CAPÍTULO 24: Pasado y presente


Comentarios a los reviews:

Kaory1: Ya no queda nada, mujer. Para la semana que viene, lo tendréis completo de nuevo ;-D . Me alegra que te haya gustado cómo ha dado la escena entre los dos *o*

TamashiHimura: Me alegra que te haya gustado el capítulo *o* Reconozco que el Kenshin de esta nueva versión me está gustando más que el anterior. Sigue teniendo su punto arisco, pero no es tan marcado como antes. Me alegra que a ti también te guste este Kenshin *o*

YokoGH: Sí, ya están juntitos de nuevo *o*

Ryuuzaky: Ok, me ha quedado claro que te ha gustado el capítulo, jajaja. Con el lío que tenía Kenshin en la cabeza, lo que sentía por Kaoru era más negación que otra cosa. Pero ya ve las cosas como tiene que verlas y de ahí que esté pasando página. Sobre qué pasará después... sigue leyendo ^o^

Guest2: Sí, ha costado un montón de capítulos, pero al fin los veis juntos. Me alegra que te esté gustando tanto la historia *o*

DULCECITO311: Uy, sí... la ansiedad de Kenshin ahora se irá por otro derrotero ^o^. Pobre Kaoru... jiusjiusjius.

Guest: Pues en este fic no hay más lemons ^_^º. Si ya sólo quedan 2 capítulos con éste ^_^º. Además, antes era muy reacia a meter lemons porque no me gustaba nada escribirlos. Así que suficiente que metí uno para cada pareja más el «frustrado» de la habitación ^_^º. Sobre las habladurías, no creo que Kaoru les haga mucho caso. Si no, no recogería a gente de la calle ^_^º Además, ya al inicio de la serie, Kenshin le dijo que no debería quedarse con ella porque si se supiera que Battosai estaba viviendo allí, sí que se montaría un pifostio. Pero ella le dijo que no le importaban esas cosas, por eso Kenshin se quedó. Así que no me extrañaría que Kaoru le soltara que no le importaba quedarse embarazada aunque estuviera soltera ^_^º. Sobre los fics de RK, pues es del fandom del que más tengo escritos, así que puedes leerlos si quieres ^_^º. Pero ¿nuevos? Eso lo doy casi por imposible porque ahora mismo estoy más conectada con otras series. Mi último fic original de RK fue el de «Radiante» y con él me di por terminada aquí ^_^º

CinthKitty: De verdad, me alegra saber que os ha gustado *o*. No sabéis lo mal que llevaba escribir escenas lemons en aquella época. Así que feliz quedo de ver que os emocionan *o*

Anto: A ver, lo de que duela o deje de doler la primera vez, además de, evidentemente, haber una preparación previa, también depende del estado del himen. Y suele pasar que chicas que practican deportes de impacto, hípica y demás, no tienen el himen intacto. En el caso de Kaoru, los tiros van por ahí, sin descontar que tiene bastante aguante al dolor por su profesión ^_^º. De todas formas, creo que un problema importante que hay sobre el tema es lo que dices: «que lo lees». Y me da a mí, que la mayoría de las que escriben que la prota «sintió un dolor abrumador y le salieron lagrimones y blablabla», es que no han pasado por ello en la vida real o lo suyo fue muy traumático O_o. A mí me duele más cuando me pinchan para sacarme sangre que lo que fue aquello. Y que conste que yo no digo que a alguna no le doliera bastante, que hay chicas que tienen lo del himen rígido y cosas varias (y ahora vendrá la escritora de turno a excusarse que en sus doscientos fics la prota lo tiene, a lo que yo le diré que todos mis boletos de lotería vienen con premio ¬_¬º). Pero no es lo normal (no he encuestado a toda la población femenina, obvio, pero por lo general, con las que lo he hablado iba de no enterarse a tener molestias, que no dolor-dolor). Así que, a veces, tengo la sensación de que la gente lo escribe para asustar a las que no han pasado por ello ¬_¬º. Yo por eso siempre suelo ser más light a la hora de escribir una primera vez. Soy el contrapunto XD
En cuanto al comportamiento de Kaoru... pues es que ya ve que si no se lanza a la piscina ella, Kenshin no lo va a hacer XD

Gracias a todas por los reviews ;-D. Os dejo con el capítulo de hoy. Espero que os guste ;-D


CAPÍTULO 24: Pasado y presente

Kaoru no supo cómo pudo despertarse tan pronto puesto que apenas se apreciaban los claros de la mañana. Y sospechó, cuando intentó moverse, que precisamente lo había hecho por el dolor de su cuerpo.

Le dolía entero.

