EPÍLOGO: Fin de año


Comentarios a los reviews:

Kaory1: Kaoru, al final, es la mujer que ancla al alma errante de Kenshin y convierte su vida solitaria en una familiar. Piensa que Kenshin se pasó 10 años vagando sin tener ni un vínculo con nadie... qué deprimente T_T. El cuanto a la boda, eso lo leerás hoy, así que no digo nada XD.
Y en cuanto a los fics aquí, piensa que el de «Radiante», que fue el último original, realmente lo empecé en 2014 (que era cuando aún estaba metida en este fandom). Sin embargo, fue en 2017 cuando lo publiqué y lo hice para presionarme a terminarlo, porque para entonces yo ya estaba desconectada de RK. Desde entonces, he estado escribiendo en otros fandoms porque llaman más a mi creatividad que éste. Por eso dudo que escriba algo de RK tras tanto tiempo.

DULCECITO311: El mismo, lo que se dice el mismo, no ^_^º. Está más tranquilo, pero el Kenshin antiguo nunca volverá. Kaoru tendrá que quedarse con esta versión XD

Guest: Me alegra saber que te ha gustado el desarrollo de la historia y sus personajes. En cuanto al fandom, en cierta forma, con el tiempo que tiene esta serie es normal que su actividad sea baja. Es raro que haya gente joven que la vea porque este manga terminó hace ya 25 años, que se dice pronto. Así que, o escribe algún nostálgico, o difícilmente se va a incorporar gente nueva a escribir sobre ellos. Pero bueno, siempre nos quedará la relectura ^_^º

YokoGH: Ha costado un porrón de capítulos y penurias, pero ya vuelven a estar juntos *o*

Ceres Ryu: Tranquila que eso lo vas a poder leer hoy ;-D

Guest2: En algún momento tenía que acabar XD. De todas formas, no desesperes: hay un montón de fics buenos en FFnet ;-D

Kaoruca: Cierto, Kenshin sabe que Kaoru le quiere incluso tras el accidente. Y Kaoru sabe que Kenshin la quiere a pesar del recuerdo de su esposa. Para los dos todo está más asentado ^_^º . En cuanto a Sanosuke... si yo fuese él también trolearía a Megumi ^o^. Como bien dice, no tiene tantas ocasiones en las que le toma la delantera XD

Gracias a todas por los reviews ;-D. Vamos ya con el capítulo final del fic. Espero que os guste ;-D


EPÍLOGO: Fin de año

—Te está quedando muy bonito. Hasta parece que lo ha hecho una costurera profesional.

—¿Verdad que sí? —dijo ilusionada Kaoru—. Sabía que se me daba bien, pero nunca se me hubiera ocurrido que tanto —rio ella—. Me podría servir incluso para sacarme un dinero extra. Si lo llego a saber, durante el tiempo en que no tuve alumnos, podría haber vendido algunas prendas.

Kaoru levantó el uchikake* que llevaba semanas haciendo. Había tenido que pedir algunos consejos a una modista, pero su primer kimono nupcial le estaba quedando precioso. Estaba muy orgullosa de él.

—Ya tienes media docena de alumnos, no te puedes quejar —comentó Kenshin—. La Escuela Kamiya va creciendo.

—Pero Sanosuke sigue teniendo más alumnos que yo —protestó ella indignada—. No hay derecho: ¡es una escuela de kendo! Y, sin embargo, la gente viene a pelearse con los puños —terminó diciendo con un tono enfadado.

—No es una competición, Kaoru. Lo importante es que salga adelante.

Kaoru suspiró y Kenshin se dedicó a contemplar el uchikake que estaba haciendo ella. Había decidido no hacer tantas capas de ropa, pero sí que estaba utilizando buena tela para las que llevaría. Ya había terminado el shiromoku* blanco que vestiría debajo y, en esos momentos, estaba ultimando la pieza superior que la distinguiría, de entre todas, como la novia. Kaoru había elegido el clásico color negro sobre el cual le había bordado motivos de flores de cerezo que, entre otras cosas, eran el símbolo del amor y la esperanza.

—Al menos tú sigues mis clases y no las de él.

Kenshin gruñó al recordárselo y Kaoru rio por ello. Le había costado convencerle para que aprendiera la técnica. Y le había costado mucho. Nada que ver con el ceño fruncido que le había enviado al anterior Kenshin y con el que había accedido rápidamente. No… Le había costado días y días ejecutando una táctica perfecta de «acoso y derribo» hasta que había aceptado —tal y como él le dijo— sólo para que le dejara tranquilo de una vez.

