Capítulo 10 Mi noble Dragón (Parte 1)

Limpiando la casa del señor Grouse, debido a que Brincos por accidente la lleno de lodo desde dentro, Lincoln y Lana se esfuerzan en pulir los pisos, mientras que Bun bun y la Skitty de Lola limpian los libros. Lola por su parte se encuentra recostada en el sillón, buscando si hay monedas dentro.

−Recuerda Lana, tienes que pulir hasta por debajo del sillón. –Indica Lola al hundir su brazo entre los cojines.

−¿Si no vas a ayudarnos por qué viniste? –Cuestiona Lana con el ceño fruncido, sintiéndose tentada a lanzarle mugre pero eso haría que tengan que limpiar el sillón. Es mejor ensuciando que limpiando.

−Por qué no quiero dejar a Katie a tu cuidado. La última vez que te la deje, tarde tres días en quitarle lodo de las patas.

−Ski. –Asiente la Skitty ver que Bun bun toma uno de los libros mojados, lo abre frente a ella y con su cola genera ligeras brisas de viento que secan las hojas. La razón por la que Sneasel no está aquí y usa su frío aliento, es porqué congelaría el papel y destruiría los libros, solo ella y su gran cola son capaces de lanzar un viento ligero pero perfecto para secar.

−¿Y por qué tengo que estar aquí? –Cuestiona Lincoln al levantar un jarrón, aunque al inspeccionarlo, le cae una mancha de lodo en el ojo, provocando su gruñido y asco.

−Porqué mamá y papá te lo pidieron. Además, Lana no puede limpiar esto solo, aunque sea su culpa. ¡Hey, encontré un poke dólar!

−Un poke dólar que estaba en mi sillón, gracias. –Dice el señor Grouse tomando el billete de la mano de Lola.

−Al menos podríamos hacer que Brincos moje un poco la casa para que limpie el lodo, señor Grouse. –Sugiere Lana, pero por su tono pareciera más una plegaria.

−¡Drampa! –Responde el Drampa del señor Grouse desde el jardín cómo negativa. Los Loud se asustan al oír ese ese rugido, incluso Katie se oculta tras la pierna de Lopunny.

−Tienes razón, podría lastimarse con un piso tan húmedo. Perdón. –Se disculpa la niña al bajar la mirada y seguir limpiando.

−Dram. –Responde el pokemon al meter su largo cuello en la casa y acariciar su cabeza en la mejilla de Lana.

Ella se ríe, respondiendo a la caricia con un abrazo. Le encanta vivir al lado de un Drampa, esos pokemon son conocidos por su gentileza con los niños, aunque por su tamaño suelen vivir en bosques o praderas donde no son molestados. ¿Por qué vive en una zona residencial a la vista de todos?

−¡Punny! –Grita Bun bun al caerse del estante, con varias libros cayendo sobre ella.

−¡Bun bun! –Grita Lincoln al tratar de acercarse a su pokemon.

Una caja de concreto se desliza sin que ambos se den cuenta, solo los sensibles oídos de Katie y el instinto de Drampa la oyen deslizarse.

−¡Skitty! –Advierte Katie al levantar su cola para señalar pero es muy tarde.

La caja cae en dirección a Lincoln, pero Drampa interfiere, amortiguando el golpe y rompiendo la caja, revelando algunos artículos antiguos cómo una corona, un viejo libro y una estatuilla de madera de un Snivy.

−¡Drampa! –Grita el señor Grouse al correr a su pokemon.

El Drampa le indica que no es la gran cosa, incluso intenta calmar a su iracundo dueño pero él no quiere escuchar razones.

−¡Largo! –Ordena Bud a los Loud.

−Señor Grouse, no fue intención de Bun bun.

−Drampa.

−¡Dije Largo! –Vuelve ordenar el viejo al señalar la salida, cada vez poniéndose más rojo.

Los chicos Loud y sus pokemon se muestran tristes, pero entienden. Ellos estarían igual de enojados si algo le pasara a sus compañeros. Bajan la mirada y deciden retirarse.