Hasta en sitios que no sabía que podían dolerle.

Porque Kenshin la había mantenido despierta gran parte de la noche.

Después de que le hubiera confesado sus sentimientos, se habían quedado dormidos uno en brazos del otro. Pero en plena noche, había sentido cómo Kenshin la despertaba para hacer el amor de nuevo con ella. Parecía que intentaba recuperar el tiempo perdido y, en consecuencia, había estado implacable.

Porque había habido una cuarta vez.

Kaoru se había girado sobre su estómago entre risas para intentar detenerle, pero había dado igual y, de hecho, había conseguido que Kenshin le enseñara una forma nueva de hacerlo. Se había subido a su espalda, abierto las piernas y, metiendo la almohada bajo su vientre, la había tomado desde atrás.

Suave y profundo.

Estaba agotada, pero completamente feliz de haber sido amada hasta la extenuación por él.

Kaoru frotó su nariz contra el pecho de Kenshin y pasó sus dedos por su esternón. Él soltó un profundo suspiro y el cambio en la respiración subsiguiente le hizo saber que se había despertado.

—Puedo acostumbrarme a esto —murmuró Kenshin con la voz ronca por la falta de uso tras una noche de sueño.

«Y yo también», pensó con regocijo Kaoru. Había utilizado a Kenshin de almohada. Al sólo haber una en el futón, no le había quedado más remedio que dormir contra su pecho, aunque por supuesto, no le ponía ninguna objeción.

Sonrió internamente al reflexionar sobre ello.

—Tienes que ir a tu habitación —le pidió Kenshin—. Si Yahiko despierta pronto y nos ve aquí, nos será imposible inventarnos algo.

Kaoru remoloneó con toda intención. Le abrazó más fuerte y se acomodó en el sitio haciendo caso omiso de su sugerencia.

—Espera un poco.

Por varios minutos ninguno dijo nada, sólo disfrutando del momento de tenerse el uno al otro.

—Hacía tiempo que no me sentía así —habló de pronto Kenshin.

—¿Así cómo?

—Tan relajado…

—Pues deberías estar cansado. Nos has mantenido despiertos media noche —le recriminó sin mucha fuerza Kaoru. Él, por su parte, se rio por su falso reproche. Sabía que ella había disfrutado todos y cada uno de esos minutos que la había tenido en vela.

—Créeme, has conseguido que gaste todas mis energías —rio con perversidad Kenshin—. Pero no me refiero a eso, sino a que por fin me siento tranquilo en mi interior. Es extraño —siguió—. Ayer tenía una opresión en el pecho que casi no me dejaba respirar. Tenía tantas contradicciones encima que no me sentía yo mismo. Pero esta mañana me encuentro liberado; como si de nuevo tuviera el control de mi propio cuerpo… de mi propia vida. ¿No te suena raro? —preguntó con confusión.

Kaoru se sintió repentinamente feliz por sus palabras. Por la noche había llegado allí queriendo dejar de ser una carga más para él y había conseguido tranquilizarle tanto que, por un rato, al menos, le había quitado todos los males. Era una reconfortante forma de subir su ego, volvió a sonreír para sí.

—No lo sé. —Trazó un par de círculos con su dedo índice sobre su pecho—. Muchas cosas son raras contigo.

Kaoru levantó la cabeza para verle. Las facciones de su cara estaban relajadas, sin una pizca de tensión. Eso subió más puntos su autoestima. Sabía que el juicio de valor de una mujer enamorada estaba alterado cuando se refería al hombre que amaba, pero para ella, era el hombre más atractivo que había conocido. Suspiró satisfecha.

Porque era todo suyo.

Kenshin sonrió y sus preciosos ojos malvas brillaron en ese rostro apuesto. Y volvió a suspirar. Adoraba ese color… Esos ojos que la hacían contener el aliento y que llevaba tanto tiempo sin ver.

Kaoru se paralizó en el sitio y, un segundo después, se había incorporado para verle mejor. No podía ser cierto. Estaban ahí otra vez.

—¿Kaoru? —preguntó con inquietud Kenshin al ver la reacción de la mujer—. ¿Ocurre algo?

Kaoru no dijo nada. En realidad, simplemente no podía articular palabra. Le tocó el rostro en un contacto ligero casi temiendo que pudieran desaparecer. Pero no lo hicieron: seguían ahí.

—Tus ojos… —murmuró con un matiz de incredulidad—. Vuelven a ser normales. —Kenshin frunció el ceño. No entendía a qué se refería Kaoru—. Han desaparecido los ojos del asesino.

—¿A qué te refieres? —se extrañó aún más.

