Capítulo 12 Mi noble dragón Pare 3
−¡Fraxure! ¡Fraxure! –Gritaba mí ya macizo Fraxure mientras aprendía de sí mismo, se acostumbraba a su nuevo poder que ambos alcanzamos. Pues al igual que él, yo también había ganado algo de músculo en estos últimos años donde iba y venía de la aldea de los dragones a mis expediciones.
Fraxure creó una garra dragón, apuntando al Haxorus de Drayden quien yacía en una pose de cuatro patas cómo si fuera un Treecko acechando desde un árbol. El reto que ambos teníamos era hacer que se ponga en dos patas. Cosa que aunque sonaba fácil, era muy difícil de lograr, dado la fuerza de ambos; Drayden ni siquiera se inmutaba ni hablaba pero su mera presencia parecía mandarle órdenes a su Haxorus.
−¡Usa pulso dragón! –Grité al señalar hacía Haxorus.
−¡Fraxure! –Respondió mi pokemon con positivismo y de su hocico disparo una onda de energía.
Haxorus levantó la mirada hacía nosotros, ilumino su cola de un brillo verde, indicaba el uso de cola dragón y bloqueo el pulso, aunque pareció quejarse no cedió ni se levantó.
−¡Ambos podemos jugar eso! –Grité al sacar la gema dragón. − ¡Cola dragón!
−Fra. –Asintió Fraxure e ilumino su cola. Saltando por los aires mientras el verdor se intensificaba con el poder de la gema y a la vez la fuerza del ataque aumentaba por la velocidad de los giros.
En dos segundos ambos chocan sus colas en un despliegue de poder esmeralda mientras Fraxure gruñe por querer que retroceda. Apreté la gema y grite a pecho profundo cómo sí eso le diera más poder a Patrick. Si bien no fue así, Fraxure se vio más confiado por mi grito de batalla y concentro más fuerza en su cola, provocando el retroceso de un milímetro de Haxorus.
Pude ver en ese segundo la ceja arqueada de Drayden y Haxorus cómo si eso hubiera despertado una alerta en ambos, hasta Albert y Gabite se rieron al notarlo.
−¡Pulso Dragón! –Le ordene a Fraxure.
Fraxure cargó la energía en su hocico pero una garra dragón de Haxorus interrumpió el proceso y terminó arrojando a Fraxure hacía mí. Literal sentí todo el peso de mi pokemon en mi cuerpo, aplastándome mientras los dos nos sentíamos derrotados. Aún no estábamos listos para el cometa draco.
…
En la noche, tras una danza en la fogata que simbolizaba nuestra unión con los dragones, cenaba al lado de Drayden y Albert, una sopa condimentada con las escamas de un Druddigon que mudaba sus pieles.
−Si usas toda tu energía al inicio del combate siempre perderás. –Dijo Drayden al sorber y darle una cucharada a su Haxorus. –Pero buen trabajo.
Yo le asentí, aunque me sentí asqueado al ver aquel hábito tan poco higiénico, aunque quiera a Fraxure jamás hubiera compartido un plato con él. Pero no le cuestionaba nada, Drayden nos enseñaba mucho de nosotros mismos, incluso si pensábamos que ya lo sabíamos todo. Aunque Drayden irónicamente no decía mucho de sí mismo, solo se la pasaba siendo estoico y serio ante todos.
−Puedo preguntar. ¿Cuándo me teñirán el cabello de blanco? ¿O es algo de líderes y rangos? –Le pregunté a Drayden, aun envidiando esa melena de nieve.
−Yo nací con este cabello. –Me respondió Drayden para sorpresa mía.
−No te creo. –Le dije.
−O sí. Mírale las raíces. –Me señaló Albert para que pusiera atención. − ¿Saben? He oído historias sobre eso. De que los que nacen con cabellera blanca están destinados a la grandeza, que sin darse cuenta son gente talentosa.
…
Lola interrumpe su lectura en ese párrafo, pensativa se levanta y camina al pasillo donde Lincoln se encuentra practicando con un yoyo en forma de Hitmontop.
−Muy bien Bun bun, a esté le llamo la vuelta al mundo. –Dice el peliblanco al lanzar el yoyo y girarlo alrededor de él, pero termina enredando sus ´piernas por error. Quejandose trata de zafarse pero solo termina tropezándose y cayendo por las escaleras.
Bun bun grita por miedo a que su entrenador se lastime y salta hacía él, terminando aterrizando sobre su cuerpo causándole más dolor.
Lola arquea la ceja y niega con la cabeza, decide entrar a su habitación nuevamente para proceder a leer.
…
En el momento en el que lo vi me enamore de él, ese pequeño Drampa que recién salió de su huevo olía a Fraxure y él le acariciaba su cabecita mientras no dejaba de sonreírle, ya eran mejores amigos y apenas tenía unos minutos de nacer.
De una manera metafórica, mi corazón se agrando en ese momento, pues tenía que hacer espacio para ese nuevo compañero en nuestra vida.
…
Drampa intentaba hacer un ciclón que lanzaba hacía el horizonte pero ese ataque se desvanecía a los tres segundos, provocando que el pequeño se enojara. Fraxure se sentaba al lado de ese pequeño y lo acariciaba en señal de consuelo.
