Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 28. Verdades dichas en broma.
Prepara a su corazón con un gran suspiro, que por un momento hace temblar la carretilla que lleva, llena de cosas para embellecer un jardín que, llegada la noche, no será más que polvo. Las voces, las terribles y añoradas voces de la familia Ushiromiya empiezan a acercarse lentamente, atraídas por el viento apacible hasta sus oídos, que sin embargo no permiten un cambio en sus facciones, perfectamente serenas. Después de todo, Kanon-kun no es alguien que suspire o se sonroje, no es una chiquilla enamorada, definitivamente, detrás de un disfraz para engañar a todos, pero sobretodo a él.
Por fin las figuras hacen su aparición en el soleado jardín, un conjunto variado de colores y sonrisas, de muecas y gestos preocupados, bien camuflados bajo unos ojos inquisitivos, de entre ellos, una figura sobresale, alta, enfundada en un traje color claro, tan cambiado y tan similar a como lo vio por última vez. Kanon se detiene y Yasu, en su interior, reprime con maestría una mueca llena de asombro, de dolor, de desengaño; en su lugar, la máscara de completa serenidad de su rostro atrae sólo la atención de Jessica, quien presenta a Battler apropiadamente, haciendo que sus ojos se encuentren durante escasos segundos, sin que ninguna chispa de reconocimiento salte en los del hijo de Rudolf Ushiromiya.
—¿Quieres que te ayude con eso, Kanon-kun? —Battler, servicial como siempre (tanto que hasta duele) hace ademán de acercarse a ella y por un momento sus planes se desdibujan en su mente, hasta convertirse en absurdas fantasías o relatos, como las novelas de su autora favorita, inofensivas, atrapadas en papel. Podría dejar que se acercara, podría dejar que viera debajo de su disfraz, los ojos brillantes, anegados en lágrimas, la promesa bailando en el fondo de sus pupilas, que ya casi han perdido toda su luz, ahora opaca, casi muerta.
Sin embargo, la ruleta del destino prefiere que las cosas no terminen demasiado pronto, así de fácil y Genji interviene justo en el momento en el que Kanon está balbuceando que no necesita ayuda, aunque en realidad no esté muy convencida de ello. Y de esta manera su primera oportunidad de perder el juego se desvanece, junto con el último resquicio de la falda de Rosa, mecida suavemente por el viento.
Yasu se dirige entonces hacia el cobertizo, para dejar sus instrumentos, entre ellos pintura roja de la cual ya se ocupará después. El corazón le late como el batir de las alas de un pajarillo tratando de escapar de su jaula, late, late, late, tan rápido que teme que pueda detenerse en cualquier instante, para la más grande de las ironías en toda su vida.
—No te ha reconocido —dice Kanon, apuntando lo obvio y si alguien asomase la cabeza a la parte trasera del cobertizo, sólo podría ver a la solitaria figura que es Yasu hablando consigo misma, intercambiando tonos de voz, gestos y expresiones, imitando grotescamente a un ventrílocuo—. ¿Piensas seguir con esto?
—Claro que sí —asiente ella, con la voz segura de Beatrice, esa parte fuerte en su ser que no le tiene miedo al destino, ni a los humanos y sus palabras absurdas, que controla todo y a todos, con un pequeño brillo dorado de magia—. Esta noche llevaré a cabo mi ritual para mi resurrección, no hay cambios en el plan. Eso significa que...
—Nuestros servicios han terminado —completa Kanon y se refiere tanto a él como a su hermana, Shannon, a quien le ha tocado una vida medianamente feliz, llena de milagros y desventuras difíciles de explicar—. ¿Dejarás que mi hermana cumpla su sueño antes de deshacerte de ella? ¿Antes de volver a ser uno?
Yasu Beatrice suelta una carcajada estridente, que luego queda disminuida a meras risitas malignas. Agita una pipa imaginaria antes de contestar.
—Claro, Kanon, yo siempre cumplo mis promesas, ¿no quieres tú formular una? ¿Tú último deseo, como dirían los vulgares humanos? —el cobertizo está cubierto por las pálidas sombras de los árboles a su alrededor, sombras cada vez más frías conforme el tifón se acerca. El rostro de Yasu, envuelto en ellas como si la oscuridad formara parte de su ser, tiene una mueca burlona temblando en las comisuras, los ojos azules llenos de determinación y el corazón en un hilo.
—Creo que George-sama te busca, nee-san —dice Kanon por toda respuesta y se desvanece en una voluta de humo dorado, dejando a Beatrice al mando, Beatrice y luego Shannon, que tiene que ir a cumplir las últimas labores para con la familia esa tarde.
