Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 15. En el jardín.


La mansión parecía agitada por una ola de energía salvaje, que recorría todas las habitaciones, escaleras y pasillos, que contagiaba a todos y los arrastraba con ella, muy lejos, muy lejos, a algún tipo de desenfreno. Sin embargo, era la mejor manera de librarse del frío que comenzaba a colarse por las ventanas y los resquicios en la pared empapelada, brillante conforme los sirvientes seguían con la limpieza, la febril limpieza de fin de año, que llenaba toda la mansión con energía, con personas moviéndose de aquí a allá, arreglando esto y cambiando aquello, a fin de mantener el calor corporal que el invierno parecía haberles arrebatado.

Yasu no se salvaba de esta labor en ningún año, incluso ya estaba acostumbrada a ella y tenía los planes hechos para no perder ni un segundo, desde el amanecer hasta el crepúsculo, limpiar ventanas, poner cubrecamas, todo en su agenda. No obstante, este año estaban el doble de atareados y mientras corría por todos lados, no sabía si sentirse alegre o enfadada de que así fuese, de que el causante fuera Battler y su familia, de visita por fin de año.

Una parte de ella, la más grande, la que siempre la dominaba, no podía contener la felicidad que se desbordaba por cada poro de su ser mientras lavaba los platos, Battler-san estaba ahí después de todo, Battler-san, mucho antes de lo esperado. Y ella ya había terminado el libro que le había regalado, una mera excusa para reunirse en solitario que no podía esperar llevar a cabo.

—Shannon, la señora ha solicitado que ayudes a servir la mesa —Genji se asomó a la cocina en el mismo momento en que ella, distraída como estaba, dejaba caer un plato—. Apresúrate, me encargaré de esto —su voz sonó fuerte y severa sobre el sonido de la porcelana rompiéndose, pero su rostro estaba tan inexpresivo como siempre, cosa que aminoró un poco el miedo que corría por sus venas, veloz como si quisiese hacerla escapar.

Tomó platos y cubiertos, vasos y cubremesa y los colocó en el carrito de servicio, nerviosa y sonrojada aún por el error que había cometido, ése que se repetía muy de vez en cuando y que afortunadamente ya no le granjeaba el adjetivo de tonta, aunque sí unos cuantos yenes menos en el cheque del fin del mes. No importaba, de cualquier manera, ese dinero no lo usaba para nada salvo libros nuevos e iba acumulándose, juntando polvo y antigüedad conforme los días pasaban, en la misma rutina de siempre.

El comedor estaba vacío cuando comenzó su tarea, esta vez poniendo especial atención del lugar en el que colocaba las cosas, con cuidado, como si fuera magia, en un diseño elegante. Los huéspedes llegaron unos minutos después, los rostros rojos por el frío, las manos hundidas en los bolsillos de las chaquetas y la sonrisa inequívoca de quien ha pasado una buena navidad, allá en ese paraíso perdido de la civilización. Rudolf y su esposa, los señores y Jessica-sama, Battler-san, por supuesto. Estuvo a punto de tirar otra pieza de la vajilla en cuanto lo miró, un poco más alto de lo que recordaba, aunque no tanto como para sobrepasarla, mucho menos a Jessica. El color rojo en sus mejillas y nariz hacía juego con su cabello alborotado, lleno de nieve, de humedad.

Estaba ahí, tan cerca, tan cerca que si se acercaba podría tocar el agua derretida en su pelo y en su abrigo, en el paquete que sin duda contenía algún regalo de cortesía para sus tíos y si tenía suerte, también para ella.

—¡Shannon, ¿qué estás haciendo? ¡Apresúrate y sirve la cena! —se había quedado embobada mirando la escena familiar en la cual nunca tendría cabida alguien como ella, sí que, cuando Natsuhi la llamó, con la voz quebrada sin duda por algún súbito dolor de cabeza, no pudo evitar dar un respingo y echar a andar rápidamente hacia la cocina, con las disculpas de su ama resonando en su mente, llamándola un poco lenta pero buena.

—No te preocupes, Shannon, nosotros nos encargamos —había un nutrido grupito de sirvientas en la cocina, todas ellas un poco más grandes, a veces menores, pero siempre juntas, hasta cuando comenzaron a trasladar la sopa hacia el comedor. Ella sabía a quién iban a ver también, justo como ella, aunque por diferentes razones. Battler-san era demasiado popular en la isla y estaba segura que fuera de ella también, pero eso no evitó que un extraño sentimiento encogiera su estómago y se apresurara a romper su esquema de trabajo para seguirlas hacia el comedor, con la mera excusa de ayudarlas en algo.

—¡Me encanta esta sopa! —afirmó Asumu cuando entraron al lugar y el aroma especiado se dispersó por todo el ambiente, junto con las señoritas, todas luchando por mantener la compostura al mismo tiempo que llamaban la atención de Battler, quien hacía guiños indiscriminados desde su lado de la mesa.

—Shannon-chan... —aprovechando que su tía Natsuhi había comenzado un largo sermón sobre las sopas y los sirvientes, Battler le hizo señas a la niña, que de pronto se sintió un poco más importante que todas aquellas que seguían alrededor del cuenco de sopa, ahora obligadas a servir por haber cometido aquel desliz.

Ella se aproximó con la excusa de llevarle un poco de pan, a pesar de que su plato estaba vacío y mientras caminaba se sintió más torpe que de costumbre, roja también como si hubiese estado fuera, bajo la nieve.

—Shannon-chan, ¿tienes tiempo libre al rato? —Natsuhi desvió la vista unos momentos hacia donde estaban ellos, como advirtiendo algo, pero Battler le sonrió para tranquilizarla, con lo cual ella apartó la vista, más no cesaron sus recelos—. Te veo en el lugar de siempre, ¿de acuerdo? En el jardín.

—P-Pero... ¡Hace mucho frío, Battler-san... Battler-sama! —susurró ella en respuesta, la voz apremiante, aunque el anhelo bailaba en sus ojos como si fuera líquido, brillante. Por supuesto que quería ir, aún si eso significaba ser castigada después, al no haber cumplido todas sus tareas.

—No importa, ¿vendrás? —de nuevo la mirada de Natsuhi sobre ellos, esta vez penetrante, sin duda muy atenta a lo que se decía ahí. Yasu se excusó con una reverencia antes de que otra chica la relevara, esta vez con la verdadera sopa entre las manos.

Mientras se alejaba, hizo una seña de asentimiento a Battler, quien, sabiendo que Natsuhi los vigilaba, sólo dibujó una pequeña sonrisa antes de atacar su cuenco de sopa. Tenía algo para ella. Y aunque él no lo supiera, ella también tenía algo para él, algo que había comprado en Niijima hacía poco, algo además del coraje de irse a parar al aire helado, bajo la nieve del patio y con las mejillas ardiendo, aunque no precisamente por el frío.