−Está bien pequeño, tienes apenas unos días de nacido. –Le dije mientras acaricié su mentón y este gemía de alegría.
Un frío resoplido nos alertó a los tres, subimos la cabeza y vimos que Albert y Drayden admiraban el horizonte con los brazos cruzados. Veían los cerros en las lejanías, pero eran tan grandes que se veían tan cerca, tan altos que iban más allá de las nubes pero a la vez su verde era tan visible desde su pueblito. Titanes naturales que ni siquiera el pokemon más grande podía equiparar.
Me acerque a ellos, para tener una mejor vista de los cerros viejos que aún reverdecían y sonreía ante tal vista; Me encantaba la vida de las oficinas, encerrado en un ambiente que podía controlar, que creía era suficiente, pero un día en un túnel apareció un pequeño Axew que no nos dejaba tener control sobre el ambiente; Y me cambio la vida para siempre, me enseño a que es más divertido no tener el control siempre, en especial si eso nos llevará a una gran aventura.
−En la antigüedad, Reshiram y Zekrom pelearon sin cesar, truenos y fuegos caían cual lluvia todos los días. Eran violentos, porqué una parte les faltaba. No fue hasta que una reina llamada Lucille lo encontró, un monstruo incompleto de hielo que creo montes helados tan grandes cómo el cielo, separando los territorios de ambos; Pero el palacio de ella también desapareció en los anales del glaciar. Desde ese día hay quienes dicen ver al monstruo en las nieblas que aparecen de la región, pero no se le puede describir porqué quienes se le han acercado jamás fueron vistos de nuevo. –Contó Drayden al suspirar.
En su mirada había pena, cómo si algo no se sintiera bien contar esa historia. De él ya conocía esa historia de ruinas, museos, libros viejos y exploraciones. Siempre era algo triste escuchar esa historia, porqué aunque se narraba el final de una guerra que quitaba vidas, incluyendo la del príncipe de Unova, aún no se sentía cómo un cierre.
A mi lado, el resoplido de Fraxure me devolvió a la realidad, me acariciaba con su mejilla, sentía los rasposos colmillos de mi pokemon frotarse en mi mentón pero era agradable, más aún con la cabecita de Drampa en mi pierna.
Pensar en no sentirse completo era una idea que odiaba, la vida eterna sin tener una parte vital de uno mismo. Sentía pena por Reshiram y Zekrom, pero no podía hacer nada por ellos, solo agradecer que Fraaxure esté a mi lado, también Drampa e incluso Drayden y Albert.
…
−No piensen en esto cómo un ataque, es una expresión, una manifestación de su alma la cual se aparece cómo aquel cometa que partirá los cielos. –Nos dijo Drayden a ambos.
−Los dragones desarrollaron esa técnica para proteger a sus manadas, porqué ellos amaban y se aferraban a estas, eran su familia, su espíritu manifestado. –Contó Albert al inflar su pecho. –Fraxure no es solo tú pokemon, también es tú familia. ¡Y tú también lo debes proteger con un cometa draco!
−¡Gabite! –Grita Gabite al manifestar una esfera morada que dispara al cielo.
Todos vimos esa púrpura esfera que se elevaba por los cielos ante nuestro asombro, el cual crecía hasta tapar el sol y en una explosión, las esferas se esparcían por todos lados hasta que caían al cielo cual cometas.
Gabite suspiro, ese movimiento cansa a los dragones, pero lo vale pues es una expresión de camaradería y poder, uno que eleva sus voluntades al cielo. Eso es lo que Fraxure y yo debíamos hacer.
Inhalamos y exhalamos al ver aquel horizonte, mientras nos obligábamos a que la energía fluya en nuestros cuerpos, aunque eso solo provocaba desdén en Drayden.
Veíamos el cielo brillar, esperando que ese poder se transmita hacía nosotros. Apuntamos hacía arriba mientras la energía de Fraxure se acumulaba.
−¡Cometa Draco! –Ordené a Fraxure.
−¡Fraaaa! –Una esfera purpura se concentraba en el pecho de Fraxure la cual brillaba con mayor intensidad que un pulso dragón. Disparó el ataque al aire pero a solo un metro exploto, empujándonos al suelo.
Los dos nos quejamos al unísono, toda esa energía tan cerca de nosotros. Explotando, mostrando lo que pasa cuando no se controla toda la fuerza de un dragón.
−Tú problema es que lo controlas, para que funcione tienes que controlar el descontrol. –Dijo Drayden al ayudar a levantarnos.
− ¿Qué significa eso? –Le pregunte pero él no me respondió, solo me hecho un resoplido harto mientras ayudo a equilibrarme nuevamente.
−¡De nuevo! Y recuerden, aprendan a controlar el descontrol. –Me indico Drayden al apuntar al cielo.
Fraxure gruñó al ver ese cielo, me vio pero yo no entendía muy bien cómo proceder con la instrucción de mi mentor. Simplemente le di mi señal de aprobación. Él nuevamente ve al horizonte y dispara un meteoro dragón sin acumular tanta energía pero este explota ahora a medio metro, empujándonos al suelo, pero está vez nos arrastramos dos metros que dejaron un rastro de tierra.