−Pff. De todos modos no le paso nada a su Drampa. ¿Cuál es el melodrama? –Se queja Lola cruzándose de brazos.

Lana en respuesta a eso le jala el cabello, hace un minuto le reclamaba que siempre dejaba sucia a su pokemon, ahora desprecia la actitud de un hombre que se preocupa por el suyo. Escucharla gruñir por el dolor es divertido cuando se lo merece.

Drampa se ve triste por la manera en la que su dueño les hablo, pero no es algo que no entienda. Juraron protegerse, incluso la más mínima cosa que ponga en peligro a Bud también lo haría enojar, pero eso es algo que esa niña no entiende, aunque debería hacerlo.

En su habitación, Lola piensa en esa corona. Cuando se calme le preguntara si puede tenerla porqué sin duda sería un gran adorno para sus concursos. Aunque su intuición le indica que algo no está bien, baja el espejo en el que se apreciaba y nota que Lana está en su cama, ni siquiera ha sacado a su Palpitoad para jugar, solo observa el techo.

−¿Cuál es tu problema? –Pregunta Lola.

−Es solo qué, el señor Grouse está muy apegado a ese Drampa. ¿Por qué te quejaste cuando nos hecho porqué salió herido? Fue nuestra culpa, tú te enojas cuando Katie se ensucia.

−Porqué Katie es una delicada Skitty, tu misma dijiste que ese enorme Drampa puede soportar hasta incendios. –Se excusa Lola cruzándose de brazos.

−Eso no quita que siga siendo su compañero, eres algo insensible-. –Recrimina Lana.

−Él está bien, no tengo porqué escuchar cómo me tachan de grosera. Cuando dejes de exagerar, estaré en la sala peinando a Katie. –Anuncia Lola al levantarse, saliendo del cuarto de su hermana sin dignarse a dirigirle la palabra.

Lana solo pone la mirada en blanco, es obvio que Lola no entiende qué el saber que un pokemon resista daño no es lo mismo a ser invulnerable.

La sala al estar llena, deja a Lola con la única opción de jugar en el patio. Katie está dormida, así que solo tiene el patio para ella… solo ella. Es de esas raras veces en las que un Loud puede tener un momento tranquilo, nadie la molestaría con su espejo.

Se admira a sí misma, revolviendo su cabello, pensando en que esa corona le quedaría perfecta. Tal vez si usa ojitos tiernos, viendo con una sonrisa arrepentida al señor Grouse, quizá podría persuadirlo de dársela.

Una sombra interrumpe el baño de sol de Lola, ella baja nuevamente su espejo para ver quien la molesta está vez. Nota que es el Drampa del señor Grouse, con el libro de la caja en su boca.

El pokemon baja su cabeza hasta llegar a la altura de Lola y le pone el libro en su pecho, sonriéndole para que se anime a leer.

−Lo lamento Drampa, pero la lectura no es lo mío. –Dice Lola, rechazando amablemente su oferta.

Drampa emana un gruñido y muestra colmillos, intimidando a la niña quien se abraza del libro al ser lo único que puede protegerla. Al verla tomarlo, su sonrisa vuelve, acariciando su cabeza en la mejilla de la niña.

Debe aprender a hacer eso, porqué ahora definitivamente leerá. Siente que si le miente él lo sabrá. Tragando saliva, se levanta para irse a un lugar donde pueda leer sin sentirse intimidada, quizá el garaje o vanzilla.

No le gusta asustar niños, los adora, pero al final del día sabe que la naturaleza de muchos es egocéntrica, incapaces de ver más allá de su propia opinión. Se deben poner en perspectiva, saber más allá de su versión de la historia pues sino crecerán para ser cretinos egoístas.

Dentro de Vanzilla, Lola usa unos lentes especiales que Lisa le dio por petición de Lincoln. Él le enseño a leer, pero aún tiene problemas para algunas palabras, por eso con esos lentes se activa una voz que lee las palabras que ella ve para así irse acostumbrando y aprendiendo la pronunciación de estas.

