Esta vez he actualizado un poco antes que el capítulo anterior. No me gusta dejaros en suspense demasiado tiempo así que he hecho un sprint y en pocos días lo redacté entero. Es un capítulo en el que ocurren cosas importantes que más tarde repercutirán en la trama. A medida que avanza, habrá mucha acción. No quiero adelantaros nada, pero la mayor parte estará centrada en Eren. En las próximas actualizaciones me será inevitable incluir spoilers del manga, pero supongo que la mayoría ya estaréis al corriente de ciertos parentescos familiares, lo cual me viene excelente para desarrollar el conflicto principal. Sin más, me despido de vosotros, y como siempre espero que disfrutéis del capítulo. Muchos besos!
Shingeki no Kyojin no me pertenece.
Advertencia: omegaverse.
La corte Fritz celebraba el sexagésimo aniversario del rey alzando sus copas de vino al grito de:
—¡Por Rose!
Alto, con pelo canoso y barba, el rey vació su copa de un solo trago. Pese a su avanzada edad, se le veía en plena forma. Prueba de ello era la vitalidad que irradiaba frente a sus súbditos, incitándoles a que comieran y bebieran sin reparos. Su vivacidad pronto se contagió entre los presentes, quienes reían a carcajadas y se enorgullecían del poder de su reino. Ninguno de ellos sospechaba del espantoso acontecimiento que daría lugar en breves momentos en ese mismo banquete.
—Mis espías me han informado que el hijo de Grisha se encuentra en Sina, aparentemente casado con un alfa de bajo prestigio —le susurró Zeke a su madre.
—Haz el favor de decirles a tus espías que empleen mejor su tiempo. Ese niño no nos interesa —replicó Dina sin desviar los ojos del rey que en aquel momento se acercaba un plato de sopa.
—Pero es de sangre real, puede suponer un contratiempo en nues...
—Si como bien has dicho, está casado con un alfa de poco prestigio, entonces no veo el problema —le interrumpió Dina—. Frieda pensó lo mismo, por eso obligó a los Jaeger a entregarlo a la corte de Sina. Ese pobre infeliz jamás heredará el poder.
Zeke no protestó. De pie junto a su madre, observaba el banquete sin interferir, no parecían interesados en entablar conversaciones con los otros nobles. Por sus expresiones, las cuales se mezclaba el aburrimiento y la altivez, se deducía que se creían superiores al resto que se encontraba demasiado ocupado bebiendo y charlando animadamente como para reparar en ellos dos.
Solamente el sacerdote, situado en el otro extremo de la mesa, permanecía callado y atento a los movimientos del rey.
De repente, el rey profirió una exclamación, alzando la cuchara de madera y elogiando el sabor de la sopa. Todos rieron ante el comentario, divertidos por la actitud de su monarca. Zeke y Dina aguardaron pacientemente, impasibles pero expectantes. Su objetivo estaba a punto cumplirse.
El rey tomó otras dos cucharadas de sopa, no obstante, su rostro cambió de improvisto. Su alegría fue reemplazada rápidamente por una expresión de seriedad, que luego derivó en una mueca. Tosiendo, la cuchara se le resbaló de la mano. Los nobles que se hallaban a su lado lo sujetaron por los brazos, evitando así que cayera al suelo. Las risas cesaron de inmediato y cada uno de los invitados observaba al rey inquieto.
—Ve, ahora —le indicó Dina a su hijo.
Este asintió y aprovechando que nadie reparaba en él, salió de la sala a grandes zancadas y decidido. Entretanto, Dina se limitó a contemplar con arrogancia la lucha agonizante de su hermano por respirar.
Zeke salió al exterior del castillo y tomó el camino que llevaba hasta la iglesia. Según lo habían planeado, el arzobispo se encontraría ahí.
—El rey ha sido envenenado, no le queda mucho tiempo. Como arzobispo de Rose, usted es el único que puede nombrar a otro rey —informó con rapidez.
El arzobispo, un hombre mayor, rollizo y casi sin cuello, aún vestía las ropas que usaba para oficiar misa. Este no se alarmó ni se sorprendió ante la noticia de la inminente muerte del monarca.
—Otorgarás poder y riqueza a la iglesia.
—Lo haré —prometió arrodillándose.
El arzobispo hizo la señal de la cruz y solemne, declaró el nuevo rey de Rose en aquella solitaria sacristía. Ante su nombramiento, las facciones de Zeke se tornaron grotescas y ávidas de venganza.
"Grisha, tú serás el primero en morir".
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A primera hora de la mañana Nifa y Carolina recorrían el castillo de arriba a abajo en busca del omega Eren Kirstein. No se explicaban cómo había desaparecido tan repentinamente, puesto que la noche anterior lo despidieron con una reverencia a la hora de acostarse. El sentimiento de angustia crecía a medida que transcurrían los minutos, ninguno de los interrogados sabía de su paradero, ni siquiera sus amigos más cercanos. Pero lejos de alarmarse ellos también, le restaron importancia.
Eren no podía irse sin más, le gustara o no, sus padres y Frieda habían firmado un pacto que, en caso de romperse, las consecuencias serían extremadamente severas para ambos.
