Era de conocimiento común el poder que tenía su familia a pesar de no ser nobles, el cual solo había aumentado cuando 20 años atrás se había promulgado la ley de igualdad de clases; por lo que tras la muerte de sus padres diversos frentes políticos se acercado a ellos con la esperanza de ponerlos de su lado. Esto era algo que Mycroft esperaba, aún más considerando que a pesar de su juventud estaba entre los altos mandos del departamento de inteligencia, lo que no esperaba era que la reina también lo intentara.

Había pasado una semana desde la muerte de sus padres cuando la reina lo había mandado a llamar en privado, era algo esperado ya que sus responsabilidades para el cuidado de su hermana requerirían tiempo, especialmente considerando que a pesar de su edad jamás había tenido una institutriz que la cuidara; por lo que seguramente la monarca le daría un plazo antes de encargarle algún trabajo.

Los saludos formales procedieron con normalidad, sin embargo, era evidente que la monarca se mantuvieron satisfecha y confiada, ya que, en el lugar de preguntar por su estado, dadas las circunstancias, como indicaba el decoro y la buena educación procedió a abanicarse con satisfacción.

-Se que debe de ser difícil para ti cuidar de una joven como es debido, así que me gustaría que tu hermana entre a la corte para entrenarse para ser mi dama de compañía a futuro. Es un honor reservado para los jóvenes nobles, pero hare una excepción por ser tu familia- era una declaración autoritaria como la misma monarca, era una propuesta que cualquier otra persona habría visto como un acto de buena fe, pero Mycroft no era tan inocente. Esto no era más que una forma de secuestrar a su hermana, su único ser querido, para poder controlarlo.

-Sería un honor para mí joven hermana, su majestad- expuso con una sonrisa el joven, justo antes de modificar su expresión a una llena de aflicción- pero me temo que no podemos aceptar su amable propuesta. - esto cambio la expresión de la monarca, quien sonreía satisfecha tras un ostentoso abanico. - Mi hermana siempre ha sido enfermiza y ahora, tras la muerte de mis padres se encuentra postrada en cama. Los doctores que nos han visitado han dicho es posible que nunca pueda desarrollarse como una joven normal- aunque no podría tener la vida de una joven normal durante mucho tiempo.

-Es una pena, ella se perderá toda la vida social donde con su posición pudo ser la joven más influyente- Acepto con enojo la reina, si no podía tenerla en su control la condenaría a una vida de ostracismo durante su juventud.

Era un precio alto por la seguridad de su hermana, pero estaría mucho mejor aislado del mundo social que en el medio del como blanco del mundo.

-Efectivamente majestad, es una pena por mi joven hermana- accedió el joven con una sonrisa triste, era el mejor traro que obtendría.

Esta conversación definió la vida de Shirley Holmes de manera extraordinaria. Mycroft era consciente de la inteligencia de su hermana, de su agudeza intelectual y su curiosidad por el mundo; no podría limitarla a las paredes de su propiedad familiar, aunque fuera de su mayor deseo, pero era imposible que la enfermiza Shirley saliera de su casa o recibiera cualquier educación adecuada para su intelecto si deseaban que mantuviera un perfil bajo. Por lo que con su mayor pesar Mycroft decidió que si Shirley, la hermana del próximo director de inteligencia no podría salir al mundo, entonces Sherlock Holmes, su primo lejano podría hacerlo. Así que la joven Shirley participó en vivir recluida en una propiedad en el campo mientras que su joven primo aparecía en la ciudad seis meses más tarde.

Durante esos seis meses Mycroft paso todo su tiempo libre con su hermana y su modista de confianza, quien se encargaría de proveer a la joven de todo lo necesario para ser un camaleón que podría ser entre hombre o mujer según sus necesidades. El tiempo había sido bastante justo, pero Shirley jamás había sido un joven convencional, por lo que había sido bastante simple que dejara los comportamientos refinados y recatados de una dama que estaba intentado que aprendiera.

- ¿Sabes Mycky? Creo que es más divertido salir como un chico, hay menos reglas que debo seguir- exclamo la joven con una sonrisa, sabía que le pesaba a su hermano que tuviera que cambiar de nombre e ir a la escuela como un chico, pero no podía ver esto algo malo cuando con solo cambiar su nombre debería muchísimas libertades.

