Muchas gracias por el buen recibimiento que tuvo el fic! Para mí es una maravilla experimentar con nuevas temáticas y el omegaverse. Si puedo, actualizaré lo más pronto posible, sin dejar demasiado margen entre una actu y otra. Este año tengo más tiempo libre debido a que estoy repitiendo algunas asignaturas del año pasado, y tengo un horario más amplio (ya que no elegí las de tercer año) pero escribir con el frío que está haciendo no puede ser bueno para mis manos; casi se me congelan! Pero ni el frío de noviembre me impedirá actualizar (?)Vale,ya. Gracias por los follows y los favorites! Respuesta a los reviews, abajo del fic :) Un fuerte abrazo!
Shingeki no Kyojin no me pertenece.
Advertencia: omegaverse.
Sorpresa y consolación
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La celebración de una boda en la vida cortesana del reino siempre era motivo de júbilo y alegría. Los días anteriores a la ceremonia, los sirvientes trabajaban el doble y sin apenas descanso para satisfacer las exigencias de los preparativos. Los nobles, por su parte, estaban ansiosos por asistir; en los banquetes de boda siempre corrían litros de vino y comida abundante por doquier. El derroche no suponía un problema, no al menos para el antiguo rey, Rodd Reiss. Frieda, en cambio, adoptó una política más moderada, si bien no podía negarles un poco de diversión a los nobles, tampoco era cuestión de despilfarrar el dinero en alcohol y espectáculos.
El sacerdote fue avisado de la inminente unión entre el hijo de los Jaegers y el noble alfa elegido a dedo por la realeza. Tras ponerse de acuerdo con las fechas, Frieda junto con Grisha y Carla acordaron celebrar la boda en cinco días.
Habían pagado a uno de los mejores costureros para que confeccionara los vestidos de los novios. Sasha y Connie cocinaban hasta altas horas de la noche, preparando el menú del banquete con especial esmero: pavos reales condimentados con especias, codornices estofadas, patés de todos los tipos, sopa de pescado, puré de patatas… Y aunque tenían terminantemente prohibido comer de ese manjar, Sasha se llevó más de una patata a la boca. Connie de vez en cuando, cogía pedacitos de pan recién horneado.
Todos parecían aguardar el momento del banquete para degustar la comida y sobretodo, para dejarse llevar y causar un poco de alboroto. Todos deseaban que llegase el gran día, a excepción de los propios novios.
Eren jamás se había sentido tan lleno de rabia e impotencia. Le había costado superar el hecho de que hubiera sido vendido como ganado al reino enemigo, y a veces incluso se decía que no lo superaría en años. Para colmo, ahora tenía que casarse con un alga, obedeciendo la voluntad de sus padres sin que él pudiera abrir la boca para protestar u oponerse.
Odiaba a sus padres, los odiaba y no quería saber nada de ellos. Se negó a mantener una conversación civilizada con ellos, y sin importarles sus modales, los echó a gritos de sus aposentos. Carla lloraba en silencio, en silencio, reprimiendo el llanto que moría en su garganta. Grisha, para demostrar que sí le importaba su hijo, insistió a Frieda que permitiera a Armin y a Mikasa asistir al evento como invitados. Por ello, acudió al rubio para que este hablara con su hijo e intentara hacerle entrar en razón.
Armin era su mejor amigo, omega también y gracias a eso, Eren sí lo escucharía a él. Mikasa, por el contrario, estaba de acuerdo con el castaño, y tenía muy claro que no pensaba mover un dedo para ayudar a Grisha a reconciliarse con su hijo.
Siguiendo las instrucciones de Armin, los Jaegers dejaron a los dos amigos a solas con su hijo, depositando sus esperanzas en el pequeño rubio.
—Eren abre, somos nosotros —dijo este con voz tímida.
Hubo un silencio, y tras oir unos pasos acercarse, Eren abrió la puerta con aire abatido pero sin rastro de rasgos violentos en sus facciones.
—Pasad.
Haciéndose a un lado, los dejó entrar. Armin y Mikasa accedieron al lugar y tomaron asiento al borde de la cama. Se produjo otro silencio, esta vez más tenso en el cual ninguno de ellos dijo nada. Armin pensaba en la mejor forma de manejar todo ese asunto de la manera más delicada posible.
—¿Quién es el alfa? —preguntó Mikasa súbitamente—. Le secuestraremos para que no pueda asistir a la boda.