—Han perdido el brillo dorado de Battosai. Vuelven a tener ese tono violáceo que adoro.

Kenshin los abrió con amplitud por el desconcierto.

—¿Lo dices en serio? —Kaoru le sonrió mientras asentía—. Desde que me convertí en un asesino su brillo nunca me ha abandonado.

—Cuando te conocí eran así de bonitos —le aseguró ella.

—Lo sé; tengo el recuerdo de ello.

—Sí, pero retornaban cuando tu sed de sangre del pasado salía a la luz. —Kaoru bajó hasta él y posó un suave beso en sus labios. Cuando se separó, acarició su nariz con la de él en un gesto tierno que hizo sonreír a Kenshin.

—Es obra tuya —le dijo él a una pregunta no formulada—. Tú has hecho que me encuentre así. Incluso me haces querer ser mejor persona para ti.

Aquello removió algo en el interior de Kaoru. Una sensación cálida la invadió y por fin creyó entender la diferencia que había entre el día anterior y ése.

De forma imprevista, las palabras de Megumi atravesaron su cabeza:

«—Tienes que conseguir hacer algo que impacte sobre Kenshin de la misma forma que lo hizo el final de la guerra. Eso es un listón muy alto. Pero si quieres que abandone radicalmente su vida de asesino, vas a tener que hacer algo contundente».

Al final, no había tenido que sacar el mundo de sus goznes para conseguirlo como pensó aquel día. Pero había tenido que atrapar de nuevo su corazón, que no por ello era una tarea menos complicada.

Eso le hizo reír.

—¿Qué? —preguntó él con humor al ver su reacción.

Kaoru se recostó y suspiró.

—Para ser un Kenshin más desagradable, me dices cosas muy bonitas.

—Recuerdo haberte dicho cosas bonitas antes del accidente también —recriminó divertido Kenshin—. Por si lo que intentas es animarme por mi arisco carácter.

Kaoru volvió a reír con júbilo y la abrazó más contra él.

—Tienes un humor diferente, pero también me gusta.

—Eso espero. —Estuvieron varios minutos sin nada más que decir, sólo sintiéndose el uno al otro, piel contra piel—. Por cierto, puedes seguir diciéndome todas las cosas positivas que quieras. —Kaoru le dio una palmada en el pecho y se incorporó para mirarle sorprendida—. Para una vez que te pones a decir cosas buenas de mí, no te voy a poner inconveniente. Tienes que resarcirme de todo lo malo que me has dicho días atrás.

—Lo que tienes es mucha cara, Kenshin Himura.

Y como si quisiera corroborar lo dicho, el hombre posó una mano en su cintura y la fue subiendo hasta alcanzar un pecho de ella. Lo acarició y con el pulgar frotó el suave pezón hasta que se convirtió en un punto apretado.

Kenshin miró absorto el proceso sin poder quitar sus ojos de ella. Kaoru tenía un cuerpo precioso que sólo le hacía pensar en tórridas noches húmedas de cuerpos entrelazados.

—Ni siquiera lo pienses: me duele todo el cuerpo, y lo digo en serio.

—Te prepararé un baño relajante para que estés como nueva.

—No creo que esto se quite con un simple baño.

Tenía la piel demasiado sensibilizada por todas partes después de tantos roces y succiones. Aun así, Kenshin siguió acariciándola, pero notó que sus caricias no tenían el cariz sexual de la noche pasada. Poco a poco, su semblante se fue tornando más serio.

—¿Te arrepientes? —preguntó con un tono que ella detectó como vulnerable.

—No —contestó de forma inmediata sabiendo perfectamente a qué se estaba refiriendo Kenshin. La rapidez con que lo hizo le tranquilizó.

—Yo tampoco —dijo él. En ningún momento dejó de tocarla con sus dedos allí donde tenían piel al alcance. Sin embargo, Kenshin levantó la vista para tener contacto visual directo con ella—. Quiero estar contigo —agregó solemne.

Kaoru le besó en cuanto esas palabras salieron de su boca. Fue suave, tierno, y contenía todo lo que su corazón sentía por él. Cuando se separó, le miró con la emoción contenida en sus ojos a punto de derramarse.

—Y yo.

—Para siempre —afirmó Kenshin contundente. Kaoru asintió feliz—. Y no sólo por la posibilidad de que puedas estar embarazada.

—Lo sé —repitió con una sonrisa cuando sacó a colación ese detalle.

—Aunque no puedo negar que me preocupa mucho que puedas estarlo.

—También lo sé —afirmó, consciente de lo nervioso que se había puesto Kenshin esa noche ante la posibilidad. Sin embargo, no se había refrenado nada una vez que Kaoru le dijo que deseaba que ocurriera.

