Ha pasado un tiempo desde mi última actualización, y no ha sido por falta de inspiración, de hecho tenía perfectamente planificado como seguiría, solo que me faltaba tiempo. Sé que me repito mucho, pero estoy muy contenta por la buena aceptación que ha tenido este fic. Vuestros reviews lo demuestran, y a cada capítulo espero estar a altura. Para que os hagáis una idea, poco a poco se va hinchando el globo (con cada acontecimiento que ocurre) hasta el punto en que este explote. Cuando eso suceda, todo será un caos. Pero prometo ser fiel a mis principios, y a pesar del angst también habrá romance. Gracias por vuestra paciencia!

Shingeki no Kyojin no me pertenece.

Advertencias: omegaverse.


Los golpes y los quejidos de dolor no se hicieron esperar. Contemplando mudo sus rodillas, Eren fingía no oír los gritos de dolor que Jean profería desde el otro lado. Toda acción tenía sus consecuencias, y tomarlo a él por la fuerza era un acto que debía pagar. Pero… ¿Hasta qué punto?

La voz rota de Jean le llegó a los oídos, y se estremeció al escuchar sus súplicas, rogando a Levi que parara. Como supuso, no surtió efecto. Su alfa no cesó de golpearlo. Intentó imaginarse qué imagen ofrecería Jean en esos momentos y se arrepintió enseguida. ¿Y si lo mataba? No era ninguna sorpresa descubrir que algunos alfas perdían momentáneamente el control en una situación determinada y en un arrebato de furia habían matado a su esposa o a su camarada.

Si un soldado, por muy distinguido que fuera, mataba a un noble… Eren no quiso imaginarlo. Tomando una decisión, se levantó de la tina tiritando, salió de ella y recogiendo sus ropas, se cubrió el cuerpo con la primera capa que consistía en una blusa de manga larga que le llegaba hasta las rodillas. Sin nada más, corrió y abrió la puerta del baño para encontrarse una escena de lo más estremecedora.

Levi de espaldas a él, tenía puesto un pie sobre el pecho de Jean que yacía en el suelo con la boca ensangrentada y un ojo cerrado. Pudo ver cómo su alfa le cortaba la respiración presionando su pie contra sus costillas. Jean gemía y levantaba una mano en señal de que se detuviera. Eren comprobó sobrecogido que la mano la tenía torcida.

—¡Basta, Levi! ¡Ya es suficiente! —exclamó el omega abrazando a Levi por detrás.

Este lo ignoró completamente.

—Te lo advertí Kirstein, si tocabas a mi omega, eras hombre muerto.

Jean balbuceó algo incomprensible.

Con una expresión de puro odio, alzó la pierna y le propinó una patada que le hizo saltar un diente.

—¡Para, por favor! ¡Jean no me ha marcado! —le recordó mientras trataba en vano de alejarlo de él.

Levi se paró en seco y tras unos segundos, se volteó y observó a Eren con las facciones crispadas y los labios fruncidos.

"Mierda, está muy furioso".

—No quiero volver a oírte, Eren. Este pedazo de basura quería marcarte, no merece otra cosa que morir.

La seriedad con que lo dijo no dejaba lugar a dudas. Levi iba muy en serio. Alarmado, Eren buscó desesperadamente algo que hiciera recapacitar al alfa de cometer una locura. Hablar con él era inútil, y su único recurso era… Definitivamente no era una buena idea, pero no le quedaba opción. No justificaba las acciones de Jean, pero tampoco quería verlo muerto, ni ser testigo de las represalias que se llevarían a cabo contra Levi. Aprovechando su altura, hundió su rostro en el cuello de su alfa y presionó su cuerpo al tiempo que desprendía toda su aroma, envolviéndolo en una cálida y relajante atmósfera. Sus instintos salieron a flote, apaciguando la ira que emanaba de Levi.

"Por favor, que funcione".

Este sintió un escalofrío, su omega le estaba debilitando para que no matara a ese infeliz. Su aroma se filtraba por sus fosas, logrando que el deseo de matar disminuyera poco a poco.

—Eren, no…

—Por favor, no lo hagas.