Tras una búsqueda exhaustiva, las dos damas acudieron a Hange; pensaron que quizás Eren estaría aún preocupado por el estado de salud de su marido y por esa razón, aparcó sus tareas de omega casado para hacer compañía a Jean. Tanto Nifa como Carolina desconocían la historia que se escondía detrás de esa brutal agresión. Ni Eren ni Marco habían comentaron nada al respecto, simplemente lo llamaron "peleas de alfas". Asustadas, las dos omegas sugirieron avisar a Frieda de ese suceso tan atroz, mas su propuesta no dio lugar.
En primer lugar, si informaban a la reina de esa "pelea", inevitablemente se hubieran visto obligados a contar la verdad, o una mentira muy bien cimentada. Explicarle la verdad era una realidad que no se contemplaba ni por asomo y, por otra parte, inventarse una mentira requería de gran agudeza para hacerla verosímil a los ojos de Frieda, y ni Eren ni Marco querían arriesgarse.
La agresión hacia Jean pasaría como un hecho aislado sin mayor relevancia.
Sin mencionar entre ellas los hechos acontecidos días antes, Nifa y Carolina tenían la seguridad de encontrar a Eren en el refugio, era el último sitio donde registrar; tenía que estar ahí. Pero una vez más, fallaron en su deducción.
Sin rendirse todavía, interrumpieron la lectura de Hange, y a pesar de ser una beta, la trataron con el mismo respeto que los alfas.
—Sentimos profundamente incordiarla señorita Hange, pero nos gustaría saber si usted sabe algo acerca del paradero de Eren Kirstein –pidió Carolina
—¿Eren? –cuestionó esta alzando sus ojos del libro—. Hace días que no viene a verme. ¿Ha ocurrido algo?
—No lo encontramos por ningún lado —respondió Nifa preocupada.
—Vaya… —Hange se acomodó los lentes y unió sus manos en un gesto reflexivo. Conocía al muchacho desde hacía meses y averiguar una posible explicación que justificara su ausencia no le llevó mucho tiempo—. Creo que hoy será mejor no molestarle.
—¡Pero señorita Hange...! –exclamó Carolina.
—Hacedme caso. Si mi opinión es acertada, Eren querrá estar solo.
—¿Por qué? –preguntó Nifa curiosa.
—Eso no es algo que yo deba deciros –aclaró la médico retomando su lectura.
Las dos omegas se miraron acongojadas. Ellas eran sus damas de compañía, su deber era atender y cuidar de su señor. Y pese a que el interrogatorio había sido dado por finalizado, no se movieron de sus sitios.
—Estará bien –afirmó la beta despreocupada—. Dentro de sus posibilidades.
Era cierto que ellas no tenían la confianza que Hange tenía con Eren, pero esa muestra de indiferencia les enfureció. Un omega no buscaba la soledad sin razón aparente; algo grave tenía que haber sucedido, algo que habían pasado por alto. Aunque el resultado no fue de su agrado, estas hicieron una pequeña reverencia y le agradecieron su ayuda. Saliendo del refugio, suspiraron sin deshacerse de esa inquietud que les corroía por dentro.
¿Dónde se había metido Eren?
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La brisa matinal mecía sus cabellos ligeramente. Echado bocarriba con los brazos cruzados por detrás de la nuca, Eren quiso felicitarse a si mismo por haber encontrado ese lugar para esconderse. Estaba convencido de que nadie iría a buscarle en las inmediaciones del bosque de caza. Desde su posición, podía apreciar cómo la muralla se alzaba imponente y rodeaba el reino con sus torreones y puertas de acceso.
En otras circunstancias, se habría sentido orgulloso por ese acto de rebeldía, pero él no lo consideraba de ese modo. Si había salido del castillo a hurtadillas y antes incluso de la salida del sol no fue por mero capricho. Realmente necesitaba estar solo y alejado de esas paredes de piedra que solo enfatizaban el hecho de sentirse atrapado, recordándole que ahora ese era su hogar.
Los huertos de los campesinos que hacían su vida al margen de la ciudad, era lo que tenía más cerca. Sin duda, se trataba de un entorno libre, amplio y refrescante. Era idóneo para relajarse y ahuyentar los asuntos y preocupaciones del día a día. No obstante, el repentino repicar del campanario de la iglesia logró reavivar el tormento que devoraba sin piedad su corazón marchito, abriendo nuevas grietas, resquebrajándolo de un extremo a otro.
Odiaba el sonido de las campanas, odiaba ese eco que persistía en sus oídos sin señal de desaparecer. Nunca había sentido esa aversión hacia los campanarios, de hecho, solo era el día de hoy. Pudo soportar el sonido de las campanas que anunciaron su unión matrimonial con Jean, pero no estas; no las que oía en ese instante.
La ira emergió de nuevo, incitándolo a hacer cualquier cosa con tal de desahogar el llanto de su corazón. Minutos antes se había dedicado a arrancar enfurecido la hierba que se hallaba bajo sus pies, pero enseguida se dio cuenta que despojar las raíces del suelo no le ayudaría a apaciguar su dolor. Como alternativa, decidió echarse, cerrar los ojos y dejar fluir el paso de las horas.
Sin embargo, eso tampoco dio resultado.
Dividido entre la ira y la tristeza, Eren recostó su cuerpo de lado, exponiendo solamente la mitad de su rostro a los rayos del sol. Entrecerrando los ojos, observó sus manos colocadas sobre la hierba, acogiendo dos hormigas que trepaban por sus yemas con rapidez.
"Si Levi no hubiese aparecido en mi vida, nada de esto pasaría. Dejarme marcar por Jean no sería tan horrible como tener que soportar este dolor".
