Una semana después vuelvo con una nueva actualización! En muchos reviews leo la misma preocupación por el tema del ANGST. Aprovechando la ocasión, voy a dejarlo claro para todos los lectores. Ejem... Primero, hay que tener en cuenta, que una historia se desarrolla en base a un conflicto (de menor o mayor grado), pero si quieres escribir algo complejo y profundo, necesitas de ese conflicto sí o sí. No voy a adelantar datos que aún no se han revelado, pero ya tengo pensado cuál será dicho conflicto y cómo reaccionarán los personajes. No es tragedia griega ni Shakespiriana, seguramente haya un final "feliz" pero no puedo prometer 0 angst. Estamos en un fic omegaverse y medieval, pero no habrá muertes ni sufrimiento constante.
No puedo revelar más, pero espero haberlo aclarado un poco. Siempre he pensado que hay que buscar un equilibrio; los extremos nunca son buenos.
Estoy trabajando en el fic You're Up, I'm Down, me faltan escenas por escribir pero avanzo lo más rápido que puedo. Sin más, me despido de ustedes con un beso!
Shingeki no Kyojin no me pertenece.
Advertencias: Omegaverse.
Cruel y frívola realidad
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La noche de bodas era bien conocida por todos por ser un acto íntimo y privado, cuyo objetivo radicaba exclusivamente en dar un heredero al linaje en cuestión (a ser posible un alfa). Grisha y Carla, pese a conservar aún el título de monarcas, su rendición ante el reino de Sina era indiscutible. Su futuro era incierto, pues Frieda era quien tenía en sus manos el control del reino de Maria. Siguiendo los consejos de Pixis, todavía no había desvelado cuales eran sus verdaderas intenciones para con el reino que ahora le pertenecía.
Una vez muertos los Jaegers, podía ofrecer la corona a su hermana Historia y así expandir su poder monárquico. Eren había sido descartado inmediatamente como opción para heredar el trono de sus padres; aunque fuera el único primogénito de los Jaegers, poco le quedaba de honor a ese chico de quince años. La llegada de su celo supuso un contratiempo para Frieda, quien olvidó durante aquellos meses que Eren vivía en su reino.
La muerte de su padre, la ceremonia de sucesión, y los asuntos militares le robaron gran parte de su tiempo, ocasionando que apenas le tomara importancia a la delicada situación en la que se encontraba Eren. No escatimó demasiado en buscarle un buen marido, o por decirlo de otra manera, un noble que no sustentara un muy elevado estatus social, como lo podría ser Annie, ni un noble de baja categoría, como Hitch o Marlo.
No podía negarse el hecho de que Eren seguía siendo de la realeza, por esa razón creyó adecuado escoger a Jean Kirstein, un noble que se hallaba entre esa delgada línea del alta y la baja aristocracia.
Lo que nadie sabía —a excepción de Levi—, es que Eren no tenía el más mínimo interés en engendrar un heredero, y aún menos si el padre se trataba de Jean. Consideró un consuelo, —por pobre que fuera—, que el alfa-caballo pensara exactamente lo mismo. Durante la noche de bodas, se limitaron a seguir bebiendo hasta caer totalmente ebrios.
Marco los encontró a la mañana siguiente durmiendo cada uno en un punto distinto del aposento: Jean vestido aún con el traje de bodas, pero sin la capa, estaba sentado en el suelo, con la cabeza recostada contra la cómoda y una copa de vino entre sus manos. Eren, por su parte, se había movido hasta la cama y colocado en horizontal, su cabeza colgaba bocarriba mientras un hilo de saliva escurría por su boca. Se había quitado el vestido de boda, y en su lugar, llevaba tan solo una camisa blanca de manga larga que le llegaba por las rodillas.
No era para nada una imagen que debían presentar un matrimonio de nobles recién casados, carente de elegancia y distinción, pero a Marco eso le dio igual. Le bastaba con saber que Jean y Eren no habían consumado para no derrumbarse.
Dos omegas asomaron la cabeza por detrás de la puerta, indecisas de si entrar o no. Marco carraspeó, pero ni Jean ni Eren dieron señales de despertarse. Lo más probable es que se durmieran de madrugada, cegados por el alcohol.
