Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 02. Dos son mejor que uno.
Se siente un poco cohibida mientras observa a Battler-sama examinar cada rincón del lugar, un grueso toldo de hojas verdes y vibrantes en donde ella siempre va a esconderse. Hay también unos arbustos que la cubren de las miradas indiscretas de los otros sirvientes y el suelo es de pasto limpio y fresco, con alguna que otra piedrecita y bicho andando por ahí. Es su lugar favorito para estar sola además de su habitación y por algún motivo desconocido ha accedido a que él lo vea al notarlo tan emocionado, al sentir en diversas ocasiones los tirones hacia su manga derecha, implorándole ir de excursión a dicho lugar. Y ahora están ahí y los ojos azules de Battler recorren cada pedazo al descubierto, parecen absorber cada detalle, beberse hasta el más mínimo matiz de luz entre las hojas. Es como si la examinara a ella y por eso se cohibe, por eso y porque nunca ha tenido un amigo varón además de Genji-sama, quien siempre es estricto a pesar de todo.
—¡Es genial! —afirma él después de un momento y Yasu siente cómo su pecho se desinfla en un suspiro de alivio mientras asiente a su afirmación con ganas—. ¿Cómo lo has encontrado? ¡Ah, aquí no puede verte nadie! ¡Es genial! ¡Seguro que si tuviera un lugar así en mi casa mi viejo no me molestaría para nada!
Battler-sama habla rápido y entremezcla sus palabras con carcajadas o bufidos, con rápidas gesticulaciones de las manos que casi parecen los pasos específicos para un ritual mágico, dispuesto a crear cualquier realidad. Ella nunca había visto a nadie así, ni siquiera a Jessica-sama, aunque debería de estar acostumbrada a ese tipo de arrebatos, dignos de quien no tiene ninguna preocupación en el mundo, como las motas de polvo sin limpiar en el candelabro o las camas destendidas que se dejó antes de tomarse su descanso.
—Battler-sama, puede venir aquí cuando guste —sin duda la perspectiva le anima, saber que quizás la próxima vez que se cuele entre los arbustos podrá encontrar a alguien con quien hablar, además de los personajes de sus libros, a veces engañosos y a veces culpables, a pesar de la confianza depositada en ellos.
—Llámame Battler, Shannon-chan —tan rápido que ni siquiera se da cuenta de ello, el niño se sienta enfrente de ella, las piernas cruzadas sobre el pasto fresco que cruje sólo un poco a manera de queja, los mismos ojos emocionados que poco a poco ha aprendido a reconocer—. Y bueno, ¿ya lo has leído?
—B-Battler-san —él hace caso omiso de los intentos fallidos de llevar a cabo su orden y toma el libro entre sus manos, buscando el marcador de la página, que resulta ser nada más y nada menos que un pétalo de rosa justo antes de las páginas finales.
Esto lo emociona aún más y Yasu no sabe cómo interpretarlo, nunca sabe, es tan cambiante que sólo algunas de sus expresiones, conocidas no hace mucho, le son familiares cuando afloran en su rostro.
—¿Por qué crees que lo hizo? —parece una de esas preguntas súper difíciles que vienen a mitad del examen, de ésas de las cuales uno siempre sabe la respuesta, pero se le escapa entre la neblina de la memoria y la angustia.
—Creo que fue uno de los sirvientes —contesta llanamente, después de largos minutos de deliberación, en los cuales el silencio le parece pesado y asfixiante—. Creo que fue...
—No, no, te estoy preguntando por qué crees que el asesino lo hizo —y de nuevo, el deja vu escolar, el profesor indulgente corrigiendo al alumno, aunque éste profesor sea más bien todo sonrisas confiadas y semblante un tanto adusto—. En los misterios es importante pensar por qué se cometió el crimen, ¿no crees, Shannon-chan?
Le ha dado la respuesta correcta y se queda sin habla unos segundos antes de asentir, entusiasmada ante ese nuevo punto de vista, uno en el cual no había pensado siquiera, tan absorta estaba descifrando trucos y coartadas. ¡Claro que sí! ¡¿Cómo no se le ocurrió pensarlo? Allí está la respuesta, en esa simple pregunta, en lugar de las páginas finales del libro, dobladas y rotas, roídas por los ratones.
—Bueno, pero éste ya no vale —dijo Battler después de un rato, mientras ella le exponía los motivos de quien creía era el culpable—. Ya casi lo has terminado. Tengo otro, ¿qué te parece? ¡Podemos descifrarlo juntos!
—Me encantaría, Battler-san.
Cuando él echa a correr en dirección hacia la mansión, tras haberle musitado que irá a buscarlo a sus cosas, ese viejo libro que le ha regalado su padre, Yasu no puede quitarle la vista de encima, pensando en que sin duda dos son mejor que uno para resolver misterios (como en Sherlock Holmes) y también para pasar el tiempo y compartir cosas juntos.