−Supongo que puedo plantar lirios allí. –Dijo Drayden al suspirar.
−Bud, tomate cinco minutos, coman algo de sopa y lo intentaran al anochecer. –Indicó Albert al levantarme.
Suspirando, miré hacia el suelo con los puños cerrados. Pensando en la paradoja que Drayden le presenta. ¿Cómo controlar algo que no debe controlar? Fraxure y Drampa se me acercaron para consolarme. Mi pokemon se veía igual de frustrado que yo, pues él incluso cómo Axew siempre pudo tener control sobre sus ataques, los dominaba al primer movimiento y no sabe cómo lidiar con no saber qué falló está vez.
…
Tras el paso de las semanas, aún no podía controlar el meteoro dragón pero al menos podía hacer que se eleve algunos metros para que no nos explote en la cara. Creía que eso era un progreso pero para Drayden y Albert eso era peor.
Una noche solo me dedique a ver los cerros, también viendo el mensaje de mi jefe indicando que había una exploración en pueblo ladrillo. Tal vez eso necesitábamos, cambiar un poco el ambiente para que así estemos en un ambiente nuevo, algo que no pueda controlar.
Fraxure se sentó a mi lado, Drampa se posiciono sobre su cabeza y así los tres nos quedamos contemplando la luna, pensando en aquel lugar tan lejano en las estrellas. Preguntándome por lo que hay más allá. ¿Si existirá una colonia de Cleffa allí? ¿Los Minior vivirán más tiempo en el cosmos que en la tierra? En ese lugar Rayquaza, debe estar custodiando las estrellas para cuidarnos de cualquier amenaza, con sus imponentes cometas draco que surcan la infinidad sin cesar sin dirección aparente.
Tal vez en vez de apuntar hacía el sol, deban apuntar a la dirección contraria, hacía el infinito y más allá. En vez de solo una esfera de energía, crear varías cómo si fuera un verdadero cometa draco.
−Fraxure, Drampa. Apuntemos a las estrellas. –Les dije a ambos y me sonrieron. Se me acercaron para acariciar sus mejillas con la mía mientras reíamos.
…
La arquitectura de pueblo ladrillo eran pues… ladrillos, pero todas las casas se situaban a varios metros de altura. Para los que estén en silla de ruedas deberían ser pesadillas, pues había escalones tan inclinados que un paso en falso podría torcer un tobillo de manera letal.
Drayden y Albert también toman fotos del lugar, cuando les dije que iría a este lugar, tomaron sus maletas para acompañarme sin siquiera ser invitados. Venían por la leyenda de la niebla abrumadora, una que al ser alcanzado por ella quien se le adentraba desaparecían, algunos juraban ver una silueta de terópodo en está; Por eso construyeron las casas y edificios así, para que la niebla no los lleve.
Al lugar al que tenía que ir eran unas ruinas cerca del pueblo, algunos dicen que ese era el castillo de la reina Lucille, pero pocos se han atrevido a ir más allá de la primera planta.
No fue hasta que la semana pasada alguien afirmo ver un cumulo de diamantes abajo que me llamaron. Era arriesgado visitar ruinas antiguas, pero con Fraxure y mis amigos no temía por algún derrumbe.
−Me siento mal por los ancianos que viven aquí. El tener que subir y bajar tantas escaleras debe ser una tortura. –Bromeo Albert dándome un codazo.
−Estoy muy seguro que para eso son los Sawk y Throh que viven aquí. –Indicó Drayden al señalar un Throh cargando a un anciano y su silla de ruedas por la escalera.
Los tres hombres se ríen al ver esa escena, siendo incapaces de verse a sí mismos de esa manera. De hecho no creen que vayan a llegar a esa edad, aunque Drayden ya se les adelantó con su cabellera blanca.
Al seguir caminando, noté que Fraxure veía al sur del pueblo, en dirección a las ruinas que vamos a visitar. En su semblante se manifestaba un sentimiento de incertidumbre por lo que verán o quizá era algo más. La verdad, es que yo sentía frío al pensar en adentrarme allí, pero era mi trabajo y sabía que juntos éramos invencibles pero hasta nosotros necesitábamos descanso y más estando a cargo de un pequeño Drampa.
Decidí que dormiríamos por la tarde para que así podamos explorar en la madrugada, en caso de que haya pokemon salvajes en las ruinas estos descansarían. Cualquier riesgo debía ser evitado en un lugar tan frágil cómo las ruinas de un castillo.
−¿Listo para descansar Fraxure? –Le pregunte a mi compañero pero este no me respondió. Solo miraba a las ruinas. –De acuerdo, solo procura no desvelarte.
Fraxure me asintió pero siguió sin hablarme, solo estaba perdido en sus propios pensamientos; Debía respetar sus momentos de reflexión, si lo forzaba a abrirse podría ocultarme algo importante, así que me fui a dormir sin él, aunque temía por esa dichosa niebla de las leyendas.
