Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 18. Fuegos artificiales.


Saltarse las reglas de pronto se había convertido en un hábito y sabía perfectamente quién le había ayudado a perfeccionarlo, los rostros sonrientes frente a ella que había aprendido a reconocer, a juzgar, con los cuales había compartido de todo y a la vez tan poco, que era una buena excusa para seguir desobedeciendo, incluso en sus horas de descanso.

La noche había caído ya y el silencio de la mansión como siempre, se cernía sobre todos los pasillos como un manto de oscuridad, de prohibición, de castigo. Pero en esa habitación el manto no había caído y era todo brillante, luces de colores en el techo, el aroma de los postres robados de la cocina y las risas apagadas, aunque no por eso menos cómplices, que trataban de no delatar su localización.

No era la primera noche que hacían algo como eso, escaquearse en la oscuridad, de puntillas, hacia la habitación de Jessica, George, Battler y ella, para seguir hablando y jugando como lo hicieron en la tarde, como querían seguir haciéndolo siempre. El ambiente también era el mismo, las miradas de tensión cada vez que se escuchaban pasos lejanos, las bromas pervertidas de Battler, el rostro entre desaprobatorio y divertido de George; y ella, sentada sobre las rodillas, en el círculo que habían creado, sólo escuchando y maravillándose, como si ellos viniesen de otro mundo a contarle todos sus secretos.

—Así que Sakumi me dijo que había besado a un chico de otra clase y... —casi siempre comenzaban a hablar de la escuela y siempre derivaba en ese tema, en el de los besos y las cosas extrañas, prohibidas, divertidas, de ésas que mandaban un escalofrío por la espalda, que hacían bailar mariposas en el interior—. ¿No creen que besar a alguien es asqueroso? —preguntó Jessica cuando hubo terminado su relato, mirando a todos en busca de aprobación.

—N-no sé, quizás... —las palabras se atoraron en la garganta de Yasu y casi parecía estarse ahogando pues su rostro, como ya era costumbre, se cubrió de color rojo. Quizás no es tan malo si lo haces con alguien que te gusta. Eso había querido decir, pero de pronto se sintió cobarde, cursi, avergonzada.

—Bueno, si lo haces con alguien que te gusta, no creo que sea asqueroso —George habló primero, diciendo las palabras que se habían quedado en ella, sorprendiéndola de algún modo, pues esperaba que otra persona las dijese.

—¿Entonces ya has besado a alguien, George-aniki? —Jessica parecía fuera de sí, aunque el asco era lo que menos se dibujaba en sus facciones, se puso rápidamente de pie sobre la cama, que crujió a modo de queja y lo encaró con ojos desorbitantes de la emoción—. ¿A quién? ¿Cómo fue? ¿Cómo se siente? ¿Se siente feo?

George parecía ligeramente turbado ante tantas preguntas, pero sobretodo ante la atención que estaba recibiendo, pues los ojos de todos estaban posados sobre él, el mayor de los primos Ushiromiya, como si de pronto él tuviera la verdad absoluta del universo.

—¿Y tú, Jessica-chan? ¿Has besado a alguien? —Battler llegó al rescate de su primo sin proponérselo cuando decidió que se aburría de esperar la respuesta, tenía ganas de molestar y de jugar, así que el mejor blanco era su prima, quien siempre le seguía la corriente y con quien tenía garantizadas risas extras.

—¡N-no! ¡Claro que no! —fue el turno de ella de ruborizarse y comenzar a pelear con Battler, exigiéndole que les dijera también su secreto, pues era tan popular con las chicas que Jessica no se creía que no hubiese besado a nadie en su corta vida.

Yasu observaba, como de costumbre, el corazón en un puño mientras oía a Battler-san replicar lo que ella quería oír, que no había besado a nadie, aunque no se quejaría si tenía que hacerlo o si alguien le dejaba tocar sus pechos antes del beso, no importaba.

Así que, Battler-san es ése tipo de persona. Había oído a algunas de las sirvientas mayores hablar un poco de eso mientras hacían la limpieza y claramente decían que chicos como Battler no valían la pena, que jugaban con las mujeres, que eran unos pervertidos, sin embargo, ella no podía ver a Battler-san (aquél que siempre le llevaba libros de regalo, aquél con el que discutía sobre trucos y motivos de asesinato) como alguien malo, como alguien que sólo jugaría con ella, con cualquier chica. De hecho, estaba segura de que si Battler-san algún día... bueno, uhm... La besaba, no sería rudo con ella y quizás, uhmm... Quizás lo dejaría... uhm...

—¡Shannon-chan! ¡¿En qué estás pensando? ¡Tienes las orejas rojas! —la risa de Jessica la sacó de sus cavilaciones, o más bien, de sus fantasías. Hacía mucho tiempo que se había dado cuenta de que Battler-san era alguien especial para ella, un amigo mucho más cercano que Jessica, pero ahora, todo eso de los besos, le indicaba algo más, algo mucho más dulce y ácido, latiendo a la par de su corazón.

—N-nada, ¡no es nada! —fue su respuesta mientras trataba de cubrirse el rostro colorado y desviaba la vista a cualquier lugar donde no estuviera Battler-san, que estaba riéndose a mandíbula batiente, acompañado por George, como si ambos supieran de sus esperanzas y quisieran destrozarlas.

—¿En serio? —Jessica se acercó peligrosamente a ella y le dio un codazo en las costillas, pero ni eso logró calmar la agitación en su interior, el súbito sentimiento de que la habitación se había vuelto más pequeña, que Battler-san estaba demasiado cerca, demasiado...—. ¡No te creo! ¡Seguro que ya has besado a alguien, ¿verdaa? ¡Confiesa! ¿Quién fue? ¿Dónde? ¿Cómo?

—¡Déjala en paz, Jessica-chan! —Battler de pronto salió a defenderla o al menos eso parecía, las lágrimas de risa corrían por sus mejillas, aunque también estaba sonrojado y evitaba su mirada de vez en cuando—. ¡¿No ves que parece que está a punto de estallar?

Sin duda era cierto, se sentía abrumada por la pequeña plática, por todo lo que había descubierto, por Battler-san, por la cercanía, por todo. Sus mejillas estaban ardiendo, aunque no se sentía humillada, sino extrañamente feliz, podía explotar, era cierto, como fuegos artificiales, brillantes, coloridos, cálidos. Y la sensación sólo aumentó cuando Jessica comenzó el contraataque.

—¡Ajá! ¡Ya los descubrí! ¡Tú fuiste el que besó a Shannon-chan, ¿verdad? ¡Seguro que la has obligado, pervertido! —la guerra de almohadas comenzó tan súbitamente que nadie se dio cuenta, pero pronto todos estuvieron cubiertos de plumas.

—N-no, claro que no, Jessica-sama, eso no... —eso no ha sucedido, pero por supuesto, quiere que suceda de algún modo, con algún milagro, con cualquier magia.

Jessica la ignoró olímpicamente, centrando todos sus ataques en Battler.

—¡Al menos dime cómo se siente!

La risa se derramó por las paredes como un haz de luz, como la magia que tanto había estado deseando en su interior Yasu y pronto, todo el asunto de los besos, los novios y los pechos quedó olvidado. Después de todo y a excepción de George tenían 11 años, ¿qué iban a saber de todo eso? ¿Y qué les iba a importar además claro de sólo para molestar?