—Sabes muchas cosas, por lo que veo —replicó ceñudo.

—Aunque no te lo creas, es más fácil leerte ahora que antes. Claro que te alteraste tanto anoche que tendría que haber sido ciega y sorda para no darme cuenta de lo mucho que te preocupó el tema.

—No deberíamos haber hecho esto sin estar casados —dijo sin inflexión en la voz Kenshin.

—Hace un minuto has dicho que no te arrepentías —comentó titubeante.

—Y no lo hago —repuso con firmeza—. Sólo digo que no deberíamos haberlo hecho.

—Entiendo —agregó cambiando la duda por un asomo de sonrisa—. Eres consciente de lo que es correcto, pero te importa poco llevarlo a cabo o no.

—Me tientas demasiado… —se quejó con un lamento Kenshin echándole enteramente la culpa a ella—. Pero no voy a perder de vista lo importante: tenemos que casarnos.

Ella se quedó muy quieta mirándole a los ojos. Casi no podía respirar después de esa declaración tan directa por su parte.

—Lo dices como si te sintieras obligado —dijo con cuidado.

Kenshin pasó su mano por los mechones negros que caían como una cascada sobre él y los retiró por detrás de su oreja. Siguieron cayendo sobre él, pero al menos podía verle un lado completo de su cara.

—No me siento obligado —contrarrestó él ante la inquietud visible de Kaoru—. Te lo acabo de decir: quiero estar contigo; tener una vida juntos.

—¿Estás seguro? —se preocupó ella—. ¿No tendrás luego remordimientos por…?

Pero no siguió y Kenshin supo tanto lo que quería decir como por qué no había terminado la pregunta.

—No, no los tendré —afirmó convincente—. Tomoe fue una parte importante de mi vida, pero tú eres mi presente.

Kaoru esbozó una tímida sonrisa que dio un vuelco al corazón de Kenshin. Esperaba que pronto se acostumbrara a ellas o su pecho no soportaría tanto revuelo.

—Entonces, por fin has dejado tu pasado atrás. —Casi no supo cómo había formulado esas palabras, pero, en cuanto las dijo, esa idea cobró fuerza en su cabeza.

Había notado cuando hablaron por la noche que el brillo de sus ojos se atenuaba. Había sido mucho más accesible para Kaoru, llegando a comentar cosas íntimas de ellos como si fuesen una pareja de nuevo. Y esa mañana, directamente habían desaparecido los destellos de sus ojos. Los ojos del asesino habían retornado cuando su pasado regresó con fuerza tras el accidente, pero ahora Kenshin lo estaba dejando marchar. Durante esa noche, él había cerrado ese capítulo de su vida para continuar uno nuevo junto a ella.

Y eso, más que cualquier otra cosa, era lo que había hecho desaparecer todas sus cargas y hacerle sentir tan tranquilo esa mañana.

—Sólo quiero mirar adelante —le confirmó él mientras la tumbaba en el futón, la besaba ligeramente y acariciaba con ternura sus suaves curvas hasta hacerla suspirar.

Porque ella era para éste Kenshin lo que para el otro supuso el final de la guerra. Se había convertido en el motivo que había hecho al asesino querer cambiar de vida de forma voluntaria para continuar con otra por completo diferente.

— * —

—¿Tú crees que vendrá Sanosuke o habrá acelerado la partida de su viaje? —preguntó divertida Kaoru mientras desayunaban.

—Si te digo la verdad, creo que si se marcharon tan fugaces ayer fue por Megumi. Sanosuke no es el tipo de hombre que se avergüence por que se sepa que deja satisfecha a su esposa —se rio Kenshin con un aire tan pícaro que hasta sorprendió a Kaoru. No se esperaba un comentario de ese estilo. Al parecer, ser conocedora en la práctica de las relaciones entre hombres y mujeres te daba el estatus de poder compartir bromas referentes a ellas.

Yahiko apareció en ese momento acercándose hasta ellos para sentarse a desayunar. Los dos adultos se callaron al instante dejando el tema de conversación nada propio para oídos de los niños.

—Yahiko —dijo Kenshin agarrando la mano de Kaoru—, vas a ser el primero en enterarte. —El chico les miró extrañado por la actitud que mostraban y, por supuesto, las confianzas de Kenshin para con Kaoru—. Esta tarde iremos al templo para hablar con un sacerdote. Kaoru y yo nos vamos a casar.

La joven sonrió por la cara de sorpresa de Yahiko y, al final, acabó riéndose cuando fue evidente que tardaría en salir del estado atónito en el que había caído.

