¡Ni yo misma puedo creerme que haya actualizado después de una semana y tres días! Me puse a escribirlo con calma y sin darme cuenta lo terminé antes de lo previsto. La trama se pone interesante y ya puedo decir oficialmente que el angst ha empezado. No quiero asustaros, pero en este capítulo y el siguiente habrá angst y bueno, estad preparados.

¡Hemos llegado a los 100 follows! *Lo celebra bailando* Estoy muy feliz, y aunque no suelo decir eso, me gustaría leer vuestros reviews para saber vuestra opinión, últimamente he recibido menos y eso me hace pensar que igual ya no os gusta o os ha dejado de interesar. No voy a obligaros, por supuesto, pero cualquier comentario es muy bien recibido. ¡Y ya si me despido con un enorme brazo!

Shingeki no Kyojin no me pertenece.

Advertencias: omegaverse, angst!.


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Annie Leonhart era descrita por muchos como una loba solitaria. Su rostro estoico, que la mayoría confundía con enojo, ahuyentaba a omegas y alfas por igual. Le temían y le respetaban, y pese a que Hitch era la única que bromeaba acera de su mal humor, sobre todo por las mañanas al despertar, ni siquiera con ella tenía algo parecido a una "amistad". Annie no buscaba hacer amigos, tampoco mostraba signos de querer encontrar a su omega, sencillamente vivía como cualquier otro noble, realizando sus quehaceres e ignorando el resto.

Nadie la preparó, no obstante, para oír la conversación en la que las vidas de todo el reino pendían de un hilo. El atardecer aún persistía en el cielo nublado, pero no por mucho tiempo; la noche empezaba a acechar los más recónditos lugares para impregnarlos con su oscuridad, aliada de aquellos que obraban en la sombra para no ser descubiertos.

Las mazmorras siempre destacaron por tratarse de un espacio silencioso, irrumpido solamente por el eco de los pasos de los que se aventuraban ahí dentro. Incluso la médico Hange procuraba trabajar en el más absoluto de los silencios, pues su profesión requería de gran concentración. Annie recorrió el angosto pasillo apenas iluminado por cuatro antorchas colgadas en las paredes de piedra, mirando a ambos lados esperando encontrar la entrada al refugio.

Era la primera vez que se adentraba en aquel lugar e iba un poco desorientada. Por eso, cuando escuchó a lo lejos el eco de unas voces, sus piernas se detuvieron en seco. Dos voces: una de hombre y otra de mujer, y esta última no pertenecía a Hange. Inexplicablemente sus instintos alfas salieron a flote, y eso solo podía significar una cosa: peligro. Pegándose a la pared, anduvo con el máximo sigilo que le permitieron sus botas de cuero. Fue una suerte no haberse puesto sus zapatos de tacón. A medida que avanzaba, las voces se hicieron más esclarecedoras y reconoció una de ellas: la de Reiner Braun.

La mazmorra era un laberinto de pasillos que en algunos tramos tomaba dos desviaciones. Cerrando los ojos, Annie agudizó el oído y dedujo sin mucho esfuerzo que esas dos personas se hallaban en un piso inferior, dónde se ubicaban los calabozos. Tomando la desviación de la derecha, aparecieron vagamente iluminados, los escalones estrechos, desiguales y bastante resbaladizos. Bajando en círculos, Annie ya podía distinguir partes de la conversación.

—No he hablado con él, aún —decía la voz de Reiner—. No puedo garantizar tu seguridad si vienes conmigo.

—Mi seguridad no me importa —replicó la voz femenina—. Solo quiero pagar mi deuda.

—¿Es eso? ¿Estás segura? No puedo arriesgarme a confiar en ti.

Annie casi había bajado el último escalón, pero por precaución permaneció allí, la luz de una antorcha proyectaba sus sombras y calculó que debían estar a unos cinco metros de distancia.

—Te estoy diciendo la verdad. Yo solo vivo para mí.

Por más que hacía memoria, no lograba recordar de quien era esa voz. Hubo una pausa, y tras soltar un suspiro, Reiner dijo:

—Será mejor que hables tú con él. En pocas horas, Zeke habrá matado a los Jaegers y se presentará aquí antes del amanecer. Será tu ocasión.

Annie trató por todos los medios de no alterarse con esa impactante noticia. Si sus instintos se descontrolaban, Reiner detectaría su aroma.

—Y entonces volveré a Rose —sentenció la voz femenina.

