Me pasé de fecha, lo sé -.- Intento actualizar este fic cada mes e incluso antes si el tiempo me lo permite, pero últimamente ando ocupada con otros asuntos. Os traigo un capítulo "tranquilo", que probablemente sea el último ya antes de que todo se tuerza. No es de los mejores, pero le añadí un dramatismo que espero mantenga la trama en suspense. Más adelante, personajes que mencioné por encima tomarán relevancia y el angst hará su aparición. No temáis, no será un angst exagerado, pero sí realista. Quiero decir que habrá sucesos inevitables que nadie puede controlar. ¡Quedáis advertidos! Y ya si me despido para que leáis a gusto. ¡Muchos besos!

Shingeki no Kyojin no me pertenece.

Advertencias: omegaverse.


—Reina, D-4. Jaque mate.

Avanzando su reina blanca tres casillas en diagonal, hizo jaque mate al rey que estaba rodeado por el alfil blanco, dos peones blancos y una torre blanca.

—Nunca conseguiré entender este juego endemoniado —se lamentó Hannes tras su quinta derrota consecutiva.

Armin agrupó las piezas y las colocó en sus respectivos lugares. Como adversario, Hannes no era rival para el pequeño omega, quien empezaba a aburrirse de ganar las partidas de ajedrez sin ninguna dificultad. Cuando jugaba con su compañera Mikasa el juego adquiría un poco de emoción, pero desde su marcha ya no tenía a nadie con un nivel suficiente como para mantener una partida por más de diez minutos.

Hannes le hacía compañía la mayor parte del tiempo, procurando divertirle y darle ánimos. Sus dos mejores amigos ya no estaban, y se sentía más solo que nunca. Incluso se culpaba por obligar indirectamente a que Hannes malgastara su tiempo con él.

Dando comienzo a una nueva partida, Armin moría de curiosidad por saber qué asuntos trataban los Jaegers con la reina Frieda Reiss. Moviendo su peón hacia adelante, su mente elaboró diferentes conjeturas acerca de esa reunión. De entre todas las posibilidades, la más acertada sería pensar que en esos momentos discutían sobre la inminente guerra que se les venía encima.

Su compañero movió un peón sin ser consciente de que ya cometía un error.

Frieda se presentó con dos hombres a su lado. Uno mayor, sin pelo y con bigote. Y otro más joven, rubio y de ojos azules. Ese último vestía ropa del ejército, y supuso que sería el comandante; ningún otro soldado tenía el privilegio de acompañar a la reina a un encuentro con el reino de Maria.

Los Jaegers los recibieron en el vestíbulo con una docena de soldados custodiando la entrada y a la propia Frieda. Armin medio escondido en la balaustrada de mármol del segundo piso, observaba la escena en la que Carla y Grisha reverenciaban a Frieda. Por unos segundos, su mirada y la del comandante chocaron, fue solo un instante, pero sintió algo dentro suyo removerse inquieto. Apartando la mirada rápidamente, se perdió por uno de los pasillos que conducía a uno de los salones de ocio. Carla le había aconsejado que en lo que duraba la reunión, no les espiara por detrás la puerta.

Él se mostró ofendido, pero no negó que hubiera dado cualquier cosa por estar ahí dentro.

Como aliados que eran, enfrentarían juntos la amenaza de Rose, pero eso no les garantizaba la victoria. Maria era débil, y Rose se había fortalecido. Las guerras eran como una partida de ajedrez, la fuerza era un factor indispensable para ganar, pero la lógica y la estrategia determinaban el número de pérdidas y, por ende, el resultado final.

Si Rose quería acabar con el imperio de Maria, debía derrocar al rey y la reina. Y gracias a su superioridad militar, no le costaría mucho trabajo.