Levi aún tenía mucha ira acumulada, Jean no había recibido ni la mitad de su merecido, debía pagar más por su insolencia. Su autoría había quedado en entredicho. Quizás matarlo no, pero sí dejarlo incapacitado de por vida. Un alfa sin fuerza, un alfa sin dientes, sin huesos en las piernas, sin ojos… Sacando un cuchillo que llevaba siempre escondido en su cintura, lo alzó sin vacilación.

—¡NO! ¡TE LO RUEGO, LEVI! ¡DETÉNTE!

—¡ESTA ESCORIA QUISO MARCARTE! —gritó abalanzándose hacia Jean.

—¡PERO NO LO HIZO! —replicó Eren sujetándolo con todas sus fuerzas.

Levi sintió una oleada de ira, esta vez dirigida a su omega.

—¿Estás defendiendo esta basura? —preguntó volviendo a encarar a Eren—. ¡CONTESTA!

El omega tembló de miedo. Quería hacerse pequeño, encogerse y ocultarse tras sus brazos para protegerse. No quería hacer enfadar su alfa, ni oírle gritar, pero se recordó que él era el único capaz de calmarlo. Negándose a retroceder o pedir perdón, reunió el valor que pudo en una situación como esa.

—Solo te pido que no le mates. Ya es suficiente. Jean no volverá a hacerlo.

Justo en el preciso instante en que Levi le iba a dar el último golpe, Marco irrumpió en la instancia y durante unos segundos, el tiempo pareció detenerse. La presencia del alfa con el cuchillo alzado le dejó sin aliento, pero nada le preparó para ser testigo de lo que vería a continuación.

—¡JEAN! —exclamó Marco horrorizado.

Arrodillándose a su lado, recostó la cabeza del alfa contra su brazo y con la mano izquierda hizo a un lado la sangre que resbalaba de sus labios.

—¡Jean!… ¿Me oyes? Soy yo, Marco —dijo el omega con voz suave.

El alfa emitió un gemido que podría interpretarse como una afirmación. Marco le acarició el rostro y con lágrimas en los ojos, se volteó hacia Levi, cuyo cuchillo descendía lentamente.

—¡¿Por qué lo has hecho?! ¡¿Por qué?!

Para Levi hubiera sido de lo más fácil apartar al omega y ordenarle que no interfiriera en algo que no le incumbía, pero enseguida comprendió que aquel chico tenía un vínculo muy fuerte con Kirstein. Sin embargo, su sed de sangre seguía latente, sin señal de apagarse.

—Tu alfa quiso tomar mi omega, y por ello está pagando.

Eren no se atrevió a mirar a Marco a la cara. A pesar de ser él la víctima, un fuerte sentimiento de culpabilidad le mortificaba en ese instante. Jean, por su parte, tampoco osó hacer contacto visual con su omega. Ahogando el llanto, apretó los puños, impotente y devastado. El dolor físico no era nada comparado con el dolor de haber estado a punto de romper el vínculo que le unía con Marco.

Con algo de brusquedad, Levi se desprendió del abrazo que lo mantenía sujeto. Estaba furioso con todos, y conociendo su temperamento, no tardaría en hacer alguna locura. Era un alfa, pero fuera de la guerra siempre conservaba la mente fría. Y sobre todo no quería hacer daño a Eren por no ser capaz de controlar sus emociones.

—La muerte te alcanzará en el campo de batalla —sentenció con el odio cubriendo sus facciones.

Tanto Eren como Marco intercambiaron una mirada de desconcierto. Y antes de que el castaño dijera o hiciera algo, Levi abandonó el aposento.

—Avisaré a Hange —anunció Marco tras un breve silencio—. Eren, por favor… quédate con Jean hasta que vuelva.

Eren asintió una vez.

—¿Qué…? ¿Qué ha querido decir con eso? —inquirió Eren refiriéndose a las palabras de Levi.

Jean trató de levantarse, inmediatamente el omega le ayudó. Colocándose a su lado, tomó su brazo derecho y lo cargó sobre su hombro. Por fortuna, Levi no le había roto las piernas. Aun así, con gran dificultad alcanzaron el lecho y con sumo cuidado, Eren lo sentó encima del colchón.

Examinándolo atentamente, creyó conveniente quitarle la ropa y comprobar sus heridas.

