Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 05. Telaraña.
El sonido de la lluvia se ha vuelto una constante difícil de ignorar y de vez en cuando el suave repiqueteo de las gotas sobre las ventanas la hace dudar sólo un poco sobre sus planes, sobre todo.
—No seas estúpida, debemos seguir adelante, ¿tienes miedo acaso? —pero Beatrice siempre está ahí para recordarle, para ayudarla en momentos de flaqueza, que se multiplican como la lluvia en el exterior cuando ve a Battler, cuando se da cuenta, poco a poco, de lo que el tiempo le ha hecho a su memoria, a su personalidad, a la figura que es él, ahora mucho más alta que ella, más lejana, sumergida en su mundo lleno de amigos y quizás de chicas—. Tenemos que hacerlo pagar, tenemos que hacer que recuerde...
Beatrice no duda, la gran Bruja Dorada, la dueña y señora de la isla, el oro y todos aquellos que están sentados ahora a la mesa de la cocina, sus vidas, sus sueños, todo pende del fino y frágil hilo dorado de su telaraña, que está a punto de teñirse de rojo. Ya lo ha preparado todo, los cómplices, las locaciones, la causa de muerte y al Dr. Nanjo. Pero todavía debe esperar un poco para ver sus planes realizados, por lo menos hasta que todos los primos se vayan del lugar, entonces de verdad comenzará la masacre... De los orgullos de los Ushiromiya, que accederán a ayudarla en lo que creerán es una pequeña broma y más cuando les enseñe el oro, brillante y maldito, pesado como el pecado que está a punto de cometer. Matarlos a traición, volverlo todo real.
—Shannon, acompaña a los chicos a la casa de huéspedes, vamos a comenzar la reunión anual de la familia y no son cosas que niños deban estar escuchando —le responde a Natsuhi con un asentimiento de la cabeza y una frase cortés antes de salir a toda velocidad por las sombrillas correspondientes, que están en el recibidor, siendo observadas en silencio por Beatrice, la bruja dorada en su interior.
—Uff, seguro que el abuelo tiene buen gusto —murmura Battler, cuando los primos la alcanzan en la puerta, comentando lo bueno que ha estado todo a manos del experto chef Gohda. No se refiere en sí a la comida, lo sabe cuando se da la vuelta para encararlo, completamente absorto en el retrato de Beatrice en un ventanal—. Lo vi hace rato, ésta debe ser Beatrice, ¿verdad? La Bruja del Bosque. Cuentos que nos decían para que fueramos a la cama temprano.
—Beatrice existe —María le roba las palabras de la boca y las pronuncia con el mismo tono siniestro que ella hubiera utilizado, oscuro y amenazante como la noche cerrada a su alrededor.
—Algunos sirvientes han visto sombras blancas pasar detrás de ellos y las ventanas se abren solas por la noche, a pesar de que yo misma las he cerrado en ocasiones —Beatrice se ríe entre dientes en su mente, preguntándose si todas las pistas que le han dado a Battler de verdad las conducirán a un final apresurado, pero como es propio de los estúpidos humanos, llenos de toxina anti-magia, el chico se sacude las palabras de Shannon con un movimiento de la cabeza y alguna que otra frase rebuscada antes de sugerir que se apresuren a marcharse.
Así pues, resguardados por pequeñas sombrillas y con el viento alrededor, como un frío abrazo, emprenden el camino hacia la casa de huéspedes, con Battler haciendo bromas sobre los pechos de Shannon, palabras que se incrustan en ella como pequeñas agujas, lacerando su carne para dejar expuesta la verdad, una verdad en la cual los pechos que George-sama siente en su brazo no son más reales que las brujas y la magia y que tampoco pueden sentir el temblor del brazo de él ante su contacto.
—Hey, Shannon-chan, ¿no te gustaría jugar una partida de cartas una vez termines tu turno? Kanon-kun también puede venir... —Jessica parece entusiasta cuando se encuentra rodeada de las cálidas y sólidas paredes de la habitación, pero a la vez, mirándola hablar de Kanon, Yasu se da cuenta de que ella tampoco puede comprenderla totalmente. Porque si lo hiciera, vería a través de su disfraz, sabría que traer a Kanon es imposible, mucho menos permanecer ambos, Shannon y él, a la vista de todos. Porque él es una ilusión, justo como lo es ella y toda su vida.
—Me encantaría, Jessica-sama. Si me disculpan, regreso en un momento.
¿A dónde han ido? Se pregunta mientras regresa, sola y congelada, a la mansión. ¿A dónde han ido todas esas cosas furtivas que hacía con Battler, las sonrisas cómplices y los encuentros en el jardín? Quizás se haya olvidado, pero no pensó, no quiso pensar que eso faltaría, que una pared se construiría en medio de ellos, sólida y llena de cortesía que ella no necesita. ¿Para qué usaría Beatrice la cortesía? Es inservible, totalmente inservible.
Cuando menos se da cuenta, está de regreso en la casa de huéspedes tras haber recibido órdenes de Genji y el rechazo de Kanon al saber la tarea imposible e infructífera. Puede escuchar las voces de los primos mientras se acerca, también su familia, también su misma sangre si el destino hubiese sido diferente. María parece la más feliz de todos en el lugar, rompe en carcajadas continuamente y mientras la escucha, puede imaginarla bailoteando alrededor de los jóvenes, cantando hechizos mágicos para la felicidad, que serán obsoletos una vez llegue la media noche.
Cuando toca y abre la puerta, Battler la recibe del otro lado, con una sonrisa libidinosa e infantil asomándose en sus facciones. Quiere tocarla. Lo sabe y así mismo también lo sabe Jessica, quien no puede creer que se haya quedado parada ahí, sin impedirlo o hacer nada por golpearlo en su lugar. Lo que ella no sabe es el plan secreto de Yasu, la ruleta del destino que ha puesto a girar y que podría detenerse súbitamente en ese momento, si Battler toca sus pechos y descubre la verdad.
Sus mejillas se colorean de carmín al pensarlo, al sentir la cercanía, al recordar las fantasías inocentes e infantiles de abrazos y besos. Que lo haga y le diré toda la verdad. Que lo haga, entonces mi vida y mi sufrimiento habrán terminado.
La ruleta, sin embargo, no quiere dejarla perder tan fácilmente y Jessica interviene antes de que las manos del hombre se cierren alrededor de su cuerpo, aprisionándolo aún más en su jaula dorada, pero teñida de rojo por la verdad. Y la noche transcurre así, sin mayores incidentes, hasta que llega su momento de retirarse, llena, impregnada de la risa de Battler, sus bromas, su cara de póquer cuando está a punto de perder, sus anécdotas sobre la escuela.
George le hace una seña para que se adelante y cuando ella abandona la habitación, Jessica le dice a Battler sobre su relación con su primo, aquél que está a punto de hacerle una nueva promesa de eternidad, que será ella la que rompa esta vez.