Los alumnos, por supuesto, estaban encantados con tenerle entrenando con ellos a pesar de haberles adelantado con la técnica en dos días. En cuanto a los nuevos, éstos se habían incorporado a raíz de empezar a comentarse que Kenshin también participaba en las clases. Pensar en ello le puso de peor humor, pero había que ser prácticos y, tal y como había dicho en su día, si tenía que valerse de la popularidad de Kenshin y Sanosuke para sacar adelante su escuela, lo haría sin ningún remordimiento.

Kenshin había empezado justo después de dejar los entrenamientos en sustitución de Sanosuke una vez la pareja regresó de su viaje. Megumi sí se había dignado a ir al dojo*, pero Kaoru sospechaba que era porque su marido le había contado que no se habían enterado de lo ocurrido aquella noche. Aun así, Megumi no había vuelto a entrar en su cocina y cada vez que salía a relucir la palabra, un sutil color rojo inundaba sus mejillas.

Kaoru regresó a la realidad para ver cómo Kenshin tocaba la suave seda negra abstraído en sus pensamientos. Y hubiera esperado cualquier respuesta menos la que le dio al preguntarle por ello.

—Esta mañana te he visto lavando tus paños —soltó a bocajarro, y Kenshin pudo ver cómo Kaoru se ponía muy roja—. ¿Estás sangrando? —inquirió sin ningún tipo de pudor. El rostro de Kaoru le hizo la competencia al pelo de Kenshin y asintió con la cabeza al no ser capaz de hablar. Él, por su parte, soltó un suspiro de alivio—. Perfecto… Ya no tendré que preocuparme más por ello.

Porque la próxima vez estarían casados y ya no habría posibilidad de quedarse embarazada siendo soltera. Sin embargo, eso la llevó a reflexionar sobre lo inoportuno de la fecha que les había asignado el sacerdote.

—¿Y no preferirías aplazar la boda un poco? —preguntó titubeante—. Podríamos esperar un par de meses…

—¿Y volver a arriesgarnos? —le interrumpió él—. Créeme: lo que yo prefiero es dormir tranquilo —contestó Kenshin enérgico.

—Podríamos dejar de pasar noches juntos —le sugirió ella sonrojada poniendo en otras palabras el significado de haber estado saboreando los placeres maritales sin estar casados.

—¿No recuerdas que esto ya lo hablamos el mes pasado? —Kaoru bajó la vista al uchikake negro avergonzada al extremo. Ni se sentía cómoda hablando de esos temas con Kenshin, ni se veía con el valor de enfrentar su mirada. Era una conversación demasiado íntima y mortificante para ella—. ¿Y recuerdas dónde se quedaron mis buenas intenciones?

Por supuesto que lo recordaba: había aguantado cinco días sin tocarla; justo los días que le había durado el sangrado. Como Kenshin no proseguía, ella optó por asentir con la cabeza otra vez.

—¿Y pretendes que posterguemos dos meses la boda? —se quejó él.

Kenshin sabía que no soportaría esa incertidumbre de nuevo, porque era tan cierto como que el cielo era azul, que no podría estar dos meses sin acostarse con ella. No después de probar lo que se sentía, a lo que había que agregarle lo reciente y novedoso que era ese aspecto de su relación. Era consciente de que aún pasarían algunos meses hasta que se atemperara su ansiedad por ella.

De modo que, o bien evitaba volver a tocarla —cosa que no ocurriría mientras Kaoru estuviese a su alrededor—, o seguía en su calvario personal el tiempo que se postergara la boda. Porque entonces, volvería a no dormir pensando que Kaoru podría quedarse embarazada. Y cuando él no dormía bien, luego no se podía estar a su alrededor sin sufrir las consecuencias.

Kenshin no pudo evitar pensar cómo demonios había acabado temiendo la posibilidad de deshonrar públicamente a Kaoru con un hijo antes del matrimonio cuando dos meses y medio atrás casi no podían ni verse.

Le costaba creerse los cambios que se habían desarrollado en su vida en ese tiempo tan corto. Había tenido un accidente que le había dejado con una laguna de diez años en sus recuerdos. Y aunque a estas alturas recordaba muchas cosas, sabía que nunca podría estar seguro de que hubiera recordado todo. Pero estaba convencido de que lo importante estaba ahí… y no había nada más importante ahora que los meses que habían transcurrido en ese año, cuando había vivido con Kaoru.

