¡Y aquí regreso con un nuevo capítulo! Debo aprovechar ahora que tengo tiempo para actualizar porque dentro de unas semanas se me echarán trabajos encima y me ausentaré un poco. Como ya habréis supuesto este es un longfic y requiere de más trabajo que otros, así que lo iré escribiendo poco a poco sin prisas. Y respecto al contenido del capítulo, no quiero adelantar detalles pero sí advertir que habrá smut. Espero no decepcionar. ¡Y ya si os dejo para que leáis a gusto! ¡Besos!

Shingeki no Kyojin no me pertenece.

Advertencias: omegaverse, smut.


Eren pataleó y gritó, exigiendo saber a dónde se dirigían. Levi no le respondía, se limitaba a seguir caminando con un único destino en mente. No era el espacio idílico, pero suficiente para hacer lo que tenía planeado. El omega se removía inquieto sobre su hombro y para tenerlo controlado, le daba un azote en el trasero.

—No armes tanto escándalo.

Eren enrojecía y balbuceaba cosas como no secuestrarlo en mitad de la noche. Y aun así, no intentó bajarse. Su lado omega estaba encantado, y muy en el fondo, reconocía que a él también le gustaba ver a Levi tan decisivo.

A juzgar por el rumbo que había tomado, el alfa no tenía intención de abandonar los suburbios. Tras el altercado, Eren ya no quería volver allí, pero estando Levi a su lado, se sentía protegido. Esa demostración de fuerza contra los seis alfas que les asaltaron lo dejó boquiabierto. Levi era fuerte, pero jamás imaginó hasta qué punto. El hecho de que fuera su alfa predestinado le llenó de orgullo y satisfacción.

Finalmente Levi se detuvo delante de una casa bastante deteriorada: era pequeña, desigual y con el techo inclinado hacia el lado derecho. No daba la sensación de ser un lugar habitable, de hecho, estaba abandonada. Desde su posición, Eren veía el suelo mal pavimentado y una hilera de casas apretujadas –todas ellas sucias y descuidadas— en una calle estrecha.

—Bienvenido a mi hogar —dijo Levi riéndose.

Eren volteó el rostro y solo capturó una fachada que prácticamente se caía a pedazos, el techo no mediría más de tres metros. La puerta no llevaba ningún elemento para poder tirar de ella, de modo que Levi se abrió paso dando una certera patada en la que, en su tiempo, había sido la cerradura para meter la llave.

La puerta se abrió bruscamente, pero debido a la oscuridad no se vio nada en el interior. Entrando aún con Eren encima suyo, Levi se detuvo en el rellano, entrecerrando los ojos. Habían pasado muchos años, pero la estructura de la casa seguía siendo la misma. A pesar de que la luz ahí dentro era inexistente, el alfa recordaba la posición de los escasos muebles y la ubicación de su habitación.

—Espera aquí —ordenó bajando el cuerpo de su omega.

Una vez estuvo de pie, Eren no osó moverse. A penas si distinguía algo entre tanta oscuridad y abrazándose a si mismo, oyó como Levi se adentraba en la casa dejándolo solo. ¿Ese era el hogar de Levi? No podía ver nada, pero apostó a que el interior no era mucho mejor que el exterior. Desprendía un olor raro, quizás de los años que llevaba deshabitada. ¿Levi se crió en los suburbios? ¿Cómo era posible?

Un soldado de su categoría no encajaba con el estilo de vida de la gente que vivía ahí. Ladrones, prostitutas, asesinos, mendigos… La escoria de la sociedad, así se los había calificado. No obstante, Eren no compartía esa forma de pensar. Simplemente eran personas nacidas en el lugar equivocado, sin suerte en la vida.

Cuando pensó en las condiciones inhumanas en las que pudo criarse Levi, se le formó un nudo en la garganta. En verdad, no sabía nada acerca de su alfa. Tampoco habían tenido ocasión de conocerse, separados por la estúpida monarquía, le entró un sentimiento de impotencia y rabia.