—Si no decide tu sentencia antes.

Con el oído puesto, la alfa escuchó nombres como "Marcel" y "Galliard", pero estos le eran completamente ajenos. No conocía a nadie con esos nombres, y supuso que Reiner se estaba refiriendo a soldados de Rose. Por otra parte, la actitud pasiva y desinteresada de la mujer revelaba que no pertenecía a ningún bando. Se podría decir que la guerra le era indiferente total.

Antes de que fuera demasiado tarde, Annie decidió que ya había escuchado suficiente. Emprendió el camino de vuelta, confiando en sus capacidades para no ser detectada. Subió las escaleras con lentitud, pero con los cinco sentidos en alerta. Si Reiner la descubría no tenía más remedio que iniciar una lucha, y lejos de asustarse por eso, simplemente no le apetecía luchar en ese momento. Cuando hubo alcanzado el inicio de las escaleras, apresuró el paso y a grandes zancadas, anduvo por los pasillos de la mazmorra con un gran dilema mental.

¿Qué haría con esa información? ¿Avisar a la reina? ¿Huir? ¿Permanecer y combatir? Olvidando el motivo por el que había venido —pedirle a Hange algo para aliviar el dolor de los moratones—, subió la escalera que conducía fuera de la mazmorra. Si Reiner estaba en lo cierto, Zeke acudiría al castillo en menos de seis horas, y no con buenas intenciones. Matar a los Jaegers, monarcas de Maria, era proclamar a los cuatro vientos una guerra. Y probablemente el ejército de Rose rodearía el reino de Sina, obstaculizando las principales salidas. Los soldados incluso podían estar marchando en aquel preciso instante hacia Sina, usando la noche a su favor para pasar desapercibidos.

Y de entre todas las personas con un alto cargo en el reino como Erwin, Pixis o la misma Frieda, Annie escogió como objetivo una omega que aguardaba impaciente su encuentro como cada noche.

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Con las manos apoyadas sobre su rostro, Petra contemplaba el suelo acurrucada en una esquina de la estancia. Su capa de terciopelo y su flagrante túnica estaban a un lado, perfectamente dobladas, depositadas una encima de la otra. Únicamente vestía unas mallas, un blusón ceñido a la cintura con un cinturón y unas botas de piel. Su cabeza se veía libre de cofias o tocados, y su larga cabellera pelirroja estaba sujeta en una cola baja. Debido a su aspecto, no daba la impresión de ser una noble.

Aburrida por la tardanza de Annie, dibujó en el suelo con su dedo índice una casa, un río y un bosque. Luego se inventó formas, pero rápidamente se cansó. ¿Dónde diablos se había metido esa alfa?

No transcurrió mucho tiempo hasta que la puerta se abrió bruscamente, dejando ver a Annie con su típico rostro imperturbable. Inmediatamente, Petra se puso en pie.

—¿Empezamos? —dijo entusiasmada.

—Tienes que irte —anunció.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Aquí no estás segura.

Petra frunció el ceño sin comprender.

—¿De qué hablas?

—La guerra empezará hoy mismo.

—¿¡Cómo!? —exclamó la omega anonadada.

—Frieda estaba en lo cierto. Hay espías de Rose dentro del castillo, y según uno de ellos, el rey Zeke asesinará a los Jaegers y luego se dirigirá hasta Sina, e imagino que su objetivo será la reina.

Petra tenía los ojos abiertos como platos. Por supuesto estaba enterada de los rumores del reino de Rose y de una posible guerra, pero... ¿Justamente ahora? No habían transcurrido ni dos semanas del nombramiento de Zeke como rey, ¿y ya iniciaría una guerra? Su instinto omega quiso entrar en pánico, pero no se lo permitió. Ella no se escondería.

—Bien —dijo en tono firme—. Que vengan. Les estaré esperando.

Annie, con la poca expresividad de la que fue capaz, se sorprendió.

—Si decides quedarte, los soldados te darán caza.

—No lo harán —aseguró con soberbia—. Me has enseñado bien. Y les demostraré como lucha una omega.

"Esta chica no sabe distinguir la valentía de la sensatez" —pensó la rubia.

—Te he enseñado técnicas de lucha para defenderte de uno, dos y hasta tres soldados, pero no te serán de utilidad contra un ejército —explicó con calma—. Si quieres demostrarle al mundo tu fortaleza, entonces sal ahí fuera y sobrevive. Si invaden el castillo e intentas resistirte, morirás.