Además, recordaba muchas anécdotas que no hacían otra cosa que reforzar más y más lo que sentía por esa mujer. Su necesidad por ella podría catalogarse de adicción. En todas esas semanas en que llevaban prometidos, Kaoru no había hecho otra cosa que afianzarse en su corazón de una manera tan alarmante como asombrosa. Y de ahí que en esos momentos fuese incapaz de concebir una separación de ningún tipo de ella.

Sin embargo, entendía por qué Kaoru estaba preocupada, y no tuvo que esperar mucho para oírselo mencionar.

—Dentro de nueve días es el aniversario de la muerte de Tomoe —se excusó ella.

—Y justo después, el cambio de año —contraatacó él—. Da igual que nos casemos o no. El aniversario de Tomoe es un día destacado de por sí en el calendario.

—¿No te perturba que nuestro matrimonio esté tan cerca de ese día? —dudó al preguntar.

Kenshin la observó fijamente durante lo que le pareció un minuto entero y luego soltó el aire poco a poco.

—No —dijo tajante.

—¿Estás seguro? —quiso confirmar Kaoru. Ella no entendía cómo algo así no podría inquietarle. Estaba convencida de que a ella sí lo haría en su lugar.

—Sí. —Kenshin supo al momento que no le creía—. Ven —le pidió autoritario, y Kaoru se acurrucó en el hueco que dejó entre sus piernas. Kenshin la abrazó con cuidado hasta que ella se relajó del todo—. Aquel invierno fue horrible para mí. Perderla de esa manera… —No continuó cuando su voz se trabó por la emoción de recordar lo que habían sido aquellos días. Kaoru le dio un ligero apretón a su abrazo para reconfortarle y, poco después, Kenshin prosiguió con lo que decía—. Si Katsura no me hubiera encargado una nueva misión, no sé qué habría terminado por ocurrir. Pero los inviernos posteriores, tanto los que recuerdo bien como los que he ido vislumbrando poco a poco, no fueron tampoco agradables. Desde entonces, estos días del año siempre me ponen melancólico. Sé que con los años ese sentimiento se fue suavizando, pero sigue poniéndome triste esta época porque me hace recordarla con más intensidad.

—Y eso que me dices, ¿no me da la razón? —le interrumpió ella—. Sería mejor posponerlo.

—Justo lo contrario —negó enfatizando con la cabeza—. Necesito algo bueno que lo contrarreste.

Kaoru alzó la cabeza para verle y se lo encontró muy serio. Miraba al frente, no hacia ella; pero en cuanto notó que se movía entre sus brazos, su vista bajó y compuso una sonrisa triste. Posó un casto beso en su frente y descansó su mejilla contra ella.

—Y tú eres algo muy bueno, Kaoru —terminó diciendo en un susurro que aligeró las preocupaciones de la joven.

Se quedaron tanto tiempo abrazados, que Kaoru perdió la cuenta de los minutos pasados. La respiración de Kenshin era tranquila y sus latidos, rítmicos; la conversación no le estaba perturbando de ningún modo. Estaba convencido de lo que decía y eso la hizo feliz.

—Tienes que estar segura de que es conmigo con quien quieres estar —añadió de pronto muy serio—. No puedes casarte conmigo esperando que vuelva mi «antiguo yo» porque podría no regresar jamás. Lo sabes, ¿verdad? —Kaoru asintió lentamente y, al momento de hacerlo, notó cómo el cuerpo de Kenshin se tensaba—. Tienes que estar segura, porque nunca te dejaré ir. Yo no entiendo el matrimonio como muchos lo hacen: no voy a decidir un día que ya no quiero seguir casado y marcharme.

Kaoru se quedó meditando sobre sus palabras y entendió a qué se refería Kenshin, pues ella era de la misma opinión. No era raro que un matrimonio se rompiera cuando una de las partes encontraba un acuerdo más ventajoso con otro enlace. Pero ella quería casarse con él porque le quería; permanecer siempre a su lado.

—¿Entiendes lo que te digo? —le instó a contestar ante la falta de respuesta de ella.

—Sí, y no tienes de qué preocuparte: quiero estar contigo… tanto si eres gruñón como si no —rio ella, y sintió un pellizco de reprimenda de Kenshin en el brazo que la hizo reír aún más. Le miró a esos ojos que nunca se cansaría de observar y le dio un recatado beso en los labios—. Y quiero que sea así siempre —le dijo cuando se separó.