—Pasad —les indicó Marco a las dos omegas.
Tímidamente, dos chicas entraron haciendo chirriar la puerta de madera. Una era morena, con dos coletas y la piel pálida, otra con el cabello corto y el rostro redondeado, pareciendo más joven de lo que era. La primera llevaba en sus manos un cuenco de porcelana, en tanto que la otra sujetaba una jarra llena de agua.
—Con vuestro permiso —dijo Marco cogiendo la jarra.
Sin vacilar, se acercó dónde estaba Eren y le vertió un poco de agua por el rostro. Este despertó bruscamente y mirando a ambos lados aturdido. Marco repitió la acción, esta vez yendo hasta Jean y mojándole la cabeza para despertarle. Este reaccionó de la misma manera, con un sobresalto, parpadeó y pasándose una mano por su pelo mojado, observó a su sirviente confuso.
—Dentro de media hora darán comienzo sus tareas diarias, señor —anunció Marco dando media vuelta y devolviéndole la jarra a la omega.
Eren apenas podía levantarse, su cabeza daba vueltas y un sabor desagradable cubría su boca. Por un instante no reconoció el lugar, pero al rodar su cuerpo sobre la cama, distinguió a Jean a pocos metros de él, maldiciendo en voz baja mientras se levantaba tambaleándose.
No. No había sido una pesadilla. Era real. Se había casado con Jean.
—Eren, le presento a sus nuevas sirvientas, Mina Carolina y Nifa —informó Marco.
Estas hicieron una reverencia.
—Es un placer servirle, señor.
Eren asintió una vez con expresión adormecida. Haciendo un sobreesfuerzo por levantarse, en cuanto sus pies tocaron el suelo se mareó y su cuerpo se fue hacia un lado, incapaz de mantener el equilibrio. Rápidamente, las dos omegas acudieron en su ayuda y le sujetaron entra las dos por los brazos para evitar que cayera al suelo.
—Siéntese, por favor —pidió Carolina mientras lo llevaba con Nifa devuelta a la cama.
—Estoy bien —balbuceó Eren intentando deshacerse del agarre.
—Qué pena das —se burló Jean maliciosamente, a pesar de que él no se encontraba en mejores condiciones.
—Señor, le recuerdo que ahora está casado con él. No es apropiado que le hable así —le reprendió Marco.
El alfa hizo una mueca, pero no replicó. En su lugar, ignoró a su esposo y dejó que Marco abriera el armario y le eligiera la ropa. Carolina se apresuró a imitarle, Nifa empezó a contarle al omega cuales eran sus tareas asignadas para el día de hoy. Eren la escuchó sin abrir la boca, aún sin creerse que estuviera casado con Jean.
Qué absurdo resultaba todo.
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Esa misma mañana Frieda Reiss se había reunido con el comandante del ejército, Erwin Smith, para analizar las próximas estrategias militares. En compañía de Dot Pixis, y Levi, este último como oyente, los cuatro estaban situados alrededor de una mesa con un mapa extendido que mostraba cada rincón del territorio Erdiano* (este nombre apareció en el capítulo 67 del manga Shingeki no Kyojin. En este fic, sin embargo, tan solo es un nombre propio, no esconde ningún misterio oculto, simplemente lo escogí para designar el lugar donde transcurren los acontecimientos).
—El reino de Maria se debilita por momentos, nosotros debemos responder enviando cada mes un centenar de víveres, lo que perjudicará a nuestro reino a largo plazo. Sina es fuerte, pero Maria demasiado débil —explicó Frieda con el ceño fruncido.
—Rose avanza su expansión, en pocos meses habrá anexionado todo este condado —dijo Erwin señalando una zona del mapa cerca de Sina—. Su desvinculación en la batalla la ha fortalecido y ahora puede convertirse en una grave amenaza para vos.
—No olvides las numerosas pérdidas que hemos sufrido durante estos seis meses —añadió Levi.