Cuando se supo de la noticia de Zeke Fritz al trono, Grisha actuó extraño. Los reunió a él y a Carla en privado y alterado, les informó que cuando invadieran el castillo, ella y Armin escaparan por un pasadizo secreto que les conduciría a las afueras del castillo. Como era de esperar, su esposa se negó rotundamente. Jamás abandonaría a Grisha a su suerte.

Armin sospechó que Grisha les ocultaba algo. Y no solo eso, él ya había aceptado la invasión de Rose como un hecho inevitable. Si Maria caía, ¿qué sería de Carla y Grisha? ¿Les perdonarían la vida? ¿Les ejecutarían?

No le costó saber la respuesta. Él mismo se había delatado induciendo a su esposa a que escapara. Estaba claro que el objetivo de Rose eran los Jaegers. Pero, aun así, su deducción carecía de lógica. Esa guerra iba a ser entre Zeke y Frieda. ¿Por qué atacar al débil imperio de Maria? Prácticamente no representaban ninguna amenaza.

Tenía que haber algo. Algo que Grisha sabía, y ellos no.

Pese a poner más atención a sus especulaciones, derribó fácilmente el caballo negro que Hannes había movido previamente. Las voces de los Jaegers le alertaron que la reunión había sido dada por finalizada. Los monarcas junto con el comandante y el otro hombre aparecieron en la sala, pero no parecían tener intención de instalarse ahí. Siguieron avanzando, conversando con calma sobre los pequeños disturbios acontecidos en Sina días atrás.

Armin se atrevió a mirar de reojo al comandante, quien no participaba en la conversación. En su lugar, desvió su atención hacia su pequeña figura. Como había sucedido antes, el omega cortó el contacto visual y centró en la partida de ajedrez.

Sin embargo, se puso nervioso al comprobar que este se disculpaba con los monarcas y se aproximaba a ellos. Esa sensación que no sabía describir le sacudió de nuevo. Removiéndose en la silla, distinguió su figura imponente detrás de Hannes y el olor a alfa que desprendía. Disimulando el temblor de sus dedos, movió su alfil.

Por la expresión de Hannes, dedujo que no tenía ni idea de qué pieza mover para evitar una derrota segura. No obstante, no fue él quien habló.

—Torre, H-5.

Hannes no esperaba que el comandante de Sina le aconsejara qué pieza mover. Sonriendo, siguió su indicación. Armin no dijo nada, mas una de sus tantas jugadas para ganar había sido descartada.

—Caballo, B-6.

Tras unos segundos, el comandante dijo:

—Alfil, F-4.

Armin se irguió. Esas jugadas no eran aleatorias como las de Hannes, tenían un propósito: defender al rey. Gradualmente, la partida aumentó su nivel de dificultad, y Hannes pasó a ser el que únicamente movía las piezas sin intervenir intelectualmente en el juego. Poco a poco, el omega fue perdiendo sus peones, una torre y dos caballos.

Estuvieron más de media hora atacando y defendiendo sus piezas, hasta que finalmente Erwin dio por terminada la partida con un jaque mate. Armin frunció los labios; era la primera vez que perdía en el ajedrez. Hannes los elogió a ambos y se despidió rápidamente, pues ahora era su turno de vigilancia.

Armin no quería quedarse a solas con él. Su aroma le mareaba. Recolocó las piezas en el tablero y pensó en alguna excusa para ausentarse.

—Enhorabuena. Es la primera vez que juego una partida tan interesante.

El omega tiraba de sus mangas por debajo la mesa para canalizar su nerviosismo.

—S-Sí… Ha sido entretenido.

—Espero jugar de nuevo contigo.

Asintiendo con la cabeza, Armin se había quedado mudo. Su pequeño cuerpo empezó a soltar tímidas feromonas y alarmado, se levantó de inmediato. Disculpándose con el alfa, salió de allí apresuradamente.

Esa misma noche, Armin entró en celo.