—Siento haberte hecho esperar —dijo la voz de Levi acercándose.

Eren entrecerró los ojos y juró vislumbrar una silueta cerca de él. El olor del alfa se había intensificado e inspirando profundamente, el omega se permitió envolverse en ese aroma. Levi lo tomó de la mano y lo guió hasta su habitación. Una tenue luz amarillenta procedente de una habitación temblaba débilmente, iluminando una de las esquinas de la casa y proyectando la sombra de un sofá mugriento.

Eren nunca había pisado un casa semejante, pero lejos de disgustarse, le fascinó esa atmósfera siniestra y lúgubre que le rodeaba, o también cabía la posibilidad de que la cercanía con Levi y ese olor exquisito que le embriagaba le dejaran medio atontado.

Juntos entraron en la vieja habitación, la cual solo tenía una cama y una lámpara de aceite encendida: el único foco de luz.

—Tendrás muchas preguntas, pero esta noche solo quiero que cierres los ojos y me permitas hacerte el amor.

El omega soltó un suspiro que se confundió con un gemido.

—Eren, quiero tener una noche de bodas contigo, aunque sea aquí. En esta choza sin una pizca de encanto.

Su interior gritaba desesperado que se lanzara sobre la cama y se abriera de piernas lo más rápido posible. Que Levi le tomara y se convirtiera de una vez en su alfa, pero la realidad se impuso cruelmente ante sus ojos.

—No podemos… Descubrirán que me has marcado y…

—¿No me has oído? —preguntó Levi cogiéndole por el rostro—. Quiero hacerte el amor, no marcarte.

Eren frunció los labios y tomó las manos del alfa, curiosamente cálidas.

—Es muy arriesgado… No sabrás controlarte.

—¡Lo haré! —aseguró con voz firme—. No soy una bestia despiadada. Iré en contra de mis instintos con tal de tenerte entre mis brazos. Quiero demostrarte… ¡que un alfa no solo marca, también es capaz de amar!

Los ojos del omega se inundaron en lágrimas. Hundiendo su rostro en el pecho del alfa, Levi le acarició los cabellos.

—Solo te pido que confíes en mí.

Eren confiaba en él. Su alfa se había escapado de su noche de bodas para buscarlo, desafiando las leyes e incluso matando para llegar hasta él. Su alfa… Ese era su alfa…

—Confío en ti.

Levi cerró los ojos, deleitándose con esas palabras. Su omega había cedido, le daba permiso para tomarlo ahí mismo. Las manos le temblaban producto de la excitación, pero antes de comenzar, bloqueó sus instintos primarios enfriando su mente. Obviamente no era tarea fácil, ir en contra de su verdadera naturaleza requería de mucha concentración y voluntad. Mas tenía algo a su favor: Eren no estaba en celo. Con el celo de por medio hubiera sido imposible hacer ese ejercicio mental.

El autocontrol iba a ser su aliado esa noche.

Sosteniendo todavía el rostro de su omega, se acercó a sus labios y lo besó hambriento después de tantos días sin probarlos. Eren respondió al beso moviendo los labios de forma desesperada. Volvían a estar juntos. Estaban juntos y nada ni nadie los separaría, escondidos en el más recóndito lugar de los suburbios, gozaban de plena libertad para amarse como dos amantes trágicos que deben esperar a la puesta de sol para consumar su amor.

El omega sentía que se ahogaba en ese beso y al mismo tiempo quería más. No era suficiente, quería fundirse en el, ser devorado y perderse en el placer que le consumía las entrañas. Levi olía las feromonas desplegarse a su alrededor, le incitaban a morder, a ser rudo, a hacer de ese chico su omega y atarlo para siempre a él.

Sin saberlo, Eren estaba sucumbiendo a sus instintos omegas. No obstante, a Levi no le pilló por sorpresa. Ya había tenido en cuenta ese factor. Era comprensible, un omega se doblegaba con demasiada facilidad y si le añadía el hecho de que eran predestinados, todavía más.