Inmediatamente se arrepintió de haber pensado eso. Levi no era culpable de nada, solo una víctima más.
Sintiendo el cosquilleo de las hormigas en la palma de su mano, envidió esos dos insectos que, libres de ataduras matrimoniales, elegían con quien reproducirse. Hasta unas hormigas tenían más libertad que él.
Esa realidad solo consiguió deprimirle más.
Cerrando los ojos, intentó una vez más evadirse de esa asquerosa y repugnante realidad.
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A varios metros de distancia, y cargando entre sus brazos coles y zanahorias, dos betas corrían despavoridos del campesino que les perseguía con una guadaña.
—¡Maldita sea! ¡Ya es la tercera vez que os coláis en mi huerto!
—¡Corre, Farlan! —gritó la chica divertida.
—¡Te dije que no era buena idea! —replicó el joven tropezando con una de las coles que se le habían caído.
—¡Vamos! —apremió esta con impaciencia.
El beta hizo una mueca y renunciado a esa col, siguió corriendo entre los huertos, procurando no perder más verduras por el camino. Salvando las distancias entre ellos y su persecutor, alcanzaron el campo de maíz, el cual era perfecto para esconderse dado que el tallo y las hojas les llegaban hasta la cintura. Agachándose, se abrieron paso apartando las hojas con un mano y sosteniendo las verduras con la otra.
Mientras se adentraban, la chica arrancó un maíz del tajo y en voz baja, dijo:
—Ya tenemos para comer hoy.
El chico llamado Farlan puso mala cara. ¿Hasta cuándo podrían seguir robando? Su buena suerte terminaría algún día.
Considerando que ya se habían alejado bastante, se detuvieron y ocultos entre las plantas, esperaron a que el campesino se cansara de perseguirlos.
—¡Ladrones! ¡Si os vuelvo a ver os cortaré las manos! ¡¿Me oís?! —exclamó el hombre blandiendo la guadaña.
La chica se rio en silencio, pero Farlan no lo encontró gracioso. Los pasos del campesino se hicieron menos audibles y para verificar que tenían vía libre, unos grandes ojos verdes se asomaron por encima del maíz, inspeccionando los alrededores.
—Se ha ido, vamos.
Poniéndose en pie, los dos betas salieron del campo aún con la adrenalina de la persecución.
—¡La victoria vuelve a ser nuestra! —celebró la chica alzando el puño.
—No tan rápido, Isabel —le interrumpió Farlan—. El dueño de estos terrenos ya nos conoce, ahora tenemos que buscar otro sitio donde conseguir más comida.
—¡Eso no es problema! Estamos rodeados de cultivos —dijo Isabel optimista.
Farlan no compartía su entusiasmo, pero se ahorró seguir discutiendo. Isabel era incapaz de ver el lado malo de las cosas.
Realizada la operación "robo en los cultivos", ambos emprendieron la marcha hacia la ciudad. Tomando un camino distinto del que vinieron, hicieron un rodeo por los exteriores del monasterio, pasando cerca del nacimiento del bosque. Iban con prisas por si al campesino se le ocurría salir de su vivienda, sin embargo, Isabel se detuvo abruptamente al distinguir una figura recostada en medio del claro.
—¡Mira, Farlan! —señaló con su dedo índice para que su amigo lo viera—. Aprovechamos que está dormido, y le robamos a él también.
—Espera, no sabemos si es un alfa o no.
Como betas que eran, siempre evitaban encararse con alfas, puesto que su fuerza estaba por debajo y pese a ser dos, no era suficiente.
Avanzando con sigilo, se acercaron a esa figura que aparentemente estaba dormida. Cuando estuvieron a escasos metros de su objetivo, olisquearon el aire abriendo sus fosas nasales.
—Es un omega —murmuró Isabel emocionada.
—Fíjate en sus ropas, es alguien de la nobleza —añadió Farlan escrutando los bordados dorados que decoraban las ropas del omega.
—Genial, seguro lleva una bolsa con dinero atada a la cintura.
Isabel no podía creer la suerte que tenían.
—Iré yo —dijo sin darle tiempo a Farlan a protestar. Y para tener mayor movilidad, le cargó sus coles y zanahorias.
Este las sostuvo con dificultad junto con las suyas, confiando en las capacidades de su compañero como ladrona. De puntillas, Isabel procuró hacer el mínimo ruido posible; no todos los días se les presentaba una oportunidad de oro para robarle a un noble.
El omega se encontraba de espaldas, cubierto por una capa que le llegaba hasta los tobillos. Si lograba retirarle la capa podría robarle todo lo que llevase encima. Rápido y sencillo…
Pero el factor con el que no contaba era que el omega no estaba durmiendo. Atraído por el sonido de pasos, el chico se levantó de cintura para arriba y volteando el rostro, observó la beta que se había quedado inmóvil con cara de pasmada.
—Eh… ¡Hola! —saludó Isabel—. Mmm… Bonito día.
Frunciendo el ceño, el omega no pareció contento con su súbita aparición. Le hubiera gustado opinar lo mismo, pero no era el caso.
—Hoy no es un día bonito.
Rápidamente la beta se percató de que el joven (no más mayor que ella), desprendía un aura melancólica.
—¿Por qué no? —preguntó desconcertada.
—Las campanas resuenan con fuerza —fue su respuesta.
Isabel parpadeó y dirigió su mirada hacia la ciudad. En aquel momento ningún campanario las hacía sonar, pero sí era cierto que lo había escuchado mientras entraba en el huerto con Farlan.
