John ya no solo buscaba una simple compañía, sino que su relación James Sholto finalmente había tomado la seriedad suficiente como para iniciar una vida juntos? Sherlock sintió su corazón hundirse al creer que realmente había llegado demasiado tarde, que dos años habían sido suficientes para que John lo olvidara y decidiera seguir con su vida al lado de otra persona.


—Ya está todo listo. Estará en la red en dos minutos y seré tendencia en Twitter luego de dos minutos más.

Molly sonrió divertida mirando su celular, atenta a la primera mención de Sherlock en las redes sociales. El brazo izquierdo del rizado la rodeaba en un cariñoso abrazo, mientras se encontraban sentados en el piso del laboratorio.

Sherlock había ido a buscar a Molly al día siguiente, su encuentro con ella tenía que ser especial, por eso no fue a su encuentro la noche anterior. Su ayuda había sido muy importante para su plan contra Moriarty, no podía simplemente llegar a decir un hola, tenía que pasar un buen rato con ella.

Molly había terminado su turno de madrugada, por lo que se disponía a tomar las cosas de su casillero para cambiarse e irse a su departamento. El rizado la había esperado pacientemente hasta que llegara y cuando su reflejo fue visto por ella en el espejo de su casillero, Sherlock no tardó en recibir una hermosa bienvenida que incluyó abrazos, besos en sus mejillas y caricias en todo su rostro. Molly sonreía de felicidad y lo miraba con una que otra lágrima asomándose en sus ojos.

No pudieron salir a caminar como ella lo hubiera preferido, por lo que se quedaron en Barts. Compraron galletas de la máquina de alimentos y se encerraron en un laboratorio para poder conversar por casi dos horas, escondidos de la mirada ajena de algún curioso (por eso estaban en el piso). Hablaron de muchas cosas, todo lo que Molly vivió en esos años, su trabajo, cómo manejó la culpa de ocultarle la verdad a John, lo que el rizado tuvo que pasar en esos dos años, la reacción John la noche anterior y cómo Mycroft manejaría públicamente el regreso de Sherlock.

—Serás la noticia del momento por una semana. —dijo ella.

—Regresé de la muerte, no podría esperar menos que eso.

Ambos rieron divertidos.

—Estarás muy ocupado con eso, ¿no verás a John otra vez?

Sherlock desvió la mirada por un momento.

—No estoy seguro de que quiera verme.

Molly inclinó su cabeza de lado en el hombro de su amigo y Sherlock posó su mentón sobre la cabeza de ella.

—No debe ser sencillo para él, dale tiempo.

—Molly, ¿crees que John pueda perdonarme?

La pelirroja reflexionó su respuesta por un momento, quería decirle que sí y darle ánimos, pero siempre prefirió ser honesta como una verdadera amiga. Sherlock siempre valoró eso de ella.

—Sinceramente no lo sé, Sherlock.

Sherlock suspiró.

—Pero no te rindas, mucho menos si no has logrado hablar con él como debe ser. De todas maneras, creo que John debería escuchar tu versión.

La alarma de notificación sonó en el teléfono de Molly, ella lo miró de inmediato.

—¡Oh, mira!

Sherlock miró la pantalla, #SherlockHolmesIsAlive, #SherlockLives, #SherlockIsNotDead.

—Estás en todos lados. —comentó Molly mientras bajaba para ver todos los tweets que surgían cada segundo.

El teléfono de Sherlock sonó, era un mensaje de Mycroft.

—Bueno, creo que llegaron a recogerme. —dijo Sherlock y ambos se levantaron. —¿Estás libre esta noche? Para estar solos tú y yo.

—¿Eh? Yo, uh…

Sherlock sonrió divertido al verla nerviosa. Él había notado su ligero aumento de peso y cierto detalle en su mano izquierda, Molly tenía pareja y ella no sabía cómo decírselo, lo había evitado durante todo el tiempo que estuvieron conversando.

—Solo bromeaba. —la tomó de las manos y la miró con cariño. —Gracias, Molly Hooper. Sin ti, Mycroft jamás hubiera podido continuar y yo no estaría aquí. Te debo demasiado.

La pelirroja se sintió tan conmovida que sintió su rostro arder y sus ojos humedecerse un poco.

—Pero no puedes volver a poner en peligro tu reputación y tu carrera. —continuó Sherlock, ella sonrió. —Felicidades, por cierto.

Sherlock miró la mano izquierda de Molly, el dedo anular presentaba una muy sutil marca, típica al portar un objeto sobre ella durante un gran periodo de tiempo.

—Él no es del trabajo. —sonrió tímidamente Molly. —Nos conocimos por amigos. A la antigua. Es agradable, tiene un perro, vamos al pub los fines de semana y conocí a su mamá y su papá y sus amigos y toda su familia. No tengo idea de porqué te estoy diciendo todo esto…

Sherlock apretó ligeramente sus manos y volvió a sonreír.

—Espero que seas muy feliz, Molly. Te lo mereces.

Aquellos recuerdos flotaron en sus mentes por un momento, cuando ser pareja no había funcionado para ellos, pero en cambio, habían construido una amistad inquebrantable.

—Después de todo, —dijo Sherlock, —no todos los hombres de quienes te enamoras pueden resultar ser sociópatas.

—¿No?

—No.

Sherlock se acercó y la abrazó, los brazos de Molly lo rodearon.

—Pero si resulta ser un hijo de puta, solo dímelo, ¿de acuerdo? —susurró él.

Molly rio divertida mientras sentía el beso del rizado en su cabeza.

—De acuerdo.

—¿Me lo prometes?

—Lo prometo.