—Sina no puede verse débil ante Rose, desde hace décadas que vuestro reino es el más poderoso, en cuanto os vean flaquear, irán a por vos, Majestad —advirtió Pixis seriamente.
Frieda permaneció callada, con las manos entrelazadas y buscando una solución sin apenas alterarse. Los otros tres aguardaron a que esta se pronunciara.
—Comandante —le llamó tras una breve deliberación—, ¿de cuántos soldados dispone actualmente?
—¿Un millar? Quizás menos.
Frieda asintió solemne.
—Ahora el reino de Maria está en la obligación de responder a nuestra llamada en caso de guerra. Dictaré un decreto por el cual todo noble alfa o beta mayor de quince años, deberá unirse al ejército y servir como soldados de Maria y Sina.
—Es una medida un poco impopular, pero dada las circunstancias no nos queda otra opción —comentó Pixis, dando así su aprobación implícitamente.
Erwin no se opuso, coincidía con Pixis en cuanto al rechazo que generaría esa nueva ley, no obstante, debían reaccionar lo antes posible sino querían que Rose se les echara encima. Levi no se molestó en dar su opinión, a fin de cuentas, a él poco le importaban esas reuniones o lo que se decidiera en ellas, si había accedido a ser partícipe en eso era por el simple hecho de tener la oportunidad de regresar al día siguiente al castillo y buscar a su preciado omega. No quería admitirlo, pero estaba inquieto. ¿Habría cumplido ese estúpido alfa con su palabra? Se le hacía difícil de concebir la idea de que un alfa no quisiera poseer a Eren la noche de bodas. Pero, ¿y si resultó que fue Eren quien no se resistió y terminó sucumbiendo?
Una ira descomunal empezó a emerger desde su interior ante esa posibilidad. Negando con la cabeza, se dijo que debía controlarse. Eren era su omega, y los omegas jamás traicionan a sus alfas. Su naturaleza les obliga a repudiar a los demás. Aun así, necesitaba encontrarlo y olerlo para comprobar que no había sido marcado.
Erwin percibió su impaciencia, lanzándole una mirada interrogativa. Levi le ignoró, pero trató de calmarse. Su comandante podía ser un obstáculo sino iba con cuidado. Si por algo se caracterizaba Erwin era por sus firmes principios morales y su rigidez a la hora de acatar las leyes.
Levi era todo lo contrario. Su instinto era su guía, su instinto era su supervivencia. Quizás tenía algo que ver con tener el control absoluto sobre sí mismo y sus acciones, pero él se regía por sus propias leyes. Obviamente en el campo de batalla obedecía las órdenes de su comandante, sin osar cuestionarle en ningún momento, pues reconocía que Erwin era un buen estratega, aunque eso conllevara llevarse por delante la vida de cientos de soldados. Pero cuando se trataba de su vida privada, Levi se consideraba libre para hacer lo que quisiera.
Y ahora mismo quería a su omega.
Como alfa, le hervía la sangre al ser consciente que todavía no podía llamarle suyo, puesto que todavía no lo había marcado, pero pronto lo haría.
Concentrando de nuevo su atención en la reunión, escuchó a Frieda hablar sobre los soldados caídos en batalla.
—... para celebrar su funeral. Por otro lado, nobles como Petra Ral han enviudado sin dejar descendencia, por lo que habrá que informarle sobre la posibilidad de volver a desposarse con otro noble. Además, según tengo entendido, Levi perdió a sus tres mejores hombres, entre ellos el esposo de Petra, y necesitará un nuevo escuadrón.
—Me encargaré de eso personalmente —se apresuró a decir Levi—. Yo mismo escogeré a los nuevos soldados para que formen parte de mi escuadrón.
—Bien. Si alguno de vosotros quiere añadir algo antes de finalizar... —dijo Frieda mirando a Erwin y a Pixis—. Esta reunión se dará por concluida.