Toda esa seguridad que mostró Petra desapareció con la misma rapidez con la que apareció. Annie pudo oler el miedo en sus feromonas. Era, sin duda, una omega extraña. No se odiaba por serlo, pero rechazaba cualquier papel de mujer pasiva. No quería tener hijos porque eso le ataría toda su vida y le cortaría las alas. Ponía en riesgo su salud para evitar quedar embarazada y maltrataba su delicado cuerpo para ser más fuerte. Annie accedió a enseñarle algunas técnicas por la simple razón de mostrarle a alguien su talento para la lucha. Era de las pocas cosas que le motivaba.

—Y tú... —empezó Petra insegura—. ¿Qué harás?

—Quien sabe.

No parecía que una guerra inminente le alarmase. Si bien en un primer momento le impactó, dominó sus instintos más rápido de lo esperado. Petra sintió envidia. Annie era exactamente el modelo de persona que ella anhelaba ser: fuerte, independiente, imperturbable y segura. Huir conllevaba enfrentarse a ese mundo cruel y hostil sin ayuda de nadie. Irónicamente ese había sido su sueño desde que era niña. Salir y desprenderse de sus obligaciones, ver mundo y vivir según su propio criterio, sin depender de leyes o de su padre o futuro marido.

"Pero no con una guerra a la vuelta de la esquina. No así. Mi sueño se convertirá en una pesadilla por sobrevivir".

—Petra —le llamó Annie tras un breve silencio—. Cuanto más pronto huyas, más posibilidades tendrás de vivir.

Esta asintió asustada. No creía estar preparada, pero tenía que hacerlo. Sin embargo, no se fue con las manos vacías. La alfa le dio una espada corta, ligera y extremadamente afilada. También le dio un saquito con pequeñas piezas de oro. Con eso podría alimentarse por varios meses. Antes de decirse adiós, Petra tuvo el impulso de pedirle que fuera con ella. Luego sacudió la cabeza como si quisiera borrar ese pensamiento. Quiso darle las gracias, pero de nuevo, no lo hizo. Sin palabras de despedida, Petra abandonó la estancia dejando atrás sus ropas de noble y a la propia Annie.

Le fue imposible atravesar el castillo a pie debido a la tensión que le carcomía por dentro, de modo que corrió sintiendo los acelerados latidos de su corazón estrellarse contra su pecho. Era consciente que tal y como iba vestida hubiese llamado la atención de todos, pero a esas horas la mayoría estaba encerrada en sus alcobas. Esquivando los guardias, cruzó el corredor que le llevaría hasta la salida trasera. No obstante, durante el recorrido fue descubierta por Jean Kischtein.

Deteniéndose bruscamente para no colisionar contra él, maldijo su suerte. El alfa la miró de arriba a abajo desconcertado, pero no hizo preguntas al respecto. De hecho, se alegró de verla.

—Petra, tienes que avisar a Levi —informó un poco alterado.

—¿A Levi?

—Eren está expulsando feromonas y no lo puede controlar. Creo que ha entrado en celo.

Petra le observó incrédula.

—¿Por qué Levi debe saber...?

No continuó la pregunta. Enseguida entendió la situación. ¿De cuánto tiempo disponía? ¿Zeke ya habría matado a los Jaegers? Un escalofrío le recorrió la espalda.

Eren perdería a sus padres sin ni siquiera saberlo. Pese a perder un tiempo muy valioso, eligió ir a por Levi.

—Le avisaré —afirmó—. Tú procura no acercarte demasiado a Eren.

Se dio la vuelta y corrió en dirección a su aposento. Allí encontraría a Levi, con las ropas puestas, despierto y sin una pizca de sueño. Le llevó como tres minutos llegar a su destino, y constantemente se preguntaba qué estaría haciendo Zeke en esos momentos. Su súbita aparición junto con sus ropas, no dejó indiferente a Levi, quien la miró con una ceja alzada.

Petra cogió aire antes de hablar.

—Eren ha entrado en celo. Zeke se encuentra en Maria asesinando a los Jaegers y cuando haya terminado, se presentará en Sina con su ejército —recitó muy deprisa y sin pausa.

Por un momento temió que Levi no le creyera, que la tachase de loca por decir tales tonterías, pero para su alivio, el alfa reaccionó de inmediato. Aproximándose hacia ella, la tomó de los hombros con brusquedad.

—¿De dónde has sacado esa información?