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Kenny Ackerman estaba furioso. Al parecer su sobrino no entendía el concepto "engendrar un heredero". Creía haberlo dejado bien claro al concertarle ese matrimonio, pero, por lo visto, Levi se consideraba por encima de tales obligaciones. Importándole un carajo irrumpir durante el entrenamiento, accedió al patio de armas: zona reservada exclusivamente para los soldados. Como desertor, ya no pertenecía al ejército, al menos no de forma oficial. Si quería luchar, luchaba, pero no obedecía órdenes de nadie.

Los nuevos reclutas llegados de Maria entrenaban por parejas. Ni qué decir que el nivel era pésimo. Costaba creer que fueran todos alfas.

—¿Qué mierda crees que haces Kirstein? —gritó la voz de Levi—. ¡Levanta del suelo! ¡El enemigo no esperará a que te recuperes!

El alfa en cuestión intentó levantarse, pero soltó un quejido y posó una mano sobre sus costillas. Jadeando, estaba en peores condiciones que la mayoría de los nuevos. Levi hizo una mueca y aproximándose a él, lo agarró por la cota de malla, y sin ninguna consideración, lo puso en pie.

—Si vuelvo a verte en el suelo por más de dos segundos, recorrerás este patio hasta que se ponga el sol.

Jean, sin poder controlarse, le gruñó a Levi enseñando los dientes amenazadoramente. Este alzó una ceja, y sin preocuparse de su delicado estado, le propinó una patada que lo tumbó bocabajo, cayendo contra el suelo como un peso muerto.

—¡LEVANTA! ¡NO TE HE DADO TAN FUERTE!

En general, Levi solía ser bastante duro en los entrenamientos, pero con Jean se ensanchaba con evidente crueldad.

Mientras Kenny se paseaba por ahí como si tal cosa, calculó que esa tropa de soldados iba a durar como máximo diez minutos en el campo de batalla. Una verdadera lástima. En sus tiempos, los soldados eran impecables a la hora de matar. Solamente una alfa logró captar su atención: ágil, veloz y físicamente superior al resto. Derribó su oponente más alto y más corpulento, mostrando una fuerza similar a la de Levi, pero al contrario que este, la chica alfa no mostraba ningún sentimiento a la hora de luchar.

Al ver que el tipo no se levantaba, Levi ignoró a Jean, que en aquellos momentos hacía verdaderos esfuerzos por respirar, y se dirigió hacia ellos.

—¿Cómodo el suelo? ¿Te apetece dormir un rato?

La chica alfa observó a Reiner Braun e inexpresivamente, dijo:

—Está inconsciente.

Levi le dedicó una mirada inquisitiva, pero arrodillándose frente a Braun, comprobó que era cierto. No era muy común encontrarse con casos como ese. Sin darle mucha importancia, se limitó a decir:

—Procura que llegue con vida al inicio de la guerra. ¿Cuál es tu nombre?

—Mikasa —respondió.

—¿Tu apellido?

—No tengo.

Levi la miró de arriba abajo, pero no insistió.

—Sigue entrenando.

Ni uno ni otro acudieron a ayudar a Reiner: Mikasa buscó otro oponente, en tanto que Levi reparó en la presencia de su tío en un recinto al que, supuestamente tenía prohibido el acceso.

—¿Qué haces tú aquí? —preguntó con fastidio.

Kenny soltó un gruñido.

—Maldita rata —escupió como saludo—. ¿Qué pretendes? ¿Morir sin dejar descendencia?

Levi se estaba preguntando cuánto tardaría su tío en reclamarle su decisión de no marcar a Petra.

—Yo no pedí ese matrimonio.

—¡¿Se puede saber qué cojones te pasa?! —inquirió furioso—. ¡Hablamos de marcar una omega! ¿A qué esperas? ¡Cuando estalle la guerra ya no podrás hacerlo!

—No pienso marcar a esa omega —reiteró sin dejarse amedrentar.

Kenny le miró como si estuviera loco. Sin creerse que aquel que hablaba era su sobrino. Pero entonces, tuvo una especia de revelación. Finalmente, comprendió la situación y se relajó.

