Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 26. Ya.


Kumasawa siempre le había dicho que por sus cosas se conoce al dueño, más que todo para mantenerla siempre como una persona ordenada y cuidadosa, cosa que aún le costaba a veces, más que todo como un refrán que se le dice a los niños. Sin embargo, en ello no había una pizca de mentira y así lo descubrió la niña una noche, tras una larga jornada de trabajo, cuando entró a su habitación arrastrando los pies y los recuerdos de esa tarde, en la cual se la había pasado hablando con Battler-san del último libro leído y él le había dejado uno suyo, apenas terminado, para que ella hiciera lo propio y pudiesen compartir opiniones la próxima vez que pisara Rokkenjima.

El libro que Battler le había prestado estaba casi nuevo y sus pastas estaban fuertes y sólidas como los ojos del joven, pero dentro —por dentro, como Battler—, la cosa era muy diferente. No juzgues un libro por su portada, eso le había dicho Kumasawa-san también y ahí estaba la prueba definitiva que convertía dichas palabras en magia, pues en sus páginas, todavía impregnadas del olor a nuevo, había cientos de anotaciones con plumín rojo, brillante como sangre en las esquinas o al pie de las páginas, justo al lado del número.

En lugar de comenzar con la lectura del apasionante misterio, el más nuevo de su autora favorita, Yasu decidió empezar con las anotaciones, o más bien, se descubrió absorta en ellas más que en la trama, que se iba desgajando con maestría conforme las páginas corrían, junto a la letra deshilvanada e infantil de su propietario. Había toda clase de apuntes, algunos indescifrables como hechos rápidamente, en un arrebato de inspiración y otros que continuaban durante hojas y hojas, todos diciendo diferentes cosas. Subrayando nombres y recalcando palabras como "sospechoso" o "posible razón del crimen", incluso hasta el final, en la pasta trasera, encontró un pequeño discurso no muy bien redactado de las razones del asesino que no habían sido expuestas en el libro y la pregunta brillante, resaltada como si fuera de vital importancia: ¿Por qué matar a diez personas?

El discurso en sí contenía todo tipo de extrañas locuras, muchas de las cuales había oído comentar a sus compañeras de clases cuando hablaban de las novelas románticas que habían leído, cosas como celos o envidia, venganza o amor, cosas que a veces le parecían muy vanas y a veces muy fuertes como para matar. Pero en realidad no importaba en sí el discurso en general, sino lo que ella podía ver en él, en las letras despegadas aquí y allá, en la forma en la que hacía la a, en los trazos irregulares cuando se hallaba ciertamente inspirado, en la afirmación que saltaba a la vista por todos lados, la afirmación de que él le concedía importancia a los sentimientos del asesino.

—Quizás Battler-san no es tan descuidado como parece —se murmuró a sí misma, sin importarle que la vela que se había llevado temblase ante el contacto de su respiración, agitada en medio de una pequeña sonrisa—. Quizás he juzgado mal al libro por su portada.

Se tiró sobre la cama leyendo por segunda ocasión las anotaciones en los márgenes, develando poco a poco así las conjeturas que habían surgido en la mente de Battler mientras leía y podía imaginárselo en su cama (brillante y con dosel), el ceño arrugado y el plumín rojo en la mano, tachando aquí y allá, escribiendo por todos lados. Para cuando terminó las anotaciones, ya era más de media noche y el asesino ya le había sido revelado, así como también los vagos intentos de excusa para cometer un crimen, pero eso en lugar de desanimarla a leer el libro, cuyos secretos se vertían por todos lados en forma de la caligrafía de Battler, le dio muchas más ganas de comenzar y así lo hizo, cambiando de posición cada poco mientras devoraba páginas y páginas, mientras su vela se consumía lentamente en la oscuridad y el silencio de la mansión.

No volvería a ver a Battler-san quizás en algunos meses, pero algo en ella quería verlo pronto, ya, si era posible, si con un chasquido de la magia que ella no poseía pudiese hacerlo aparecer frente a sus ojos. Tenía tanto que hablar con él, ¿cómo lo recordaría todo la siguiente vez que se vieran? La respuesta le llegó como una iluminación, ¡claro, escribiéndolo ella también en algún lado! Aunque quizás no ese libro, porque ése ya contenía una parte del alma de Battler.