—¡Mikasa! —exclamó Armin consternado.
Si bien era una idea absolutamente descabellada, Eren conocía muy bien a su amiga, y le veía perfectamente capaz de realizar tal acto de locura.
—¡No podemos secuestrar a un noble! Nos ejecutarían sin juicio previo —dijo horrorizado.
—No vais a secuestrar a nadie —le tranquilizó Eren—. Te lo agradezco Mikasa, pero creo que ya asumí mi condena —suspiró derrotado.
—No es una condena, solo una unión convencional —le recordó Armin.
—Es lo mismo.
Este comprendía su dolor, él también se sentiría usado como un pelele si le hicieran lo mismo, pero con la diferencia de que él lo aceptaría dócilmente y con resignación.
—¿A quién han elegido como tu consorte? —preguntó un tanto preocupado.
Era posible que su rabia se debiese a la desgracia de ser emparejado con un horrible alfa; esos que abusaban de los omegas sin ningún tipo de consideración.
Eren desvió la mirada incómodo.
—No… Aún no lo sé.
—¡¿Qué?! ¡Eren! ¡La boda es en cuatro días! ¿Cómo no puedes saber con quién te casarás?
—Nadie me ha dicho nada al respecto y yo… no estoy muy seguro de querer saberlo —confesó sin mirar a sus amigos.
—Es lógico que tengas miedo, pero cuanto más lo prolongues, peor será .
Eren apretó los puños, conteniéndose a duras penas.
—Qué fácil se ve todo desde fuera —espetó mientras empezaba a pasearse por la instancia en círculos. Creía que la visita de sus amigos le subiría los ánimos, pero cada vez se sentía más colérico.
—No he dicho que sea fácil, pero tarde o temprano tendrás que aceptarlo —insistió Armin.
—¡¿Y si no quiero aceptarlo?! —exclamó Eren furioso.
—Tienes que hacerlo quieras o no.
Justo cuando Eren abría la boca para decirle cuatro cosas a su amigo, Mikasa intervino rápidamente:
—Armin, Eren necesita tiempo para asimilarlo. Lo que han hecho ha sido muy injusto.
—Gracias —dijo Eren al comprobar que al menos una persona en todo ese maldito reino entendía su situación.
—Tienes todo el derecho a enfadarte.
Armin, quien no era tan comprensivo, creyó que lo mejor era asimilarlo lo más pronto posible, pero tratándose de Eren, no lo escucharía. Enfrentar la realidad podía ser duro, pero tampoco podía ser ignorada.
—Tus padres quieren que hagas las paces con ellos —reveló Mikasa sin reparo alguno. Para Eren no tenía secretos—. Por eso vio conveniente que fuéramos nosotros también.
—No me sorprende —admitió con desdén.
—¿Por qué no nos cuentas cómo te ha ido hasta ahora en la corte de los Reiss? —propuso Mikasa para desviar el mal humor de su amigo—. Estábamos muy preocupados por ti.
Eren calló unos momentos, si hablaba de cómo había sido su vida hasta el día de hoy, quizás su furia aumentaría, pero por otro lado, le podría ir bien descargar todo lo que llevaba guardado desde que abandonó su reino en aquel carruaje.
Con gran indignación relató su día a día en la corte, como en un abrir y cerrar de ojos había pasado a ser un don nadie en aquel castillo, siendo objeto de burla por los nobles, y de lástima para los criados.
Los pocos amigos que había hecho no solían compartir su tiempo con él: Sasha y Connie casi no salían de la cocina, Hange estaba muy ocupada atendiendo a heridos de guerra o a omegas durante su período, y Marco se pasaba el día detrás de Jean…
—Paso la mayor parte del tiempo con ese estúpido alfa-caballo, así que imaginad lo contento que estoy.
Su relato, aunque sincero, no incluía su encuentro con Levi. Tanto Armin como Mikasa estaban al corriente que ya había sufrido su primer celo, pero decidió no mencionar nada acerca del incidente en el que casi es tomado por el alfa. No sabía exactamente por qué prefería callárselo, ¿quizás porque le avergonzaba?
Ciertamente perdió el control estando en la cama y teniendo a Levi encima suyo… Pero todo fue producto del celo, en pleno uso de sus capacidades no habría permitido que Levi le poseyera la primera noche de conocerse.