—Pronto me iré —murmuró Jean con la boca llena de sangre.

—¿Eh? ¿Qué quieres decir? —preguntó Eren desabrochándole los botones de la túnica.

—Sino vuelvo, prométeme que ningún alfa le hará daño a Marco.

—Es mejor que no hables —aconsejó Eren con un nudo en la garganta—. No hagas esfuerzos.

—Por favor, Eren. Prométemelo —repitió Jean alzando la voz—. Él… es todo lo que tengo.

—Lo… Lo prometo —respondió el omega afligido.

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Dos días después, a Eren le llegó una carta de su amiga Mikasa. Antes de abrirla, sospechó del contenido de esta. Con un gran pesar cayendo sobre sus hombros, sacó la carta del sobre y se dispuso a leerla.

Querido Eren

Es posible que ya estés al corriente de la noticia, pero por si aún no lo sabes, dentro de pocos días, me veré obligada a unirme al ejército de Sina. La reina Frieda ha convocado a todos los alfas mayores de quince años para prepararnos para la guerra contra Rose. A diferencia de Armin, la lucha no es algo que me preocupe. Si tengo que luchar, lucharé. No le tengo miedo a la muerte, pero siempre que os tenga a ti y a Armin, regresaré sin falta.

Nadie sabe con certeza cuando dará comienzo la guerra, ni quien atacará primero. Por eso el ejército quiere entrenarnos cuanto antes. Quizás podamos vernos en alguna ocasión antes de que sea demasiado tarde. De todos modos, te escribiré cada semana si es necesario.

Imagino que estos días no han sido fáciles para ti, y me hierve la sangre al pensar que ese alfa te ha tomado sin tu consentimiento. Desde donde estoy no puedo protegerte, por eso te pido que seas fuerte.

Recuerda; este mundo es cruel, pero también hermoso.

Te quiere mucho,

Mikasa.

Eren se tomó su tiempo para comprender las palabras de su amiga. Si era cierto que se avecinaba una guerra contra el reino de Rose, la amenaza de Levi a Jean no era ninguna tontería. Se le encogió el corazón al recordar las palabras de Kirstein haciéndole prometer que cuidaría de Marco. Seguramente Levi también partiría tarde o temprano. Las cosas no podían ir a peor. Cogiendo un trozo de pergamino y una pluma, se dispuso a escribirle una respuesta.

Querida Mikasa,

Estos días aquí en el castillo no han sido tan horribles como los primeros. Jean detestaba nuestra unión tanto como yo, y no me marcó la noche de bodas, tampoco los días siguientes. A penas hablamos, y solamente coincidimos por la noche, cuando dormimos en la misma cama. Ahora que estoy casado, tengo a dos omegas que se encargan de atenderme y servirme, se llaman Mina y Nifa, y son muy buenas. Los días transcurren aburridos, tengo una rutina asignada para cada día y aunque podría ser peor, a veces siento la necesidad de ir a los establos, tomar un caballo y galopar hasta perderme por los vastos e infinitos campos que se extienden más allá de Sina.

Pero ante la inminente guerra que se aproxima como la niebla, me temo que será imposible. Lamento que te hayan involucrado en una guerra que nada tiene que ver contigo. Siempre fuiste una alfa fuerte que nos protegía a mí y a Armin, y daría lo que fuera por que volvieran esos tiempos, pero desafortunadamente no podemos detener el transcurso del tiempo.

Ojalá podamos vernos como dices, yo permaneceré en el castillo y aguardaré por ti.

Te quiere mucho,

Eren.

El omega releyó su carta y decidió no añadir nada más. Le dolía ocultarle hechos tales como haber encontrado a su alfa, o la casi violación de Jean, mas no se veía preparado para contarle todo eso. Si se lo decía, se presentaría en Sina y armaría un buen escándalo. Y suficientes dolores de cabeza tenía ya Eren como para encima añadirle uno nuevo.

Por el momento, Mikasa viviría en la ignorancia.

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Si Levi creía que el día no podía ir a peor, se equivocaba. Para desgracia suya, Kenny quería hablar con él, y era bien sabido que reunirse con su tío solo traía malas noticias. Aguardando en una taberna, se abstuvo de pedir nada; las mesas eran el reflejo de lo pulido que era el local. De brazos cruzados y con expresión estoica, escuchaba el bullicio del gentío que bebía; la mayoría de ellos simples borrachos o soldados de baja categoría.