Midiendo su fuerza, empujó a Eren sobre el lecho. Este cayó de espaldas, atónito por esa acción, en parte por haber roto ese beso tan bruscamente, pero se recompuso enseguida. Mordiéndose el labio inferior, observó cómo su alfa se erguía imponente delante suyo. Le excitaba en sobremanera ver a Levi ahí de pie, apunto de toma su cuerpo indefenso y totalmente entregado.

Levi respiraba con dificultad, esas feromonas le estaban volviendo loco. Aun habiendo arrojado a Eren sobre la cama, el olor era tan intenso como si lo tuviera a un palmo de su nariz.

—Quítame la ropa —rogó el omega acaloradamente—. Rómpela, desgárrala.

No se lo ponía fácil, y esa voz suplicante le puso el miembro duro. Ya no recordaba la última vez que se había desahogado con una beta, había pasado esos meses entregado a la guerra rodeado de sangre y muerte, y alarmado, sintió su verdadero alfa despertar.

Ni siquiera en el campo de batalla, un escenario donde el alfa podía hacer uso pleno de la violencia, su verdadero alfa despertaba. Si podía contenerlo luchando, también lo haría follando.

Cumpliría su promesa y le haría el amor a Eren.

Sentándose de rodillas al borde la cama, le desabrochó la capa que le había puesto antes de salir. La tiró al suelo el cual estaba cubierto por una capa gruesa de polvo, y sacó sus botas de piel.

—Arranca los botones, vamos.

Eren jadeaba, subiendo y bajando su pecho como si le costara respirar.

A Levi no le gustó tener que recurrir a ello, pero no le quedó otra. Cuánto más le incitara, más en peligro estaba su cordura.

—Soy tu alfa y yo decido cómo hacerlo.

Su voz grave y autoritaria tuvo el efecto deseado. Su omega no se atrevió a replicar, pero excitado como estaba, soltó un gemido por el simple placer de oír esa voz dominante. Expectante, vio a Levi inclinarse y tiró del sayo color magenta para sacárselo por encima de su cabeza. Poniéndole junto con la capa, desabrochó los botones del jubón de seda con calma, sin prisas. Una vez desabrochado, Eren se lo quitó con impaciencia. Vestido con una camisa de lino y las medias, quiso acelerar el proceso y sin poder contenerse, se despojó de la camisa mientras Levi le retiraba las medias. Ni qué decir que los calzones volaron en un abrir y cerrar de ojos.

Expuesto ante su alfa tal y cómo él deseaba, sus feromonas adquirieron un grado más potente, intoxicando la mente de Levi. Unas feromonas que gritaban sumisión y obediencia. Daba igual si perdía la cabeza y lo marcaba hasta el amanecer, daba igual si anudaba en su interior y perdía el conocimiento, su omega lo aceptaría.

Pero no había llegado tan lejos como para mandarlo todo a la mierda.

Barajó la posibilidad de hacerlo con la ropa puesta, con ella tendría más control y lo único que debía hacer era bajarse los calzones. Pero sin contar la molestia que suponía eso, —la ropa que vestía no era especialmente ligera—, esa no era la forma apropiada para su primera vez con su omega. Él quería sentir sus cuerpos chocar y el calor que producían al estar los dos desnudos.

Podía hacerlo. Podía conservar la mente fría.

Deshaciéndose de sus propias prendas, las arrojó junto con las demás al suelo. Desde sus posiciones —Eren echado bocarriba y Levi arrodillado frente a él—, sus miembros erectos estaban a un centímetro de rozarse. Extendiendo los brazos, el alfa acorraló a su omega, quien prácticamente había olvidado el verdadero propósito de esa noche, suplicando en silencio que le marcara.

Levi cogió aire. La peor parte estaba por venir, pero resistiría. La ausencia del celo hizo que él mismo tuviese que prepararlo para penetrarlo sin causarle mucho dolor. Descendiendo su mano derecha, agarró el pene de su omega y empezó a masturbarlo lentamente. Eren cerró los ojos y dejó escapar un gemido que retumbó entre las cuatro paredes. Tuvo el impulso de tapar su boca con las manos, pero lo detuvo a tiempo. Quería que Levi le escuchara gemir.