—Annie lo escuchó en boca de un espía de Rose.

—¿El objetivo de Zeke son los Jaegers? —volvió a preguntar.

—Eso dijo.

Petra hizo una mueca ante la presión que ejercía Levi sobre sus hombros.

—¿Y Sina será su siguiente objetivo?

—¡Sí! —exclamó Petra impaciente.

La mirada del alfa se nubló momentáneamente. Diez segundos exactos le tomó para decidirse. Petra iba a gritarle que dijera o hiciera algo, que no tenían tiempo para estar callados. Sin embargo, fue Levi quien habló, y lo hizo con voz autoritaria.

—Ve a por Eren e id a las cocinas. Esperadme ahí.

—¿Las cocinas? —inquirió la omega.

—¡VE! ¡AHORA!

Petra no se atrevió a replicar. Tomando la orden al pie de la letra, salió del aposento con el peso de los segundos, los minutos y las horas cayendo encima suyo como una roca gigante.

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Eren se había hecho bolita en la cama. Abrazado a la almohada, se frotaba en busca de alivio mas no servía de nada. Ya conocía esa horrible sensación y no estaba dispuesto a repetirla de nuevo. Le gritó a Jean que llamara a Levi, importándole un carajo su matrimonio y la supuesta fidelidad que le había prometido el día de la boda. Era eso o arriesgarse a que Jean perdiera el control tarde o temprano, siendo tomado por la fuerza y muy posiblemente enviudar al día siguiente. Levi lo mataría sin la menor vacilación.

Debido a que el celo todavía no se manifestaba en su plenitud, Eren hizo un esfuerzo por pensar en una vía de escape una vez fuera marcado por Levi. La corte le castigaría severamente por esa traición, y la iglesia podía encarcelarlo hasta la celebración de un juicio, si es que tenía derecho a uno. A pesar de ser hijo de reyes, en Sina no era sino un pobre desgraciado desprovisto de honor y dignidad. Su estatus no le salvaría y sus padres eran subordinados de Sina, carecían de influencia para intervenir por él.

La opción más segura era huir con Levi, pero sonaba tan absurdo... Él era un soldado y su deber era para con el reino. Todo apuntaba a que, si huía, lo haría sin la compañía de su alfa. Compraría un caballo, cabalgaría lejos del reino, y se escondería en el bosque. Con suerte encontraría una cabaña deshabitada y se instalaría por un tiempo. Viviría bajo unas muy precarias condiciones, pero ese factor era insignificante comparado con la que sería la ausencia de Levi en su día a día.

Llegados a ese punto, a Eren ya no le cabía duda de que su vida jamás podría ir a mejor. Aun así, dejó los lamentos para más adelante. Ahora no era el momento.

Incómodo por la humedad de su ano, se bajó los calzones e introdujo un dedo. Podía sentir su agujero dilatarse ante la intromisión, y con facilidad, metió un segundo dedo. Se auto-penetró, imaginando que sus falanges era la polla de Levi, rememorando la noche en que se entregó a él. Necesitaba más que nunca sentirlo dentro suyo, marcándolo como su único omega.

El sonido de unos pasos le alertó de que Levi ya estaba ahí. Sonrió complacido. Escuchó la puerta abrirse, y murmuró:

—Te estaba esperando mi...

Eren quedó en shock al comprobar horrorizado que no se trataba de su alfa, sino de Petra. Esta enrojeció ante la comprometedora postura del omega, pero se recompuso rápidamente.

—¡Rápido, Eren! ¡Hay que irse!

—¿Eh?

Abriendo el armario, sacó una capa, unos pantalones holgados y un jubón.

—¡¿Qué estás haciendo?! —exclamó cubriéndose con la camisola torpemente.

—¡Deprisa! ¡Vístete! —le apremió Petra lanzándole las prendas de ropa.

— ¡Espera un momento! ¿Dónde está Levi?

—Ha ido... —no tenía ni la menor idea de a dónde había ido. Cada vacilación eran segundos desperdiciados, de modo que optó por ir al grano—. ¡Son órdenes de Levi! ¡Vístete y acompáñame a la cocina!

—¿La cocina? —repitió Eren exactamente con el mismo tono que empleó Petra minutos antes.

—¡Exacto! ¡Te lo explicaré todo por el camino! ¡Pero apresúrate!