—Oh… Ya veo. Tienes otro omega, ¡eh! Bueno, no importa. Mientras lo preñes, quien sea el omega es lo de menos. ¿Ya lo has hecho?

—No lo haré —aclaró Levi sin molestarse en negar esa evidencia.

—¡Estúpido! ¡¿Por qué no lo has hecho?! —gritó consternado.

—Lo preñaré cuando él me lo pida.

Su tío parpadeó como si no hubiera oído bien.

—Pero, ¿qué mierdas estás diciendo? ¡Nuestra estirpe no puede morir! ¡Somos los Ackerman! ¿Es que tu podrido cerebro no lo entiende?

—Si tanto te preocupa nuestra estirpe, coge a un omega y préñale tú. A mí déjame en paz —dijo harto de esa discusión.

Kenny hubiese seguido con sus protestas, mas sonrió macabramente.

—Como quieras… Ya preñaré yo a tu omega.

Levi abrió los ojos completamente en shock.

—Inténtalo y estarás muerto.

—A mí no puedes matarme. Te llevo años de ventaja —declaró arrogante.

—¿Años de ventaja? —repitió con burla—. Te pasaste media vida lamiéndole el culo a ese idiota de Uri Reiss.

—¡Si sigues insultando a Uri te rajaré la garganta!

Kenny lo agarró de la túnica y sacando un cuchillo que llevaba escondido le clavó la punta en el cuello. Levi, sin cambiar su expresión, lo tomó del brazo.

—Suéltame.

Los dos Ackermans mantuvieron una lucha silenciosa pero tensa. Ninguno cedía y parecían dispuestos a ir más lejos si era necesario. El mayor sintió como se le cortaba la circulación en el brazo, pero el orgullo le impidió rendirse ante su sobrino. Levi sentía como la afilada hoja ejercía cada vez más presión sobre su cuello, pero no lo soltó.

Consciente del espectáculo que estaban dando a los demás alfas, Levi retiró su mano con una mueca. Kenny guardó su cuchillo sonriendo torcidamente.

—Si en una semana no has marcada a tu omega, yo me encargaré de hacerlo.

Y dicho eso, se dio la vuelta. Levi entrecerró los ojos, expresando el odio infinito que le tenía a su tío.

—¡Seguid entrenando pedazo de inútiles! —gritó enfurecido.

Inmediatamente los alfas que cesaron sus movimientos para prestarles atención a los dos Ackerman, reanudaron el entrenamiento.

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Para cuando anocheció, Levi se frotó las sienes exasperado. Llamarlos inútiles era quedarse corto… Esos críos jamás habían presenciado una muerte y la mayoría procedían del campo. Rose los aplastaría en cuestión de segundos… Sina combatiría prácticamente sola, tuvieran a Maria de aliada o no. Únicamente esa chica alfa pareció tener nociones de lucha, lo más probable es que la pusiera en su escuadrón.

Sentado en el borde del lecho, se había desprendido de su armadura y ahora solo le cubría una túnica de lana y unas mallas. La estancia estaba en penumbra, solitaria y silenciosa. Como era habitual, Petra no estaba ahí. Desde hacía días que había tomado un hábito de lo más insólito. No se veían por el día, si acaso se cruzaban y se dedicaban una fugaz mirada. Dormían juntos, pero no hablaban entre ellos. No se repudiaban, tampoco se odiaban, simplemente no sentían nada.

Era una omega extraña, pese a comportarse como tal parecía todo pura fachada. No daba la sensación de ser una persona feliz… él, desde luego, no consideraba tener una vida feliz. Y sospechaba que la mayoría no estaba en mejores condiciones. Los matrimonios forzados no hacían sino limitar a alfas y omegas y reprimirlos en contra de su voluntad. Y la inminente guerra solo lo empeoraría aún más…

Temía por Eren. Temía por su seguridad; los omegas eran los que más sufrían la crueldad de la guerra… Quizás lo más seguro sería sacarlo del castillo ahora que todavía había tiempo, que buscara un sitio para esconderse… Definitivamente no podía quedarse cuando empezara la invasión de Rose.