Su mano pálida pronto se vio manchada por el líquido preseminal. Expulsando una buena cantidad, Levi se encargó de recubrir esa polla, deslizando sus dedos de arriba a abajo cada vez más deprisa. Eren gemía sin pudor; corrientes eléctricas hacían temblar su cuerpo involuntariamente.

Justo cuando iba a pedir que no se detuviera, el alfa acercó su mano a los labios y sacando la lengua lamió el líquido preseminal que escurría por su dedo índice. Soltando un gruñido, Eren no creyó haber visto nada más erótico que eso. Para su deleite, se relamió los otros dedos sin despegar sus ojos nublados por el deseo de su cuerpo, cuyos temblores solo anticipaban el momento en que lo haría suyo.

Dirigiendo sus dedos a la entrada del chico, introdujo uno sin ser demasiado brusco, pero sin detenerse. Su interior estaba lubricado y no le resultó difícil sacarlo y meterlo con facilidad. Si estuviera en celo, todo su ano estaría empapado y dilatado sin necesidad de hacer nada.

Estaba algo estrecho puesto que nada más grueso que dos dedos había entrado por ahí. Eren se los había metido durante su primer celo para calmar sus ardores, mas era imposible engañar a su cuerpo. Dos dedos no se comparaban con la polla de un alfa.

Levi sintió como su propia polla expulsaba líquido preseminal solo de ver la imagen de su omega abierto de piernas. Introduciendo un segundo dedo, inició una penetración más violenta, sintiendo las paredes internas contraerse por el placer. Del movimiento de sus dedos, los fluidos del omega empezaron a desparramarse fuera del ano.

Sacando los dedos, lo lubricó bien para hacer más cómoda la penetración. Su polla palpitaba ansiosa, deseando enterrarse de una vez en aquel cuerpo que se encontraba a su completa merced.

Tomando sus piernas por detrás la rodilla y abriéndolas al máximo, se posicionó con su polla erecta rozando la entrada que se contraía y se ensanchaba a placer, aguardando a que fuera llenada de una sola estocada.

—Hazlo —imploró el omega extasiado—. Métemela hasta el fondo. Quiero sentirte dentro de mí. Quiero sentir cómo te abres paso con tu… ¡AH!

Levi profirió un gemido gutural cuando su polla fue apresada en el interior de su omega. Su interior ardía pese a no estar en celo, y la estrechez solo incrementó el placer que corroía cada músculo de su cuerpo.

Un sentimiento de posesividad empezó a emerger con fiereza mientras se movía con suavidad dentro de él.

"Es mi omega, solo yo puedo olerlo, tocarlo y follarlo hasta la saciedad. Es mío. Mataré a cualquiera que le ponga la mano encima. Solo mío".

Soltando sus piernas, Eren las enroscó en su cintura para pegarse más a su cuerpo. Levi se inclinó y lo besó, explorando su boca como si quisiera beber de ella. Sus lenguas se entrelazaron buscando desesperadamente el calor del otro. Con los brazos puestos alrededor del cuello del alfa, Eren quería sentir cada centímetro de su piel. La suya quemaba como el fuego debido al placer extremo que le consumía sin piedad. Levi aceleró el ritmo, penetrándolo con mayor velocidad, viendo como el omega era incapaz de soportar tanto placer.

—¡Le-Levi! ¡Ah…! ¡Más! ¡Más fuerte!

Complaciendo a su omega, Levi hundió su polla, la retiró, la volvió a meter y sin darle siquiera un segundo para tomar aire, unió sus labios de nuevo, comiéndose mutuamente mientras se abrazaban en un intento por fundirse el uno con el otro. Eren quería ser marcado, y Levi a duras penas podía retener su deseo de marcarlo.