…
Lucille. ¿Dónde está Lucille? Lucille, Lucille ya no está pero si está. ¿Estás donde no estás Lucille? Lucille. ¿A dónde fuiste Lucille? ¿Yo te aleje Lucille? Lucille.
…
Al levantarme, prepare todo en mi mochila, pociones, revivir, anti quemar entre otras cosas que podrían serme útil. Pero lo que me desconcertó era la estatua de Snivy. Habría jurado que estaba en mi casa de la aldea, pero yacía allí, no me quitaba espacio así que no me molestaba que esté allí, de hecho sentía que era un amuleto de buena suerte.
Al salir del hotel note la niebla allí abajo, a la vez que un Haxorus mirando. Arqueé la ceja al no entender por qué Drayden estaría despierto a tan altas horas de la noche, así como retrocedí un paso porqué si bien no creía en las leyendas de manera literal, si había algo que causaba miedo de perderse entre la neblina; La sensación de estar envuelto en algo que nubla tu vista pero desaparece en cuanto avanzas pero de todos modos sigue allí rodeándote, consumiéndote, cómo si el humo te abrazara. Sin duda no era mi clima favorito.
Por eso y sin aviso, Drampa lanzó un breve ciclón que despejo la niebla a mi alrededor, vi su orgullosa sonrisa apuntando a mi rostro así que yo se la respondí y acaricie su cabeza en señal de que me hacía feliz; Incluso le permite colarse en mi cabeza.
−Haxorus. ¿Dónde está Drayden? –Le pregunte al llegar a su lado pero Haxorus no me respondió.
No entendí eso al principio, tampoco por qué me sonreía pues igual que Drayden, él era un ser reservado que se guardaba sus emociones. Pero ahora se veía más amistoso, así como con un amarillo verdoso más claro.
−Haxorus. –Me respondió él al encorvarse para que nos veamos cara a cara.
Me sentí tonto al no haberlo reconocido de inmediato y fue aún peor el hecho de qué me perdí ese momento tan especial, el de llegar a su fase final. Pero a este punto no importaba, me hacía feliz que había llegado a su máximo potencial; Derrame una lágrima por pensar en las aventuras que ambos llegaríamos a tener de ahora en adelante.
−Entonces Haxorus. Vamos a la cueva. –Le dije al tocar su mejilla.
−Haxorus. –Me respondió y ambos emprendimos camino a las ruinas, más bien los tres porqué Drampa no se despegó de mí.
…
Por alguna razón el castillo entero se sentía helado, para dos tipo dragón eso era peligroso pues ellos usualmente son de sangre fría y necesitan temperaturas más tropicales o áridas para sobrevivir. Salvo un Duraludon pues su tipo acero le protege de las temperaturas frías.
Veía a Drampa temblar, así que saque una manta de la mochila para que se reconforte.
Haxorus se negaba a entrar a su pokebola a pesar de estar incomodo por los pasillos tan angostos. Pero se mantenía a pesar de los trozos de ladrillo cayendo en su cabeza.
−Al menos estás mejorando tu capacidad de soportar lugares apretados. ¿No eres claustrofóbico, verdad? –Me burle de Haxorus quien solo respondió con un gruñido.
Aunque se enojara conmigo, sabía que al final del día también terminaríamos riendo sobre una pila de diamantes. Podríamos retirarnos en una tranquila villa el resto de vida si no fuera porqué ya vivimos en una de esas pero con el dinero que tengamos podríamos hacer cosas para mejorarla.
Por encima de nosotros escuchamos un lamento, Haxorus se preparó de inmediato para atacar pero yo no me sentí amenazado, preferí analizar la situación antes de actuar, de paso Drampa se puso frente a mí, pues con su tipo normal primario podría evitar dañarse con ataques de piso fantasma.
Encima de nosotros había un Misdreaveus, viéndonos curiosa. Asumí su generó pues para ciertos estándares ese pokemon es muy femenino, además algo en mí lo intuía. No hacía nada más que observarme cómo si tuviera algo que ella quería, pero no sé qué. Aun así me recordaba al Golett que conocí en las ruinas del desierto, un vagante solitario que espera a que alguien le hable.
−Oye, es raro ver Misdreavus en Unova. ¿Qué te trajo aquí? –Le pregunté al pokemon, pero ella no respondió.
Supuse que no quería ser molestaba, pero por alguna razón no dejaba de verme. Solo seguí mi camino, tratando de que no me importe que me vea o siga, solo esperaba no hacer algo que la provoque; Haxorus por su parte aún se sentía inseguro de tenerla rondando.
Al seguir adelante, vimos una grieta que llevaba a un túnel, el cual estaba lleno de cristales. Me asombré, había encontrado la mina de diamantes, era algo angosta, pero cabía por ella.
−¡Misdra! ¡Misdra! –Gritó la Misdreavus cómo si me tratara de advertir, pero no escuché en ese momento.
No bastó un paso mío para que al momento de que mi pie tocara ese cristal para que me termine deslizando a gran velocidad por aquel tobogán que al pensarlo bien supe que no era diamante sino hielo, uno muy macizo pero a la vez resbaladizo.