—¿Cómo es posible? —inquirió al fin—. Últimamente andáis muy tensos el uno con el otro, y eso sin contar todas las peleas que tenéis. ¿Cómo puede ser que antes que erais la pareja perfecta no terminarais de dar el paso y, sin embargo, ahora sí?

—Muy bien dicho, Yahiko —corroboró Kaoru como si eso fuese la respuesta a la pregunta, lo que desconcertó aún más al niño—. Ésa es otra de las cosas que me encantan de ti: eres menos indeciso en este aspecto que antes —le dijo con una sonrisa en los labios, lo que hizo que el hombre no pudiera evitar darle un casto beso en la mejilla por sacar a relucir otra de las cosas que le gustaban de él.

—Anoche os vi —soltó de pronto al verles cariñosos, consiguiendo que los dos adultos le miraran tan blancos como la nieve. A Kaoru, directamente, incluso el corazón se le paró. Sólo de pensar que les hubiera oído ya le daban motivos suficientes como para querer emigrar del país y no volver nunca más. Entendía a la perfección que Megumi quisiera escapar después de lo de anoche. Pero que los hubieran visto… Eso pasaba a otro nivel—. Cuando me fui a mi habitación me di cuenta de que os había interrumpido. —Luego añadió con un tono socarrón—. Os vi separaros bruscamente e, incluso con la oscuridad, supe que teníais aire culpable.

—¡Oh, Dios! —exclamó sin aliento Kaoru al entender que se refería a cuando habían estado en el jardín. Se llevó las manos a la cara por el alivio y eso llevó a Yahiko a jactarse más de ella al interpretarlo como mortificación.

—No soy un crío —alegó él—. Ya sé lo suficiente sobre estas cosas. Además, antes del accidente erais muy poco discretos.

Kenshin, una vez pasada la impresión generada por pensar que el niño les había descubierto en su habitación, se echó a reír, más aún cuando vio que Kaoru había pensado lo mismo y se había llevado el mismo impacto que él. Pero poco a poco la risa se fue apagando en cuanto vio que el chico le miraba fijamente.

—¿Qué?

—Tus ojos… han cambiado —susurró casi sin dar crédito.

Kenshin cogió de nuevo la mano de Kaoru y le dejó un suave beso en los nudillos.

—Es culpa de ella —le informó el pelirrojo, que con su acto consiguió que Kaoru se ruborizara. Era tan bonita cuando se le coloreaban las mejillas… Sus ojos azules resaltaban más y casi le hacían suspirar de emoción.

Desayunaron con un ambiente tranquilo y agradable hasta que, minutos después, con gran asombro, Kaoru vio que Sanosuke llegaba al dojo* antes de la hora habitual. No sólo había ido después de lo ocurrido en su cocina, sino que lo había hecho antes de tiempo.

—¿Has desayunado? —Se ofreció Kenshin a servirle algo, pero Sanosuke declinó la oferta pues ya lo había hecho en su casa con Megumi—. Vienes muy temprano.

—Sí, ayer nos fuimos tan rápido que no pudimos despedirnos como era debido.

—De hecho, hicisteis bien —dijo Yahiko contento—. Mientras vosotros estabais discutiendo en la cocina, estos dos se fueron al patio y se prometieron. Al final, fue muy oportuno que os tuvierais que marchar; así estuvieron tranquilos.

—¿En serio? —replicó con gran asombro el recién llegado—. Te ha costado mucho decidirte —se quejó él—. Espero no tener que oír más tus lamentos por negarte a asimilar que quieres a la chica.

El aludido entrecerró sus ojos y le fulminó con la mirada. Sin embargo, Sanosuke no se amilanó ni un poco. A estas alturas estaba muy seguro de no padecer las iras de Battosai. Pero lo que no esperaba era encontrarle con un humor mordaz.

—¿Y qué se supone que teníais que hacer tan tarde para marcharos sin despediros? —preguntó suspicaz, aunque no consiguió incomodar a su amigo.

—Asuntos nuestros. Ya has estado casado; te puedes imaginar la de cosas que tiene que resolver una pareja en el día a día.

—Pero mis asuntos no implicaban desordenar una cocina. —Kaoru soltó un suave gemido de mortificación al exponer los hechos de lo que había sucedido y Sanosuke la miró divertido sabiendo que estaba al tanto de lo que había ocurrido allí—. Espero que limpiarais todo. —Kaoru directamente escondió el rostro entre sus manos.

—Lo dejamos todo recogido. ¿Acaso has encontrado algo que no esté en su sitio? —cuestionó enfatizando ciertas palabras.