Eren conocía ese lugar, y tuvo el presentimiento de que algo andaba mal. Vistiéndose con las prendas que Petra le había dado, salió de la cama y se ató la capa a toda prisa. Se sentía debilitado por el celo, las piernas le temblaban un poco y el calor le abrumaba los sentidos. Dio dos pasos y por un instante temió no alcanzar ni la puerta. Petra, quien había experimentado el celo por más tiempo y conocía a la perfección sus efectos, le ayudó a sostenerse. Con un brazo rodeándole la cintura, ambos omegas se pusieron en marcha.

No fue ni de lejos, un trayecto corto. El celo iba en aumento y andar en esas condiciones era todo un reto. Por un lado, Eren ralentizaba el paso, jadeante y algo mareado. Como consecuencia, el peso de su cuerpo se hizo más evidente y Petra tiró de él con dificultad pero sin detenerse. La imagen de los Jaegers asesinados se proyectaba en su cabeza una y otra vez, culpándose por conocer tan aterradora verdad y no ser capaz de decírselo a Eren. ¿Cómo se le dice eso a una persona?

No podía... No podía contárselo. Haciendo de tripas corazón, cargó con el omega que empeoraba por momentos.

"Ya queda menos. Solo un poco más".

—Petra —masculló Eren sofocante—. ¿Qué sucede?

—Rose atacará Sina antes del amanecer.

Técnicamente no le había mentido.

—¿Qué? ¿Lo dices... enserio? —inquirió parándose en seco.

—¡No te detengas! —replicó ella—. Levi me envió a por ti.

Con la mente nublada, le era difícil poner sus pensamientos en orden.

—¿Te dijo...? ¿Te dijo algo más?

—No. Solo que esperásemos por él. Si no hubiera sido por Kirschtein no habría ido a buscarle.

—¿Jean? ¿Él fue quien...?

—Sí.

—¿Y dónde está ahora?

—No lo sé.

Eren a duras penas formulaba nada coherente. El celo, Petra cargando con él hacia la despensa, el paradero desconocido de Levi, la invasión de Rose... Juró que la mente iba a estallarle. Lo único que sabía con seguridad era que en la cocina, justo donde estaba la despensa se ubicaba ese túnel subterráneo, el cual utilizarían para huir sino se equivocaba, pero en su estado no iría muy lejos. ¿Qué pretendía Levi?

Tardaron unos buenos veinte minutos en llegar. Petra dio vueltas en busca de corredores o estancias sin vigilar. Eludir a los guardias no era tarea fácil. Las cocinas se encontraban en un rincón apartado, mas su acceso no estaba restringido. Abriendo la puerta procurando no hacer ruido, los dos omegas entraron, extendiendo las manos para guiarse, puesto que estaba completamente a oscuras. Eren se dejó caer de rodillas, no pudiendo soportar el ardor que emanaba de su cuerpo. Sus feromonas se expandieron como la pólvora y Petra frunció la nariz inquieta. Por el momento su cuerpo parecía estar bien, pero tenía miedo que el celo le afectara a ella y provocase una reacción en cadena. Cuánto más tiempo permaneciese a su lado, más se arriesgaba.

Con la excusa de tomar prestado algo de alimento, se dirigió a los armarios y estantes en busca de víveres. No había olvidado que su principal objetivo era huir.

Esperaron alrededor de quince minutos. Quince minutos que resultaron agonizantes para Eren y eternos para Petra. Ambos desesperados, recibieron a Levi con ilusión. Mentalizado para lo que le esperaría detrás de esa puerta, el alfa entró en la cocina completamente vestido con su armadura y espadas. No obstante, el celo le golpeó sin piedad y las feromonas de Eren le arrebataron todo el raciocinio que pudiera albergar. Intoxicado por el aroma, distinguió a su omega tirado en el suelo... sufriendo. Sus pupilas se dilataron y su cuerpo se preparó para saltar encima de él, mas algo chocó contra él bruscamente. Era Petra.

—¡Contrólate!

—¡APÁRTATE! —rugió furioso.

—¡Recuerda porque viniste! ¡Me dijiste que te esperásemos! ¡Eso hice!

El alfa no la escuchó. Agarrándola por los hombros la lanzó contra el suelo. Petra hizo una mueca al caer, pero se levantó de inmediato. Tomándolo por el brazo, le volteó y le enfrentó cara a cara.

—¿Acaso has olvidado que probablemente los padres de Eren ya deben de estar muertos? —susurró para que solo él la escuchara.