−Diario de Bud Grouse, exploraciones en Unova. –Lee Lola al acomodarse en el asiento más cómodo, levanta la mirada de reojo y nota cómo Drampa la observa desde el jardín. Traga saliva y vuelve a las hojas. –Día uno… A diferencia de los otros niños o adolescentes, mi viaje pokemon no empezó sino hasta mi adultez temprana. Tenía veinte años y trabajaba como asistente en una oficina minera….

….

No era mucho, el dueño de aquella mina era un buen hombre y líder de gimnasio en aquel entonces, esperando al nacimiento de su hijo Clay quien seguirá su legado de negocios y líder tipo tierra. Yo me encargaba de administrar los planos de los túneles y también los de las casas que pronto construirá en aquella creciente zona.

El tener que estar en zonas de construcción casi siempre, constantemente llena la ropa de diferentes materiales indeseados, entre estos mucha arena. No me gusta la arena, es áspera y se mete en todos lados, por eso si algún día se muda preferiría un cómodo lugar con nieve, donde pueda tomar bebidas calientes para relajarse en aquel paisaje blanco.

Aun así, este empleo me permitió conocer diferentes cosas de la gente y algunos pokemon. En aquella mina, me topé con un descubrimiento singular. El jefe me había dicho que un pokemon raro estaba molestando a los obreros, por lo que me encargo a mí investigar junto con uno de sus Geodude, aunque me advirtió que tenga cuidado pues este es un pokemon raro en la región Unova y no desea que le pase nada.

Al adentrarme en aquella mina, solo con una lámpara y ese Geodude, veía cómo algunos Roggenrola se alejaban del lugar. ¿Qué pokemon sería capaz de tal hazaña?

No tardó en recorrer el camino que los pokemon y mineros me indican, con la linterna ilumino aquel pedazo de cueva, revelando un Axew, quien se mostraba agresivo ante todos. Un Roggenrola se le acercó pero solo recibió un golpe roca por parte del pokemon.

Eso no era bueno, no solo porqué ese Axew salvaje es muy fuerte e interrumpe a los trabajadores, sino que también puede lastimar al pokemon incorrecto y uno más grande y fuerte podría venir por él.

Tenía que sacarlo de allí, pero no entendía siquiera que hacer pues no sabía cuál era el problema.

Geodude no espera a mi señal, uso giro bola y usando todo su cuerpo con los puños extendidos, se iluminó de plateado y giro con gran velocidad hacía el pequeño Axew quien por sorpresa recibe el golpe, pero no se movió, se notaba que le dolía y quería alejarse pero no lo hacía. En cambio, solo le enseñó cómo derrotaba a Geodude con un solo golpe y eso haría que mi jefe me regañe.

Al verlo con detenimiento note algo, una piedra que oprimía su cola. Ahora entendía por qué estaba tan molesto, yo también me hubiera enojado de que las personas me acosaran sin siquiera ver que estoy en problemas.

Quizá en ese momento no pensé bien, pero sabía que tenía que ayudarlo a pesar del riesgo porqué sino alguien más iría allí y no le iría bien. Camine a la roca para intentar moverla, ganándome el gruñido de ese pequeño.

−Está bien, solo estás atorado. –Le dije tratando de calmarlo.

Un golpe roca por parte de ese Axew casi meda, apenas y pude alejarme y ayuda que estaba atorado. Aún con esa advertencia por parte del pokemon intento ayudarlo, porqué solo estaba asustado, yo también lo estaba, un solo golpe roca podría romperme las costillas.

La razón por la que el pequeño no se liberaba de la piedra a puño limpio es porqué la roca en su cola le impide voltear para golpear su obstáculo. Por eso estaba aquí, para poder liberarlo.

Al fin logré levantar la piedra, usando cada músculo en mi cuerpo para eso. Pude escuchar al Axew chillar al liberarse, me lanzó una mordida en la pierna y yo retrocedí, así la piedra cayó cerca de nosotros pero no nos atrapó. Se aferraba a mi pierna, como si quisiera devorarla, pero parecía estar desnutrido porqué sus colmillos se cayeron tocar mi pierna y su mandíbula apenas y era capaz de aferrarse a mí. No me dolió, quizá porqué estaba tan concentrado en esa piedra cómo para si quiera darme cuenta o que me importe.

