Título: Ricordando il passato
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu
Notas: SPOILERS EP8.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Hipnótica
Tema: 14. ¿Seguro?


Su plan estaba estructurado incluso antes de haberse despegado de Battler, como alguien que despierta de un sueño y se despega del control, la seguridad y la calidez que éste le proporcionan. Quería que Battler se llevara el oro consigo y con su hermana, que tuvieran una vida holgada y lejos de los ojos escrutadores a los que ella tanto temía, pero sin él no tenía otra manera de hundirse. Flotaría inmediatamente, sería arrastrada hasta Niijima y no se operaría ningún cambio en su destino, siempre cruel y expectante.

El peso del lingote de oro resultó reconfortante en cuanto lo tuvo entre los brazos y le fue fácil dejarse caer, dejar ir su vida tan simbólicamente, dejándose envolver por el mar como si fueran brazos, abrazos, amigos. Comenzaron a zumbarle los oídos y en su campo de visión aparecieron puntos blancos, deslumbrantes y dañinos. Los pulmones le ardían y luchó contra su instinto de patalear, de buscar aire. Acabaría pronto, acabaría pronto, se consoló a sí misma, si había soportado tantos mundos llenos de dolor, ¿qué serían unos cuantos segundos en la eternidad?

Sin embargo, su plan tenía una falla y no supo decir, en los escasos segundos de lucidez que tuvo, si lo había hecho a propósito: dejar que Battler escuchara el sonido de su cuerpo al desplomarse, dejar que notara sus intenciones suicidas al momento de besarlo. Battler apareció algunos segundos después, una figura grácil nadando hacia ella, como el príncipe que alguna vez había clamado ser. Lágrimas comenzaron a escapar de sus ojos, aunque pronto se perdieron en el mar. El mundo era todo dolor, todo brillo y aún así, la figura de Battler no se desvanecía, era tan nítida como sus manos cuando se cerraron en torno a su cuerpo y luego se entrelazaron con las suyas para nunca dejarla ir.

—Vivamos juntos —le repitió él—, vivamos.

Su abrazo era tan cálido, no pudo evitar corresponderlo, aunque sabía que no debía.

—Somos de mundos diferentes —todas las palabras se convertían en burbujas, pero ella sabía que él podía escucharla y entenderla mucho más allá de las palabras y el dolor—. Tienes que irte. Vete... Tienes que irte. Eres lo único que me ata a este mundo, ¿lo sabes? Pero no quiero ser lo único que te ate a la muerte. Vive.

Sabía que había ganado cuando su mano se soltó un poco, cada vez más. Eligió las palabras adecuadas para ayudarlo a vivir y no se arrepintió de que él no hubiera hecho lo mismo, hubiese sido imposible de cualquier manera. Aún así, lloró y su vista se nubló, se perdió, se oscureció. Pensó que Battler ya se había ido hasta que de nuevo sintió la presión de sus manos alrededor de su cuerpo, esta vez apretando más fuerte, esta vez mirándola de hito en hito, arriba y abajo, sin dejar de sonreír, como si le gustara lo que veía. Es más de lo que puede pedir, el que él la haya aceptado. Es más de lo que puede pedir y quizás una ilusión, pero le gusta mecerse en ella mientras muere.

—¿Cómo podría haberte dejado escapar? —le susurró él y sabe que es una ilusión, un hechizo, cuando puede escuchar perfectamente sus palabras, imaginarlas aunque su corazón casi se ha detenido—. Eres la Bruja Dorada, sólo para mi.

—Estúpido Battler, estúpido Battler —se sentía tan feliz de tenerlo a su lado, de oír las dulces mentiras que en lugar de convencerla de vivir, la adormecían para la muerte. Buscó sus ojos, aferró la tela de su camisa, se acurrucó en el hueco de su cuello...

—Si lo que deseas es el infierno, entonces debo ir contigo. Si quieres ir a un mundo desolado, te acompañaré... Pero hasta el último momento, serás mía. Yasuda Sayo.

Su verdadero nombre, nunca nadie antes la había llamado así, era la muestra de su total aceptación, de su total entrega, ya no lo dejaría escapar y por cómo él se aferraba a su cuerpo, a los pedazos del vestido agitados por las olas, como si trataran de arrebatárselo, él tampoco tenía ninguna intención de dejarla ir.

—No, nunca, Sayo.

—Nunca —repitió y por primera vez en su vida le pareció bella la palabra, en comparación con el "para siempre" que tanto antes soñaba.

Selló la promesa con un último beso, ya no había más milagros que perseguir, pues todos estaban contenidos en sus brazos y nunca iba a dejarlos ir.

FIN.