El chirriar de la puerta al abrirse le avisó de la llegada de Petra. Actuando como si no estuviera, la omega cerró la puerta con sigilo y empezó a desvestirse. Levi, quien mantenía la mirada en un punto del vacío, frunció la nariz al detectar ese olor a alfa mucho más fuerte que noches anteriores. Resultaba irónico que Petra se entendiera con otro alfa pero este no la marcara… exactamente como le sucedía a él con Eren. No identificaba ese olor con nadie que conocía, pero dedujo que debía ser alguien del castillo.

Desprendiéndose de la cofia que llevaba atada con cintas por debajo la barbilla, Petra dejó al descubierto su cabello enredado. Aflojando el nudo de su túnica, liberó los brazos de esas mangas ajustadas y dejó caer la pesada tela a sus pies.

—Apestas —dijo Levi sin poder contenerse.

Petra le miró ofendida, pero tras unos segundos de reflexión, acercó su nariz al hombro y lo olisqueó. Por su expresión se leyó bien claro que Levi llevaba razón. Con las mejillas encendidas, le dio la espalda y se dirigió al espacio reservado para el aseo. Fue en ese preciso instante en que Levi alzó los ojos y reparó en los moratones y golpes que adornaban la espalda y los costados de la omega. Frunciendo el ceño, no estuvo muy seguro de preguntar. No le hacía ni pizca de gracia que las doncellas creyeran que había sido él el causante. Él jamás agrediría a un omega, fuese quien fuese.

Cuando al cabo de veinte minutos Petra entró de nuevo oliendo mínimamente decente en opinión de Levi, preguntó sin rodeos:

—¿Qué alfa te hizo eso?

Cubriéndose con un camisón de seda, se metió en la cama y recostándose en su lado derecho, respondió:

—No es nada.

—Un alfa te ha agredido físicamente.

—No es lo que crees.

Levi calló esperando una explicación más detallada, pero Petra no parecía dispuesta a dar más información. Sin comprender su actitud arrogante, cesó de insistir. A fin de cuentas, su única preocupación era Eren. No tenía tiempo para los demás.

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Eren se dio la vuelta por enésima vez; no encontraba la postura adecuada para dormir. La almohada tenía la misma textura que una piedra, o eso era lo que su mente quería hacerle creer. Se removió entre las sábanas hasta que finalmente Jean estalló.

—¿¡Quieres dejar de moverte!?

Eren no le hizo caso.

—¡Estate quieto!

—Cállate y duerme —le espetó acomodando la almohada hastiado.

—Lo haría, pero un imbécil no me deja.

No se veían las caras, pero oír la voz del otro era suficiente para que ambos sintieran el rechazo mutuo que se profesaban desde el instante en que se conocieron, pero que a raíz del incidente se había incrementado desmesuradamente.

—No puedo dormir, ¿vale?

—Pues vete y date una vuelta —replicó Jean empleando el mismo tono de voz que Eren.

El omega siguió a lo suyo, logrando así enfurecer más a Jean. Ubicados en los extremos de la cama, cada noche la pasaban en silencio, soportando la tensión y el odio que poco a poco se iba formando entre ellos. Eren no podía ver nada, pero oyó un revuelo de sábanas y el peso de la cama aligerarse cuando Jean, sin previo aviso, se levantó hecho una furia.

—¿Qué haces? —le preguntó desconcertado.

—Voy a sacarte yo mismo de la cama para que… ¡Aarg! ¡MALDITA SEA!

Se escuchó un fuerte golpe y un quejido prolongado. Jean estaba en el suelo.

—¿Jean?... ¿Jean? ¿Estás bien?