Nadie se acercó a él, y por su propio bien no debían hacerlo. Levi no toleraba su presencia; en general, había pocas personas a las que toleraba, pero, en definitiva, aquella chusma no lo era. Mucho tenía que ver su reputación, la cual había forjado desde pequeño.

Nadie quería tener problemas con un Ackerman.

Kenny acudió al encuentro fuera de tiempo, abriéndose paso entre los bebedores sigilosamente y procurando no tocarse con ninguno de ellos. Visualizó a su sobrino en una mesa en la que hubiesen cabido cuatro personas perfectamente; pero que solo él ocupaba. Sin saludarle, se sentó en el extremo opuesto haciendo chirriar la silla de madera.

—Esto no te gustará –advirtió desde un comienzo.

—No esperaba otra cosa –respondió inexpresivamente.

—Nuestro linaje está decayendo. Ya solo quedamos tú y yo.

—Hay otros –mencionó Levi indiferente. No era una novedad que el linaje de los Ackerman se hubiera casi extinguido. Pero poco le importaba e él.

—No sabemos dónde se encuentran. Quizás ya estén muertos.

—Vivirán escondidos.

—No veo la diferencia –replicó Kenny con desdén.

El paradero de la otra familia Ackerman era todo un misterio. Lo último que se supo es que veinte años atrás, un hombre con el apellido Ackerman había huido a las montañas y desde entonces que no se supo nada más de él. Considerando que dicho linaje había mantenido estrechas relaciones con la monarquía y luchado en su nombre incontables veces, muchos consideraron el acto de aquel hombre como la mayor traición hacia el reino.

Kenny no parecía tener interés en servir a su rey, pero por motivos que nadie conocía cambió de opinión y sirvió y protegió durante años al anterior rey ya fallecido, Uri Reiss. Su falta de descendencia, hizo que su hermano Rod, tomara el poder. Kenny se negó a seguir sirviendo un rey que no fuera Uri y abandonó la corte. Aun así, su poder e influencia no desaparecieron, pero su popularidad cayó en picado.

Levi se unió al ejército con quince años, no por honor ni deber, sino más bien por tener un plato de comida diario. Sin proponérselo, había llegado más lejos que ningún otro hombre y ahora era considerado el soldado más fuerte de todo el continente.

—Nos hacemos viejos, y apuesto a que los años empiezan a pesarte a ti también –dijo Kenny intentando sonar nostálgico—. La vida es más corta de lo que parece.

—¿Qué te traes entre manos? –preguntó Levi desconfiado.

—¡Oh! Nada, solo pequeños acuerdos –contestó sonriendo.

—¿Qué tipo de acuerdos? –insistió sin bajar la guardia. Algo de todo eso no le gustaba.

—Un acuerdo que nos beneficiará mucho –explicó complacido. Parecía disfrutar de la ignorancia de su sobrino, o quizás fuera porque él era quien tenía la potestad—. ¿No crees que ya es hora de que engendres un heredero?

—Maldito bastardo –escupió levantándose de la mesa—. ¡Te mataré!

Lo que sucedió a continuación era algo muy común en sitios de baja categoría; una pelea era un acontecimiento que se repetía por lo menos cinco veces en un día. Pero esta vez no se trataba de burdos borrachos; eran dos Ackermans peleando. La mesa cayó al suelo con estrepito, con ira, Levi agarró a su tío y lo estampó contra la barra, propinándole una serie de golpes consecutivos. Kenny tomó una de las jarras de cerveza que había encima de la barra y la estrelló contra el lado izquierdo de la cabeza de su sobrino. Aturdido por el impacto, Levi parpadeó y se tambaleó hacia atrás. Aprovechando su oportunidad, Kenny le dio una patada en el costado, ocasionado que Levi casi cayera al suelo. Sujetándose en el respaldo de la silla que hacía tan solo unos segundos ocupaba, se recompuso aun con el fuerte dolor de cabeza.