—Por favor… Levi… Córrete dentro… Hazme tu omega…

El alfa rechinó los dientes. Era su deber, su obligación. Marcarlo era esencial para hacerlo suyo, impregnarlo con su olor y proclamarlo de su propiedad. ¿Qué clase de alfa era sino lo hacía? Morderle, anudar… Solo así se convertiría definitivamente en su omega.

Por una milésima de segundo pareció ceder, pero no lo hizo. Él siempre cumplía sus promesas.

Ignorando las súplicas de Eren, lo embistió con brutalidad, arrancando gemidos cada vez más sonoros. Sus pieles colisionando provocando sonidos obscenos se sumaron a los jadeos y el chirriar de la cama, aumentando la lujuria en ambos.

La polla de su alfa le hacía ver las estrellas, a cada estocada perdía el norte. Jamás había experimentado un placer semejante, sin soltarlo, trató de articular palabras coherentes, pero de su garganta solo salían más gemidos y gritos. Un familiar cosquilleo le sacudió de pies a cabeza y arqueando su espalda, sintió el orgasmo apoderarse de él y gritar con toda la capacidad que sus pulmones le permitían. Estremeciéndose y temblando por esa gigantesca oleada de placer, escondió su rostro entre el hueco del cuello y el hombro de su alfa, respirando entrecortadamente.

Levi tomó aire y tras unas breves, pero profundas embestidas, permaneció quieto con los ojos cerrados. Su instinto le bramaba que no fuera estúpido, que se corriera dentro y anudara para dejar marcado por fin a Eren. Se mordía tan fuerte el labio que lo resquebrajó, extendiéndose una fina capa de sangre.

Estaba cerca del orgasmo, pero no tanto como para faltar a su promesa. Requirió de mucha voluntad y sangre fía salir del cuerpo del omega, mas lo consiguió. Su parte racional le felicitó por tal hazaña, pero su alfa se sintió traicionado por cometer ese acto tan atroz. Mentalmente se recriminó y se avergonzó de sus acciones.

"Eres una deshonra. No eres digno de llamarte alfa".

No… No era cierto.

—¿Lo ves? —murmuró Levi rodeando a su omega por la espalda—. Te dije que podía amarte.

Eren sonrió mientras gruesas lágrimas caían por sus mejillas. No quería separarse de él, quería se acunado entre sus brazos por el resto de la eternidad. Si bien su omega estaba decepcionado, le ignoró. En esos momentos Levi había llenado su corazón y eso era motivo suficiente para llorar de felicidad. Lo amaba, amaba a ese alfa que tantos sacrificios hacía a pesar de las adversidades que les acechaban constantemente.

—Ahí va mi segunda promesa. Un día, no importa cuando, nos convertiremos en uno. Tú serás mío, y yo seré tuyo.

Eren asintió ahogando el llanto. Un día serían libres de amarse como dos aves cruzando el horizonte y perdiéndose en el infinito.

—Lo prometo.

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La humedad, la oscuridad y el angosto camino le ponían los pelos de punta. En algunos tramos tenía que agachar la cabeza pues el techo sufría de varios desniveles. Sus ojos no veían absolutamente nada, y para sentirse más seguro, su mano derecha se deslizaba por la pared de piedra húmeda. El eco de sus pasos retumbaba en sus oídos; el único sonido que escuchaba desde que se había adentrado en ese pasadizo. Tal y como le había dicho Levi, iba a ser un recorrido largo, pero aparentemente seguro.

—Muy pocos conocen este túnel subterráneo. Conecta directamente con el castillo, no hay desviaciones, por tanto, no hay riesgo de perderse. Saldrás por la trampilla de la despensa, a esas horas solo los criados estarán levantados —le informó el alfa justo antes de despedirse.

Pese a no estar marcado, su aroma se mezcló anoche con la de Levi y el dormir juntos y abrazados no ayudó a mitigar el olor del contrario. Tomando las precauciones adecuadas, el moreno le había despertado antes del amanecer y guiado hasta la entrada de ese pasadizo.