Esta vez, a Kaoru le dio una risita histérica que desconcertó en gran medida a un ya confuso Yahiko. El pobre miraba sin entender a uno y a otro sabiendo que se estaba perdiendo algo, pero sin saber qué.

Kenshin no cambió su actitud de intentar incomodar a Sanosuke. Después del mal rato que le había hecho pasar, se merecía un poco de resarcimiento, por lo que atacó por otro flanco.

—A lo mejor Megumi sabe si os habéis olvidado algo. ¿Quieres que le pregunte?

—Megumi está muy atareada, ya sabes… preparar el viaje y todo eso —contestó con un gesto de la mano como intentando restarle importancia—. Así que no creo que la veáis por aquí. Y cuando volvamos tendrá tantas cosas pendientes en la clínica que seguro que tampoco la veréis hasta que no estéis a punto de moriros y necesitéis de sus servicios. Para cosas menores, os dejará a cargo de Gensai.

—Así no se cuida de una esposa. Apartarla de sus amistades porque no eres capaz de echarle una mano. ¡Qué poco considerado! Quizás te pueda dar algunos consejos para…

—¡Basta! —exclamó al fin Kaoru no queriendo ser testigo de semejante conversación—. Vale ya los dos con este juego. ¡Se acabó! —Señaló a Kenshin—. Deja de intentar mortificarle. ¡Es Sanosuke! No lo vas a conseguir. Y tú —siguió señalando al mencionado—, debería darte vergüenza sentirte tan satisfecho de las miserias de tu esposa.

—¿Qué ocurre aquí? ¿Le sucede algo a Megumi? —preguntó Yahiko, que no conseguía darle sentido a la conversación que estaban teniendo los tres adultos delante de él. La conversación parecía inofensiva, pero por la actitud de los tres, sabía que había algo de fondo. Y eso sin contar con la reprimenda última de Kaoru.

—¡No le pasa nada! —gritó nerviosa ella por su pregunta—. Ve al dojo a prepararlo para las clases.

—Pero si aún falta tiempo… —empezó a protestar él.

—¡Ve! —le ordenó ella, a cambio.

El niño se marchó de allí mascullando contra los cambios de humor de su fea maestra y tratos injustos hacia los niños por parte de la población adulta, en general.

—¿Cómo se os ocurre tener esta conversación con él delante? —le reprochó Kaoru a Kenshin cuando por fin se marchó—. Me lo podía esperar de Sanosuke…

—Oye, tú… —murmuró en tono falso de indignación él.

—Pero ¿de ti? —siguió ella sin hacerle caso acusándole con el dedo. El aludido, sin embargo, no dio muestras de sentirse culpable.

—Nuestra conversación es inofensiva, Kaoru —replicó Sanosuke que no tenía intención de ceder—. ¿Qué es lo que estás pensando tú?

Toda la sangre de su cuerpo se trasladó a su cara, sintiendo cómo el calor la abrasaba. Kaoru no tuvo valor para agregar nada más, mortificada en extremo ante la idea de que Sanosuke supiera el tipo de pensamientos que pasaban por su cabeza.

Con una sonrisa alegre, pero que dejaba atrás los momentos maliciosos anteriores, miró a sus dos amigos ahora silenciosos.

—De modo que os casáis —comentó, al fin, cambiando el tema.

—Sí —dijo el único componente de la pareja capaz de articular palabra—. Como Kaoru tiene que dar clases luego, iremos a la tarde al templo a concertar una fecha.

—Os va a costar encontrar una —les informó Sanosuke—. Siendo invierno se realizan oficios muy pocos días, de modo que os va a tocar esperar. Nosotros tuvimos suerte.

A Kenshin no le hacía especial ilusión esa posibilidad. Si Kaoru se quedaba embarazada sería difícil hacer pasar un nacimiento normal por uno prematuro si tardaban en casarse. Sabía que la idea de un hijo fuera del matrimonio le preocupaba muy poco a Kaoru, de modo que uno sospechosamente prematuro, la inquietaría todavía menos. En cambio, a él, la posibilidad le provocaba sudores fríos.

—Esta tarde lo sabremos con certeza —continuó diciendo Kenshin—. A la vuelta podemos pasar por la clínica e informarle a Megumi para que estéis al tanto.

—Mejor que no lo hagáis —dijo un muy divertido Sanosuke—. Lo que os he dicho antes no era broma. Ayer me dijo que sólo volvería a veros el día que estéis moribundos y necesitéis de sus exclusivos tratamientos —se rio socarronamente al recordar lo abochornada que había estado Megumi toda la noche—. Espero que este viaje de relajación a Aizu le haga cambiar de opinión.

