Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 11. Dar y recibir.


Yasu acaricia el vestido con dedos ágiles pero mecánicos, mismos que reflejan su actitud ausente. La tela es fina y suave bajo su tacto, como el abrazo de la madre que nunca llegó a conocer o la sonrisa del joven al que ama y odia a la vez; la tela es fina y se desliza por su cuerpo siempre con facilidad, acariciándole los hombros y despeinando su cabello, pero a pesar de todo y como dice el dicho, la magnificencia del tejido no cambia nada en ella, ni su estatus de sirvienta en la casa Ushiromiya ni el hecho de haber sido olvidada por Battler. Mucho menos le confiere mágicamente un cuerpo liso y sin cicatrices, firme y femenino. La tela roja que debería de envolver al pecho cuelga separada de su cuerpo, ausente y vacía como lo está su corazón. No es una mujer ni todos los sueños se hacen realidad, pero aún así está dispuesta a intentarlo y mientras prepara los últimos detalles, como lo son las zapatillas de color de rosa que la guiarán hacia la muerte, piensa que bien vale la pena. Que es una buena razón para morir, una buena razón para haber vivido.

La cama cruje cuando se levanta, ya completamente vestida como la Bruja Dorada, ya completamente metida en su papel, pero no hay nadie que pueda escucharla en su refugio secreto, ni siquiera la montaña de oro en la habitación parece hacerle caso. Sólo el sonido de la lluvia y de sus pasos la acompañan mientras recorre el lugar, de un lado hacia otro, como un péndulo, poniendo en orden los últimos detalles. Los rifles, las balas, el libreto que se ha hecho en mente. Y Battler, sobretodo Battler, aquél ridículo rufián que se atrevió, aún se atreve, a hacerla esperar.

Resuelvan el acertijo. Les ha dicho y se lo recuerda mentalmente, recargada sobre una de las paredes, con ojos ausentes y muertos, como si ya hubiese dado la batalla por perdida. Resuelvan el acertijo. Han pasado casi dos horas, la última vez que vio a Battler estaba jugando cartas, charlando con Jessica y ella con George. Mundos alejados, sentimientos sombríos contenidos en un anillo que ahora descansa sobre la mesita de noche, en la habitación que debería de ser para una princesa, pero que sólo ha protagonizado pesadillas. El tiempo se agota y ella sabe con certeza que Battler está en todo menos en el acertijo, el secreto escondido bajo unas cuantas rimas, la búsqueda infructífera por la resurección del amor perdido. Pero si Kinzo lo ha hecho, ¿por qué ella no podría? Si Kinzo le pidió que le llamara padre y centelleó en sus ojos el recuerdo de la verdadera Beatrice, ¿era mucho pedir un milagro similar para ella?

La respuesta le llegó en forma de pasos, voces etéreas que por un momento pensó provenían de su mente, de las charlas de una niña solitaria en busca de amigos. El dispositivo que lleva hacia el oro se ha activado y el resultado, sea cual sea (ojalá sea Battler) está a punto de ser decidido.

Cuando la puerta se abre, su destino se sella herméticamente alrededor de la palabra tragedia, soledad, resignación. Todos los Ushiromiya salvo sus primos están allí y eso obviamente incluye a Battler, su corazón fue descifrado por personas hambrientas de oro, sedientas de poder y su batalla ha terminado incluso antes de empezar. Abre la boca para anunciar su presencia, vagamente consciente del curioso sonido que hacen sus zapatillas de cristal al romperse, tiene un último deber como la Bruja Dorada y ése es entregar el oro, el título y su nombre a otros. No piensa en nada más mientras les explica, mientras destroza su corazón en pedazos macizos de oro para dárselos, no lo hace siquiera cuando Kyrie apunta su rifle contra ella (como Yasu habría hecho si hubiera tenido oportunidad) y le dispara a quemarropa, diciendo palabras difíciles de entender. No piensa, se cree muerta. Y quizás lo está cuando se desploma contra la suave cama, quizás lo está desde que volvió a ver los ojos azules de Battler y supo que no había ninguna oportunidad de victoria.