—No podemos arriesgarnos a que alguien te vea. Cuando llegues a tus aposentos, date un buen baño para eliminar todo el olor. Puede que tardes una hora o más. En cualquier caso, asegúrate de enjabonar cada parte de tu cuerpo.

Se sonrojó al recordar la rabieta que tuvo antes de obedecerle. Como omega que finalmente ha logrado pasar la noche junto con su alfa, se negaba a irse sin más. Dada su situación actual, no sabían a ciencia cierta cuando volverían a tener otro encuentro tórrido como el que habían vivido esa noche. Levi bromeó respecto a lo mucho que se asemejaba su relación a una novela romántica donde los dos amantes se escapaban por la noche y consumían su amor en secreto.

Eren, dolido por la inminente separación, había respondido que ojalá su desenlace no fuera como en las novelas.

Era bien sabido que, aunque fuera ficción, la infidelidad era pecado. Y en casi todas las historias los amantes terminaban separados, encarcelados o muertos.

Levi le abrazó y le aseguró que ellos escribirían su propio final, aun si enfurecían a Dios por ir contra marea.

—Somos dueños de nuestras vidas.

Sacudiendo la mano al sentir algo peludo posarse en ella, temió que le hubiese mordido una araña. Mientras la frotaba en busca de alguna picadura, no pudo evitar envidiar la fortaleza y seguridad de su alfa, en cambio él… se mostraba temeroso, inseguro y afligido. Por cosas como esa, odiaba ser un omega, pues toda la debilidad caía sobre él.

Como si la vida quisiera demostrarle que era verdad, Eren tropezó a causa de una protuberancia en el suelo y cayó de bruces rasgándose las palmas de las manos. Levantándose con dificultad, se limpió la tierra y los cortes de las palmas en su capa. No vio las heridas, pero supuso que no sería nada grave. Solo había sido una caída.

Avanzando a ciegas, se preguntó cuánto faltaría. El minúsculo espacio parecía reducirse a cada paso que daba, y con los nervios aflorando, aceleró el paso para llegar lo antes posible. Le escocían las manos, y extrañamente sentía la media de la rodilla izquierda pegarse más de lo necesario, como si hubiera caído en un charco.

Después de una eternidad caminando por un solo camino, el túnel llegó a su fin. Agachado y con el rostro alzado, Eren vio la rejilla y entre los barrotes parte de la despensa. Agudizando el oído no oyó pasos ni voces. Agarrando los barrotes con las manos, tiró con fuerza y para alivio suyo, la trampilla se movió a un lado. Pesaba bastante, pero consiguió apartarla del todo del hueco.

Era un hueco estrecho en el que poca gente podría pasar. Sacando la cabeza y los brazos, se impulsó hacia arriba y sin tocar el suelo con los pies, apoyó una rodilla fuera del hueco. Impulsándose una vez más, el resto del cuerpo salió y el omega quedó sentado en el suelo. Tras descansar unos segundos, cogió la rejilla y la devolvió a su lugar.

Poniéndose en pie, bajó la mirada y se sorprendió de ver cómo la tela de la media se había oscurecido en la rodilla. ¿Se habría hecho sangre al caer?

Contemplándose las palmas de las manos, tenía varios cortes y la tierra se mezclaba con la sangre, adquiriendo esta un color más oscuro. Mirando la trampilla antes de emprender la vuelta a sus aposentos, se preguntó si recurriría a ella en un futuro próximo.

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Por una vez en su vida, la fortuna le sonrió. No se cruzó con ningún noble y los pocos criados que advirtió limpiaban absortos para no defraudar las exigencias de los nobles. Sin embargo, había olvidado por completo que dos omegas le esperaban en los aposentos claramente preocupadas por su desaparición.

Fue una escena extraña, Eren aún sosteniendo la manija de la puerta, quedó inmóvil al haber sido descubierto. ¿Cómo no había tenido en cuenta sus damas de compañía?

—¡Mi señor! —exclamó Mina dando un paso adelante—. ¿Dónde ha estado?