—Son campanas de boda —dijo Isabel.
Oírlo en voz alta entristeció todavía más al omega. De reojo, la chica vio cómo Farlan le hacía señas para que regresara y abortaran la misión de robarle al noble. Isabel descendió la mirada hasta esos ojos verdes (iguales a los suyos) pero sin pizca de vida en ellos. Sonriendo, ignoró las indicaciones del beta, y sentándose a su lado, se presentó sin borrar su sonrisa.
—Me llamo Isabel.
—Eren —respondió el omega tras una breve pausa.
—Eren —repitió en voz soñadora—, ¿por qué estás solo?
—¡Isabel! —llamó Farlan saliendo de su escondite y uniéndose a los dos jóvenes algo incómodo—. No seas entrometida.
—¡No lo soy!
—No importa —contestó Eren sin emoción. Echando un vistazo a las verduras que cargaba el beta, no le costó suponer a qué se dedicaban—. Así que sois vosotros los que habéis robado al dueño del huerto. Sus gritos se oían desde aquí.
—No le robaremos más —dijo Farlan.
—Sí, cuando les robas más de tres veces se vuelven más violentos —explicó Isabel como si tal cosa—. Habrá que buscar otro sitio.
—¿Vivís en la ciudad o …? —Eren no quiso ofenderlos preguntándoles si en realidad ellos eran proscritos.
—En los suburbios de Sina —respondió la chica.
Eren nunca había pisado esas zonas del reino, como hijo de la realeza, desde pequeño le advirtieron de los peligros que representaban los lugares habitados por ladrones, prostitutas y demás marginados de la sociedad.
—Tú eres un noble, ¿verdad? ¿Eres miembro de la corte? —preguntó Isabel sin poder contenerse.
—Ah… Sí.
No le apetecía hablar de si mismo ni del infierno en el que se había convertido su vida.
—¿Y cómo es vivir allí?
—Aburrido —dijo sin entusiasmo.
La respuesta decepcionó las expectativas de la beta, quien se imaginó que la vida de la nobleza era una fiesta tras otra. Observándole detenidamente, sus ojos se posaron ante la sortija de oro que adornaba su dedo anular.
—¡Wow! ¡Estás casado! —exclamó emocionada.
Eren frunció los labios y bajó el rostro abatido. Por un instante dio la impresión de que se echaría a llorar. Farlan le dio un ligero puntapié a su amiga como aviso. Isabel le gruñó, pero captó la indirecta.
—La verdad, teníamos una imagen muy diferente de los nobles —confesó Farlan intentando desviar el tema de conversación.
—Seré la excepción.
Los dos betas se miraron no muy seguros de qué decir. La tristeza que emanaba el omega se expandía con rapidez, creando una atmósfera muy deprimente. Isabel, quien desconocía el término tristeza y lo que conllevaba, se levantó del césped y en un arrebato de espontaneidad, tomó la mano del omega y lo levantó del tirón.
—¡Vamos! —exclamó ella sujetando su mano y arrastrándole cuesta abajo.
—¡¿Qué?! Pero… Yo no…
—¡Isabel, espera!
Los tres echaron a correr por entre los campos de cultivo, Isabel en cabeza riendo a carcajadas con Eren detrás suyo atónito y procurando no tropezar. Farlan les seguía de cerca con expresión resignada; acostumbrado a que su amiga actuara de forma tan inesperada.
Dejando atrás las tierras de los campesinos, entraron por la entrada principal, flanqueada por dos grandes torreones y conectada a un puente de piedra que daba acceso al interior de la ciudad. Los guardias que lo custodiaban los miraron por encima del hombro; reconociendo sin problema al hijo de los Jaegers, por lo que no vieron motivo para obstaculizarles el paso.
Eren no quería pisar las calles de Sina, cada iglesia erigida sobre esos cimientos era como un cuchillo clavándose brutalmente en su pecho. En vano, trató de deshacerse del agarre mientras Isabel le conducía por calles secundarias, estrechas y llenas de suciedad. Jadeando, Eren respiraba con dificultad, pues pocas eran las veces que corría como lo estaba haciendo en ese momento.
El descabellado plan de Isabel no fue otra cosa que enseñarle a Eren las condiciones en las que vivían ella y su compañero Farlan. Paseándole por los barrios bajos de Sina, le mostró cómo ahí la mayoría tenía que robar para poder sobrevivir. Y a pesar de las deplorables circunstancias como estar días enteros sin comer, o enfermar hasta morir, jamás les verías rendirse.
—Eres muy joven y muy afortunado, alguien como tú no debería conocer la tristeza.
Eren no supo qué decir. Era cierto que ellos no tenían nada de lo que tenía él, y quizás se estaba comportando de manera exagerada, pero…
—No sé qué es lo que te tiene así, pero si nosotros sonreímos, ¿por qué tú no puedes?
Isabel le miraba con los ojos muy abiertos, y Eren no pudo evitar pensar que se veían hermosos.
—A veces las cosas no son tan sencillas —dijo Farlan—. Él tendrá otro tipo de problemas, pero eso no significa que no sean igual de graves.
La beta lo meditó y dado que Eren no quería revelar el motivo de su tristeza, optó por algo más práctico.