Eren hizo a un lado las sábanas y se puso en pie.

Una risa que pareció un sollozo, lo dejó paralizado.

—No… ¡NO ESTOY BIEN! ¡ESTOY HECHO MIERDA! —exclamó ahogando más sollozos—. ¡TÚ MALDITO ALFA ME HA DESTROZADO! ¡NO PUEDO NI TENERME EN PIE SIN QUE ME DUELAN LOS HUESOS! ¡POR SU CULPA ME MATARÁN! ¡MORIRÉ SIN HABER MARCADO A MARCO! ¡SIENTO QUE…! ¡SIENTO QUE VOY A VOLVERME LOCO!

—Jean, tranquilízate —murmuró Eren asustado. A tientas, se arrodilló frente al alfa que agonizaba de dolor—. Todo irá bien…

—No, Eren… Nada va a ir bien. Si se declara la guerra, yo no podré proteger a Marco. ¡TENÉIS QUE HUIR! —gritó agarrándolo por la pechera—. ¡SI LOS SOLDADOS DE ROSE OS ENCUENTRAN…! ¡SI OS HACEN PRISIONEROS…!

—¡Jean, cálmate! ¡Tienes que calmarte!

—¿Tienes idea de qué les hacen a los omegas prisioneros? —preguntó temblando de pies a cabeza.

Eren sintió como la garganta se le cerraba de la angustia. La desesperación de Jean lo dejó clavado en el suelo, experimentando por primera vez el verdadero miedo.

—No es… No es seguro que haya una guerra —dijo en tono vacilante.

—Los alfas moriremos atravesados por una espada, pero los omegas… Marco se convertirá en esclavo o será violad…

—¡Ya basta, Jean! —le interrumpió Eren alarmado. No quería oír eso último—. Estás muy alterado. Necesitas descansar, mírate, estás sudando—. Recargando el peso del alfa sobre su hombro, Eren lo ayudó a levantarse mientras espantaba todos los miedos habidos y por haber—. Despacio… Con cuidado, ahí… Pon las manos ahí…

Jean estaba de vuelta en la cama. Eren le palpó las vendas en busca de sangre, pero comprobó aliviado que la herida no se había abierto. Sin embargo, el omega estaba conmocionado. Jamás había visto a un alfa derrumbarse de esa forma. ¿Hasta qué grado podía ser de temible una guerra? ¿Hasta qué punto estaban en peligro los omegas?

La incertidumbre del mañana le privó definitivamente del sueño esa noche.

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Frieda no cesaba de mirar por una de las ventanas pese a que la noche había caído hacía rato. Ignoraba cuanto tiempo llevaba ahí de pie sin interactuar con nadie. Pensando. Pensando en su futuro, en el de sus hermanos, en el del reino… ¿Qué sería de ellos una vez empezada la guerra? El aviso de Grisha persistía en su cabeza como una nube gris, nublando sus pensamientos hasta volverlos confusos y llenos de pavor.

"La espera ha tocado su fin. Zeke se acerca, y usted debe estar preparada para cuando llegue. Yo no podré contenerlo, ni mi reino tampoco. Lo dejo en sus manos".

Esas habían sido las palabras del monarca de Maria, murmuradas en secreto solo para ella. ¿Por qué motivo querría Zeke iniciar una guerra contra Sina y Maria? ¿Cuál era su propósito? Frustrada por la ausencia de respuestas, se preguntó qué habría hecho su tío, Uri, en esa situación.

—Debería descansar, Majestad —le aconsejó la voz del comandante, surgida de improvisto.

No tenía ni idea de cuánto tiempo llevaba ahí, pero agradeció tenerlo en ese momento.

—¿Saldremos victoriosos de una guerra? —le preguntó Frieda.

—No lo sé —contestó con total sinceridad.

—Dicen que espías de Rose campan a sus anchas por este castillo. Ante esta incertidumbre, me veo en la obligación de encargarte una misión —prosiguió con la mirada fija en el vacío.