Kenshin exhaló el aire que no sabía que estaba conteniendo y cercó con mayor firmeza el cuerpo de Kaoru contra el suyo. Esa maravillosa mujer sería suya en escasos cuatro días y no veía el momento de que llegara ese día. Acariciando su mejilla con una mano, Kenshin la besó y su beso no se pareció en nada al de ella. Era exigente, pero suave; intenso y dulce a la vez. Kaoru suspiró y se abrazó a su cuello para acercarse y tener un ángulo mejor en el que sus bocas se unieran sin restricciones.

Y en pocos segundos, ninguno de los dos pudo pensar en nada más que no fuese estar junto al otro.

— * —

Debido al mal tiempo de dos días atrás, Misao y Aoshi llegaron a Tokio el día anterior a la boda. Casi lo primero que había hecho Misao al entrar por su casa fue preguntar dónde vivían Sanosuke y Megumi. Kaoru no estuvo presente en el momento en que se encontraron, pero como la misma Megumi le había contado justo antes de salir hacia el templo, les había echado la bronca del año por no invitarla a su boda. Por mucho que habían intentado calmarla excusándose por la celeridad en la que se había desarrollado, no lo habían conseguido y, al final, tuvieron que aguantar estoicamente la reprimenda.

Aoshi ni siquiera había ido a casa de la pareja. Se había quedado en el dojo Kamiya y le había propuesto a Kenshin tomarse un té tal y como habían hecho meses atrás al volver de la isla fortaleza. Y entonces, se había dado cuenta de un hecho sorprendente de Kenshin: tanto Aoshi como él se habían comportado igual de secos. Incluso creyó verle un ligero brillo en los ojos antes de salir por la puerta y dejarles solos en la salita para que tomaran el té.

Le había llamado la atención esa actitud. Aunque Aoshi no era muy hablador, Kenshin le daba pie en la conversación consiguiendo que participara. Pero éste ya no favorecía el diálogo y fue cuando Kaoru se dio cuenta de que Kenshin seguía igual de receloso con la gente, con la salvedad de que con ellos tenía más confianza y había suavizado el trato.

Y pudo comprobar que lo había suavizado y mucho. Corroboró la teoría con Misao cuando regresó de casa de Sanosuke. Kenshin la trataba con cortesía, pero esa relación no era, para nada, similar a la cercana que empleaba con ellos. No sabía muy bien cómo debía sentirse por ese distanciamiento con sus amigos de Kioto, pero estaba segura de que no tendría que sentirse tan bien consigo misma. Porque aquello sólo demostraba, una vez más, la importancia que tenían para él; porque habían conseguido romper esa coraza que llevaba encima y así colarse en su interior.

Kaoru miró de nuevo en dirección a Kenshin, tal y como llevaba haciendo prácticamente todo el día. La ceremonia se había llevado a cabo sin ningún percance y habían salido de allí siendo marido y mujer, para gran regocijo de Kaoru. En la recepción, Kenshin había estado casi en exclusividad con Sanosuke y Aoshi. Al igual que con este último, no tenía un trato afectivo con el resto de invitados. Kaoru no entendía cómo no se había dado cuenta de ello hasta ahora. Como con ella había cambiado de forma tan radical en cuanto a comportamiento, había llegado a pensar que el «arisco Kenshin» había quedado también atrás. Pero sólo había sido así con su grupo familiar.

Sanosuke era el que llevaba la guía en la conversación, de eso no tenía dudas. Era el que casi siempre estaba hablando cuando les miraba. Aoshi no parecía resentido con él, a diferencia de Misao que llevaba sin hablarles toda la mañana. Era más una pequeña venganza de resarcimiento que verdadero enfado, aunque Megumi había acabado ignorándola. Pero Kaoru presentía que a Aoshi no le había afectado nada no ser invitado a la boda de Sanosuke y Megumi. En realidad, sospechaba que había ido a Tokio esta vez, más por acompañar a Misao que por verdadero interés. Aoshi no parecía el típico hombre que se divirtiera con ese tipo de festejos. Durante la ceremonia, al menos, fue el más impasible de todos los invitados. Sólo le había dirigido unas escuetas palabras de felicitación y mencionado que Kenshin tenía suerte de casarse con tan bella mujer.