Habría esperado tres noches como mínimo.
Desde que el celo marchó de su cuerpo, Eren no había dejado de pensar en él. Lo recordaba perfectamente, su expresión ávida, su ferocidad, la brutalidad con la que afirmó ser su alfa y poseerlo ahí mismo. Sus amigos no lo entenderían: Mikasa era un alfa que aún no había encontrado su pareja destinada, y Armin tampoco. Y sospechaba que no pondrían muy buena cara si les decía que su alfa pertenecía al ejército; los soldados a menudos llevaban el estigma de "hombres sin corazón". Muchos se negaban el derecho a amar, entregándose en cuerpo y alma a la guerra.
Algo se removió en su estómago: ¿sería Levi de esa clase de soldado? Negando con la cabeza, se dijo que ahora no era el momento para pensar en eso.
Retomando la conversación con sus amigos, prosiguió su relato de su vida en la corte sin mencionar la horrible experiencia de su celo.
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A medida que transcurrían las horas, Eren sentía sus nervios a flor de piel. Al cruzarse con algún noble por el castillo, este le felicitaba por su enlace; el omega sonreía forzadamente y le daba las gracias. El problema residía en que tantos los nobles, como la servidumbre y demás le daban la enhorabuena, consiguiendo que al final del día, Eren sintiera como si devoraran sus entrañas del malestar que arrastraba desde que le comunicaron la noticia.
Pero por extraño que pareciera, hubo un alfa que no le felicitó.
Jean apenas se había dejado ver esos días, no tenía ni idea de dónde se encontraba; era como si quisiera evitarlo. Estuvo tentado de preguntarle a Marco sobre su paradero, pero recapacitó a tiempo: poco le importaba lo que ese alfa-caballo pudiera estar haciendo.
Al tercer día le llamaron para que se probara el vestido, a regañadientes accedió sin disimular su cara de asco. Para disgusto suyo, sus padres estuvieron presentes mientras tres sirvientas betas le ajustaban las piezas de seda que cubrían su cuerpo.
De pie y con los brazos extendidos, Eren los ignoró, pretendiendo que en aquella sala solo estaba él y las sirvientas.
Era tradición que el omega que iba a desposarse vistiera un brial (N/A: Vestido de seda u otras telas lujosas usado antiguamente por las mujeres, que cubría desde los hombros hasta los pies) de color verde —para representar su juventud—, y encima una capa roja como símbolo de fertilidad. Los bordados que adornaban el brial eran dorados y dibujaban pequeñas rosas entrelazados entre si.
Eren tuvo ocasión en el pasado de contemplar esos vestidos en algunas de las bodas a las que asistió, pero jamás se imaginó llevar uno de ellos, pese a saber que su destino era el mismo que el de aquellos omegas.
Una de las sirvientas le cosía el bajo del brial, otra le ajustaba las mangas y la tercera se encargaba de fijarle la parte superior para que no le colgara de los hombros.
—Es precioso, ¿no crees cariño? —preguntó Carla en un pobre intento por captar la atención de su hijo.
Eren no pretendía responderle, pero cambió de opinión.
—Es horrendo —espetó sin mirarla.
La sirvienta que le sujetaba la muñeca izquierda le dio un tirón a la manga y en un tono de voz inaudible, le susurró:
—En eso está en lo cierto, pero como no mejore su cara, levantará sospechas entre los nobles y no le conviene dar una mala imagen a su reino.
Eren volteó el rostro y observó a la mujer, cuya estatura era mayor, morena de piel y con pecas. Esta alzó una ceja, como si le retara a que negara sus palabras.
Muy a su pesar, ella tenía razón.
Media hora después, terminaron de darle los últimos retoques al vestido, y tras comprobar que le venía como anillo al dedo, se lo quitaron con sumo cuidado, procurando no arrugarlo.
Si Eren creía que iba a deshacerse de sus padres tan pronto, se equivocaba. Grisha expresó su deseo de visitar al sacerdote en la catedral y pidió —por no decir, obligó—, a su hijo a acompañarles.
Sin dignarse a dirigirles la palabra, los siguió por detrás con la misma expresión de asco.
Saliendo del castillo, emprendieron el camino atrayendo las miradas de los habitantes, quienes pausaban sus actividades diarias para echarles un ojo y cuchichear acerca de las condiciones en las que se encontraban.