En ese segundo, nuestros ojos se cruzaron. Él tenía miedo, yo estaba sorprendido por lo que había hecho por un pokemon que percibían cómo un problema, pero no había odio en nuestra cara, solo estábamos allí por las circunstancias de nuestra vida.

Geodude se abalanzo para una revancha pero Axew me soltó y huyo, dejando frustrado al pokemon de mi jefe. Al menos no lo lastimó de gravedad, sino tendría que buscar otro empleo, aunque eso no sería del todo una tragedia.

A las afueras del hospital, me encontraba con un vendaje en la pierna. La doctora dijo que solo era una herida superficial, pero no quiso arriesgarse a alguna infección. El jefe me ordenó reposar unos días, aunque sus mineros han sufrido peores accidentes, quizá era por no tener la musculatura que ellos tienen o simplemente porqué yo hacía muchas de sus cuentas por lo que no quería arriesgar mi integridad física.

Aunque no fuera un pokemon, podía sentir cuando me sentía amenazado. Ya sean los chicos en la escuela que se reían de mi por ser delgado o de algún riesgo de deslave en la mina, por eso fui desarrollando una aguda intuición. Debido a eso sentía que algo me observaba, así que voltee a toda dirección hasta que escondido entre los arbustos veía a ese Axew de la mina, observándome, camuflando su verdosa piel con el follaje.

No era capaz de ver bien su expresión, solo notaba sus ojos apuntando a los míos cómo cuando saludos a un Purrloin callejero y estos se te quedan viendo, atentos a cualquier movimiento que hagas incluso si eres amistoso con ellos.

No es cómo que me sintiera acosado por ese Axew, pero si tenía tiempo libre lo aprovechaba para relajarme en casa y hacer un crucigrama.

Con el paso de los días, ese Axew aún me seguía. Algunas noches juraba que se metía a mi casa para observarme. Pero no me ha hecho nada, creó.

De hecho había una que otra fruta en mi puerta al día, me levantaba y una valla diferente me recibía, algunas eran dulces y otras acidas, pero sin darme cuenta eso me empezó a causar una sonrisa.

El día que estaba volviendo a la oficina algo pasó, tras de mí, en las entradas del terreno de la mina había gruñidos, gritos.

−Ese tonto nos costó un día de trabajo. –Dijo uno de los mineros.

En ese momento supe de qué se trataba, si algo odiaban los trabajadores era perder su tiempo y había pocas cosas que podían retrasarlos un día entero.

El instinto me indico correr a cuidarlo, salvarlo, aunque todos esos sujetos podrían darme una paliza cualquier día, prefería ser yo y no un pequeño Axew.

Al llegar al epicentro de la multitud, aparte a mis compañeros, mientras veía a tres Roggenrola rodeando al Axew, quien mantenía ese semblante temeroso. Uno uso desenrollar, girando en dirección al Axew.

Salté hacía él, interponiéndome al camino del Roggenrola y recibiendo el ataque en mi cadera. Las piedras a esa velocidad duelen mucho, ahora imagínense un pokemon que es prácticamente tan duro cómo una, estoy seguro de que oí crujir mi cuerpo en ese momento.

Los trabajadores y ese Axew me veían confundidos por presenciar mi manera de retorcerme, pero en mi defensa. ¿Alguna vez han recibido un golpe así? La respuesta era que sí, eran mineros, todo el tiempo lidiaban con piedras y carbón.

En respuesta, vi a ese Axew ponerse frente a mí, cómo si también quisiera cuidarme cómo yo lo cuide a él. Pero eso lo obligaría a pelear y no quería eso para él, aún se veía muy desnutrido cómo para pelear.

−¿Grouse? ¿Qué haces? ¿Qué le pasa? –Eran las voces de mis compañeros de trabajo, quienes no creían que hacía algo tan tonto.

−Chicos, no es necesario pelear. No está molestando a nadie. –Les dije para persuadirlos pero estaban enojados, lo suficiente como para no escucharme.

−Ese Axew nos costó un día entero y nos golpeó.

