Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 01. Tal vez.


Para ella, que conocía brujas y era amiga de la magia, pocas cosas parecían extrañas, pocas cosas eran novedosas en la mansión tan grande y tan pequeña a la vez, tan conocida y tan llena de polvo. Tuvo que admitir que Battler-san era una de ellas después de un tiempo y de algunas cuantas reuniones, muchas de las cuales se llevaban a cabo en su rincón secreto en el jardín. Battler-san era una y sus acciones eran otra cosa misteriosa extraña. Esa tarde, por ejemplo, se había empeñado en seguirla mientras hacía las camas de los invitados, su familia había ido a hablar con el amo y pensaban quedarse, por lo cual a ella no le quedaba ni un segundo para ir a descansar, mucho menos para escabullirse entre los arbustos para otra tarde de misterio y discusiones.

Estaba amoldando una almohada cuando él apareció por el resquicio de la puerta, silencioso como un fantasma a pesar de que siempre solía ser el más problemático, para situarse a los pies de las mantas, mirándola con cierto aburrimiento. ¿Por qué no había ido con Jessica-sama? Bueno, sólo él lo sabía. Sólo él y el gran misterio que constituía en sí mismo a sus ojos.

—Oye, Shannon-chan, vamos a jugar, ¿sí? —una nube de polvo se levantó de las sábanas mientras ella las cambiaba, con los labios apretados para no dejar escapar su respuesta, que sin duda constituía un sí gigantesco, tan grande como sus ganas de correr hacia afuera, andar por el patio hablando, cada vez con menos vergüenza.

—No puedo, Battler-san, tengo que hacer las camas —esa era la de Rudolf y su esposa, la que necesitaba calentadores entre las sábanas de color perla, dos buenos pares de mantas y almohadas acolchadas. Luego tenía que hacer la de él y después la de los señores, que se habían levantado rápidamente al ver a sus invitados inesperados—. Esta es la de su padre y luego sigue la suya.

—La mía no la hagas —desdeñó él, un poco molesto de tener que pasar una tarde aburrida pues ni ella, ni Jessica, quien estaba muy ocupada con sus amigas de la escuela podían jugar con él un rato—. Así podemos jugar más rápido.

—No puedo Battler-san, luego tengo que... —lo observó mientras su ceño se fruncía y metía las manos en los bolsillos de los pantalones cortos de color caqui, tan limpios de tierra que seguramente lo ofendían. En serio quería ir con él, pero si madame encontraba que había desobedecido sus órdenes, entonces luego ya no habría ni una sola ocasión para jugar. De cualquier manera, podía apurarse. Y eso hizo, desarrugando por aquí, jalando la sábana por acá... En el silencio más profundo que jamás había visto en Battler.

—Tienes tres cortes para partir un pastel en ocho partes, ¿cómo lo haces? —el acertijo la desconcertó de pronto, tanto que se detuvo sosteniendo en el aire, en una pose extraña, una sábana con dibujos de flores. Cuando volteó a ver a Battler, sentado con el respaldo de la silla bajo la barbilla, a unos cuantos metros más allá de donde se encontraba lo encontró sonriendo. Si no podían jugar afuera, lo harían adentro, eso le estaba dando a entender.

—Hmmm —lo pensó durante algunos segundos, haciendo su tarea mucho más fácil, pues no tenía la mente concentrada en los rutinarios dobleces y formas de acomodar la cama, sino en el pastel imaginario, de betún rosa y dulces por aquí y por allá—. ¿Uno en medio? —aquello se salía un poco de los acertijos que solía leer, muchos de los cuales comenzaba a saberse de memoria, cuartos cerrados, asesinados aparentemente imposibles...

—Tal vez —se rió entre dientes Battler, dándole una pequeña pista—. Pero te faltan dos cortes y ahora tienes dos pedazos, ¿cómo cortas lo demás?

Le costó varios intentos dar con la respuesta y cuando la dio, le sorprendió ver que la habitación ya estaba aseada, la cama hecha y todo dispuesto para pasar una noche agradable, todo hecho por ella casi como si fuese magia. Aunque bueno, faltaban otras dos habitaciones más.

—Ahora te toca a ti —afirmó Battler, cuando cerró la puerta tras de sí y la siguió por entre los pasillos de la mansión, buscando la habitación de sus tíos—. Dame un acertijo y yo te digo uno, así no nos aburrimos, ¿verdad?

Ella sonrió con malevolencia, tenía muchos acertijos cortesía de Kumasawa. Pero tenía que elegir el adecuado para Battler-san, tenía que ver sus cejas juntándose en un arrebato de concentración, la sonrisa medio frustrada del pensamiento.

—¿Cuánto es nueve por ocho? —dijo llanamente y su risa se derramó por el corredor como un haz de luz cuando escuchó a Battler decirle que eso no era justo.

Al principio le había costado trabajo lidiar con alguien como él, pero ya le había tomado el ritmo, la medida necesaria para hacer de una tarde aburrida una feliz y duradera.