"Somos la vergüenza del reino —pensó Eren rabioso a la par que abochornado—. Hemos perdido el respeto y nuestro orgullo. Ahora somos los que se vendieron al reino enemigo".
Se sentía demasiado fuera de lugar, pues no creía pertenecer ni a un reino ni a otro. Los dos lo trataban como un objeto que podía intercambiarse y utilizar a su antojo.
El odio creía cada vez más en su interior sin signos de detenerse.
Tras recorrer algunas calles, llegaron a la catedral donde se celebraría su tan esperada boda. Solo por eso, a Eren ya no le gustó. Entrando, el interior era de lo más ostentoso: las dimensiones eran inmensas, el techo se alzaba imponente sobre sus cabezas, los pilares construidos a cada lado de la nave central conducían hasta el ábside (lugar donde el sacerdote los casaría), y los grandes vitrales representando escenas que Eren no conocía.
A esas horas, poca gente visitaba la catedral. Solamente había una mujer sentada en unos de los bancos rezando, dos obispos conversando en voz baja en una de las naves laterales, una pareja de ancianos iluminando dos velas en un rincón de los altares, y el propio sacerdote que atendía a una peregrina.
Como Eren no tenía ningún interés en ser partícipe de la conversación que mantendrían sus padres y el sacerdote, se alejó silenciosamente y se coló por la nave lateral derecha, pasando por la hilera de los pequeños altares.
Llegando al final de la nace, vio que el transepto conducía hacia otra sala menos iluminada. Curioso, se adentró echando una ojeada a su alrededor; nadie había reparado en él. La persona que se hallaba más cerca era la mujer rezando a pocos metros del ábisde, pero estaba tan absorta en sus oraciones que parecía ajena a todo.
Explorando, Eren anduvo distraído y con expresión aburrida. Tanto era así, que no se percató de que alguien más surgió de entre las sombras y tomándole por detrás, le tapó la boca con una mano. Asustado, actuó rápido y trató de sacarse al desconocido de encima. Forcejeando, el agresor se acercó a su oído y susurrándole seductoramente, dijo:
—No te muevas, no querrás que nos descubran, ¿verdad?
Conocía esa voz, la había escuchado antes… ¡¿Era posible que se tratara de Levi?! Sin duda, olía igual.
Relajándose, se dejó guiar por él hasta un confesionario que debido a su ubicación apartada, pasaba desapercibido.
—¿Qué…? ¿Qué haces? —preguntó Eren alarmado al ver sus intenciones.
—Entra —indicó, dándole un ligero empujón y metiéndole dentro del habitáculo de madera.
Al ser tan pequeño, los dos apenas cabían, por lo que tuvieron que ponerse agachas con la espalda encorvada. Casi a oscuras y con las cortinas cerradas, Eren empezó a ponerse nervioso.
—¡Estás loco! Si nos descubren…
—No lo harán —susurró Levi rozando sus labios con los del omega.
Eren reprimió un escalofrío. Manteniéndose lo más cuerdo posible en una situación tan surrealista como esa, pasó por alto el tener a Levi a escasos centímetros de su boca, y con dificultad, preguntó:
—¿Qué haces aquí?
—Darte mi regalo de boda —respondió acariciándole el muslo.
—Entonces… tú también lo sabes —expresó Eren con incomodidad.
—Eres la noticia de la semana, por lo visto —confirmó Levi sin parecer molesto por esa evidencia—. Todavía no sé si asistiré, así que decidí darte mi regalo por adelantado.
—¿Qué es…?
Antes de que pudiera formular la pregunta entera, Levi se abalanzó sobre él y estampó sus labios contra los suyos, devorándolo como una presa a la que acababa de cazar. Eren gimió y sin importarle el lugar en el que estaban, lo besó de vuelta y juntos unieron sus cuerpos, ansiosos de sentir el calor del otro.
El espacio reducido, la escasa luz que se filtraba junto con el hecho de que algún cura o sacerdote podía descubrirles, excitó al omega y gimiendo sin pudor, introdujo su lengua en la boca del alfa que en respuesta, le cogió de las muslos para levantarlo. Como pudo, Eren entrelazó las piernas en su cintura y rodeándole el cuello con los brazos, dejó que Levi prácticamente tomara el control.
Había deseado sentir los labios del alfa desde su primer encuentro; no sabía si era por haber estado tan cerca de ser tomado por él, o porque probablemente se trataba de su pareja destinada, pero no pudo reprimir el impulso.
