Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 27. Ritmo.


No sabe cómo ha sucedido, nunca se da cuenta de cómo sucede, es casi como magia, casi como uno de esos trucos brillantemente pulidos en los libros de misterio que suelen compartir, aunque ése precisamente no lo puede descifrar, quizás porque nunca le pone demasiada atención. Es siempre la misma historia, la misma rutina, reunirse en el lugar de siempre y luego empezar a hablar, a caminar sin darse cuenta, andar por entre los bosques cercanos, los caminitos olvidados de grava, los lechos de flores, los acantilados, siempre hasta regresar al mismo punto, ese lugar secreto en el jardín, ahora teñido de rojo por el atardecer del cuatro de octubre, teñido de rojo como el otoño que se ciñe sobre ellos, con todas sus hojas cayendo.

—El tiempo se pasa volando cuando hablo contigo, Shannon-chan —es cierto, ahora se da cuenta, ahora después de tantos años, cuando ir a Rokkenjima era pesado, aburrido y a veces hasta cansado. La carga se ha aligerado desde que comenzó a hablar con ella, desde que el peso de libros nuevos se sintió en su equipaje, ida y venida, con nuevos misterios, nuevas teorías. Supone que así se debe de sentir la amistad, aunque esto parece diferente.

Battler puede leerlo en su súbito rostro sorprendido, como si de pronto hubiese leído su mente, puede leerlo y sentirlo, porque de pronto se sabe avergonzado, nervioso. Shannon-chan es muy diferente a todas las chicas que han querido ser su novia alguna vez, pero que no le han dejado tocar sus pechos a pesar de haberles dicho que sí. Con ella se divierte, se lo dice abiertamente antes de volverle la cara, de nuevo avergonzado.

Ojalá pudiese ser así para siempre. No, más bien, ojalá no fuese así para siempre. Ir a Rokkenjima, reunirse un par de horas, despedirse meses, no, Battler no quiere eso, su corazón parece gorjear otra serie de cosas embarazosas, recuerdos pasados de fiestas nocturnas en el cuarto de Jessica, donde se habló de besos y de novios. Quizás es tiempo de algo así, ya es lo suficientemente grande como para decidir por sí mismo y cree saber lo que hace, cree saber lo que dice, llevado por sus sentimientos.

—Ven a mi casa —¿Cuántas veces no ha escuchado esas palabras en las películas que ve su padre? El sólo recordarlas le hace reír un poco, porque recuerda exactamente cómo sigue la película, el gran beso de amor que precede a los créditos y el final feliz—. Así no tendremos que preocuparnos de que el tiempo se acabe.

—Es verdad. Estaríamos juntos... tanto como quisiéramos —Shannon-chan parece extrañamente perdida, tiene los ojos fijos en algún punto de la lejanía, pero estos brillan con la luz del atardecer, rompiendo el ritmo de su corazón al saltarse un latido, con ese sentimiento tan dulce y tan ácido que nunca antes ha sentido.

Es verdad todo lo que ha dicho, a pesar de que lo haya recordado de alguna extraña película, es verdad, lo sabe cuando la mira, roja como debe de estarlo él, sopesando quizás extrañas cuestiones, con el mismo rostro que pone cuando resuelve un misterio particularmente extraño. Es verdad todo lo que ha dicho. Quiere llevársela, sin importar lo que nadie diga.

—Cuando ese día venga... Vendré por ti en un caballo blanco —los príncipes hacen eso, ¿verdad? Y él quiere hacerlo por ella, llegar a la isla como en las películas, treparla en la grupa y cabalgar hacia su casa, aunque la imagen sea un tanto extraña y quiera hacerle estallar la cabeza, de tan calientes que tiene las orejas. ¿Qué ha dicho? No está muy seguro, pero es verdad—. Seguiré esperando hasta que ese día venga...

No importa cuánto tiempo, no importa si su padre le dice algo, no importa si es un año, como le ha prometido, irá. Y quizás entonces puedan hablar mucho más que de misterios, quizás puedan hablar de besos y de novios, de pechos, quizás, sin preocuparse de nada, ni de Natsuhi, ni de su padre, ni de concordar horarios en lugares secretos, pese a que es divertido.

—Estaré esperando a que ese día llegue —sí, sí, todo es verdad. Shannon-chan le gusta y quiere que sea su novia, que esté con él, que hablen de cientos de cosas, presumirla ante los chicos de la clase (ja, ya quiere ver la cara de todos ellos cuando se los diga) para siempre, para siempre.

—Sí, también estaré esperando... Asegúrate de venir, ¿de acuerdo? —la voz de Shannon-chan parece un poco insegura y seguramente la de él también, dada la magnitud de lo que acaban de hacer, un pacto secreto, una promesa que definitivamente no quiere romper—. No lo olvides. Ven aquí el año siguiente, ¿de acuerdo?

—Sí. Definitivamente vendré y te veré aquí —al parecer Rudolf y su familia estarán fuera por algún tiempo, así que la próxima conferencia familiar será el punto a alcanzar, la meta con la cual soñar mientras corren a ella. Un año entero sin verse, pero el suficiente, se repite Battler, mientras se levanta del suelo, ahora seco de parte en parte, allá donde el otoño ha arrancado pasto. El suficiente para prepararlo todo, ambos—. Definitivamente.

Parecía que no tenían nada más que decirse, que estaban guardando todos los temas de conversación para cuando la promesa se cumpliese, pues el camino de regreso a la mansión y a sus vidas normales, lo hicieron en total silencio, mirando hacia el suelo, las mejillas coloradas y brillantes en el rápidamente oscuro aire otoñal, lleno de luciérnagas y aves nocturnas. Cuando llegaron hacia el vestíbulo principal y las voces de los adultos llenaron su realidad, rompiendo así la ilusión del país de nunca jamás, Shannon murmuró un ligero adiós con una sonrisa temblorosa, al tiempo que Battler se guiaba a sí mismo hacia el salón, deshaciéndose de toda vergüenza con cada paso que daba, pues seguramente su viejo lo estaba esperando para ir a casa y no quería que lo viese así. Como si nada hubiese pasado, Battler entró al salón al mismo tiempo que Shannon cerraba la puerta de su habitación con un golpe, la respiración agitada como si hubiese corrido una maratón.

Definitivamente vendrá.

Definitivamente.