Oía los gritos de Haxorus en el fondo, al igual que choques contra la pared que indican el deseo exhaustivo de entrar a mi rescate, sim importarle el riesgo de derrumbes. A mí tampoco me importó en ese momento, quería su auxilio mientras caía.
Cualquier intento de sostenerme de algo terminaba en mis dedos resbalándose, Drampa intento usar el viento del ciclón para impulsarnos pero no servía, era cómo si una fuerza gravitacional nos succionaba y tras la sucesión de eventos posteriores, es posible que hubiese sido así.
Pasé un minuto deslizándome hasta que caí a una cueva subterránea, llena de los mismos diamantes de hielo. El ambiente era intolerable, pues el frío se manifestaba con tal potencia que mi mera respiración se veía y mi cuerpo se empezó a sentir entumido. Drampa temblaba y chillaba por no poder tolerar el ambiente, pero en sus gemidos podía sentir miedo; Compartía el sentimiento, pues no solo era estar en un ambiente desconocido, sino que la caverna emanaba una helada sensación de maldad que se manifestaba en la neblina bajo nuestras piernas.
−Hueles a ella. ¿Qué le hiciste a ella? –Preguntó una voz de ultratumba desde la oscuridad de la caverna mientras los pasos resonaban cual temblor que hasta mueve los cristales del techo. −¿Dónde estás? ¡Lucille!
Retrocedí al sentir ese clima gélido, mi corazón se paralizaba al ver un brillo amarillo topas apareciendo en el fondo. Otro paso provoco otro temblor, está vez derribando un cristal que casi me golpea y ahora el frío se volvió tan potente que incluso algunos tipo hielo dirían que es demasiado frío. De hecho vi que parte de mi suela estaba congelada.
Jadíe al sentir los temblores de los pasos cada vez más cerca y ese brillo topas se dividía en dos mientras salía de aquella grieta, un ser con una cabeza cristalina que parecía hecho del mismo hielo diamante del que me resbalé, con alas igual de cristalinas y una grisácea que recorría las partes no congeladas de su cuerpo. Caminaba en dos patas traseras mientras sus patas frontales eran más pequeñas, al punto de ser más que nada bracitos con garras afiladas. Pero lo que más asustaba del ser además de sus colmillos eran esos ojos topas sin iris visible, solo una pupila entera y amarilla que no expresaban emoción alguna. Como si fuese una carcasa vacía que se movía solo por instinto.
Había escuchado leyendas de él, de aquel monstruo que vivía en los anales del subsuelo de Unova pero no podía creer que fuera él; Creí que estaba extinto y lo que quedaba eran meras supersticiones; Era el pokemon antiguo, Kyurem.
−No eres. ¿Por qué hueles a ella? –Preguntó ese monstruo, pero no supe que decirle por qué no sabía de lo que hablaba.
Escuché antes que decía el nombre de Lucille, pero la verdad es que el miedo no me dejaba pensar. ¿Cómo hacerlo? Estaba frente a un asesino despiadado y solo tenía conmigo a un Drampa de apenas un mes de nacido que solo sabía usar ciclón.
−Liofilización. –Dijo Kyurem y de repente un rastro de hielo apareció bajo él, dirigiéndose a nosotros.
Trague saliva y empecé a correr en busca de esquivar el ataque, pero el rastro me seguía y era más rápido que yo. Sentí el hielo congelar mi pierna pero por alguna razón ardía. Grité con tal fuerza que pensé que mis pulmones se iban a salir.
Caí al suelo, sintiendo uno de mis dientes romperse por caer ande un cristal de hielo, pero lo que me preocupaba era que Drampa esté a salvo. Necesitaba sacarlo de allí a cómo de lugar.
−Drampa. Por favor, usa ciclón para impulsarte e irte de aquí. –Le suplique al arrastrarme.
Drampa chillaba mientras mordía mi hombro cómo si tratara de cargarme, desesperado porqué se rehusaba a dejarme solo. Pero yo no quería que terminara para ambos, él aún tenía mucho por lo cual vivir así que con mis pocas fuerzas lo empuje para que se asuste de mí, no servía porqué siempre volvía.
−Draaa. Draaa. –Chillaba Drampa al morder mi mano.
−Por favor Drampa, vete de aquí. –Le suplique para que se aparte.
−Liofilización. –Volvió a decir Kyurem y soplo. Creando otro rastro de hielo que se dirigía a nosotros.
Del cielo Haxorus cayo, con su cola envuelta en un brillo plateado que bloqueo el rastro del ataque. Usó cola de hierro mientras en sus ojos se prendía una llama que indicaba sus deseos de pelear contra Kyurem.
No me sentí feliz de verlo allí, porqué ahora su vida estaba en peligro. Empece a llorar por no quererlo allí, que tomara a Drampa y se larguen de allí, que busquen a otro entrenador que sea más digno para ellos.
−¡Toma a Drampa! ¡Vive tu vida y vete! ¡Drayden te cuidara, podrás estar para siempre en la aldea, cuidando a los niños! ¡Ten una vida feliz por favor! ¡Te lo suplico! –Lloraba al levantar la cabeza para que Haxorus me viera a los ojos y sepa que esto era enserio.