—Hazme tuyo.
Levi soltó una risa entre dientes. Separándose, inmediatamente Eren se avergonzó de lo dicho.
"Mierda… Y eso que me dije que no me dejaría llevar tan fácilmente sin el celo de por medio".
—Tendrás que esperar un poco para eso —dijo pasándose la punta de la lengua por sus finos labios—. Recuerda que debes llegar virgen al altar.
Era cierto, si se descubría que un omega de la nobleza había mantenido relaciones fuera del matrimonio, la deshonra caía sobre él y su familia. Intentando serenarse, a Eren le asaltaron las dudas.
—Pero… ¿y lo que te dijo tu comandante?
—A la mierda Erwin. Haré lo que yo quiera.
—¿Vas a desobedecerle? —cuestionó atónito.
—A nosotros, los soldados, nos llaman salvajes por preferir la muerte al compromiso, pero la nobleza lleva años sin respetar el tan sagrado vínculo del matrimonio, manteniendo relaciones sexuales con terceras personas a espaldas de la iglesia. Si ellos lo hacen, ¿por qué no nosotros?
—Si el alfa con el que me voy a casar lo descubre…
—Hablé con él ayer por la noche —confesó Levi recorriendo con sus manos el trasero del omega—. Mantuvimos una pequeña charla.
—¿Qué? ¿Hablaste con él? —repitió Eren sin dar crédito a lo que oía.
—Por supuesto. ¿Acaso creías que me quedaría de brazos cruzados?
—Qué… ¿Qué le dijiste? —preguntó temeroso.
Sonriendo macabramente, Levi rozó con sus labios el oído del castaño.
—Si tomas a mi omega la noche de bodas, te mataré.
Eren, quien no se esperaba esa respuesta, miró al alfa estupefacto.
—Él mismo admitió que no pensaba hacerlo, pero en caso de que lo hiciera, no tendré más remedio que actuar en consecuencia.
El omega hizo un esfuerzo por asimilar esa información y ponerla en orden. Aparentemente, Levi había amenazado a su futuro marido con matarle si le tocaba después de la boda, pero lejos de reclamar a Eren como su omega, este le dijo que no tenía intención de hacer tal cosa… ¿Qué clase de alfa era su prometido?
El pellizco que le dio Levi en una de las nalgas, lo apartó de sus pensamientos.
—Afortunadamente la campaña militar ha finalizado por el momento. Lo que significa que podré hacerte alguna que otra visita.
El omega era consciente que mantener una relación fuera del matrimonio se consideraba un pecado, inmoral y prohibido por lo iglesia. Pero como había dicho Levi, si otros lo hacían, ¿por qué él no?
Estaba harto de ser una marioneta, él mismo cortaría los hilos que lo tenían sujeto y actuaría en base a sus deseos. No toleraría que siguieran manipulándole, ahora él tendría voz en esto.
—Acepto convertirme en tu amante y omega a partir de este momento.
Levi sonrió, besando a Eren una vez más.
Después de todo, no había sido del todo malo acudir a la catedral.
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Los preparativos estaban listos, la corte aguardaba impaciente dentro de la catedral, Frieda en primera fila junto con sus hermanos, Carla y Grisha en la fila de la izquierda, acompañados por sus guardias reales, Armin y Mikasa situados cinco filas por detrás, pues los primeros sitios se reservaban para la aristocracia: Pixis el consejero y mano derecha de la reina Frieda. Darius Zackly, quien tenía en su poder la jurisdicción. Nile Dawk, amo del condado de Stohess. Annie, una alfa que heredó el patrimonio de su padre sin estar casada lo que la convirtió en una de las nobles más ricas del reino, y otros nobles de no tan alta categoría, como lo serían: Hitch, Reiner, Petra, Marlo...
Por su parte, Eren Jaeger avanzaba por la nave central que parecía no tener fin. Mirando al frente, creía que moriría aplastado por todas esas miradas que se le clavaban como ardientes agujas en la piel. El camino hasta el altar se le hizo eterno y muy desagradable.
Constantemente se repetía que podía haber sido mucho peor. Que en el fondo, había tenido suerte con la elección de su futuro marido. Aunque por dentro sintiera ganas de vomitar.