En lo que duró el día, intentó por todos los medios ahuyentar los malos pensamientos del omega, y por ello, le enseñó las distintas formas de robar a un vendedor o cómo beber medio litro de cerveza de un trago y sin atragantarse en el intento. También le instruyó en el arte del engaño: estafar a los transeúntes para sacarles el dinero con un juego de cartas de lo más sencillo, pero con trampa.
En general, fue una experiencia nueva para Eren, quien nunca había mantenido relaciones con la plebe. El malestar no desapareció, pero sí se encontró un poco mejor al atardecer. Isabel se encargaba de distraerle con cualquier cosa.
Sin embargo, el final del día no terminó como se esperaba. Ubicados en una taberna de los suburbios, alrededor de la medianoche se escucharon unos gritos provenientes de fuera de la tasca. Los tres jóvenes siguieron bebiendo, pensando que se sería de una pelea aislada, pero los gritos fueron en aumento y a ellos se sumaron otros.
El camarero, que en vez de limpiar una de las jarras la ensuciaba aún más con el paño que utilizaba, advirtió a los chicos.
—Mejor iros. Los altercados a estas horas no traen nada bueno.
Siguiendo su consejo, se terminaron la jarra de cerveza, —Eren solo pudo beberse la mitad—, y tras darle unas monedas al camarero, salieron de la taberna.
Eren no supo cómo se desenvolvió la situación, lo único que tenía claro es que un minuto antes él y los dos betas avanzaban rápidamente por las calles, y al minuto siguiente reinó el caos a una velocidad alarmante.
Era como si alguien hubiera encendido una mecha, generando a los pocos segundos una explosión que alcanzaba a todos por igual. Mirando ambos lados, Eren vio horrorizado como se formaban masas peleándose entre ellas. La calma y la quietud que se respiraron hasta ahora fueron reemplazadas por gritos e insultos, alterando el silencio que solía reinar durante las noches. Nervioso ante un panorama desconocido y lleno de peligros, Eren buscó desesperado una salida. Entre el gentío y los empujones que le hacían trastabillar, perdió de vista a Farlan e Isabel. Los únicos focos de luz provenían de las tabernas, de las cuales salía más gente de dentro, alertada por el ruido.
De pie y sin saber a dónde ir, hizo un esfuerzo por recordar el camino de vuelta. Si lograba salir de los suburbios estaría a salvo, pero le resultó imposible distinguir nada entre el bullicio y la escasa luz de las tabernas.
Incapaz de pensar con claridad, hizo lo que la mayoría: huir sin saber a dónde. Tomando direcciones opuestas, nadie parecía ponerse de acuerdo sobre qué dirección escoger para escapar. Chocando contra varias personas, Eren recibió codazos, pisotones y más empujones hasta tropezar con algo y caer de bruces al suelo. Por fortuna no se había hecho daño, mas la gente pasaba por encima suyo y en un intento por protegerse, se cubrió la cabeza con las manos.
Estaba recibiendo golpes por todas partes, se había convertido en un animalito asustado en mitad del camino, pero nadie reparó en él más que en un bulto en el suelo. Consciente de que no recibiría ayuda, se arrastró como pudo, escondiendo la cabeza entre sus brazos cuando alguien venía directo hacia él. Con el cuerpo dolorido, se puso de rodillas y avanzando a gatas se colocó en un extremo de la calle, topando con las paredes de las casas.
Levantándose a duras penas, se sirvió de apoyo en las paredes y aliviado por ver a las personas de cuerpo entero, corrió sin mirar atrás. Sin embargo, eso no le impidió encontrarse con cuerpos tirados a su paso, ignoraba si estaban vivos o muertos, pero no se quedó para averiguarlo.
Avistando un hueco entre dos calles, se metió sin pensarlo dos veces. Tras avanzar unos metros, se percató de que era un callejón cerrado sin posibilidad de esconderse. Retrocediendo, se dispuso a dar la vuelta para buscar otra salida, pero algo o alguien le barró el paso.
Paralizado de pies a cabeza, su labio inferior tembló ante la imagen que tenía delante. Un alfa mayor que él le observaba con una sonrisa sádica pintada en el rostro. Eren perdió el habla, aterrorizado por ese hombre que poco a poco se acercaba a él.
Una milésima de segundo es lo que tardó el omega en reaccionar. El alfa se le echó encima como un animal salvaje, y este profiriendo un grito, se lanzó a un lado despavorido. Otra vez se halló en el suelo, muerto de miedo y con las piernas temblando. El miedo le paralizó los sentidos, las evidentes intenciones del alfa deformaron su rostro en una mueca de puro horror.
—Un omega puro... Qué suerte la mía.
¿En verdad estaba ocurriendo? ¿Iba a ser violado por ese alfa?
Una mano gruesa le agarró del pecho de la túnica y levantándolo, lo puso contra la pared. El alfa lo manoseó, posando sus manos en su trasero. Eren se revolvía, gimoteando y con lágrimas en los ojos. A punto estuvo de rasgarle esas ropas tan caras que llevaba puestas, pero el lanzamiento de un objeto volador le dio de lleno en la cabeza. Gruñendo, volteó el rostro para vislumbrar una chica sosteniendo una pesada piedra en su mano derecha.
—¡Eh! ¡Trozo de carne con patas! ¿No te enseñaron de pequeño a respetar a los omegas? —gritó Isabel.
—I... Isa-Isabel... —balbuceó Eren.
—¡Maldita beta!
Furioso por ver interrumpido su cometido, le dio a Eren en el estómago, tirándolo al suelo bruscamente. Encarándose a la chica, sacó los dientes rabioso.