Los clientes y el propio tabernero no osaron intervenir. Temerosos de que algún golpe les llegara a ellos, se alejaron de su posición y formaron un grupo abultado al fondo de todo. El tabernero tuvo que agacharse detrás de la barra, pues Levi acababa de lanzarle una silla a Kenny. Este se cubrió con el brazo, pues no le había dado tiempo a esquivarla. La silla cayó al suelo con estrepito y Kenny le dio una patada para apartarla de su camino.

Por mucho que le gustara pelearse, aquella disputa no tenía ni pies ni cabeza. Su sobrino a veces podía ser muy violento y letal —algo de lo que se enorgullecía—, pero también podía ocasionar más de un problema.

Abalanzándose hacia él, recibió un golpe brutal en las costillas, mas ignoró el dolor y tomándolo por la cabeza, se la estampó contra la mesa. Levi soltó un quejido para seguidamente dejarse caer al suelo. Se sentía de lo más mareado y todo a su alrededor se había vuelto borroso. Había perdido esa pelea.

—Mañana te presentarás ante tu futura esposa –dijo Kenny a modo de despedida.

Lleno de ira, Levi palpó la mesa y lanzó otra jarra de cerveza, pero esta dio contra la pared. La puerta de la taberna se cerró y un silencio sepulcral se apoderó del antro. Nadie se movió ni dijo nada, a excepción de los quejidos del tabernero que contemplaba horrorizado su taberna hecha pedazos.

Jurando que mataría a Kenny tarde o temprano, salió con un tremendo dolor de cabeza y todas las miradas puestas en él.

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En el ya conocido refugio de la beta Hange, Jean mordía con fuerza un paño húmedo mientras la médico tenía sujeta su mano derecha y con mucha precisión recompuso los huesos dislocados. Respirando entrecortadamente; el alfa ahogó un grito. El sudor caía por su frente y pese a que muchas de sus heridas ya habían sido atendidas por Hange, su aspecto seguía siendo lamentable.

En cuanto lo vio entrar por la puerta casi arrastras y con Marco de soporte, supo que algo malo había sucedido. Rápidamente hizo un hueco en su mesa, y con la ayuda del omega lo puso bocarriba. Con un simple vistazo, comprendió la gravedad de sus lesiones; solo un alfa podía haberlo hecho. No obstante, Hange seguía un estricto código, y jamás preguntaba, solo se limitaba a hacer su trabajo.

Marco contemplaba la escena desde la distancia, sin saber muy bien si intervenir o no.

—Puedes irte, Marco. Yo me encargo.

Vacilante, el omega miró a Jean que seguía escupiendo sangre. Una parte de él quería ir a socorrerle, ayudarle, reconfortarle… Mas recordaba claramente lo dicho por Levi, como un mantra que se repetía una y otra vez sin pausa.

"Tu alfa quiso tomar mi omega, y por ello está pagando".

Quería llorar de rabia, de impotencia, de dolor… Desahogarse y derramar todas sus lágrimas, pero ni siquiera se permitió darse ese lujo. Llorar no entraba en sus obligaciones como criado.

—Me retiro, entonces. Confío en usted, Hange —se despidió Marco con toda la profesionalidad que pudo.

Jean apoyó su brazo derecho sobre la mesa para intentar levantarse, pero Hange se lo impidió.

—No te muevas —reprendió la beta con dureza.

—Marco…

—Ya se ha ido.

Un lamento escapó de los labios del alfa. El cúmulo de pensamientos que estaban teniendo lugar en su mente, iban a volverle loco.

"Mi propio omega me detesta. Maldita seas… ¿Por qué yo? ¿Por qué no le desgraciaron la vida a otro?

El dolor emocional se le unía al dolor físico, el cual era casi tan insoportable como el primero. Algunos huesos los tenía rotos, y Hange no podía simplemente recolocarlos.

—Esto va a doler —advirtió con el ceño fruncido—. Será mejor que prepare primero un sedante.

—¿Un qué? —preguntó Jean jadeando y sin poder alzar el rostro.

Hange se alejó de la mesa y se dirigió a los armarios superiores en busca de los componentes necesarios.

—Es como una droga —explicó abriendo los armarios y leyendo las etiquetas de los frascos—, adormece el cuerpo y disminuye el grado de dolor… No es mucho, pero es mejor que abrirte en canal el pecho estando del todo consciente.