Levi fue el primero en desalojar la cámara, dejando a Pixis hablando con Erwin, lo cual le vino perfecto, así no tendría que inventarse una excusa para escapar de su comandante e ir en busca de Eren. Ahora que se había convertido en esposa, su omega probablemente estaría llevando a cabo alguna de esas labores asignadas solo para esposas omegas; aprender a coser, a bailar, ir a la iglesia, y esas tonterías. Una pérdida de tiempo, en su opinión. Pero lo que no sabía era que, Eren no estaba realizando ninguna de esas actividades.
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Hange Zoe como médico oficial de la corte y matrona, se sentía en la responsabilidad de informar a los omegas recién casados sobre los peligros, las consecuencias y las precauciones que debían tomar para llevar un embarazo sano y garantizar la salud del feto. Pocos eran los médicos que buscaban alternativas para salvar a la madre de un parto especialmente difícil. El objetivo de Hange era garantizar que tanto el niño como el omega no sufrieran ningún percance durante el embarazo o el parto.
Los abortos, desagraciadamente, eran algo muy común y por culpa de médicos sin escrúpulos, muchas omegas morían desangradas. Más de una dama había acudido a Hange en busca de un remedio para abortar, ya fuera por infidelidades o violaciones. La beta se había ganado la confianza de muchos omegas gracias a sus métodos menos salvajes y crueles.
A primera hora de la mañana, Hange se dirigió hasta los nuevos aposentos del omega Eren Kirstein para ponerle al corriente sobre todo lo que tenía que saber. Le costó trabajo convencer a Carolina y a Nifa que necesitaba robarle algo de tiempo a Eren por un asunto de gran importancia. Estas insistieron en que más tarde podría hablar con él, pero Hange se negó. Así que, entre protestas y miradas de desaprobación, la beta logró hacerse con el omega y llevarle hasta su refugio, como ella lo llamaba.
Ahí pasaba la mayor parte del tiempo, investigando nuevas curas o medicinas. Era su espacio privado para trabajar, pero también lo usaba de alcoba. Estaba situado cerca de las mazmorras del castillo, lo cual era perfecto, pues sus prácticas no estaban aprobadas por los demás médicos, cuya mayoría pertenecían al clero. Necesitaba de un lugar apartado y escondido de las miradas de esos ancianos que en opinión de Hange, eran más bien carniceros que médicos. Nadie tenía constancia de sus actividades ilícitas, como los múltiples abortos realizados a espaldas de la realeza.
Eren se dejó arrastrar, llegando a la conclusión de que estaría mejor con Hange que recibiendo clases de coser. Después de todo, ella era su amiga, y por lo que había entendido, se trataba de algo urgente, sino no lo hubiera sacado de sus aposentos a toda prisa y pasando por alto las quejas de Carolina y Nifa.
El refugio consistía en un espacio bastante amplio, iluminado con candelabros puestos por cada rincón para contrarrestar la oscuridad subterránea. Una mesa de unos cinco metros ocupaba el centro, en ella había pergaminos, libros antiguos, hierbas y frascos que contenían sustancias medicinales. Media docena de armarios empotrados en la pared, donde Hange guardaba los utensilios, vendas y los tónicos.
Lo único que parecía no tener ninguna relación con la medicina era un colchón de paja estaba situado al fondo, cubierto por dos capas de pieles y una almohada algo sucia.
Recogiendo algunos libros, Hange los depositó en el suelo para hacer espacio en la mesa. Eren tomó asiento y esperó a que la beta tomara la palabra.
—Primero y, antes que nada, debes saber que nada de lo que hablemos aquí saldrá de estas paredes, considérame tu confidente a partir de ahora.
Eren frunció el ceño desconcertado. Él nunca había hablado con nadie de los experimentos que llevaba a cabo en su refugio, ¿por qué le decía precisamente eso meses después?
—¿A qué se refiere con confidente?
—Como bien sabrás, mi función es ayudar cualquier persona, ya sea alfa, beta u omega. En el caso de los alfas, me ocupo de darles atención médica tras haber sido heridos en batallas, lo mismo para los betas, y también en caso de infección, enfermedad o virus. Con los omegas, sin embargo, tiendo a sobreprotegeros debido a vuestra debilidad...
—¡No somos débiles! —saltó Eren indignado—. Yo no, al menos.
