Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 22. Manzana.
La mansión se vuelve un caos nada más Octubre asoma sus narices por la puerta, como un visitante poco complaciente y demasiado exigente. Shannon está acostumbrada a este estilo de vida desde hace casi diez años, pero aún así nunca deja de parecerle divertido el caos que se suscita a su alrededor, como si estuviese en un circo, donde sólo ella, como la solitaria y marginada figura del mundo que es, permanece tranquila y estática como una estatua.
A su alrededor, los sirvientes corren de un lado para otro, sacando sábanas nuevas de sus escondites y limpiando habitaciones por enésima vez, aún cuando ya no queda ni una sola mota de polvo visible, mientras ella, calmada y casi autómata, dobla las sábanas viejas y sucias que pronto irán a la lavandería, a ponerse como nuevas y a estar en familia, después de tanto tiempo alejadas.
—Oye, Shannon-chan, ¿ya escuchaste? —pregunta una joven nueva, que pese a todo pronóstico y pese a su poco tiempo sirviendo a la familia, ya sabe más de sus secretos de lo que muchas de ellas, trabajando años y años, pudieran imaginar. Ese día la acompañaba en la habitación de huéspedes de la nueva casa, un rincón solitario donde cuchichear sobre todo y nada en particular, doblando con parsimonia los mantelitos de las mesas—. Nos pidieron que arreglaramos una cama más —declara de pronto en tono confidencial y el resto de las sirvientas asomadas en otro cuarto se acercan, como si temiesen dejar escapar el secreto—. ¿Para quién será?
Shannon sigue haciendo su trabajo mecánicamente, ignorando la sarta de cuchicheos que proviene del grupo de señoritas reunido en el pasillo de la casa de huéspedes, muchas de las cuales especulan que Rudolf traerá a una nueva mujer, o bien, que quizás George-sama traerá a su novia. A ella, dicha posibilidad le congela la sangre por breves instantes, pero ese sinsabor que deja en su boca al pensar que Eva-sama se ha salido con la suya palidece al pensar en la otra posibilidad. Una posibilidad con cabellos de fuego y ojos azules y cristalinos, que no tienen nada que envidiarle a la sonrisa traviesa, que le hacen honor a su nombre. Battler... san.
Pero no, no puede ser. Battler hizo las pases con su padre hacía años y nunca había regresado, nunca había vuelto, gritando que se caería del bote, nunca había montado un caballo blanco.
—¿Tú qué crees, Shannon-chan? —le inquiere una de sus amigas, si es que puede llamarle así a una persona que sólo la busca cuando no tiene a nadie con quien hablar y que cuando lo hace monopoliza toda la conversación—. ¿Vendrá la novia de George-sama? —Yasu parece detectar cierto toque de maldad en su sedosa voz y por un momento fugaz se pregunta si sabrán de su relación con George-sama, como lo presiente Eva—. ¿O creen que vendrá Battler-sama? ¡Nunca lo he visto! ¡Pero me han dicho que es muy apuesto~! ¿Creen que quiera llevarme con él?
Risitas cómplices inundan el lugar, pero esta vez está segura de que no se burlan de ella, nadie más que Battler y ella, el sol y la tibieza al caer la tarde saben de su secreto, pero aún así no deja de sonar menos cruel, le recuerda a un eco en su mente que aún sigue viviendo, un eco infantil, promesa de amor, felicidad y un final de cuento de hadas.
Es imposible que Battler-san vuelva, totalmente absurdo, la nueva cama bien podría ser para una rival suya, traída por Eva, podría ser para un fantasma o un miembro perdido en el mar, pero no para él, ¿verdad?
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Lo escuchó accidentalmente mientras limpiaba la plata que adornaba el salón comedor, cuya superficie reflejaba de vez en cuando a Natsuhi y Krauss, hablando como si ella no existiese. Al principio, creyó que sus oídos la habían engañado, creyó que de nuevo estaba alucinando o que la bruja había susurrado un hechizo en su oído para confundirla, destrozarla, pero no era así. Las palabras, tan poderosas como un encantamiento y tan mortíferas como una maldición, la alcanzaron mientras daba brillo a la coctelera de plata en el armario de los vinos y licores, ajenos a que de pronto se sentía mareada pese a que no había tomado ni un sorbito.
—Me parece grandioso que Battler-kun haya hecho las pases con Rudolf, Jessica se alegrará mucho de saber que viene, siempre se han llevado tan bien —el tono de Natsuhi era maternal y agradecido, cosa que le hizo entornar los ojos por un segundo, tragándose su odio y la imagen, aunque imaginaria, de ella siendo arrojada por un risco, como basura, para convertirse en lo que era ahora, un mueble.
—Con tal de que no hagan destrozos —suspiró Krauss, dándole fin a la conversación que terminó en otros derroteros que a ella no le interesaban, muchos de los cuales trataban de cómo esconder la farsa de Kinzo otro año.
Battler-san viene este año, este año precisamente, cuando George-sama me ha dicho que... ¿Por qué este año? ¿Está de nuevo el destino jugando conmigo? ¿Está tratando de que decida? Pero no soy tan fuerte... No soy tan fuerte.
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Su vestido es agitado por los primeros vientos de la mañana, aún oscura, aunque a lo lejos se adivine una franja de sol y de luz. Probablemente es el último sol, el último amanecer que pueda ver en su vida. Le ha llevado toda la noche afinarlo, toda la de noche de varios días sin dormir, pero el plan está listo, terminado, perfeccionado hasta el último grado de maldad, hasta la última gota de desesperación.
Por una vez en su vida no se ha aferrado a la ilusa esperanza de que él recordará, de que vendrá a su encuentro, quizás no en un caballo blanco, pero aún así sonriente, pidiéndole disculpas por su olvido y estupidez. No. Battler ha olvidado, todo, todo lo que significó para ella (aún significa) un mundo, su universo. Y tiene que hacerlo recordar, dejar su destino a la suerte, porque sólo puede elegir a uno de ellos, porque sólo un milagro los guiará a la magia que puede salvarla (quizás), a la magia que los hará aceptarla tal y como es, un ser imperfecto y roto, ávido y a la vez incapaz de amar.
Battler-san. Jessica-sama. George-sama. ¿Cómo es que ha terminado así? No está segura y el considerarlo sólo es una tortura extra, misma a la cual no tiene tiempo de someterse. El 4 de Octubre despunta al alba, los planes han sido trazados, los sobornos, el dinero, las pistas, todo completamente calculado. Y Yasu-Beatrice, con su vestido negro y dorado, arrebatado por el viento como si quisiera borrarla de la faz de la tierra, observa el horizonte escondida entre los bosques, que ocultan su silueta extraña enfundada en el vestido, su silueta frágil, siempre a la espera.
Alguna vez mordió la manzana envenenada y había caído en un sueño profundo de angustia y dolor, pero al contrario que muchas ilusas princesas que habían seguido esperando eterna, tontamente, ella había despertado sin el beso del príncipe y se disponía a castigarlo por haberla hecho esperar.