—Genial.

Con destreza y agilidad, Hange reunió todos los ingredientes y con un mortero, aplastó las hierbas y las mezcló con una masa viscosa y gris. Jean gimoteaba detrás suyo, si bien era un alfa y su resistencia era mayor que la de un beta, el dolor infligido por ese alfa sobrepasaba todos sus límites.

—Estarás despierto cuando te haga la incisión, pero es posible que te desmayes si tu cuerpo no soporta el dolor —prosiguió Hange removiendo la masa espesa—, aun así, esperaremos una media hora para que haga efecto el sedante.

El alfa no protestó. Llevándose una mano a sus costillas, compuso una mueca. No cabía duda de que le había roto más de una costilla y Hange pretendía abrirle para recomponerlas… Casi era mejor desmayarse y no enterarse de nada. La beta terminó el sedante y acercándose a Jean, hizo que lo bebiera todo. El sabor era muy amargo y por poco Jean no lo vomitó, pero se obligó a retenerlo. Por muy desagradable que fuera, no tenía opción.

Mientras Hange preparaba los utensilios para la cirugía, alguien llamó a su puerta dos veces. Volteando el rostro, puso mala cara. Quien quiera que fuera, no era un buen momento; estaba muy ocupada y necesitaba plena concentración en su paciente.

—Señorita Hange, soy yo, Petra —dijo una voz tímida.

Deliberando durante unos segundos, Hange finalmente le cedió la entrada.

—Puedes pasar.

Una figura pequeña y delgada asomó la cabeza detrás la puerta. La beta le indicó que se apresurara y cerrara la puerta. Esta así lo hizo; se trataba de una omega ya marcada. Avanzando con pasos vacilantes, contempló el alfa echado sobre la mesa y por un segundo se preguntó si estaba vivo. Rápidamente se percató de que este respiraba, aunque con gran dificultad.

—No dispongo de mucho tiempo.

—No se preocupe, no le robaré ni cinco minutos de su tiempo —le aseguró un poco cohibida.

Hange asintió y empezó a desinfectar los utensilios para la cirugía con alcohol puro.

—Verá… Necesito otro de sus brebajes.

Su petición no le pilló por sorpresa, pero no le pareció buena idea.

—Eres consciente de que ya has tomado ese brebaje cuatro veces… Si sigues así, puede perjudicar gravemente tu salud.

—¡Lo sé! —exclamó Petra nerviosa—. Pero es el único remedio…

—¿Han vuelto a comprometerte? —adivinó Hange.

Petra desvió la mirada.

—Mi padre me lo ha dicho esta mañana. Al parecer… como no tuve ningún heredero con Auroro, quiere que vuelva a casarme.

—Es algo lógico teniendo en cuenta que eres una omega —dijo depositando los utensilios ya limpios en una azafata de plata.

—¡Pero yo no quiero ningún hijo! Por eso yo…

—El brebaje altera completamente tu ciclo reproductivo, y la repetición consecutiva de ese proceso puede dejarte estéril. No es algo recomendable.

—Conozco sus efectos, son espantosos y el sangrado me debilita durante días, pero… no quiero tener hijos —expresó con lágrimas en los ojos.

—Como médico recomiendo que no lo bebas más, como beta y amiga te aconsejo que aceptes de una vez que tarde o temprano tendrás que engendrar un hijo.

Petra luchaba por que sus lágrimas no escapasen de sus ojos, apretando los puños con rabia, habló con voz temblorosa pero clara.

—Si existe una posibilidad de evitar ese suceso, la aprovecharé cueste lo que cueste.

Hange la miró con lástima. Terminando su tarea, guardó el frasco de alcohol y suspiró.

—¿Quién es tu prometido?

—Levi, Levi Ackerman —respondió en voz neutral.

—Que caprichoso es el destino —comentó yendo hacia otro de sus armarios.

—¿Por qué lo dice? —preguntó Petra confusa.

Rebuscando entre los cajones, Hange no encontró lo que buscaba. Chasqueando la lengua, se agachó y sacando varios remedios, dio con uno de los brebajes que preparó hace semanas. Levantándose, se lo mostró a la omega.