Pero Haxorus no volteó a verme, jamás supe porqué. Quizá no podía tolerar que su entrenador estaba llorando por las dificultades o tal vez no quería que yo lo viera igual de desesperado. Aun así él ya había tomado su decisión de pelear y cómo su entrenador, debía respetar eso y estar a su lado.
−¡Tampoco eres ella! Pulso dragón. –Dijo Kyurem al disparar su onda de energía.
−¡Pulso dragón! –Grité también.
−¡Haxorus! –Respondió mi pokemon al crear un pulso dragón.
Ambas ondas de energía recorrieron la caverna con gran velocidad hasta chocar entre ellas, creando así una lucha de esferas moradas que forcejean entre ellas por ver cuál es la más potente, pero aquel choque dura menos de lo que esperaba pues el poder de una leyenda superaba con creces a un Haxorus recién evolucionado.
Mi pokemon no se molestó en moverse, recibiendo el impacto doble porqué de esquivarlo me hubiera dado a mí. Pude ver por un segundo cómo la pierna de Haxorus se dobló, pero fue un leve instante para que su convicción lo obligara a reafirmarse.
La cuchilla de Haxorus se ilumina de morado y gruñe para aumentar su poder. Ruge y empieza a correr hacía Kyurem con intenciones hostiles.
−Vozarrón. –Susurra Kyurem al abrir el ocico y de inmediato emanar una potente onda sonora que agrieta los cristales diamantes, dándole de lleno a Haxorus quien frena su velocidad pero no se detiene.
Haxorus sintió esos tímpanos reventarse pero no le importó pues su misión era cuidarnos. Le grite que use golpe bis y aunque mis palabras se ahogaron entre el eco del vozarrón, Haxorus pareció escucharme pues llegó justo a la cara de Kyurem y con sus cuchillas envueltas en purpura lo atacó usando su cara cómo una afilada hacha que rasgaba las mejillas de Kyurem de un lado al otro, haciéndolo cuatro veces. Después creó su cola de hierro y le dio un bofetón al pokemon.
Por un momento pensé que fue efectivo pues Kyurem parecía aturdido, pero no era eso sino que era indiferente ante esos ataques. Para él no valían nada, tal vez porqué ese rostro helado no tenía nervios o tal vez porqué su poder era más grande que el de cualquier pokemon que ose desafiarlo.
Kyurem bajo la mirada y cargo un pulso dragón que exploto en la cara de Haxorus, con una explosión tan fuerte que lo mando a volar y si no conocen el peso de un Haxorus, solo diré que uno de esos puede crear un agujero en el suelo de solo saltar. Pero lo lanzo al aire cómo si fuera una bola de papel.
−Pulso dragón. –Dijo al disparar y en un segundo le dio a Haxorus de lleno, explotando y provocando su caída.
Haxorus cayó al suelo, pero se levantó de inmediato a pesar de haber escuchado un crujido que salía de su colmillo. Lo veía cada vez más desgastado y eso que la pelea apenas había iniciado. Gruñía mientras avanzaba dos pasos para tomar distancia entre yo y Kyurem.
−Liofilización.
El rastro de hielo recorrió el suelo y envolvió el cuerpo de Haxorus, lastimándolo de manera crítica, pero a pesar de su rugido de dolor no se ponía de rodillas. Era como si su fuerza de voluntad fuera lo que lo mantiene de píe, pues antes había perdido contra otros pokemon por menos que eso.
Yo ya no podía seguir viendo, literalmente pues el frío me provocó una hipotermia que me estaba desmayando. No sabía cómo estaba Drampa, dejó de hablar cuando empezó la pelea. No sentía nada más que mi cuerpo cansado en ese momento
Pero oía la pelea de Haxorus contra Kyurem, la serie de explosiones y gruñidos que siguieron por tres minutos, escuche un vozarrón y después el sonido de algo metálico cayendo al suelo, cómo si algo macizo se hubiese roto en miles de piezas.
Ni siquiera había notado que mi mochila estaba abierta, y que en mi mano tenía la gema dragón. No sentía que podía darle energía a mi compañero.
−Bud, ya me tengo que ir Bud. –Dijo la voz de un niño, uno al que jamás había escuchado pero por alguna manera era familiar, como si fuera la persona más especial de mi vida. Levemente abrí los ojos y veía dos patitas verdes frente a mí, pero no veía su rostro.
….
Lola noto que las siguientes tres páginas estaban en blanco, curiosa ojeo un poco para ver donde estaba el resto hasta llegar a casi el final del diario donde describía los exteriores del castillo.
−¿Y el resultado? –Se preguntó Lola al rascar su mejilla.
…
En el pasado, las partes que Bud no conto en su diario pues ni el mismo recordaba bien los detalles sucedieron de una manera interesante. Pues presencio un pequeño milagro, uno que tristemente no recordaría.
−Dime Bud. ¿Ya soy maduro? ¿Crecí lo suficiente? –Preguntó aquel pequeño Axew traslucido mientras acariciaba la mejilla de Bud. Vio a Drampa abrazado de Bud quien no entendía lo que pasaba pero solo le transmitió el deseó de cuidar a su entrenador con una sonrisa. –Perdóname Bud, me hubiera gustado jugar un poco más, pero me divertí mucho contigo Bud.