Shannon ha aceptado su destino como pieza de la bruja, al igual que Kanon, porque ambos sienten, en mayor o menor medida, el dolor que recorre su cuerpo viajando por su sangre, contaminándolo todo ante los primeros malos indicios de que las cosas no tendrán un final feliz. Battler-san ha regresado y como se lo prometió a sí misma, aún didivida entre tantas personas (soy una y a la vez muchos), su amor y su vida entera le correspondían solo a él. Aquél maldito bastardo, aquél... aquél muchacho que seguía sonriendo como si tuviese 12 años que seguía revolviéndole el corazón.
.
El viento poco a poco va ganando velocidad y fuerza, justo como ella y sus planes, mientras observa con calmada imparcialidad lo que sucede a su alrededor, el paisaje interminable de mar y cielo, arena y gaviotas, huyendo hacia sus refugios. Es el último día en que verá el sol, el último en el que el viento tratará de llevarse sus cabellos, su voluntad, su ropa y, extrañamente, lo está disfrutando. Hace tanto tiempo que no están así, tanto tiempo, tan exacto en su reloj corporal, seis años, que es inevitable no dejarse arrastrar por el ambiente festivo, lleno de risas, de bromas, de cosas que nunca debieron marchar.
Ahora todos los primos están reunidos, hacen promesas de nunca separarse (¿y por qué habría de creerlas?), corretean por la arena, dejando largos surcos que el mar borrará, hacen apuestas absurdas, como antes, justo como antes, cuando Battler no se había ido. Porque después de ese día, sólo fueron George y ella, o Jessica y ella, pero nunca los tres.
—En realidad no has cambiado nada, ¿verdad, Battler? —Jessica le da un golpe amistoso a su primo en el hombro, a lo cual él responde con una mirada amenazante, aunque no por eso menos teñida de diversión—. Sigues siendo el mismo de antes, ¿verdad, Shannon-chan, George-aniki?
Ambos asienten. Y ella, cuyos ojos se encuentran con los de Battler por un segundo, no se sorprende de saber que los recuerdos no han fluído en él, no han seguido su cauce hacia la promesa rota, ni siquiera para disculparse. Pronto, sin que se de realmente cuenta, Yasu está hablando de todos esos recuerdos, comienza a dar pistas (¿es que en realidad deseo perder?), rememora algunos de esos momentos secretos, aunque no todos, para que él complete el rompecabezas por su cuenta, un rompecabezas que, si tiene suerte, la guiará a un final sin dolor.
—Me prometió venir por mi en un caballo blanco —afirma y no sabe cómo se las arregla para no transmitir el dolor en su voz, la furia de la bruja y un toque de añoranza. Aunque eso sí, sus mejillas están rojas como el cabello del muchacho, que también parece totalmente avergonzado ante la escena, avergonzado pero no doliente.
—¡Ah! ¿Decía cosas tan embarazosas? —su risita nerviosa queda eclipsada por la de los demás, salvo la de Yasu, quien observa cada uno de sus movimientos, tratando de encontrar un signo de reconocimiento en lugar de vergüenza, pero sin encontrarlo, pues si Battler pensó en alguna cosa, luego le confirmó que no había sido nada más que las palabras insensatas de un chiquillo. Palabras que aún la trastornaban, la obligaban a seguir adelante.
Pero ella no pierde las esperanzas, de ninguna manera, así como tampoco busca que él le jure amor eterno y se la lleve ahora sí, muy lejos, para un rosa final feliz. Sólo quiero una disculpa. Un lo siento. Que se de cuenta de lo que ha hecho, de lo que me hizo... Él se dará cuenta, ¿verdad? Después de todo, alguien que respeta el corazón de los misterios, alguien que habla del motivo del culpable con tanto fervor, con tanta pasión, será capaz de mirar en el corazón de su propia historia, ¿verdad? ¿Verdad? Él será capaz de ver y quizás pedirá una disculpa, quizás hasta evitará la masacre, el triste final que ella ha planeado para todos.
—Ya le has dado suficientes pistas —murmura Beatrice en su oído y en su voz escucha el tono quebrado que ha estado ocultando a todos, ese tono de desesperanza que no augura nada bueno—. Empecemos con el juego.
Está a punto de responder cuando otra voz, una que no viene de su mente, la saca de sus pensamientos, mientras camina como una autómata de regreso a la mansión, acompañada por todos, quienes siguen burlándose de Battler y de la promesa que ha hecho, como quizás debió haber hecho ella en su momento.
—Shannon-chan —es George, que la detiene casualmente en los escalones que llevan hacia el bosque, frondoso y brillante, con miles de hojas que exhalan sus últimos suspiros, si todo sale mal—. Si por alguna razón no podemos hablar más el día de hoy, quiero que nos veamos en el jardín a medianoche, ¿de acuerdo? Tengo algo importante que decirte.
El anillo. Ella lo sabe y asiente. Él va a formularle una nueva promesa y en ese momento, el plan comenzará a correr y la ruleta del destino elegirá a la primera pieza blanca en caer.