Levi reaccionó al fin ante esa envidencia. Parpadeando, se dio cuenta de su error. Relajando sus instintos primarios, soltó un suspiro. Aproximándose a Eren, hizo pleno uso de su autocontrol.

"Es por su bien. Es por su bien. Todavía no puedo marcarlo" —pensaba mientras se arrodillaba a su lado.

—Eren —le llamó suavemente.

El omega alzó la cabeza y sonrió.

—Levi...

—Toma —dijo mostrando en su mano derecha un frasco que contenía una sustancia verde.

Petra de pie, lo reconoció como uno de los remedios de Hange.

—¿Qué es...?

—Aplacará tu celo. Debes tomarlo.

Eren no entendió.

—¿Por qué...?

—Confía en mí. Con esto podrás salir del reino sin problemas. Dura un par de horas, y para cuando se pasen los efectos, ya estaremos lejos y podré marcarte como es debido.

Petra frunció el ceño al percatarse de un pequeño detalle.

—¿Me marcarás? ¿Lo harás? —preguntó Eren esperanzado.

—Lo haré —afirmó—. Pero primero debo sacarte de aquí.

Con la mano temblorosa, cogió el frasco de cristal. Lo contempló largo rato. ¿En verdad le haría efecto? Levi parecía muy seguro de ello.

—Levi —musitó Petra en medio del silencio que se había formado.

—¿Qué? —dijo Levi poniéndose en pie.

La omega se le acercó y en voz baja, preguntó:

—¿Irás con él? ¿Abandonarás el reino? ¿Y la guerra? ¿No eres acaso el soldado más fuerte?

El alfa se irguió y pese a ser casi de la misma estatura, Petra retrocedió temerosa.

—Eren está por encima de cualquier cosa. Si tengo que elegir entre el reino y él, lo elijo a él. Es mi omega.

Esta no lo entendió del todo, pero no replicó. Sin Levi, Sina perdía una de sus más temibles armas. ¿Tan fuerte era el vínculo que los unía? Mirándole a los ojos, no vio ni rastro de duda. No dejaba de ser algo inquietante. ¿Cómo sería tener un alfa que te protegiera incondicionalmente?

—Esto está asqueroso —comentó Eren reprimiendo una arcada.

Los dos voltearon el rostro hacia él.

—Aguanta la respiración y trágalo de golpe —le indicó Petra. Ella mejor que nadie conocía los horripilantes sabores de esos remedios—. ¿Hange no preguntó?

—No. Simplemente me lo dio.

Eren contuvo la respiración y abriendo la boca dejó que el líquido se deslizara por su garganta reprimiendo una mueca de asco. Vacío el frasco, los tres aguardaron a que hiciera reacción.

Levi era consciente que haciendo eso, estaba desobedeciendo a Erwin y por ende, a la propia reina. Ahora era un traidor. Anteponiendo la vida de su omega a la de miles de inocentes. En el fondo, era tan o más egoísta que Kenny. Pero no abandonaría a Eren, no si Zeke iba detrás de los Jaegers. Desconocía qué motivos le impulsaban a querer matarlos, pero no se quedaría para averiguarlo; debía poner a salvo a su omega. Con los padres muertos, su siguiente objetivo era el hijo. Y eso no lo permitiría.

Poco a poco Eren cesó de emitir feromonas y su cuerpo se recompuso. El calor disminuyó notablemente y ya pudo levantarse sin miedo a caerse.

—¿Cómo te encuentras? —le preguntó Levi.

—Mejor.

—Entonces, larguémonos.

Situándose justo a los pies de la rejilla, el alfa se agachó y con una mano la desencajó. Descendiendo él primero, le metió prisa a Eren para que bajara. Este asintió e imitó sus movimientos.

Solo quedaba Petra. La idea de huir con su esposo y el omega de este, era tan ridícula que hasta daba risa, pero pensándolo detenidamente, no era mala idea. Con Levi tenía más posibilidades de sobrevivir. No le quedó más remedio que seguirles los pasos. Cuando estuviera a salvo, ya pensaría qué camino tomar.

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1 hora antes…

Zeke Fritz se paseó por el salón con poco interés, pero sin despegar su vista de Grisha, quien le observaba con desprecio. Flanqueando la puerta, se hallaba una mujer de rostro pálido cuyos cabellos negros le daban un aspecto lúgubre. Nadie más se encontraba con ellos, no en esa estancia al menos. Infiltrarse en el castillo había sido más sencillo de lo que uno podía imaginar. Cierto es que por el camino dejaron algunas muertes.