−A… Axew.
−Siempre serás mi mejor amigo Bud; Te quiero mucho. –Murmuro el pequeño mientras se acarició una última vez con él. –Vamos. Creo que al fin entendí a controlar eso que no se controla, con eso podrás estar a salvo. Te amo Bud Grouse.
Bud apretó la gema dragón mientras sus lágrimas heladas se derramaban en el suelo y ese Axew corría hacía el cuerpo de Haxorus y al introducirse a este, tanto la gema cómo él empezaron a brillar con tal intensidad que los diamantes de la cueva por un momento se convirtieron en amatistas que reflejaban el poder de un dragón.
−¡Cometa draco! –Grita Bud mientras su dragón ruge ante la última orden que le dio.
Axew al fin comprendió en que no podía controlar el poder de sus enemigos o su propio destino, el querer controlar la fuerza es algo ridículo, pero si podía controlar lo que deseaba hacer con su propia fuerza, podía controlar a quienes cuidar, a quienes considerar su familia.
−¡Haaaaaaaaaxoruuuuuus! –Grito el pokemon mientras su aura se disparaba al cielo en un brillo de perpetuo violeta que iba hasta el cielo y más allá.
El aura exploto en miles de pedazos que Kyurem veía caer hacía él, quien no parecía inmutarse hasta que dio un paso atrás.
….
Hace mucho tiempo, en una historia que el mundo olvido.
En la antigüedad, había un ser de un poder incontrolable que se dividio en tres. Un dragón de trueno negro llamado Zekrom, uno de flamas blanco llamado Reshiram quienes iniciaron una pelea eterna. Mientras que los residuos de este se convirtieron en una carcasa vacía que el tiempo olvido o eso creía todo el mundo hasta que un día, una joven reina encontró a un pequeño gris en el fondo de una caverna.
−Hola pequeño. ¿Cómo te llamas? –Pregunto la jovencita al acariciarlo.
Pero no recibió respuesta ya que en el fondo se escuchó una explosión, seguida de un relámpago.
−Vamos, yo te cuidare. –Dijo ella al tomarlo y a pesar de estar pesado, logró levantarlo para caminar a paso lento de él. –Hmm. Te sientes vació, pero estarás bien conmigo.
Ese pequeño dragón creció con el paso de las semanas, como si estuviera hubiera estado comprimido hasta que alguien lo encontrara de su refugio. Lucille podía ver en su piel que el paso del tiempo no fue amable con él. Pero eso no le importaba, ella ahora sería su amiga.
Por primera vez Kyurem sintió algo más allá de estar incompleto, Lucille lo quería, ella se volvió lo que le faltaba.
…
Un día en el palacio, Lucille estaba montada sobre Kyurem, ella había llorado mucho esa vez. Cómo si algo que le importaba hubiese desaparecido, justamente cuando en el oeste de la región se suscitó una batalla contra Zekrom. Pero Kyurem la consoló dejando que este encima de él.
Las lágrimas de Lucille se congelaban al tocar el cuerpo de Kyurem, se convertían en parte de él y eso era algo que ambos adoraban pues era señal de que se volvieron uno solo.
−Kyurem. ¿Tú estarás conmigo siempre? –Preguntó Lucille al acariciar la mejilla de su compañero.
−Lucille, te amo Lucille. –Respondio Kyurem y le lamio la mano a su dueña. Su todo.
Lucille sonrío pero no paso de llorar, bajó de su lomo para verlo de frente. Los ojos de ambos se penetraban mutuamente cómo si sus almas se comunicaran la una a la otra. No servían ni bastaban las palabras para que puedan entender que su lazó es algo que trascenderá más allá del tiempo.
…
−¡Lucille! –Grito Kyurem al interponerse entre el cuerpo de su ama y un trueno de Zekrom. Su espalda recibió el ataque pero no le dio importancia, su Lucille era lo que importaba.
Kyurem vio el cabello negro de su ama tapándole los ojos, pero aun así podía sentir su mirada apagándose. No podía hacerle eso, ellos eran uno, la eternidad…. Debían vivir la eternidad.
−Kyurem…. Leopold…. Por favor, recibe a Leopold. –Murmuraba Lucille aun cuando cada palabra agotara más su vida.
Una llamarada ataco a Kyurem y él empezó a llorar pensando que ahora sus lágrimas se unirían a Lucille, esperando que le devuelvan la vida. Pero no importaba. ¿O sí? Lucille solo era una humana, ha visto humanos crecer y morir una y otra vez. Pero con ella no podía pasar, no era justo que Lucille se apartara de él.
−Lucille. –Murmuro Kyurem al sentir que su cuerpo se helaba y de su cuerpo, una rabia tal que creo una onda de choque se manifestaba.
Reshiram y Zekrom pararon su conflicto al sentir eso, los dos vieron al suelo y en la mitad de un jardín en forma circular veían a Kyurem emanar un brillo celeste que casi ahogaba la luz solar.