—Usted dirá.

—Si algo llega a sucederme, protege a mi sucesora. No importa qué métodos utilices, pero no permitas que caiga en manos de Rose. Sé su protector, vela por su seguridad y asegúrate que sea ella quien herede el trono de Sina.

—Sí, Majestad.

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Respuesta a los reviews:

Lia Primrose: primero quiero pedirte perdón por este tiempo sin escribirte. Abandoné a mi princesa y eso está muy feo *inserte carita llorona* Quise responderte pero los únicos momentos libres que tengo son por la noche y a esas horas solo quiero echarme a la cama y dormir. Lo siento mucho, intentaré rescatar algunos minutos para escribirte sin falta. Luego podrás desquitarte conmigo todo lo que quieras, pero primero déjame comentarte el review jejeje El lugar dónde iban a hacerlo tiene mucho peso, o significado, porque digamos que Levi ha mostrado una pequeñisima parte de su yo. Perfectamente podría haberlo llevado a un bosque y empotrarlo contra un árbol, pero aparte de que esa brutalidad no va con él, y es demasiado cliché, Levi realmente ve en Eren su alma gemela. Él puede ser muy cruel con los demás, pero no con Eren. Y además, me parece estúpido que por el hecho de ser alfa ya no puedas tener autocontrol y seas una bestia sin escrúpulos. ¿Hola? Los alfas también tienen sentimientos, y lo acabo de mostrar también con Jean. En cuanto al lemmon... Ya me noto oxidada después de escribir tantos, la verdad es que una acaba cansada de relatar escenas de sexo. Pero me alivia saber que te gustó tanto :) No te preocupes por Petra, a ella ya le tengo preparada una sorpresa. Agradable, eso sí. De Zeke sabremos en el próximo capítulo, y ya puedo asegurar, que paz y amor no va a traer. ¡Mil gracias por tu review! ¡No sabes cuánto los adoro! *llora de amor* No puedo esperar por leer tu actualización, lo vi ayer pero estaba fuera con unas amigas y no pude T.T Estoy ansiosa por leerlo. ¡Un abrazo lleno de cariño mi querida Lia!

Frozen Muse: yo también opino que el Rivetra es una ship hermosa, y muchas veces me molesta que Petra sea la mala malísima. Aquí no es así. Ella tendrá su historia y dentro de poco veremos qué camino va a tomar. Puede parecer un personaje frío, pero también hay que entender que los omegas viven bajo obligaciones como casarse, tener hijos, cuidar de ellos... Petra aspira a otras cosas. Creo que he hablado demasiado jejeje Ya se verá ^^

Narzisseblume: fue una larga espera, pero espero no haberte decepcionado.Este fic tendrá continuación, y como dije, cada mes intentaré actualizar y no sobrepasarme entre una actualización y otra. Respecto al fic WinMin, no lo he olvidado, de hecho tengo varias páginas escritas, pero me siento estancada porque es un romance muy complicado y a veces no sé cómo describir alguna situaciones. Es difícil, pero trataré de tirarlo para adelante. Y en este fic, bueno a viste el primer acercamiento entre ellos ^^ ¿Casualidad que Armin entrara en celo? Y sí, habrá ErwinxArmin pero no puedo decir más. Gracias por tu review!

van: aii... creo que los minilevis aún tardarán en aparecer... ¿o no? Quien sabe...

Bossenbroek: yo tampoco tenía planeado escribir un lemmon tan temprano, pero se dieron las circunstancias y lo hice. Levi se arriesgó mucho, pero quería mostrar como un alfa también es capaz de controlarse. No es un ser despiadado y sin alma que abusa de su omega. Esos clichés me ponen enferma. Incluso Jean que intentó marcar a Eren, lo está pasando horrible. En este fic, seas omega, alfa o beta vas a sufrir. Yo no discrimino jajaja