—¡Vamos, ven! ¡No te tengo miedo! —dijo en posición defensiva, pero temblando ligeramente.
—¡Isabel, no! —gritó el omega.
El alfa arremetió contra ella, pero esta lanzó la otra piedra justo en el ojo izquierdo. Manteniendo una cierta distancia, Isabel mordiéndose el labio y con el ceño fruncido, pareció pensar en algo para hacer frente a ese alfa. Lo prioritario era alejarlo de Eren lo máximo posible.
Farlan llegó corriendo hacia su amiga fastidiado.
—¡Isabel no vayas por tu cuenta esto es...! Oh, mierda.
Reparando en el alfa que sangraba por el ojo izquierdo, el beta se detuvo y contempló la escena con expresión calculadora.
—¡Vamos! ¡Es nuestra oportunidad!
—Qué remedio... ¡Lo haremos como siempre! —indicó Farlan.
Los dos betas se precipitaron hacia el alfa por ambos lados y sacando un cuchillo de sus ropas, rasgaron los costados del hombre cuya visión ahora solo era parcial. Con gran determinación, Farlan e Isabel se dieron la vuelta y agachándose le hicieron un corte profundo en las articulaciones de la rodilla. Este las dobló producto del dolor y en ese instante, Isabel le clavó el cuchillo en el cuello. La sangre brotó como si de una fuente se tratara. Sacando el cuchillo, la beta se alejó mientras el alfa trataba en vano de detener el sangrado cubriendo la herida con sus manos.
Los tres jóvenes contemplaron mudos como este se atragantaba con su propia sangre durante unos segundos agonizantes, para finalmente caer tieso bocabajo.
Eren, que en su vida había presencia algo semejante, se tapó la boca, ahogando las arcadas que le producía ver ese cuerpo sin vida tendido a escasos metros de distancia.
—¿Has visto eso Farlan? ¡Nos hemos enfrentado a un alfa y hemos salido ilesos! —exclamó orgullosa.
—De milagro —dijo soltando un largo suspiro.
Isabel corrió a socorrer a Eren, que en aquel momento se encontraba de espaldas vomitando.
—¿Estás bien? —le preguntó colocando una mano en su espalda.
Farlan se frotó la nuca, supuso que alguien de la nobleza jamás había presenciado algo tan espantoso como un asesinato a sangre fría.
—Estoy bien... Estoy bien... —respondió Eren jadeando.
—Será mejor que nos larguemos —dijo el beta—. Aquí no estamos seguros.
Isabel asintió. Tendiéndole una mano al omega, este la aceptó. Cogidos de la mano, los dos salieron del callejón con Farlan haciéndoles de escudo. El caos seguía siendo el mismo: gente yendo de un lado para otro, luchas entre alfas y persecuciones. Eren quiso decirle a Isabel que no le agarrara tan fuerte, que un poco más y le partiría los huesos de la mano pero no tuvo ocasión, puesto que tanto Isabel como Farlan, apiñados a los lados para protegerlo, estaban más pendientes de salir vivos de ahí que de escuchar las quejas del omega.
Su escondite no quedaba lejos, pero el trayecto no iba a ser fácil. Farlan tuvo que apartar de mala manera a varias personas que se le cruzaban para no perder el ritmo y llegar cuanto antes. No habían recorrido ni cien metros, cuando se vieron rodeados por un grupo de seis alfas.
—¡Qué mierda! —dijo Isabel.
—Sí, no creo que salgamos vivos...
Eren sentía que le faltaba el aire. Los dos betas lo tenían apresado entre sus cuerpos, escondido para que no olieran su aroma. Intercambiando una mirada cómplice, su único plan era retener a los alfas para que Eren pudiera escapar, pero viéndose superados en número y fuerza, había altas probabilidades de fracaso. Y, sin embargo, no les quedaba otra.
—Eren —susurró Farlan sin mover los labios—. Cuando digamos "ya", sal corriendo. Nosotros nos encargaremos.
El omega le dirigió una mirada incrédula. ¿Estaba hablando en serio? Eran demasiados, no podrían contenerlos.
Isabel alzó los puños, en el derecho sujetaba el cuchillo a la altura del rostro. Farlan la imitó.
El tiempo pareció detenerse, la voz de Farlan retumbó en sus oídos.
—¡YA!
Saliendo disparados, cubrieron a Eren quien vaciló unos segundos. Le resultaba impensable abandonarlos en una lucha que claramente perderían, pero él como omega apenas si podía hacer frente a la mitad de uno. Con el corazón partido en dos, marchó por dónde había venido, pero su escapé fracasó. Había chocado contra un cuerpo y alzando el rostro, empalideció al verse cara a cara con otro alfa.
—¡EREN!
Farlan hizo el amago de ir a ayudarlo, pero uno de los alfas se le echó encima. Otro tenía sujeto el brazo de Isabel que pataleaba para que la soltara. Eren trató de huir, pero el alfa le pegó un puñetazo en el rostro. El golpe fue duro, quedando aturdido momentáneamente. No obstante, algo sucedió que, de pronto, unos gritos agónicos le petaron los tímpanos. Parpadeando, sus ojos lograron vislumbrar unas... ¿manos? volando por encima de su cabeza. Descendiendo la mirada, comprobó horrorizado que el alfa no tenía manos, y en su lugar, sangraba abundantemente de las muñecas.