Su Lucille, daría todo lo que fuera por ver a Lucille de nuevo. Pero ya es tarde para eso, pero no para apagar el conflicto que tanto agobiaba a su amada; Le dará fin a aquella lucha que solo causaba dolor y creara un…
−Mundo gélido. –Murmuro Kyurem y el mismo se volvió el epicentro de un cataclismo. Un glaciar dividió el palacio real en dos y este titán de hielo empezó a crecer por toda la región, empujando a Reshiram y Zekrom por lados contrarios para que se alejen tanto que no vuelvan a verse, para que su eterna lucha pare y dejen de frenar las vidas venideras.
Kyurem gritó los cielos, mientras esos cerros de hielo se alejaban de él, sin saber que jamás se iban a derretir y sorpresivamente de ellos eventualmente crecería vida nueva.
Vida nueva que eventualmente veía en ese hombre tirado en el suelo, mientras el cometa draco lo golpeaba y hasta llegaba a fragmentar un trozo de su quijada.
Al despejarse el polvo que la niebla levanto, Kyurem vio que el Haxorus había desaparecido sin dejar rastro y el Misdreavus que a veces veía rondar sacaba algo de la mochila del viejo. Un Snivy de madera.
Kyurem se acercó para terminar con el hombre pero se detuvo al ver que ese pokemon tomaba una forma más humana, la de una joven doncella que admiraba aquella estatua. Su boca se abrió al notar lo parecida que se veía a ella. ¿Podría ser?
−Lucille. ¿Lucille?
Y así esa fantasma le sonrío a su compañero, lloraba mientras apretaba el Snivy porqué reconocía que era de él, el regalo de su hermano y también una disculpa por no haber podido cuidar a ese pequeño pokemon.
Lucille vio a Kyurem, y le asintió mientras volvía a ser un Misdreavous. Ambos tocaron sus frentes mientras lloraban porqué al fin sentían estar en paz nuevamente. Dejando ir a ese pobre explorador, tanto con el Snivy, porqué Lucille sentía que se le tenía que entregar a alguien más y también le regaló su antigua corona la cual puso en su mochila mientras el Drampa lo arrastraba con todas sus fuerzas.
Kyurem dio un pisotón, abriendo una puerta de hielo. Le debía dejarlo vivir, porqué con ese gesto indirecto, le permitió volver a ver a Lucille.
…
En la aldea de los dragones, empaque mis cosas. No podía seguir allí, todo me recordaba a él. Se supone que debíamos vivir juntos por siempre, sin embargó estaba allí solo con Drampa. Quería a Drampa, pero Haxorus… no creo que pueda volver a ser feliz nuevamente, no del todo al menos.
Drayden y Albert me acompañaron al aeropuerto, me regalaron un chaleco negro y también un dracostal z para que jamás los olvide; No puedo hacerlo aunque quisiera, eran mis amigos.
−Siempre tendrás un hogar con nosotros. –Dijo Drayden al darme la mano.
−Gracias, díganle al jefe que lamento no poder despedirme en persona. –Le dije al abrazarlo.
Subí al avión, yendo a una diferente región con Drampa, a una vida diferente y espero una más tranquila, donde no haya tantos peligros.
…
Eso es todo lo que hay en el diario, Lola suspira triste al cerrar el diario pues era una historia interesante y triste. Ve a su Skitty dormida, preguntándose qué sería de ella sin su compañera. Todos sueñan con envejecer con sus pokemon, pero a veces el destino no deja que sea así. –'
Intentando no llorar va hacía Drampa quien yace en el patio de su vecino. Al llegar a su lado este se alerta y la ve, acercando su rostro para que se vean directo a los ojos.
−Lamento mucho lo de Haxorus. No pensé que vivieron eso. –Se disculpa Lola con la mirada baja al pasarle el diario. –Yo no sé qué haría sin mi Skitty y pensar que algo le pase me da mucho miedo. No puedo imaginar lo que sintió el señor Grouse. Por favor, discúlpame con él.
Drampa suspira con alegría, acaricia su mejilla con la de Lola e incluso le da una lamida para que ría en vez de llorar, ella abraza su cuerpo con su cabeza para sentir su esponjoso cuerpo.
Sin darse cuenta, Bud los escucha desde el otro lado de la cerca, suspirando por la manera en la que le gritó a esa niña de seis años. Alguien que no es madura del todo para entender ese tipo de temas de apego y aun así es lo suficientemente madura cómo para pedir perdón. Llora al recordar a su Haxorus, pero él no querría verlo así.
…
En la noche, Drampa se asoma por la ventana de Lola, dejándole la corona y el Snivy de madera para que sea una muestra de que Bud acepta su disculpa; Skitty se percata de eso, ve con curiosidad a Drampa pero no se asusta, más bien se alegra al verlo guiñarle el ojo mientras se retiraba a su casa.
…
Por alguna razón, en las ruinas de aquel palacio de hielo. Kyurem sentía que Lucille estaba más feliz de lo usual, cómo si al fin una promesa de su familia se hubiese cumplido. Ella reía mientras flotaba de un lado al otro y Kryurem sonreía por verla tan vivas.
Fin.