—Temíamos que le hubiera pasado…

Nifa calló abruptamente, palideciendo al percatarse de algo. Mina abrió mucho los ojos, pero no se atrevió a mirar a su señor. Parecían haber entendido la situación. Eren cerró la puerta sin decir nada. Era inevitable que lo descubrieran, pero sus damas de compañía habían jurado servirle fielmente y estaba convencido de que guardarían el secreto.

—Por favor, preparadme un baño.

Las dos omegas asintieron dócilmente y se apresuraron a obedecer. Por su posición, se les estaba prohibido comentar o cuchichear nada acerca de la vida personal de su señor, pero idiotas no eran. Calentando el agua, las dos, sin necesidad de palabras, ataron cabos. Eren sin ser marcado, la agresión al señor Kirstein, la desaparición…

Podían aconsejarle a su señor que no se arriesgara, las infidelidades se pagaban con severos castigos, que en el mejor de los casos el omega era desterrado y despojado de todos sus títulos. Pero en vez de eso, lo ayudaron. Cuando el agua cubría ya toda la tina, echaron sales aromáticas para borrar más fácilmente ese olor a alfa. Eran exclusivas de los nobles y excesivamente caras. No obstante, Mina y Nifa echaron hasta el último gramo de sal.

Eren les agradeció el detalle, mas sintiéndose culpable por hacerlas cómplices de su relación extramatrimonial.

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Los días siguientes transcurrieron sin acontecimientos relevantes. En contraste con los anteriores, la rutina se reanudó para Eren, quien ejercía su papel de esposa florero. Iba a misa por las mañanas —un hábito diario que le aburría extremadamente—, obligado por la iglesia confesaba sus pecados, inventados obviamente, regresaba al castillo y ahí continuaba su adiestramiento en el noble arte de la costura, leía en voz alta pasajes de la Biblia y atendido por sus damas para dar una imagen de esposa bella y elegante.

Por su parte, Jean fue dado de alta por Hange al cuarto día de su ingreso en el refugio. La cirugía había sido realizada con éxito, mas no podía hacer movimientos bruscos. Una venda rodeaba su pectoral, asegurando la estabilidad de las costillas.

El reencuentro con Eren fue tenso. Los dos intercambiaron un breve saludo y la conversación más insípida desde que se conocieron:

—¿Cómo estás?

—Bien.

—Suerte que tenemos a Hange.

—Sí.

Como era de esperar, cada uno siguió con sus obligaciones y aunque ninguno había olvidado aquel suceso, no mencionaron nada al respecto.

Al quinto día, Eren recibió una carta de Levi. Por lo visto, los nuevos reclutas para el ejército provenientes de Maria se habían instalado en la ciudadela preventivamente. Según el alfa, algunos de ellos jamás habían empuñado un arma, y ni siquiera sabían ponerse la armadura. Desde jóvenes de quince años hasta hombres de cuarenta, todo tipo de alfas se habían agrupado y puestos bajo el mando de distintos jefes de pelotón. La tarea de Levi como Capitán y mejor soldado era escoger de entre estos soldados a los más fuertes y formar un nuevo pelotón.

A Eren se le encogió el corazón al pensar en Mikasa. Seguramente estaría realizando un duro entrenamiento y poniendo a prueba sus capacidades. Ella era fuerte, y en caso de guerra, estaba seguro de que sobreviviría. O eso quería creer.

La carta no contenía información de otro tipo. Levi había obviado el pequeño detalle de que ahora estaba casado y cada noche se reunía con su esposa.

Había visto a Petra un par de veces durante esos días, y sospechaba que ella estaba siendo objeto de cuchicheos al igual que él tras la boda. Levi no la había marcado y eso disgustaba a los nobles, pero, por otro lado, parecían encantados de tener una excusa para criticar a otros nobles.

Ni que decir que su presencia seguía atrayendo miradas indiscretas, pero no les prestaba atención. Casi se había acostumbrado a los murmullos que se alzaban por detrás de su espalda.