—Esto es lo único que puedo darte. Mis brebajes se han acabado y no tengo tiempo para prepararte uno nuevo. Este de aquí no es como los que te tomaste, sus efectos no están controlados y lo hice a modo de prueba.

—No importa, si eso impide que quede embarazada.

—Tómalo dos horas antes de consumar el acto —informó entregándoselo.

Petra lo recibió y lo estrechó contra su pecho.

—Levi es un soldado, así que estará muy ocupado librando batallas, con suerte no tendré que tomar muchos de estos —murmuró para sí misma.

Hange no lo veía tan claro, pero mientras no peligrara su vida, no podía negarse. El mayor de los desastres es que Petra quedara estéril. No obstante, un omega estéril no era algo bien recibido.

—Gracias, señorita Hange —dijo haciendo una reverencia.

Más que satisfecha, abandonó la alcoba cerrando la puerta tras de si. No podía evitar que un alfa la marcara, pero sí engendrar un hijo. No permitiría que ningún alfa le condenara a una vida dedicada a cuidar a sus herederos. Jamás.

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Horas después, el padre de Petra la visitó en sus aposentos y le informó que debía acompañarle para conocer a su futuro marido. Sin decir nada, la omega cesó de peinarse y observándose en el espejo de su tocador, quiso llorar. Odiaba su rostro, odiaba sus ropas, y odiaba todo lo que tuviera que ver con ella.

Con solemnidad, se levantó de la silla y siguió a su padre con la cabeza agachada. No quería enfurecer a su padre, le quería mucho, por lo que acostumbraba a comportarse como una omega ejemplar delante suyo. Recorrieron los pasillos del castillo en silencio hasta llegar a una de las cámaras reservadas para reuniones importantes. Abriendo la puerta, advirtieron enseguida la presencia de Levi, recostado en el alfiler de una de las ventanas.

—Capitán Levi, le presento a mi hija Petra Ral —anunció el señor Ral con orgullo.

—Sé quién es —replicó Levi en tono gélido.

La omega no le miró ni le saludó.

—Será mejor que os deje a solas.

Una vez la puerta se cerró, ni uno ni el otro intercambiaron palabra. Petra ni tan siquiera se molestó en levantar la mirada de su regazo. No era necesaria ninguna presentación, conocía de sobra a Levi, su marido ya fallecido le había contado un sinfín de historias, todas relacionadas con las proezas de ese alfa. También había asegurado que él era el mejor soldado después de Levi, su mano derecha; Petra no estuvo tan segura de eso último, y solía ponerlo en duda.

La muerte de Auroro no le procuró ni tristeza ni felicidad. Su matrimonio tampoco le aportó nada que no fuera resignación. Auroro, a pesar de su petulancia y arrogancia mal interpretadas, fue un buen hombre. Y mirando de reojo el perfil estoico de Levi, Petra tuvo la certeza de que ese nuevo matrimonio sería exactamente igual que el anterior. Quizás más frío y distante.

—Menudo día de mierda —escupió Levi.

Petra no pudo estar más de acuerdo.

—Abandona la corte tú que puedes —le sugirió con un matiz de envidia en su voz.

Levi jamás se había planteado ni por un momento abandonar el reino de Sina. Era un soldado, y como tal, solo obedecía órdenes. Pero en una semana todo había cambiado por completo. Tener a su omega en la corte dificultaba mucho las cosas, y él no podía vigilarlo día y noche. Y por si eso no era suficiente, ahora tenía la obligación de engendrar un heredero con una omega a la que apenas conocía. Hubiera preferido mil veces enfrentarse a todo un ejército que afrontar la perspectiva de contraer matrimonio.

"¿Y ahora qué se supone que debo hacer?"

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Respuesta a los reviews:

Scc Ccu: casi todos los omegas son marcados a la fuerza, dado que sus matrimonios son concertados y ellos no eligen a su pareja. Es algo triste, pero es la realidad de mi fic. Tampoco hay que culpar a Jean, mi intención aquí es hacer ver, que en este momento nadie es feliz con su vida. Nadie está con su pareja destinada, y son obligados a unirse con extraños. No quiero que haya ni buenos ni malos, simplemente personajes con conflictos internos, que pueden caer mejor o no, eso ya depende de cada uno. Gracias por tu review!

