Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 09. Accidentalmente.


Debe ser un error, un accidente, un milagro eso debe ser. Yasu se lo repite incontables veces mientras juguetea nerviosa con el encaje de las sábanas de Jessica, que anda de un lado a otro removiendo cosas, ropa, perfumes. Debe ser un milagro y por eso no quiere desperdiciarlo, siente que si abre la boca para preguntar aunque sea la hora, todo se romperá en mil pedazos y se despertará en el medio de su habitación, rodeada de polvo y telarañas, cual princesa infeliz de un cuento de hadas.

—¿Dónde está? —se pregunta Jessica una y otra vez, mientras recorre la habitación con su traje de baño en mano, con esa histeria que sin duda ha heredado de Natsuhi.

—N-no es necesario, Jessica-sama —dice ella por fin, pensando que quizás después de todo es mejor romper el hechizo y volver a fregar suelos y lavar platos, ciertamente tiene un poco de miedo, algo así nunca antes había pasado—. Vaya usted, yo me quedaré aquí, no es necesario que se preocupe.

Jessica se pone furiosa ante esas palabras, detiene su rápida e infructuosa carrera para pararse frente a ella, los brazos en las caderas y una mirada que pronto pasa de ser amenazadora a implorante, como si su vida dependiese de ello.

—Por favor, Shannon-chan, no puedes dejarme sola —aunque se ha detenido, sus ojos siguen recorriendo de cuando en cuando la habitación, temerosa de que si despega los ojos de su amiga ésta desaparezca como por arte de magia—. Si quieres te presto mi traje de baño, pero tienes que venir. También vendrán Battler-kun y George.

Precisamente por eso no quiere ir, siente que el corazón le da un salto cuando piensa en Battler, Battler y ella en traje de baño, suena todo tan ilógico, pero, ¿no son siempre los milagros algo ilógico al menos a simple vista? El que madame le dejase ir a jugar con ellos ya era lo suficientemente increíble como para desperdiciarlo, además ambos eran amigos y seguro que no se burlaría de ella, seguro. Además, hacía tanto tiempo que no jugaban juntos...

—E-está bien, Jessica-sama.

Lo siguiente que vio, además de la sonrisa victoriosa de Jessica, fue cómo el uniforme de los sirvientes Ushiromiya terminaba en el suelo y ella quedaba convertida toda en piel y miedo bajo una toalla. Al final, Jessica encontró su toalla con una facilidad asombrosa una vez la hubo convencido y por algunos instantes, mientras caminaban bajo el sol abrasador del verano, Yasu sopesó la posibilidad de que la hubiese engañado para hacerla asistir, sin embargo la posibilidad desapareció de su mente una vez se vio frente al mar interminable, brillante allá donde mirara, como si diamantes flotaran en la superficie.

—¡Se han tardado demasiado! —la vista de Yasu, antes perdida en el espectáculo que pocas veces se ha detenido a observar en la isla, regresa de pronto a la realidad cuando la voz enojada de Battler las alcanza, tiene el ceño fruncido, pero el efecto se rompe en su sonrisa, desafiante, una que promete todo un día de diversión.

—¡Cállate! No encontraba mi traje de baño —Jessica sale a su encuentro dejando pequeñas huellas en la arena blanca como las nubes que surcan el cielo de vez en cuando. Se siente un poco cohibida ante la mirada de sus primos, Yasu puede verlo en su rostro un tanto rojizo, sus facciones nerviosas.

—Shannon-chan, no te quedes ahí, acércate —piensa que ha sido Battler el que la ha invitado a acercarse cuando ve a George haciéndole señas desde detrás de ambos primos, que siguen peleándose por alguna cosa que no ha alcanzado a escuchar. Nunca ha hablado demasiado con George, sin duda porque es mayor y poco deben de interesarle sus asuntos, pero si algo es seguro es que siempre es bastante amable con ella y con todas las demás sirvientas, por lo cual no siente ningún temor al acercarse—. ¿Cómo estás, Shannon-chan? Me alegra mucho que la tía Natsuhi te haya dejado venir con nosotros...

—¡Ah, Shannon! —de pronto Battler se da cuenta de que está ahí, a su lado, medio cubierta con la toalla que le han prestado, observándolo de reojo—. ¿Lista para una carrera? ¿Sabes nadar? ¿Y tú Jessica?

—¡Por supuesto que sé! ¡Vamos a ganarles! ¿Verdad, Shannon-chan? —a Jessica le encantan los retos, así que sus ojos se tiñen de competitividad una vez oye las palabras de su primo y su toalla queda en el suelo con un rápido movimiento, el mismo con el que desprotege a Yasu de la suya, que también queda sobre la blanca arena, como el sudario de algún extraño animal marino. George parece un poco enfadado, pero nadie se da cuenta en realidad.

—Oh, Jessica —la niña está haciendo algunos calentamientos mientras mira hacia el otro lado de la playa, como si de esa manera fuese más fácil alcanzar la meta, pero se vuelve a ver a su primo cuando éste le habla, con un tono que le dice que ha encontrado algo maravilloso—. Jessica-chan, ¿me dejas tocar tus pechos?

Battler hace algunos movimientos extraños con las manos ante la mirada reprobatoria de George y los ojos sorprendidos de Yasu, pero es Jessica la que de verdad está enojada, enojada y sonrojada, tanto que se cubre los apenas nacientes pechos con las manos, como si de esa manera pudiese protegerse.

—¡Eres un pervertido! —afirma y le da un puñetazo a Battler en el hombro mientras se echa a correr—. ¡Ahora por eso tengo ventaja! ¡Alcánzame si puedes, pervertido!

—¡Hey, eso no es justo! ¡Si gano me dejarás tocar sus pechos! —aunque dice eso, Battler no se mueve de su lugar y se queda al lado de Yasu, quien de pronto se siente indefensa sin su toalla blanca, pensando que en cualquier momento le pedirá lo mismo, sin saber ella muy bien qué responder. Sin embargo, sus sospechas están equivocadas y cuando voltea a verla, con esa sonrisa traviesa e invitante, lo que le pide es algo muy diferente—. ¡Vamos, Shannon-chan! ¡Hay que ganarle a Jessica! Y luego tengo algo para ti...

No sabe si sus últimas palabras se las ha imaginado o si de verdad las ha dicho, pronto ambos echan a correr con la arena pegándose en sus talones, la brisa del mar acariciándoles la piel y el sol sobre las mejillas, cada vez más tostadas. Él la tiene tomada de un brazo, como si no quisiese que escapara, pero Yasu piensa, mientras siente la calidez de su mano, que ella nunca querría escapar de eso, de esa diversión sin límites que provee Battler, de ese cosquilleo en su estómago, de esa felicidad.