Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 10. Diez años después.
Los pasos inseguros de Battler siguieron a un breve periodo de silencio, en el cual le pareció escuchar un gran estruendo, como si el cielo estuviese cayendo sobre la isla, el mar, el mundo. Sin embargo, al joven poco le importaba cualquier cosa que sucediera en el mundo exterior, donde yacían sólo cadáveres; para él, toda la totalidad del género humano estaba contenida en esa cueva simplona, toda la totalidad de los sentimientos humanos, del dolor, los deseos y la locura se reflejaba en los dos pálidos semblantes de los únicos seres humanos que respiraban el aire viciado de los túneles.
—No te entiendo, Beatrice... Quiero hacerlo... Pero no sé cómo —el suelo se movió bajo sus pies y trastabilló al acercarse a ella, sintiéndose el doble de torpe. Quizás se debía a la falta de alimento, las escasas horas de sueño y el estrés, pero él lo desechó con un movimiento de su mano, pues le parecía imprescindible hacer las paces con la figura ataviada de muerte y nostalgia frente a él, tan etérea y tan frágil que de algún modo supo que la había roto sin siquiera tocarla—. Dices que lo haces por tu bien más que el de Ange o cualquier otro, que sellas todo en una caja mágica que pretendes enterrar en el fondo del mar, del abismo o quizás del infierno. ¿Por qué? ¿Dónde está tu motivo? Incluso hasta el juez Wargrave tuvo uno. ¿Acaso querías probar lo mismo que él? ¿El sabor de la muerte, el sabor de la sangre y que después de diez años se te recordara por eso?
Ella se levantó nada más lo escuchó pronunciar dichas palabras, pues cada una de ellas se convertía en un puñal hondo en sus entrañas, ya de por sí desgarradas. El ritual mágico había fallado y ya no esperaba ningún milagro, pero aún así dolía saber y comprobar lo imposible de su tarea, lo cerrado de una mente tan honesta en cuestiones no concernientes al corazón.
—Admito que una gran bruja como yo no quiso dejarse opacar por alguien como el juez Wargrave, cuyos simples trucos pude adivinar inmediatamente, pero no es ése mi motivo, así como tampoco eres tú el detective, mucho menos podrás resolver mi acertijo —para ella, dichas palabras constituían el final de su discusión, de su inesperado ataque de ansiedad y llanto. Por eso mismo comenzó a avanzar de nuevo entre las sombras, el cabello dorado y la rosa en su cabello como faroles en un mundo fantástico. Battler, como era de esperarse, no quiso dejar la situación así.
—Te gusta mucho ese libro, ¿verdad? Es tu favorito... —el tono cariñoso en la voz de Battler, casi nostálgico, hizo vacilar sus pasos una milésima de segundo antes de proseguir con su camino, cien por ciento segura de que la mansión ya había explotado y los cadáveres se habían evaporado como el vaho en una mañana particularmente fría—. Pero es sólo un libro y tú nunca has matado a nadie. Tú no lo hiciste, fueron Kyrie y mi viejo. No tienes ninguna necesidad de inculparte.
—La tengo, ¡la tengo, estúpido Battler! ¡Tengo cientas de ellas, miles... Me parece que dos millones, ya no estoy segura! Lo hubiera hecho si Kyrie no se hubiera adelantado, tenlo por seguro, ¡hubiera sido tan fácil! —dio un giro en la oscuridad, alzando los brazos y sus cabellos parecieron mariposas—. Iba a matarlos en el orden del epitafio, primero seis, luego dos... ¡Un crimen aún más magnífico que el de U. N. Owen!
—Por un momento estuve tentado a preguntarte si tu motivo era la fama, la grandeza y la crueldad de un crimen de semejantes proporciones, pero sé que no es así —Battler metió la mano en su bolsillo, encontrando sólo pelusa y nada del valor que necesitaba, nada de ternura o de palabras suficientes para la Bruja—. Pero tú no eres así. Ése tampoco puede ser tu motivo. No cuando te recuerdo disfrutando tan gratamente de la búsqueda de motivos más que de trucos, la manera en la cual te reías cuando...
Le llegó el turno a Battler para detenerse. El recuerdo lo abrumó con una velocidad de muerte, que de nuevo lo hizo tambalearse. Recordó con toda claridad las tardes en un rincón privado del jardín devorando libros, las discusiones sobre culpables y armas, a veces motivos, la vaga excusa que hacía para ver a Shannon-chan cada vez que iba a Rokkenjima, los juegos de palabras y la tarta de limón que los había unido. Pero sobretodo recordó la promesa, apenas resurgida en el fondo de su mente en cuanto escuchó de su compromiso con George. Muchos habrían dicho que no era un motivo suficiente, pero para él todos eran válidos en cuanto probaban la profundidad del pensamiento humano, del sentimiento humano.
—Te lastimé, ¿verdad? Te prometí algo que no cumplí... Te lastimé y tú seguiste esperando y luego... —no hacía falta que dijera el resto, podía hilvanar más o menos las ideas en su mente, empezando desde el vestido de Beatrice y la cámara del oro, hasta el pecho faltante (y que él le había dicho preferiría voluminoso, hiriéndola aún más sin duda), todas las piezas de un complicado rompecabezas en donde el centro era él—. Lo siento.
—Eso está bien —respondió Yasu y una risita mucho más familiar hendió el aire entre ellos—. Eso era lo único que quería escuchar, Ushiromiya Battler.
La luz del día los sorprendió de repente, tras doblar una esquina cubierta en sombras. El sol brillaba en todo lo alto y la noche, envuelta en sombras, no pareció más que una quimera ante los destellos provenientes del agua. El 6 de Octubre hacía su aparición tras haberse terminado el hechizo, tras haber caminado sin descanso (¿varias horas, un siglo?) persiguiendo dicha libertad.
