Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 24. Hipnotismo.


—Últimamente adoras salir de compras, ¿eh, mocoso? —Battler sintió cómo su padre despeinaba su cabello con la mano apestado a cigarillo, lo mismo que su aliento, muy diferente al de su madre, quien a su lado, le dirigía una mirada cariñosa—. ¿Crees que somos de oro o qué?

Él le regaló a su padre una mirada furiosa antes de que Asumu tomara a Rudolf de la mano y lo alejara entre los estantes de la tienda departamental, todos llenos de cosas que ella quería tener y que hacía esfuerzos por conseguir con pucheros igual que un niño pequeño. Su padre tenía razón en ello aunque no quisiera admitirlo, últimamente (desde que la reserva de libros de misterio en casa se había agotado) le había dado por ir a grandes tiendas departamentales o librerías para ver qué conseguía.

Así pues, se paseó entre los estantes que ofrecían la música más nueva del momento, mirando con atención, en busca de aquél nuevo cantante de rock que sus amigos en la escuela admiraban y que él aún no había tenido oportunidad de escuchar, por lo cual había quedado excento de sus pláticas. Su madre se probaba un vestido a lo lejos mientras el viejo le daba el visto bueno y la gente a su alrededor, en general, estaba absorta con sus compras de fin de año.

Comenzó a aburrirse tras localizar el cassette que quería, con una portada de brillantes colores rojos y negros, letras ensangrentadas y con un título que horrorizaría a su madre cuando lo viera. Ya no tenía nada qué hacer además de esperar a que terminaran ellos sus compras, salvo claro, ir a ver los libros, muchos de los cuales ya poseía o no le llamaban la atención.

—Battler-kun no te olvides de llevar algo para tus primos, iremos a verlos el próximo fin de semana, ¿de acuerdo? —su madre se acercó a él mientras examinaba con interés un libro sobre el viejo oeste, donde se contaba la historia de un vaquero legendario, justo como el que él deseaba ser. Ya había decidido comprarlo cuando la noticia lo hizo saltar de emoción, pues eso significaba pasar algunas horas jugando con la ruidosa de Jessica y hasta con el calmado de George, quien siempre encontraba un pero a sus juegos.

Para Jessica alguna cosa con qué jugar, quizás hasta le gustaría también una copia del libro que llevaba entre las manos, con peleas épicas entre vaqueros del otro lado del mundo. O podría comprarle una pelota o una muñeca nada más para fastidiarla, aunque últimamente comenzaban a gustarle, muy para su desgracia. A George, otro libro, el más aburrido que encontrara, seguro le gustaría. Maria tendría su buena ración de dulces y luego... Luego estaba Shannon-chan, quien no era su prima, mucho menos de su sangre, pero a quien de pronto le dieron muchas ganas de regalar algo también, el regalo perfecto que yacía frente a sus narices en la sección de librería, el más nuevo misterio de Agatha.

Se sorprendió un poco, sin embargo, cuando le mintió a su madre sobre para quién era el ejemplar, con las mejillas extrañamente coloradas y punzándole con un extraño cosquilleo. Por alguna extraña razón que él no se imaginaba, no quería que nadie supiera de sus regalos e intercambios con Shannon, el secreto que desde hacía algún tiempo compartían, no sólo en el rincón olvidado del jardín sino también en los patios o en la mansión, las risas robadas a costa de una mentira y un poco tiempo libre. Eso le pertenecía a él. A ella.

—¿Quieres que te lo envuelva, chico? —le preguntó la dependienta, cuando terminó de cobrar y empacar el resto de las cosas que llevaban sus padres—. Es un regalo para una chica, ¿no?

De nuevo sintió las orejas calientes y las mejillas coloradas, rojas como manzanas, ¿es que todo el mundo era un hipnotista brujo o algo así? Negó rápidamente con la cabeza en un gesto lleno de vergüenza.

—No, es mío —gimoteó en un arrebato de furia, quitándoselo de las manos a la sorprendida mujer—. Es mío.

O al menos eso le dijo a todo el mundo que se burló de él gracias a su padre (especialmente su padre), pero cuando llegó la noche anterior a su partida hacia Rokkenjima, lo guardó con cuidado entre los regalos de sus primos, envuelto en un extraño sudario de periódicos, como si temiera dañarlo.