—¿Vais a Aizu? —preguntó Kaoru ante la nueva noticia—. ¡Es un detalle precioso! Seguro que le encanta la sorpresa.

—Ayer se me escapó, así que ella también lo sabe. Está muy emocionada ante la perspectiva de buscar a su familia. Entre eso y las ganas de huir de aquí, está contando los minutos —volvió a reírse.

—No deberías mostrarte tan feliz por la mortificación de Megumi —le reprendió Kaoru con el ceño fruncido. No eran las mejores amigas del mundo, pero no veía bien que Sanosuke se divirtiera tanto a costa del mal rato de su esposa.

—¿Estás de broma? ¡Hablamos de Megumi! ¿Cuántas veces más crees que voy a poder disfrutar de una situación igual? No es tan fácil descolocarla de esta manera.

Kaoru volvió a llevarse una mano a la cara al ver la despreocupación de Sanosuke respecto al asunto y se compadeció de Megumi. Si Kenshin le hiciera algo parecido en público, lo mataba.

Kenshin suspiró poniéndose serio por fin. Era reconfortante para Kaoru ver esa actitud en él, sobre todo tras el accidente. Durante ese tiempo, había sido muy serio y brusco hasta que fue cogiendo confianza con ellos. Era un cambio enorme el que había sufrido en ese mes y medio: del en extremo receloso asesino, a un Kenshin más amigable que poco a poco entraba en las bromas de la gente que le rodeaba.

—Ahora en serio —dijo Kenshin con el momento de distensión ya pasado—. Dile que en tu tanteo has descubierto que anoche no nos enteramos de nada.

Sanosuke le miró por unos segundos que se sostuvieron en el tiempo, pero al final, el luchador esbozó una ligera sonrisa.

—Te has dado cuenta del motivo de mi visita, ¿eh?

—¿A estas horas de la mañana? —replicó condescendiente—. Por supuesto que sé que es cosa de Megumi.

—Me temo que no lo está llevando muy bien.

Pero no parecía para nada preocupado. Miró a Kaoru que se había quedado mirando al suelo sin saber dónde posar su vista tras esa escandalosa conversación y luego retornó a Kenshin. El hombre se encontraba mucho más tranquilo de lo que le recordaba en semanas; ni siquiera podía sentir esa aura de tensión que siempre acarreaba a su alrededor.

—Te veo mucho más relajado, Kenshin.

—Sí, hacía tiempo que no me encontraba así —afirmó él más animado—. Tú mejor que nadie lo sabes.

Sanosuke asintió a sus palabras. Durante semanas había visto cómo Kenshin se había ido consumiendo y hundiendo en sus remordimientos. Si para él había sido angustioso verle sufrir de esa manera, no podía ni imaginar cómo lo había vivido él con todo lo que tenía que soportar llevar encima.

—Hasta tus ojos han cambiado… —añadió, de pronto, en cuanto se fijó en ese detalle.

—Lo sé —contestó él con un tono divertido—. Cada persona con la que me encuentro me lo hace saber —se rio.

—Kaoru siempre te ha hecho mucho bien. —La aludida se sonrojó por el comentario—. Era normal que también lo hiciese tras tu accidente. Siempre será un ancla para ti, pase lo que pase.

Sanosuke miró a la joven la cual frunció el ceño desconcertada. En opinión de Kaoru, Kenshin siempre había sido muy estable; siempre sabiendo y decidiendo qué hacer con su vida como para necesitar un ancla. Hasta que no había tenido el accidente, no había notado que esa estabilidad se perdiera. Pero por supuesto, cualquiera experimentaría lo mismo si su vida se saliese de su eje como le había sucedido a él.

Sin embargo, Kenshin asintió a las palabras de Sanosuke y una sensación cálida invadió su cuerpo al pensar que pudiera ser para él una roca a la que agarrarse en lo que fuese a lo que estuvieran haciendo referencia. Kenshin lo era para ella en muchos niveles; le agradaba pensar que era mutuo.

—Os dejo un rato. Seguro que tendréis un montón de cosas que organizar. —Sanosuke se levantó y les miró con una sonrisa—. Hace poco que pasé por ello; lo sé por experiencia.

Y se marchó riendo hacia el dojo.

Kenshin miró a Kaoru con aire especulativo.

—¿Tenemos muchas cosas que planear? —Ella asintió.

Por lo que sabía, la boda de Kenshin con Tomoe había sido más fugaz que la de sus amigos. Del mismo modo que también sabía que había sido un espectador lejano de la multitud de preparativos que habían tenido los novios en esos cinco días, por muy sencilla que fuese la ceremonia. Seguro que no estaría muy al tanto de todo lo que había que organizar.