−¡Y ustedes están perdiendo otro! –Gritó mi jefe, siendo acompañado por su Geodude y Excadrill.

Los empleados retrocedieron, la sola presencia de aquel robusto hombre de chaqueta marrón los aterra. Incluso si no trabajaba dentro de los túneles, el hombre cargaba piedras todos los días, forjó su cuerpo al punto que él sí podría aguantar golpe roca de casi cualquier pokemon.

−¿Ese es el Axew? –Preguntó mi jefe pero todos estaban asustados, solo tuvo que asumir la respuesta. −¿Bud? ¿Qué haces?

−Yo…

−Chicos, si van a desperdiciar un día entero de trabajo al menos lo harán viendo un espectáculo. Y tú, ese Axew ya costó mucho trabajo. Déjame atraparlo y deshacerme de él. –Me ordenó mi jefe al sacar una bola rápida, de esas que si la lanzas al instante puedes capturar a un pokemon con mayor facilidad.

−Yo….

−¡Apártate Bud!

La manera en la que me habló mi jefe, jamás había sido rudo conmigo porqué jamás le había faltado al respeto, pero está vez al desobedecerlo lo insulte. Si algo odiaba más que la falta de productividad, era que no respeten sus órdenes.

El Axew se puso frente a mí, está vez él quería cuidarme pues estaba acorralado de todos mis compañeros y mi jefe al frente. Le daba una razón para hacerlo, yo temblaba por no saber qué hacer, pero no quería entregar a Axew ni desobedecer al jefe, solo quería resolver esto sin lastimar a nadie.

Pero la vida no era así, uno tenía que perder pues a veces no queda otra opción más que la confrontación ante la encrucijada moral. La vida era dura cómo las rocas, uno podría evitarlas lo mejor posible pero en algún momento tienes que levantar una para despejar tu camino, y será pesada, pero puedes dejar que eso te aplaste o que ese peso aumente tu fuerza para que las siguientes rocas sean menos pesadas.

−Está bien, si lo quieres así. ¡Geodude, usa giro bola! –Ordenó mi jefe al apuntar hacía nosotros.

Su Geodude lo obedeció, extendió sus brazos y giro a tal velocidad que empezó a emanar un brillo plateado. Mi puño se cerró en ese momento, vi el ataque inminente hacía los dos, se notaba que ese Geodude quería Revancha.

−¡Esquiva y golpe roca! –Le ordene a Axew cómo aquellas peleas que había visto en televisión o en las calles. Jamás quise ser uno de esos entrenadores, pero no tenía otra opción más que cuidar a Axew.

Axew me hizo caso, saltando al frente justo pasando su cola encima del Geodude y aterrizando apenas manteniendo el equilibrio, él Geodude frenó pero no pudo reaccionar a tiempo y recibió el mismo potente golpe roca de Axew, solo que con más fuerza pues ahora está mejor nutrido, no tanto pero es un avance.

Un simple golpe le bastó para ganar, pero tras de él había un Excadrill con una garra de acero hecha, golpeándolo en la espalda.

−¡Eso no es justo! –Le grite al jefe pero este solo se empezó a reír de mí. Juro que su quijada se iba a caer por tremendas carcajadas.

−¡Bud, la vida no es justa! Te golpea por la espalda, te lanza piedras, siempre tendrás que recibir golpes. ¿Quieres cuidar a ese Axew? ¡Aprende a que la vida lo golpeara! –Me gritó mi jefe, pudiendo ver las venas en su cuello mientras me apuntaba con el dedo.

−¡Eso es jefe! –Animaron mis compañeros.

−¡Ustedes cierren la boca, holgazanes! ¡Un Nosepass es más activo que todos ustedes! ¡Bud, haz que Axew lo de todo!

Las palabras en mi jefe habían resonado ese día, yo no era un peleador, no podía hacer lo que los mineros hacían, solo me dedicaba a hacer cuentas. Pero cuando vi a ese Axew indefenso, temeroso por sobrevivir, escuálido, alejando a todos por miedo a ser lastimado, me vi a mí mismo. ¿Si Axew ganaba, yo ganaba? ¿Si yo lo cuidaba, me cuidaba a mí mismo? No sé, pero lo que si sabía era que él no iba a ser lastimado si yo estaba allí para él.