—De modo que este es tu hogar —comentó Zeke como si le hablase a un antiguo amigo—. Estos dieciséis años se han hecho largos, ¿verdad?

—¡¿Tan desesperado estás por matarme?!

Zeke le miró aburrido.

—Cuentas pendientes, ya sabes. Tú nos abandonaste y lo justo es que pagues por tus actos, ¿no?

Se oyeron voces y el ruido de armaduras acercarse a ellos.

—Pieck —dijo Zeke sin alterarse.

La mujer sin decir nada, sacó la espada y sin molestarse en cerrar la puerta, se ausentó momentáneamente. Por su parte, Grisha rezaba para que su mujer, Carla, escapara cuanto antes. Él, en cambio, no temía por su vida. De algún modo, sabía que su propio hijo acabaría con su vida tarde o temprano.

—¿Qué pretendes? ¿Apoderarte de Maria y Sina?

Tenía que ganar tiempo para que Carla y Armin huyeran; ellos no tenían la culpa de sus actos. Zeke oía los gritos que proferían los soldados ahí afuera, abatidos uno a uno por Pieck.

—Veo que sigues sin entender nada —comentó el hijo bajo esa actitud relajada—. Sina y Rose me pertenecen por derecho legítimo. Y Maria también. ¿No soy acaso hijo tuyo?

—¡El heredero legítimo de Sina es Frieda!

—No una vez esté muerta. Los Reiss, como ahora se hacen llamar, son una estirpe de cobardes. Pero tranquilo, pienso ejecutarlos a todos.

—¡Has perdido la cabeza! —gritó Grisha.

—Solo reclamo lo que es mío —contestó encogiéndose de hombros.

Un alarido especialmente agudo resonó con fuerza. Segundos después, Pieck apareció de nuevo con la espada manchada de sangre, pero totalmente ilesa. Su rostro tranquilo y sereno era desconcertante; no daba la impresión de que hubiese matado a nadie.

—Lamentablemente no dispongo de mucho tiempo —dijo Zeke desenvainando su espada—. Y no quiero entretenerme más de la cuenta.

Grisha vio con horror el hilo de la espada.

—¿Tus últimas palabras antes de morir?

—Algún día pagarás por el mal ocasionado.

Zeke le propinó una patada, haciéndole caer de rodillas. Pieck contemplaba la escena como quien contempla un bello paisaje. Alzando la espada, esta hizo un corte recto y limpio. La cabeza de Grisha rebotó contra el suelo, dibujando un caminito de sangre.

Envainando la espada, le hizo un gesto a Pieck para indicarle que ahí ya habían terminado. Juntos dejaron atrás el cadáver de Grisha, listos para adueñarse del reino de Maria.

—Ahora ya podrás dormir bien por las noches —comentó la mujer.

—¿Qué dices? Yo siempre he dormido bien por las noches.

Pieck soltó una risa de lo más tétrica.

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4 horas después…

Armin corría despavorido por las calles del reino, escuchando llantos, gritos y risas histéricas. Era inútil, mirase por donde mirase solo veía soldados de Rose asesinando a sangre fría los civiles de Maria. El ejército apenas podía contenerlos y la locura se había desatado por doquier. Lágrimas acudían a sus ojos, recordando como Carla se había sacrificado por él, dejándose atrapar y dándole una oportunidad de salir de allí con vida.

Hannes y otros soldados habían ayudado a Carla a esconderse de Zeke y sus secuaces, pero ella se negó a esconderse sin Armin. Por su culpa, fueron descubiertos y ellos dos tuvieron que huir como alma que lleva el diablo.

Ignoraba cuántos de ellos habían muerto por intentar protegerlos. Se sentía miserable por la cantidad de vidas humanas perdidas por un omega insignificante como él. Pero no despreciaría el sacrificio de Carla, mientras pudiera correr, no se detendría aun si le sangraban los pies.

Los chillidos de la gente a su alrededor le ensordecían. De improvisto, un cuerpo cayó sobre él. Su cabeza dio contra el suelo y soltó un quejido de dolor. El peso de aquel cuerpo le estaba ahogando y no tenía suficiente fuerza para sacárselo de encima. Sintiendo como le aplastaba las costillas, Armin en vez de tratar de levantarse, lo hizo a un lado, descubriendo su pecho para poder respirar. Con grandes esfuerzos, logró sacar medio cuerpo de encima suyo, y escurriéndose como una culebra, liberó sus piernas.