Tal y como lo interpretó, meras palabras de cortesía para una mujer engalanada con su kimono nupcial. Misao se había quedado perpleja cuando le había informado de que lo había elaborado ella misma, y con eso, obtuvo su primer encargo… El de hacerle uno a Misao cuando se casara. Kaoru no había parado de reír durante largos minutos por la petición.

El traje de Kenshin lo había terminado poco después de concertar fecha para la boda. Los kimonos nupciales masculinos eran más elaborados que los conjuntos de diario, pero con las indicaciones adecuadas, no le supuso gran complicación. Utilizó la tela negra que había adquirido cuando regresó de su escapada a Kioto para hacérselo, aunque sí había tenido que comprar tela gris para la hakama*.

Y Kenshin se veía espectacular con él.

Kaoru suspiró y oyó una risita detrás de ella.

—¿En qué piensas? —preguntó Misao, la cual se había acercado a ella con sigilo. Miró en su dirección y, al toparse con los tres hombres, rio más fuerte—. En tu querido esposo, supongo. —Kaoru no pudo evitar sonreír ante la evidencia—. Me das envidia… pero no por Himura, ¿eh? —Kaoru, esta vez, se rio por el comentario.

—Ya sé que no es por Kenshin.

—Se te ve tan feliz… Bueno, a los cuatro —corrigió en el acto—. Fue tan extraño verles a Sanosuke y Megumi juntos en una casa. Hasta la fecha creí que no podían estar juntos en una misma habitación sin pelearse. Fue toda una sorpresa para mí enterarme de la noticia.

—Creo que para todos, en general. —Claro que eso no incluía a Kenshin, el cual se había enterado de ello tanto antes como después del accidente. Kaoru frunció el ceño pensando en cómo Kenshin se enteraba de los cotilleos incluso sin buscarlos. Pero hablar de la pareja le llevó a recordar su discordia—. Y bien, Misao, ¿cuándo piensas volver a hablarles?

—¡Bah! —dijo añadiendo un gesto de insignificancia con la mano—, sólo les estoy haciendo sufrir un poco. Sé que no podían avisarnos con tan poca antelación, pero ya sabes que no pierdo oportunidad para meterme con Sanosuke.

—Pero has metido en medio también a Megumi.

—Megumi es una roca —replicó ella con despreocupación.

—¿Ésa es la traducción al hecho de que ha ignorado totalmente tu ardid? —cuestionó suspicaz Kaoru. No había que ser demasiado observador para haberse dado cuenta.

—¿De qué habláis? —preguntó sobresaltándolas la aludida. Puesto que estaban de cara en dirección a los hombres, no la habían visto acercarse por detrás.

—Y, encima, asesina —la acusó Misao con un mohín. En consecuencia, Megumi rio con su más perfecto tono pícaro.

—He asustado a una kendoka y a una ninja. Mis aptitudes se van afinando —se mofó con toda intención, por lo que se ganó el ceño fruncido de las dos mujeres más jóvenes—. Y bien, ¿de qué hablabais?

—Le preguntaba a Misao cuánto tiempo más va a estar sin hablaros —contestó sin reparos Kaoru y, esta vez, fue ella la que se ganó el ceño fruncido de la chica por traidora.

—Espero que no mucho… —dijo Megumi, y toda su aura pícara salió a relucir—, porque quería invitarles a ellos también a una pequeña fiesta que vamos a organizar Sanosuke y yo para finalizar el año, pero si no quieren nuestra compañía…

—¿Vais a organizar una fiesta?

Kaoru casi pudo ver estrellitas brillantes en los ojos de Misao cuando oyó la propuesta. Teniendo en cuenta que, tras la batalla contra Shishio, en el Aoiya habían estado un mes de celebraciones, era evidente que a esa gente le encantaba las fiestas. Kaoru no pudo evitar mirar en dirección a Aoshi y rectificó: a todos menos a ese hombre. Pero estaba convencida de que asistiría por complacer a Misao.

—¡Un momento! —exclamó de pronto la mencionada interrumpiendo el cauce de pensamientos de Kaoru—. ¿Fin de año? ¡Casi se me olvida!

En su mirada, el brillo de entusiasmo ante una fiesta se cambió en una fracción de segundo a un brillo de malicia que dejó perplejas a las dos mujeres. Misao se giró hacia los hombres y gritó mientras andaba con paso rápido hasta allí:

—¡Cabeza de pollo, no creas que me he olvidado!

Sanosuke la miró extrañado cuando Misao se acercó en tromba hasta ellos.

