Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 12. Sillas vacías.
Ha sido demasiado para ella. Demasiado, pero ha logrado contenerse para no derramar el té hirviendo o romper los hermosos platos de la vajilla más lujosa; aún así, las lágrimas han aflorado nada más ha salido del lugar, el amplio y aún así opresivo salón comedor, con la mirada de Natsuhi atenta a todos sus movimientos, los párpados temblando con cada movimiento torpe de su parte. La visión de las sillas vacías la atormenta, las sillas vacías donde alguna vez se sentó Battler-san y su madre, tan amable, tan sonriente, Asumu-sama, la atormenta porque rápidamente los han suplantado, porque los han desechado como piezas en un tablero de ajedrez y ahora nuevos peones ocupan su lugar. No son las sillas vacías lo que la atormenta, si lo piensa bien, es saber que están llenas lo que le duele, llenas con otras personas, viviendo como si nada hubiera sucedido (¿fue así?), viviendo como si Battler-san no existiera.
El carrito del té ahora vacío, traquetea más de lo normal mientras se dirige hacia la cocina, sus manos no dejan de agitarse con los espasmos que recorren su cuerpo, que no la han abandonado y parecen una plaga desde que Kyrie-sama entregó las cartas de Battler y para ella no hubo ninguna, ni siquiera para romper la promesa y burlarse de ella. ¿Por qué es así? Piensa, mientras se alegra de que no haya nadie más que Kumasawa en la cocina, muy ocupada con la comida, tanto como para no notar sus ojos rojos o su voz entrecortada, con ligeros hipidos que le impiden bien pronunciar las palabras.
—Kumasawa-san, terminé de servir el té, ¿puedo tomar un descanso? —su mente ha comenzado a hilar un plan, a calmar su desbocado corazón y su torrente de lágrimas con un propósito, que sin embargo, podría destruirla. Cuando la anciana voltea a verla, no encuentra nada anormal en ella o al menos así parece, su rostro se ha vuelto una máscara de serenidad, de indiferencia, a pesar de los ojos rojos de los surcos ligeramente brillantes en sus mejillas que no sabe cómo explicar.
—Claro, claro, tómate tu tiempo, la comida estará en una hora, regresa para ayudarme a servirla, ¿de acuerdo? —no espera su respuesta antes de darle la espalda y desde atrás parece una bruja astuta, mezclando aquí y alla ingredientes extraños, como mackerel y hierbas, para agasajar a la familia sin que ellos sepan la clase de comida que están consumiendo.
Yasu no tiene tiempo siquiera de dar las gracias, sale de la habitación con paso seguro, muy diferente de la patética figura que casi parecía arrastrarse hacia ahí minutos atrás y sus pasos la dirigen hacia la primera planta, en donde están las habitaciones de la familia de Krauss. Sería muy difícil colarse a las habitaciones de los huéspedes sin su permiso, ya que se supone todo está arreglado, pero con las de los dueños la cosa es muy distinta y siempre puede inventar cualquier excusa. No es que vaya a robar o algo así, sólo necesita corroborar un pequeño asunto...
Jessica-sama también recibió una carta y si bien podría pedirle a la pequeña María que le enseñe la suya, sabe que no encontrará la misma información en una y en otra, Jessica, quien mejor se llevaba con Battler, es la que debe de tener esa pieza de información vital para ella, ésa que puede salvarla de la desesperación en la que comienza a sumirse cada vez que sombras de duda nublan su mente, haciéndola temblar como un cachorrito.
El sonido de la cerradura al ceder ante su llave maestra parece retumbar como un cañonazo en el silencio que invade el lugar, también la hace sentir tremendamente culpable, pero no importa, no importa ya. Si la descubren leyéndola y la despiden mejor para ella, si Battler renueva su promesa en la carta de Jessica (aunque, ¿por qué lo haría?), si mínimamente pregunta si está bien (¿no se lo habría dicho Jessica-sama?), si se acuerda de que existe y todo lo que compartieron, entonces irá en su búsqueda o le suplicará que venga, por eso sólo necesita una prueba, una leída y todo lo demás no importará. No lo hará como nunca lo ha hecho, nunca desde ese día de Octubre...
Encuentra la carta de Jessica sobre su tocador, a leguas se nota que la ha dejado ahí apresuradamente y agradece a los cielos, a la magia o a quien sea, de que sea así, de que no tenga que gastar tiempo y esfuerzo en desesperarse por la búsqueda, por la sensación de pérdida y escape. Abre la hoja de cuaderno con dedos frágiles, temblorosos y a la vez ansiosos, tanto que por un momento amenazan con romper el papel y con él sus últimas esperanzas.
La letra de Battler-san es diferente, todo en él es diferente, lo sabe conforme sus ojos se deslizan por las líneas, la letra antes deshilvanada se ha hecho fuerte, redonda, picuda, la de un completo desconocido y las cosas que hace lo son aún más, le confirman que se ha olvidado de ella, que no piensa en ella cuando está con sus amigos (y amigas) en pequeñas reuniones, mucho menos cuando asiste a su club en la escuela, el club de lectura. Ni siquiera hace mención de su nombre, mucho menos de la promesa, de los libros prestados, los instantes robados en el rincón del jardín que ahora parece marchito, pero al que ella se sigue aferrando, nada de eso existe, quizás nunca existió, ¿cómo estar segura?
George-sama tiene otra carta, María la última, pero, ¿serviría de algo leerlas? Sabe que sí cuando su corazón parece saltarse un latido, sabe que sí, cualquier mínima esperanza, cualquier rastro de su nombre, cualquier cosa... Oh, Dios, ayúdame. Murmura, mientras dobla el papel, tan afilado como un cuchillo, que ha logrado cercenar su corazón y lo deja sobre el lugar exacto donde estaba antes, de nuevo, siempre, como si nada hubiese sucedido. Ayúdame.
Cuando sale del lugar, su siguiente meta es la carta de María o al menos lo es hasta que se topa con George-sama en las escaleras, sin saberlo Dios ha oído sus plegarias, aunque ella no se de cuenta en ese momento, mientras persigue una sombra. Dios, ayúdame.