—Sé que no eres débil —aclaró Hange con impaciencia—. Pero eres un omega, y te guste o no, en los tiempos que corren, eso conlleva una serie de riesgos.
—¿Qué tipo de riesgos?
—En tu caso, hablamos del embarazo.
El omega desvió rápidamente la mirada, avergonzado de que Hange hablara de ese tema tan íntimo con tanta facilidad. Sus padres nunca le habían comentado nada al respecto, por lo que no tenía noción alguna sobre eso.
—Eren, quiero saber la verdad. No consumaste con Jean, ¿verdad?
El omega se sintió culpable al haber sido descubierto.
—No… No hicimos nada.
—Lo suponía —terció la beta sin asombro—. Quiero que seas sincero conmigo y respondas con la verdad, ¿podrás hacerlo?
—S-Sí… Supongo —respondió Eren inseguro.
—Dime, ¿crees haber encontrado a tu pareja destinada?
"Hange lo sabe".
No estaba muy cómodo hablando sobre ello, pero si esta ya sabía la verdad, no tenía sentido engañarla.
—Creo que sí —contestó tímidamente.
—El alfa en cuestión… ¿es Levi?
—Sí, es él —afirmó, mordiéndose el labio.
Hange pareció meditar profundamente tras esa confesión.
—Usted… ¿ya lo sabía? —aventuró el omega inquieto.
—Lo sospechaba, pero necesitaba confirmarlo.
—Yo… —Eren no tenía ni idea de qué decir. En teoría iba a ser un secreto entre él y Levi, pero ahora Hange lo sabía. ¿Los delataría? La simple idea le horrorizó—. Hange, por favor, no se lo diga a nadie, yo y Levi ni siquiera…
Esta levantó una mano en señal de que guardara silencio. Eren calló, pero el corazón empezó a latirle más deprisa, ¿qué pretendía hacer ahora que tenía su testimonio como prueba de su infidelidad?
Tras unos segundos de reflexión, Hange, finalmente habló:
—Que hayas decidido serle infiel a Jean no es algo que me concierne, pero me temo que no puedo dejarte ir sin más. Escúchame, Eren, debes tener mucho cuidado a partir de ahora.
—¿A qué se refiere?
—Si Levi es, en efecto, tu pareja destinada, quedarás embarazado en el instante en que anude en tu interior. Vuestra compatibilidad hace efectiva la fecundidad al 100%. Habría menos posibilidades de fecundación si se tratara de Jean, aun así, la medida estaría en un 70%.
—Pero… de algún modo se podrá evitar, ¿no? —inquirió Eren con voz débil.
—En absoluto. La única opción es no mantener relaciones sexuales, o bien, mantenerlas sin llegar a la penetración.
—No… No lo entiendo.
—¿Qué no entiendes? —preguntó Hange como si Eren fuese su alumno.
—Verá, yo… A mí nunca me explicaron nada de eso y… sigo sin entender eso del… embarazo —confesó Eren con las mejillas sonrojadas.
—Claro. Perdona, intentaré explicarlo como mejor sé.
Eren asintió cohibido.
—La penetración es fundamental en el proceso de fecundación. Cuando el alfa llega al orgasmo, eyacula en el interior y para asegurarse de inseminar al omega, anuda, en otras palabras, su miembro se agranda y permanece unos segundos en ese estado. Podría decirse que, sin eyaculación, no hay embarazo.
—Entonces… Lo único que tiene que hacer Levi es no… eyacular dentro… de mí, y así podremos mantener relaciones sin riesgo —dijo Eren más aliviado.
—No puedes arriesgarte. Levi es un alfa y está en su naturaleza darte hijos. En el momento de retirarse, no lo hará. Seguirá adelante, guiándose por sus instintos, y tú no podrás hacer nada para impedirlo.
—Pero, ¡si se lo pido…!
—No te escuchará —replicó Hange duramente—. El placer les nubla la mente y son incapaces de pensar con claridad.
Eren quiso decirle que no, que Levi era diferente, que a él si lo respetaría…, pero ya era demasiado tarde. Ahora tenía miedo.
