Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 30. El cielo es el límite.
A Battler no le gusta verla bajo ninguna circunstancia, todavía no puede olvidar lo que le ha hecho, lo que le hizo a su madre por quién sabe cuánto tiempo (y no es que quiera saberlo tampoco), pero siempre se obliga a ser educado cuando Kyrie le dirige la palabra, cuando va a su antigüa casa, tan igual que antes que duele verla, para jugar con su hermana pequeña, quien después de todo, no ha tenido la culpa de los pecados de su padre. Aún así, con todo y dicha resolución, ese día sus labios tiemblan imperceptiblemente cuando escucha la voz de la mujer dirigiéndose a él desde un rincón lejano de la habitación (ése donde siempre se sentaba su madre), leyendo una revista.
—Battler-kun, tu padre y yo iremos a la reunión anual en Rokkenjima, ¿quieres ir? —lo dice con toda la sutileza del mundo, tanta que Battler tampoco puede adivinar el odio y el rechazo que se esconden bajo esa fachada inteligente y calculadora. Por dentro, Kyrie no quiere que asista y se contiene de no respirar con alivio cuando el chico niega con la cabeza, de pronto hastiado ante aquél nombre.
—No, gracias —dice él, pensando en que no iría con su padre ni siquiera a la esquina y que no tiene nada qué hacer en esa isla alejada de toda la civilización, mucho menos comparándolo con la salida que ha planeado con sus amigos para esos días, ir a dar una vuelta y hacerse el tonto a la capital.
Kyrie no piensa insistir, no lo quiere ahí tampoco, arruinaría su ambiente familiar, Rudolf tendría una cara larga y las peleas saltarían a cada segundo, robándole toda su paz. Sin embargo, aún así tiene que representar su papel de buena madre, de alguien que se preocupa por los hijos de Rudolf, de alguien que ya olvidó su rencor. Deja pasar unos momentos en los que escucha las risas de Ange ante las bromas de su hermano mayor antes de decir, con toda la calma del mundo—:
—Es una lástima, Battler-kun, estoy segura de que Jessica-chan y George-kun te deben de echar de menos, ¿no crees? Si quieres, escribe unas cartas a tus primos y yo se las daré, de manera que sepan que no los has olvidado —se sorprende cuando ve a Battler asentir, haciendo comentarios en voz baja sobre cuánto tiempo ha pasado y sopesando cómo de grandes estarán los pechos de Jessica o si George habrá conseguido novia, todo con una sonrisa en los labios.
—¡Claro! Gracias, Kyrie-san.
Battler se apresura a rebuscar entre su mochila de la escuela un cuaderno que no esté rayado o garabateado con cosas absurdas, febril ante la perspectiva de un nuevo contacto con sus primos, aquellos con los que vivió miles de cosas. Mientras forcejea, a su alrededor van quedando todos los vestigios de su vida escolar, libros y plumas, cuadernos garabateados, revistas... Su nueva vida, muy alejada del chico que solía ser, salvo por el pequeño ejemplar de un libro de misterio, que no ha conseguido acabar por salir con sus amigos y que en realidad ya mucho no le importa, aunque al mirarlo le transmita una extraña sensación, un extraño recuerdo desvaneciente.
—¿Qué debería decirles? —se pregunta, mientras muerde el extremo de la pluma, ignorando cómo Ange juguetea con una de sus revistas, abriéndola sin realmente comprender las imágenes dentro, todas ellas de chicas en traje de baño. De pronto, la inspiración llega a su mente cuando recuerda los días en la playa, las noches bajo un estatuto del secreto infantil. Tiene que demostrarles lo mucho que se ha divertido, tiene que demostrarles que no ha sucumbido a la tristeza o a la rabia, que ha podido salir adelante. Tiene que decirles...
Su mano se desliza hábilmente por la hoja de papel y con ésta cambian los contenidos dependiendo de la persona a la que va dirigida, una carta mucho más formal para George-aniki, aunque preguntándole y contándole de sus hazañas con las chicas, otra totalmente diferente para Jessica, con todas sus aventuras en su nueva escuela y una mucho más fácil para María, preguntándole por sus amigos de peluche, prometiéndole uno nuevo si algún día se ven.
—Battler onii-chan, ¿qué es esto? —Ange tiene entre sus manos el libro de misterio, cuyo progreso apenas va una tercera parte—. ¿Puedo quedármelo?
—No, Ange, eso es de tu hermano, tú no lo entenderías —Kyrie irrumpe en donde están ellos, sentados alrededor de una pequeña mesita de madera y trata de razonar con su hija, quien está aferrada a tener algo de su hermano mayor, aunque no la revista con chicas, ésa le parece aburrida.
—Claro, Ange, quédatelo si quieres —Battler despeina el cabello de su hermana con una sonrisa en los labios, pensando en que ya no necesita el libro más, después de todo, ya no es un chiquillo, tiene mejores cosas qué hacer que ponerse a leer libros de misterio y como le ha dicho a George para demostrarle cuán bien se lo está pasando, ahora sólo el cielo es su límite.
