Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 29. Truco o trato.


Como Beatrice había predicho, afuera no encontraron más que la luz tenue del sol, pálida y opaca al ser ocultada por las nubes. También había lluvia y viento, el continuo sonido del viento y las gotas de agua golpeando sin piedad el asfalto. Rudolf fue el primer cadáver que vieron, alguien le había disparado (y Battler estaba muy seguro de quién) dejándolo a pocos metros del cuerpo de George, cuyas heridas también se debían al impacto de una bala. Battler se puso en tensión cuando los observó y unas ganas locas de llorar le subieron por la garganta y la escocieron los ojos, sin embargo, sólo fue con la vista del cuerpo de su primo, que sus ojos se desviaron hacia Beatrice y hacia las cosas que sabía de ella, a la que siempre creyó una simple empleada de la familia. George y ella habían sido cercanos... Y aún así, cuando sus ojos se encontraron con los de ella, no pudo notar ni un atisbo de dolor en ellos, permanecían fríos, impasibles como la tormenta sobre ellos, muertos, quizás.

Kyrie estaba en el camino que daba hacia la casa de huéspedes, Battler lo supo aunque no se acercaron a ella, por el pálido lila que asomaba en la lejanía, el pálido lila manchado de sangre de su blusa favorita. Eva no se veía por ningún lado, pero mientras caminaban hacia la mansión, Beatrice con esa expresión insoldable y él presa del pánico, supo que ya no podría encontrarla en ningún lado, que se había ido creyéndolos a todos muertos y a él malo.

—¡Maldición! ¡Maldita sea! —gimoteó, sucumbiendo a las emociones de impotencia y dolor que dormían en su pecho. Luego, sus pulmones se desgarraron en un grito y un juramento, mientras trataba de no golpear nada que estuviese en su camino—. ¡Maldita sea! ¡¿Por qué tuvo que suceder algo como esto?

Beatrice pareció no haberlo escuchado y siguió avanzando, con expresión de piedra, con el mismo paso que si fuese a una fiesta de té. El vestido empapado pegándose a sus piernas en cada movimiento, los zapatos rosas dejando huellas que rápidamente eran borradas por nuevas ráfagas de lluvia.

—Ha sido mi culpa —declaró y por primera vez desde que lo había encontrado tendido en el suelo, sin duda esperando una muerte que se prolongaría durante días, su voz transmitió algo más que impasibilidad, una especie de sollozo camuflado, apenas un atisbo de dolor. Aquello lo animó a seguir caminando, a seguir su misteriosa silueta mientras avanzaba entre los árboles, entre rosas arrancadas y pétalos sucios.

Encontraron a Jessica en el comedor, tenía el rostro destrozado y le provocó arcadas a Battler, a pesar de que no tenía nada qué vomitar en el estómago vacío. No se sorprendió cuando Beatrice permaneció en silencio y tras una pausa, en la cual lo dejó descargar su furia contra la mesa de madera fina, sugirió que se apresuraran. Parecía un ángel de la muerte haciendo su ronda, mirando a los fallecidos con el corazón intacto, con la seguridad de quien sabe distanciarse de su trabajo. El corazón se le oprimía al verla así cuando él la recordaba riendo mientras leían misterios y él exponía sus absurdas teorías, pero él mismo era un desastre y no se atrevió a objetar nada sobre su manera de actuar.

Encontraron el antiséptico en el cuarto de los empleados, donde Genji descansaba eternamente. Beatrice lo curó con manos hábiles, sin proferir ninguna palabra, a pesar de que por el movimiento de sus labios tenía mucho que decir. Mientras estaba inclinada sobre él, Battler apreció el color de sus ojos bajo la luz de la lámpara, la silueta grácil debajo del vestido empapado, el contorno faltante en donde debería de estar su pecho. No lo entendía, pero se sentía muy cerca de la verdad, tan cerca como lo estaba ella de él, tan cerca que con tan sólo alzar sus manos podría rodearla y exigirle todo tipo de secretos mágicos.

—Terminé, ahora levántate —esta nueva persona, que de alguna manera era un eco de la niña con la que solía jugar y de la que se había enamorado por primera vez, tenía una voz autoritaria y cargada de dignidad, cosa que lo obligó a obedecerla, aunque aún tuviera serias dudas—. Tienes que irte.

—¿A dónde vamos?

—No pretenderás que nos quedemos aquí mientras la isla explota, ¿cierto? ¡No te he curado para que mueras, Ushiromiya Battler! ¡Tienes que irte! —Yasu soltó una carcajada que le heló la sangre y a la vez, cuando ésta recuperó su curso normal alrededor de su cuerpo, le calentó interiormente. Era una risa histriónica, pero aún así añorable—. Conozco un pasadizo secreto que te llevará hacia una lancha, podrás salir de aquí. Seguramente Eva está en Kuwadorian... No le sucederá nada.

—No te sigo, ¡no entiendo! ¿Me vas a decir o qué?

—Hablaremos cuando estemos en un lugar seguro —su orden era absoluta y mientras la seguía de nuevo hacia su camino al exterior, supo que esa vez iba en serio. Tendrían una plática y quizás a él no le gustaría. Tendrían una plática y él se la llevaría, la secuestraría, pues no había pasado por alto el hecho de que nunca había dicho "tenemos que irnos", quería que él se fuera solo y eso... Era un truco o trato que no estaba dispuesto a jugar.