De pie junto al sacerdote, vestido con el atuendo característico de los alfas y una expresión indescifrable, Jean Kirstein estaba a punto de convertirse en su esposo hasta que la muerte los separara.
Le resultaba sumamente extraño estar ahí, a menos de una hora de convertirse en la esposa de Jean cuando no hacía ni tres días que se había escondido con Levi en un confesionario y declarar en secreto que sería su omega.
No podía creer lo mucho que había cambiado su vida en poco menos de una semana. Era una absoluta locura. Todo había transcurrido tan rápido…
Cuando por fin llegó hasta el altar, intercambió una fugaz mirada con Jean, y los dos estuvieron de acuerdo en que ni uno ni otro quería estar allí.
Antes de que diera comienzo a la misa, un coro entonó una canción cuya letra Eren desconocía. Sus voces retumbaban con fuerza dentro de las paredes de la catedral, mientras el sacerdote recitaba una breve oración.
Todos de pie, se disponían a escuchar la misa nupcial que aproximadamente duraría unos cuarenta minutos.
—Queridos hermanos, ustedes han venido a esta Iglesia para que el Señor selle y fortalezca su amor en presencia del ministro de la Iglesia y de esta comunidad. Señor bendice abundantemente este amor. Él los ha consagrado a ustedes…
Las palabras del sacerdote se hacían eco en la mente de Eren, quien era incapaz de asimilar lo que estaba ocurriendo frente a sus ojos. Estaba más nervioso de lo que creía, pero rígido como una estatua. De reojo, comprobó que Jean mantenía una expresión estoica y con la mirada perdida.
Ese, definitivamente, era el peor momento de toda su vida.
No supo cuando tiempo había transcurrido, pero la palabrería del sacerdote le estaba aburriendo. Reprimiendo varios bostezos, pensó en si Levi se dejaría ver durante el banquete. Lo que le hizo recordar que había prometido llevarles a Sasha y a Connie alguno de los manjares de esa noche. No tenía ni idea de cómo lo haría, pero ya se le ocurriría algo.
Sin darse cuenta, habían llegado al tan "romántico" momento, ese en el cual se declararían amor eterno. Fue una suerte que Jean lo iniciara, pues Eren estaba tan distraído que por unos segundos, olvidó lo que tenía que decir.
—Yo, Jean Kirstein, te quiero a ti, Eren Jaeger, como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.
—Yo, Eren Jaeger, te quiero a ti, Jean Kirstein, como esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.
Esos votos matrimoniales eran la mayor mentira que Eren había dicho hasta ahora. Su único consuelo es que Levi no estaba ahí para verlo.
—El Señor bendiga estos anillos que vais a entregaros uno al otro en señal de amor y de fidelidad.
—Eren, recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti.
Sujetando su mano temblorosa, introdujo el anillo en su dedo anular.
—Jean, recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti.
No se atrevía a mirarlo a la cara, así que concentrándose lo mejor que pudo, le colocó el anillo en el dedo anular.
—Por el poder que me otorga la Santa Sede, yo os declaro unidos en matrimonio.
Eren observó a Jean que parecía tan conmocionado como él. Vacilante, el alfa le tomó del rostro y besó sus labios para sellar su supuesto amor. Cerrando los ojos, Eren escuchó de fondo el estruendo de un centenar de aplausos. Consciente que el sacerdote estaba frente a ellos, le devolvió el beso con torpeza.
Cuando se separaron, esquivaron sus miradas. Tomándose de la mano, dejaron atrás el altar, sintiendo las miradas de todos los presentes sobre ellos.
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Festejando durante el banquete, Eren estuvo convencido que en ese instante nada en su vida tenía sentido. Jean a su lado, parecía absorto en sus propios pensamientos, en más de una ocasión, Eren tuvo que darle un codazo para despertarle.
La ceremonia había sido hermosa según los nobles, pero el omega la calificó de espantosa.
—Mejor vamos a beber para olvidar este día de mierda —le dijo Jean sirviéndose más vino.
Eren contempló su copa, solo había dado un trago al vino, pero asintió solemne. El alcohol quizás era la respuesta para sobrellevar esa condena, llamada formalmente unión convencional. A medida que los sirvientes iban sacando platos y sirviendo más vino y cerveza, las voces aumentaron y el bullicio se hizo notar más que antes. Entre los omegas que los atendían, Eren vislumbró a Marco depositando en una de las mesas un pavo condimentado con varias especias.