Sin duda, el incumplir su deber como alfas era motivo para que la reina interviniese, pero no en esos momentos. Frieda lidiaba su propia batalla tras recibir un mensaje en el cual se le comunicaba del ascenso de Zeke Fritz al trono de Rose. Algo totalmente inesperado. Reunida con su consejero, Pixis, exigió saber qué había pasado.

—Al parecer el rey fue envenenado mientras celebraba su aniversario con la corte y el arzobispo nombró al hijo de Dina nuevo rey de Rose.

—¿Cree que fueron ellos? —preguntó Frieda.

—No podemos confirmar nada, pero todo apunta a que sí. Tienen la iglesia a su favor —añadió en tono sombrío.

—¿Qué más averiguaron sus espías?

—Hay rumores de que están planeando una guerra contra Maria.

Frieda asintió con los labios fruncidos, encajando esa noticia sin pestañear.

—Majestad, si Maria se ve amenazada, estamos en la obligación de responder. Firmamos una alianza —prosiguió Pixis.

La reina no respondió. La guerra era inminente y ellos aún no estaban preparados. Los reclutas iniciaron el entrenamiento justo el día antes.

—Avise al Comandante Erwin. Necesitamos un plan de ataque en caso de guerra.

—Sí, Majestad.

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Respuesta a los reviews:

YupinaBL: como omega sin marcar, Eren está en peligro constante, bueno, como el resto de omegas en general, y más en esas épocas. Intenté que simpatizarais con Farlan e Isabel y me alegra haberlo conseguido! Qué bueno que ya podrás dormir ;)

Bossenbroek: Petra tiene sus razones para no querer tener hijos. Más que inmadura, es obstinada y cabezota. Más adelante se sabrá un poco de ella y bueno, Hange como beta es pragmática: ¿eres omega? Pues acéptalo. Pero es lógico que pienses así, aunque mi intención no es hacer de Petra una niñata. Recuerda, en este fic todos los personajes sufren, ¡ninguno se salva! jajaja

van: los matrimonios concertados suelen ser una shit, sí. Para la boda de Levi y Eren...mmmm no puedo decirte nada. ¡Es secreto!

dteufel: la aparición de Farlan e Isabel fue espontánea. No estaba planeada pero creo que salió bien (?) Son amigos que sobreviven juntos dándose apoyo y ayudándose. ¿Terminarán juntos? Quien sabe... ^^ Y a la relación de Jean y Marco todavía le queda sufrir un poquito, recuerda que nuestro caballo se irá a la guerra! Marco quedará solito... Gracias por tu review!

Scc Ccu: ¿Romeo y Julieta versión omegaverse? La verdad es que en este capítulo hago referencia al amor trágico, pero tranquila, confiemos en Levi. No puedo decir si se casarán o no, habrá que esperar para saberlo seguro. FF a veces se queda los reviews para el... Qué se le va a hacer... Agradezco igual tu review!

Sammy 1109: se han dado mucho amor pero todavía no pueden mandarlo todo a la mierda jajaja todo a su tiempo.

Lia Primrose: Iba a ser un cap muy sad y con algo de angst. Como omega las cosas le afectan más y si además se trata de la boda de Levi y Petra... pues ya es tragedia pura. Eren quiere escapar de allí, porque lo único que tiene desde que llegó a Sina son malos recuerdos. Él no es feliz, y el amor con Levi es complicado. Pero yo siempre he creído que las malas vivencias luego te hacen más fuerte. A Farlan e Isabel tenía que incluirlos sí o sí, los amo. Son tan lindos. Antes de escribir el capítulo, planeé el encuentro con Eren y se me ocurrió la loca idea de que este les daba su anillo de compromiso para que sacaran dinero con el, luego lo descarté. Aunque odie su matrimonio, el anillo representan como las cadenas que lo mantienen sujeto. Digamos que mientras lleve el anillo él no será libre. La escena de Levi salvándole es muy cliché pero tenía que hacerlo. No es el arquetipo de héroe justiciero, simplemente protege a Eren, y en cuanto a los enemigos es bastante despiadado. ¡Besitos para mi princesa!