En un abrir y cerrar de ojos, una espada atravesó el pecho del alfa. Eren contempló la hoja a escasos centímetros de su rostro. En un segundo, la espada fue retirada y el cuerpo del alfa cayó inerte.
Una figura pasó a la velocidad del rayo por su lado y de una sola estocada, mató al alfa que tenía inmovilizado a Farlan. Como había hecho con el primero, hundió la espada, esta vez justo en la frente, y la retiró provocando un sonido de lo más desagradable. De inmediato, cortó el brazo del alfa que tenía a Isabel sujeta y dando un giro sobre si mismo, lo decapitó con la otra espada que tenía en mano. La beta hizo una mueca y se apartó para no tocarse con la cabeza que rodó por el suelo.
A una velocidad casi inalcanzable para el ojo humano, la figura encapuchada derribó a los cuatro alfas restantes con una facilidad increíble. Las hojas de las espadas cortaban los cuerpos; otorgando unas muertes rápidas y letales.
En cuestión de segundos, la escena se convirtió en un baño de sangre. Eren no pudo reprimir el impulso, y volvió a vomitar. Tosiendo y escupiendo, sintió que lo elevaban del suelo. Alguien lo estaba cargando como si fuera un saco de patatas. Rápidamente dejaron atrás aquel sitio y por fortuna, llegaron a su destino: el escondite de Farlan e Isabel.
Eren, quien lo veía todo desde la dirección opuesta, respiró aliviado al entrar en una casa bastante deteriorada. Oyó como se abría una trampilla y sin soltarlo aún, la persona que lo llevaba, bajó las escaleras con él encima. Los betas se apresuraron a cerrar la trampilla y juntos, descendieron hasta el sótano.
Una vez allí, Isabel encendió unas lámparas de aceite, iluminando la instancia. Farlan se dejó caer en uno de los sillones agotado, y el misterioso encapuchado por fin bajó a Eren de su hombro.
—¿Vosotros otra vez? —dijo con desagrado mientras se quitaba la capucha.
Eren no podía creer lo que veían sus ojos. ¡Era Levi! ¡Levi estaba ahí!
Isabel sonrió descaradamente. Farlan dio gracias de que Levi hubiera aparecido de golpe para salvarlos; esa noche la suerte estaba de su parte.
Eren con la boca abierta, no entendía qué diantres estaba haciendo Levi en un lugar como ese. Todo lo ocurrido desde el altercado, el alfa manoseando su cuerpo y la aparición de Levi derribando todos esos alfas persistía en su cabeza sin poder asimilarlo.
—Eren —llamó el alfa.
Este se encogió al oír su nombre.
—¿Tienes idea de lo peligroso que es andar por los suburbios del reino a estas horas de la noche? —preguntó mientras avanzaba paso a paso hacia él—. Imagina por un segundo qué hubiera pasado si yo no hubiese estado ahí para salvarte.
—Fue culpa nuestra —se apresuró a decir Farlan—. Nosotros le arrastramos.
—¡Es cierto! —corroboró Isabel.
Levi les lanzó una mirada furiosa.
—Él no pertenece a este mundo. No le arrastréis con vosotros.
Los betas se miraron apenados.
—¿Qué haces aquí? —preguntó con voz débil el omega.
—Le pregunté a tus damas de compañía dónde te habías metido y me dijeron que llevabas todo el día desaparecido. Salí a buscarte en cuanto cayó la noche.
—¿Por qué? —preguntó Eren sin atreverse a mirarlo a los ojos.
—Ya hablaremos de eso luego. Primero esperaremos.
Recostándose contra la pared, se cruzó de brazos. Isabel y Farlan se sintieron culpables por haber expuesto a Eren a algo tan peligroso como un altercado en mitad de la noche en los suburbios de Sina.
—Lo sentimos, Eren. Ha sido culpa nuestra —se disculpó Farlan.
—Perdónanos —dijo Isabel arrepentida.
Eren negó con la cabeza. Levi no dijo nada, aunque por su expresión se deducía que estaba furioso.
Durante dos horas y media, los cuatro permanecieron escondidos en el sótano. Ninguno de ellos entabló una conversación que durara más de cinco minutos. Farlan comprendió enseguida que tanto Eren como Levi tenían muchas cosas que decirse, pero no lo harían estando él e Isabel presentes. Esta aburrida por los largos silencios que se formaban, se acurrucó en uno de los sillones intentando conciliar el sueño, ni que fuera por quince minutos.
Levi seguía furioso y de vez en cuando, le echaba una mirada a su omega, quien ponía en orden sus pensamientos para no sufrir un colapso.
Fue una espera incómoda y tensa; sobre todo para el omega. Había evitado pensar en Levi a lo largo de ese día, lidiando una dura batalla con sus propios sentimientos, y ahora, todo ese esfuerzo se había esfumado en un suspiro. Teóricamente tendría que sentirse afortunado, dichoso y feliz por tener tan cerca a su alfa, rescatado de las manos de unos horribles alfas.
¿Por qué no podía sentirse feliz? ¿Por qué sentía que moriría al rompérsele el corazón en mil pedazos?
Sabía la respuesta, pero no quería admitirlo.
Tras lo que pareció ser una eternidad, Farlan subió las escaleras y les hizo una seña a los otros, indicándoles que ya podían salir. En efecto, el altercado había cesado. Levi se desató la capucha y cubrió con ella a Eren.
—Vamos.
—Gracias por todo —les dijo el omega.
