Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 08. ¡No!
—¡Te odio! —el grito retumbó por las paredes lujosas de color crema, reverberando como un eco lo suficientemente capaz como para hacer tambalear a su padre, quien se quedó mirándolo estupefacto, idiota, indefenso, como siempre lo había sido y nunca había querido ver.
Battler echó a correr una vez sus palabras surtieron efecto, temiendo arrepentirse mientras veía al hombre que le había dado la vida derrumbarse como un muñeco de trapo (lo tiene bien merecido). Además, odiaba todo lo que lo rodeaba, cada ínfima parte de la estructura, cada minúscula mota de polvo escondida bajo las alfombras, todas y cada una de ellas, todo a su alrededor era la prueba, los restos del engaño que su madre había sufrido sin saberlo, viviendo la oscuridad opulenta de la casa Ushiromiya.
Lo odiaba todo y tenía que alejarse, irse muy lejos de las cosas que el engaño había comprado y suministrado como pruebas de falso amor. ¿Qué importaba todo lo demás? ¿La escuela, sus amigos? Todo, todo, todo se lo había dado Rudolf y Battler no quería nada más de él. Así pues, cuando llegó a su habitación tomó algunas prendas que su madre le había obsequiado, su retrato familiar sonriente (falso, indigno engaño) y echó a correr en dirección hacia la parada de autobús, olvidándose de todo.
Si la sangre Ushiromiya corría por sus venas, la sangre de traidores como su padre, no quería saber nada más de ello, tenía suficiente con llevarla dentro, no podría soportar más que eso, ni reuniones familiares ni pláticas fingidas, mucho menos la sonrisa cínica de su nueva madre. Lo dejaba todo atrás, lo decidió mientras corría. Todo, al abuelo y sus extravagantes regalos, a tía Eva y su inagotable inteligencia, los días junto a George y Jessica, las visitas a la mansión Ushiromiya, la remota isla sacudida por el viento y todos sus habitantes. Todos, ¿qué le importaban a él? ¿Qué sabían ellos de su dolor?
Las hojas doradas sacudiéndose al viento le llevaron el recuerdo de una solitaria figura abrazada a un libro (ese maldito libro que su padre también había pagado), pero pronto se desvaneció bajo la luz mortecina dentro del vehículo. Shannon-chan entendería que estaba de broma, ¿verdad?
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Trata de dormir. Se dice a sí misma, mientras cambia de posición sobre la cama y sus piernas se enredan con las sábanas, que ha pateado muy lejos en un arrebato de nervios, como si éstas hubiesen tratado de oprimirla. Trata de dormir. La cantaleta se repite como un mantra inumerables veces, justo como las veces en que los recuerdos se desdibujan bajo sus párpados como fantasmas translúcidos, que sólo dejan atrás la huella de la duda. ¿Sucedió de verdad aquella promesa? ¿Sucedió de verdad un día como ése, con los colores del ocaso tocando todo a su alrededor?
Trata de dormir. No tienes por qué preocuparte. Dos facciones en su interior (que no puede evitar imaginar como un pequeño ángelito y un diablito posado en cada uno de sus hombros) parecen pelear una lucha a muerte por ese argumento y mientras se retuercen entre estocadas le hacen daño, la laceran por dentro, ahí en algún punto de su pecho oprimido por la incertidumbre, pero aún palpitante por el amor.
Battler-san vendrá. Vendrá gritando como siempre lo hace, aún cuando ya no esté su madre, temeroso de caerse del bote. Luego al bajar, sonreirá de puro alivio y te dirá que no ha sido nada, que como estás. Vendrá. Trata de visualizarlo. Después de todo, ¿por qué otra razón habrían de preparar el mismo número de camas que siempre? ¿El mismo de todos los años? Es porque viene, porque viene para llevársela, caballo blanco o no incluído, la certeza de un futuro juntos.
¡Oh, trata de dormir! ¿Quieres que vea tus ojeras el día de mañana? ¡Trata de dormir, porque así se pasa mucho más rápido el tiempo! Y pronto, entre más rápido duermas, más rápido vendrá el alba y él, él y su futuro juntos, años y años, días y semanas, décadas e hijos, una boda...
Cuando cierra los ojos puede imaginárselo y el rubor baila en sus mejillas, le calienta las orejas y el cuerpo, que de pronto siente mucho calor debajo de las pesadas mantas, a pesar de ser una noche particularmente fría. Ésa es la única manera en que puede tratar de dormir, sumida entre delirios e imaginaciones, arrullada por las palabras, nunca difusas de Battler.
Antes de quedarse dormida, sin embargo, ésa otra parte de ella que desconoce le hace una advertencia. No vendrá. No vendrá.