−¡Garra de acero!

−¡Esquiva!

Dimos las órdenes y ellos obedecieron, Excadrill se abalanzó con sus metálicas garras, lanzando cortes que Axew esquivó con esfuerzo pues los ataques eran veloces y el solo es un principiante.

−¡Giro rápido! –Ordenó el jefe.

Excadrill junto sus garras y giro todo su cuerpo cual trompo y con eso golpeo con su cuerpo al Axew, alejándolo mientras daba vueltas en el aire.

−¡Disparo lodo!

Así el excadrill disparo bolas de lodo hacía Axew, impactándolo de lleno para que cayera al suelo adolorido.

Él pequeño apenas se levantó, me veía a los ojos para ver que sentía. En ese momento, la nobleza de Axew me llegó al corazón, sabía que en este momento la decisión debía ser tomada, perder juntos pero el punto era ese, que los dos seamos los que peleen.

−¡Garra de acero!

Ese Excadrill saltó con sus brazos imbuidos en acero, apuntando a la espalda de Axew para darle un golpe definitivo.

−Golpe roca. –Le susurre a Axew quien levantó la mirada.

Axew me sonrío, su puño se ilumino de un rojo marrón, como si fuera un carbón ardiente. Lo vi saltar sobre su espalda, impulsándose hacía Excadrill.

Lo vi estar centímetros de él, con esa determinación en su rostro por ser mi compañero y en plena trayectoria dio una vuelta de ochenta grados y golpeo a Excadrill directo en el pecho, sacando el aire de su cuerpo y devolviéndolo al suelo. Un solo golpe roca bastó, para que aquel pokemon de tipo tierra y acero cayera, pues aun si su debilidad contra un ataque tipo lucha sea el cuádruple dada la combinación de tipos, también era porqué Axew es fuerte y juntos éramos más fuertes.

El jefe me vio a los ojos, yo no lo note en ese entonces pero según él, mi puño estaba exactamente en la misma posición que el de Axew, apuntando abajo cómo si hubiera lanzado el golpe que definió mi vida, pues en cierta manera era así.

−Bueno, parece que alguien al fin se hizo hombre. –Dijo mi jefe mientras buscaba en su bolsillo algo, sacando así una medalla color café que me arrojo junto a una poke bola gris con dos círculos azules encima.

Yo la atrape, era cómo un rectángulo alargado pero tenía un desliz que lo hacía ver cómo dos rectángulos juntos y al final tenía una punta redonda. Parecía cómo un trozo de tierra cortado que apenas se iba deslizando.

−Bud, esa medalla representa el temblor, la agitación de la tierra que constantemente crea grietas. Igual que en la vida misma, cuando ocurre un temblor dentro de esta, la tierra y tú cambian, se hacen fisuras que definen la estabilidad del terreno. Puedes decidir caer en esas fisuras o hallar una manera de estabilizarlas. Espero que esto sea solo el inicio de algo más grande Bud, porqué con un Axew tan fuerte, sería un desperdicio no ir más allá. –Recitó mi jefe al acercarse a mí y extender su mano.

Yo levante mi palma, tomando su mano y él apretó. Nuevamente podía oír el crujir de mis huesos. Incluso llegue a arrodillarme ante él.

−Aún te falta firmeza. ¡Axew, haz duro a este hombre! –Le ordenó mi jefe al pokemon, quien intimidado asintió y se arrodillo ante su presencia. −¡Ahora toma esa bola peso y atrapa al pokemon antes de que te muestre lo que Excadrill en verdad puede hacer!

−¡Axew! –Grito el pequeño con el puño levantado.

−¡Sí señor Rock! –Le grite con lágrimas en los ojos, pues eran una mezcla entre el dolor y alegría, por ver cómo Axew se metía solo a la poke bola gris.

Al fin tenía un pokemon, un compañero en lo que esperaba fuera una vida llena de viajes, incluso si ambos solo hacemos papeleo en una oficina o vamos más allá, y sinceramente ese Axew era perfecto para mí.