Naancii: no, no habrá ErenxJean. No volverán a compartir una escena parecida a la que leíste, ni tampoco tendrán hijos ni nada. Este fic es puramente Riren, aunque tendrás que esperar un poco para el smut.

YesOffer: En un principio quería incluir la primera escena de este capítulo en el anterior, soy mala y decidí dejaros con la intriga. No puedo desvelar nada acerca de Erwin y Armin, pero también tendrá su dosis pequeña de angst. Y respecto a Jean, temía que la gente no reaccionara bien con su intento de tomar a Eren por la fuerza, pero me alegro que os haya parecido bien. Un alfa, a fin de cuentas, sigue siendo un alfa. No puede luchar contra sus instintos.

Xochilt Oda: precisamente esa es mi intención, que sintáis y comprendáis a los personajes. Tanto uno como otro están sufriendo y nada es justo para ellos, así que estoy muy feliz de haber logrado lo que quería :) Espero cumplir tus expectativas, y gracias a ti por leer y comentar!

SeleneAka: Levi en efecto le partió la cara y otras partes del cuerpo, puede ser un alfa muy atento con Eren, pero no hay que olvidar que un alfa también es violento. Siento haber tardado tanto en actualizar (me disculpo con una reverencia) ^^'

YupinaBL: Para mí también es mi favorito, aunque a decir verdad, todos me gustan jejeje

Bossenbroek: Reconozco que fue un capítulo que quería escribir desde hacía mucho y temía que no gustara, pero al parecer, no fue así. No sabéis como me alegro! Jamás hubiera permitido que Jean marcara a Eren, Eren es solo de Levi! Gracias a ti por comentar!

HeartInvalid: reconozco que la escena de la tina fue mi favorita. Amé escribirla. Levi es un amor con Eren, pero si le hacen enojar, mejor huye! A veces suelo poner a Eren demasiado uke pero que bueno que te gusta tanto ^^ Un abrazo enorme -inserte corazón-.

Kouketsuna: en este fic Levi cuida de Eren pero eso no quita que sea posesivo y violento. Y ya hemos visto como estaba dispuesto a matar a Jean. Es un fic con muchos sentimientos y casi todos se guían por sus impulsos.

Lia Primrose: no quiero poner a Jean como el alfa "malo", él también lo está pasando mal como bien dijiste, y en el fondo detesta que lo hayan emparejado con Eren. Pero no deja de ser un alfa, y la presión de la sociedad ha sido demasiado. Un alfa que no toma a su omega, es una deshonra muy grande. Cualquiera en su lugar hubiera hecho lo mismo. No hay que culparlo duramente. Eren no terminó de ceder porque el lazo que le une a Levi es muy fuerte y persistía pese al olor de Jean. Pero puedo asegurar que si Jean no hubiese tenido que irse, lo hubiera marcado y Eren hubiera sucumbido finalmente (en contra de su voluntad claro). Mi intención es que aquí Levi sea un amor con Eren, pero eso no impide partirle la cara a Jean y por poco matarlo! Tu presentimiento era acertado! Levi se casará con Petra! Pero prometo, como tú dices, que todo va a ser hermoso (bueno quizás no todo, pero si la relación entre Levi y Eren). Mil gracias por tu hermoso review, ¿he dicho ya que amo tus reviews? Es un placer leer de ti!

kami no musme XD: Jean no está loco, solo que es alfa (?) jejeje Habrá angst, pero siempre intento compensarlo con un poco de amor. Gracias por tu review, un beso enorme!

LisGonzlez: suponías bien respecto a Levi. Casi mata al pobre Jean! Espero que hayas disfrutado de esta actualización!

dteufel: me hace muy feliz que te esté gustando tanto mi fic :) Y retomando lo que dije al principio del capítulo, en mis notas, que hay un globo que va hinchándose cada vez más... Tiene mucho que ver cuando dices que "todo lo que puede salir mal". Pero tendrás que esperar para saber.. Levi no cambiará, en mi fic es un alfa que protege a su omega y eso sí tengo muy claro que no lo cambiaré por NADA. Gracias por tus palabras, es un placer escribir para vosotros!