Delante de sus ojos, un anciano trataba de defenderse de dos soldados, pero fue atravesado por las hojas sin darle ocasión a herirlos siquiera. El cuerpo cayó inerte a sus pies, bañándose en sangre. Armin quedó paralizado.

Los dos soldados repararon en la silueta del omega, cuyos ojos observaban llenos de horror el anciano muerto.

—¡Qué chica más linda! —dijo uno.

—Es una omega… y sin marcar —comentó el otro oliendo su aroma.

Se acercaron a él, Armin no reaccionaba. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, lo cogieron de la túnica y le escrutaron el rostro.

—¡Pero si es un chico!

—Nos vale. Ponlo contra la pared.

Sus extremidades no respondían. No podía moverse por más que quisiera. Satisfechos con la nula resistencia del omega, le dieron la vuelta y le pusieron mirando de cara al muro, salpicado de sangre fresca. Pese a no ver el cuerpo del anciano, Armin lo siguió viendo en su mente, una y otra vez. No comprendía por qué todo él se había paralizado. Oía esas voces, le hablaban y le decían cosas obscenas. Si bien su cuerpo reaccionó al cabo de unos minutos, fue para chillar. Chillar de dolor mientras desgarraban su cuerpo frágil y puro.

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Respuesta a los reviews:

Scc Ccu: Kenny en efecto, no sabe que Eren es el destinado de Levi, pero él cree que lo acabará descubriendo. Levi está siendo muy prudente con su relación clandestina y lo que menos quiere es que su tío se entere. Ya se verá cómo seguirá Kenny... Habrá Winmin sí, confirmado 100%. Pero no será fácil, y supongo que ya has visto porque. Tienes razón, soy pura maldad, y esto no ha hecho más que empezar. *inserte risa malvada* ¡Gracias por tus reviews!

van: el riren está a salvo de momento... de momento. Veremos qué pasa en el siguiente cap.

Lia Primrose: Zeke la va a liar, ¡pero bien! Te diré más, no tendrá escrúpulos en los siguientes caps. Has visto lo que ha pasado con Grisha, ¿Frieda será la siguente? *inserte gritos* ¡Pobre Armin! Tú bien lo dijiste. Te avisé que algunos personajes iban a sufrir, y Armin era uno de ellos. Todavía quedan más... Me reitero en el Winmin, pero la cosa no va de cuento de hadas. Y ya que me lo preguntas, Erwin antes de percibir sus feromonas, percibió su aroma, por eso se le acercó. Y obviamente cuando jugó con él, el interés aumentó. Aii... ¿Qué será de ellos? Y lo de Kenny, voy a pedirte que respires profundamente. Kenny saldrá más adelante y ya veremos qué ocurre. También te digo que Zeke es más cruel que Kenny. Tendrás que dibujarte un mapa y ubicar a todos los personajes porque cada uno estará en un lugar distinto. Ya leíste que Levi está con Eren, juntos, pero no están a salvo. Aunque escapen, la guerra está ahí afuera. Viste que Levi tampoco tiene escrúpulos cuando se trata de los demás. Aquí no hay ni buenos ni malos. Ve preparando los pañuelos porque el siguiente cap será doloroso. ¡Los planes de Zeke avanzan! Tchan, tchan, tchan... ¡Espero que el capítulo haya estado a la altura de tus expectativas pese al angst! ¡Amo leer tus reviews, los adoro! ¡Muchos besos de tu Ángel!

YupinaBL: ¿te rompí el corazón con la escena final? Advertí que iba a ver angst, y del duro. Petra, como has visto, ha jugado un papel muy importante en este capítulo. No me gusta cómo otros fics la menosprecian y la degradan, así que yo tiré para otro lado. Y más o menos dejé pistas sobre cuál podía ser el alfa de Petra jejeje Demasiado obvio, ¿verdad? A mí me gusta y soy feliz con ello. Creo que realmente Eren no era consciente del verdaderos peligro en el que está y Jean tenía que abrirle los ojos. Imagínate, omega sin marcar y la guerra a la vuelta de la esquina. Sin Levi no iba a sobrevivir, eso estaba clarísimo. Y de momento lo de marcar se pospone. Habrá que ver qué sucede más adelante ^^ No importa cuánto te tardes en enviar tu review, ¡lo recibiré con mucho cariño!