—Pero, como bien ha dicho Sanosuke, nos tocará esperar, así que tendremos tiempo para prepararlo todo.

Kenshin suspiró resignado y Kaoru sonrió. En cuanto él enfocó su vista en ella y la vio tan radiante, esa emoción se filtró en él.

—Me encanta verte así. Con cada día que pasa, te veo más feliz.

—Porque, con cada día que pasa, te acercas más a mí.

Kenshin se inclinó un poco para besar con ternura a Kaoru. La muchacha suspiró de placer por la caricia suave pero intensa que le dio con sus labios, y él sonrió al notar su reacción.

Para Kaoru, el cambio operado en él era abismal. Incluso aunque siguiera con sus cambios bruscos de humor o sus salidas fuera de tono cuando alguien le molestaba aunque fuese una nimiedad. Era infinitamente más accesible ahora que antes y, por supuesto, la relación de confianza que tenían en esos momentos era una clara diferencia.

Y una de esas diferencias era la actitud más suave que tenía. Sanosuke se había dado cuenta de que estaba más relajado, pero no sólo lo había notado él. Ni siquiera habría sido necesario que Kenshin se lo comunicara cuando se habían despertado esa mañana. Era visible para cualquiera. La actitud defensiva que siempre tenía había sido sustituida por una más afable.

Kaoru era consciente de que eran altas las probabilidades de que nunca regresara el mismo Kenshin del que se enamoró al poco de conocerle. Porque el que llegó a su casa había vagado en solitario durante una década después de terminar la guerra. A efectos prácticos, este nuevo Kenshin también había finalizado la guerra, pero en vez de estar solo, se vería rodeado no sólo de amigos, sino de una verdadera familia.

Aun así, incluso con sus diferencias, no podía evitar amarle con todo su ser. Siempre lo haría, aunque el cielo se cayese sobre ellos.

—¿De verdad soy tu ancla? —preguntó una Kaoru conmovida por la ternura de Kenshin.

Él la miró por unos breves momentos que quedaron suspendidos entre ellos lo que les parecieron horas. Se amaban más que a nada y nunca se cansarían de contemplarse el uno al otro.

—Eres más que eso, Kaoru —dijo Kenshin solemne, y le acarició el rostro con una delicadeza que incluso hizo que su pecho se encogiera—. No sólo eres la roca a la que aferrarme cuando mis fantasmas del pasado me atormenten de nuevo. Eres la persona que sé que siempre cuidará de mí cuando me ocurra algo; la persona que siempre hará lo posible por hacerme feliz. —Y añadió con una ligera sonrisa—: Claro que eso es algo que ocurrirá sólo mientras tú lo seas.

Kaoru llevó su mano a la de él, la cual aún se mantenía en su mejilla, y se la cogió en un gesto inconfundible de cariño. Ésta estaba a punto de recibir las lágrimas que se le iban a saltar de los ojos por las emotivas palabras que le había dicho Kenshin.

—Entonces, tú mismo serás el responsable de ello, porque siempre que me quieras, yo seré feliz.

Kaoru se abrazó a Kenshin y suspiró de placer por tenerle en sus brazos. Le sujetó con fuerza, no queriendo separarse nunca de él, y se regocijó al ver que le devolvía el abrazo. Por fin volvía a tener derechos sobre él. Poder tocarle y hacerle saber lo que sentía por él era de las cosas que más había añorado en ese tiempo. Esos pequeños momentos de compañerismo que de forma tan abrupta habían quedado apartados por aquel accidente.

Y con eso, sus lágrimas rodaron por su rostro mojando el hombro de Kenshin.

—Definitivamente, ahora me dices cosas más bonitas que antes.

Kenshin la abrazó más fuerte y aspiró su aroma, dejando a su vez que el cálido contacto de la joven le inundara.

—Por supuesto —dijo al fin el hombre con la voz envuelta en emoción—. Porque no sólo eres mi ancla: también eres la luz que ilumina en mi oscuridad.


Notas del fic:

*Dojo: Lugar de entrenamiento.


— * —


Fin del Capítulo 24 - 15 Agosto 2013

Revisión - 3 Julio 2022


Desvaríos obviables de la autora:

Ainssss... no me puedo creer que esté ya a un capítulo de terminar esta reedición. Es increíble cómo se me atascó T_T. Pero ya está: la semana que viene tendréis el epílogo y por fin este fic volverá a estar entero para que lo leáis a gusto XD

En fin, espero que os haya gustado el capítulo ;-D

¡Saludos!