-Es bueno que lo veas así Sherly, al menos tendrá que ser así unos años-sonrió con tristeza, pero al mismo tiempo lo entendía. A pesar de la ley de igualdad, las mujeres seguían recibiendo una educación menos desafiante y carecían de las libertades que venían de ser un hombre. De alguna forma esperaba que las cosas no se complicaran en un futuro

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Realmente había sido una pésima idea, debió de haber buscado la forma una forma de encerrar a Sherly en casa, quizás que la reina la tuviera en su poder seria mil veces mejor que lo que tenía frente a él. Nunca había esperado la reacción de su hermana a la noticia de que podría volver a ser una chica normal ahora que la reina había decidido que era confiable.

-No quiero regresar a las fiestas sociales ni a las reglas de sociedad hermano- expuso un joven de 18 años sentado con desfachatez frente a un formal y rígido Mycroft de 26 años, que recientemente había sido ascendido a director de inteligencia de la nación. - Odio esos eventos, su etiqueta y normas. Si es una tortura asistir como hombre, hacerlo como mujer solo puede ser el infierno. No voy a regresar a vivir como Shirley- exclamo enfáticamente el joven con el ceño fruncido. Antes de sonreír con satisfacción. - También tengo una noticia que darte, me accept en la universidad en Francia, partiré el próximo otoño-

-Shirley, si haces eso jamás podrás casarte- trato de razonar el mayor, quien sabía que era la única forma de evitar que su hermana hiciera esa locura- Si de alguna forma se llega saber serás repudiada por la sociedad por vivir sola fuera de la protección familiar. - era evidente que no le estaba pidiendo permiso o su bendición, y como hombre no podía restringir a Sherlock Holmes, pero quizás podría convencerla- e incluso si no lo sabe la sociedad, eso es algo que ningún hombre estaba dispuesto a aceptar. -

La joven se acercó a su hermano y tomo su mano con una sonrisa triste, no por sí misma, sino por su hermano quien sabia la amaba más que a nada en el mundo.

-Hermano, ya no puedo regresar a vivir como dama. No puedo ni quiero hacerlo. -susurro mientras bajaba la mirada. Antes de subirla con todo el amor que le tenía a su hermano. - Si alguna vez me llegara a casar debería que ser con alguien capaz de aceptar que más que Shirley soy Sherlock-

-Está bien Sherly, tendrás todo mi apoyo, pero no iras solo, la señorita Hudson te acompañara a Paris. - Se rindió el mayor con un suspiro antes de ver a la joven. A pesar de que no cumplía con lo que se esperaba de una dama está orgulloso de ella.

Tras esto, Sherlock preparo todo para partir a Paris a estudiar la universidad con la compañía de la sobrina de su modista, Martha Hudson, quien era su mejor amiga y una de las pocas personas en el mundo que sabían la verdad de Sherlock Holmes.

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Habían pasado seis años desde esa conversación, y aún más desde que la sociedad había visto a la hermana de Mycroft Holmes. Todos sabían que seguía viva por las continuas visitas de su modista a la casa en la capital de la familia, pero la joven jamás salía de su casa. Algunos decían que estaba tan enferma que era incapaz de estar en pie, otros que se había vuelto loca tras la muerte de sus padres y su hermano la tenía encerrada, y quizás los más acertados pensaban que solo era un hermano sobreprotector que no dejaba que nadie interactuara con su amada y débil hermana. Nadia se imaginaba que la joven dama vivía como un detective consultor en el 221B Baker Street e incluso si lo pensaran nadie lo creía por la forma en que su casera, la señorita Martha Hudson solía tratar al detective.

-Voy al primer recorrido del Noahtic señorita Hudson. - Aviso con alegría el detective a su casera, quien solo le deseo un buen viaje con una sonrisa. Hacía tiempo que Mycroft y ella se había resignado al estilo de vida se Sherlock

- ¡Mas te vale conseguir dinero para pagar la renta! -exclamo con furia antes de lanzarle un abrigo al joven, quien solo siguió su camino sin saber cómo cambiaria su vida en ese viaje