—Lo siento Eren, pero debes ser consciente de la situación. Un hijo ilegítimo puede costarte la vida.
El omega salió minutos después del refugio completamente abatido. Hange le había abierto los ojos, desengañándole de la falsa expectativa que se había formado tras la declaración entre él y Levi.
Recorriendo los oscuros pasillos llenos de humedad, se preguntó cómo reaccionaría este si le contaba la verdad. El entusiasmo, la rebeldía y la satisfacción que sintió hacía dos días en el confesionario, se habían desvanecido sin dejar rastro.
Llegando al principio de la escalera de piedra circular que llevaba hasta la primera planta del castillo, subió los escalones sin despegar la mirada del suelo. A medida que avanzaba, oía pasos aproximarse, confuso, volteó el rostro, pero no vio nada detrás suyo. La escasa luz tampoco ayudaba mucho. Continuó subiendo en círculos hasta vislumbrar una silueta bajar por las mismas escaleras.
—¿Eren? —dijo una voz conocida.
—¿Levi? —respondió este sorprendido.
El alfa terminó de bajar los últimos escalones que les separaban, e inmediatamente, preguntó:
—¿Qué haces aquí?
—Eh… Vine… Estuve con Hange, una médica de la corte, vive aquí abajo y…
—Sé quién es —le cortó Levi—. Sígueme.
A Eren no le dio tiempo a replicar cuando Levi le agarró del brazo y lo llevó escaleras abajo. Volviendo al piso subterráneo, el alfa cogió de los hombros al omega y pegándolo contra la húmeda pared de piedra, olisqueó su aroma rozando la punta de su nariz por su cuello.
—Levi…, ¡¿qué?!
Eren seguía manteniendo su aroma de omega puro. Satisfecho, el alfa se alejó. El castaño ató cabos y se mostró ofendido por la duda.
—No pasó nada entre Jean y yo.
—Tenía que comprobarlo —dijo en tono serio.
—Estuvimos toda la noche bebiendo hasta que caímos rendidos —contó Eren un poco intimidado.
Levi asintió más calmado, pero una duda le asaltó:
—¿Qué hacías con Hange?
—Pues… Hablamos un poco… somos amigos, ¿sabes?
El alfa arqueó una ceja, escéptico.
—¿Amigos? ¿Vosotros dos?
—Sí, ella fue una de las primeras personas que se interesó por mí cuando llegué. A veces pasamos horas charlando. Tú… ¿la conoces?
—Desde hace años —respondió sin dar más explicaciones.
En su lugar, pasó una mano por el cabello castaño del omega y atrayéndolo hacia él, le besó hambriento de sentir su boca de nuevo. Su otra mano viajó hasta el trasero, agarrándolo con fuerza. Eren gimió, deseoso de probar más, pero las palabras de Hange le detuvieron bruscamente.
—Espera… Espera —dijo jadeante.
—¿Qué? —gruñó Levi.
—Esto… Hay algo… Podría… Sino… —la falta de coherencia le ponía más nervioso. Nadie le había preparado para ese momento.
—Habla claro —exigió el alfa impaciente.
—¡No quiero tener hijos! —exclamó Eren avergonzado—. Ni legítimos ni bastardos. No por ahora.
A Levi esa confesión le cogió desprevenido. Suponía que Eren no quería tener hijos, y menos con ese alfa con el que estaba casado.
—¿A qué viene eso ahora? —preguntó desconcertado.
—Es algo largo de explicar, pero… yo… no quiero que me marques.
Esa frase fue como una espalda atravesando el pecho del alfa. Dolido y furioso, respiró con dificultad.
—Dijiste que aceptabas convertirte en mi omega —le recordó Levi controlando sus emociones.
—Sí, lo sé, pero… Si me marcas, me dejarás preñado y no creo que sea un buen momento para tener un hijo fuera del matrimonio, sobre todo cuando me acabo de casar —razonó Eren temblando ligeramente.
—¿Y cuándo se supone que debo marcarte? —preguntó Levi ocultando su furia.