—¿Y a ésta qué le pasa ahora? —murmuró por lo bajo a sus dos compañeros. Aoshi ni siquiera reaccionó; Kenshin tuvo el detalle de parecer interesado.

Misao se aproximó hasta estar justo a su lado. Megumi y Kaoru la seguían detrás con aire curioso. Sus ojos se fijaron en la mujer que le quitaba el sueño… para bien, pensó jocoso Sanosuke. Por mucho que Kaoru se viera estupenda de novia, Megumi estaba espectacular. Siempre lo estaría; porque ella era así de forma natural, mucho más vestida para la ocasión.

Ese pensamiento calentó su sangre como sólo ella lo conseguía. Pero esas reflexiones se vinieron abajo cuando Misao le interpeló:

—¿En qué año estamos todavía?

—¿Cómo has dicho? —le preguntó, en cambio, con sumo desconcierto.

—Que en qué año estamos —repitió de mala manera.

—¿Acaso te has vuelto amnésica tú también? —se burló Sanosuke por la estúpida pregunta de la chica.

Misao levantó la mano con la palma hacia arriba como pidiéndole algo y eso le llevó a Kenshin a juntar determinadas piezas de la primera conversación que había tenido con Misao. Empezó a reír mientras negaba con la cabeza.

—Menos mal que Megumi te ha cortado las alas, Sanosuke —le dijo al sospechar por dónde iba Misao—. Un mal día acabaríais quedándoos sin nada.

—Pero ¿de qué habláis? —Sanosuke estaba tan extrañado que incluso a Kenshin le dio algo de pena.

Tanto Kaoru como Megumi parecían confusas sin saber de qué iba la conversación, mientras que Aoshi se mantenía en su impasible actitud fría.

—Estamos en 1878 —empezó a decir ella—; en la boda de Kenshin y Kaoru.

Como Sanosuke seguía sin entender, Misao se señaló la palma vacía con la otra mano, dibujando al mismo tiempo en su rostro una muy perversa sonrisa.

—He ganado la apuesta.


Notas del fic:

*Uchikake: Es un kimono ceremonial de mangas largas.

*Shiromoku: Es un uchikake blanco. Se usa el primer día de la ceremonia antigua de 3 días. En el segundo día, se usa por debajo del uchikake colorido.

*Dojo: Lugar de entrenamiento.

*Hakama: pantalón largo con pliegues (cinco por delante y dos por detrás).


Notas de la autora:

La ceremonia matrimonial japonesa antigua se celebraba en 3 días consecutivos y, en cada uno, la mujer llevaba una vestimenta distinta, la cual demostraba la opulencia de la familia. En la actualidad, se hace en el mismo día y las mujeres se cambian de vestido hasta 3 veces en el mismo día (y, debido a lo caro que es, suelen ser alquilados).

En el primer día, la mujer va vestida con el shiromoku. En el segundo día, por encima del shiromoku se lleva un uchikake colorido en el cual predomina el rojo y está adornado con bordados de colores muy brillantes. Y, en el tercer día, se lleva un uchikake más formal que es en color negro con motivos de pinos, flores de cerezos y demás.

Hacerse 3 vestidos con una tela tan costosa no es adsequible para cualquiera y por eso no siempre se hace esta ceremonia así (por ejemplo, Megumi no lo hizo). Para el caso de Kaoru en este fic, puesto que se los está confeccionando ella y le sale más barato, estaría usando el shiromoku y el uchikake formal negro para usar el mismo día.


— * —


Fin del Epílogo - 19 Agosto 2013

Fin de «Recuerdos olvidados»

Revisión - 10 Julio 2022


Desvaríos obviables de la autora:

Se acabóóóóóóóó... Por fin soy libre y no tengo ya nada pediente de terminar de publicar *o*. Me voy ahora mismito a actualizar mi perfil *o*

De verdad que siento mucho el percance que ha tenido este fic. Cuando empecé la reedición, no esperaba trabarme y tardar 4 años en terminarla. Pero bueno, ya lo tenemos completo y mejorado (al menos, a mí me gusta mucho más así ^_^º). Gracias por haber aguantado ahí hasta el final *o*

Los reviews que me dejéis, esta vez os los contestaré por MP a los que no tengáis cuenta y, a los que entréis anónimos, saber que los leo y agradezco que escribáis para hacerme llegar vuestras impresiones *o*

¡Saludos y hasta otra!