Isabel y Farlan le sonrieron. Despidiéndose de él, los vieron marchar con un extraño sabor de boca. ¿De qué se conocían esos dos?
. . .
Eren no sabía la hora que era, pero intuyó que serían entre las dos y las tres de la madrugada. Levi iba delante suyo, y mientras aún recorrían los suburbios, decidió no dilatar más la situación.
—No vuelvas a irte por tu cuenta.
—Lo necesitaba —respondió a la defensiva.
Levi se dio la vuelta. Aquello no podía continuar así…
—Eren, mírame.
El omega quería hacerlo, pero el valor lo había abandonado hacía rato. En respuesta, Levi le cogió del rostro y le obligó a mirarlo a los ojos.
—No he marcado a Petra ni tengo intención de hacerlo. ¿Me oyes? —reclamó con un brillo cegador en sus ojos—. No lo haré. Si creen que harán conmigo lo que les venga en gana, se equivocan. Nadie dirige mi vida.
—Pero la corte no lo aprobará...
—Me importa una mierda la corte —espetó con furia—. Ahora mismo me importa todo una mierda... menos tú.
—Si Petra les cuenta que te marchaste en tu noche de bodas...
—Dudo que haga tal cosa. Pareció aliviada de que me fuera, pero también se enfureció, diciéndome que la próxima vez le avisara con tiempo para no tomarse no sé qué cosa y evitar sangrar como un cochinillo durante días —explicó Levi un poco desconcertado—. No entendí del todo a qué se refería.
—Pero…
—¡Eren, escúchame! ¡Tú serás el único omega al que marque! ¡Tú y solo tú! ¡Al resto que les den! ¿Es que acaso no te lo he demostrado ya?
Los ojos del omega se anegaron en lágrimas. Dejándose abrazar, hundió su rostro en el pecho de su alfa.
—Cuánto más intenten separarnos, más fuerte será nuestro lazo.
Si querían permanecer juntos a pesar de las adversidades, ese debía ser su lema. Echando un vistazo al cielo nocturno, Levi se dijo que estaba harto de todo. Harto de ver a su omega sufrir, harto de que otros les dirigiesen sus vidas como simples marionetas. Harto de no amar a su omega como se merecía.
Cogiendo a Eren por la cintura, lo subió encima de su hombro y cambió de dirección. Esa noche no regresarían al castillo.
—¡Levi! ¿Qué…? ¿Qué haces?
—Tú y yo vamos a tener una noche de bodas.
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Respuesta a los reviews:
kami no musume XD: desde un comienzo tenía muy claro que Eren y Levi se casarían con otros, casarlos entre ellos le habría quitado emoción jejeje Un amor prohibido es mucho más interesante ¿no? Lamento haceros sufrir tanto, pero prometo escenas bonitas en la próxima actualización! Más turbulento será el fic de ahora en adelante, pasarán muchas cosas, unas buenas otras malas. Saludos!
Frozen muse: tu pregunta respecto a Petra será respondida en el siguiente capítulo. ¿No te gusta el Rivetra? Tranquila, en este fic no habrá de eso. A mí personalmente me gusta, pero su relación con Levi será mínima, de hecho al personaje de Petra le tengo reservada una sorpresa ^^. Solo diré que será algo muy crack, pero que ya está decidido y no daré marcha atrás. Espero haber resuelto tus dudas!
Lia Primrose: tengo que ponerme al día de todas las actualizaciones pendientes, y es agotador T.T Pero tampoco me quejaré, así que me guardaré para mí los lamentos jajaja Sí fuiste muy inocente al pensar que Levi hablaría con Jean. Tenía muy claro que Levi le iba a dar una paliza, osea él no estaba ni para charlas conciliadoras ni tonterías. Eren es su omega y eso es sagrado. Si además le añadimos que es un soldado... empecemos a rezar por la vida de Jean, peero no soy tan cruel como para matarlo, ni mucho menos! Solo se ha llevado un buen escarmiento. Y Petra... Ahí sí estabas en lo cierto. Personalmente, Petra es un personaje al que le tengo muchísimo cariño, y que realmente quiero creer que en el anime le gustaba Levi aunque ella no se diese cuenta jejeje Tengo una sorpresa para ella, que revelaré más adelante cuando la burbuja explote (osea cuando el fic esté patas arribas y los lectores se tiren de los pelos jajaja). En la respuesta anterior ya dije que sería algo muy crack, pero me gusta y ojalá os guste a vosotros también, así que no temas! El Rivetra me parece una de las ships más lindas que hay pero aquí no tendrá protagonismo. Gracias por tomarte la molestia de escribir reviews tan largos, realmente los aprecio de todo corazón! Un beso princesa!
Guest: Eren es un omega y por naturaleza no es nada violento. Insisto en que no hay que ser muy duros con Jean, él también sufre, pero ya sabemos todos el poder que tiene la sociedad sobre un individuo que no sigue las directrices. No adelantaré datos, pero sí puedo decirte que el amor entre Levi y Eren se hará más profundo y por ende, más fuerte. Tendrás que esperar para ver que harán ^^
Sammy 1109: reconozco que es un fic donde el angst está presente en todos los capítulos, pero como ya dije, intento compensarlo con escenas tiernas. Todos los personajes sufren o sufrirán en un futuro, nadie se salvará. Y a algunos les espera algo malo. Pero de entre toda esta tragedia, fortaleceré el amor que se tienen Levi y Eren.