El omega tenía la ligera impresión de que Marco lo evitaba. No estaba muy seguro, pero hizo sus conjeturas respecto a la verdadera relación que mantenía con su actual marido.
—Jean.
—¿Mm?
—Aunque estemos casados, me sigues cayendo mal —le recordó mientras veía a Marco llevarse una de las bandejas de plata vacía.
—En eso estamos de acuerdo.
Tanto el alfa como el omega siguieron bebiendo y fingiendo de cara al público una sonrisa de agradecimiento por su asistencia en la ceremonia. Eren alzaba el rostro cada cinco segundos por si aparecía Levi, mas no vio ni rastro de él. Decepcionado, se dijo que podría afrontar esa noche si tan solo pudiera verle en el banquete.
Sin embargo, una hora después, Hange hizo su entrada cuando los invitados iban ciegos a alcohol y la comida había quedado arrasada. Eren la observó acercarse a su mesa con una sonrisa cómplice. Desconcertado, vio como esta se plantaba enfrente suyo y le empezaba a hablar atropelladamente. Parpadeando, quiso pedirle que hablara más despacio pero la médico le cogió la mano y en una maniobra le pasó una nota.
Guiñándole un ojo, le felicitó y se alejó preguntando a gritos si aún quedaba cerveza. Eren escondió la mano debajo de la mesa y mirando a ambos lados, abrió la nota.
"No olvides quien es tu verdadero alfa".
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Respuesta a los reviews:
callmxdaddy: las dos adoramos el omegaverse! *abrazo virtual* XD Siendo sincera, no tengo pensado incluir a Farlan en el fic de momento, si se te ocurre alguna idea puedes decírmelo, yo estaré encantada. Amo a Farlan así que no me importaría incluirlo en esta suculenta historia de amor, celos y traición... Sip, a veces me emociono demasiado... Amantes prohibidos serán Eren y Levi, el propio título lo dice ^^
Neoh Sikha: Adoro tus palabras! La verdad es que siempre intento hacerlo lo mejor que puedo. Creo saber la pregunta que querías hacerme. ¿Será un fic lleno de angst, dolor y abortos? Veamos, no es mi intención haceros llorar, y personalmente los fics con tanto angst no me suelen gustar. Aunque esté ambientado en época medieval, no será tragedia. Y como ves, aunque es triste que Eren se case en contra de su voluntad, él decide tomar las riendas y aceptar a Levi como su alfa. El final no lo tengo planeado aún, pero te voy a confesar que a mí los finales felices me gustan ;)
Lia Primrose: yo amo tus lindos reviews :) si Eren entró en celo es porque precisamente se encontró con su pareja destinada pero era muy pronto todavía para consumar jejeje Y como ya he dicho en la respuesta anterior, no soy partidaria de los finales trágicos. Yo también quiero que mis bebés sean felices, pero no puedo garantizar que toda la historia esté llena de ponys y arcoiris. Gracias a ti por leerla :)
AstridHatakeAckermanJaeger: Eren está destinado a sufrir, siempre, en todos mis fics. Pido perdón por eso. Creo que ya sacié tu curiosidad ^^
Miumikunyanpire-twoG: no sabía que podía provocar esa reacción! Espero que lo hayas disfrutado jejeje Me parece que tendrás infidelidades por un lado y por el otro. Viva la morbosidad humana! ... vale, ya XD
Yartiza9: soy muy mala, peeero también buena, así que, aquí tienes más!
NiiaOffer: y los nietos, y los bisnietos, y los hijos de los bisnietos... me he reído mucho con tu comentario XD ¿86 años? ¿Por qué no mejor 2 días? Respecto al tema de que Levi no puede ser su marido... Como habrás leído, los soldados prefieren luchar a casarse, eso no quiere decir que no tengan sus aventuras y sus líos, pero cuando se trata de compromiso, se echan para atrás. Pueden casarse con un noble, claro, y había una remota posibilidad de entre un millón, que Levi acabara con Eren, pero obviamente no ha sido así. Thomas el irrelevante, como su propio nombre indica, es irrelevante XD Reiner solo accedería a casarse con Historia, y Pixis... ocupado ayudando a Frieda a gobernar.
van: Nop, no es Levi. Pero eso no creo que importe mucho, aquí los dos serán amantes sí o sí. Riren 4ever!