—No… No lo sé —murmuró Eren sin atreverse a mirar a su alfa a los ojos—. Podemos hacer otras cosas… No tenemos por qué aferrarnos a ser del otro…
—Eren, mírame —le pidió, cogiendo su barbilla y alzándole el rostro—. Desde el instante en que te tuve debajo mí, quise hacerte mío una y otra vez. No puedes pedirme eso.
El omega también quería ser suyo, y cuanto más tiempo pasaba con él, más aumentaba ese sentimiento.
—Ojalá pudiera sentirte dentro de mí, pero entiendo el problema que supondría quedarme embarazado de ti cuando no hace ni dos días que me casé con Jean.
Levi formó un puño con las manos, incapaz de encontrar una salida al conflicto que les había surgido. Oyendo un sollozo, se percató de que su omega estaba llorando. Sus lágrimas caían por sus mejillas y se perdían rostro abajo. Alzando una mano, le acarició la frente y rodeándole por la cintura, le susurró al oído:
—No llores. Encontraremos una solución, ya verás.
Eren asintió, pero su llanto ahogado no cesó. Levi unió sus labios y le volvió a besar, esta vez más gentil y suave. El omega le rodeó por los hombros, queriendo estar lo más unido posible a su alfa. Fue un beso húmedo y salado, producto de las lágrimas derramadas, pero también cálido. Eren ya solo encontraba alivio en los besos de Levi, si quisiera quitarse toda la pena, le besaría por horas sin soltarse.
—No te separes de mí —suplicó Eren.
—Jamás. Soy tu alfa.
—Y yo tu omega.
Eren permaneció en brazos de Levi un buen rato. Solamente junto a él, encontraba sentido a su miserable existencia. Y se consoló sabiendo que su vida no estaba rota del todo.
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Respuesta a los reviews:
Miri-Anath97: ¿y si te digo que aceptaría tu pedida de mano? Pero decidiste anteponer el fic a nuestro amor, así que no me queda más remedio que publicarlo mientras lloro. Estoy encantada de tenerte como lectora, y no te preocupes mujer, no tendrá un final trágico. De hecho me inspiré en la vida de esa gente (Bolena, Enrique VIII, Juana la loca, los Tudor...) para escribir el fic, pero con la diferencia que mis bebés al final serán felices. Un beso enorme!
Lia Primrose: Sinceramente no soy muy partidaria de los fics angst. Digamos que tengo un límite, si el fic supera ese límite... Adiós muy buenas. Y nada de histerias ni teorías conspirativas, acabas de ver que Levi realmente quiere a Eren y no lo va a dejar. Repito, no habrá muertes, así que ya puedes respirar tranquila. Un placer leerte de nuevo :)
Scc Ccu: en la escena final se ve que algo de amor hay. Es cierto que el celo deja a un lado el romanticismo, pero a grandes rasgos, Levi y Eren quieren estar juntos, sienten un cúmulo de sentimientos (amor, dolor, impotencia, rabia...) Gracias por tu review :3
Hbl: La primera pregunta la aclaré en este capítulo, Jean es un noble importante pero tampoco está considerado a la altura de otros como Annie. Y Eren había perdido su honor pero no su título de la realeza. Frieda creyó hacer lo correcto al unirlos. La segunda pregunta... Levi lo dijo en el segundo capítulo, si reclama a Eren, el sacerdote y todos hubieran descubierto que ya no era virgen y que además otro alfa lo había tomado. Inconcebible si tenía que casarse con Jean! Y la tercera... Creo que ambos lo supieron enseguida, se trata de una cuestión de instinto.
Azula Rivaille: Sí, muy prometedor, y algo doloroso ^^'
Guest: Gracias!
EstragonYu: Me encanta tu review :) Que bueno que te gustó tanto, tus palabras me animan para seguir escribiendo, así que muchas gracias! Te mando besos sabor... chocolate (?)
isacoyotl: sufrirán un poquito, pero prometo un final feliz, de corazón!
NiiaOffer: ¿Te sorprendí? ¿Te asusté con la elección de Jean? XD Nadie tiene ni idea de lo que está pasando, pero mientras guste, yo soy feliz :D
