Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 20. La línea entre el amor y el odio.
Todo ese maldito mundo siempre la ha decepcionado, desde que era pequeña, desde que tiene memoria, como si el atreverse a nacer hubiese sido su pecado. Creció sin padres, en un orfanato donde no tenía amigos, salvo sus juguetes de segunda mano y las amables enfermeras (si te portabas bien), luego, fue recluída como sirvienta en una familia con una mujer tiránica, casi loca, cuyo único propósito en la vida era impresionar a los demás y hacerla trabajar como esclava, cambiando esto y cambiando aquello, siempre sin ninguna recompensa, salvo un regaño si lo hacía mal. Y luego, cuando había considerado que empezaba a ser feliz, que los días se romperían a sí mismos y el capullo de dolor que la envolvía perecería, anidada ahora por una promesa, todo había quedado como una broma cruel, palabras dichas al viento, sin sentido, sin corazón, ése que tanto clamaba Battler-san respetar.
Sí, todo podía irse mucho al carajo, Yasu-Beatrice estaba segura de ello con cada día que pasaba, el mundo no sería mejor ni peor sin los Ushiromiya en él, sin ella misma en él. Lo odiaba todo y a la vez lo ansiaba, mientras andaba limpiando las ventanas con sumo cuidado u oía a Jessica reír con sus amigas de al escuela, en dos mundos diferentes. Ansiaba ese mundo que no podía alcanzar, el mundo que la magia no le brindaba, por mucho empeño que tuviese, el mundo donde estaba Battler.
¡Ah, Battler! ¡Ushiromiya Battler! El sólo nombre constituye un tormento para Beatrice, cuyas solitarias noches en Golden Land parecen más frías y cuyo té de rosas parece más insípido. Ushiromiya Battler, hablando palabras de papel que se lleva el viento, promesas coloreadas por el sol del ocaso, muertas una vez éste se ha ocultado. Tan frío, tan distante y a la vez tan cálido, tanto que duele, tanto que, de sólo pensarlo, Golden Land se convierte en una tormenta de lluvia, truenos y relámpagos, simbolizando su corazón.
Quiere verlo, quiere verlo por muchos motivos, quiere tenerlo cerca, como en sus memorias, tan vívidas como la magia que hace al chasquear los dedos. Quiere verlo para preguntarle el porqué de sus acciones, el porqué de sus palabras crueles escondidas tras un rubor rojo, una sonrisa inocente. Pero también quiere verlo para hacerle daño, tanto daño como le ha causado a ella, como el dolor que parece desgarrarla por dentro nada más cae la noche y con ella el silencio que evoca recuerdos. Destrozarlo, destrozarlo tantas veces, tantas veces hasta que pida perdón, hasta que suplique de rodillas...
—Riiche, no es bueno que pienses en eso —Gaap se materializa en la sila frente a ella con un revoloteo de alas y polvo dorados, su vestido rojo recuerda al amor y a la sante, a la línea entre el amor y el odio en la que está parada, sin saber a qué lado apoyar. Sus palabras le parecen frías, ¿qué demonios va ella a entender lo que está sufriendo? Esa pequeña semilla de amor, incrustada en su pecho, creciente, creciente, comiéndose todos los nutrientes de su corazón, extendiendo sus mortíferas raíces alrededor de su pecho... ¿Qué va a entender ella?—. Shannon es feliz ahora, ¿lo ves? Comienza a ver a George con otros ojos.
¡¿Shannon...? ¡Pero si es por culpa de ella que se ha metido en este lío, que ha soportado este dolor! ¡¿Y ella se atreve a enamorarse de otro, a olvidarse del peso que ha dejado sobre ella? Es inconcebible, impensable. ¿Por qué tendría ella derecho a ser feliz? Esa débil y frágil parte de su ser, que no soportó la agonía que ahora es parte de su cuerpo, que la carcome en cuerpo y mente.
—¡No, no se lo permitiré! —dice y en los sueños agitados de Yasu lo único seguro es que ha comenzado a llorar—. ¡No puede!
—Riiche, estás aferrada al pasado, ella ya olvidó a Battler, ahora eres tú quien espera por él —mentiras, sueños, alucinaciones. Beatrice se levanta, cuan alta es, con esa figura esbelta cubierta por una mata de pelo dorado, dispuesta a actuar inmediatamente, desoyendo las palabras de su amiga, la primera, la original bruja dorada.
Es mentira, aunque esos sueños se desvanezcan de la mente de Yasu nada más llegar el día, sabe que es mentira, todo lo que Gaap afirma. ¿Cómo podría olvidar a Battler, cuando ella y Beatrice son una misma? ¿Cuando la semilla del amor crece en el mismo corazón, ahora dividido en dos partes, una, por supuesto, mucho más grande que la otra? Quiere a George-sama, pero Battler sigue ahí, tan atado con cadenas como lo está ella, aferrados al pasado por una cadena de recuerdos, pintada de rojo sangre, justo como el atardecer de ese día.
